El sábado muy temprano Saskia se dirigió al edificio central del gobierno en Glastonbury. La bruja había pensado por un segundo en hacer las cosas de forma tranquila, en llamar y hacer una cita pero dada su experiencia previa con políticos, supo que no sería aceptada su solicitud. Ese día el alcalde estaba en su oficina firmando documentos sin mucha atención cuando de pronto la puerta se abrió.
-Viene a verlo la persona que esperaba –dijo su secretaria. Luego se dirigió a una persona fuera de la oficina-. Pase por favor.
Antes de que el alcalde pudiera protestar y decir que no esperaba a nadie, vio entrar a una mujer que sin duda alguna debía ser una bruja, pues no se había esforzado en lo más mínimo por no dar esa impresión. Vestía su túnica de Luna Nova y un sombrero con una pluma.
-Buenos días, señor alcalde dijo Saskia melosamente-. Mi nombre es Saskia Amundsen. Muchas gracias por recibirme.
-Pero, ¿cómo se atreve entrar de esta forma? –dijo el alcalde levantándose de su silla y caminando hacia ella-. Usted no tenía una cita hoy, no sé cómo pudo pasar pero le pido que se retire por favor.
-Pero alcalde, ya estoy aquí, ¿no podría al menos escuchar lo que quiero decirle? No le quitaré mucho tiempo.
El alcalde, al ser tan terco y sentir un gran desagrado por las brujas, insistió en que Saskia debía irse o si no llamaría a seguridad. Caminó de nuevo hacia la parte trasera de su escritorio y amenazó con presionar el botón de emergencia.
-No puedo creer que ni siquiera fuera capaz de fingir un poco de amabilidad por un par de minutos –dijo Saskia abandonando su voz melosa y remplazándola por una más amenazadora-. Pues bueno, si tiene que ser así, que así sea.
Inmediatamente la oficina del alcalde desapareció. El hombre, abandonando su fachada de valentía, soltó un gritó producto del susto. A su alrededor ahora no había más que una negrura absoluta, sólo podía verse él mismo y a la bruja. No podía ni siquiera ver el suelo sobre el que estaba parado, todo era negro alrededor.
Saskia comenzó a caminar hacia él.
-Mire, lo que quiero pedirle es simple. La próxima semana se llevarán a cabo festivales conmemorando las viejas tradiciones sobre las que fue fundado este pueblo. Un pueblo que, como bien debe saber, le perteneció a las brujas antes que les fuera arrebatado por ustedes los no mágicos aprovechando nuestra creciente debilidad. Año tras año, en toda Europa se burlan de lo que es sagrado para nosotras y no lo voy a permitir más. Deberían tener un poco de vergüenza por usar nuestra cultura como un chiste. Nosotras las brujas tomaremos el lugar que nos corresponde en la sociedad, no estaremos más marginadas. Como puede usted notarlo, nuestra magia está floreciendo de nuevo, hasta hace sólo unos meses no me hubiera sido posible crear este mundo mágico a nuestro alrededor sin estar cerca de una piedra filosofal. Ahora, eso está cambiando, somos fuertes de nuevo.
Saskia hizo una pausa para observar el temor en el rostro del alcalde. El hombre estuvo a punto de tragar su orgullo y rogar para que todo volviera a la normalidad pero Saskia siguió hablando.
-Pero no se preocupe –Saskia adoptó su tono meloso nuevamente-, nadie tiene que sufrir nada, nosotras no los vamos a quemar en la hoguera como lo hicieron ustedes con nuestras antepasadas. Sólo quiero que nos permitan tomar parte del festival. Quisiera que junto a todas las atracciones y eventos que se hacen durante la semana, nos permitan poner una de nuestra creación. Una con la que podamos decirle al mundo: "Estamos de vuelta". ¿Qué dice? ¿Me da permiso?
