La joven Erika no sabía qué hacer en ese momento, jamás se había visto en una situación así, esa noche había decidió salir de su mansión, cansada de no hacer nada más que mejorar su magia una y otra vez y leer todo libro sobre la magia y su historia que tenían en su biblioteca, y no había pocos.

Era una noche de invierno bastante fría, aunque a ella poco le importaba, ya se había acostumbrado al frío desde pequeña puesto que en su familia era un orgullo el nacer bajo el manto helado en vez de en la calidez de su buen hogar. Se dice que cualquier nacido de esa familia que no sobreviviese al tiempo helado no tenía el honor de pertenecer a su estirpe y por tanto moría bajo el crudo invierno.

Ella misma hubiera tenido una hermana gemela de no ser porque había sido la única en sobrevivir, y su familia esto lo celebraron con gran alegría aunque ella no era capaz de entenderlo, a pesar de haber estado toda su vida en aquella gran mansión era capaz de imaginarse un mundo mucho mejor que aquel en el que había nacido, así que no entendía la mayor parte de las cosas con las que la criaron, por eso de vez en cuando decidía abandonar todo eso y pasear por la noche en las heladas montañas en las que vivía.

Pero nunca en una de sus escapadas se había encontrado con lo que haría centraba todos y cada uno de sus pensamientos.

Siempre llegaba en último lugar a una colina que casi llegaba perfectamente a las estrellas, pero ahora ese lugar estaba ocupado por alguien más.

Frente a ella había una pequeña niña de unos dos años que observaba atenta todos y cada uno de los puntos de luz en el cielo, como si no los hubiera visto hasta ahora y fueran la cosa más maravillosa que había conocido.

Tenía aspecto de no haber comido en mucho tiempo y aún así no parecía estar muy afectada, o al menos centraba toda la fuerza que le quedaba en mantenerse despierta.

Sin entenderlo ella misma había levantado la visto hasta las estrellas que la tenían tan estupefacta, no había nada en ellas que le llamase tanto la atención.

Al fin se decidió y poco a poco empezó a andar en su dirección esperando descubrir porqué estaba ahí ella sola, no la había visto hasta ese momento y en una montaña tan alejada en la colina más alta no habría podido llegar una niña ella sola, con dos años tendría que haber muerto bajo tanto frío.

No fue hasta que llegó allí que lo entendió todo, un sentimiento de profunda tristeza y dolor invadió su cuerpo dejándola por primera vez con la horrible densación de una picazón en los ojos que casi hace que la lágrimas cayesen por su rostro.

Efectivamente la niña debería haber muerto, de no ser por el cuerpo medio enterrado en la nieve de una mujer, estaba completamente segura de que hacía unos pocos días que había muerto y debió ser por el excesivo peso que la pequeña había tenido que desprenderse del calor que el cuerpo le había estado cediendo antes de morir. Era consciente de que aún así la niña había tenido que enfrentarse al frío después pues su pelo, sus hombros y gran parte de su cuerpo tenía aspecto de estar congelándose.. Y parecía que estaba resignada ya a morir.

Erika notó que su corazón había empezado a dolerle, como si lo estuvieran presionando con fuerza y no tuvieran intención de soltarlo. Cuando ella volviera a casa estaría bajo el calor de su hogar, bajo los brazos de su madre y por algún extraño motivo el hacer eso le parecía injusto, no podía volver así y dejar a esa pequeña a una muerte segura.

Ladeó la cabeza de un lado a otro muy confusa por lo que debía hacer, estaba claro que su familia no lo vería bien, una extraña, por mucho que haya sobrevivido al invierno, seguía siendo una niña que no merecía ni pisar aquellas lujosas estancias... Pero ella decidía.. Era la heredera de los secretos de su familia, nadie se negaría a ella, no permitiría que nadie lo hiciera.

Con esa decisión, casi sin siquiera pensarlo, se adelantó alzando la mano hasta llevarla a su hombro y llamar su atención.

