Todos los personajes son propiedad de Isayama-Sensei y Kodansha


7.

Eren y Armin

- ¿Los… Ackerman? – Repitió balbuceante su rubio amigo. Mikasa asintió pesarosa. Los ánimos se fueron por los suelos.

Sabían que en algún momento u otro Mikasa tendría que irse a ver a su familia (pues lo hacía todos los años) pero jamás se había interpuesto entre un evento tan imprescindible como éste. Porque Armin sabía que su amiga no detestaba, sino que ODIABA ir a esas reuniones. Siempre había sido su papel el animarla a que fuera amable y presentara por lo menos una sonrisa frente a su abuelo o con sus tíos y primos, pero hoy no sabía qué decirle. Es más, no podía admitir que esta vez quería decirle que no fuera, que tenían que ir, pues este concurso lo habían estado todo el año pero… ¿cómo podría? Alzó los ojos sobre sus lentes de pasta y miró la cara de su amiga. Estaba que echaba chispas, y eso era poco. Más bien, se veía triste, enfurecida, se veía impotente.

- Bueno, no será la última convención ¿verdad? – Dijo, sonando nada convencido. La gótica alzó los ojos.

- No hablarás en serio… ¿tan pronto te rindes? – Refutó ella con pesar, mezclado con molestia. Armin no supo otra cosa que hacer más que encogerse fugazmente de hombros. La chica agachó la mirada, el último viento cálido comenzó a revolverle su negro cabello mientras sus ojos se dirigían a la carretera. – Tal vez… tengas razón. Lo mejor será rendirse.

Armin apretó los labios muy triste. ¡Cuánto se habían esforzado por obtener ese lugar y ahora…!

- A lo mejor te dejan regresar antes… - Esas palabras sonaron como una burla, un sueño guajiro. Mikasa formuló una amarga sonrisa.

- De nada sirve sembrar falsas esperanzas… Mira aquí vienen. – El coche de los padres de Mikasa – un Audi color plata- se veía brillar a lo lejos.

Era todo. No había vuelta atrás. Armin le tomó el hombro a su amiga.

- En serio, verás que entraremos otra vez. Somos fuertes, más que todos los que están allí. – Mikasa sonrió y le dio un fuerte abrazo al geek. – Quién sabe, igual y pasa algo mejor en estos tres días ¿no crees?

Mikasa dibujó una mueca. El Audi se estacionó justo delante de ellos. El bello rostro de una mujer de raza asiática se asomó por la ventana quien, con amabilidad y ternura, saludó a Armin mientras Mikasa se metió al coche.

- Mándame mensaje en cuanto llegues. Para saber que estás bien. – Dijo el rubio con una sonrisa.

- Espero que no te llegue… y me encuentre en coma por un choque. – Dijo con pesar. Los padres de la chica la miraron, mitad riñendo, mitad bromeando. Se saludaron por última vez y el coche se alejó, como la última brisa de verano que se llevaba todas sus ilusiones por ganar ese épico campeonato. Quien sabe, igual y también él tenía que creerse sus propias palabras.

El celular vibraba prendiéndose y apagando mientras "Worlds Collide" sonaba a todo lo que daba el volumen. Una pesada mano se azotó sobre el móvil y entre tanteos lo apagó. Lo que menos quería era escuchar música épica de videojuegos justo hoy. Es más, no tenía ganas de salir de su cama, así que volvió a cerrar los ojos enfurruñado, intentando volver a dormirse. Pero, ¿no les ha pasado que cuando quieren quedarse en cama por el resto del día el universo entero se propone todo lo contrario? Y esta vez todo el universo había tomado la forma de su abuelo para venir impedirlo.

- Armin. – Unos tres golpecitos a su puerta acompañaron su nombre. El muchacho sólo ronroneó con molestia para contestar. Luego de eso, su abuelo (como todo adulto que vive en tu casa) abrió la puerta y asomó el rostro. – Me voy a la reunión del club. Ponte a recoger la cocina que es un verdadero asco.

