Disclaimer: Pokémon, al igual que los personajes de esta historia, no son de mi propiedad.

Nota de Autor: Dos años después de la publicación original, he editado mi obra para hacer pequeños cambios y correcciones ortográficas. ¡Espero sea de su disfrute!


CAPÍTULO VII

Es cuando estoy cansado de llorar que levanto un poco la cara: La piedra oval sigue ahí, esperándome, así que usando látigo cepa la tomo y la pongo bajo mi cuerpo, está fría. De repente siento un puntapié en mi espalda bastante brusco, me mueve un poco, pero no suelto la piedra, giro mi mirada en dirección al movimiento y son Scyther y Pinsir, con sonrisas crueles en sus rostros:

―¿Y bien? ―ríe Pinsir― ¿Qué esperas para darnos lo que es nuestro?

―Esto que tengo no es vuestro, es de Kecleon, le pertenece.

―En cualquier caso tienes razón ―Dice Scyther― le pertenece a Kecleon. Pero, seremos nosotros quienes se la daremos ―añade, riéndose con la mirada fija en la piedra.

―No… ¡no podéis! ―Digo, poniéndome en posición defensiva.

Pero ponerme en posición defensiva no es suficiente, ambos me taclean fuerte, lo que me lanza lejos y me hace soltar la piedra, que inmediatamente pasa a manos de Pinsir. Intento taclearlos, pero resulta en una patada de parte de Scyther que me hace retroceder, luego lo intento de nuevo y ocurre lo mismo pero esta vez la patada me la da Pinsir; lo intento una tercera vez y son ambos los que me patean con una fuerza formidable y me lleva aún más lejos.

Me invade la ira, acompañada de una mezcla de sentimientos imposibles de contener que se desatan en un grito que podría parecer un salvaje grito de guerra mientras uso un movimiento especialmente potente, entonces me doy cuenta de que se ha activado mi habilidad especial, y entonces son ahora ellos los que se han lastimado bastante, y también son ellos los que ahora han soltado la piedra, y como es una oportunidad que no se puede dejar pasar, corro a por la piedra, la tomo en mi boca y con un derrape cambio de dirección y comienzo a correr tan rápido como puedo en la dirección en la que Pidgey y yo habíamos venido. Mientras tras de mí seguramente dentro de no mucho tiempo comenzarán a perseguirme los dos compañeros de tipo Bicho. La huida está llena de adrenalina, y hasta cierto punto, se siente muy bien, es divertido correr así, libero mucho de lo que siento y me siento un poco mejor cada metro que avanzo mientras corro.

Por breves instantes me siento feliz y libre, lo cual es algo insólito pues hasta ahora había sido libre y en lo que cabe, feliz. Pero supongo que este trote era algo que necesitaba. Cuando llego a la entrada del Pantano Tóxico siento que la enfermedad se ha quedado atrás en lo profundo del bosque, cansada y confundida; mi corazón late bastante rápido y eso me hace reír aunque no sé por qué. Dejo la piedra en el suelo y me dispongo a mirar atrás, no se ve nada, río nuevamente: He ganado yo ―pienso― Aunque…también he perdido. ―añado luego de recordar el suceso de hoy, y sacudo rápidamente la cabeza antes de que el sentimiento de tristeza me invada y mis ojos se preparen para dejar caer lágrimas, de nuevo. Puesto que no me apetece quedarme en un lugar tan extraño, tomo la piedra y la coloco en mi bolsillo mientras comienzo a caminar de vuelta a casa, de vez en cuando volviendo a mirar mi bolsillo puesto que la piedra se sale ocasionalmente. El camino de vuelta es largo, y fastidioso de recorrer; mientras lo hago pienso en todo lo que ha ocurrido, y en que la próxima vez no me quedaré paralizado, no más.

Al llegar a donde Kecleon, me recibe con una sonrisa:

―¿Cómo ha ido todo?

―Pues, resulta que Pidgey ha desparecido, pero he aquí la piedra oval ―digo mientras le entrego el objeto.

―¿Pidgey? ―dice, recibiéndolo― Pues vaya pena, igual que Oddish, se notaba que se preocupaba por ti ―señala.

―Es cierto ―confirmo― ambos fueron buenos compañeros.

―¿Pero exactamente a dónde fueron y cómo sabes que no volverán?

