Ni digimon ni sus personajes me pertenecen. Las siguientes líneas, sí.


Jueves. 10:30 pm.

La lampara que prendía de un cable rechinaba con el tambaleo constante, la luz se movía de un lado a otro cambiando la iluminación de la habitación. El sonido que provocaba la lámpara era la única pista de que había alguien ahí así que una mano firme detuvo el movimiento matando la única posibilidad de sospecha. No podían dejar cabos sueltos. El silencio abrazó a cada uno de los cuerpos que respiraban pausadamente en la habitación, nadie decía nada, ninguno quería ser el primero. A pesar de la respiración tranquila, el corazón les latía apuradamente, sabían porqué estaban reunidos esa noche.

La luz por fin se estabilizó en un punto alumbrando vivamente a Henry, quien mantenía los brazos a cada lado de su cuerpo con la tensión contenida en los puños que apretaba con firmeza, en sus nudillos las costras ocuparon el lugar de la sangre. Taichi estaba recargado en la pared, la luz le alumbraba la mitad del rostro y tenía la mirada puesta en la esquina mirando el ring fijamente, absorto en sus pensamientos. Koji estaba frente a Taichi inundado por la oscuridad solo sus tenis blancos avisaban de su presencia, nadie podía mirarle el rostro aunque todos se imaginaban la mueca de indiferencia que estaría esbozando. Por último, Yamato mantenía los brazos cruzados al lado de Taichi, paseando la mirada de un cuerpo a otro estudiando sus posturas.

—¿Nadie los vio entrar? -preguntó Henry mirando el punto donde estaba Koji.

— No hay nadie afuera. Me sorprendió por la hora. -Taichi respondió sin dirigirse a nadie en particular.

—Deberíamos terminar esto cuanto antes, saben que las reuniones antes de los eventos están prohibidas. -Koji hablaba casi a susurros.

—Nadie tiene porqué enterarse -Henry habló de nuevo, la firmeza en su voz hizo claras sus intenciones. Si alguien sabía de la reunión habrían problemas.

—Y nadie lo hará, relájate. ¿Qué querías discutir? -Yamato estaba fastidiado, las reuniones espontáneas no eran de su agrado.

—Como ya habíamos establecido, Koji será mi compañero de pelea debido a la ausencia de Ryo, sin embargo existe otro asunto que está perturbando mis pensamientos… Rika por fin encontró mi paradero y se inscribió al instituto, por lo tanto asistirá el viernes a la pelea.

—¿Y eso… qué? -Taichi no encontraba sentido entre la presencia de una espectadora más —También vendrá Mimi, ¿recuerdan?

Al escuchar esas palabras el peliazul abrió los ojos de sorpresa, miró fijamente a Yamato descuartizándolo en su mente. La reunión iba de mal en peor, ahora no solamente él lidiaría con impulsos radicales sino sus contrincantes también. Sabía que la presencia de Mimi suponía problemas emocionales para todo el grupo y lo que menos necesitaba era desestabilización emocional. Bueno, más.

—Rika y yo tenemos un pasado, está furiosa conmigo y juró que cuando me encontrara ella pelearía conmigo. -Se hizo un silencio incómodo, Taichi miró a Yamato y ambos se partieron de risa.

—¿Sabes que es una chica, no? -Yamato se reía junto con el moreno, las carcajadas resonaban en la habitación solitaria.

Un estruendo hizo que la risa cesara, ante los pies de ambos muchachos yacía una silla en pedazos. Ambos se miraron confundidos, después de ver la silla siguieron la trayectoria hasta toparse con Henry, quien respiraba pesadamente. pues él la había lanzado.

—No la conocen… y no me conocen, yo, no podría hacerle nada. Necesito que eviten que se acerque demasiado a la pelea, que me prometan que haga lo que haga, evitarán que se lastime.

Matt recobró la compostura, pensó que haría si Sora se aventara al ring deteniendo la pelea entre todos y supuso que le molestaría si le hacen daño cuando ella no tiene que ver… Yamato miró a Henry y asentó con la cabeza. Miró a Taichi y este comprendió lo que le pedían, imitó el gesto de Yamato. De la oscuridad salió Koji con las manos en los bolsillos.