- Mmmhmmm – Fue todo lo que respondió. El abuelo lo miró, sólo un remolino de cabello rubio asomaba del edredón azul. Debajo de su barba gris formuló una sonrisa.

– Luego puedes hacer lo que quieras, excepto hibernar de pena debajo de tus cobijas, así que levántate antes de que lo haga yo. – Armin volvió a ronronear. Con un rápido despido desapareció por la puerta. De una patada alejó las cobijas de sí, con pesar soltó un suspiro.

El universo había ganado una vez más.

Y esta vez el universo había tomado forma humana, en una forma terrible, colosal, titánica:

Su madre.

Eren iba arrastrando los pies con los brazos entumecidos por los kilos de compras que su mamá le había pedido. ¡Cómo si uno despertara el sábado por la mañana con la ganas de ir al supermercado y traer la despensa! ¡No! ¡Lo que uno quiere es despertarse hasta tarde, comer froot loops en pijama y jugar Battlefront 2 hasta que no sintieras la retaguardia! Pero no, las madres lo último que desean es que los hijos se dediquen al ocio y a descasar en un fin de semana. Pero como he dicho, su madre tomó la peor de las formas, una que Eren por más que intentaba no podía vencer y muy a su pesar con reclamos, refunfuños y berrinches tuvo que obedecer. Si hubiera sido su padre lo habría birlado con astucia, pero no, su madre era… su madre.

El muchacho se detuvo y se acercó a una de las bancas sobre la acera, dejó las bolsas y comenzó a mover los hombros y el cuello para descansar. Con aburrición alzó los ojos y miró el local que tenía en frente. Era un arcade. Con luces y el ruido de los videojuegos, el lugar parecía lo más atractivo y tentador con lo que se pudo haber encontrado por el momento, miró la pantalla de su arcaico celular y lo guardó con una sonrisa.

Perdió la noción del tiempo, todavía le quedaban vidas y seguía recargando su arma mientras no dejaba de disparar. Como un experto mataba zombies a diestra y siniestra y el ruido de los múltiples impactos le ahogaban los oídos pero no importaba, el score en la parte superior derecha aumentaba más y más. Este era su día de suerte. A veces se acercaban unos que otros a verlo, pero muy por encima del quererse lucir, la verdad era que le incomodaba que las miradas de escrutinio lo desconcentraban y sin poderlo evitar fruncía el ceño mostrando su incomodidad. Esto era efectivo ya que luego de no mucho rato la gente se alejaba y Eren se internaba en su mundo post-apocalíptico y seguía matando zombies y manchando todo con sangre y sesos. Hacía mucho tiempo que no se divertía tanto. Después de intensos minutos de combos, balas y zombies, terminó aquel nivel con éxito. Con un pequeño grito de éxito se recargó en el asiento con satisfacción, mirando su puntuación final.

- Wow… Eres muy bueno en esto. – Escuchó susurrar a su lado. Extrañado miró al lado suyo. No pudo evitar dar un respingo al ver de quién se trataba. Durante toda la semana había hecho todo lo posible por dejar de ser perseguido por ese sujeto y su amiga, la rara. Era ese rubio con cara de friki, ¿cómo se llamaba? ¿Armin?

- Uhm… gracias. – Musitó, incómodo. El rubio asintió de manera extraña, como si confirmara algún pensamiento.

- Es que es en serio… Eres muy bueno, no muchos logran un score así de una sola sentada. – Insistió con la voz perdida. Eren soltó un suspiro. Después de todo, ¿a quién no le gusta que lo halaguen?

- Es cosa de práctica. – Dijo, mirando a la pantalla que ya comenzaba a pedir más monedas para seguir funcionando. – Me he jugado casi todos los "House of Terror" que conozco. El tres… el cuatro… el seis…

El chico friki soltó un silbido reconociendo los títulos. Si eres veterano en esto de los arcades, cualquiera conocía los juegos de los que Eren hablaba. Y al parecer, el rubio a su lado era uno de esos chicos que pasaron mucho tiempo de su niñez delante de las "maquinitas".

