Capítulo 7: Un extraño lugar y un encuentro aún más
El Club de los Marginados, según contaron Derek y Liam, era una especie de organización que reunía a todo tipo de criaturas o seres que no encajaban muy bien en el mundo mágico, pero que tampoco eran simples muggles. Estaba conformado por todo tipo de esquibs, así como hijos de magos que no habían finalizado su educación y que tenían prohibido realizar magia, también personas que en algún momento fueron magos o brujas, pero que por muy diversas circunstancias fueron expulsados de ese mundo. En sí todos aquellos que de alguna manera no formaban parte de la comunidad mágica eran bien recibidos en el dichoso club. En palabras más sencillas todos aquellos que no eran enteramente blancos, ni enteramente negros, sino simples tonalidades de gris. Ron se sorprendió de oír que los hombres lobos, vampiros o sus descendientes eran bien recibidos, siempre que prometieran no morder a nadie. Los elfos domésticos que en algún momento fueron liberados por sus amos y que no tenían a dónde acudir, podían asistir al club.
También le explicaron que fue durante la última guerra que este club se constituyó como una verdadera organización, con el objetivo de proteger o encubrir a todos aquellos que no encajaban dentro de los ideales pregonados por Voldemort y sus mortífagos y que por tanto eran sujetos de encarcelamiento o peor, pues a Voldemort solo le importaban los magos de sangre limpia, por lo que cualquiera que no reuniera esta sencilla característica era perseguido. Fue así como surgió el club para que muchos pudieran salir de Inglaterra y esconderse en lugares más seguros.
Una vez que terminó la guerra, el club ayudó a que los perseguidos pudieran regresar a sus hogares y pudieran reencontrarse con sus seres queridos. Actualmente, pese a que ya habían transcurrido varios años desde la finalización de los días oscuros, el club seguía existiendo, más que nada como un centro de reunión, donde todos aquellos que no formaban parte ni de un mundo ni del otro, pudieran interrelacionarse, enterarse de lo que acontecía, o sencillamente tomarse un vaso de jugo de calabaza.
Ron escuchaba toda esta explicación con la boca abierta y los ojos como un par de platos. Mucho le sorprendió escuchar que Derek era lo que se podía llamar un cuasi mago, pues sus dos padres eran magos y aunque él había asistido a un colegio de magia ubicado en Canadá (ya que ahí era donde vivía cuando tenía once años) había sido expulsado a inicios de su tercer año, por lo que según las leyes vigentes fue despojado de su varita y tenía prohibida la realización de cualquier práctica relacionada con la magia. Por su parte Liam, el chico que trabajaba en el almacén, era un esquib, cuya madre era una bruja de sangre limpia y al parecer de muy alta alcurnia, que cuando se convenció de que su único hijo carecía de cualquier talento mágico había pedido a unos familiares lejanos que se hicieran cargo de él.
También le contaron que el Club de los Marginados no siempre se había llamado de esa forma, pues en realidad en un principio no tenía nombre alguno, pero poco a poco sus propios miembros, en son de broma, empezaron a llamarlo así, haciendo alusión a que él acogía a todos aquellos que eran rechazados. Le explicaron que cuando el Ministerio de Magia, luego de la Ultima Guerra, supo del club, dado los aires de libertad y tolerancia que se estaban respirando, permitió su subsistencia, con una única condición, la cual habían cumplido fielmente hasta ese momento, que se mantuviera en la clandestinidad, tanto para los muggles, como para los magos en general, salvo aquellos que por algún motivo llegaban a tener contacto con el club, como era el caso de Ron, quien ahora, como cualquier otro que conocía de su existencia debía jurar no revelarla.
Lo último que Derek y Liam le explicaron estaba relacionado con la máxima consigna que se seguía en el club, en cuanto a no hacer preguntas a las personas que acudían a él, pues como ellos mismos decían todos tenían un pasado, algunos más doloroso que otros, por lo que el club acogía a todos aquellos que recurrían a su puerta, sin importar los motivos. Fue por esta razón que Derek y Liam no insistieron mucho en qué Ron les explicara que hacía viviendo como muggle, pues lo único que les interesaba saber era si lo habían mandado a vigilarlos, cosa que Ron negó y que ellos quisieron creer, pese a que le advirtieron que lo tendrían en la mira.
Cuando los sujetos terminaron toda su larga exposición, Ron estaba más sorprendido que nunca, pues en sus veintitantos años de vida, nunca había oído algo similar. Algunas cosas las encontraba muy razonables, a otras no les hallaba el más mínimo sentido. No obstante, sintió cierto consuelo al saber que él no era el único de su especie que estaba metido en el tonto mundo muggle. Así que cuando Derek y Liam, lo invitaron a irse, Ron solo acertó a preguntar:
-¿Y ese tal Club de los Marginados, tiene algún sitio de reunión a dónde pueda asistir?