-Pe… pero, a la gente no… le gustaría eso –dijo el alcalde muy nervioso-. Nadie estaría de acuerdo… y…
-Tendrán que estar de acuerdo si usted lo ordena. Vamos, sólo es cosa de firmar una orden y darnos un espacio en el festival, no tomaríamos más de treinta minutos a lo mucho, seguramente.
El alcalde seguía nervioso y con miedo, pero a la vez no quería aceptar esa proposición, sabría que mucha gente se pondría en su contra por una orden así. Ante su negativa, Saskia comenzó a desesperarse. Y además, sabía que no le quedaba mucha energía mágica dentro de sí para mantener la ilusión por mucho tiempo. Tuvo que poner un poco más de presión sobre el tipo.
Entonces, el alcalde comenzó a sentir algo trepar por sus piernas. Miró hacia abajo y soltó un nuevo alarido, esta vez más fuerte que el anterior, al ver que dos serpientes trepaban por sus piernas.
-¡¿Qué es esto?! ¡Haga que se detengan! –gritó el alcalde agitando sus piernas.
-Esta vez, las palabras mágicas las debe decir usted –dijo Saskia dulcemente.
-¡Esta bien! ¡Acepto! –gritó el hombre mientras las serpientes ya estaban en su torso-. ¡Les daré un espacio en el festival pero pare esto!
Saskia sonrió. Acto seguido, dio un chasquido y las serpientes desaparecieron pero la negrura a su alrededor no.
-Espero que no se arrepienta. O si no, volveré y esta vez no será tan fácil escapar de mi magia.
Otro chasquido y de pronto volvieron a la oficina. El alcalde se dejó caer sobre su silla y trató de calmarse pues aún temblaba bastante.
-Bueno, señor alcalde, fue un gusto hablar con usted. Doy por hecho que podremos presentarnos en el festival, espero que no se arrepienta y que no sea necesaria una nueva conversación entre usted y yo.
Saskia se dio la vuelta y se dirigió a la salida. Antes de abrir la puerta, se giró y agregó:
-Oh, y confió en usted para que nuestra conversación sea algo confidencial. Las otras brujas han sido muy pasivas y ustedes se han aprovechado de eso por mucho tiempo pero como pudo usted comprobar hoy, yo no temo usar nuestra magia. Si no habla de más, no será necesario volver a vernos.
Entonces, Saskia se fue y el alcalde inmediatamente llamó al equipo organizador del evento para que hicieran un hueco para las brujas. No se atrevió a contarle a nadie lo que había ocurrido, no quería tener que pasar por algo así de nuevo; sabía que sería peor.
Por su parte, Saskia salió del edificio del gobierno satisfecha por haber logrado lo que quería pero había otra cosa que la frustraba. La cantidad de magia que había logrado almacenar dentro de sí no había sido suficiente para poder mantener la ilusión más tiempo, y menos aún hacerla más fuerte. "Si no hubieras sido tan arrogante y hubieras traído la varita" se reprendió a sí misma Saskia, "hubieses podido darle un susto más fuerte". Recogió su escoba en "Last Wednesday Society" y regresó volando mientras pensaba en cómo le gustaría, además, poder librarse de la escoba también.
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El día transcurrió sin contratiempos. Durante el ensayo, Saskia dividió a sus alumnas en equipos y le asignó a cada una su tarea. Diana y Sucy habían quedado en el grupo que actuaría y Akko había quedado en el grupo que se enfrentaría al monstruo. Todas se la pasaron muy bien preparando su parte y les dio mucho gusto cuando Saskia les dio la noticia de que había conseguido el permiso. También la directora y las otras maestras se pusieron contentas por la noticia pues la veían como un gesto de buena voluntad por parte del gobierno; Finnelan estaba muy sorprendida.
En la tarde, cuando el ensayo terminó, Akko se despidió de sus amigas y se fue a buscar a Chariot. Lotte tenía que ir con Bárbara a una convención y Sucy seguramente, pensó Akko, se quedaría en la habitación leyendo o preparando alguna nueva poción que de una u otra forma Akko terminaría bebiendo.