- Yo me he jugado Castlevania, Strike of War, Mega Man, Donkey Kon y Bubble Bobble – Dijo, con una sonrisilla, sin dejar de observar la pantalla. – De todo un poco, digamos.

Eren se quedó con los ojos como platos. No sabía por qué le sorprendía tanto algo así si el chico tenía toda la pinta de pertenecer a esos que no sueltan el control de la consola. Cuando Armin al fin cruzó miradas con Eren se tornó extrañado y un poco incómodo, semejante a lo que el nuevo sentía cuando lo miraban jugar, por lo que se rascó la nariz para disimular.

- Igual yo. – Dijo, Armin fue quien ahora abrió los ojos y esbozó una pequeña sonrisa. – Bueno, no tantos como tú, pero sí algunos. Mega Man… Donkey Kong… Metal Slug…

El rubio se ilusionó de pronto.

- ¿¡En serio?!- Dijo mientras se agachaba a su altura, Eren se hizo un poco a un lado, sintiendo que su espacio personal era invadido. - ¡A mí me encanta! ¡Sin lugar a dudas el mejor de los juegos de run and gun de toda la existencia!

Eren sonrió ladino, era extraño y gracioso a la vez como tan fácilmente se había sentido cercano a él. Era raro que empatizara con alguien, más bien insólito, ya que nunca entablaba conversación con nadie. Pero eso era otra historia… una historia que tenía que ver con…

- ¿Y qué me dices de consolas? ¿A qué juegas? – El chico nuevo pensó un rato.

- Xbox…play…de todo un poco. También online. – Escuchó de nuevo un "¿de veras?" que él asintió sin importancia. – Pero… ya no los tengo.

Armin borró un poco su sonrisa.

- ¿Por qué?- Preguntó. Eren de inmediato rodeó los ojos, dando entender que era un tema nada fácil de explicar.

- Es una laaaarga historia… - Dijo únicamente. Armin se quedó en silencio. Al parecer ese chico tenía más cosas guardadas de las que parecían, pero ¿qué importaba? Todos tenemos secretos y misterios que no queremos que nadie se entere. Él mismo tenía guardados en su corazón pasados que no deseaba que otros conocieran. Respetó su respuesta, además de que en realidad no lo conocía. No le podía exigir nada.

- No pensé que te gustaran los videojuegos. – Dijo después de un rato. Eren lo miró de reojo y suspiró, para después sonreír.

- En cambio tú tienes toda la pinta de ser un fan. – Dijo con una sonrisa, al tiempo que se levantaba y tomaba sus bolsas del mandado. Armin lo siguió con la mirada, parecía que ya se iba, pero no quería perder oportunidad en conocerlo.

- Sí…me gustan. – Soltó mientras él se levantaba también. Se le había ocurrido algo, pero no estaba seguro si el nuevo aceptaría. Observó cómo Eren parecía sospechar que se traía algo entre manos. Con una mano nerviosa detrás de la nuca, soltó su plan. – De hecho… tengo varios títulos nuevos, pero no tengo con quién jugarlos…

Eren frunció más el ceño. ¿Por qué era tan difícil invitar a alguien a su casa? Si ahora se trataba de un chico, ¿¡qué rayos haría en el caso de una chica?!

- Pues no sé, tal vez quisieras pasarte a mi casa para jugar un rato. – El ruido del arcade llenó el momento. – Ya sé que suena raro y eso, pero ehmm… ¿qué opinas?

El rostro de Eren era como el de un sarcófago egipcio. Y Armin no podía descifrar nada.

- ¿Va a venir tu amiga la gótica? – Preguntó después de un rato. Armin no pudo más que negar con la cabeza rápidamente. Se encogió de hombros y dijo: - Ok, ¿cómo a qué horas?

Armin sonrió de oreja a oreja.

- ¡Sería genial como a las cuatro! – Eren asintió y sin perder tiempo le dijo la dirección. Se despidieron sin mucho teatro. Armin vio cómo Eren se iba por la calle cargado de bolsas.

