I HATE THIS PART

A punto de alcanzarte

Después de que Alemania entró a la sala Corea le dedicó una última sonrisilla triunfante al italiano que se quedó ahí sin saber que responder porque puede que el chino de poca monta tal vez hubiera tenido razón en algunas cosas pero Romano ¡Jamás lo iba a admitir! Así que se quedó ahí, echando pestes entre susurros asustando un poco al rubio norteamericano del que no recordaba su nombre y que estaba sentado a su lado. ¿Quién diablos se creía ese tipo hablándole de esa manera? Casi parecía que España no podía mantener a su nuevo juguete en paz.

Sin haber puesto la mas mínima atención en la junta esta terminó y Romano ignoró de la manera más vil a Alemania cuando este estaba a punto de preguntarle por Italia, que se pudriera el macho patatas, es más, nunca había aceptado su relación con su hermano así que no le iba a decir como estaba. Por lo tanto salió de la sala tan rápido como pudo buscando a cierto hispano o a un asiático aunque en cambio se encontró con el otro bastardo que tenía una fijación por los pollos y su amigo adicto al vino.

-Oigan inútiles, muevan sus inservibles traseros y vayan a decirle al retardado de España que más le vale que eduque a su noviecito y deje de estarme pateando las bolas o la próxima vez no voy a responder- les ordenó Romano a los otros dos que voltearon a verse algo extrañados por la repentina petición del italiano que de verdad parecía estar fuera de sus cabales.

-Espera espera espera petit ¿De qué estás hablando?- le preguntó Francia intentando calmarlo pues estaba un poco confundido

-Se me olvidaba que ustedes también son algo estúpidos: te lo explico en términos más sencillos, tú y el loco de los pollos vayan con su amigo, el más idiota que conozcan y díganle que mantenga controlado a su novio el chino porque la siguiente vez que me moleste se va armar una guerra y no solamente de palabras ¿Entendido o se los tengo que dibujar?- les dijo el rabioso italiano cruzándose de brazos viendo como Prusia fruncía su seño.

-Pues entonces qué te parece si tú te regresas por donde viniste y te enteras mejor del chisme que dice que en primera, no es un chino, es coreano y segunda ¡Ni siquiera son novios! Si se besaron y todo eso pero no están saliendo juntos así que si tienes algo contra él ve y díselo tú ah, y saluda a Ita de mi parte kesesesese-agregó el albino viendo como Romano abría su boca para contradecirlo pero apenas estaba tomando aire cuando su cerebro procesó lo antes dicho.

-¿El chino y España no son novios?- preguntó el italiano paseando su mirada entre el francés y el alemán, cambiando radicalmente su actitud -¡Respondan carajo!- les apresuró a que hablaran

-No petit aunque quien sabe, puede que lleguen a serlo si siguen tratándose y ya te dijimos que es coreano- le corrigió Francia viendo como Romano de nuevo movía su boca como si estuviera diciéndose cosas a si mismo y se movía tratando de decidir qué hacer, tal vez demasiado inquieto gracias a la noticia.

España no estaba saliendo con Corea, estaba soltero, estaba solo… todo eso se resumía a una sola pero significativa palabra: OPORTUNIDAD.

-Tengo que irme- les anunció Romano corriendo en dirección contraria para luego frenar con sus pies y regresar hasta donde estaban los otros dos

-¡No le vayan a decir nada a España!- les pidió volviendo a correr pero una vez más se detuvo y regresó hasta el par de amigos –Ni tampoco le vayan a decir lo que dije del chino ni que me dijeron acerca de que no estaban saliendo. Es más, no le digan siquiera que hablé con ustedes- les pidió y echó a correr por tercera vez, esta vez sin regresar, ahora si necesitaba la ayuda de un experto.

Mientras tanto los otros dos se quedaron viendo como el Italiano iba tan rápido que casi se iba de bruces y aun con ello seguía corriendo como si el mismo demonio lo estuviera persiguiendo.

-Oye… ¿Crees que haya estado bien decirle lo de España?- preguntó entonces Prusia siguiendo con sus rubies al castaño que ya estaba muy a lo lejos.

-Claro, será interesante ver que tan dispuesto está a recuperar a Espagne o si solo echará todo a perder otra vez- contestó Francia con ese tono galante y romántico que casi parecía de locutor de radio-novela.

-¿Y qué pasará con Corea?- preguntó otra vez el albino viendo como su amigo rubio seguía sonriendo y comenzaba a reír de manera nerviosa aun sin borrar su mueca seductora.