Chariot y Akko se encontraron en la entrada de la academia, volaron hacia el pueblo, se deshicieron de las escobas en el taller de brujas y volvieron a recorrer High Street juntas. En el pueblo se notaba un gran ambiente muy animado. Todo mundo se preparaba para los festejos de la semana.
-Wow, el clima festivo se siente de maravilla –dijo Akko-. Seguro que será una semana muy divertida.
-Muy seguramente lo será –dijo Úrsula-. Cada año me gusta venir a ver todas las cosas lindas que preparan. Supongo que este año el evento de Saskia será el mejor.
-¡Oh, sí! ¡Nos va a quedar genial! ¿Ya escuchó que nos dieron el permiso?
-Sí, Saskia nos lo contó a las profesoras más temprano. Parece que ella tenía razón, estos son otros tiempos.
-Es lo que siempre quiso usted, ¿verdad, maestra?
-Bueno, algo así. Aunque supongo que hace once años no era el momento correcto. Akko, ¿tienes hambre?
Akko entonces recordó que entre el ensayo y la emoción por salir con Chariot de nuevo se había olvidado de ir a comer. Juntas fueron a un restaurante que estaba en el centro y ordenaron. El lugar le gustó mucho a Akko, se sentía como si viajara al pasado. Todo el local tenía una arquitectura muy clásica, de los tiempos en que se fundó el pueblo y por un momento alguien podría pensar que se respiraba un aire mágico pero se rompía inmediatamente cuando en la televisión el comentarista deportivo anunciaba un gol de Manchester United y los comensales estallaban de emoción.
-Espero que ese gol haya sido legal –dijo Akko bromeando-. Todo se puso horrible la última vez que hubo un gol mal concedido.
-Vaya que sí.
Ambas brujas rieron mientras recordaban todo lo que habían pasado hacía sólo unos meses.
Chariot suspiró.
-A pesar de lo peligroso que fue –dijo la bruja pelirroja-, nos dejó recuerdos muy bonitos y lecciones valiosas.
-Gracias a eso –dijo Akko mirando acusadoramente a Chariot-, supe que usted era en realidad la persona a la que siempre quise conocer. ¿Cómo pudo pasar todo ese tiempo sin decírmelo?
-Bueno… yo… es que no quería que… -Chariot trató de controlar sus nervios-, es que si lo hubiera hecho, habría tenido que contarte todo y no estaba lista. No quería decepcionarte.
-Hubo bastantes malentendidos pero aun así fue muy especial para mí que usted resultara ser Chariot. Y además, después de todo por lo que pasamos lo importante es que ahora todo está siendo mejor para las brujas.
Al poco rato, la mesera se acercó a las brujas para servirles sus platos.
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Las dos caminaban por High Street, una más animada que de costumbre, la otra sintiéndose un poco rara. Sucy no podía creer aún que se encontraba en una… "¿le llamo cita?" pensó Sucy. En ese momento no estaban cruzando muchas palabras; la rubia caminaba guiando el camino y Sucy la seguía no muy segura de que fuera buena idea. Más allá del interés que ambas compartían por la literatura, no veía mucho en común entre ambas.
-Eh… Diana, ¿a dónde me dijiste que vamos?
-Al teatro Manderley. Es un lugar muy bonito donde hoy van a representar "The Canterville Ghost". Es una de mis historias favorita de cuando era niña y creo que te va a gustar.
Sucy recordaba haber leído la historia sobre ese pobre y atormentado fantasma alguna vez y le pareció extraño que una persona como Diana lo considerara una historia favorita. "Bah, humor inglés", pensó Sucy.
-¡Ahí está! –exclamó Diana al avistar el lugar-. Vamos.
