7

Un ankh rojo y un trofeo plateado

And we were lovers

Now we can't be friends

Fascination ends

Here we go again (*)

Las luces de neón azules y violetas parpadeaban intensamente, iluminando las siluetas de los bailarines que, en medio de la pista central, se contorsionaban al ritmo del electropop.

El lugar era grande, pero algo en su diseño transmitía sensación de agobio. Tal vez eran las vigas metálicas y tuberías que llenaban el techo y que estaban colocadas de tal modo que parecían estar amenazando con caerse en algunos lugares de la sala. Tal vez eran las columnas que había alrededor de la pista central, llenas de espejos donde las figuras se reflejaban con palidez cadavérica bajo las lámparas especiales de luces negras. Quizás era el hecho de que estuviera tan lleno que no cabía un alfiler…

Rose y Finn se abrieron paso a codazos entre la multitud. Rose iba delante y Finn se acercó a su oreja para gritarle.

- ¿Sabes a dónde vamos?

Ella, sin girarse y mirando a todos lados, respondió a voces también.

- ¡A la parte trasera! ¡Siempre hay una oficina trasera! ¡Recuerda que buscamos a un tipo con un símbolo de ankh rojo!

Finn asintió y le cogió el codo mientras caminaban. Enseguida se dio cuenta de que algo no iba bien: a medida que avanzaban, vio cómo la gente se le quedaba mirando a él más que a ella. De hecho, había visto cómo dos tipos con melenas largas y oscuras, maquillados de blanco, se quedaban mirando a Rose con cara de embobados…

Pero de nuevo, aquella chica de pelo rosa y aro plateado atravesándole la nariz lo estaba mirando con disgusto… Y su compañero, que iba vestido de un sucedáneo entre el conde Drácula y un robot, también hizo una mueca de asco.

'Cause it's cold outside, when you coming home

'Cause it's hot inside, isn't that enough

I'm not in love

- Vale, lo pillo, no me he caracterizado bien – se quejó para sus adentros – Rose va mucho más "conseguida" y yo voy muy cutre, pero… ¿seguro que eso es todo?

Al fin atravesaron la pista de baile y llegaron a una zona entre la barra y la puerta del servicio, un poco más despejada. Hicieron un alto y Finn, cada vez más aprensivo, cogió a Rose del brazo.

- Oye, me están mirando todos…

Ella se giró a él, extrañada y Finn hizo un nada discreto gesto con el brazo para señalar a la concurrencia. La joven miró a donde le indicaba y esbozó una mueca de fastidio.

- Maldita sea. Si ya lo había pensado este tarde yo…

Finn no la oía bien.

- ¿Qué has pensado? – gritó, mientras miraba de reojo cómo unos tipos rapados y con cazadoras bomber lo miraban de arriba abajo sin ninguna simpatía.

- ¡Que tendríamos que haber abortado misión! – replicó a gritos Rose también.

Su compañero abrió ojos y boca como platos, al borde del síncope.

- ¿Y ahora me lo dices? – se sujetó las solapas de la gabardina y agitó sus colgantes delante de las narices de Rose - ¿Ahora me lo cuentas? ¿Después de haberme disfrazado de paleto? – al oírle, Rose empezó a hacerle señas histéricas para que se callara - ¿Después de la que hemos liado para llegar aquí? ¿A qué viene esto? Me estoy poniendo muy nervioso – Rose intentaba callarlo pero era en vano – ¿Sigues pensando que era buena idea? Porque yo, ya no…

- ¡Calla! – y Rose lo agarró de un puñado, metiéndolo en los servicios. Cosa curiosa, ni el propio Finn supo cómo lo hizo, pero Rose, con su escaso metro cincuenta y pico, pudo tirar de él perfectamente. Se metieron en los servicios, donde un par de chicas vestidas de cuero de pies a cabeza les miraron con expresión de asco indolente.

- Mira – empezó ella, ya hablando en tono normal gracias a que la música ya no los ensordecía – Cuando te ofreciste para ayudar, sabes que Poe no estaba de acuerdo. Pero pensaba que sabías a lo que venías. Y te agradezco que estés aquí conmigo – la joven tenía que alzar mucho la cabeza para mirarle a los ojos – Así no me siento tan sola.

Finn no se dio cuenta, pero Rose estaba colorada como una cereza.

- Bueno, supongo que me he pasado. Perdona – respondió, arrepentido - Tendría que calmarme, ¿no?

- Sí, y recordar para qué estás aquí – ella lo señaló en el pecho – Esos cuervos os quieren fastidiar la vida, a ti, a Rey y a todos los demás. No vas a permitirlo, ¿verdad? Tienes que defenderte. Y defender a tus amigos. Esto es la guerra. Y no vamos a ganar esta guerra luchando a quienes odiamos, sino luchando por los que queremos.

Hubo un silencio solemne entre los dos, donde se traspasaron el uno al otro con la mirada.

- Joder, Rose, ¿por qué no te presentaste al consejo estudiantil?

- ¡Eres un cortarrollos! XO

Su compañero alzó los brazos en señal de rendición.

- ¡Vale, vale, soy un aguafiestas! ¿Pero me vas a explicar en qué consiste lo de que ibas a abortar misión esta tarde? Eso no estaba en el guión.

Rose se puso en jarras y suspiró.

- A ver ¿tú qué sabes de los góticos?

- Pues, que van de negro, llevan pinchos y la cara pintada.

- ¿Ya? ¿Eso es todo?

- Yo qué sé…

A su lado, un grupo de tres chicas salió del servicio femenino y las que esperaban entraron a la vez. Ellas también le dedicaron a Finn una mirada asqueada.

Finn se cruzó de brazos y asentía a intervalos mientras Rose hablaba.

- Es toda una subcultura urbana.

- Ahá.

- Como los hippies, los rockeros…

- Ahá.

- … Los raperos…

- Ahá.

- Desde que hemos entrado al local, ¿has visto a alguien como tú?

- Ahá - Finn estaba asintiendo, pero se interrumpió a sí mismo para fruncir el ceño - Espera. ¿A qué te refieres?

- A alguien... – y Rose señaló su brazo pálido y luego el de él -… como tú.

El entendimiento golpeó a Finn en la nuca y pareció estupefacto unos segundos.

- Oh.

Rose arqueó las cejas por respuesta.

- Mierda. ¿Me estás diciendo que ellos creen que no pertenezco aquí?

- Efectivamente. Mira, yo tampoco estoy de acuerdo, la gente puede llevar lo que quiera, pero aquí hay algunos tipos que piensan que, si vas a disfrazarte de vampiro o de calavera o de Jack Skeleton, tienes que ser tan pálido como ellos… Son sus principios, no los he dictado yo…

- Joder. ¿En serio que no es normal ver gente de color que sea gótica? – y ahora, Finn, volvió a mirar por la rendija de la puerta entreabierta con más aprensión que antes. Permaneció en silencio y volvió a mirar a Rose.

- Supongo que debí haberte avisado de dónde te metías – añadió Rose - Perdona por no habértelo dicho.

La muchacha parecía realmente arrepentida y a Finn, sin saber por qué, en aquel instante le recordó a Rey, cuando le estuvo explicando que de vez en cuando, tenía la costumbre de ir al registro de la biblioteca a buscar información en los archivos sobre su familia perdida. Y cuando Finn le preguntaba si lo volvería a intentar, Rey aseguraba que sí, mirándolo con aquellos ojos, repitiendo que algún día la buscarían a ella también y que volverían a por ella y que seguro que tendrían buenas explicaciones de lo que había pasado aquellos años.

Y, sin embargo, había algo distinto en la mirada de Rose, aunque no pudo comprender lo que era.

- No te preocupes – aseguró Finn, cambiando radicalmente el tono de voz – Ya está hecho. Digamos que éste es mi bautismo de fuego para ser un alumno del Republicano de verdad. Como las novatadas de los universitarios. Venga, vamos a buscar a ese DJ.