-Oh mon ami… soy un idiota…- contestó el francés ahora volteando a ver a Prusia -¡No pensé en eso!- dijo afligido viendo como el alemán rodaba los ojos; aunque tal vez se les olvidaba que el único que iba a tomar la decisión era España, la manzana de la discordia en este trió amoroso… sin embargo podía que el español no fuera tan cotizado, al menos no cuando Corea aun tenía cierto nombre tatuado a fuego en su corazón.

A veces sucede que las personas son como drogas, nos volvemos adictos a ellas, la sustancia enviciante puede ser su voz, sus manos, su boca o su sola presencia. El tenerlas a nuestro lado es como una aguja en nuestras venas que calma nuestra ansiedad y entumece nuestro cuerpo, nos atonta un poco y nos provoca un bienestar que sencillamente ya no solo deseamos ¡Necesitamos! Aunque sea con tan solo una mirada o inhalar su aroma para estar conscientes de que está a nuestro lado. Y así como la persona amada puede ser una droga, nosotros somos drogadictos que al separarnos de ella nos hemos rehabilitado, pero hay quienes recaen ante su adicción, justo como Corea.

El asiático iba por los pasillos dando saltitos buscando a España para tal vez ir a comer algo de pasta, esos fideos que los italianos comían sin algún tipo de caldo pero si con salsa de tomate y según tenía entendido al español le fascinaban así que podrían ir a darse un festín y después al cine para que así el castaño pudiera distraerse del hecho de que estaba en casa de su ex pareja y no tuviera esos ataques de melancolía que luego le daban.

Entonces ahí iba Corea, con su buen humor y todas las ganas del mundo de conquistar un poco más al europeo o en eso estaba hasta que vio a su aniki sentado en una de las mesas de la cafetería con Rusia, de hecho el solo ver al ruso le provocó cierto enfado. China parecía algo nervioso mientras intentaba evitar la mirada del rubio que no dejaba de sonreír como tonto mientras buscaba la manera de tomar la mano del asiático que hábilmente había optado por meterlas a sus anchas mangas pero eso no había detenido a Rusia que arrastraba su silla hasta dejarla a un lado de la de China que de verdad daba la impresión de estar muriendo de la incomodidad. El coreano miraba con molestia la escena, pero no tenía porque importarle, tenía que seguir buscando al español. Si, justo eso iba a hacer en ese momento si tan solo sus malditos pies se dignaran a obedecer y en vez de estar caminando en dirección a su hermano y Rusia estuvieran caminando en la dirección contraria, pero era inútil sus extremidades se estaban rebelando sin importarles el hecho de que una parte de su cerebro les ordenaba de manera estricta que ese lugar no era el indicado ¡Estúpidas piernas! Ahora incluso estaban acelerando el ritmo al tiempo en que veía como Rusia se acercaba peligrosamente a China mientras este parecía hacerse hacia atrás tratando de evitar al ojivioleta.

Oh no… ahora todo su cuerpo había optado por desobedecerlo… para cuando el coreano se dio cuenta estaba enfrente del ruso justo después de haberlo empujado con tanta fuerza que lo hizo caer de su silla y este lo veía con sus ojos violetas iracundos pero esa tétrica y peligrosa sonrisa en sus labios lo que no auguraba otra cosa que no fuera una violenta lluvia de sangre.

-Corea ¿¡Qué haces aru?!- le regañó China levantándose de su lugar tras ver el repentino empujón de su hermano que pareció salir de su trance

-Ah… yo, lo siento- se disculpó Corea viendo como Rusia se levantaba y él a su vez tenía que alzar la vista para poder ver la cara del ruso de casi un metro con noventa centímetros y ochenta kilos de pura maldad (o al menos maldad que apenas había desarrollado en ese momento)

-Espero eso haya sido un accidente- comentó Rusia sacando su tubería de su largo abrigo y acariciándola de manera sospechosa acercándose un poco a Corea que aunque al principio estaba algo asustado no se inmutó ante él pero cabe destacar que por dentro temblaba como una hoja de papel e imploraba que alguien lo salvara.

-Si lo fue, pensé que estabas molestando a mi aniki y solo reaccioné- contestó el asiático aun con su cabeza inclinada hacia arriba viendo sonreír a Rusia

-Que admirable hermano, pero no estaba molestándolo solo teníamos una charla- dijo Rusia con su tono de voz siempre infantil

-Pues tus charlas más bien parecen acosos- le retó Corea viendo como la boca de Rusia temblaba un poco pero retomaba rápidamente la curva de su sonrisa mientras un susurro que sonaba como un "kolkolkolkol" comenzaba a escucharse.

