El Templo de una Diosa

Segunda Parte (Precuela)

Pequeños Secretos

Una nube había ocultado el sol, pero este parecía arreglárselas para calentar la ciudad en la forma justa. Lo cual le alegraba. Mind Driller sonaba con fuerza por uno de los audífonos que tenía puesto. El otro colgaba sobre su pecho para así estar atento a su alrededor. Hillwood era un lugar perdido de la mano de la humanidad, pero increíblemente ruidoso para no ser una ciudad principal. En Alemania, cualquier construcción fuera del centro de las ciudades importantes era calmada. Pero él podía escuchar un camión frenar a raya y el chillido de una florista vendiendo sus promociones. Y eso fuera de la preparatoria. Porque dentro y siendo un receso, podía escuchar el fervor del fútbol americano, las risas animadas de algunas féminas y los gritos de posibles peleas. Tal vez todo fuese más calmo en las horas de clases ¿Y si tomaba un descanso y no asistía a Literatura? Aun podía jugar las cartas de estudiante nuevo y decir que se había perdido terriblemente. Unos minutos antes de que finalizara la clase tocaría la puerta de la directora y le explicaría su penosa situación de muchacho extraviado. Si, haría fuerte su acento, usaría todos los modales ingleses que conocía, como le habían enseñado en la Academia Naval a la que asistió en Berlín. Muy seguramente la mujer caería con eso y lo excusaría con su profesora.

Si, definitivamente tomaría una siesta después del receso y le pediría a Helio que le explicara sobre el escritor estadounidense que hubiesen visto en esa hora.

- ¿Son reales?

La voz femenina, dulce como un caramelo, empalagosa como miel, provenía de la misma persona que se había acercado a él, haciendo ruido con sus tacones altos quitándole el factor sorpresa. Aun así, Hänsel abrió primero un ojo, como si no esperara encontrarse a nadie y sonrió ante la vista de la rubia alta que le sonreía. Maria Anna, deportista, fuerte, con nariz respingada y algo brabucona. Tal vez no fuese bonita, pero era increíblemente atractiva. Desde el primer momento fue obvio que había algo de química entre ambos. Pero si Hänsel era sincero consigo mismo, solo había estado con hombres y se le escapaba de las manos el cómo tratar a una mujer y era obvio que Maria Anna esperaba de él mucha experiencia y guía si es que terminaba involucrándose en esas aguas. Así que se había mantenido distante por el momento, por mucho que supiera que algo podía ocurrir ahí.

- ¿Nannerl? –preguntó, apoyándose sobre su codo para no tener que levantarse pero por lo menos mirarla a los ojos esmeralda.

- ¿Disculpa?

- Así le decían a Maria Anna Mozart, la hermana mayor de Wolfgang Amadeus Mozart. Nannerl te queda. –ladeó el rostro- Mozart, el músico que…

- Se quién es Mozart. –la chica rodó los ojos y señaló las placas de metal que descansaban sobre la camiseta añil del rubio- ¿Son reales?

- ¿Las placas de identificación? –jugó con ellas entre sus dedos, reconociendo al tacto el grabado y qué decía ahí: El nombre de su Academia, el suyo, su número de identificación y tipo de sangre- Si, lo son.

- Todos dicen que estuviste en el ejército alemán. –ella apartó el rostro, fingiendo desinterés.

Y Hänsel se entretuvo con la forma en que el peinado alisado y en puntas mostraba parcialmente el cuello de la chica.

- Ah ¿Si? –se sentó, estirándose para quitarse la pereza, mientras se retiraba el audífono para escuchar a la chica- ¿Dicen que iba a la guerra y mataba gente?

- Algo así. –Maria Anna no apartó sus ojos de las placas- Hay personas que dicen que eres un francotirador y viniste a matar al presidente. Otros dicen que tienes como veintitrés años y fuiste expulsado del ejército así que huiste aquí y ahora eres un mercenario. Los cursos superiores dicen que tienes tu propio ejército élite y vinieron a volar la Casa Blanca, así que esto, que estudies aquí, es solo una tapadera.

Hänsel quiso reír. En verdad, pero solo sonrió, entretenido. Su primo le había dicho que los estadounidenses podían ser paranoicos. Algunos. Pero él diría que eran muy imaginativos.

- Solo vengo de una Academia Naval. –tapó su segundo nombre estratégicamente con su pulgar y se lo mostró a la chica- Lamento que sea tan poco glamuroso, Nannerl.

Ella miró fijamente la placa, con el cejo fruncido. Su nariz respingada se arrugó ligeramente mientras observaba detenidamente y asintió.

- Entonces le debo a Willow un pastel entero de chocolate. Ella dijo que debía ser algo como eso. –refunfuñó.

- ¿Willow…?

Maria Anna señaló con la mirada hacia atrás, cerca de las mesas. Aunque Hänsel sabía quién era Willow, fingió que había hecho la pregunta porque no sabía quién era en lugar de mostrar la sorpresa que había sentido.

No tenía idea de que Willow supiera quien era. No demasiado, en todo caso. Como era norma general, desde que se había instalado en Hillwood se había ganado cierto grado de popularidad debido a la atracción que ejercía en varias chicas. Al parecer, ser el taciturno, aislado y sin pelos en la lengua era el chico de moda para ellas. El sujeto malo de sus novelas adolescentes. Hänsel ya estaba acostumbrado y también a que eso le diese cierto acceso a otros grupos populares, aun entre los mayores. Así que, como era de esperar, si veía a Willow en los pasillos sabía quién era: La dulce dama sureña, bajita, curvilínea, con un historial de corazones rotos, novios estables y seguros que seguían siendo sus amigos después de la ruptura. Claro que la única razón por la que reparaba en Willow y la saludaba todas las mañanas en las que se cruzaba su camino era porque era su tipo, pelirroja, salvajemente pelirroja, con una larga melena hasta las caderas, llena de pecas por el deporte que hacía al aire libre y letales ojos de plata. Ahora, bien, la razón por la que ella le devolvía el saludo era porque era una chica educada, amiga de todos.

O eso había creído.

Pero resultaba que sabía de su existencia. No solo eso, había entrado en una apuesta y todo. Hänsel la miró, sentada a varios metros de distancia, estaba prestando atención a una de las chicas de la mesa y la observaba con total atención antes de taparse la boca con cierta fuerza ¿Tal vez para ocultar una estrepitosa carcajada nada digna de una dama?

Tal vez.

- Interesante… -retomó su atención a Maria Anna y se volvió a recostar en el césped- ¿Algo más que quieras saber? ¿Mi rutina de entrenamiento? ¿Si tengo algún tatuaje secreto? ¿Si vendo armas al Medio Oriente? –picó.