Eren caminaba sin prisa mientras leía en la pantalla del celular la dirección que el niño geek le había dado, mientras se acomodaba uno de los auriculares distraídamente. Todavía tenía frescas las palabras y gesto de asombro que su madre puso al pedirle permiso de salir.

"¿Vas a la casa de quién?" preguntó con incredulidad. Eren se explicó sin tapujos.

"Es un niño de la escuela. Armin, se llama." Carla Jeager miró a su marido, quien le sonrió con tranquilidad.

"¿Y es alguien en quien se puede confiar?" Preguntó.

"No creo que venda droga o mate gente, mamá." Dijo su hijo con aburrimiento. Le chocaba que su madre se pusiera tan frenética, ¿Qué no era ella la que quería que tuviera amigos?

"Ya déjalo Carla." Intervino el padre, Grisha. "Si está haciendo amistad es algo bueno, que vaya y se divierta."

La mujer no dijo nada más, sólo esas indicaciones que dan todas las madres cuando los hijos salen. Su padre lo llevó una parte del camino y sin indagar más, vio a su hijo bajar del coche. Eren concluyó que sus padres estaban exagerando. Ni confiaba en nadie ni era su amigo, sólo era un chico de la escuela que iba a visitar. Se acabó.

Se detuvo un momento para revisar la dirección que el friki le había dado. Caminó un poco hasta que dio con la casa. No era la gran cosa: una casita alta de dos pisos y un ventanal enorme del lado derecho, estaba cercado por toda especie de arbustos, muchos de ellos de flores o frutas; el color azul iluminaba las paredes. Sí, no era la gran cosa, pero por eso le agradaba.

Tocó el timbre.

Un "¡Ya voy!" se escuchó en la lejanía. Eren esperó sin más mientras desviaba la mirada en el barrio, en los oídos sonaba una canción de electrónica. Le encantaba la electrónica. Armin abrió la puerta.

- ¡Hola! ¡Qué puntual! – Saludó alegremente el rubio. Eren se quitó los audífonos y si nimiedades asintió. - ¡Adelante!

Ambos muchachos pasaron, encontrándose con un sencillo saloncito con un sillón en "L" y una televisión empotrada sobre una pared de ladrillo. Casi no estaba decorada, a excepción de varios cuadros que adornaba la escalera. Por alguna razón, Eren se sintió acogido.

- Ehm… ¿quieres algo de beber? – Escuchó tras de sí. Eren negó con la cabeza, distraído por la novedad del lugar. Comenzó a quitarse la chaqueta y la guardó en la fea mochila que traía. - ¡Oh! ¡Puedes dejarla donde quieras!

Se notaba que Armin no recibía visitas con frecuencia. Pero se esforzaba.

- Te enseño la casa. – Exclamó con ánimo. Se dirigió al frente, una puerta estaba al lado del sofá. La abrió – Allá está el estudio.

Un bonito cuarto rebosante de libreros y un sofisticado escritorio con una computadora de doble pantalla lo llenaba. Eren asomó la cabeza, asintiendo sin más. Salieron y abrió la puerta aledaña.

- Ésta da al jardín del abuelo. – Se asomaron. Más plantas y macetas llenaban el lugar. – Al abuelo le encanta este lugar.

- Se nota. – Soltó Eren. Armin sonrió y cerró la puerta.

– Por aquí está el baño de invitados… Allá está la cocina… iremos luego. Y subiendo las escaleras están las habitaciones.