Rose lo miró con una nueva luz en los ojos, pero pronto los puso en blanco.

- Estás tonto perdido. Tu prueba de fuego fue el día del picnic. Ese viernes te convertiste en republicano por derecho propio.

Y salió del servicio antes que él, sonriéndole con una chispa de orgullo.


- Imposible, no echan nada bueno en la tele a estas horas. Colega, creo que nos toca ver peli grabada…

Poe había cambiado de canal unas ochenta y siete veces en los dos últimos minutos y aún no veía nada que lo convenciera. Estaba tirado en el sofá del salón, con BB hecho una bola junto a él y un bol de palomitas en la mesita baja, que se habían derramado sobre sus apuntes de matemáticas.

Había acabado los deberes para el lunes hacía un rato y, a pesar de ser viernes, no le apetecía mucho salir. El móvil sonaba a cada rato, con mensajes de varios frentes que lo animaban a una salida nocturna, pero él hoy no estaba de ánimos.

Aquella tarde había habido sesión de Skype con una base militar en Kuwait.

Durante media hora, había estado charlando con aquellos dos rostros tan queridos. Jamás se hartaría de observar el pelo oscuro y rizado de él, o ver sus ojos reflejados en forma y color en los de ella.

Había compartido con ellos sus aventuras de inicio de curso (se habían mostrado muy inquietos por la pérdida de BB, pero les encantó la llegada de Rey y Finn), los comentarios sobre los profesores y algún que otro chascarrillo de la vida del instituto. Tras unas breves recomendaciones paternales y los clásicos consejos de "come bien, ponte el chaquetón si tienes frío y llama a tus tíos si necesitas algo", cortaron la conexión.

Y como siempre, se había vuelto a tumbar en el sofá, mientras BB, listo como él solo y también notando la ausencia, se acurrucaba a su lado y le lamía la mano, mientras Poe lo abrazaba y se secaba una estúpida lágrima.

Un rato más tarde, cuando estaba considerando la posibilidad de encargar sushi a domicilio al Kanji Klub, llamaron a la puerta.

BB empezó a ladrar y trotó por el pasillo mientras Poe se levantaba a abrir. Por la actitud del perro, sería alguien conocido.

- Será Stomer, que viene a echarme la bronca por no responderle los mensajes de la salida de esta noche…

Pues no, era la directora Organa la que sonreía en el porche de su casa, vistiendo un conjunto informal de pantalones anchos y blusón en tonos verdosos. Portaba una bolsa de algún local de comida, que olía de infarto…

- ¡Leia! No te esperaba hoy, buenas tardes… Pasa… Trae, que lo cojo yo - Poe le abrió la puerta del todo, sujetándole la bolsa, mientras se peinaba un poco y BB saludaba a la mujer, que le hizo un par de caricias al entrar.

- Hola, muchacho. Sé que te dije que llamaría mañana, pero había ido al centro a hacer unos recados y me pillaba de paso.

Ambos entraron al salón y Poe recogió el bol de palomitas diseminadas sobre los apuntes de ecuaciones.

- ¿Te he pillado en mal momento? ¿Estudio? ¿Siesta?

- No, no, sin problema – respondió Poe, poniendo el bol en la encimera de la cocina, de concepto abierto, junto con la bolsa de Leia - ¿Quieres algo de beber? Hace mucho calor. ¿Un té helado? ¿Limonada?

- No, gracias, tengo que irme pronto, he quedado con Amilyn para solucionar un par de cosas de horarios del instituto. Por cierto, lo de la bolsa es para ti – y señaló a la bolsa en la encimera.

- ¿Y eso? – y Poe se acercó a examinar la bolsa, donde rezaba "Asados Wookie" - ¡Venga ya! No, otra vez no, no tienes por qué molestarte…

- Déjalo, chico, no me cuesta trabajo… Imaginaba que irías a encargar ese pescado crudo que tanto os gusta…

- El sushi es estupendo, Leia. En el Kanji Klub hacen el mejor sushi de la ciudad. Y tu mala experiencia con el wasabi solamente fue un error de cálculo. Te advertí que no te pasaras, pero tú siempre quieres experimentar… – Poe sonrió, mientras abría la bolsa y el olor a pollo asado atacaba sus fosas nasales. BB también había sido atacado, porque permanecía a su lado, meneando la cola, mirándole con cara de corderito y sacando la lengua como si llevase dos semanas en el desierto.

- Donde se ponga un buen asado, que se quiten todos los experimentos del mundo – aseveró la directora, mientras Poe cerraba la bolsa de nuevo – Y ni se te ocurra pagarme.

- Leia, de vez en cuando me traes cena sin que nadie te lo pida y me haces sentirme mal…

La directora Organa cambió su semblante a uno más contenido.

- Poe, no tengo problema ninguno con esto. Es lo mínimo que puedo hacer por ti. Tus padres me pidieron que te vigilase de vez en cuando. Sé que pasas mucho tiempo solo. Es muy duro vivir así.

El muchacho sintió un burbujeo en el pecho y sonrió afectuosamente.

- Y te lo agradezco, de verdad. Me llamas todas las semanas y siempre que me visitas, me traes alguna cosilla de este tipo… - señaló con el pulgar a la bolsa – Pero no es necesario que te molestes. Ya haces suficiente dándome la brasa por teléfono y en los pasillos…

- Un respeto, Dameron. Sigo siendo tu directora.

- Lo siento.

La mujer sonrió afablemente.

- Mira, Poe, no me supone molestia ninguna. Además, me haces compañía. De vez en cuando la casa se me hace grande…

Leia contempló la estancia, luminosa y decorada con sencillez y buen gusto.

- ¿Has pensado en cambiarte de casa? – preguntó Poe.

Leia se giró hacia él y replicó suavemente, mientras su vista se deslizaba por las paredes, el techo...

- No. Llámame loca, pero supongo que los recuerdos no deben de doler tanto cuando no puedes despegarte de ellos - su vista se detuvo en una de las luces halógenas del techo – Muchacho, ¿aún no has puesto la bombilla nueva de ahí? – y señaló al ojo de buey hueco.

- Ups… Se me pasó – intentó defenderse Poe.

- Luego te pasaré el número de un buen electricista que conozco.

- Gracias, pero es solamente una bombilla. No corre prisa.

- Ya. Hasta que, una detrás de otra, se vayan fundiendo y te quedes a dos velas. Literalmente.

El chico rió un poco.

- Sé cuidar de mí mismo. Estoy bien enseñado.

- Lo sé, conozco bien a Shara y Bes – replicó ella, suspirando – Y por eso sé que han hecho un gran trabajo contigo. Si solamente fueras un poquito menos… - entrecerró los ojos, esforzándose en encontrar la palabra concreta – Menos… menos…

- ¿Impulsivo? ¿Espontáneo? ¿Pirado?

- Impulsivo es la palabra – concedió Leia con una sonrisa, apoyándose distraídamente en la encimera.

- Oye, lamento lo de la reunión del otro día, pero sabes que se me revuelven las tripas con todo ese tema.

- Lo sé, muchacho. Sin embargo, es necesario que te controles. Iba a ayudarte, pero Amilyn es muy seria y sabes que no iba a apoyaros.

- Ya…

- ¿Cuándo vais a resolver el asunto?

- Esta noche. Tico y Newby se van a encargar de ello.

- ¿El nuevo? ¿El transferido de la Academia? – Leia enarcó una ceja.

- Sí, confío en él. ¿Tú no?

- Tranquilo, me contó su historia cuando tuve la entrevista de principio de curso con él. Solamente, que no esperaba que de verdad se prestase a estas cosas.

- Hay que darle un voto de confianza. Se presentó voluntario. Que conste.

- Bien por él. Supongo que a veces, solamente hace falta una chispa para que quien menos te lo esperas la tome y con ella, encienda el faro que ilumine nuevos caminos de cambio.