- Oh, eres insufrible. –gruñó la chica, regresando por su camino.

- ¡Pero te encanto, Nannerl! –bromeó, volviendo a ponerse su audífono con cierta indiferencia.

Porque muy ligeramente estaba espiando si Willow lo había escuchado. Lo cual así había sido. Solo por un segundo había mirado en su dirección, luego hacia la rubia y de vuelta a él antes de fingir que nada ocurría.

Interesante.

Un par de días después, un poco más consciente de la belleza pelirroja, no le extrañó percatarse que ya se sabía ligeramente su rutina. Siempre volvía a casa con sus amigas, se despedía, posiblemente, de media preparatoria mientras mantenía una conversación con alguien. Helio le había dicho que Arlene era igual, se sabía el nombre de todo el mundo y la mayoría gustaba de despedirse de ella al final del día de la misma manera que querían saludarla. Hänsel no iba a quejarse, él era parte de ese grupo de imbéciles hormonales que movían el rostro en señal de saludo hacia Willow todas las mañanas y hacía el mismo gesto en la tarde si es que se la encontraba.

Pero por mucho que estuviese distraído con los anchos muslos pecosos, las caderas de infarto y los pechos que podía jurar entrarían perfectamente en sus manos, lo que en realidad quería era conocerla. Tal vez la culpa fuese de su primo, que le había dicho que sin contar a la gitana Skylar, Hänsel no tenía una sola amiga o amigo. Bien, no era sociable, prefería ser un lobo solitario ¿Qué tan malo podía ser? Pero ahí estaba su orgullo, diciendo que le probaría a Helio que podía tener una amistad. Y dado que tendía a acostarse con los hombres que le parecían atractivos, había escogido que podría tener una amiga. Tal vez Willow. Aunque no estaba seguro de que fuese a funcionar. Ella era muy… normal.

Increíblemente atractiva. Pero normal.

Así que cuando vio que se despedía de sus amigas y tomaba otra ruta a la que solía llevar, completamente sola,se descubrió siguiéndola. Bien, oficialmente Helio le había contagiado lo acosador ¿Qué demonios estaba haciendo? Antes de poder arrepentirse, ya estaba manteniendo un paso lento y acechante mientras la pelirroja hacía su camino por las calles. Sus ojos siguieron el bamboleante caminar, como olas que iban y venían. Si, definitivamente Willow tenía perfectas caderas. Hänsel respiró hondo y contó hasta diez para evitar que ciertas partes al sur de su cuerpo comenzaran a ponerle incómodo y continuó con su persecución, obligándose a mirar la nunca de la chica.

Y Willow mantuvo su paso pero sus ojos casi se salieron cuando pasó junto a un quiosco en la calle. El rubio buscó con la mirada y notó que había una larga serie de cómics colgando del mismo, de diferentes editoriales y unos que ni siquiera él conocía.

No podía ser.

No.

¿Willow…?

Antes de sonreír y lanzarse sobre la chica con la emoción palpitante, se obligó a controlarse. Tal vez estaba leyendo demás. Debajo de los cómics se podían apreciar revistas múltiples. Una opción era que estuviese viendo eso. No podía emocionarse. Ya había más sentido en que Willow encontrara interesante un artículo sobre las sociedades entre los orangutanes que un cómic de fantasía. Aunque, había descubierto una hora atrás que Willow no era tan buena estudiante como parecía. Muchos profesores caían ante su inocente rostro y solían darle puntos extras para que pasara las materias. Lo cual, creía Hänsel, no pasaría si la pelirroja fuese chico. Muy seguramente, aun con su carisma, le harían repetir la materia porque eso le haría bien, sería bueno para el carácter. Las ventajas de ser chica ¿Eh?

Así que siguió con su cacería, manteniendo varios metros de distancia. Por suerte era fácil seguir a Willow en esa estrecha falda café a mitad de sus muslos y camiseta holgada color crema que dejaba ver uno de sus hombros. La chica destacaba. O tal vez lo hiciera simplemente por su cabello y… por el hecho de que Hänsel tenía una debilidad por las personas con cabello de fuego. Tal vez fuese eso.

Pero lo que confirmó sus sospechas fue cuando Willow entró en un local definitivamente nada común y varios minutos después salía con una bolsa de "World of Warcraft" y sacaba de esta lo que parecía un playmat y luego revisaba un headset de Star Trek. Un segundo después la chica corría por la calle de regreso a casa, obviamente emocionada por estrenar sus nuevos juguetes.

Willow era una geek de closet.

Hänsel sonrió.

Ya había encontrado a su nueva amiga.

Solo por respeto, dejó que pasaran unos días, los suficientes para confirmar que otro día hacía la misma ruta solitaria. Aunque en esa ocasión no la siguió, solo para demostrarse que no era un acosador. Al parecer la pelirroja era una gamer consumada y tal vez leyese cómics como él. Así que por el bien de la amistad, tuvo que investigar un poco sobre lo que la había visto comprar. No era muy fan de los videojuegos. En realidad, solo le gustaban los de terror y a veces aquellos que eran para disparar. Si quería algo de acción, tenía los cómics para entretenerse. Pero si quería hacer una amistad con Willow tendría que hacer algunos sacrificios.

Y ya sabía lo que haría… sería perfecto.

Así que se acercó a ella en un receso y se inclinó en su dirección, invadiendo su espacio personal. Bien, había cosas que no podía evitar hacer. Las amigas de la chica se callaron inmediatamente y Willow parpadeó varias veces, sorprendida antes de sonreírle suavemente.

- ¿Hänsel…?

- ¿Podemos hablar en privado? –consultó, señalando la parcela de césped que solía usar para descansar en los recesos y escuchar música.

La chica bajó la mirada, tal vez entretenida con las placas de identificación que colgaban cerca de su cara dada la posición de ambos. Muy lentamente levantó la mirada, resignada, y asintió. El alemán sonrió y la guio. Si, sabía porque estaba ella actuando como si fuese al patíbulo. Ya la había visto poner esa cara en otras ocasiones. Pero le dejó creer lo que deseara. Así la tomaría por sorpresa.

- Siéntate. –le invitó, ocupando él su lugar acostumbrado y esperando que la chica estirara su falda, se arrodillara en el suelo y luego tomara una pose de sirena para que la prenda no se subiera.

- Mira, me halagas pero…

- Se tu secreto, Willow. –le cortó, antes de que ella comenzara a rechazar una declaración de amor que no iba a llegar nunca.

- ¿Qué…?

Ella palideció, sus ojos plata crecieron con sorpresa.