Pero Eren se perdió a la mitad. Se había quedado quieto mirando los cuadros de la escalera. Eran fotos. La primera era de un bebé con el cabello despeinado y rubio, seguida por una foto escolar –probablemente del kínder- estaba el mismo niño sentado mirando al frente con el cabello perfectamente peinado, totalmente serio. Obviamente se trataba de Armin. Después había una foto de él, con una mujer de nariz respingada y ojos dormilones sonriendo abiertamente. Pero la que coronaba esa pared de recuerdos era un gran cuadro de tres personas: un hombre bonachón con ojos grandes y redondos sonreía mientras rodeaba con su brazo a la mujer que reconocía de la foto anterior, igual sonreía y su cabello revuelto le daba un aspecto de científica loca, muy diferente al de su pareja; en medio de ellos se hallaba Armin, pero su rostro no concordaba con los de los adultos, pues él se veía serio, por no decir triste. Eren frunció el ceño que hasta entonces se veía curioso, soltó un suspiro. Su mirada se posó en el último cuadro de la pared. Parecía ser más actual que la otra, pues Armin se veía al menos dos o tres años más joven que ahora, pero lo que más llamó la atención de Eren fue que en ésta foto, el muchacho sonreía con libertad mientras abrazaba el hombro de un anciano barbudo quien se carcajeaba de la misma forma. Supuso que era su abuelo. Hizo la comparación entre ambas fotos. Así que ésa era su familia.

- ¿Eren? – El aludido miró a quien lo llamaba, colgado de la baranda. - ¿Qué pasa?

- Nada. – Lo siguió. El tour por la casa continuó. Armin le señaló el baño principal, el cuarto del abuelo y al final…

- Éste es mi cuarto. – Dijo con una sonrisa, abriendo la puerta, dejando que él pasara. Eren quedó asombrado.

El lugar no se parecía a nada de la casa. Las paredes estaban repletas de posters de videojuegos, películas y cómics, así como un pizarrón de corcho estaba lleno de post-its de varios colores, que Eren asumió, estaban categorizados dependiendo la urgencia del mensaje; tenía un calendario con varias anotaciones, la imagen de God of War relucía sobre él, debajo del pizarrón había un librero negro, igual de lleno que las paredes, pero ésta vez de cómics, gruesas carpetas y –por supuesto- libros. La cama estaba pegada a la pared junto a la puerta, al lado de la cabecera había otro ventanal que parecía dar a una terraza o, más bien, a un terrario, pues estaba lleno de muchas plantas, incluso un árbol pequeño asomaba; encima de la cama revuelta había muchas repisas negras, las cuales soportaban varios trofeos y listones, que Eren supuso sería de concursos relacionado con ciencias, que confirmó con algunas fotos. Sobre la mesita de noche había una linterna y muchos libros, mismos que también asomaban debajo de la cama; pero nuevamente su atención se distrajo en las fotos que se hallaban junto a la cabecera, eran recortes de periódicos con los rostros de las dos personas de los cuadros de la sala y junto a ellas, varias instantáneas de Armin y Mikasa, sonriendo y haciendo caras raras a la cámara.

- No lo puedo negar, tienes un cuarto muy cool. – Soltó Eren cuando alzaba la mirada al techo, la lámpara era una representación del sistema solar. Armin sonrió tímidamente, rascándose la mejilla.

- Ey, pero no has visto por lo que viniste. – El muchacho cerró la puerta. Junto a la puerta había una tele de plasma sobre un mueble con puertas cristalinas, donde asomaba una deslumbrante colección de videojuegos. Armin abrió una de las puertitas y sacó dos controles y comenzó a preparar una de las consolas que tenía. – Entonces, ¿jugamos?

Pasaron las horas y jugaron de todo. Armin demostró ser todo un master videojueguil, pero Eren no se quedaba atrás, se veía que era veterano en esto y se veía bastante cómodo en este campo, lo que alegró al rubio, incluso lo vio sonreír, quejarse, lanzar gritos de victoria y carcajearse hasta que les doliera el estómago. Eren parecía otra persona, nada que ver con ese niño flaco y "equis" que caminaba por la escuela con las manos sepultadas en sus bolsillos, por fin demostraba emociones y no ese rostro aburrido que dedicaba a todo mundo (excepto a Jean Kirstein, a quien siempre miraba con profundo desprecio). Armin también se sentía muy a gusto con él, ya que no se le daba para nada bien hacer amigos o siquiera hablar con alguien que no fuera Mikasa o Marco, por lo que se sentía muy feliz y sorprendido que el apagado de Eren Jeager fuera tan friki como él. Sí, era un buen sujeto.