- Buscamos a Tutankhamon – gritó Rose alzándose por encima de la barra, mientras el camarero los miraba de hito en hito – Sabemos que está aquí.

- ¿Quién pregunta por él?

- "Ladyofelia2001", todo seguido. Díselo así.

El camarero la miró incrédulo.

- Lady… ofe…

- "Ladyofelia2001." Díselo.

- "Ladyofelia2000".

- ¡Argh! Toma – y Rose le alargó un trozo de papel con el nombre garabateado que sacó de un bolsillo.

- Vale – y el camarero lo cogió – Pero falta que me digas la clave.

- "Mikerinos" – Rose parecía muy segura, mientras Finn, tras ella y en silencio, contemplaba la conversación.

- Hecho. Espera aquí – y el hombre se esfumó tras una cortina junto a la barra, mientras sacaba su móvil del bolsillo y empezaba a teclear rápidamente.

- ¿Ya? – inquirió Finn, acodándose en la barra - ¿Crees que con eso nos dejarán hablar con él?

- Probablemente – argumentó Rose – De hecho, ya he hablado con él anteriormente bajo el nick que le he dado al camarero – Quedamos en que iría a verle aquí.

- ¿Y la clave?

- Seguridad extra – argumentó Rose. Es el propio DJ quien me la dio.

- Ya – Y Finn echó otra visual, intentando quedarse de espaldas a la pista de baile – Entonces, ¿ese tipo trabaja aquí?

- No lo sé. A lo mejor es el dueño, o tiene alguna oficina… Con la vida que lleva, dudo que tenga una residencia fija. Apuesto a que tiene terminales repartidos por media ciudad. Así es más difícil seguirte el rastro.

- ¿No le basta con esconder sus rastros, cambiar la IP o algo así…?

- Eso es de amateurs – sentenció Rose – Este tío ha reventado cuentas de bancos.

- ¡Toooma ya! ¿En serio?

- Ya te lo dije, es un tío chungo. Localizarle no es fácil.

El camarero regresó, acompañado por un tipo que fácilmente debía de medir dos metros . Tenía una constitución física similar a la de un 4x4 y llevaba tanto metal encima, que habría podido montar una ferretería.

- Id con él – dijo sencillamente el camarero, señalando al gorila. Ambos obedecieron y descendieron unas escaleras que había tras una desconchada puerta. La música les llegaba amortiguada y un olor dulzón les llegó de repente.

- Puaj, asco de porros (**) – se quejó Finn – Rose, ¿seguro que es buena idea?

Ella, por toda respuesta, le miró encogiéndose de hombros.

Bajaron las escaleras y vieron que en la planta de abajo había varios almacenes, una sala por cuya puerta entornada les llegaba aquel olor muy concentrado y otra puerta con un cerrojo enorme. El gorila los hizo parar frente a la puerta de los olores.

- No toquéis nada, no os mováis de la puerta y no habléis si no os preguntan – advirtió el gorila con voz cavernosa - A la mínima os liquido.

Los dos chicos iban a girarse para dirigirle una confusa mirada asustada, pero les empujaron adentro y la puerta metálica se cerró tras ellos.

La estancia bien podría haber sido un reservado de los de la planta de arriba, pero lo habían cambiado de sitio. Sonaba más música machacona como la del piso superior y el lugar estaba salpicado de sillones y mesitas bajas. Una nube de humo cubría todo e impedía ver bien las formas. Ambos se tuvieron que tapar las narices porque aquello era irrespirable.

- Rose ¿estás bien? – preguntó Finn – Aquí no se puede estar… Hay que darse prisa.

Ella asintió mudamente, probablemente para ahorrar oxígeno y miraron hacia la sala. Había unas catorce o quince personas diseminadas por el lugar, de las cuales unas cuantas estaban apoltronadas en los sillones, fumando en cigarros o en cachimbas. El resto estaban sentados alrededor de una mesa, jugando al póker. Entre ellos, luciendo un medallón del que colgaba un enorme ankh rojo, estaba Tutankhamon, o DJ.

Era un individuo que podría tener perfectamente unos treinta y pocos años. Llevaba el pelo rapado al uno, menos en la parte superior, donde lucía un tupé desordenado en la coronilla y frente. Sus pequeños ojos, de color azul hielo, escrutaban la escena bajo unos párpados gruesos que creaban el efecto de que los tenía entrecerrados en una expresión de desdén permanente. Iba vestido, al igual que todo el mundo en aquel mini-universo, en tonos negros, con una gabardina de cuero que llegaba al suelo y que parecía una versión más elegante y cara de la que llevaba Finn. Junto a él, sobre el tapete verde, yacía el montón de fichas más grande de la mesa de póker.

En ese instante, la canción cambió y la rabiosa y grave voz del cantante rugió en la sala:

Du

Du hast!

Du hast mich(***)

DJ alzó la cabeza hacia ellos, momento en el que todos en la sala también los miraron. Sin mediar palabra, DJ se levantó de la mesa, le plantó un beso de tornillo a una chica de cabeza rapada que había estado sentada a su izquierda y avanzó hacia ellos. Les echó una visual de arriba abajo y habló con voz rasposa y grave:

- ¿Quién de los dos es Lady Ofelia?

- Yo – respondió Rose, mientras Finn ponía los ojos en blanco, farfullando: "Quién si no". DJ le miró de reojo y exhibió una sonrisa ladina.

- En internet te puedes encontrar de todo, Radio(****). Está bien preguntar.

Finn se cruzó de brazos como sin poder evitar que su gesto fuese como el de un niño pequeño pillado en falta y DJ le ignoró con otra sonrisa torcida.

- Una última pregunta – y contempló a Rose - Si tú has dicho Mikerinos, yo digo Kefren(*****). ¿Qué me respondes?

- Keops – replicó Rose, sin arredrarse y con rapidez. DJ le lanzó una mirada aprobatoria.

- Guay. Has pasado la prueba, niña. Vamos, venid conmigo.

Los tres salieron de la sala, con DJ liderando la marcha. Finn echó un último vistazo a la sala y vio que el personal seguía mirándole con cara rara. Maldita sea…

Avanzaron por el pasillo hasta la puerta con grueso cerrojo. DJ cogió su colgante e insertó el ankh por una ranura, hasta que oyeron varios clics y la puerta se abrió.

Entraron a una estancia que, en primer lugar, tenía un sofá con frente al cual había tres monitores con altavoces de última generación, un volante de videojuegos y varias mesitas con mandos y latas de cerveza vacías. En la otra parte, varias mesas soportaban un entramado de monitores y teclados que, conectados entre sí y colgados del techo con estantes, brazos mecánicos y vigas, configuraban un antro que habría hecho las delicias de un Barry Allen en la película "La Liga de la Justicia"…

- Os diría que os pusierais cómodos, pero ando escaso de tiempo – explicó DJ, cogiendo un paquete de patatas fritas a medio gastar y empezando a comérselas sin ninguna ceremonia, espatarrándose en el sofá y sin ofrecerles a ellos – He quedado afuera en quince minutos.

- Venimos a hacerte un encargo – y la joven le alcanzó un dossier de plástico – Te he traído toda la información aquí.

- Tú tampoco quieres perder tiempo, ¿verdad, niña? – DJ lo cogió, se chupó los restos de sal y grasa de los dedos, limpiándose en los pantalones y empezó a pasar páginas – Veamos… No hay que joder a mucha gente. La lista es pequeña. ¿Para esta mierda necesitáis mis servicios? Tengo un par de colegas que lo harían por la quinta parte de lo que os voy a pedir…

- Necesitamos asegurarnos de que no quedarán rastros y de que se llevarán su merecido – aseveró Rose. A sus espaldas, Finn permanecía muy quieto, fascinado por el brillo de las pantallas que había tras ellos.