- El otro día te seguí. –admitió- Y te vi comprando algunos juguetes.

- ¿Tú me seguiste…? –jadeó y llevó su mano hacia su pecho, mirando de un lado a otro- ¿Me viste…?

- No tienes que asustarte. –Hänsel se encogió de hombros- No se lo he contado a nadie. No se lo diré a nadie. –la calmó- Eso es algo tuyo. Yo tampoco voy por ahí pregonando mis gustos. –le sonrió- Aunque no sabía que compartíamos el mismo tipo de interés.

El pálido rostro femenino pareció recobrar vida y luego se fue sonrojando, con emoción.

- ¿Te gusta…? –miró a un lado y a otro otra vez, para luego acercarse más- ¿En serio? –Willow se mordió el labio inferior pero se tensó- Espera… ¿Cuánto tiempo te va gustando?

Oh, él entendía. Y le alegraba que ella hiciera la pregunta, porque sino tendría que hacerla él. Desde que existían las películas de superhéroes, había personas que se creían fans pero nunca habían tocado un cómic.

- Años. –la calmó- No es por moda. En serio, estoy en esto demasiado tiempo. –admitió, sonriendo de lado- No diré que soy un experto, pero se lo que me gusta.

Willow asintió, volviendo a morder su hinchado labio inferior. Él supo que sería difícil ser solo amigo de alguien con una boca tan apetecible. Por norma general no le afectaban las mujeres tan profundamente y solía domarlas con facilidad. Pero había algo en Willow que lo tenía fácilmente distraído.

- Nunca había conocido a alguien que le gustaran las mismas cosas que a mí. –se removió ligeramente.

- Me imagino. –conmovido, sorpresivamente, estiró su mano y la apoyo sobre los dedos femeninos- Por eso quise decírtelo. En realidad, tal vez podríamos jugar juntos. –ofreció.

Por alguna razón, Willow se apartó inmediatamente de su tacto, completamente roja.

Una sonrisa ladeada se formó en sus labios al notar que ella estaba francamente apenada y sorprendida. Realmente le quedaba ese sonrojo que llegaba hasta sus orejas, parecía que estaba a punto de lanzar vapor por su cabeza.

- No. No entiendes. –ella negó con fuerza- Yo soy muy activa en esto. Si me hablaste pensando que podrías, no sé, decirme qué hacer. –lo miró- No va a funcionar. Obviamente te gusta dar órdenes. Y yo ya me admití a mí misma que me gusta ser quien manda cuando se trata de esto.

Hänsel lanzó una carcajada sin poder evitarlo. En verdad esta chica se tomaba en serio sus cosas. Ya la veía, seguramente líder de su propio clan en cada videojuegos, comandando a todos, dándoles órdenes de qué hacer y cuándo hacerlo. Ella poniendo reglas, como una estricta instructora y castigando a los que no hacían caso. En realidad, la imagen tenía su encanto.

- Te equivocas, Silber. –el alemán se sintió satisfecho, definitivamente le gustaba como sonaba, con la "l" un poco más acariciando su paladar, dejando que sonara como "Silva", casi como un nombre- En realidad soy excelente para seguir órdenes. Así fui educado, para acatar sin preguntar. En especial si mi superior es alguien en quien confío. –y tocó las placas de identificación- Claro que puedo ser duro, pero también se estar abajo. –en más de un sentido, por supuesto, pero no le diría eso a ella- En realidad, quiero que tú me enseñes. Yo no conozco mucho de tus gustos por lo que vi. Pero me gustaría participar, contigo. –ofreció.

Willow parpadeó varias veces, su mirada de plata pareció fundirse, cálida, al comprender todo el poder que le estaba dando y una radiante sonrisa se formó en sus labios.

- Nunca lo hubiese imaginado al mirarte. –comentó la chica, lanzándole una larga inspección.

- Bueno, tampoco se hubiese esperado de ti con solo verte ¿No crees?

Ella tan bien vestida. Tan chica de bien. Tan popular y sociable. No era ninguna chica geek estereotipada.

- Tienes razón. –Willow se mordió el labio inferior, francamente entusiasmada- ¿Quieres venir a mi casa hoy? Mi papá viaja mucho, pero llegó hace unos días y se fue con mi mamá a la capital, se quedaran unos días ahí. –se encogió de hombros, mirándolo a través de sus pestañas cobrizas- Así que podríamos probar.

Hänsel tragó en seco mientras asentía. Ella sonrió y se inclinó hasta besar su mejilla y volver con sus amigos. El rubio se quedó mirándola, diciéndose que sería una tortura tener una amiga. Una total tortura. Pero se iba a apoyar en ella. Willow era leal, era de las primeras cosas que había confirmado y había notado que si bien conocía a mucha gente, era muy discreta, no dada a confiar fácilmente. Muchos conocidos y pocos (o nulos) amigos. Pero sorpresivamente tenía su carácter, su voz de mando y sus claros muros que no doblegaría para nadie. Eso era perfecto, era el tipo de persona que iba a querer en su vida. Una brillante plata, fundida, fuerte, protectora, a fuego vivo. Silber.

Las horas se le hicieron eternas en la espera. En realidad no estaba muy entusiasmado por jugar algo cooperativo. Tal vez podría explorar entre las curiosas colecciones que debía tener Willow, hasta retrasar el juego. Ya era obvio que, a diferencia de él, la pelirroja coleccionaba. Así que debía tener figuras, artículos de colección y demás, todo un templo que explorar. Ya quería escucharla, apasionada, explicándole dónde o cómo había conseguido algo. Por primera vez tendría una amiga, no solo del género femenino sino una chica buena. Alguien que podría intentar ser una buena influencia para él, para variar. Helio había insistido en que sería bueno que tuviese alguien así en su vida. Tal vez tuviese razón, aunque no iba a admitirlo.

Cuando por fin llegó la hora de salir, la esperó donde solía verla caminar con sus amigas para dejar la preparatoria. Una parte de él se sintió tranquilo al ver que Willow también lucía entusiasmada con todo eso. Todas las amigas de la pelirroja lo miraron con curioso interés pero ninguna se atrevió a decir nada. Willow lució indiferente ante la curiosidad de sus compañeras, porque lo tomó del brazo, se despidió tranquilamente e iniciaron la caminata. Aunque fue un trayecto notoriamente silencioso, fue algo agradable. Ella no paraba de mirarlo, como si estuviese midiendo que tan sincero había sido, pero siempre terminaba sonriendo, de esa forma amistosa que enmarcaba sus suaves mejillas llenas de pecas.