Derek se mostró tremendamente complacido por la pregunta, pues imaginó que Ron se había visto seducido por todo lo que le habían contado y que el hecho de que una personalidad quisiera unírseles hablaría muy bien del club. Por lo que contestó:
-Claro que sí, tenemos un sitio de reunión, está abierto las veinticuatro horas del día, todos los días del año. ¿Quieres ir? ¿Te gustaría conocer un poco más sobre nuestros ideales?
-Bueno- dijo Ron, un poco avergonzado- en realidad lo que quisiera es ir a tomarme una cerveza de mantequilla. Es que llevo meses sin probar una.
Ron se quedó sorprendido cuando llegaron al sitio que albergaba al Club de los Marginados. El lugar era una construcción bastante vieja y descuidada. Se encontraba en las afueras de Londres, en un sitio que al parecer había albergado un conglomerado de fábricas, pero que en la actualidad estaba totalmente abandonado. Como era de esperar no tenía ningún tipo de letrero o identificación. Luego de que Derek tocara tres veces un viejo timbre, se abrió una pequeña compuerta en la parte superior de la entrada principal, la cual se movió tan pronto como comprobaron la identidad de quien llamaba a la puerta. Fue así como Ron corroboró que Derek ocupaba un alto puesto en el famoso club.
Por dentro el lugar era mucho más amplio de lo que aparentaba por fuera, luego de cruzar un estrecho y oscuro pasillo, Ron y sus acompañantes llegaron a un gran salón que se encontraba a media luz. Había una larga barra al final del recinto, y muchas mesas. El lugar tenía la apariencia de una típica taberna. Sonaba música que Ron no supo identificar. Derek lo invitó a sentarse en una mesa que estaba un poco apartada. Casi de inmediato una linda chica se acercó y con libreta en mano, se dirigió al acompañante de Ron:
-¿Que hay Derek? ¿Lo mismo de siempre?
-Sí Carling. Lo mismo de siempre
-¿Y tu compañero?- preguntó la mesera.
-Una cerveza de mantequilla- contestaron los dos al mismo tiempo.
La chica se alejó, no sin antes guiñarle un ojo a Derek y dejarles un menú sobre la mesa. Ron ojeó el listado de comida y fue cuando se dio cuenta que tenía bastante hambre, pues no comía desde el medio día. El menú estaba separado por secciones. Una sección dedicada a la comida de los magos, otra a la comida muggle. Se ofrecía carne cruda para los hombres lobos. Hasta bolsas de sangre para los vampiros, cierta tranquilidad sintió cuando le dijeron que no era humana. Al poco rato la mesera volvió con su pedido.
Ron tomaba su cerveza de mantequilla, mientras observaba a todas partes. Había personas de muy distintas clases. Derek dirigía su mirada hacía las mesas y le indicaba quienes eran esquibs, quienes cuasimagos como él, quienes cruces entre diferentes criaturas y quienes ya ni se acordaba qué o quiénes eran. Ron no se sorprendió cuando Derek le dijo que la linda mesera que los atendía tenía ascendencia veela, lejana, pero veela al fin y cabo.
Entre la multitud Ron logró ver una figura femenina que le resultó sumamente conocida, en un principio pensó que estaba equivocado, pues era imposible que ella estuviera ahí. Caminó hasta la mesa de la esquina donde la chica estaba sentada sola. Cuando estaba a tan solo un par de pasos eliminó toda sospecha, pues confirmó quién era. Extendió su mano para tocar su hombro y así llamar su atención. La chica lo volvió a ver y con sus ojos llenos de asombro, solo atinó a decir:
-Ronald. ¿Eres tú? ¿Qué haces aquí?
-Lo mismo pregunto yo, Luna.
La chica se levantó de su asiento para abrazar a su antiguo amigo del colegio. Seguía siendo tan pequeña y menuda como en aquella época. Ron casi tuvo que doblarse para poder abrazarla. Llevaban años sin verse. Ron trató de hacer un rápido recuento de cuándo fue la última vez que la vio, pero no tuvo certeza de ello. Una vez escuchó a Harry preguntándole a Ginny por ella y como única respuesta había visto que su hermana levantaba los hombros y se limitaba a contestar "Tú sabes es Luna, con ella nunca se sabe". Y efectivamente, Ron no tenía ni idea de que había sido de ella en todos estos años.
Luna invitó a Ron a sentarse en su mesa. La chica realmente se mostraba alegre por el encuentro y Ron igual. Encontrar una cara conocida en medio de todo lo que estaba viviendo resultaba reconfortante, sobre todo si era como Luna, quien mantenía el mismo aire soñador que siempre la caracterizó en el colegio.