- "Nemo me impune laccesit" – masculló cantarinamente DJ – Adoro a Poe (******)

- ¿Qué? – se atrevió a intervenir Finn, el cual se arrepintió al momento, por la mirada que le lanzó DJ.

- Niño, es latín…

- No, digo el nombre…

- ¿Qué pasa con el nombre?

- Tutankhamon, aquí tenemos la cuenta en la que hemos ingresado el pago – se apresuró a decir Rose, cortando a ambos y alargándole a DJ otro papel con una cifras - Ésa es la cantidad.

DJ cogió el papel y la miró, incrédulo.

- ¿Y cómo sabes qué cantidad os voy a pedir?

- Conocemos tus tarifas.

- Sí que has investigado, niña. A lo mejor yo tendría que haber investigado más sobre ti – DJ se guardó la tarjeta en el bolsillo de la gabardina y volvió a ojear el dossier – Espera, este servidor lo conozco… ¿la Academia de la Primera Orden? ¿Qué se os ha perdido allí? Eso son palabras mayores. Esos tíos están blindados.

- ¿Es que alguna vez lo has intentado? – intervino Finn sin poder evitarlo.

- Pues mira, no tengo por qué responder a eso – replicó DJ – Pero ahora entiendo por qué me queréis a mí. ¿Cuánto habéis metido en la cuenta?

- Tres mil.

- Sí que me conocéis. ¿No seréis por casualidad estudiantes de allí?

- En absoluto – aseguró fervientemente Finn.

- ¿Hay algún plazo?

- Lo antes posible – respondió Rose.

- Por lo que he leído por encima, creo que me va a hacer falta algún dato más – DJ dejó el dossier en la mesa, tiró la bolsa de patatas a una papelera cercana y volvió a dirigirse a Rose – Me pondré en contacto contigo en las próximas 48 horas. Usaré el canal del otro día. Recuerda que el administrador de la web cambia cada tres días. Haz la cuenta, cambian mañana.

- Entendido – y la chica asintió.

- Pues ya está. Marchaos de aquí, ligeritos y mudos – advirtió DJ, haciendo un gesto a la puerta.

- Gracias por atendernos – respondió Rose – Nos vamos, hasta luego.

La joven cogió del brazo a Finn y ambos salieron rápidamente. Tras oír el clic de la puerta, echaron a andar a trompicones.

- ¡Otro zumbado! ¡Es otro zumbado! – exclamó Finn - ¿Vamos a poner nuestra seguridad en sus manos? ¿Y dices que la directora Organa apoya esto? ¿Nos ha dado la pasta ella para ese tío?

- No tenemos otra opción – aseveró Rose, también bastante inquieta – Los de la Orden deben pagar por lo que han hecho. Dentro de unos días nos estaremos riendo de esto. Y el dinero no sale de su bolsillo, sino del fondo del departamento de informática. Llevaban dos años sin comprar equipos nuevos y la partida de este año se destinará a esto…

- A quien se le cuente…

- ¿Te ha quedado ya claro que el Republicano no es un instituto al uso?

- Claro como el agua. Pero primero, a ver si salimos de aquí – aventuró Finn, mirando de reojo al gorila que los esperaba al pie de las escaleras. Sin decir nada, se puso ante ellos y subieron las escaleras en silencio.

Una vez fuera, el olor dulzón se desvaneció, aunque apenas se dieron cuenta, pues habían llegado a acostumbrarse. Arriba, la masa de bailarines seguía agitándose convulsa, esta vez al ritmo de "Hey boys, hey girls", de los Chemical Brothers. Atravesaron la pista de baile con mucha más premura y salieron a la calle casi de un salto. Finn jadeaba.

- Argh, qué agobio… - se quitó la cazadora – ¡Y qué calor hace! Es un horno…

- Tienes razón – aprobó Rose, frotándose la nuca – Estos guantes parecen estar hechos de plástico… Vayámonos ya.

Vio que Finn empezaba a sacarse la gabardina y lo cogió de las solapas.

- ¡Ni se te ocurra! – siseó – Si ven que haces eso aquí en la misma puerta, ¡te linchan! Disimula hasta que hayamos salido de la zona.

- Vale, vale – y Finn alzó los brazos – Lo pillo… Disimular. Incógnito.

Muy juntos, anduvieron hasta alejarse hacia la siguiente esquina. De lo que no se dieron cuenta fue de que los habían seguido.

- Eh, Chocolatito… ¿Te ha gustado la visita?

- ¿Vas a ir a reírte de nosotros con tus "bro"?

- ¿A quién le has robado esa chupa tan cutre?

Rose y Finn se giraron. Tras ellos estaban los dos melenudos que habían mirado mal a Finn y otros dos más con pintas similares. El metal de sus atuendos tintineaba de modo fúnebre en aquel callejón y, bajo la mortecina luz de las farolas, Finn creyó que no volvería a ver la luz del día, pero sacó arrestos para responder.

- Tíos, ¿qué pasa? ¿No existe libertad en ese país?

Los cuatro extraños siguieron avanzando amenazadoramente.

- Si existiera libertad, los capuchas blancas ya te habrían dado para el pelo, morenito.

- Ya te puedes estar quitando esa ropa.

- Aquí, que te veamos.

- Sujetad a Chun-Li. A lo mejor me la pido para luego – siseó uno de ellos, el que más cerca estaba de Rose y que la miraba con gesto lascivo. La joven, por primera vez aquella noche, demostró un miedo genuino en la mirada y Finn se situó delante de ella, sintiéndose dispuesto a todo.

- ¿Eres rápida, Rose? – susurró por encima de su hombro. Rose, agarrada a su codo, asintió – Cuando te diga ya, sales corriendo. ¡Ya!

Y Rose salió disparada, mientras Finn hacía lo mismo en la otra dirección y rodeaba al grupo. Aquello era como jugar al baloncesto, pero sin balón… Finn era realmente rápido de pies e hizo un veloz giro que cogió desprevenido al de más a la derecha. Lo tiró al suelo y éste cayó encima de su compañero más inmediato. Los otros dos corrieron hacia Finn y se lanzaron hacia él.

- ¡Te vas a enterar, saco de mierda! – aullaban mientras alzaban los puños.

Pero de repente, otro objeto se alzó sobre sus hombros, impactando sobre el uno y el otro con décimas de segundo de diferencia. Ambos individuos cayeron inconscientes al suelo.

Finn alzó la vista y vio a DJ, que enarbolaba un bate de béisbol y lucía su sonrisa torcida.

- Hey, Radio, esta jugada os va a subir 300 el precio…

- ¿Qué? – Finn estaba demasiado estupefacto.

- Me cago en… ¡agáchate! – el joven obedeció y DJ le estampó el bate en la boca al tercer tipejo, que en aquel instante iba a lanzarse sobre las espaldas de Finn.

- ¡Gracias! ¿Esto también subirá el precio?

- Ya te digo. Uno cincuenta por cabeza – y ambos contemplaron la figura yacente.

- ¡Lo has matado! Dios mío, joder…

- Cálmate, Radio, sólo le he roto los dientes – DJ se inclinó hacia el caído – Bueno, y puede que la mandíbula – De pronto, pareció caer en la cuenta de algo y golpeó a Finn en el pecho con el dorso de la mano - Oye, ¿y tu amiga?

Con el corazón a mil por hora, Finn miró a todas partes. ¿Y el cuarto tipo? El de la mirada lasciva…

Oyeron un grito y corrieron hacia la fuente del sonido.

Tras un contenedor, el cuarto tipejo estaba tirado encima de Rose, que en aquel momento estaba dándole una patada en la entrepierna. El individuo cayó de espaldas y la joven intentó levantarse, pero el otro se recuperó rápidamente y volvió a la carga. Sin embargo, sus intenciones se truncaron en cuanto vio las estrellas, cortesía de un derechazo de Finn, que lo dejó KO antes de caer al suelo con un "Plom" muy desagradable.

