—¿Dónde están tus cosas? —preguntó Sophia tratando de controlar su ira— ¿Tu baúl? ¿Tu escoba?
—En casa de Ron —respondió Hally en voz baja—. Sabía que las monjas no me dejarían traer mi baúl, y no tengo excusa para la escoba.
Sophia miró a la pelirroja con suspicacia. Aquello no era algo que su mejor amiga diría. Ni siquiera se veía enojada cuando le contó que Dumbledore la había hecho regresar al orfanato. Hally no era la misma desde la noche que Quirremort trató de robar la piedra filosofal. ¿Habrá tenido algo que ver con la prueba de Snape?
—Oye, Madonna, no quiero interrumpir, pero es mejor que sigas tu charla con Cindy afuera.
Sophia sonrió a medias con el comentario de Draxler, pero rápidamente tomó la mano de Hally y jaló de ella para salir de ahí. Si las monjas los descubrían ahí, no dejarían que la pelirroja se fuera con ellos.
—Vaya, vaya, vaya, pero si es el marimacho* de los Tonks.
Sophia, Hally y Draxler se giraron para ver a dos chicas paradas en la puerta de la oficina. Ambas parecían de unos dieciséis años, vestían shorts cortos y blusas de tirantes que dejaban al descubierto sus estómagos. Una de ellas tenía varias trenzas en el cabello y un piercing en la oreja, mientras la otra llevaba el cabello recogido y el rostro demasiado maquillado.
—Vaya, vaya, vaya, pero si son las zorras del orfanato —respondió Sophia mirándolas de arriba abajo con desprecio.
—¿Cómo nos llamaste, machito? —gruñó la de las trenzas dando un paso adelante.
—Te llamo como se me dá la gana, bragas baratas.
Sophia miró a las dos chicas avanzar esta vez, pero no le importó. Luego de haber enfrentado a los Malfoy y al resto de la alta sociedad mágica, no iba a retroceder frente a dos chicas muggles, y menos teniendo a Draxler y Hally junto a ella.
—¡Voy a arrancarte esa maldita sonrisa de la cara, maldita perra! —exclamó de nuevo la de las trenzas antes de arrojarse sobre Sophia, pero Draxler la tomó del cuello y la estrelló contra la pared más cercana, dejando con la boca abierta a todas en la habitación.
—Lo siento, cariño, no puedo dejar que la toques —siseó el Inefable mirando directo en los ojos de la chica.
Sophia vio a la segunda chica tomar uno de los bastones apoyados en la pared, y casi sin pensarlo, se le echó encima antes de que pudiera golpear a Draxler por la espalda. Sophia derribó a la chica, quien soltó un grito de sorpresa y dolor al caer al suelo.
—Mierda —murmuró Sophia, sabiendo que el grito de seguro había despertado a más de alguna monja.
—Hora de irnos —dijo Draxler antes de echarse a Sophia sobre el hombro cuál costal de papas, y cargar a Hally con el otro brazo.
Sophia sintió el deseo de quejarse y patalear para que la bajaran, pero sabía que Draxler era más rápido que ellas, y si intentaba bajar solo se retrasarían. El Inefable corría por el pasillo, buscando alguna ventana lo suficientemente grande para que pasaran, mientras a lọ lejos ṣe escuchaban murmullos y puertas abriéndose.
Draxler bajó a las niñas y sacó su varita para apuntar hacia la ventana más grande que encontró, la cual se hizo pedazos de inmediato. El Inefable se sacó su abrigo y lo puso sobre la ventana para evitar que los restos de los vidrios rotos lastimaran a las niñas, antes de hacerlas pasar por la ventana una por una. Luego, Draxler salió y volvió a ponerse su abrigo antes de volver a cargar a Sophia y Hally hasta donde la azabache había dejado su bicicleta.
—¿Y ahora qué? —preguntó Sophia al llegar. La bicicleta era sólo pasa dos personas, y la cesta del manubrio no aguantaría el peso de Hally sobre ella.
—Toma la bicicleta y denme la mano —murmuró Draxler extendiendo sus manos hacia las niñas—. ¡Ahora!
Sophia tomó el manubrio de su bicicleta y tomó la mano de Draxler al mismo tiempo que Hally. De reojo vio a un par de monjas en camisón salir del orfanato con un par de lámparas, antes de que todo se volviera un espiral borroso de colores. Cerró los ojos al sentir su estómago estirarse y encogerse un par de veces antes de caer al suelo a dolorida y mareada.
