¡Hola a todos!
Bien, este es el último capítulo. Y he de reconocer que estoy un poco triste. Me he apegado mucho a esta historia y me es un poco difícil saber que no estaré trabajando más en ella. Sin embargo, también estoy feliz, porque pude compartir algo así con ustedes.
Les agradezco enormemente por todo su apoyo, sus lindos reviews y los follows que me dieron. Lo agradezco desde el fondo de mi helado corazón.
Y bien, suficiente bla bla bla, ¡disfruten la lectura!
Era una tarde lluviosa, una de esas en las que te puedes sentar y mirar a través de la ventana y perderte viendo las gotas de lluvia deslizarse por la ventana. Esos eran los días que Shadow disfrutaba más, era cuando se sentía mejor. Sin embargo, ese día estaba aburrido. Rouge estaba fuera de la ciudad, pues tenía una misión (o eso era lo que había dicho, bien podía estar robando joyas). Él ya había leído todos los libros de la casa, visto la televisión, jugado con María y la había dormido.
Así que, ahí estaba, pensando en algo para distraerse cuando María lloró. Se preguntó por qué, ya que no tenía mucho tiempo que la había dormido. El erizo caminó hacia su habitación y se quedó helado. Ahí estaba, la persona que había mantenido a los dos padres preguntándose cuando regresaría, el único doctor Eggman.
El hombre miró a Shadow, sosteniendo a María en sus brazos. Ella estaba sollozando, ya que no le gustaba que las personas extrañas la cargaran. Su padre tenía que hacer algo, pero no quería ponerla en riesgo al hacer algo arriesgado.
— No vine a pelear—dijo Eggman dándole la bebé a su padre. Shadow cargó a la niña y trató de mantenerse calmado. Lo que menos quería hacer era hacer una muestra de su ira enfrente de su hija.
— ¿Cómo entraste? —dijo apretando los dientes.
— Por la ventana, ¿no es obvio? —se burló el doctor—. Es interesante que hayas nombrado a tu hija por mi prima—continuó mirando a la bebé de seis meses, que se encontraba segura en los brazos de su padre—. Siendo muy técnicos, ella vendría a ser mi sobrina.
— ¿Qué quieres?
— Vine a verla, a hablar contigo e irme—dijo el hombre y Shadow dio un paso atrás. No estaba seguro de que las palabras de su interlocutor fueran ciertas—. Había estado trabajando en estos días pero… las cosas ya no son lo mismo. Así que—se encogió de hombros—, estoy fuera del juego. Que las mentes malignas más jóvenes hagan mi trabajo.
— ¿Te estás retirando? —preguntó el erizo, no sabiendo si creerle o no—. No es cierto, es parte de tu plan, ¿no? Quieres que creamos que te vas a retirar y nos vas a matar a todos—dijo furioso. María se quejó gimoteando y Shadow la meció un poco.
— Mira, niño-radical. No estoy aquí para matarte o matar a tu hija. Vine aquí a despedirme y realmente quería verla. No todos los días ves a la descendencia de la vida de forma definitiva. Recuerda que fuiste creado por mi abuelo, y además, la llamaste como uno de los miembros más amados de la familia Robotnik—Eggman ni siquiera parpadeaba y, en lugar de verse enojado o furioso, se veía frustrado, como si estuviera diciendo lo que sentía realmente—. Y si te lo preguntas, sí, estoy cansado de todo. Hay un momento en la vida en que te hartas de toda esta mi… miserables derrotas—se corrigió a sí mismo, no iba a maldecir enfrente de la infante, y menos, enfrente de su padre—. Es todo. Estoy viejo y necesito un descanso.
— ¿Y qué piensas hacer? —dijo Shadow, siendo lo más paciente que podía.
— ¿Qué otra cosa? Escribir mi biografía e inspirar al mundo—dijo sonriendo malvadamente, lo que hizo que el erizo se sintiera un poco incómodo—. Va a ser un best-seller. Y también voy a escribir algunas novelas. He visto que los adolescentes están leyendo mucho estos días y creo que puedo hacerlo. Si el mundo no puede ser mío a la fuerza, al menos podré ser millonario llenando sus mentes con historias insípidas.