"Oye, no debes quedarte aquí"

La pequeña oyendo por primera vez una voz en mucho tiempo se giró por completo posando sus ojos infantiles en la chica que estaba hablando con ella. Erika estaba impresionada, a pesar de lo que parecía haber pasado esa niña seguía teniendo los ojos brillantes y emocionados.

Se le hizo un nudo en la garganta y tuvo que tragar varias veces para sobrellevarlo, con un poco más de confianza se agachó ante ella y le sonrió ligeramente.

"Ven conmigo, yo cuidaré de ti ¿vale?"

En ese momento todo se quedó en silencio, esperando que la niña registrase lo que acaba de decir, y no sabe si lo había entendido o se dejaba llevar pero ladeó la cabeza y de sus labios salió una gran sonrisa.

Milla se mantenía de pie junto a la puerta del gran salón de aquella casa enorme en la que se había criado los últimos 15 años bajo la tutela, obligada, de los miembros de la familia Lindstörm. En esos años había descubierto que tenía lo que ellos llamaban... Circuitos mágicos.. Y al parecer según ellos eran abundantes. Recordaba la cara de de alivio que había tenido Erika al descubrir eso, como si algunos de sus problemas se habían solucionado, y recordaba también la alegría que sintió de no ser un problema para ella, nunca hubiera deseado causarle ninguna complicación.

Ahora mismo la chica que la salvó se encontraba ante la mirada de sus padres y sus abuelos, según ella a quien debe mostrar respeto, aunque nunca la había visto muy contenta con eso. Debían estar hablando de un acontecimiento muy importante que era deber de Erika completar para su familia. Lo había llamado... Guerra del Santo Grial, o algo así, le había contado sobre un objeto milagroso que podía conceder cualquier deseo, claro está que no era nada fácil, tenía que sobrevivir a una guerra entre espíritus convocados por gente como Erika, magos expertos que tenían el privilegio de llevar la marca que les hace considerarse... "masters".

Alzó ambas manos observando cada centímetro de su piel... Nada. Le había contado que si el grial no encontraba suficientes magos válidos escogería a cualquiera con el mínimo potencial para convocar un Servant (los espíritus heroicos) para la guerra, tenía la esperanza.. Pero nunca apareció, así que empezó a sentir ansiedad... Y miedo...

La mirada de Erika estaba perdida, no era que no estuviera escuchando todo lo que los miembros de su familia le decían, pero tampoco le importaban mucho, el honor de los Lindstörm, sus muchas generaciones que la hacían una de las más importantes en el mundo magus, en realidad todo eso le daba igual, cuando vio por primera vez la marca en su mano se sintió... Tremendamente feliz, y no porque hubiera cumplido con las exigencias de sus abuelos, sino por una razón mucho más importante.

En ese momento había despertado a Milla, la primera persona a la que se lo dijo, y jamás había dicho algo con tanta emoción como en aquel momento. Recordó la mirada soñolienta de su amiga que pronto se había pasado a una de... Emoción fingida. En escalofrío no muy agradable recorrió su espalda en aquel momento y la gran emoción que sentía se esfumó.

Poco después la sensación de orgullo de su familia poco la había ayudado y su humor no mejoró, simplemente se sentó a escuchar la palabrería que le llevaban repitiendo desde que había nacido. Cosas sin sentido en la que ella no creía ni un sólo momento, no desde que sus padres murieron.

"Confío en que sepas el nivel de peso que llevas sobre tus hombros Erika."

Le decía su abuela, no de forma confortable, nunca la había tratado así, si no de manera severa, como si tuviese que demostrar que era digna de pertenecer a su familia.

Y hasta ese momento al menos lo había hecho con creces habiendo acabado con la mejor nota la Torre del Reloj hacía bien poco, en realidad… ni ella misma se acordaba del rango que tenía puesto que poco le importaba, esos días habían sido muy felices para ella ya que al estar alejada de su familia la ayudaba a sobrellevar bien en pertenecer a ella.