- Había oído que los europeos eran mucho más abiertos de mente y menos machistas. –comentó sorpresivamente la pelirroja- Pero ¿Todos abordan las cosas tan directamente o solo eres tú?

- Solo soy yo. –aceptó, divertido- La vida es muy corta como para meditarlo todo. Un ataque directo y letal es mejor.

- Como un lobo. –señaló ella.

- Exactamente. Sin juegos. La diversión está en la caza, no en prolongarla ¿No crees? –se inclinó ligeramente para buscar los ojos de la chica- El dominio del más fuerte, está ahí la diversión.

- ¿Y no te molesta que sea yo la que quiera ser la dominante en esto? –Willow se mordió el labio inferior y luego se encogió de hombros- A mi parecer eres la persona más dominante que he visto en mi vida.

- Gracias. –lo tomó como un halago, haciendo que ella se tapara la boca rápidamente para ahogar su risa- ¡Hey! –y la tomó de la muñeca, liberando su boca- No hagas eso.

- Una dama… -miró su muñeca bien atrapada y enmarcó una ceja- Hänsel, me rio estrepitosamente, se ve mal, fatal diría yo.

- Igual mi madre y es una dama con clase. No vas a estarte limitando, eso solo lo hacen los inferiores. No tiene nada que ver con una dama. –la soltó, pero mantuvo su mirada firme.

- ¿Ves? Dominante. –señaló, aunque sonreía, parecía que iba a considerar sus palabras- ¿Seguro que vas a poder seguir mis órdenes?

- Por supuesto. Soy adaptable. –señaló, pasando sus dedos por la parte baja de su nuca, donde el cabello perfectamente cortado de tipo militar se levantaba ligeramente- Solo ponme a prueba.

Aunque le costara admitirlo, no era del tipo líder. No infundía sobre las personas la admiración necesaria y no sabía equilibrar bien las cosas. Al final, podía parecer un dictador, aun con las mejores intenciones. En la Academia Naval había aprendido que era mejor como el segundo al mando, siguiendo la guía de alguien más estable. Aunque Hänsel estaba preparado para hacerle frente su líder si es que era necesario. Bien, le gustaba dar órdenes, pero sabía trabajar en equipo por una causa mejor. Además, si ella tenía una pequeña reina en su interior, que gustaba guiar a sus compañeros de equipo en sus grandes batallas dentro de los mundos de fantasía de videojuegos ¿Quién era él para negarse? Al verla tan complacida, sería capaz de hacer cualquier cosa por dejarle esa sonrisa ahí.

Si no se conociera bien, creería que se estaba enamorando perdidamente como solía pasarle. Solo que esta vez se trataba de una chica.

Pero eso era imposible ¿No?

- Esta es la librería de mi mamá. –señaló Willow a un establecimiento cerrado y lo llevó a un callejón lateral- Nosotros vivimos en el piso de arriba. –se explicó.

Ella casi saltaba de emoción, intentaba lucir tranquila y para un ojo cualquiera así luciría. Pero Hänsel la había estado mirando demasiado como para notar que estaba apoyando todo su peso sobre la punta de sus pies, como si fuese a brincar como una niña. Willow lo guio por las escaleras, caminando frente a él, dejándole una grandiosa vista de sus piernas suaves contoneándose y de la estrecha falda entorno a sus caderas anchas. Él hubiese jurado que iba a ser fácil tener una amiga dado que solo una vez se había sentido así de atraído por una mujer. Pero ahí estaba, obligándose a cerrar la boca para no babear.

La chica llegó a una puerta y la abrió, dejándolo entrar primero.

Hänsel apenas tuvo una vista rápida de la simple y ordenada sala, pudo jurar que había un comedor más allá y una puerta llevaba a la cocina. Si algo más estaba a la vista, él no pudo observarlo porque Willow lo empujó contra la puerta cuando la cerró y lo jaló por su camiseta para que se inclinara hasta poder besarlo. El alemán abrió los ojos con sorpresa cuando notó que cada curva de la chica se apretaba a su cuerpo y la boca femenina estaba invadiéndolo sin tregua alguna. Pero nada importó, ella olía a vainilla y jengibre, era increíblemente suave y lo estaba besando. Sus brazos la tomaron por la cintura, estrechándola más, escuchándola suspirar. Las manos femeninas fueron rápido a su espalda y bajaron hasta su trasero, apretándolo contra ella, cerrando el agarre hasta hacerlo gruñir. Todo iba rápido, su cuerpo acaba de despertar y ahora lo sentía completamente dispuesto y a punto de explotar. Sus manos acariciaron el largo cabello rojo, la empujaron contra él mucho más insistente, buscando un poco de alivio contra su creciente miembro.

Willow se separó en un jadeo y sus ojos parecían plata a fuego vivo, estaba sonrojada, agitada y tenía una gustosa sonrisa en sus labios.

- Bien, me alegra ver que hay bastante química aquí. –murmuró ella, dándole un pequeño beso antes de bajar sus ojos, muy sugestiva- Además de una excelente reacción.

- Inevitable reacción. –gruñó Hänsel, sin deseos de soltarla, lo único que podía pensar era que quería besarla más, dedicarse a esos labios carmesí hasta quedarse saciado.

- Me alegra. –Willow se soltó, tomándolo de la mano y llevándolo hacia su habitación- Ahora hay que ver si el resto funciona igualmente bien ¿No?

- Lo hará. –juró el alemán, si eso era lo que necesitaba para tenerla otra vez contra su cuerpo, haría lo que fuese, juraría sobre algo que ni siquiera sabía bien de qué iba.

- Yo así lo espero.

Hänsel entró en la habitación, como había imaginado, estaba llena de cosas. Por todos lados. Las paredes que tenían repisas sostenían figuras de colección de todos los tamaños, algunas adorables, otras atrevidas y otras realistas. También encontró cada poster imaginable de famosos videojuegos online. Aunque habían cientos de lugares en los que dejar caer su mirada y reparar en algo, sus ojos se fijaron en la cama de dos plazas con un edredón negro, un círculo en diagonal rojo y en letras blancas "Red Dwarf". Nunca hubiese creído que a la chica le iban esos colores. O tal vez era otro artículo de colección ¿No?

- Desvístete. –Willow lo hizo girarse y lo miró fijamente- Te quiero totalmente desnudo junto a mi cama para cuando vuelva.