Sin darle tiempo a Sucy de nada, Diana tomó su mano y la llevó con ella. Sucy tuvo que acelerar un poco el paso para que la rubia no la arrastrara.
Una vez sentadas en sus lugares, mientras esperaban a que la obra comenzara, Diana y Sucy conversaron un poco.
-Me dio mucho gusto que la profesora Saskia nos eligiera para actuar –dijo Diana-. Creo que eres muy buena en esto. ¿De verdad nunca lo habías hecho?
-No, nunca… -Sucy dudó un poco al hablar-. Aunque, creo que muy dentro de mí era algo que quería intentar. No lo sé, a veces siento como si hubiera todas estas emociones dentro de mí que me dicen que quieren hacer esto o aquello pero nunca las escucho.
-Pues deberías hacerlo más seguido.
-No, para nada. Una de ellas quiere que lea "Cae La Noche", no puedo ceder ante eso.
-Tal vez no sea tan malo. Incluso yo he hojeado alguno de los libros de Bárbara. Pero volviendo a lo de la obra, me pareció bastante interesante. Muestra muy bien lo que significa la magia para nosotras.
-No lo sé, ¿no te parece un poco agresiva? ¿Aterradora, incluso?
-¿Por qué lo dices?
-Me dio esa impresión. Pone a las personas no mágicas en una situación bastante vulnerable. Creo que en lugar de sentir que las brujas pueden ser de ayuda y protección podrían terminar temiéndonos más. Pero es sólo mi impresión, no tengo mucha experiencia en esto.
-No me lo parece, quizás está leyendo demasiado entre líneas. Verás que será agradable.
-Supongo que hay que confiar en que la profesora Saskia sabe lo que hace.
Cuando el evento de la profesora Saskia no pudo dar más de qué hablar, Sucy no supo qué más decir y Diana parecía no encontrar las palabras tampoco. Al poco rato, Sucy, franca como era ella, quiso saber algo…
-Oye, Diana, ¿por qué decidiste invitarme? Yo pensé que no te agradaba.
-Pudo haber dado esa impresión antes, pero realmente nunca me desagradaron, ni tú, ni Akko, ni tampoco Lotte. Es sólo que yo me comporté de manera incorrecta porque me daba un poco de envidia cómo ustedes, y en especial Akko, veían la magia como lo que debe de ser, algo para hacer el mundo mejor y no como lo hacía yo, sólo para presumir y hacer ver a las demás cómo yo era mejor. Las cosas han cambiado bastante. Ustedes me agradan mucho y, bueno, te invité porque me dio gusto encontrar a alguien con quien puedo compartir mis gustos. Hannah no es muy aficionada a la lectura y Bárbara apenas y lee algo que no sea de Anabelle Crème. Ellas nunca apreciaron mis libros. Sucy, ¿yo te agrado?
-Antes no, realmente. Pensaba que eras una persona petulante pero he cambiado de opinión sobre ti.
Sucy estuvo a punto de decir algo más pero de pronto el telón se abrió y la obra comenzó.
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Akko y Chariot habían dejado el restaurante. Pasaron la tarde y el inicio de la noche paseando por el pueblo. Como parte de las celebraciones de la semana del fin de la cosecha, se habían instalado varias atracciones y Akko había insistido en participar en varias de ellas.
Una fue la casa de los sustos. Akko creyó que todo sería tan infantil que lo soportaría pero resultó que no había pasado el primer pasillo cuando ya estaba temblando. Y Chariot no fue muy diferente a ella pues también se asustó fácilmente. Ninguna de las dos se dio cuenta, sino hasta el final del recorrido, que habían pasado la mayor parte del camino tomadas de las manos.
Luego de haber probado varias atracciones más, y estando algo cansadas, Chariot y Akko decidieron sentarse en una banca de vuelta en High Street.
-Uff, qué día –dijo Akko exhausta-. No creo haberme movido tanto ni si quiera en deportes.
-Yo tampoco recuerdo cuándo fue la última vez que me moví tanto. Crecer es difícil.