—¿Q-qué pasó? —preguntó Hally cerca de ella, pero Sophia no podía responder. Sentía que si abría la boca devolvería hasta lo que cenó la noche anterior.
—Levántense —dijo Draxler caminando hacia la motocicleta—. Si no me equivoco, esas chicas que nos descubrieron saben que vives con los Tonks, las monjas no tardarán en venir aquí.
Hally ayudó a Sophia a levantarse y ambas caminaron hacia la motocicleta. Recogieron la maleta y la escoba de la azabache y trataron de subir, pero Draxler las detuvo y le entregó el baúl encogido a Sophia.
—Vete antes de que las monjas vengan y te meras en mas problemas —dijo Draxler cuando Sophia tomó el baúl.
—¿A qué te refieres con "vete"? ¿Qué, no piensas conducir la moto?
—No —respondió el Inefable con expresión neutral en su rostro—. Mi deber es evitar que mueras, no ser tu chofer.
Sophia trató de convencerlo de llevarlas, pero el inefable la ignoró y desapareció en su remolino verde. La azabache tomó la canica en su mano y gritó la clave, haciéndolo salir, pero Draxler simplemente volvió a desaparecer en el remolino. Sophia repitió la acción un par de veces, pero obtuvo el mismo resultado.
—Ya déjalo, Soph, de seguro nosotras podemos solas.
—¿Sabes conducir una motocicleta? —preguntó la azabache alzando una ceja.
—No, pero tú sabes andar en bicicleta. Es casi lo mismo, ¿no?
—No.
—Venga, Soph...
Antes de que Hally o diera terminar de rogar, unas luces a li lejos captaron su atención. Luces de linternas.
—Las monjas —murmuró Hally viendo en la dirección de las luces—. No tardan en llegar, Soph.
—¡Argh, mierda! —exclamó Sophia antes de meter el baúl encogido en su maleta— ¡Sube!
Hally se subió a la moto y Sophia le pasó la maleta y su escoba, antes de subirse ella también, quedando adelante. Sophia pensó que se irían de lado, pero por alguna razón, la moto se mantuvo quieta, como si estuviera pegada al suelo. La azabache respiró profundo antes de encender la. Cuando el motor encendió, Sophia tomó el manubrio y aceleró, haciendo que Hally casi soltara la maleta.
—¡Soph, dá vuelta! —exclamó Hally al ver que se dirigían directo a un árbol.
Estaban a unos centímetros de estrellarse, cuando Sophia hizo que la moto se elevara, sacándole de paso un grito a Hally. Cuando estuvieron a una buena altura, Sophia miró hacia abajo, notando a lo lejos un grupo de gente, de seguro las monjas, a los terrenos de los Tonks.
—¿C-cómo lo hiciste? —preguntó Hally aferrándose a la moto— ¿De dónde sacaste esto? ¿Y ese hombre? ¿Y por qué estas vestida así?
Sophia suspiró cansada. Había pasado la mitad de la noche huyendo, y lo único que quería era dormir. Ni siquiera recordaba que no le había contado a Hally sobre el nuevo guardián que el ministerio le impuso.
—Primero vamos por Harry —dijo Sophia tratando de reprimir un bostezo—. No quiero contar la historia dos veces.
—¿Y sabes cómo llegar desde aquí?
—Sólo seguiré la misma ruta que cuando voy en bici. Desde aquí se ha de ver el parque que hay cerca de su casa.
—Por cierto, es muy guapo.
—¿Quién?
—Tu hombre.
—No es mío —murmuró Sophia rodando los ojos—. A él lo obligan a cuidarme, y yo tengo que aguantarlo. Eso es todo.
Sophia quiso patear a Hally por su comentario, pero dio gracias a que Draxler no podía oír lo que pasaba en el exterior si ella no sostenía la canica en su mano.
—Por cierto, yo también tengo algo que preguntarte.
—Ñeh, te contesto cuando lleguemos con Harry —dijo Hally, pero entonces vio la expresión seria de Sophia—. Está bien. ¿Qué es?
—¿Qué te pasa?
—¿Que qué me pasa? ¿Qué clase de pregunta es esa?
—Potter, ¿qué pasó el día que Quirremort trató de robar la piedra?
—¿Quirre... qué?
—¡Potter!
Ambas guardaron silencio unos segundos. Sophia apretaba el manubrio con fuerza, esperando la respuesta de Hally, mientras que la pelirroja mantenía la cabeza baja.