―No…No estoy seguro… ¿Me das la recompensa por favor? Ha sido un día no tan bueno para mí…

―Vale, lo siento. ―me entrega la bolsa con dinero― Sé que harás buen uso de este dinero.

―De hecho, ¿tienes algún amuleto a la venta?

―Tal vez, ¿qué tipo de amuleto quieres? ―dice, y luego se gira hacia su mercancía.

―Alguno para… uh… disminuir el efecto de un hechizo…

Kecleon se gira y me mira con cara extrañada:

―Eh… No, se me acabaron.

―Vale, gracias de todas formas, ¡nos vemos mañana!

―¡Feliz tarde!

―Pero, antes de irme…

―¿Sí? ¿Qué deseas? ―Dice, girando la lista de trabajos para ver la lista de precios.

―No, gracias, no quiero mercancía. Esto… Quería saber si sabes de alguien que tenga… Experiencia, acerca de asuntos místicos, hechizos, amuletos… ¿Me entiendes?

Kecleon entrecierra los ojos, desvía la mirada al avanzado atardecer, lo cual significa que está pensando, recordando, o sospechando algo, quién sabe sobre qué, me preocupa un poco, pero cuando estoy a punto de preguntarle qué le pasa me responde:

―Pues sí conozco a alguien pero el lugar en donde vive es considerablemente distante: El viaje es agotador y necesitarás de buenas provisiones para varios días. Su nombre es Xatu, y su lugar de meditación e iluminación, además de hogar, es la cima del Gran Cañón. Él es muy sabio, y peculiar, pero creo que puede proveerte la información que necesitas, e incluso más ―Y al culminar de decir esas palabras, me mira― No pensarás ir sólo, ¿cierto?

―Puedes tener la tranquilidad de que sólo o acompañado, estaré bien ―sonrío.

―Ahora soy yo quien se preocupa por ti ―ríe―. Vale, te haré un descuento en provisiones, sólo avísame cuando vayas.

Agradezco a Kecleon y me despido, para luego ir a mi hogar. Llego a mi bien camuflado refugio y entro, luego acomodo todo y me voy a donde acostumbro a guardar las provisiones, sólo quedan las dos manzanas, ya no hay bayas, ni bananas. Desearía que el experto en inventar platillos hubiera podido regresar conmigo, y así me habría preparado un buen plato de quién-sabe-qué de Manzana, pienso y una sonrisa triste se dibuja en mi rostro. Pico un pedazo de manzana y me acuesto en mi cama, donde como paciente y muy moderadamente, sin hambre, y mastico todo pero por más que me esfuerce hay algo que me impide percibir el sabor. Seguramente se debe a todo lo que pasó hoy; eso es lo que me ha quitado ánimo y hambre, concluyo. Al terminar guardo las provisiones en su debido sitio y me acuesto de nuevo. Rasco mi cama lenta y suavemente con mi pata hasta que el sueño se apodera de mí y me dejo llevar. Este sería el momento perfecto para entablar una larga conversación con mi buen amigo Ninetales, para conseguir tal vez algo más de información que pueda serme útil.

Me veo rodeado de agua muy probablemente fría, y me doy cuenta de que estoy en la costa de un islote. No hay mucho que explorar, y realmente dudo que pueda conseguir el prado sin salir de aquí. Tengo dos opciones, adentrarme en el pequeñísimo bosque (lo cual es irrelevante) o nadar a lo desconocido en cualquier dirección (que supongo es inevitable, pues, tarde o temprano querría irme de este lugar). Comienzo a nadar: el agua está helada, pero nada que no se pueda soportar, las olas me suben y vuelven a bajar cada cierto tiempo (y creo que también retrasan un poco mi progreso). Eso es frustrante, pues el tiempo que tardaría en llegar a la mitad (normalmente) es el tiempo que tardo en avanzar un cuarto del camino. Repentinamente en pleno recorrido, siento que algo nada por debajo de mí, y que luego intenta cosquillearme, luego sale un tentáculo e intenta golpearme, pero no lo consigue, y finalmente aparece un pokémon no muy difícil de identificar: un Tentacool. Intento de alguna forma ponerme a la defensiva, pero es difícil, a lo cual el pokémon ríe:

―¡Jeje! De nada os servirá ponerte en guardia, estás en mi territorio de cualquier modo. ―luego de decir eso se mueve en el agua en algo que podría parecer un baile, para luego continuar― Soy Tentacool, ¿Cuál es tu nombre?