Ahí había un tono de orden. Él asintió y la vio salir, notando como se estaba desvistiendo en el camino hacia otra puerta. Hánsel supo que iba a morir de algo. Todo iba demasiado rápido. Tal vez de satisfacción. Ese era el tipo de velocidad que él disfrutaba pero rara vez se permitía sentir. Sin dudarlo, se retiró cada prenda, hasta las placas militares y el anillo de grado que fue de su difunto padre cuando este alcanzó su grado de oficial en las Fuerzas Aéreas de Rusia. Tal vez por costumbre, dobló cada prenda y la dejó en orden sobre una silla. Una cínica sonrisa se formó en sus labios cuando se paró a un costado de la cama, separó bien sus piernas y puso sus manos atrás de su espalda. Si no estuviese desnudo y duro como una roca, sería como volver a las mañanas de la Academia cuando hacían revisión de dormitorios.

Willow apareció en la puerta, con una caja entre sus manos. Y a diferencia de las mañanas en la Academia cuando el Sargento Supervisor entraba en los dormitorios, Hänsel sintió que toda la sangre se fue directamente hacia abajo al ver a la pelirroja en el lumbral. La chica se había recogido el cabello en una suelta coleta a su nuca, con algunos mechones ondulados escapando sobre su rostro, llevaba largas botas rojas hasta bajo sus rodillas. Unas ligas negras, de seda, rodeaban sus muslos y unos ligueros se aferraban a estas subiendo hasta un pequeño cinturón de encaje del mismo color. Nada cubría su sexo, excepto un recortado vello rojizo en forma de "V" con el resto perfectamente depilado. Además de eso tenía pequeños guantes de color carmesí, sin dedos hasta sus codos. A pesar del dominio en su mirada, se notaba que era la primera vez que se vestía así para alguien. Y Hänsel no la decepcionó, sintió su erección endurecerse más mientras sus ojos la devoraban por completo. Los preciosos pechos definitivamente eran del tamaño justo para sus manos, había pecas en su escote, no demasiadas pero suficientes para desear lamerlas una por una y sus pezones tan claros y rosáceos estaban endurecidos. Ella apenas sonrió, visiblemente complacida con que él hubiese seguido sus órdenes.

La pelirroja se acercó y abrió la amplia caja. Hänsel espió en el interior y notó paquetes completamente nuevos y transparentes que dejaban ver su contenido. Unas esposas recubiertas de cuero, un antifaz negro, pinzas para pezones, una pequeña fusta de varias lenguas, un lubricante de frambuesa y en una pequeña caja que en su interior podía ver, por la forma, ¿Un pequeño vibrador curvo? Sus ojos buscaron alguna indicación en la caja, pero a diferencia de los otros productos, esta solo decía la marca.

- Es un estimulador para hombres. –le respondió Willow a la duda en sus ojos- Tiene dos motores, en la base para el perineo y el otro en la punta para cuando este dentro de ti. –levantó la mirada- Claro, si lo deseas. En realidad, puedes quitar lo que no quieras. Lo que se quede en la caja lo usaré contigo. –se explicó.

Oh.

BDSM.

Hänsel observó a la chica, que luchaba por mantenerse en el control pero a sabiendas que él fácilmente podría romperla. Skylar, su gitana y leal compañera, había participado en varios encuentros BDSM. En realidad, disfrutaba bastante jugar en rol de Ama, lo cual no era de extrañarse. Ella le había contado a lujo de detalle las prácticas que había realizado y lo bien que lo había pasado. En lo personal, nunca había tenido un interés en participar. Tal vez porque, dado que sus novios solían ser del perfil sumiso de cierta forma u otra, lo dejabana él con el rol de Amo, por así decirlo. Y aunque adoraba tener el control de todo, en el sexo prefería entregarse a las experiencias, saborear, acariciar y disfrutar completamente. Le gustaba saber qué era lo que querían sus amantes y era de carácter complaciente en ese sentido. Pero nunca había incursionado en el BDSM, aunque si tenía conocimientos sobre el sexo duro.

- Yo sé que se ve invasivo, pero he leído que es muy estimulante. –argumentó Willow, pensando que el silencio se debía por culpa al estimulador en la caja- Aun así no debes…

- ¿Me permite hablar, señora? –preguntó Hänsel, se había mantenido en su posición todo ese tiempo pero no podía evitar encontrar increíblemente adorable las dudas de la chica.

- ¿Qué…? –ella parpadeó y asintió- Si.

- He tenido cosas mucho más grandes dentro de mí. –se inclinó hacia ella, sonriéndole de lado- Y me ha gustado, señora. –lanzó una descuidada mirada a la caja y luego a la pelirroja- Todo me parece bien. Gracias por preguntarme, señora.

- Oh…

Willow debió sentir alguna corriente eléctrica, porque su piel se erizó. En un parpadeó, volvió a tener su mentón en alto, dominante y dejó la caja a un lado, abriendo los paquetes uno por uno.

- ¿Una palabra segura? En preferible de una sílaba para saber que debo detenerme. –le explicó, sin mirarlo.

A Hänsel no le molestó, estaba entretenido con la forma en que los ligeros subían por las piernas blanquecinas, por su trasero y hasta el cinturón de encaje.

- Rot. Rojo. –tradujo- Gelb, amarillo, para que vaya más despacio señora. –recordó lo que Skylar le había enseñado.

. Ama. –corrigió, sin mirarlo, aunque se la escuchaba encantada- Me gusta ama.

- Si, ama.

Si era la primera vez de Willow, quería permitirle hacer su papel lo mejor posible. Al ver todo en paquetes, era obvio que no había usado nada. Algo de todo eso le hizo estremecer. Por alguna razón ella estaba confiando en enseñarle todo eso, en iniciar en ese viaje que obviamente le interesaba. Así que iba a ir al mismo Infierno con ella.

- De rodillas. –la escuchó, fuerte, mientras se giraba, escondiendo algo a sus espaldas.

Hänsel así lo hizo, de inmediato se dejó caer sobre la suave alfombra y la vio llegar tan cerca que podía besar su vientre si así lo deseaba. La chica se sentó sobre el filo de su cama y le hizo una señal para que se acercara. El alemán tenía una idea de qué debía hacer, así que gateo el par de pasos que los separaban. Además, de esa manera podía ver como ella abría sus piernas y mostraba su húmedo sexo justo frente a su rostro. Ya se pudo imaginar qué deseaba hacer y él encantado se relamió los labios. Por suerte ella estaba al control, porque sería la primera vez que hiciera eso. En realidad, era su primera vez con una chica. En general. Así que era liberador y excitante despojarse del poder, a sabiendas que ella tomaría todo el control.

¿Cómo sería su sabor? ¿Podría hacerla gritar de placer? Ya quería lamerla, confirmar si era tan suave como parecía.