- Chico, qué gancho – comentó DJ, colocándose el bate al hombro, mientras contemplaba cómo Finn se arrodillaba junto a Rose – Éste no te lo voy a cobrar.

- ¿Estás bien? – preguntó ansioso Finn, cogiendo a Rose de los hombros y comprobando su rostro - ¿Te ha hecho algo?

- No, estoy bien, has llegado en el momento adecuado. Muchas gracias – y la joven sonrió – ¿Estás bien tú?

- Genial – la tranquilizó Finn, ayudándola a levantarse – Pero tengo malas noticias.

- ¿Qué? ¿Qué pasa? – preguntó la joven, desorientada.

- Nos han subido el precio – y ambos se giraron hacia DJ, que sonreía de oreja a oreja y les guiñaba un ojo.


- Jo, lo siento mucho… Me habría encantado que vinieras. Seguro que te gustaría. ¡El Coruscant es una pasada!

Rey sonrió, mientras observaba las fotos que le había mandado Finn, donde salía en piñas humanas donde a veces se veían las cabezas de Poe, Rose, Paige, Starck, Tubbs, Kaydel y demás fauna del insti… Se ajustó los cascos y suspiró.

- Ya para la próxima… Aún tenemos todo el curso.

- Vale, pero tú tienes que recuperarte del todo. Mira que pillar un virus el primer viernes de curso…

- Tengo mala suerte.

- No digas eso. Mala suerte sería enfermar el primer día de vacaciones.

Rey rió a gusto.

- Estás mejor ya, ¿no? ¿Has tomado medicación?

- Sí, estas cosas suelen ser feas las primeras cuarenta y ocho horas. He tomado un protector de estómago y pastillas para la fiebre. Ya he vuelto a mi temperatura normal. No había comido nada desde el viernes hasta esta mañana y hoy ya he tomado un poco de sopa al mediodía.

- ¿Te ha sentado bien?

- Sí, ya noto que las tripas vuelven a funcionar.

- ¿Ya no hay concierto?

- Nop, ya se portan bien y dicen que quieren comida y todo eso.

- Me alegro.

- Bueno, ¿y vosotros estáis bien? Rose y tú, me refiero.

- Sí, como ya te dije, después de la aventurita, parece ser que ese tipo se ha portado. Hace un rato me ha escrito Rose diciendo que le ha enviado los datos necesarios. En breve tendremos noticias suyas.

- Espero que salga bien. Fue muy arriesgado lo que hicisteis.

- Bah, alguien tenía que hacerlo.

- No sé si el más adecuado era un recién llegado al insti…

- No seas así… ¿Insinúas que debía de haberlo hecho otro veterano? Mira, nos vino muy bien que nadie me conociera allí…

- Está bien. Retiro lo dicho. Tuvisteis muchas agallas. Y Rose es muy valiente.

- Ya, es una tía guay.

- ¿Le digo algo? Que le pida salir o algo… - y Rey se mordió el labio.

- ¿Estarás bien para venir mañana a clase?

- Creo que sí.

- Si no, avísame y te cojo apuntes.

- Gracias, eres un encanto.

Finn no la vio en ese momento, pero a Rey le brillaron los ojos repentinamente. Era la primera vez que alguien tenía un gesto así con ella…

… en mucho tiempo.


Recogió su bolsa de deporte, su bate de béisbol (negro con la empuñadura roja, una maravilla regalo de Snoke por su catorce cumpleaños) y se la colgó al hombro, mientras echaba a andar por el césped. Aquella mañana estaba de buen humor: la herida estaba cicatrizando perfectamente y los pringados no habían dado señales de vida tras el ataque de Instagram. Aunque nunca se sabía… Con un tipo como Dameron al frente, más les valía andarse con diez pares de ojos…

Lo sacó de sus pensamientos un pequeño revuelo junto a la pared donde estaban las fuentes del pabellón deportivo.

- ¡Que alguien le haga aire! Pobre desgraciado…

- Sujetadlo bien, éste no pisa firme…

- Se nos va…

- ¿A quién se le ocurre?

No lejos de él, había un grupito de alumnos siguiendo a un chico y una chica. Entre ambos, sujetaban de los brazos y los hombros a un tercero (Kylo reconoció a uno de décimo grado) que iba casi arrastrando por el césped. Lo acercaron a una de las fuentes, sentándolo en el suelo apoyado en la pared y, con ayuda de una botella de agua, empezaron a salpicarle en el pálido rostro.

- Nada, no hay manera…

- Si es que hay días tontos y tontos todos los días…

- ¿Qué ha pasado, Peters? – inquirió acercándose a uno de los espectadores.

- Ah, hola, Ren – le saludó el estudiante – Pues resulta que Bradley de la clase 10-B ha invitado a salir a Phasma.

Alzando las cejas con expresión incrédula, Kylo alzó la vista y vio a Phasma, que en aquel instante se alejaba de la escena mascando chicle, ajena al pequeño circo que se había montado a sus espaldas. La acompañaba una chica con rastas verdes, que era una de las que había estado presente en el ataque al picnic de los republicanos.

- A quién se le ocurre – pensó Kylo también, sintiendo el aguijón de la vergüenza ajena – Deberían saber a estas alturas lo que piensa Phasma de las citas.

- Ya, pero no es lesbiana, ¿no? - aventuró Peters.

Kylo no pudo evitar mirar a su compañero de hito en hito. La verdad es que nunca se lo había planteado. Él siempre había considerado a Phasma como un engranaje más en el motor de la perfecta máquina que era la Academia. Eran colegas, Kylo reconocía que Phasma le caía bien y no le daba problemas como el memo de Hux. Nunca le había importado aquel aspecto de ella y francamente, no le importaría nada si así resultara ser…

- Y yo qué sé… - masculló Kylo, recolocándose el bolso y observando cómo el muchacho agraviado pasaba por fin, de estar verde a estar blanco como la cera…

- ¡Kylo! ¡Kylo!

Ren puso los ojos en blanco, sabedor de quién se aproximaba, y se giró mientras veía a Hux corriendo hacia él, sin aliento y alzando su móvil como un faro.

Leyó su mente y se le salieron los ojos de las órbitas. Se le mudó el gesto y él también corrió hacia su compañero, ansioso.

- ¡Dime qué ha pasado! ¡Explícate!

- ¡No sé cómo lo han hecho, pero nos han reventado las cuentas! ¿No te has metido en tu cuenta de correo esta mañana?

- No… Espera… - frenético, Kylo entró a su correo y vio cómo la bandeja de entrada tenía un total de 1.574 correos… y subía sin parar.

- Ni se te ocurra eliminarlos – advirtió Hux sin resuello – Se activa una animación de unicornios que te ciega la pantalla del ordenador. Les ha pasado a todos los que hemos subido o retuiteado en Instagram las fotos de los pringados.

Kylo, por una vez obediente, se contuvo para no manipular su móvil y miraba al aparato como si tuviera la peste.

- ¿Cómo lo paramos? ¿Qué más consecuencias hay?

- Han desaparecido todas las imágenes de esos perdedores – respondió Hux, enseñándole su Instagram – No hay ni rastro. Y si intentamos resubirla, volvemos a recibir a razón de 700 correos spam por cada intento.

Kylo contemplaba el móvil bajo un filtro rojo. Todo estaba rojo, la sangre nublaba sus sienes… Malditos, malditos, ¡malditos!

- ¿No se puede rastrear el origen?

- Tengo a los de mi unidad investigando y es imposible. Esto no es obra de Tico.

- Pero ella tiene buena fama. Por desgracia.

- La han ayudado. Esto es de un profesional.

- ¿Estás seguro?

- Completamente. El problema es que sabes que son difíciles de rastrear.

- No. El problema es que estamos jodidos. ¿Cómo nos quitamos esta mierda de encima? – y Kylo agitó el móvil frente a las narices de Hux.