—Tú ya sabes qué pasó —murmuró, pero al ver el rostro confundido de Sophia, suspiró—. Lo abandoné. Abandoné a Harry.
Sophia no sabía qué decir. Recordaba todo lo que había pasado de ese día, desde que entraron por la trampilla que cuidaba Fluffy, hasta que Quirremort intentó ahorcarla con las sogas. También recordaba la discusión que tuvo con Hally y Hermione por dejar que Harry fuera sólo a evitar que se robaran la piedra.
—Es mi culpa que terminara en la enfermería —murmuró Hally luego de un rato—. Debí quitarle el frasco de la mano y beberme la poción antes que él. Tú lo hubieras hecho...
—Eso no lo sabes...
—Claro que sí. Te arrojaste de la trampilla en su lugar, corriste por la habitación de llaves en su lugar, fuiste por la llave que abría la outra en su lugar aún cuando sabías lo que hacían al contacto... Tú hiciste todas esas cosas por él, y yo ni siquiera pude beber una poción en lugar de mi hermano.
—Lo hice para que ninguno de ustedes lo hiciera, no solo por Harry.
—Pero lo hiciste. Pasaste por una pared de fuego para ayudarlo, ¿y sabes lo que hice yo? Me quedé parada, viendo el fuego como una retrasada. No sé ni cuánto tiempo pasó, pero no me moví hasta que llegó Dumbledore.
—Hall...
—Los escuché gritar, Sophia. Los escuché gritar, y no hice nada para ayudarlos.
—Tenías miedo —dijo Sophia, notando por su tono de voz que Hally estaba llorando—. Es normal tener miedo. Todos lo tienen.
—Tú no.
—Sobre todo yo —recalcó la azabache suspirando—. Cuando me lancé de la trampilla, sabía que lo que había abajo no sería mortal, porque entonces las demás trampas de los otros profesores serían innecesarias.
—Ya, pero con las llaves...
—Me enojé al oír a Harry decir que correría al otro lado él, como si sólo él tuviera el valor de hacerlo, así que lo hice yo.
—¿Por eso quisiste atrapar la llave que abría la puerta? ¿Para demostrar que eres más valiente?
—Lo hice porque yo ya tenía el cuerpo lleno de heridas del hospital —murmuró Sophia sintiendo lágrimas formarse en sus ojos—. Un par más no importaban.
Hally soltó un jadeo al escuchar aquello. Sophia nunca había mensionado tener cicatrices de su tiempo en el hospital. Le contó sobre los rasguños que ella misma se provocaba mientras dormía, pero no creía que esos fueran a dejar cicatriz. En sus crisis, la azabache mensionaba baños en tinas de hielo y terapias de electroshock, pero esos tampoco dejaban heridas físicas...
—¿Por qué no te detuviste? —preguntó la pelirroja con un hilo de voz, unos minutos después— ¿Por qué seguiste avanzando con nosotros después de eso?
—Porque sólo los retrasaría, y si me quedaba sin explicarles iban a pensar que soy una cobarde.
—¡Claro, porque es mejor morir a que los demás pienses que eres cobarde! —exclamó Hally entre lágrimas— ¿Que no eras tú la que decía que le valía una mierda lo que los demás pensaran de ti?
—¿Y qué no eras tú la que fantaseaba con el día que Harry y tú volvieran a vivir justos como hermanos? ¿Por qué mierda no te fuiste con él?
—Dumbledore...
—¡Me vale Dumbledore! —gritó Sophia perdiendo los estribos— ¡Y a ti también debió haberte valido! Él es el director de la escuela, pero no por eso tiene derecho a decidir sobre sus vidas.
—Pero los Dursley no nos querrían a ambos...
—Eso no lo sabes. Y aun si no los recibían, podían haberse quedado con los Tonks, o en el orfanato. Además, ya que Dumbledore es tan entrometido, bien hubiera podido hablar con los Dursley pata que te aceptaran, así como convenció a las monjas de recibirte.
—No deberías hablar así de él...
Sophia casi se cae de la moto al escuchar aquello. ¿Hally Potter, su mejor amiga y compañera de bromas, pidiéndole que respetara al director de la escuela?
—Tú no hables así de él —espetó Sophia con el ceño fruncido—. Parece como si defendieras a tu dios de una blasfemia o algo así.
Hally se quedó callada, pero era obvio que algo la había molestado, lo cual preocupó a Sophia.