— Eres…
— ¿Un genio malvado? Por supuesto que sí—dijo con arrogancia—. Bueno Shadow, fue una visita adorable, pero me tengo que ir—dijo henchido de orgullo—. Hay un pequeño presente para la pequeña María en esa caja—Shadow abrazó fuertemente a la niña—. No, no es una bomba o algo peligroso—él abrió la caja—. ¿Ves? ¡Es un peluche de Eggman! —el hombre agitó el peluche enfrente del erizo y María rio—. A ella le encanta, ¿verdad bebé? —dijo haciendo voz de bebé—. Eres tan dulce, pequeña María.
— No te acerques—dijo el erizo tratando de mantenerse calmado.
— Oh, vamos—dijo con su rasposa voz. María extendió sus bracitos para agarrar el peluche—. Te puedo asegurar que es seguro—se miraron por un momento, parte de Shadow creía que lo que le estaba diciendo era verdad, pero la otra le decía que el doctor mentía—. Bien, bien, me tengo que ir. Dejaré el peluche en la cómoda y tú decidirás qué hacer con él. Hasta siempre, Shadow the Hedgehog. Dale a Rouge mis saludos—dijo saliendo por la ventana.
María miró a su padre, ya se había calmado. Toda la situación era confusa: Eggman se estaba retirando y se había colado en su departamento. Shadow suspiró frustrado y supo que era el momento de elegir una de las casas que había estado viendo en los últimos meses. No era una de sus ideas favoritas, pues él realmente amaba el departamento. Era el primer hogar que había tenido en el planeta y era el lugar que había compartido con Rouge y Omega durante muchos años. También, era donde su hija había sido concebida y estaba creciendo. Tenía las suficientes memorias como para hacer difícil una mudanza.
— Entonces, ¿se metió al cuarto y agarró a nuestra hija? —dijo Rouge cuando Shadow le dijo lo que había sucedido. Había recién llegado y el erizo se encontraba en la sala con la bebé en sus brazos. No podía dormir, ni dejar a María sola, no después de lo que había pasado.
— Así es. Dijo que estaba haciéndonos una visita y dejó un regalo para ella. Dijo que se va a retirar y que cambiará su rubro de genio malvado a escritor de novelas para adolescentes malvado—dijo con tono de burla y María hizo un ruido como un murmullo. Rouge extendió sus brazos para cargar a su hija, pero el erizo la miró como si le quisiera hacer saber que necesitaba un poco más de tiempo, asegurándose de que nadie se la iba a quitar.
— Ya veo. Me preguntó qué clase de novelas va a escribir. Los vampiros están muy usados actualmente—dijo ella simplemente y esperó la reacción de Shadow.
— ¿En serio? ¿Eso es todo lo que tienes que decir?
— Bueno, ya te había dicho que ese iba a retirar. Deberías comenzar a creerle a tu querida y muy sexy esposa—dijo burlonamente y trató de no reírse al ver el ceño fruncido de su esposo—. Vamos, Shads, solo estoy bromeando.
— Esto es serio, Rouge. ¿Qué tal si no estaba solo de visita? —dijo molesto, ella sabía que él tenía la razón, pero mantuvo su sonrisa retadora.
— Sé que habrías hecho lo correcto.
— Y es por eso que nos vamos a cambiar en dos semanas—declaró y la sonrisa de Rouge desapareció.
— Espera, ¿qué? No nos podemos cambiar así como si nada. Debemos elegir una casa, ver qué haremos con el departamento, qué voy a hacer con el club. Eso lleva mucha planeación y no es algo que hagas en dos semanas.
— Ya sé, pero no voy a dejar que nadie se meta aquí de nuevo. Él lo hizo sin más y estoy seguro de que alguien más podrá hacerlo también—sus palabras eran cortantes, la murciélago se estaba enojando también—. Te ayudaré con lo que necesites concerniente al club y al departamento.
— No. Óyeme bien, señor puedo-hacer-lo-que-quiera-cuando-me-plazca—dijo ella alzando la voz—. Nos vamos a quedar aquí hasta que sepamos qué hacer y entonces nos mudaremos. Si no quieres, te puedes ir.