Armin lanzó los brazos al cielo en señal de victoria, mientras que el chico a su lado estaba congelado viendo la pantalla con una expresión de decepción e incredulidad.

- ¡Yay! ¡Gané! – Gritó Armin.

- Aún no sé cómo lo hiciste… - Decía mientras veía a su avatar totalmente destrozado en el suelo virtual.

- Me gustan mucho los juegos de peleas. – Dijo Armin mientras abría la consola.

- Pero no son tus favoritos. – Aventuró a decir Eren. El rubio negó con la cabeza de manera enérgica.

- No… los que me encantan son los RPG. – Dijo mientras sacaba varios títulos y los revisaba de manera superficial. – ni qué decir de MMORPG.

- Me hubiera quedado en shock si no fuera así. – Repuso el chico de ojos verdes, los cuales divagaban entre los cientos de posters de la habitación. – De hecho creo que tienes madera para estar en una competencia.

La sonrisa de Armin se apagó.

- No… no creo. – Musitó mientras dejaba las cajas y miraba otras, con un tono que fingía poca importancia. – Eso… no es para mí.

Eren arqueó la ceja. Quiso seguir indagando.

- De hecho creo que hoy había una competencia… - Comenzó a decir, como que no queriendo la cosa. – De Epic Batallion creo…

Los hombros del rubio cayeron. Había dado en el clavo.

- Te gusta, ¿no? – El muchacho asintió. – ¿Y por qué no participaste?

Armin soltó un suspiro.

- No pudimos ir. – Sólo contestó. Eren se quedó pensativo, pero lo que más le atrajo es que hablaba en plural.

- O sea… ¿Qué tu amiga también estaba contigo? – Otra vez Armin asintió con la cabeza, se veía más triste. Así que por eso lo había invitado, porque la amiga no estaba, se sentía solo. Miró la pared con las fotos instantáneas. Sí había pensado que era unidos, pero no creyó que hasta ese punto, es más, no sabía en realidad qué punto era ése. A lo mejor hacía mal en hablar de eso, porque se veía importante.

- Bueno, ya habrá más competencias. Como si se fuera a acabar el mundo… - Dijo mientras se acomodaba en su puff. Armin lo miró un instante. – Además, como ya te dije, tienes la madera suficiente como para entrar otra vez en uno y ganar.

El muchacho sonrió, poco a poco, hasta que asintió con entusiasmo.

- Eso espero… y quien sabe, igual y puedes entrar en nuestro equipo. – Dijo mientras seleccionaba Elder Scrolls V y la pantalla cargaba. Eren lo miró extrañado. – Porque tú me echas muchas flores pero seguramente eres muy bueno también.

Eren sacó una risilla nasal.

- Tal vez. – Se pusieron a jugar.

Después de un rato, Armin comenzó a hablar acerca de cositas del juego, cómo que le alucinaba la música y tenía el soundtrack en su celular, algo de sus personajes y que se sabía algunas palabras en dovahzul, pero lo que más atrajo la atención de Eren fue que tenía un extenso conocimiento de la programación y el diseño del videojuego. Era claro que eso era lo que más le fascinaba, pues usaba muchos términos técnicos y se enfocaba en el proceso que llevaba tal o cual cosa. No cabía duda que eso era su pasión, pero no de manera superficial, más bien, parecía que Armin le tenía un interés profesional.

- Entonces… - musitó Eren mientras seguían jugando. - ¿Te gustaría ser programador de videojuegos?

Armin sonrió de una forma muy curiosa. Parecía que llevaba una mezcla de emociones, como cuando saboreas tu helado favorito y lees tu novela predilecta.

- Seguro te gusta el cine, ¿verdad? – Preguntó Armin, con ese tono que usaban los profesores para introducirte en un tema.

- Sí… - Respondió Eren.