Cuando su rostro estuvo entre los muslos femeninos, respiró hondo, descubriendo el aroma dulzón, perfecto. Willow gimió con anticipación al sentir su aliento tocarla justo ahí. Él levantó el rostro, a la espera de su orden, curioso por su sabor.

- Bésame. –y señaló su boca, sonriendo divertida al ver que estaba truncando sus deseos.

Hänsel asintió, se apoyó en las rodillas femeninas para estirarse y llegar a su boca. También había querido eso, sin duda. Así que lo hizo con gusto. La besó profundamente, con el sabor a frambuesa del brillo labial que Willow se había puesto y recorrió con su lengua los carnosos labios. La pelirroja lo tomó por el trasero con una mano, cerrando con firmeza su agarre y él gruñó, empujando su cadera hacia adelante por puro instinto. Y gimió alto cuando su miembro se encontró con el húmedo sexo. Sin poder evitarlo se frotó ahí, sorprendido de lo cálido que podía ser por fuera, de lo fácil que era frotarse contra esa piel tan suave que lo hizo estremecer.

- Quieto. –jadeó Willow contra su boca, tomando con su mano libre su erección y besándolo otra vez.

Lo cual era difícil. El beso era erótico, hipnotizándolo con su danza, la mano en su trasero era firme y seguía empujándolo hacia ella, mientras la otra sostenía su erección, dejándolo recto, firme, palpitando.

Y Willow puso la punta de su miembro en la entrada de ella. Tan cálida, húmeda, tan cercana, pero se contuvo en la orden. Él debía quedarse quieto. Muy quieto. Pero ella lo empujó con la mano que tenía en su trasero. Y entró de golpe, haciéndolo gritar con goce, lanzando el rostro hacia atrás.

Nunca creyó que sería así.

Nunca.

Hänsel se aferró a las sábanas mientras la pelirroja se recostaba, retorciéndose de gusto. El alemán quiso moverse, delirando de placer, descubriendo que era estrecha, perfecta, tan diferente a todo lo que había sentido.

- Quieto. –ordenó ella, en un gemido de goce, mientras lo rodeaba con sus piernas por la cintura, atrayéndolo hasta que estuvo sobre su cuerpo- Bésame, pero no te muevas.

Él sintió un escalofrío helado recorrerlo ¿No moverse? Eso era casi imposible. El simple rodeo de las piernas de la pelirroja lo había metido hasta la base y el recostarse había sido estímulo suficiente para gruñir. En verdad quería más. Mucho más. Pero se contuvo, besándola, sintiéndose estremecer cuando Willow movió sus caderas, muy despacio y en círculos. Ni siquiera se extrañó cuando él mismo gimió con súplica y sus manos se cerraron en puños sobre las sábanas. No se había preparado para estar dentro de ella. No tan pronto, ni tan repentinamente. Y estaba volviéndose loco, como si no tuviese ningún conocimiento sobre sexo. Willow se humedecía ante sus jadeos sofocantes y se movía en círculos más rápidos, torturándolo. Ella estaba gimiendo contra su boca, ya no lo besaba, solo dejaba que bebiera de cada expresión deseosa. También soltó su cintura, apoyando sus botas en los bordes de la cama para mover mejor sus caderas de arriba hacia abajo, sin dejarlo salir ni por un milímetro. Ya no en círculos. Solo hacia arriba, siempre hacia abajo. Y con fuerza. Muy fuerte.

- ¿Quieres moverte? –le susurró Willow, mirándolo totalmente excitada- Te siento tan duro…

- Por favor, ama. –estaba por romper ese edredón negro, lo iba a desgarrar entre sus dedos.

- Aun no. –ella se arqueó, gimiendo con fuerza- Enderézate. –ordenó- Solo eso.

El rubio así lo hizo, con torpeza porque ella no paraba de sacudirse entorno a su erección. Y eso fue la tortura completa. Willow en verdad lo tenía hasta la base, con las caderas alzadas dado que él se había parado, la punta de sus botas estaba sobre la cama y así se movía con fuerza. Las manos pecosas recorrían su propio cuerpo. Ella se acarició, mirándolo, jaló sus pezones y se arqueó con gusto, en gemidos cada vez más fuerte. Hänsel perdió el equilibrio y apoyó las manos en el borde del edredón pero en esa posición, ligeramente sobre ella, era como si Willow fuese más estrecha. Ella gritó de gusto, incrementó su movimiento y él sintió que iba a correrse como un novato. Aunque se mordió la mejilla con fuerza. El placer de mirarla, de saber que en ese momento, con sus miradas conectadas, ella estaba llegando al orgasmo, era demasiado. La chica gritó con fuerza, arqueándose, succionándolo en su interior y él tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para no penetrarla con toda su energía hasta correrse.

Nunca creyó que la tortura fuese tan placentera.

Willow se recuperó rápido y lo empujó para que saliera de ella. Por fortuna, porque ya estaba conteniendo la respiración. Hänsel miró su miembro, húmedo y completamente duro, desesperado por correrse.

- Lo hiciste bien. –la pelirroja lo halagó, arrodillándose sobre la cama y besándolo muy despacio, atrapando la erección entre ambos cuerpos- Nunca había tenido un orgasmo antes. No con un chico. Nunca con ellos. Menos así. –confesó, separándose lo suficiente para mirarlo y se rio al notar la duda en los ojos aguamarina- No, no me van las chicas. Me refiero a que solo he tenido orgasmos cuando me toco. Esta es la forma en que soy. Esto es lo que me excita. –sus dedos acariciaron la punta hinchada del miembro masculino- ¿Y a ti?

- Es la primera vez que estoy con una chica, ama. –jadeó, lanzando el rostro hacia atrás ante las suaves manos que lo tocaban- Y la primera vez que hago esto…

- ¿Te está gustando? –consultó Willow, besándolo justo en el pecho.

- Mucho… -admitió y gimió en protesta cuando ella lo soltó.

Pero la pelirroja dejó escapar una pequeña risa y se bajó de la cama, volviendo hacia la caja.

- En cuatro. Sobre la cama. Y tu lindo trasero en esta dirección. –le guiñó un ojo, con una sonrisa radiante y volvió a atender las cosas que tenía en la caja.

Hänsel ni siquiera dudó, subió a la cama, creando suficiente espacio para que ella también pudiese ponerse a sus espaldas. Esa era una posición que conocía bien, así que separó las piernas lo suficiente y apoyó sus codos y manos sobre el edredón. La frente la descansó sobre la negra superficie y respiró hondo. La escuchó llegar, subiendo a la cama. Las manos femeninas acariciaron su nuca y lo obligó a levantar el rostro para mirarla. Pero al segundo siguiente el antifaz cubrió sus ojos, anulando su vista completamente.