Lo malo había sido el hecho de que todos supieran de dónde venía ella así que no mucha gente se le acercaba, y la que lo hacía era por puro interés, y no sólo por su conocimiento y técnica, era considerada la alumna más bella así que era natural que todos la quisiesen con ellos, aunque la verdad había perdido la cuenta de a cuantos había rechazado, por todo ello la habían apodado la Dama de Invierno.

Recordaba que a pesar de todo aquello si había podido estar con una buena amiga, yu la presencia de Milla, a la que llevó como asistente también ayudaba bastante. Hubiera querido que su mejor amiga también fuera a la Torre, tenía mucha más capacidad mágica de la que se pudiera esperar, pero como no su familia lo había impedido por todos los medios, una huérfana no merecía estar en el mismo lugar que tan noble gente.

Tan absorta estaba en sus pensamientos que no se dio cuenta de lo que pasaba hasta que la profunda voz de su abuela la llamó llena de ira.

"¡no te atrevas a ignorarme niña!"

Erika sintió a su alrededor como el ambiente se volvía más frío, esta mujer tenía tendencia a dejar escapar su magia de hielo de forma que sin querer acababa con todo el ambiente cálido de la mansión.

"Mis disculpas"

"No te disculpes y hazme caso. Aún no has demostrado nada por lo que tengas el derecho de comportarte tan insolente"

¿Insolente? qué sabrán ellos lo que es la insolencia cuando ella misma había acatado todas y cada una de las órdenes que le encomendaban sin rechistar… jamás le perdonarán el incumplido una sola de ellas.

"Esta familia merece más consideración y respeto que el que esta Asociación le concede y demostraremos a esa gentuza mestiza de lo que somos capaces."

"Claro…"

Ni siqueira estaba decidida a ellos, y ese tono de voz tuvo que ser pasado por alto si no quería castigar de nuevo a su joven nieta, no era bueno que llegase a una Guerra estando ya débil.

"Hemos conseguido para ti un catalizador que es perfecto para la heredera del los Lindstörm"

Un hombre vestido de traje se acercó a la mesa que los separaba en ese gran salón y puso la reliquia justo enfrente de Erika para que la pudiera observarlo con detenimiento

"¿Qué es?"

"Esta es la reliquia del Lancer más puro de todos los espíritus heroicos"

Era un trozo de tela grisacea de aspecto muy antiguo, mucho más de todo lo que había visto hasta ahora y lo cogió con mucho cuidado como si se fuera a desmoronar en sus manos.

"¿El más puro?"

Dijo para sí misma con sorna, ellos sólo tenían su propia idea de lo que era ser puro, opinión que no compartía para nada.

"El servant que será convoncado por esta reliquias será la mayor prueba de nuestro gran linaje-"

"Con una condición"

Interrumpió a su abuela ante su impacto de notar la osadía que tenía su nieta ante ella.

"¿¡Te atreves a exigirnos condiciones!?"

Erika alzó la mirada observándoles con total decisión, nunca se iba a dejar envaucar por esas estúpidas palabras de su familia.

"Soy vuestra única esperanza ¿no? creo que sería conveniente que me escuchaseis por que si no..."

Empezó a decir mientras alzaba la mano derecha mostrándoles los hechizos de comando.

"Usaré todos y cada uno de los hechizos hasta liberarme del pacto, perderé por mi misma esta guerra."

Milla escuchó al fin la puerta abrirse, dejando paso a toda la familia Lindstörm de aquel lugar, esperando pacientemente a que saliera su amiga de esa reunión a la que estaba prohibido asistir para ella.

Vio como los abuelos le lanzaban una mirada de odio, como siempre cada vez que la veían, cosa que le amedrentó un poco hasta que vió salir a Erika con aire serio.

"¡Erika!"

La mencionada se giró hacia ella al oír su nombre y una ligera sonrisa se asomó en su rostro por segunda vez en todo el día.

"¿Has estado esperando todo este tiempo?"