— Me voy entonces, pero me llevo a María—dijo tratando de mantener su voz lo más baja posible para no despertar a la bebé.
— ¡No te vas a llevar a mi hija!
— Pues observa bien—bufó y se levantó, yendo hacia la habitación de María.
— ¡No te atrevas, Shadow the Hedgehog! Sabes que te encontraré y…—dijo ella volando detrás de él.
— ¿Y luego qué? —dijo dándose la vuelta. Rouge pudo ver que él estaba cubriendo las orejas de la niña. Ella se plantó en el suelo y gruñó—. No creas que quiero irme de este lugar. Significa mucho para mí. Pero como prometí, voy a mantenerte a salvo. A ti y a María, no importando qué tenga que hacer, siempre y cuando estén lejos del peligro.
— Sé que no quieres—dijo suspirando—. Y sé que lo haces por nuestro bien, pero es tan… inesperado… ¿Puedo cargar a nuestra hija? —murmuró y extendió sus brazos—. ¿Por favor? —él sabía que no podía quedarse con María por siempre, o estar enojado con Rouge. Ella tenía sus razones para querer quedarse y él las entendía perfectamente. Le dio a la bebé y ella la meció, depositando besos en su cabeza—. Como dije, va a tomarnos más de dos semanas, pero creo que podremos lograrlo en un mes.
— Está bien—dijo el erizo dándole un beso en la mejilla a su esposa. De verdad, no podía quedarse enojado con ella. No después de todo lo que habían pasado juntos en su vida. Ella solo le dio un beso también y suspiró, acto seguido, miró a María en sus brazos—. Creo que ella debería dormir con nosotros, al menos por esta noche.
Rouge asintió y se dirigieron a su habitación.
El mes pasó más rápido de lo que creían. Lograron rentar el departamento casi inmediatamente, para pesar de Rouge. Ellos creían que era una buena idea mantener el club funcionando, por lo que no cambiaron nada realmente, solo que ella tendría que manejar las cuentas desde casa.
La casa que habían comprado era grande. Tenía cuatro habitaciones y un enorme patio, donde María podría jugar todo lo que quisiera. No estaba en la mitad de la nada, pero los vecinos estaban lo suficientemente lejos para evitar pláticas innecesarias. Era perfecto, de cierta forma. Solo ellos tres, disfrutando la vida a como viniera.
María tenía dos años. Era una niña activa, que jugaba con lo que fuera que encontrara. Rouge y Shadow seguían siendo agentes, turnándose para cuidar a la niña y teniendo los fines de semana libres para quedarse con ella. También, para molestia de Shadow, Amy y Sonic habían tenido un bebé un año después de que María naciera, y la pequeña eriza era una huésped recurrente en su casa.
Un día soleado, cuando la pequeña Dash (la hija de Sonic y Amy) no estaba en casa, Rouge estaba jugando con María en el jardín. La pequeña eriza estaba aprendiendo a volar, lo que hacía que la murciélago estuviera nerviosa la mayor parte del tiempo. Especialmente, cuando la niña decidía que escalar árboles era lo más divertido para hacer.
— María, baja—dijo Rouge un poco molesta y María negó con la cabeza. La madre estaba cansada después de su última misión, la cual había sido larga y cansada—. Por favor, mi amor, ven con mamá—ella miró a su alrededor para ver qué podría usar como cebo y encontró el juguete favorito de su hija—. ¡Mira! ¡Es Eggmancito! —dijo agitando el peluche.
— ¡Eggmancito! —dijo la niña extendiendo sus brazos, pero se negaba a bajar. Se sentó en el árbol y miró a su madre ponerse roja del coraje.
— María, no me hagas subir por ti—dijo Rouge perdiendo su paciencia.
— No—dijo María y se dio la vuelta. La murciélago tuvo suficiente y extendió sus alas. La pequeña oyó el sonido y se movió más lejos.
— Te dije que vinieras conmigo—gritó Rouge y voló a donde María se encontraba. La niña voló lejos de su madre, sonriendo, pero sus alitas fallaron y cayó—. ¡María!
La niña fue rescatada por su padre, justo a tiempo, mientras Rouge aterrizaba y corría hacia ellos.