-Dejen sus peleas tontas aru- les interrumpió entonces China enfadado poniéndose las manos en las caderas –Rusia, baja esa tubería ahora mismo aru- le ordeno al soviético que volteo a ver al chino con genuina inocencia y algo renuente bajó su improvisada arma.

-Él empezó…- murmuró Rusia como si se tratara de un niño pequeño y el chino lo reprendió con la mirada ante el asombro de Corea que veía como Rusia respondía como un manso corderito ante su aniki, actitud que solo le había visto cuando estaba con Ucrania y Bielorrusia.

-Y tú Corea vienes conmigo aru- dijo China tomando de la mano al coreano y alejándose de ahí.

Mientras Corea era jalado fijó su vista en la mano que le rodeaba la suya como tantas veces habían hecho antes, justo como cuando eran niño y él se perdía en los campos de bambú, cuando salían de paseo en noches de luna llena o cuando sin querer tropezaba y caía, esa mano que siempre lo había levantado, y con la que siempre quiso enlazar sus dedos pero con otras intenciones.

-Aniki… tú nunca me verás como a un hombre… ¿Verdad?- le preguntó cuando seguían caminando, Corea a unos pasos detrás de China y este aun tomándolo de su mano hasta que por fin se detuvo y encaró al moreno, tenía una expresión firme en su rostro.

-Te equivocas Corea, para mi tú eres un hombre hecho y derecho además de una gran nación que se está superando cada vez más aru… pero antes de todo eso siempre vas a ser mi hermanito, igual que Japón, Taiwán, Hong Kong y todos los demás así que no me pidas quererte de la manera que tú quieres…- le contestó China viendo como el chico sonreía con sus cejas curveándose en una expresión de tristeza que contradecía su sonrisa.

-Ah… aniki… tú siempre solías preguntarme porque siempre te perseguía a ti y siempre estaba detrás tuyo… eso es porque siempre he querido alcanzarte… pero por más que corro nunca logro llegar a tu lado- tomó aire al mismo tiempo que soltaba gentilmente su mano de la de China –Y ya me cansé de correr- concluyó aun sonriendo, por fin habiendo soltado la mano de su amor imposible alejándose de ahí dejando atrás a China, esta vez no volteó atrás.

Así como nos hacemos adictos a las personas y tenemos recaídas también nos hacemos adictos a cierto tipo de dolor y para Corea era hora de rehabilitarse de esa otra adicción.

China se quedó viendo al coreano alejarse con algo de tristeza pero tal vez dejar las cosas bien claras entre los dos era necesario y lo mejor aunque aquello le doliera a él como hermano mayor.

-Me pregunto si yo un día también me cansaré de perseguirte- comentó de pronto Rusia apareciendo detrás de China que dio un saltito por la repentina presencia del rubio.

-¿Y porque ustedes lo dicen como si yo fuera el que estuviera escapando aru?- preguntó China enfadado por la intromisión de Rusia además de su indiscreción de andar escuchando conversaciones ajenas.

-Porque das esa impresión, eres algo así como cuando intentas alcanzar una cosa y estiras los dedos para poder tomarlo pero eso solo logra empujarlo. Entre más intentamos acercarnos tú más te alejas. Eres cruel China- le explicó el ruso pellizcándole una mejilla al oriental que se lo quitó de un manotazo.

-Por supuesto que no, están paranoicos- le criticó el chino al que se le había quedado una marca roja en su mejilla gracias al pellizco.

-Entonces ¿Por qué no lo demuestras?- le preguntó Rusia acorralándolo entre la pared y su cuerpo, pasando su mano enguantada por la parte enrojecida en la mejilla de China en una débil caricia que hizo estremecer al moreno el cual solo veía al ruso atravesarle los ojos con su par de violáceos que se acercaban cada vez mas…

Mientras tanto Romano aun corría como si alguien lo estuviera persiguiendo, tomó el autobús y casi le gritaba al chofer que fuera más rápido pues su nación lo demandaba, tomó el metro mantenía sus ojos en las puertas esperando llegar hasta la maldita estación en la que debía bajarse así que el trayecto le pareció eterno sobre todo cuando cada minuto contaba, cada segundo de soltería de España eran como una oportunidad para que el chino idiota lograra terminar de conquistar al ojiverde y bueno, tampoco es como si el español fuera alguien muy difícil de engatusar.