- Cálmate – replicó Armitage alzando las manos – Encontraremos ese rastro. Y por cierto, no se te vaya a ocurrir abrir Internet…

- ¿Por qué? – masculló Kylo, masticando las palabras.

Hux cerró los ojos, armándose de paciencia.

- Se activa un gif de gatitos montados sobre arcoíris con música japonesa de fondo – soltó rápidamente, con tono monocorde.

Ahora sí. Ahora Kylo corrió hacia las fuentes de la pared cercana, bate en mano, y empezó a golpearlas y destrozarlas mientras berreaba hecho un basilisco y los alumnos que estaban allí sentados tenían que salir corriendo para evitar convertirse en daños colaterales.


Rey bufó exasperada, mientras llenaba de rayajos la hoja de cuaderno.

- ¡Argh! ¡Nada! ¡No hay manera!

- ¿Pasa algo? – inquirió Rose, que en aquel momento tomaba asiento junto a ella, Paige y Tubbs en la mesa del comedor.

- ¡Se me están atravesando estas ecuaciones! ¡No puedo con ellas! No sabía que eran tan complicadas – y le mostró el cuaderno de ejercicios, lleno de números y tachones a lápiz – Antes se me daba bien la Física, pero se me está empezando a atragantar…

- Podría echarte un cable… - aventuró Rose.

- Gracias, pero no quiero quitaros tiempo a vosotros.

- ¿Y si le pides material extra a la profe? – sugirió JC, metiéndose en la boca un enorme pedazo de pizza.

Rey les mostró un cuadernillo de color rojo.

- Esto es material extra que me dio el otro día – respondió deprimida, mientras una gotita de sudor le resbalaba por la sien – Y ni por ésas.

- Pues menudo rollo… - comentó Paige – Si estuviera aquí aún el profe Skywalker, seguro que no tendrías problema. Todo el mundo aprobaba con él. Era de lo mejor que había. Ojalá siguiera aquí para darnos clase.

Tres pares de ojos la miraron con gestos de interrogación.

- ¿El profe Skywalker? – repitió Tubbs - ¿De qué me suena?

- Tu padre tiene que conocerlo, es antiguo alumno de aquí. Seguro que has oído hablar de él – le recordó Paige – Luke Skywalker, ¿no os suena? Era mítico.

Un rato más tarde, mientras los cuatro apuraban sus piezas de fruta y cuencos de yogur en pleno pasillo, Paige los guió por una vitrina de fotos y trofeos antiguos. Les señaló una gran copa plateada de fútbol.

- ¡Halaaa, el trofeo estatal! ¡Ganaron el estatal en el 87! – exclamó Tubbs, muy emocionado, pegando la nariz al cristal.

Paige, cruzada de brazos y con gesto satisfecho, iba explicando.

- Se clasificaron para los nacionales… y mirad quién era el capitán del equipo – la joven dirigió el dedo hasta la placa recordatoria bajo la peana de la copa.

- ¡Luke Skywalker! – exclamó Rose – Y luego se metió a profe…

- De Física – prosiguió Paige – Uno de los mejores del instituto. ¿Nunca oíste a papá y mamá hablar de él cuando éramos pequeñas? Yo creo que hasta coincidimos con él en una fiesta de antiguos alumnos a la que nos llevaron – le dijo a su hermana – Decían "cuando seáis mayores, uno de los mejores profes que tendréis será Skywalker..."

JC y Rey seguían paseando por las vitrinas.

- Mirad, aquí hay una foto del equipo de aquel año – señaló Rey – Paige, ¿cuál es Skywalker?

- Leamos el pie de foto: "De izquierda a derecha, Wedge Antilles, Garven Dreis, Biggs Darklighter, el capitán Luke Skywalker, la presidenta del consejo estudiantil Leia Organa, Wes Janson, Anthony Porkins…"(******)

Todos contaron los nombres, hasta que identificaron a un joven que había en medio de la imagen. No era muy alto, pero tenía un rostro atractivo y de sonrisa ingenua y radiante, en el que destacaban unos ojos muy azules que contrastaban con su pelo rubio. Vestía el reglamentario color naranja de la equipación de fútbol y sostenía la copa con la mano derecha.

- Vaya, así que él era el equivalente a nuestro Poe – comentó JC con una sonrisa.

- ¡Y a su lado está la directora Organa! - exclamó Rose admirada - ¡Jolines, qué guapa era!

Era una joven menuda, ciertamente muy atractiva y que llevaba el cabello oscuro recogido en dos moños a los laterales. Llevaba un vestido blanco corto de estilo bohemio, unas botas por la rodilla también blancas y tenía pintadas dos franjas blancas y naranjas en cada mejilla. Abrazaba a Luke en medio del ambiente festivo de la foto, mientras el joven capitán también la cogía de la cintura.

Muy emocionados, recorrieron las fotos de la vitrina, mientras daban un vistazo a la historia del Republicano de treintitantos años atrás. Luke y Leia volvían a aparecer en varias fotos de eventos deportivos, concursos y fiestas. Les sorprendió una en la que estaban vestidos con ropa formal, como para un baile.

- Ahí va… ¿Estaban liados? – preguntó Rey, observando cómo se daban la mano. Luke iba impecable, muy repeinado y con un traje de chaqueta. Leia, muy sonriente a su lado, de nuevo llevaba un traje en tonos blancos y plata.

- No sé yo… - Tubbs señaló a la derecha de ambos – Mirad a este tío, también la tiene agarrada de la mano. ¿Cuál de los dos sería el elegido?

- ¡El de la derecha, seguro! – exclamaron las hermanas Tico, mientras Tubbs ponía los ojos en blanco y Rey las miraba despistadísima.

Junto a Leia había otro joven, que parecía algo mayor que los otros dos. En vez de traje de chaqueta, llevaba sencillamente unos pantalones lisos de color azul marino, una blusa beig de cuello mao medio desabrochada y una cazadora azul marino bajo el otro brazo. Su cabello oscuro y revuelto les recordó un poco al de Poe y hasta la mueca burlona de su sonrisa les hizo pensar en el arrogante capitán de fútbol. Era francamente atractivo, y por muy guapo que les hubiera parecido Luke, tenía en su compañero un digno rival.

- ¿Quién es? – preguntó Rey – Parecían muy cercanos.

- Ni idea…

El timbre de inicio de clases los sorprendió e iniciaron una carrera para regresar a sus taquillas a por los libros, despidiéndose a toda prisa. Rey se quedó un momento más. Gracias a sus poderes, había detectado a la profesora D´Acy (con quien tenía clase ahora) en el pasillo de al lado, pensando que tenía que ir a la sala de profesores a por unos apuntes.

Aprovechando aquellos minutos extra, la joven recorrió con mirada soñadora aquellas fotografías, llenas de recuerdos de días de gloria pasados. ¿Dónde estarían ahora esas personas?

- Me encantaría poder estar algún día en estas vitrinas. Aunque lo veo difícil, pues no hago deportes, ni estoy apuntada a clubes por alguna habilidad especial. Y no creo que exista un trofeo al "mejor montaje de motores en tiempo récord" – rió para sus adentros - ¡Ése sí que me lo llevaba yo!

Fantaseó con la posibilidad de ver allí en unos años a gente como Finn, Poe y Paige. Ellos sí que podrían dejar huella, no como ella. Ella era una doña nadie.

- Ah, qué recuerdos…

La joven dio un respingo al oír la voz. Tras ella, estaba P.O. el conserje, apoyado en una escoba y contemplando la misma vitrina con aire melancólico.

- ¿Les conoce?

- Señorita Plutt, ¿qué dijimos el otro día de los tratamientos? Tutéeme, por favor…

- Vale, pero entonces, no me llames por mi apellido. Prefiero "Rey". Y tutéame tú también – replicó ella con una sonrisa.

- Como quieras, jovencita, pero te aseguro que me va a costar bastante.