— Te dije que me hicieras caso, ¡te pudiste haber lastimado!
— Rouge, no grites así, estás espantando a la niña—dijo Shadow y María gimoteó.
— ¡Ella me espantó primero! ¿Qué tal si no hubieras estado ahí? —su voz era fuerte y comenzó a llorar.
— Tranquila, Rouge, sé que a veces…
— No entiendes—dijo sollozando y Shadow trató de abrazarla, pero ella rechazó el contacto y se metió a la casa.
— Mamá está un poco extraña hoy, ¿no crees? —dijo Shadow a María y ella lo miró con los ojos bien abiertos—. Vamos adentro.
Después de dejar a María en la sala mirando una película, fue a su habitación y encontró a Rouge acostada en la cama. Ya no estaba llorando y tenía un brazo cubriendo sus ojos.
— Hola, ¿todo bien? —dijo con una voz un tanto monótona.
— Para serte honesta, no. Tengo jaqueca y estoy exhausta—respondió sin mirarlo. Shadow se sentó junto a ella y tomó la mano que tenía libre—. Perdón por lo que pasó allá abajo.
— De hecho, creo que tienes razón. Si me hubiera sucedido lo mismo, habría reaccionado de la misma forma, o peor. ¿Te acuerdas cuando Eggman se metió al departamento?
— Claro que sí—dijo sonriendo, pero no descubrió sus ojos. Su cabeza palpitaba y lo último que quería era luz en sus ojos—. Eso explica por qué nunca obedece. Es como nosotros—de repente, miró a Shadow y se sentó, agarrándose un lado de la cabeza por el dolor. Miró a su esposo y lo acercó hacia ella, dándole un beso apasionado. Cuando se separaron, se dio cuenta de que todo estaba muy callado—. ¿Dónde está María?
— Viendo la tele. Va a estar bien, está en su corral—respondió abrazándola—. ¿De verdad vas a estar bien?
— Sí, solo es un dolor de cabeza. Estoy cansada y me he sentido un poco mareada—arrastró las últimas palabras y miró a Shadow con terror grabado en sus ojos, él alzó una ceja en confusión—… Maldición—murmuró.
— ¿Qué?
— Tengo que irme. Volveré en unos minutos—dijo ella y salió de la casa tan rápido como pudo.
15 minutos después, ella entró en la casa con una bolsa de plástico en las manos y corrió al baño. Shadow estaba en la sala, viendo cómo su esposa se encerraba en la pieza. María estaba jugando con el pelaje del pecho de su padre en ese momento.
— ¿Mamá? —dijo la niña confundida.
— Ella… ella vendrá en unos minutos, amor—dijo simplemente, sin saber qué era lo que estaba sucediendo.
Después de otros diez minutos, Rouge salió del baño, completamente perpleja.
— ¿Todo bien? —dijo Shadow preocupándose. María extendió sus alas e intentó volar hacia su madre, pero su padre la detuvo—. Espera, pequeña—dijo cargándola, se levantó y caminó con la niña en sus brazos hacia Rouge—. Dime, por favor.
— Mira esto—dijo y le dio una tira de plástico con dos líneas marcadas en una pequeña pantalla. Él la miró tratando de no sonreír—. Vamos a tener un bebé—dijo finalmente.
Él no dijo nada, solo presionó sus labios contra los de ella, sonriendo mientras la besaba tiernamente. María rio y sus padres la miraron con amor.
— Vas a ser la hermana mayor, corazón—Rouge dijo cargándola—. Por cierto, perdón por gritarte. Pero debes obedecer a mamá, ella siempre tiene la razón—dijo abrazando a su pequeña hija.
— ¿Cuánto tiempo tienes? —dijo Shadow abrazando a sus dos chicas. Rouge lo miró con ojos brillantes.
— No lo sé, podría ser un mes, o dos… tenemos que ir con el doctor. Pero eso podrá esperar—dijo y le dio un pequeño beso en los labios.
Por mucho que Shadow quisiera estar tranquilo con el nuevo bebé, los mismos pensamientos que tuvo cuando se enteró de que María estaba en camino, llegaron a su cabeza: si iba a ser un híbrido, si iba a estar bien o, si iba a tener los mismos poderes que él. María había sido un milagro, lo sabía muy bien, pero no estaba seguro si el milagro se repetiría nuevamente.