El italiano todavía corrió unas cuantas cuadras antes de llegar a su casa y casi caer de boca a la hora en que intentó frenar en el piso resbaloso.

-¡Veneciano! ¡Veneciano baja!- le gritó al menor que seguro seguía convaleciente en casa. Se escuchó un breve ajetreo en la planta de arriba junto con algunos golpes hasta que Italia bajó las escaleras entre tropezones, con la pijama arrugada y su cara aun algo amarillenta.

-¿¡Qué pasa ve~!?- preguntó asustado volteando a todos lados pensando que algo había sucedido, que su hermano estaba lastimado o algún ladrón había entrado a la casa.

-Veneciano, tienes que ayudarme- le dijo Romano apoyando sus manos en los hombros del italiano que aun estaba algo sobresaltado y solo asintió con la cabeza.

-¿Los de la Cosanostra te volvieron a buscar? ¿Aun quieren que vuelvas a ser su Don? Oh esos tipos no se dan por vencidos, después de que te retiraste en los 20´s no han dejado de molestarte- mascullaba Italia haciendo conjeturas

-¡No, eso no! Se trata de España- le dijo el mayor zarandeándolo aun de los hombros

-¿El hermanito España? ¡No me digas que por fin lo mataste!- dijo alterado Italia –Bueno, no es como si yo deseara que lo mataras pero estos últimos días has estado tan mal que pensé que tú…- pero fue interrumpido una vez más por su mellizo

-¿Qué estupideces dices? Claro que no lo maté ni lo voy a hacer… es solo que… bueno, necesito tu ayuda para…- de pronto la cara de Romano comenzó a subir de temperatura a la vez que un intenso sonrojo comenzaba a invadirlo.

-¿Para…?- preguntó Italia viendo como casi podría salir humo de la cabeza de Romano que se aferraba aun mas a sus hombros.

-Para que Españaregreseconmigo- dijo entre dientes y en voz baja el mayor entre los dos

-Ve~ no te entendí nada, habla más claro- le pidió de nuevo Veneciano

-QuieroqueEspañaregreseconmig o- repitió Romano a punto de tener un derrame por tanta sangre que se le había acumulado en las mejillas y en la cabeza

-En serio hermano, no te endiento, dilo bien- le exigió Italia al otro

-¡Quiero que España regrese conmigo, maldición!- gritó por fin Romano con los ojos cerrados y la cara tan roja que podría verse a kilómetros de distancia.

Italia parpadeó un par de veces y se quedó viendo al mayor que por fin lo soltó y se ponía una mano en la cara tratando de ocultar toda su vergüenza mientras intentaba tomar aire para clamarse y seguir hablando.

-Ve~ Pero ¿No está saliendo con Corea?- preguntó Veneciano

-Al parecer aun no por eso necesito que me ayudes, no puedo solo ir con ese idiota y decirle: "Oye bastardo regresa conmigo". Bueno, si puedo hacerlo pero no creo que esas cosas se hagan así- razonó Romano rascándose la nuca porque de verdad no tenía ni idea de que tenía que hacer.

-¿Y no has intentado solo decirle "te amo" y ya?- preguntó Italia encogiéndose de hombros como si aquello fuera tan fácil como decir "buenos días" y de hecho al solo formular la pregunta Romano puso una tremenda cara de susto y desagrado que lo hizo negar varias veces con su cabeza.

-¡Claro que no! ¿Por qué habría decirle eso? Quiero que regrese conmigo no tenerlo pegado a mi como un chicle toda la vida- dijo el mayor entre los dos así que Italia fue hasta una pared y se dio de topes en la cabeza, a veces olvidaba que su hermano eran tan o más "despistado" que él mismo.

El italiano después de una serie de golpecitos en su frente, tomó aire, contó hasta diez y retomó su sonrisa alegre de siempre para regresar a ponerse enfrente de su hermano que no se explicaba el comportamiento del menor. Veneciano lo tomó de las manos y le dedicó esa sonrisa que podría dejarte en un coma diabético por tanta ternura y dulzura impregnada en ella.

-Ve~ hermanito, si no le dices a España que lo amas ¿Cómo pretendes que él lo sepa?- le preguntó como si estuviera tratando con un niño pequeño.

-Pues… no sé ¡Él debería saberlo! Me conoce bien, hemos estado juntos casi toda la vida- dijo enfurruñado el italiano.