-Ronald. ¿Qué haces aquí?- volvió a interrogar Luna.
-Es una muy larga historia.
-Tengo mucho tiempo y con gusto la escucharé.
Ron relató brevemente su encuentro con Liam y Dereck y como estos le explicaron acerca de la existencia del Club. No le dijo los motivos por los cuáles estaba en el mundo muggle, solo le dijo que por circunstancias especiales estaba trabajando en el mismo lugar en que lo hacía Liam.
-¿Así que tú eres el famoso mago del que hace días habla Liam?
-¿Qué?- preguntó Ron.
-Sí claro- contestó Luna. -Hace días que oí que Liam le había dicho a Derek que un mago muy famoso estaba trabajando en el mismo almacén que él, y quedaron en que debían investigarlo. Pero jamás imaginé que fueras tú.
-Pues eso parece.
-Lo que todavía no entiendo es qué haces trabajando como muggle. ¿Acaso eres una especie de renegado o algo así?
-¿De qué? ¿Renegado? ¿A qué te refieres?
-Ya sabes un renegado- replicó Luna. -Así llaman a los magos que deciden abandonar la magia y vivir como muggles. Nunca me imaginé llegar a conocer uno.
-No, no, no... Definitivamente no soy ningún renegado. ¿Cómo un mago va abandonar la magia? Eso jamás.
-Sí yo tampoco lo tengo muy claro, como te dije nunca he visto a uno, son muy raros, pero aquí aseguran que existen.
-Luna, yo no creo que existan- repuso Ron. -No creo que ningún mago sea tan estúpido como para dejar la magia. Ni siquiera creo que eso sea posible. Sin embargo, ya no estoy seguro de nada. Lo que sí te puedo asegurar es que yo no soy uno de ellos.
Ron no se sorprendió cuando Luna le dijo que ella sabía del Club desde hacía muchos años, pues la chica tenía la cualidad de conocer cosas que otros magos ignoraban. Pero sí le sorprendió cuando le explicó la forma en qué había dado con él. Después de la guerra Luna se dedicó a localizar a su padre, quien como muchos otros magos y brujas había sido llevado por Voldemort y sus mortífagos a Askaban. Cuando el Ministerio de Magia abrió las puertas de la cárcel su padre no se encontraba en ella. No habían registros de su detención y nadie supo dar con su paradero. El pobre Xenophiliuos era un desaparecido, una víctima más de la guerra. Luna recurrió a todo tipo de recursos para encontrarlo, entre ellos acudió al Club de los Marginados. Una vez su padre le había hablado de un tipo de organización que estaba ayudando a muchos a esconderse de los mortífagos, por lo que era lógico que al terminar la guerra los ayudarían a regresar a sus hogares y se le ocurrió que ellos podrían localizar a su padre, pero hasta el momento no había tenido suerte, su padre seguía desaparecido.
Ante esta explicación Ron no pudo dejar de lamentar la situación de la pobre Luna, quien no tenía más familia que el viejo Xenophiliuos, pues no tenía hermanos y recordaba muy bien que su mamá había muerto cuando era tan solo una niña.
-Luna realmente, lamento mucho lo que me cuentas, durante todos estos años no tenía idea de lo que había ocurrido con tu padre. Yo también sé lo que se siente perder a alguien a quien quieres mucho.
-Lo sé Ronald- dijo Luna, sin perder su mirada soñadora. -A muchos la guerra nos dejó profundas heridas. Y sé que tú me entiendes. Tú también perdiste a tu hermano.
-Sí Fred- contestó Ron con tristeza. Sin embargo él no solo se estaba refiriendo a su hermano, sino también a su mejor amiga, de quien no tenía noticias desde que había finalizado la guerra.
-Pero bueno Ron- repuso Luna. -Mejor hablemos de cosas más alegres. ¿Cómo está tu hermana Ginny? Hace mucho que no sé de ella.
-Ginny está muy bien, es novia de Harry.
-¡De verdad! No lo sabía. Eso sí qué es una súper noticia. Y Hermione ¿Cómo está ella?
El semblante de Ron cambió visiblemente, ya que nunca le preguntaban por ella. Solo contestó:
-Tengo mucho tiempo de no ver a Hermione. No sé nada sobre ella. Se fue de Inglaterra, apenas acabó la guerra.
-¿De verdad? No lo sabía. Es una lástima que se haya ido. Siempre pensé que ustedes dos terminarían juntos. Ya sabes como pareja.- Luna siempre se había caracterizado por ser sincera y hablar sin ningún tipo de tapujos.
Ron no supo qué replicar. Se limitó a esbozar una leve sonrisa. El también, en algún momento de su vida, había albergado la misma esperanza.