—Estará bien. -Aseguró Koji, Henry sonrió de lado, a pesar de todas las diferencias entre ellos se sentía tranquilo al saber que Rika estaría bien.

—Tú no estarás tan bien mañana, niño. -Una voz proveniente de la puerta llamó la atención de todos, un sobresalto colectivo se apoderó de sus gargantas y todos estaban impresionados.

En el marco de la puerta un joven se recargaba con un brazo, mirándolos a todos.

—Espero estés listo para pelear, Henry. Recuerda por qué estamos aquí.

—Ryo… ¿qué… qué haces aquí? -Henry estaba sorprendido de ver al muchacho, había desaparecido hace meses sin dejar rastro.

—Más les vale a todos ustedes presentarse mañana o habrán problemas.

Dichas estas palabras el joven dio media vuelta y salió, atravesando la segunda habitación. Henry frunció el ceño. Los varones se fueron a dormir con un mal presentimiento.


Los audífonos comenzaban a taladrarle los oídos, el dolor era punzante de repente así que los retiró de un jalón. Se detuvo para sobarse la parte interna mientras recuperaba el aliento. Las estrellas se alzaban sobre ella en una manera espectacular. Estos trotes nocturnos se volvieron una necesidad en su rutina: la cansaban tanto que cuando llegaba al cuarto solo tomaba una ducha y dormía profundamente. Mimi tomó varios tragos de agua con desesperación, la falta de condición le cobraba provocando dolor a la altura del pecho.

—Debería tomármelo más tranquila… -Se dijo a si misma y decidió que no daría la última vuelta así que regresó caminando a su habitación.

El pasillo estaba desértico como habitualmente, se secaba el sudor del cuello con la toalla cuando escuchó murmullos provenientes de su habitación. Rika y Juri aún no estaban dormidas. Escuchó su nombre y decidió que no era momento de entrar, pensó en alejarse y andar por ahí pero la curiosidad la mantuvo anclada al piso.

—¿Mimi también asistirá? -Preguntó la pelirroja, la molestia era palpable.

—Es lo más probable, Takato fue muy claro cuando nos transmitió el mensaje: todos debemos asistir. -La voz de Juri era suave, dulce, hablaba como una niña que apenas comprendía sus propias palabras.

—Mañana es el día Juri… por fin veré a Henry.

—¿Tienes miedo?

—Claro que lo tengo… -Eso era nuevo, Mimi no pensó que esa chica pudiera sentir algo así. Siempre se veía tan fuerte y tan presente.— Han pasado años desde la última vez que lo vi, y a pesar del enojo y la frustración que siento hacia él también existe un sentimiento extraño que no sé describir… era mi amigo, Juri.

—Probablemente no sepas esto pero… -Juri empezó a hablar pero se calló de repente.

Se hizo el silencio. Mimi se pegó más a la puerta para escuchar mejor.

De un segundo a otro la puerta se abrió y la castaña cayó al suelo, apenas sujetándose con las manos. Se quedó tiesa de la sorpresa, lo único que alcanzaba a divisar eran un par de tenis frente a ella. De pronto sintió un tirón en el brazo derecho y sin entender que estaba pasando ahora estaba parada y sus ojos chocaban con los de Rika, que la miraba con un enojo que contenía como podía.

—¿Qué hacías escuchándonos?

Mimi se quedó callada, estaba paralizada por la fuerza de la muchacha. Aún le sostenía el brazo y estaba segura que si la soltaba caería de inmediato. Sus piernas tocaban el piso pero las sentía tan frágiles que probablemente no ejercía fuerza alguna.

—¿Crees que porque eres una princesita tienes derecho a meterte donde no te llaman? No eres más que una niña malcriada que cree que puede hacer lo que le plazca.

De un jalón se vio de nueva cuenta en el piso de su habitación.

— Más te vale ir mañana, princesita. -Las palabras salieron apenas pues apretaba los dientes tan fuerte como apretaba los puños. La pelirroja salió de la habitación y Juri, que presenció todo la siguió trotando sin éxito de alcanzarla. Mimi se sentó en el piso aturdida por lo que había pasado, se sintió avergonzada y mareada al tiempo. Sería una larga noche.