―Soy Bulbasaur ―digo, sin dejar mi posición defensiva.

―Vale, no te preocupes, que no pretendo hacerte nada. ¿A dónde os dirigís?

―Sólo estoy nadando en aquella dirección ―señalo en frente de nosotros.

―Pues, ¡os llevaré queráis o no!

―¿Estás loca?

Pero hizo caso omiso de mis objeciones y me coloco en su cabeza, o su lomo, o lo que sea que sea, y nadó tranquilamente sin prestarle atención alguna a las olas, como si no existiesen, y estas no ejercían ningún efecto sobre nosotros.

―¿Cómo lo haces? ―Le pregunto.

―¿Hacer qué? ¿Nadar? Podría jurar que sabías cómo hacerlo hace unos momentos.

―Pues, sí sé, sólo que no me refiero a eso. Sino a cómo haces para que las olas no te afecten.

―Es sencillo cuando te acostumbras.

―E imagino que estás acostumbrada.

―Puedo decir que sí.

―Es muy interesante saber eso.

―Soy interesante.

―Seguro que sí.

―Por supuesto que sí.

―Vale… ¿A dónde nos dirigimos?

―A donde me dijiste, ¿o qué? ¿Piensas que te doy un paseo?

―Ahora que lo pienso, ¿Por qué me llevas?

―Porque es obvio que sin mí jamás podrás llegar.

―Claro que sí, sólo que me tomará tiempo.

―Tiempo. ―Levanta un tentáculo del agua y lo mueve varias veces formando círculo― Mucho tiempo. ―Dice, alargando la 'u'.

―Lo sé, pero llegaría.

―Deberías agradecer que te estoy ayudando, ¿sabes?

―Te lo agradezco.

―¡Pero qué tierno!

―Soy tierno.

―Vale, no es para que os copiéis de mis chistes.

No pasa demasiado tiempo cuando un islote se hace visible, y puedo ver que poco después de entrar se puede acceder al prado.

―Gracias ―Le digo a Tentacool― Aquí me bajo.

―No irás a ningún lado sin mí.

―¿Perdón?

―Eres muy débil como para andarte sólo.

―A donde voy no hay peligro.

―¿Vas a suicidarte?

―Para nada― ¿Sería esa una solución? Pienso, sacudo la cabeza para alejar la idea y luego añado― Sólo sé que no habrá nada que temer.

―Vale, pero igual iré contigo. Vamos, sabes qué queréis andar conmigo.

Toca tierra y accedo a su "petición" de acompañarme, y es más un anuncio que una petición, pues no aceptó los "no" que reiteradas veces le di como respuestas. Comenzamos a adentrarnos en el camino cuando sin que transcurra mucho podemos ver a Ninetales durmiendo en una paz bastante envidiable. Iba a despertarlo, pero Tentacool se me adelantó y comenzó a acariciar su pelaje con un tentáculo, dudo que eso le despierte, pues seguramente sólo logrará relajarlo más.

Sin embargo estaba equivocado, pues luego de un rato Ninetales abre un ojo, bosteza y luego nos habla:

―¿Qué queréis?

―Hola Ninetales, vine decirte que ha ocurrido de nuevo, se han llevado a otro compañero mío.

―Eso ocurrirá siempre a menos que encuentres un amuleto, uno bueno.

―Supongo que así será…

―¿Y tú qué? ―le dice a Tentacool― ¿Qué haces con él?

―Lo encontré intentando nadar, cosa que no es su fuerte.

―¿Os conocéis? ―pregunto.

―Tentacool, al igual que tú, viene a mí de vez en cuando, pero por distintos motivos. Sería bueno que nos dejaras convensar un rato, ¿vale?

Acto seguido, Ninetales pone su pata en mi cabeza y me da un pequeño golpecito que me despierta. He salido del prado de la forma más inesperada… ―pienso― …y tal vez debería enfrascarme más en la búsqueda de ese amuleto que tanto necesito para reducir los efectos de la maldición y despejarme… Al tiempo que también sería bueno encontrar algo que me llene la tripa un par de días… Un puñado de bayas de cualquier lugar no me sirve, nunca sirve ni servirá, tendré que completar unos cuantos trabajos…