-Creo que necesito recuperar algo de energía, voy a comprar un helado. ¿Le gustaría uno, maestra?
-Sí, te lo agradecería bastante. El mío de limón, por favor.
Mientras Akko iba a conseguir los helados, Chariot se quedó pensando.
"Vamos, díselo", pensaba Chariot. "No tiene sentido seguir ocultándolo. Sólo te haces daño".
Pero como cada vez que pensaba en aquello, se interpuso el pensamiento que tanto la aterraba: si Akko no sentía lo mismo por ella, su amistad podría verse afectada terriblemente.
"Díselo, no puede salir mal si es la verdad".
Al poco rato, Akko estaba de vuelta con los helados y comenzaron a comer mientras hablaban de esto y aquello. Cuando terminaron, Chariot tomó valor de las estrellas y se decidió a hablar.
-Akko…
-¿Sí?
-Escucha, yo… quería decirte algo… Me la he pasado muy bien hoy y todos los días que he pasado contigo. Es muy agradable tu compañía.
-Lo mismo digo, maestra. Los momentos que paso con usted son de los más especiales para mí. No los cambiaría por nada.
Entonces Akko abrazó a Chariot.
-Pero además… yo…
"Vamos, no te acobardes ahora", se dijo Chariot. "Aunque el que ella esté abrazándome no me lo hace más fácil".
-Akko, quiero decirte que…
-¡¿Esas dos son Sucy y Diana?! –exclamó Akko levantándose de la banca. ¡Sí, son Sucy y Diana!
Chariot, apenada por ser interrumpida justo cuando iba a decir algo importante, volteó a donde Akko señalaba y distinguió que por el otro extremo de la calle venían Diana y Sucy. Akko echó a correr en dirección a sus amigas.
"Parece que no será hoy", pensó Chariot. La pelirroja suspiró y se levantó para seguir a Akko.
-¡Ésa que viene ahí es Akko! –exclamó Sucy, quien no había dicho nada a nadie sobre su salida con Diana-. Ya nos vio.
-Hola, ¿ustedes qué hacen aquí? –dijo Akko al encontrarlas.
-Hablas como si no pudiéramos estar aquí, eso no es correcto –respondió Diana.
-Lo siento, es que… sí pueden pero… es raro.
-Pues no creo que tan raro como salir con una de las profesoras.
Justo en ese momento, Chariot venía acercándose detrás de Akko.
-Hola, Diana, Sucy. Qué gusto encontrarlas por aquí.
-Gusto en saludarla, maestra Úrsula.
-Y díganme –intervino Akko-, ¿qué han hecho?
-Venimos del teatro. Hubo una maravillosa obra, deberían verla si tienen la oportunidad. Ahora íbamos al centro para ver qué eventos hay.
Akko, entrometida como era y decidida a saber qué se traían Sucy y Diana, pensó que sería buena idea que ambas parejas se unieran y pasaran el resto de la noche juntas.
-Qué gran casualidad, nosotras también íbamos para allá. Creo que está a punto de comenzar un concierto de música celta y medieval, esas cosas te gustan, ¿no, Diana? ¿Por qué no vamos juntas? ¿Qué le parece maestra?
-Por mí está bien –dijo Chariot resignada a esperar.
-¿Te gustaría verlo, Sucy? –preguntó Diana.
-Sí, ¿por qué no? –respondió monótonamente Sucy, dejándose llevar.
-Pues no se diga más, vamos.
Entonces, cuando las cuatro comenzaron a andar, Akko jaló a Sucy hacia sí.
-¿No me dijiste ayer que te pregunte que no era nada importante lo que te había dicho Diana? –dijo Akko en voz baja.
-Sólo no quería hablar al respecto.
-Entonces, ¿estás saliendo con ella?
-¿Qué importa? Además, tú tampoco nos dijiste la verdad a Lotte y a mí. Sí sales con la maestra Úrsula.