Llevaba sentada esperando aproximadamente una hora, se decía a sí misma que llegaría pronto y cuando estaba a punto de rendirse y marcharse, un guardia o supervisor aparecía y tenía que esconderse, y se convencía de que debía esperarlo. El cansancio estaba cobrándole al cerrarle los ojos de vez en cuando, para distraerse imaginaba escenarios en el futuro con Yamato, sabía que si trabajaban en ellos su relación florecería y por fin podrían estar de la manera en que siempre debieron estarlo.

—¿Sora? -La voz del rubio la sacó de sus pensamientos, se incorporó lo más rápido que pudo y quedó frente a él, con una sonrisa tímida y las manos tras su espalda.

—Yamato, estaba esperándote. -Las mejillas de la muchacha se colorearon de rosa, desvió la mirada hacia el piso.

—Uh, sí pero, ¿necesitas algo? ¿Qué haces aquí? creo que es mejor que… te vayas

Sora lo miró, él volteaba hacia atrás. Dos segundos después de la pared aparecieron los cabellos alborotados de Taichi, quien al ver a Sora sonrió y se acercó animadamente.

— Eh Takenouchi, ya no te he visto en el campo, me debes un partido, ¿recuerdas?

—Ya no es lo que me atrae Taichi, sabes que estoy centrada en el tenis… -Sora hablaba con cierto disgusto que trataba de disimular con bostezos.

—Yo sé pero… mhm, luces cansada, ¿no quieres pasar?. -Yamato miró a su amigo con la expresión más neutral que le pudo salir, por dentro estaba tan exhausto de hoy que solo quería dormir. Sin embargo, no era algo que hiciera pronto pues Sora ya había asentido y se encaminaba al cuarto.

—Gracias -dijo la chica, tomando asiento en la cama de Yamato.

—Yo… iré a dar un paseo, los dejo tortlitos -dijo Taichi en tono burlón saliendo de la habitación y cerrando la puerta tras de sí.

Una vez que el moreno salió Sora se levantó de la cama y tomó la mano de Yamato, el rubio la miraba confundido. La muchacha tenía este extraño brillo en los ojos cada vez que lo veía. Últimamente la muchacha había estado muy demandante de su tiempo, era un gesto extraño considerando la dinámica que tenían hasta hace unas semanas.

—¿Sucede algo? -Trató de no sonar grosero, el cansancio le pesaba en los hombros.

La muchacha se dio cuenta del estado del rubio, sonrió para si misma. Sora había llegado a ese punto en donde conoces los gestos de la otra persona, ella sabía cuando Yamato la estaba pasando mal o estaba preocupado, ella le prestaba tanta atención que lo conocía más que a nadie. Con lentitud lo jaló a su cama, el muchacho cedió y se recostó con pesadez en medio de la cama. La muchacha se sentó a su lado y comenzó a acariciarle el cabello. Matt cerró los ojos.

—¿Cómo te fue hoy?

—Bien. -apenas abría los labios para contestar, estaba por quedarse dormido.

—¿Hiciste algo interesante?

—Define interesante… -respiró con lentitud, el sueño se apoderaba de él- simplemente lo de siempre pero más complicado

—¿Qué es lo de siempre? -Sora preguntaba simplemente para cansarlo, pero ahora le intrigaba conocer sus respuestas.

—Ella lo hace todo más complicado, está arruinándolo…

Sora lo acarició más rápido como si sus manos estuvieran conectadas con sus pensamientos.

—Ella… ¿quién?

—Tachikawa, viene y lo arruina todo y… ahora Henry quiere…. -hacía pausas prolongadas, respiraba profundamente.

— ¿Qué arruinó? ¿Henry qué?. -La respiración de Yamato ya era constante, se había quedado dormido. Sora sonrió ligeramente, destendió la cama como pudo y lo metió entre las cobijas. Se dijo que no quería volver a su edificio así que se metió ella también, a su lado.