-¿Y eso qué? Hermano si tenemos boca y lengua es para hablar y lo que el hermanito España mas necesita en estos momentos es escucharte y no, las groserías y maldiciones no cuentan. Él quiere escuchar lo que de verdad quieres decirle, no lo que escondes detrás de tus insultos- le aconsejó Italia y sus años de ser una "nena cursi" como le decía Romano por fin estaban sirviendo del algo.

-¡Ahhhhh! Lo haces sonar tan fácil ¿Por qué carajos la gente es tan retrasada que tienes que explicarle las cosas con palabras? Deberían solo poder entender sin decir nada y ya- se quejó Romano revolviéndose el cabello frustrado.

-No te preocupes puedes practicar conmigo, vamos, dime que me quieres- le alentó Italia llevando a Romano hasta el sillón para poder "ensayar". El mayor soltó un bufido y clavó sus ojos en los almendrados de su hermano que parecía estar emocionado por eso; más bien parecía estar divirtiéndose con la cara colorada de su mellizo pero aun así el sureño se armó de valor.

-Veneciano t… t… te… qu… quie…- volvió a tomar aire como si aquello conllevara un tremendo esfuerzo físico –Te quie… te quiero decir que eres alguien a quien valoro mucho- dijo finalmente y la cara de Italia se llenó de pura decepción.

-Hermano... ¿En serio es tan difícil solo pronunciar algo así?- le preguntó Veneciano ahora si algo preocupado notando como un gesto de derrota decoraba las facciones del mayor.

-Es que tú no entiendes… Si por mi fuera yo ahora mismo iría con el bastardo y lo besaría enfrente del chino ese para dejarle bien en claro que él es mío pero no puedo decirle algo como… bueno, como eso que me pidas que diga… las palabras son peligrosas, no son como los golpes que se curan y ya, además que tal si se lo digo pero me manda por un tubo ¿Cómo diablos borro lo que dije? No se puede ¡No hay vuelta atrás! Ojalá no tuviéramos que tener que comunicarnos con palabras…- comentó Romano recargando su espalda en el sofá echando su cabeza hacia atrás con un dejo de tristeza en su rostro.

Las palabras siempre tendrán un poder inimaginable sobre las personas, para algunos son como tatuajes, un estigma que se queda para toda la vida; así como te pueden forjar como individuos también te pueden derrumbar en cuestión de segundos. Verdades, mentiras, halagos o insultos, todo esto siempre termina retumbándonos en la cabeza aunque queramos negarnos y hacernos de oídos sordos… las palabras son tan peligrosas como las personas que las dicen.

Veneciano estaba bien consciente de esto pero aun así tenía que lograr que su hermano enfrentara sus miedos así que como el mayor le había pedido ayuda, él tenía el deber de dársela así tuviera que pasarse toda la noche con dolor de estomago obligando a su hermano que pronunciara esa pequeña pero decisiva frase.

Entonces mientras el par de hermanos italianos seguían en su extraña practica, Corea logró encontrar a España y sin siquiera preguntarle si tenía tiempo libre prácticamente lo secuestró para llevarlo hasta su cuarto de hotel a pesar de que España puso algo de resistencia este había notado algo raro en el asiático no solo en el hecho de que casi no había hablado durante el camino sino que aparte parecía estar forzándose a sonreír.

España estaba tan acostumbrado a ver al coreano lleno de vida y fresco como una lechuga, soltando carcajadas o chistes malos pero en aquella ocasión el asiático tenía una rara mueca en su rostro sonriente, parecía como si en cualquier momento fuera a debilitar su sonrisa y solo soltarse a llorar. Tal vez por eso el español momentos después no se resistió al ser llevado por el oriental, quería saber que tenía, después de todo Corea había sido tan bueno con él que quería corresponderle.

Por fin llegaron al hotel y eventualmente a la habitación de Corea quien apenas abrió la puerta jaló a España para tirarlo contra la cama descolocando por completo al hispano que ni siquiera tuvo tiempo de replicar pues cuando se dio cuenta ya tenía a Corea sobre él besándolo de manera posesiva y acelerada así que intentó corresponderle el beso para que así el pelinegro se calmara un poco y bajara el ritmo pero eso no pareció funcionar, de hecho el oriental solo se aceleraba mas, seguía con ese beso casi agresivo y desesperado.