Akko se puso colorada.
-Sólo es mi amiga. Es imposible hablar contigo.
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"No puedo permitir que siga pasándome eso", pensaba Saskia desesperada mientras recorría los pasillos del castillo el sábado por la noche. "Tengo qué entrar en esa bodega ya". Luna Nova estaba casi vacía pues la gran mayoría de las brujas, incluidas las maestras, habían salido a ver el inicio de las festividades.
Saskia se había enterado por terceros que para entrar en la bodega se necesitaba una magia especial que la directora tenía almacenada en un cilindro que ella conservaba en su oficina.
Aprovechando la poca vigilancia que había en la academia en ese momento, Saskia decidió que era un buen momento para acercarse a la dirección. Supuso que no sería tan complicado meterse ahí como lo era en la bodega.
Y no lo fue. Entrar en la dirección sólo requirió un hechizo simple para remover seguros, algo insignificante para el nivel de Saskia. Una vez dentro, Saskia se concentró para sentir aquello que buscaba.
Desde que había logrado con éxito el proceso de inocular magia dentro de su sistema, lo que le tomó bastante tiempo y esfuerzo, era capaz de detectar la que hubiera alrededor de ella y atraerla a su cuerpo, lo que le permitía hacer magia sin necesidad de un medio, aunque de todos modos usaba una varita frente a las demás profesora para no ser descubierta. Las brujas comunes tenían que usar varitas como medios para canalizar la magia proveniente de las piedras y poder hacer hechizos. Para su mala suerte, aún no lograba que su propio cuerpo generara energía mágica por sí misma; la última vez que lo había intentado casi muere. Para que su experimento estuviese completo, necesitaba leer información muy específica y confidencial sobre el comportamiento de la magia dentro de un ente biológico.
Parada en medio de la oficina e iluminada sólo por la luz de la luna que entraba por la ventana, Saskia no tardó en sentir la magia que emanaba de la llave especial de la directora, aun a través del cajón, pues era lo único que generaba energía mágica en el lugar.
"Te tengo", pensó Saskia y se acercó al escritorio.
Colocó su mano sobre el escritorio y comenzó a conjurar un hechizo que hizo que la magia proveniente de la llave fluyera hacia ella. En pocos segundos, Saskia logró crear una copia de esa magia dentro de su cuerpo, la cual le serviría para abrir la bodega con sus propias manos.
Saskia abandonó la dirección, dejando todo exactamente como lo había encontrado, y se dirigió hacia la salida trasera del castillo pensando en ir de una vez por todas a la bodega.
No tuvo tanta suerte esta vez.
-Saskia, aquí estás, por fin te encuentro –dijo Croix topándose con su amiga en el pasillo principal-. ¿Dónde estabas? Fui a tu habitación y no te encontré.
-Yo salí a caminar un rato –dijo Saskia intentando aparentar normalidad-. Este castillo me encanta y cuando está vacío como ahora, es muy tranquilizante dar una vuelta por él.
-Tú y yo siempre tan solitarias, ¿no? Casi todos están en el centro pasándola bien. Estaba buscándote para ir juntas a ver cómo está quedando todo. Creo que salir de vez en cuando nos haría bien.
-Yo… pues… no sé, estaba pensando en…
-Vamos, no digas que no. Desde que llegaste apenas y hemos pasado tiempo juntas fuera del castillo. Es sábado por la noche después de todo.
Saskia se lo pensó por un momento y al final, aceptó ir con su amiga al pueblo. Ahora que tenía el modo de abrir la bodega de archivos, podía esperar tranquilamente al día siguiente para leer. Además, no quería levantar ninguna sospecha pues ya había sido atrapada deambulando de noche por el castillo dos veces por Croix.
-Está bien –dijo al fin Saskia-. Creo que me haría bien un poco de aire fresco y compañía.
Tomaron sus escobas y se fueron.