Cuando el moreno cerró la puerta tras de sí olvidó el hecho de que eran las 11:00 pm y que si alguien lo descubría vagando por el campus obtendría una sanción exponencial. Había dejado su teléfono en el cuarto (políticas de Henry) y no podía marcarle a nadie para ver si alguna muchacha quería pasar el rato. Encogió los hombros y aún así se dispuso a caminar, primero por su edificio y en diez minutos ya estaba cruzando la explanada, dirigiéndose a los dormitorios A, B y C. Entró al edificio C y asegurándose que nadie lo viera se dirigió a esa habitación. Él sabía que probablemente encontraría una puerta cerrada y tendría que regresar pero, el visitarla aún cuando ella no lo supiera le causaba ternura.

Llegó al pasillo el cual estaba casi totalmente obscuro, solo había una luz proveniente de una habitación y supo que era la de ella así que se acercó con cuidado. Tragó saliva. Estaba pegado a la pared cual espía, procurando no hacer ruido en caso de que estuvieran sus compañeras, si las veía algo se le ocurriría. Sin embargo se encontró con la imagen de Mim viendo a la nada, sujetaba su brazo izquierdo con la mano derecha y habían rastros de lágrimas por sus mejillas, sin pensarlo dos veces corrió a agacharse frente a ella.

La expresión de Mimi cambió radicalmente al verlo, una sensación de seguridad se instaló por un segundo en su pecho y dejó que el muchacho la envolviera en sus brazos. De nuevo la sensación cálida le recorrió el cuerpo.

—¿Estás bien? ¿Qué pasó?

Mimi le contó despacio lo que había ocurrido, no lo miraba a los ojos pues se sentía apenada.

—¿Rika te hizo esto entonces?… Princesa, nada de eso fue tu culpa, ¿si? -Taichi frunció el ceño, el enojo lo consumía. En este instante él mismo había roto todo acuerdo establecido previamente.

Miró a la muchacha y se obligó a olvidar todo lo que ocurriría mañana, la abrazó con delicadeza envolviéndola casi completamente con su cuerpo. La cargó y ella se aferró a su cuello. Con ella en brazos subió las escaleras de la litera, aferrándose con un solo brazo. Mimi se sorprendió por su fuerza, le sonreía cuando él volteaba a verla. La depositó en su colchón y bajó la escalera, se dirigió hacia la puerta.

—Tai…

Tai volteó y vio a Mimi sentada sobre sus piernas, mirándolo. El moreno sonrió y le devolvió la mirada.

—¿Si?. -Habló con dulzura. Las mejillas de Mimi se colorearon de rosa y con voz queda, apenas audible le habló.

—¿Ya te vas?

Taichi sonrió y se dio media vuelta, caminó hacia la puerta y la cerró, colocando el seguro. Se giró hacia Mimi y caminó a la escalera, la muchacha lo siguió con la mirada y una sonrisa en los labios, el moreno se quitó los zapatos y subió quedando frente a ella.

Mimi lo miró, estaba despeinado como usualmente y llevaba los primeros tres botones de la camisa desabrochados. Algo en el resultaba inexplicablemente cómodo. Su mente comenzó a dar vueltas tratando de darle sentido a la calidez que el muchacho le daba, sin embargo mordió su labio y se arrojó a sus brazos, cayendo sobre él. Taichi se sorprendió al sentir el peso de Mimi sobre él, sonrió mostrándole todos los dientes y agarró una almohada, para recargar su rostro y poder contemplarla.

—Que bonita eres, Mimi. -La muchacha le miraba con los ojos bien abiertos. Él sentía diferente cuando se trataba de Mimi, no sentía la necesidad de desvestirla para sentirla cerca.

La muchacha se sonrojó y simplemente recargó su rostro en su pecho, no pasó mucho antes de que ambos se quedaran profundamente dormidos.


N/A: ¡Ya está el Capítulo 7! Por finnnnnnnn, ¡espero les guste mucho mucho!

Como pueden ver (si llegaron hasta acá, ja) está a nada de romperse toda la tensión de la vidaaaaaa, así que, quédense pendientes al siguiente capítulo.

Ojalá les haya gustado mucho mucho, y si sí, déjenmelo saber con una Review bien chulísima. Hoy ando con todos los ánimos del mundo. #MiércolesDeChoices jajajaja. Nos vemos la siguiente semana :) 3

¡Besos!

-Alex.