- ¿Puedes ver algo?

- No, ama. –respiró hondo, porque los dedos femeninos tocaban su espalda.

- Bien, sobre tus rodillas y enderézate.

Lo hizo, mientras la sentía moverse frente a él. Y repentinamente los labios femeninos se cerraron en una de sus tetillas, con una fuerte succión que lo hizo gritar de gusto. Willow se detuvo de pronto pero cuando él gimió en protesta, la escuchó contener una risa y volver con la misma fuerza a sus atenciones. Ese era un placer conocido para él, aunque rara vez tenía un amante que pusiera tanta fuerza. El tipo de agresión que él disfrutaba, en ese punto entre el dolor y placer que volvía todas las apuestas increíblemente peligrosas. Pero Willow usaba su lengua con presteza, sus dientes estiraban su delicada piel y su boca era cálida hasta estremecerlo. No desatendió ninguno de sus dos puntos, buscando dejarlo en vilo de puro placer. Sus caderas se movían contra el aire, casi de manera vergonzosa, pero le era inevitable querer algún consuelo.

- A algunos hombres no les gusta que los toquen aquí. –susurró ella- ¿Tú qué opinas de eso?

- Las inseguridades o confusiones de otros hombres me tienen sin importancia, ama. Tal vez sea algo entre los heterosexuales. No lo sé. –jadeó cuando ella lo mordió.

Al no verla desconocía su siguiente movimiento, era como un ser invisible que lo acariciaba diestramente y con fuerza.

- ¿Tus antiguos amantes gustaban que les tocaran aquí? –preguntó Willow, mordiéndole una de las tetillas hasta hacerlo gemir.

- Todos ellos. Pero no podría decir que todos los hombres que gustan la compañía de sus pares sean así. No me he acostado con todos. –le recordó, con una sonrisa ladeada.

Y le gustó escucharla reír. Aunque se estremeció porque su aliento acarició su sensible piel tan estimulada. Pero una mordida mucho más fuerte se cerró en sus tetillas y en ambas. Por la sorpresa, perdió el equilibrio y cayó sobre sus manos. No era increíblemente doloroso pero definitivamente era fuerte. La mano de Willow bajó rápidamente a su erección y comenzó a acariciarlo, lo hizo despacio pero con agarre firme y usó su otra mano para estimular la punta contra la palma de su mano. El estímulo fuerte desapareció y se quedó como un palpitar constante y amortiguado.

- ¿Te dolió?

Obviamente ella estaba preocupada, pero podía escucharla jadear. Aunque fuese una mujer dominante, era considerada. No impartía su poder con crueldad, sino con puro placer.

- Solo fue sorpresivo. –admitió.

- Que bueno, porque se te ve muy bien. –la sintió tomarlo del rostro, besando sus labios, su mentón y un camino directo a su oído- Solo te falta una gargantilla. El rojo te quedaría muy bien.

Hänsel se estremeció y asintió. Lo hizo antes de darse cuenta que en realidad prefería el color azul por sobre el rojo. El azul le recordaba al mar y al cielo, a la Naval y a las Fuerzas Aéreas. El rojo le hacía pensar en rebelión y anarquía. Él prefería el poder del orden, como sus padres. Pero en ese momento solo quería complacerla. Lo cual era fascinante, hacerla feliz había sido algo que lo había estimulado desde el inicio.

- ¿Te han dicho que tienes un lindo trasero? –la voz de Willow se apartó, junto con sus movimientos pero la mano femenina tocó su pierna, subiendo- Musculoso, firme, respingado. –cerró su agarre en la parte más carnosa y suspiró- Muy blanco. El resto de tu cuerpo tiene ese ligero bronceado de estar en la naturaleza excepto aquí. Me gusta.

Él quería decirle cuan hermosa era ella, que deseaba tocar sus muslos, besarlos, perderse en su ombligo y acariciar sus pechos. Pero la pelirroja lo estaba distrayendo, su caricia era firme, tentativa, no había timidez. Willow era muy segura de sí misma.

- Responde. –ordenó y le dio una palmada.

No muy fuerte, en realidad, pero él gimió. El cosquilleo fue agradable, tal vez porque no había buscado lastimarlo, solo llamar su atención.

- Me lo han dicho. –admitió- Pero agradezco que sea de tu agrado, ama.

- Adulador. –ella besó su espalda baja- No mientas. –le reprochó, pero con dulzura, sin molestarse- Ustedes los hombres cortejan con exageraciones.

- No lo hago. –y fue firme en eso.

Porque en verdad le agradaba atraerla sexualmente. Porque sería vergonzoso que solo fuese él quien tenía los malos pensamientos.

Ella volvió a reír, aceptando sus palabras. Definitivamente Willow era muy segura y extendía eso hasta él, le daba voto de confianza. Los dedos femeninos se alejaron por un momento y luego algo húmedo y frío recorrió el camino entre su miembro y trasero. Hänsel se estremeció y terminó apoyado sobre sus codos, dejando descansar su frente sobre el edredón negro. Bien, tendría que explicarle a la pelirroja que es mejor frotar el lubricante antes de usarlo en alguien. El aroma a frambuesa llegó a él a la par que los dedos de Willow acariciaron su entrada, muy despacio y en pequeños círculos.

Ese era un momento vital, se dijo, respirando hondo. La chica no debía tener experiencia sobre eso y él sabía bien que aun los experimentados podían ser demasiado torpes en el entusiasmo. Así que estuvo preparado para usar cualquiera de las palabras que habían acordado para prevenir cualquier daño físico que seguramente ella no quería impartir. Pero los dedos tomaron su tiempo, largamente, mientras Willow besaba su espalda. La mano libre, cubierta de lubricante, comenzó a masturbarlo muy despacio y por unos minutos sintió su cuerpo vibrar otra vez. Aun siendo solo un ligero estímulo, ya estaba al límite. Sus gemidos escaparon con insistencia y mordió el edredón para contenerse. Una vez más se sentía un inexperto cuando se trataba de ella.

Aun en las áreas que se suponía controlaba muy bien.

Willow empujó un dedo en su interior y lo movió en círculos, abriéndolo. Él jadeó, se empujó hacia el contacto pero recibió otra palmada que lo estremeció.

- Quieto. –la escuchó regañar- Y no te corras. –le advirtió.