Llegó a su lado y le dio un pequeño abrazo

"Claro, siempre espero por ti, ya lo sabes"

Milla mostró una gran sonrisa, adoraba estar al lado de su salvadora, aunque realmente no sólo sentía adoración, cada vez que estaba cerca de ella, cada vez que la veía o la abrazaba su corazón la atosigaba con demasiada emoción.

"Me alegro muchísimo"

Le respondió haciendo más grande su sonrisa y siguió adelante por el pasillo hasta el piso de arriba.

"Sígueme, tengo que hablar contigo un momento."

"¿¡que vaya contigo!?"

Milla se encontaba sentada en la cama observando atónita a su amiga.

"Si, esa fue mi condición, lucharía por su deseo si tú venías conmigo, tú ,nadie más"

Le dijo sonriendo mientras preparaba sus cosas para el viaje, al menos aceptaría que sus abuelos le consiguieran el avión privado, así nadie sabría su llegada o plan de vuelo.

"Pero eso es demasiado.. yo no puedo ayudarte..."

La chica bajó la mirada nada convencida de aquello, sabía luchar decentemente, vale, pero no podría protegerla.

"Tu sóla presencia ya me ayudaría Milla"

Escuchó muy cerca de ella y levantó la vista para encontrarse el rostro de Erika a unos centímetros del suyo, cosa que la dejó bastante sonrojada.

"Anda, prepara tus cosas, luego ven conmigo que te voy a enseñar e invocar un Servant"

Le dio un pequeño besito en la frente y la dejó sola en su habitación mientras su corazón intentaba evitar todo pensamiento lógico en su cabeza.

Había elegido que sólo ella fuera con Erika, sabía que le tenía mucho cariño, y también sabía el poco respeto que tenía por su propia familia, estaba impresionada de aque alguien así tuviera tan buen corazón, era preciosa y amable, además de fuerte e inteligente, era extremadamente perfecta... y su corazón lo sabía tan bien como respirar para vivir.

Para ella estar a su lado era lo más importante, hacerle sonreír, sólo a ella, era lo más maravilloso que podría sentir.

Pensando subió sus piernas a la cama y las abrazó contra sí misma con una dulce sonrisa en su rostro sonrojado. Era todo eso más el hecho de que Erika había hecho que Milla pasase a dormir con ella puesto que sabía perfectamente las condiciones en las que dejarían a su pequeña amiga y no iba a permitir eso, así que podía oler su aroma en toda la habitación, cosa que conseguía que no pudiera olvidarse de ella, aunque eso no era ningún problema ya que cada día estaba en su mente.

"Te amo.."

Como bien le había dicho al acabar de preparar sus cosas para el inminente viaje, Milla buscó a Erika para encontrársela en el jardín de la mansión, justo en el lugar que casi sólo ellas dos conocían. Caminando por el jardín de rosas llegó hasta un claro que dejaba ver a la perfección el cielo estrellado de la noche, el mismo que aquel día cuando la había conocido a ella, el maravilloso recuerdo que sustituyó el dolor que había sentido al perder a la única persona que amaba con tan sólo dos años, lo único que recordaba eran imagenes difusas, pero el rostro de la joven Erika era realmente brillante.

"Milla, has llegado justo a tiempo"

Escuhó la voz de su amiga justo en el centro del círculo mágico que estaba terminando, recordaba que había prohibido terminantemente, a voces casi, que nadie se le acercase en el invocación, realmente odiaba la presencia de toda aquella persona relacionada con su familia.

Cuando se levantó pudo ver a la joven en todo su esplendor. Llevaba un vestido gótico precioso acompañado de unas botas negras, el cuello del vestido cubría su cuello haciendo lucir el rubio cabello, casi platino, que cobría su cabeza completamente liso, Sus ojos era de un color verdoso bastante notable, como si pudieras verlos en plena noche sin luna, y su piel hacía notar como que había nacido bajo la nieve de pleno invierno, tan pura...