—Hally, Dumbledore es solo un hombre. Es un mago muy poderoso, pero no es más que un simple hombre mortal. El sol no sale de su trasero, Potter, despierta.
—No digo que sea un dios, pero él nos ha ayudado mucho.
—¿Ah, sí? ¿A qué? A guiarles el camino hacia Voldemort?
—¡Él nos dio la capa de papá!
—¡Porque quería que la utilizaran para llegar a la piedra y enfrentar a Voldemort! Hally, tu padre murió hace más de diez años, ¿no crees que es demasiado tiempo para que Dumbledore les regresara el único objeto que queda de él? ¿Por qué no hacerlo hace diez años, o nueve, u ocho? ¿Por qué no enviarla con Hagrid, o darcelas a início del año?
—Dumbledore quería ayudarnos. Él sabía que la necesitaríamos...
—¡No la hubieran necesitado si él se hubiera encargado del problema desde el principio! Si sabía que la necesitarían, es porque sabía lo que pasaría. ¡Incluso Snape lo sabía! Si es el mago más poderoso, ¿por qué no se encarga él de Voldemort? Y aún si tuviera alguna estúpida razón hippie de no violencia, pudo haber llamado a los aurores para que se hicieran cargo, o alemos a los profesores, ¡no a un grupo de niños de once años!
Durante el resto del viaje, ninguna volvió a hablar, aunque Sophia esperaba que Hally entrara en razón. No podían agradecerle a Dumbledore por haber puesto sus vidas en peligro. No era sano adorar a una persona al punto de justificar sus errores como actos de buena voluntad, y Sophia se iba a encargar de que convencer a Hally, Harry y a quien fuera necesario.
Dentro de poco llegaron a Little Whinging, y casi de inmediato localizaron la casa de los Dursley. Aprovecharon que pasaba un camión para bajar la moto, hasta que quedó al nivel de la ventana de Harry, la cual estaba asegurada con barrotes.
—Bastardos —murmuró Sophia—. Hally, sostén el manubrio.
Hally tomó el manubrio en cuanto Sophia lo soltó. La azabache se paró sobre el asiento de la moto y se inclinó hacia la ventana. Pasó su mano entre los barrotes y dio unos golpecitos al vidrio, segura de que Harry escucharía.
—¿Q-qué pasa? ¡¿Sophia?!
—Cállate o despertarás al zoológico —murmuró Sophia al ver el rostro de Harry a través del vidrio.
—¿Cómo llegaste? ¿Cómo es que...? ¿Qué llevas puesto?
—E-eso no importa ahora —dijo nerviosa al recordar cómo iba vestida—. Tenemos que sacarte de aquí.
—¡Merlín!
Ambos se giraron al escuchar a Hally gritar,pero antes de que pudieran preguntar la razón, vieron un automóvil volando torpemente hacia ellos. Hally tuvo que mover la moto hacia adelante, haciendo que Sophia se tambaleara y tuviera que saltar y aferrarse a los barrotes para no caer al vacío.
—¿Sophia? ¿Hally? ¿Qué hacen aquí?
Ron, Fred y George conducían el auto volador, el cual se mantenía flotando a unos centímetros de la moto.
—¡¿Me van a ayudar o no?! —preguntó Sophia sintiendo sus manos resbalar.
—George, toma el volante y acercanos un poco más —dijo Fred antes de quitar a Ron del camino, abrió la puerta y se inclinó hacia Sophia—. Venga, muñeca, no mires abajo, ¿okay?
—Sólo date prisa —murmuró la azabache cerrando los ojos con fuerza.
Sintió la mano de Fred rodearle la cintura y tratar de buscar una posición adecuada para sujetarla. Una brisa helada le causó escalofríos, lo cual le pareció divertido a Fred, quien rió ligeramente antes de afirmar su agarre sobre ella.
—Bien, a la cuenta de tres, te sueltas. Uno, dos, ¡tres!
Sophia se soltó de los barrotes y usó sus pues para impulsarse hacia atrás. Fred la jaló con fuerza y ambos cayeron en el asiento del copiloto del auto. Casi de inmediato Sophia se puso de pie y se asomó por la puerta.
—¿Traen algo para los barrotes?
—Acabo de arriesgar mi vida por ella, ¿y pregunta si podemos ayudar también a Harry? —murmuró Fred irritado.
—Auch, directo en la friendzone.
—Cierra la boca antes de que te la cosa, Georgie.