- Bueno, pues sabrás que para producir cine se requieren de muchos elementos: efectos especiales, grandes locaciones, una música épica, excelentes actores y un buen director, además de otras cosas. – Eren no sabía a dónde quería llegar. – Pero eso sale sobrando si la historia no es buena. "El señor de los anillos" se ganó muchos Oscar debido a que su historia es cautivante, profunda, compleja y muy emotiva, pero fue una adaptación genial de un libro mejor. Una película no es nada sino tiene una buena historia, y la magia de ver cine es eso, que lo puedes ver. Aunque no se puede comparar ni de lejos al libro, ya que tu imaginación vuela, se expande y nadie verá lo mismo que tú aunque mil personas hayan leído las mismas líneas. Ninguna imaginación es igual a la tuya. Pero… en los videojuegos…

Tú puedes crear una historia, una historia única. Pero eso no será jamás igual al cine o la literatura. En un videojuego puedes contarle una dramática historia a miles de personas, pero ellas verán tu visión, verán lo que tú te imaginaste al momento de escribirla, como el cine. Pero los videojuegos van más allá… En un videojuego, le das la oportunidad al jugador que se meta en la piel de tus personajes, que decidan con ellos y no sólo sean espectadores omniscientes como cuando te limitas a ver la pantalla. No, en un videojuego tú eres el protagonista, tú puedes decidir, tú sientes lo que el creador deseaba que sintieras y lo invitas a que viva dentro de la imaginación que tú proyectaste en ella… Los videojuegos van un paso más allá, puedes hacer realidad cualquier deseo, poseer poderes, viajar por océanos de arena o mares de fuego, luchar en una guerra, pero sobre todo, puedes sumergirte en una historia, una historia única, tal y como la soñó su creador.

Eren se quedó suspendido entre las palabras que con tanta pasión expresaba Armin. Sus ojos brillaban cruzando esos inmensos lugares y terrenos que imaginaba. Jamás en su vida había visto tanta convicción en su vida. Armin poseía un sueño, una razón de ser, algo que en el mismo no encontraba y nunca creyó que existiera.

- Así que sí, quiero ser programador de videojuegos. – Terminó de decir con una enorme sonrisa. Eren se quedó mudo, todavía cautivado por lo que acababa de decirle. Entonces Eren se sintió pequeño, insignificante, por no ver en sí mismo un sueño como aquel. – De hecho, ya tengo una historia, ¿quieres verla?

Eren abrió sus verdes ojos, mientras Armin se dirigía a su cama y debajo de ella sacaba una caja, la abrió y comenzó a sacar muchos dibujos: diseños de personajes, algunos bosquejos primitivos de paisajes y muchas, muchas hojas descriptivas. El muchacho comenzó a hablar acerca de una historia de guerra, con valientes jóvenes que peleaban contra una extraña amenaza gigante, que vivían en un pueblo rodeado de árboles enormes. La idea sonaba un poco burda, pero se notaba que Armin le dedicaba mucho de su tiempo, y ciertamente era atractiva y muy interesante su historia. Eren se dedicó a escucharlo con atención, mientras el chico le mostraba las hojas y explicaba su contenido, pero lo que más le llamaba su atención era el entusiasmo con el que le enseñaba todo, sus ojos refulgían de pasión mientras hablaba. Después de un rato se quedó en silencio, viendo sus dibujos.

- Jeje… Es raro… que te muestre todo esto a ti. – Susurró después de un rato.

- Eres increíble, Armin, por mucho que tus padres piensen lo contrario. – Soltó sin pensarlo en realidad. El rubio se quedó quieto y miró a Eren a los ojos. – En serio, no conozco a nadie que tenga tana convicción y le ponga tanto corazón a algo que la gente creería que es insignificante. Los adultos son estúpidos, sólo viven para trabajar y se quejan de todo lo demás, no hacen las cosas porque tengan pasión pero tú… Tú quieres llegar a hacer algo porque te apasiona, porque tienes… Un sueño.

Armin se quedó mudo, escuchando las palabras del nuevo, palabras que le tocaron no sólo su mente, sino lo más profundo de su ser.