En su caso Milla llevaba unos pantalones vaqueros y unos tenis además de una sudadera bastante grante. Su pelo era de un negro azabache andoluado y bastante largo y sus ojos mostraban un azul celeste bastante bonito.

"¿Dónde me pongo?"

Sonrió ligeramente y esperó a que su amiga señalase un buen sitio y allí se colocó obedientemente.

"Se que hace frío, te prometo que terminaré pronto."

Dijo con amabilidad, sabía que Milla no aguantaba precisamente bien el frío, no porque la enfermase fácilmente, si no por el dolor que en si le causaba, así que cada vez que tenía salir o la cubría con una bufando suya o hacía lo posible para regresar pronto frente la chimenea de la mansión.

"No te preocupes, has lo que tengas que hacer"

Sonrió animándola y dejó que Erika empezase con la invocación.

La joven rubia alzó la mano suspirando para tranquilizarse y dejó que su magia recorriera los circuítos por completo para llevar todo su poder a esta invocación. El círculo comenzó a brillar intensamente levantando aire a su alrededor, debido seguramente al poder que emanaba de él.

"Escucha mis palabras, mi voluntad creará tu cuerpo, y tu espada creará mi destino. ¡Si escuchaste la llamada del Santo Grial y obedeces mi voluntad y razón, entonces responde!"

Al momento de terminar esas palabras una especie de explosión de poder salió del centro del círculo llenando a la dos, e incluso golpeando a los rosales a su alrededor que perdían por momentos los pétalos de sus bellas rosas.

Milla estaba completamente emocionada con todo aquello, y no por el hecho de ver a Erika hacer algo así, que siempre la impresionaba, sino el hecho de que se sentía atraída por ese poder, ni siquiera se había dado cuenta de que no le afectaba para nada, cuando su amiga tenía incluso problemas para mantenerse, Milla era como si fuera una brisa sobre ella. Se sentía extasiada, sus circuitos mágicos reaccionaban intensamente y recibían ese poder haciéndole sentir cosquilleos por todo el cuerpo hasta que en un momento sintió un intenso dolor en el pecho que le hizo encogerse de tal manera que se cayó a la nieve de golpe perdiendo el conocimiento.

En su mente comenzaron a pasar unas imagenes que no identificaba para nada, sabía que no eran sus recuerdos, eso estaba claro. Podía ver como una mujer vestida como si fuera un ángel bajaba hacia ella, rozándole el rostro con una caricia suave hasta que llegó a su oído y le susurró unas palabras...

"Mil... Milla... ¡Milla!"

La voz precoupada de Erika la despertó de golpe de ese extraño sueño y abrió los ojos de golpe observando el rostro sudado y extremadamente aliviado al ver ahora como si amiga estaba bien así que le dio un fuerte abrazo.

"Menos mal... Cuando acabé de invocar a Lancer te encontré desmayada... ¿Qué ha pasado?"

"No lo se..."

Dijo sinceramente viendo como su amiga se separaba de ella.

"Debió ser la fuerza de la invocación..."

"Puede... pero estás bien, eso es lo que importa"

Erika sonrió acariándole el rostro antes de que Milla desviase la mirada para encontrarse con quien debía ser el Servant recientemente invocado.

Pudo ver a un jove, de unos 19 años, con una especie de tela roja cubriendo desde la cintura hasta debajo de las rodillas, y nada mñas que eso, además de la lanza que llevaba en la mano, de un color rojo y unos decorados dorados terminando en dos puntas. Su pelo era de marrón oscuro y sus ojos casi del mismo color pero más claro.

"Oh, este es mi Servant"

Erika identificó la mirada de su amiga y le sonrió tendiéndole una mano para levantarse ambas.

"Servant de clase Lancer, mi nombre es Longinos, es un placer"

Se inclinó un poco hacia ella y dijo cortesmente con rostro serio.

"...Igualmente"

Respondió Milla impresionada con todo aquello dándose cuenta de que su salvadora se alejaba de ambos y se quedaba en medio del claro mirando el cielo estrellado bastante seria.

"Es hora de que comience la batalla"