Mientras los gemelos se encargaban de los barrotes, Ron les explicó que su padre le habló sobre la advertencia que el ministerio le envió a Harry por usar magia siendo menor de edad. Luego Harry les contó sobre el elfo que lo metió en ese lío y que además estuvo interceptando su correo. Sophia pensó en lo injusto que era, ya que ella sí había hecho magia en Malfoy Manor y no había recibido ninguna nota, pero cuando quiso contárselos, Harry dijo algo que la dejó helada.
—¿Dijiste Dobby?
Harry asintió, pero antes de que pudiera seguir, los gemelos quitaron los barrotes. Enseguida, George, se metió para sacar las cosas de Harry de la alacena, mientras Sophia se metió para ayudar a Harry con Hedwig mientras él empacaba algo de ropa.
—Hola, preciosa —saludó Sophia abriendo la jaula—. Anda, Áyax te está esperando con los Weasley.
Una vez Hedwig emprendió el vuelo, Sophia le pasó la jaula a Ron y fue con Harry a ayudarlo, pero la mirada atónita del azabache sobre ella la detuvo.
—¿Por qué...?
—Fue mi plan de escape de Malfoy Manor —respondió Sophia enseguida, abrazándose a sí misma. Por alguna razón le apenaba que Harry la viera así.
Sophia pensó que Harry la presionaría para que le contara lo que pasó, pero en lugar de eso, el ojiverde asintió, tomó uno de los abrigos de su maleta y se lo colocó a Sophia.
—Hace frío afuera —murmuro mientras la ayudaba a ponérselo. Sophia se quedó quieta mientras Harry le acomodaba el abrigo y le subía la cremallera hasta unos centímetros por debajo del cuello, antes de colocarle también el gorro—. Lo cortaste...
—En la guerra se hacen sacrificios —murmuró Sophia sabiendo que se refería a su cabello. Miró a Harry, cuyo rostro estaba a unos centímetros del suyo, y un flash de Draco esperándola para bajar las escaleras pasó por su mente, causándole un malestar en la boca del estómago—. Harry...
—¿Terminaste con la maleta, Harry? —preguntó Fred desde el auto, haciendo que se separaran casi de inmediato.
Harry cerró la maleta y se la pasó a Ron. En ese momento, George entró con el baúl y la escoba, y entre los dos los subieron al auto, antes de que Harry se girara de nuevo hacia Sophia
—¿Y esa moto?
—Se los explico luego.
—De acuerdo —asintió Harry antes de extender su mano hacia ella—. Ven, antes de que los Dursley despierten.
Sophia suspiró y dudó antes de tomar la mano de Harry, quien la ayudó a subir al marcó de la ventana.
—¿No prefieren subir al auto? —preguntó Ron, pero Sophia se negó.
—No pasaré el resto de la noche encerrada con una bola de chicos sudorosos y malolientes —respondió Sophia sonriendo de lado, haciendo que los cuatro chicos presentes resoplaran.
Fred retrocedió el auto y, siguiendo indicaciones de Sophia, Hally hizo retroceder la moto, hasta quedar frente a la azabache, quien saltó sobre el asiento de atrás. Ambas maniobraron con la escoba y la maleta hasta que la azabache volvió a quedar al frente.
—Algún día tendrás que dejarme montar esa belleza, muñeca —dijo Fred volviendo a colocar el auto frente a la ventana para que Harry pudiera subir.
—En tus sueños, Weasley.
En eso, los Dursley irrumpieron en la habitación de Harry y trataron de evitar que se fuera, pero por fortuna, Harry logró salir a tiempo, causando de paso que Vernon cayera de la ventana y aterrizara sobre el jardín. Antes de acelerar, Sophia miró por ultima vez hacia la ventana, en donde Petunia Dursley miraba atónita a Hally, mientras Dudley miraba el auto con la boca abierta.
Sophia sujetó el manubrio con fuerza y aceleró, siguiendo al auto, mientras se preguntaba si los Dursley sí quiera sabían de la existencia de Hally, y esa excusa de que ellos no la querían ahí no era más que una mentira de Dumbledore.
—¿Pero por qué? —murmuró, segura que el ruido del motor impedía que Hally la escuchara— ¿Por qué no quieres que vivan en el mismo lugar?
No tengo nada en contra de la sexualidad o apariencia de nadie. Es más, a mí llegaron a llamarme de esa manera varias veces solo por la forma en la que me visto. Esto solo lo escribí para mostrar la imagen que la gente del pueblo tiene de Sophia.
Bye