- Por cierto, P.O., ¿cómo se acuerda usted… te acuerdas… de mi apellido? Apenas lo mencioné el otro día cuando estaba con el profesor Ackbar…

P.O. se llevó el dedo índice a la sien.

- Es que tengo muy buena memoria.

- Oh…

La joven volvió a girarse a las vitrinas y señaló la fotografía que había dejado a todos intrigados.

- P.O., ¿conociste a estas personas?

El hombre se acercó a la vitrina junto a ella, sonriendo.

- ¡Oh, por supuesto! ¿Cómo no recordarlos? ¡Fui parte de estos acontecimientos! ¡Debo manifestar con orgullo que yo estuve allí!

- ¿En serio? – y Rey se acercó a las fotografía, buscando en vano - ¿No apareces?

- No, señorita – replicó P.O. negando suavemente con la cabeza – Arthur y yo siempre hemos estado un poco más en la sombra, pero siempre del lado de nuestros amigos…

- Sus amigos…

- La señorita Organa, el señorito Skywalker y el señorito Solo – y P.O. señaló a los tres protagonistas de la foto del baile.

- Solo… - murmuró Rey, observando al alto joven de cabello oscuro.

- Por aquella época, éramos ya técnicos de mantenimiento en el instituto desde hacía mucho tiempo. Estamos mayores ya, pero nos conservamos bien, ¿eh? – y Rey sonrió – De hecho, llegamos a conocer a los padres de los señoritos Luke y Leia…

- ¡Ostras! – y Rey abrió mucho los ojos – ¡Eso debió de ser hace más de cuarenta años! Os conserváis estupendamente.

P.O. le devolvió la sonrisa con gesto pagado de sí mismo, para volver a su remembranza.

- Ah, el señorito Anakin y la señorita Padme… Por esa época teníamos todos la misma edad, más o menos, ¡unos chiquillos! pero, al igual que con Luke y Leia, ya hicimos buenas migas con los chicos – explicó P.O. con un tono de voz melancólico – La señorita Organa, como presidenta del consejo, hizo muchas cosas por el instituto en aquella época. Ya se le veían las dotes de mando.

- ¿Y Luke Skywalker?

- Oh, un joven admirable. Humilde y sencillo, llegó nuevo como tú, pero en décimo grado. Pronto se ganó la amistad de todos y se hizo popular muy rápidamente. Era un prodigio en el fútbol y aquello le acarreó triunfos y fama durante todo el tiempo que estuvo aquí. Fue el máximo marcador de la liga estudiantil durante tres años.

- Y él y la directora Organa…

- ¡Oh, establecieron una relación única! Uña y carne, siempre juntos. Leia siempre decía que Luke debería haber sido el presidente del consejo y no ella. Ambos tenían un corazón de oro y eran tremendamente responsables. Admirables, realmente admirables…

La mirada de P.O. se perdió entre las placas y fotografías y Rey le dejó un poco de espacio.

- ¿Y el tercer joven de la foto del baile? ¿Solo?

- Han Solo, un auténtico quebradero de cabeza con patas. Éso era en su época juvenil – aseveró P.O. apoyándose de nuevo en su escoba con gesto paternalista – Era un sinvergüenza, todos decían que tenía malas amistades y cuando los señoritos Luke y Leia lo conocieron, él era mayor que ellos y había visto bastante mundo. A su lado, el joven Skywalker parecía un chavalín de primaria.

- ¿Era un delincuente?

- Nunca lo supimos, fuera del instituto decían que estaba metido en asuntos turbios… Pero lo cierto es que, cuando le conocieron, ayudó muchísimo a los señoritos Luke y Leia y demostró tener un temple y valentía extraordinarios. Y desde entonces, los tres fueron inseparables. De ahí que cuando Han y Leia acabaron juntos, a nadie le sorprendió, y al que menos, a Luke. Se alegró mucho por ellos.

- Oh, así que era eso… - Rey volvió a la foto y por fin entendió la imagen.

Dos buenos amigos y un tercero que llegaba para ser el último vértice de un triángulo equilátero perfecto.

- Entonces el señor Solo es ahora el marido de la directora, ¿no?

De pronto, P.O. la miró con una tristeza inmensa.

- No, jovencita… ¿No te has parado a pensar en por qué el apellido de la directora sigue siendo Organa?

Rey mostró tal expresión de estupor, que P.O. siguió explicando.

- El señor Solo nos dejó hace unos años. Yo creo que la señora Leia aún no lo ha superado.

Rey se llevó la mano a la boca.

- Lo siento mucho, P.O. Son malos recuerdos… Siento mucho sacarlos…

- No te preocupes. Son eso, recuerdos.

Rey volvió la vista de nuevo a aquella foto, sobre la que ahora el destino había pintado una fractura en rabioso color rojo entre el dúo de Leia y Luke y la figura de Han a la derecha.

- Debió de ser terrible. Y para Luke también. Era su amigo.

- Su mejor amigo, podríamos decir. Fue tremendo, y el señorito Luke aún tiene remordimientos.

- ¿Por qué?

P.O. inspiró profundamente.

- Sabes que Luke, al salir del instituto, se convirtió en profesor, ¿no? Pues bien, fue un alumno suyo quien provocó el fatal desenlace del señor Solo… Fue horrible, horrible… Luke se sintió extremadamente responsable - y el hombre se apoyó aún más pesadamente en la escoba, mientras Rey se acercaba un poco a él para ofrecerle un posible apoyo, pues de pronto parecía débil…

- ¿Un alumno? ¿Cómo pudo ser eso?

- Pobre chico, pobre familia… Demasiado dolor… - y P.O. negaba con la cabeza, mientras se sentaba en un banco cercano y Rey se quedaba junto a él – Perdona, pequeña, pero es que Arthur y yo estuvimos con ellos todos estos años, hemos vivido todo de cerca y fue tan tremendo…

- Ánimo, P.O…. La vida trae esas rachas… - y Rey le posó la mano sobre el hombro.

- Pero hay rachas buenas, malas y luego, en otra escala, está lo que le sucedió a la familia Solo-Organa. Eso está a otro nivel – y P.O. alzó los ojos humedecidos hasta traspasarla – El señorito Luke casi deja la vida al intentar evitar el desastre en aquel incendio… Horrible, horrible… Si Arthur, que en aquella época trabajaba como técnico de mantenimiento junto al señorito Skywalker, no llega a estar allí, la catástrofe habría sido mayor.

Una serpiente helada se retorció dentro del pecho de Rey, cortándole la respiración.

- ¿Un incendio?

Dos hombres apoyados el uno en el otro. Uno de ellos, con un mono de trabajo azul.

- ¡Arthur!

P.O. seguía divagando.

- Y pensar que el pequeño Ben prometía tanto, parecía un buen chico… Luke hizo lo que pudo por ese pobre niño, pero no se pudo evitar la desgracia…

La serpiente helada se agitó convulsamente de nuevo.

- ¿Ben?

- Menos mal que al menos, el muchacho está en el otro instituto y se evita el dolor… Sí, sé que no debería sentirme así, pero ¡me traspasa el alma el solo pensamiento de imaginar que hasta renunció a su nombre por ese estúpido seudónimo! Debería darle vergüenza, pero claro, ¿quién soy yo para dar lecciones…?

La serpiente helada subió desde el esternón de Rey, mordiéndola en la garganta desde dentro y ahogándola de nuevo.

- ¿Kylo Ren? – no pudo controlar el temblor en su voz.

P.O. alzó los ojos llenos de lágrimas. Parecía más viejo que nunca.

- Efectivamente.

- ¡Señorita Plutt! – Larma D´Acy los sacó de aquel instante, mientras avanzaba por el pasillo - ¿Se puede saber qué hace usted aquí? ¡La clase ha empezado hace más de cinco minutos!