- Eres una persona muy valiosa. – Concluyó Eren. Las palabras se quedaron suspendidas en el aire. Armin no supo qué decir. Su mente lo remontó a una época distante, una que pensó no volvería a recordar. No podía ser…

En ese momento un sonidito raro se escuchó a la lejanía. Eren aguzó el oído y de pronto se levantó y salió de la habitación, que ya estaba oscura. Armin, lentamente encendió la luz, poco después Eren regresó, con su mochila y un anticuado celular en la mano.

- Era mi madre… - Dijo con aburrimiento. – Me tengo que ir.

Se dio la media vuelta.

- Espera. – El muchacho lo miró. Armin ya no supo qué decir. – Tú… tú también eres alguien diferente, Eren. Y eso es algo grandioso.

Quería retribuirle lo que recién le había dicho, pero expresarse no se le daba muy bien, aunque esperaba que su mensaje se captara.

- Si tú lo dices… - Dijo encogiéndose de hombros.

Armin lo acompañó a la puerta.

- Entonces, ¿nos vemos el lunes? – Preguntó Eren, lo que sorprendió al rubio. – Sólo dile a tu amiga la gótica que no se porte tan raro… eso de que me pululen como polillas no me gusta.

Armin sonrió. Asintió.

- ¡Claro! ¡Nos vemos el lunes! – La silueta de Eren desapareció entre la oscuridad de la calle. Armin sintió la sensación en el corazón de tener un nuevo amigo.

Mikasa caminaba con el semblante pensativo, las palabras de Levi le seguían retumbando en la cabeza y no sabía cómo digerir todo eso. Sin duda había sido una reunión como ninguna. Soltó un suspiro. Lo único que quería era que su vida volviera a ser como antes, sin tantas complicaciones. Y la escuela parecía el mejor distractor.

Pero cuando llegó a la puerta quedó paralizada.

- ¡Hola Mikasa! – Escuchó gritar a su mejor amigo Armin. Pero eso no fue lo que le quitó el aliento:

Eren Jeager estaba al lado del rubio, dedicándole una pequeña sonrisa.

La vida no volvería a ser como antes. Jamás.


¡Hola a todos! Les ofrezco una enorme disculpa por haber tardado tanto en actualizar, pero tuve unos meses muy difíciles en los cuales también se vio implicada mi salud y no tenía ni las fuerzas ni las ideas suficientes para sentarme a terminar este capítulo. De verdad lo siento mucho.

Sin embargo, ya tenemos nuevo episodio y ésta vez un poco más larguito, en señal de disculpa.

Como verán, no se trata de la Reunión de los Ackerman y esto se debe a que creí que sería buena idea abordar lo que hizo Armin en ausencia de su amiga, además de que podemos ver una faceta más amplia de Eren... y de Armin también.

De hecho, el capítulo sólo se iba a llamar "Eren" pero al momento de escribir acerca de la casa de Armin me di cuenta de que no se trata sólo del ojos verdes sino también de nuestro geek favorito. Pero no se preocupen, la reunión la trataremos el capítulo que sigue. (Por lo que les pido me manden ánimos desde allá, porque entrar a la casa de los Ackerman no es fácil).

Muchas gracias a:

Tecpatl por leer el capítulo

Hurricane99 Así es! Amamos a Hanji porque está bien loca, y creo que sería la mejor maestra de ciencias y que todos querríamos estar en su clase! Ánimo! Ya verás que tanto Mikasa como tú lograrán sus sueños! ;)

Sashaweig123(y Guest, que creo que son la misma persona...) Los Jeager... tienen un asunto por allí que llegó a oídos de muchos, y que Hanji sabe con lo que pasó de... ¡Ah! ¡No debí decir eso, no-debí-decir-eso! (murmura como Hagrid) La reunión llegará en el siguiente capítulo, y dame ánimos porque me está costando un poco tratar esta cuestión (o por lo menos cómo escribirla)

¡Y también muchas gracias a todos los que se pasaron a leer esta loca historia!

¡Nos leemos pronto! :D (Más pronto de lo que llegó este capítulo, seguro que sí)