Aquello se debía a que Corea se sentía bien así, sentir la boca de España, el calor de su cuerpo debajo del suyo, quería ahogarse en el español porque su presencia aliviaba el dolor. Aquel país europeo tenía una calidez que lo reconfortaba… le gustaba España, le gustaba tanto a pesar de que amaba a otro sabía que esa persona a la que ahora mismo estaba devorando con su boca era como un analgésico contra su corazón roto, las punzadas disminuían, los recuerdos se volvían borrosos cuando saboreaba esa piel salada, pero ya no solo le gustaba España, lo comenzaba a querer.

Aunque en ese momento se sentía como un idiota por estar usando de esa manera España pero solo quería que el nudo en su garganta desapareciera y lo estaba logrando porque disfrutaba de la respiración agitada del español ante su solo tacto y quería que España le correspondiera, deseaba tanto que él comenzara a quererlo también.

Corea continuó besando al hispano, bajando su boca por el cuello de este concentrándose en ese especifico punto de su anatomía sintiendo como la piel del castaño respondía al roce de sus labios y sus manos.

-Espera, espera…- le pidió España siendo ignorado por el coreano -¡Espera!- exclamó por fin España agitado y el pelinegro se detuvo pero no levantó su cara, seguía hundido en el cuello del ojiverde.

-¿Qué te pasa? Estás actuando raro- le preguntó por fin el castaño que casi se había quedado sin respiración por el prolongado beso.

Corea que seguía sin mostrar su rostro solo mordió su labio inferior, cerró sus puños con fuerza arrugando las sábanas en el acto y se preparó para alzar la cara… de nuevo esa radiante sonrisa, esa mueca feliz que comenzaba a pesarle como el plomo.

-Nada, estoy bien- contestó esperando que España se hubiera tragado eso, en cambio el ojiverde lo examinó con la mirada sin decir nada hasta que decidió pasar su mano por el cabello azabache del coreano haciendo hacia atrás su flequillo.

-¿Te sucedió algo?- volvió a preguntar preocupado España aun con una mano en el cabello de Corea que sintió como su corazón daba un pequeño salto así que mantuvo la sonrisa tan firme como siempre y tomó la mano de España entre la suya.

-Por supuesto que no, ya te dije que estoy bien- volvió a responder para luego arrojársele al español en un fuerte abrazo para que este no pudiera ver su cara otra vez, esa que tenía con los ojos fuertemente cerrados… Corea siempre estaba bien…

Las horas pasaron, Corea y España había optado por quedarse tirados en la cama a platicar, sin hacer otro tipo de cosas que no fuera bromear un poco y ver algo de televisión, de todos modos acababan de perder su vuelo de avión y ahora tendrían que esperar hasta el día siguiente para poder regresar a casa. Así que mientras estos dos se entretenían, Romano se la había pasado "practicando" con su hermano hasta que por fin pudo hacerlo ¡Pudo pronunciar esas dos malditas palabras que le habían estado dando tantos problemas! Ahora solo quedaba un último paso y tal vez el que sería el más difícil…

Romano dejó que Veneciano se fuera a dormir después de haberlo ayudado casi toda la tarde sin permitirle descansar de su dolor de estomago por lo tanto el menor solo le dio las buenas noches y exhausto subió hasta su habitación para poder entregarse a su cama y al sueño, tal vez también a las pastillas para el estomago, mientras que su hermano mayor se quedó en la sala, sacó su teléfono celular y marcó un número que no se había olvidado, miró fijamente la pantalla luminosa por casi dos minutos hasta que tomó todo el aire que sus pulmones pudieron soportar y con su mano temblorosa apretó la tecla de Call se llevó el teléfono a la oreja escuchando el sonido que le indicaba que estaba entrando la llamada…

-¿Diga?- contestó la voz de España que fue como un relámpago en la cabeza de Romano que abrió la boca para hablar…

Era hora de saber si sus palabras alcanzarían a España…

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¡Lloren conmigo! Bueno no, ¿Qué les pareció el capitulo? Espero les haya agradado y no odien a nadie, yo en cambio los amo a los tres y amo su dolor (eso se escuchó algo cruel ¿No?) En fin, espero hayan disfrutado este capítulo con una ligera insinuación RusiaxChina porque soy fan de la pareja, si, solo por eso lo puse mi egoísmo ante todo.

En otras cosas ¡Mil gracias por sus reviews! De verdad que adoro leer todo lo que piensan y opinan de este fic, incluso sus palabras de odio para algunos personajes porque así sé que se están involucrando con la historia, además de todas y cada una de sus observaciones, me ayudan mucho para mejorar y notar algunos errores de los que yo no me doy ni por enterada por lo tanto intento corregir esas partes que me señalan así que tengan piedad de esta pobre mujer XD.