— Así que, ¿tenemos poderes como papá? —preguntó un murciélago gris de ojos rojos, sorprendido por las palabras que el robot le estaba diciendo.
— Afirmativo.
— ¿Entonces por qué no nos dejan ser agentes? —dijo una eriza plateada de ojos aguamarina y cabello negro, haciendo un puchero.
— Dah, Lyra, porque somos demasiado increíbles para estar atados a una agencia—dijo una eriza con alas de murciélago casi plateada, de ojos rojos y cabello blanco, haciendo una pose triunfal.
— Tío Omega, ¿qué clase de misiones tenían nuestros padres?
— Eso es clasificado, Izar—respondió el robot con su voz monótona—. Además, no pueden ser agentes, ya que apenas son unos pubertos.
— ¿Quiénes son unos pubertos? —dijo Rouge entrando en la habitación. Ella estaba leyendo un libro llamado "Amor Robótico" y miró a sus hijos sonriendo.
— Tus retoños. Quieren ser parte de G.U.N.—dijo Omega y ella frunció el ceño.
— Ya hablamos de eso, chicos. Ahora, es hora de comer. ¿Te vas a quedar, Omega?
— No como comida.
— Ya sé, grandulón. Solo preguntaba si te quedarás, ya sabes que nos encanta tenerte aquí.
— Me quedo.
— Perfecto. Ahora, todos, a lavarse las manos.
Los chicos se quejaron y salieron de la habitación. Rouge los miró contenta.
Izar y Lyra eran mellizos, ambos llamados por constelaciones. Nacieron en una noche lluviosa, cuando Shadow estaba volviendo de una misión. Casi se perdió el nacimiento de sus hijos, pero, en contra de cualquier pronóstico, llegó a tiempo. Desde entonces, sus vidas se habían vuelto más caóticas que antes. Tener tres niños corriendo en la casa era una locura la mayor parte del tiempo.
El acuerdo de repartir sus horarios ya no era suficiente para cuidar a los niños. Contratar a una niñera era una opción, pero sabían que sus pequeños pedacitos de alegría eran demasiado para un solo mortal. Sin embargo, el comandante Tower no quería perder a sus dos mejores agentes, por lo que creó una guardería para los agentes; de esa manera, los padres podrían ver a sus hijos, alguien estaría cuidándolos todo el tiempo y todos serían felices (o por lo menos, en la imaginación del militar).
La vida era buena. El mal seguía ahí. Como Eggman le había dicho, había mentes malvadas en el mundo. El erizo había saboteado algunos planes y Rouge había detenido a muchas más "mentes maestras"; pero ninguno de ellos se comparaba al doctor, quien se había convertido en un exitoso escritor como había predicho. La vida era buena, en realidad.
Cuando Rouge le dijo a Shadow que estaba embarazada la primera vez, lo último que cruzó por la mente del erizo era que vería a sus hijos crecer. Sus dos hijas eran hermosas e inteligentes como su madre, María pareciéndose a ella en carácter (y un poco en lo físico, solo que en forma de erizo), y Lyra, que había heredado los ojos aguamarina que él tanto adoraba. Las dos eran amables y le recordaban a su amiga, de quien había tomado el nombre para su hija mayor. Izar era similar a Shadow, si hubiera sido un murciélago, claro. Era callado, pero era un torbellino. Tal y como cualquiera hubiera esperado de un hijo suyo.
Rouge, cuando sospechaba que estaba embarazada, imaginó cómo podría ser su vida. Sabía que Shadow no la abandonaría, pero no esperaba que fuera precisamente un padre. Había sufrido lo suficiente en su vida para comprometerse con alguien en esa forma. Ella estaba aterrorizada. Pero, a la vuelta del tiempo, había logrado ser feliz. Él había cumplido su promesa y la había hecho inmortal. Tenían una eternidad para vivir juntos, con sus hijos.
Y eso era lo que tenían planeado, no importando qué sucediera.
Y ese es el final.
De nuevo, muchas gracias por leer.
¡Nos veremos pronto!