Sintiendo un revoltijo de tripas, Rey musitó una disculpa a P.O., al que dejó sentado en el banco (con un pellizco en el alma, que la llevó a prometerse que iría a visitar al triste conserje en cuanto tuviera algún rato libre) y salió corriendo hasta su taquilla.

Nunca supo cómo lo hizo, porque su cerebro estuvo muy lejos de allí, pero dos minutos más tarde, estaba ya sentada en la clase de Mecánica Automovilística, mientras D´Acy tomaba posiciones tras su atril y la miraba con el ceño fruncido.

Un incendio.

Un profesor que perdía a un alumno.

Una familia rota.

Y Kylo Ren implicado en todo aquello.

Ahora entendía muchas cosas.


- Necesitas acostarte pronto esta noche. Vete a dormir pronto y no pienses más en la Física. Déjalo por hoy.

Rey reprimió otro bostezo, mientras Finn la cogía por los brazos y la miraba atentamente. Junto a él, Kaydel y Poe también la miraban con compasión.

- Tienes que estar descansada – comentó Kaydel – ¡Este fin de semana tienes que salir con nosotros!

- Exacto – confirmó Poe – Mañana iremos a cenar y al cine y el sábado toca bailar en el Endor.

- Lo intentaré, chicos – aseguró la joven sin mucha energía.

- Haz lo que quieras – la tranquilizó Finn – Lo que te apetezca. Si necesitas descansar, no salgas.

Rey sonrió al ver aquellos brillantes ojos castaños.

- Gracias, Finn – y la joven se separó – Hablamos luego.

Se despidieron y Rey prosiguió su camino. Aquella mañana se había levantado con tiempo suficiente y, viendo el buen tiempo que hacía, había decidido no llevar la moto, así que enrumbó dando un paseo por la avenida hacia casa. Varios estudiantes tomaban el mismo camino que ella. Vio a algunos cuervos mirar en su dirección y dirigirle rayos con los ojos, pero ella siguió mirando al frente.

- Que intenten algo. Estoy en plena calle y siempre podré decir que fue en defensa propia.

Al otro lado de la calle, dispuestas a girar la esquina, vio a las hermanas Tico. Paige rodeaba en ese momento a Rose por el hombro, mientras charlaban con las cabezas juntas. Después, Rose se separó para agacharse a ajustarse el cordón de la zapatilla junto a un cruce de peatones, mientras Paige la esperaba. Debía de ser fantástico tener a una hermana. Sobre todo a una de edad tan parecida a la tuya y con la que compartir tantas cosas…

En ese instante, sucedieron varias cosas a la vez.

Primero, vio a lo lejos a unos cuantos estudiantes de la Academia, entre los que iba el pelirrojo con pinta de pijo: Hux, o algo así. Se reían mientras miraban hacia un punto.

Segundo, oyó un claxon. Se giró como un rayo hacia el sonido, pero no vio nada preciso. Todo iba de repente a cámara rápida…

Tercero, divisó a Rose, que en aquel momento seguía agachada en el suelo. De nuevo, parecía como si hubiesen activado el efecto "desenfoque gaussiano" en aquella escena surrealista.

Cuarto, se oyó a sí misma gritar.


Qué montón de referencias en este episodio!

(*) La canción que suena al principio en el Die Natch es "Not in love", del grupo Crystal Castles en colaboración con Robert Smith, el cantante del mítico grupo The Cure. Es una pasada de canción y va perfectamente con el estilo del local. Probablemente meta canciones en los próximos capítulos. Casi siempre escribo con música y suelen ser canciones que me inspiran escenas y funcionan bien como música de fondo, ya sea por la melodía o por la letra.

(**) "Huele a porro" – no sé si en países de Latinoamérica conoceréis este vocablo, pero en España es así como les llamamos a esos cigarrillos caseros que se confeccionan con diversas drogas, generalmente cannabis.

(***) "Du Hast", canción del grupo Rammstein, muy popular entre la cultura gótica/industrial.

(****) "Tu amiguito Radio" – "Me llaman Radio" es una película del año 2003, cuyo protagonista, Radio, es un joven interpretado por el actor afroamericano Cuba Gooding Jr. Dada la edad de DJ en este fic, es muy probable que conozca la película y por eso habrá soltado esa referencia.

(*****) Keops, Kefrén y Mikerinos son los nombres de tres faraones (al igual que el archiconocido Tutankhamon) que tienen sus tres pirámides colocadas una al lado de la otra, en una famosa formación que se puede admirar en la meseta de Guiza, cerca de El Cairo, en Egipto. Me gustaba jugar con la simbología egipcia del ankh y los nombres.

(******) "Nemo me impune laccesit" – masculló cantarinamente DJ – Adoro a Poe". Es una cita de uno de los cuentos de Edgar Allan Poe (El barril de amontillado), que significa "Nadie me hirió impunemente". A un tipo como DJ le pega ser un gamberro y tener una cierta cultura literaria.

(*******) Porkins, Antilles, Janson… Todos son nombres de pilotos de la Resistencia en "Una nueva esperanza" (episodio 4). Me parecía lógico que fuesen ellos los compañeros de equipo de Luke.

Todas las películas, canciones, libros, etc, que aparecen mencionados son propiedad de sus autores.


Avances para el próximo capítulo: va a ser más cortito, pero MUY INTENSO. Veremos qué pasa con Rey, a la que le queda más de un mal rato por sufrir. Comprobaremos que la guerra entre ambos instis sigue más viva que nunca y… bueno, ya no digo más. Porque tela marinera con lo que viene.

Aviso a navegantes: el capítulo próximo está casi listo. Estad atent s

Please, read and review, ¡me encanta y hace que la historia crezca!


N.A.: Espero que la escena de Canto Bight haya quedado más o menos bien. DJ es un gamberro con todas las letras y veremos si nos podemos fiar de él.

Poe y Leia: queda ya un poquito más clara su relación, me parece. Muchos hemos tenido alguna vez a ese amigo/a de nuestros padres que es como nuestro segundo tío porque nos ha visto crecer. Supongo que Leia se siente algo responsable de ese chico que pasa tanto tiempo solo. Aunque apenas lo he mencionado, Poe tiene en la ciudad a más familia, que lo ayuda en lo que puede. Pero lo de que Leia le llame de vez en cuando y vigile que todo marcha bien, me parecía un detalle curioso para enriquecer la relación de estos dos.

Lo de Phasma, ¡tenía que meterlo! Me hace muchísima gracia que una chica tan estoica, tan seria y que va en plan "dejadme sola si queréis vivir" despierte pasiones. Pero el mundo es así, está lleno de gente diferente con gustos distintos. Todos podemos ser objetivo de afectos ajenos, o al menos me gusta creer que todos tenemos una oportunidad… El problema es que Phasma coge las oportunidades, hace una bola con ellas y las tira a la papelera más cercana, a ser posible de una patada… Qué chica…

Vamos a la parte seria: La conversación entre P.O y Rey. Había varias razones que me hacían dudar sobre incorporarla o no. Primero: ¿debería Rey saber ya tantos datos sobre Kylo? Recordemos que en la película original, Rey sabe que Kylo es un líder del lado oscuro, que ha asesinado a centenares de personas, que reniega de sus seres queridos, de su mentor, de la luz y que mata a su propio padre a sangre fría. Así que preferí hacer que Rey vaya conociendo también estos detalles oscuros sobre Ben. No todo va a basarse en una relación entre la "chica buena y el chico malo rebelde". Lo cual no quita que haya una conexión. El problema es, que como en la peli, va a ser muy complicada. También me ha apenado mucho que no esté Han ya aquí, pero si hubiera permanecido vivo, a cierto personaje no le habría venido nada bien. ¿Quién? Ya se verá…

Me ha gustado mucho meter las referencias a la generación anterior. Casi, casi, me dan ganas de hacer un fic de otro universo alterno ambientado en los 80. Star Wars + los 80? Winning combo! Ya veremos si no me pongo a ello algún día. Primero, ¡a ver si acabo con éste!