Maldición. Ya parecía un desesperado, era la palabra más usada ese día "quieto". Pero se sentía a estremecer. Más cuando el dedo llegó hasta el fondo y se dobló, tocando su próstata. Sin evitarlo, gimió y se arqueó, pero ella aferró su erección con algo de fuerza para detener cualquier acercamiento a un clímax. Lo peor fue sentir las pinzas que apretaban sus tetillas jalarlo como otro estímulo. No tardó otro dedo en invadirlo, en separarlo y tenerlo al límite. Ya para ese punto se estaba mordiendo la mano para evitar cualquier cosa. Mucho más cuando Willow, usando el placer para castigarlo, no dejaba de masturbarlo, deslizando su pecosa mano a lo largo, acariciando con sus dedos la hinchada cabeza de su miembro y creando con su pulgar la presión exacta para que no se corriera. Hänsel tenía experiencia en contenerse, en detener su placer por otro, pero por norma general, cuando ocupaba esa posición solo debía disfrutar. Ahora se maldecía por no haberse entrenado. El orgasmo lo rasguñaba, era como un titileo constante, que parecía tenerlo en el inicio de alguna explosión pero sin realmente pasar. Si eso continuaba iba a tener que usar una de sus palabras y en realidad no lo quería. Porque deseaba demostrarle a Willow que podía con lo que ella tuviese, pero iba a matarlo. O tal vez iba a demostrar que la combustión espontánea realmente existía.

Por fortuna los dedos salieron de él, dándole un respiro de alivio. Y tuvo que ser muy obvio porque la chica se rio a sus espaldas, pícara y divertida.

- Me enorgulleces. –la escuchó halagar, mientras soltaba su miembro- Pero aún no. Solo aguanta un poco más ¿Si?

Asintió. Aunque no creía hacerlo. Esa mujer era cruel a su manera.

- ¿Te gustó estar dentro de mí?

Muy cruel.

- Mucho, ama. –respiró hondo, intentando no recordar lo bien que se había sentido o terminaría corriéndose solo con una memoria- Hueles muy bien, ama.

- También tengo buen sabor. Por lo menos a mí me gusta. –y su voz era juguetona, pícara.

Hänsel se estremeció. Ella hacía eso a propósito, instaurando la pecaminosa imagen en su mente: Willow, recostada en esa cama, completamente desnuda, masturbándose y lamiendo sus dedos con una golosa sonrisa. Si, definitivamente iba a correrse sin que lo tocara.

- Ama… -rogó.

Y ella se rio, posicionándose atrás de él. Hänsel sintió una presión en su entrada. Sus ojos se abrieron cuando notó que no eran los dedos de la chica, sino el estimulante. Jadeó, empujó sus caderas y dejó que lo invadiera. La curva tocó directamente su punto más sensible y se estremeció. Pero estaba apagado. Por fortuna estaba apagado. La base se adaptaba en el camino entre su entrada y su erección, en su perineo. Ya se imaginaba el placer prometido cuando lo encendiera.

Pero Willow se movió, la sintió gatear y antes de darse cuenta, desde la completa oscuridad que le daba el antifaz, tuvo las piernas femeninas sobre sus hombros y la mano de la chica en su tuca atrayéndolo hacia abajo. Y su boca terminó en el sexo femenino, directamente ahí y de sorpresa. La pelirroja gimió con gusto y se removió recostada en la cama, tentándolo. Nunca había hecho eso pero sus dudas de minutos anteriores desaparecieron. Ni siquiera esperó una orden. Su lengua salió y la lamió, haciéndola gemir.

- Esto es… -la escuchó jadear- para que te acostumbres al estimulador.

Bien podía ser un premio. Él se relamió ante el sabor dulzón y la textura suave. No podía verla, pero era como un postre firme, completamente húmeda. Willow gritó de gusto y él se aferró a sus suaves piernas, se sostuvo de ellas para lamer a gusto, succionar y hacerlo con fuerza. La mano en su nuca lo guio sin palabras. Un poco más arriba, con mucha más fuerza y le dio el ritmo para ascender y descender. Cuando así lo hizo, ella gritó con gusto, libremente, se humedeció más para él, completamente entregada. Y Hänsel sintió que podía correrse por ella, aunque el estimulador estuviese apagado y nada acariciara su miembro. El solo escucharla era una delicia, teniéndolo al límite.

Willow tenía el clítoris duro, por él. Lo succionó con fuerza y usó sus labios para crear la insiste presión que ella quería. No faltó mucho para que ella tomase el control y moviera sus caderas contra su boca. Los empujes de su cuerpo lo movían ligeramente y jadeó cuando sintió que el estimulador se movía ligeramente en su interior a cada movimiento de la chica. Aun en su propio placer, ella parecía orquestarle una tortura suprema hasta correrse en su boca, con fuerza y apartarlo en jadeos desesperados.

Hänsel se relamió, deseando mirarla, porque la imaginó completamente roja, húmeda y perfecta.

- ¿Estás seguro que nunca habías estado con una chica? –preguntó Willow, ligeramente divertida.

- Muy seguro que lo recordaría. –se relamió los labios, siguiendo la voz femenina- Ahora no voy a olvidarte, ama.

Aún seguía con nulo interés por otras chicas. Por muy hermosas, no podía imaginarse haciendo lo mismo con ellas. Tal vez besándolas, estrechándolas ¿Pero eso? Imposible.

Willow volvió a moverse, desapareció de su cercanía pero rápidamente la sintió a su espalda, acariciando su espalda baja.

- ¿Crees poder tener un orgasmo pero no correrte?

Él lo meditó. En verdad necesitaba desahogarse y la opción de un orgasmo era mil veces mejor que una corrida. Por mucho que le doliera ya el miembro. Además, quería volver a estar en su interior, así que guardaría su erección para ella.

- Solo si no tocas mi pene. –le advirtió, con toda sinceridad.

Una palmada fuerte llegó a su trasero. Esta vez con fuerza, empujándolo hacia adelante. Y le dejó un hormigueo. Sin dolor, pero lo peor fue que el estimulador se había movido, acariciándolo con fuerza. Hänsel jadeó y volvió a estar apoyado en sus codos, con la frente contra el edredón.

- Ama. –se corrigió rápidamente- Perdón, ama.

- Bien. Te perdono. –ella se inclinó y besó justo en la cálida piel que había tocado- Y puedes tener un orgasmo. Pero no te corras. Aun te quiero dentro de mí.

Un estremecimiento lo recorrió y asintió, sin poder decir palabra alguna. Eso también quería él. Desesperadamente. Y sorpresivamente, también. Los dedos de Willow acariciaron su espalda, bajaron hasta sus caderas, suavemente y luego por sus piernas. Repentinamente la caricia se volvió más fuerte. En lugar de dedos Hänsel sintió uñas. No lastimándolo, pero si acariciándolo, subiendo por sus caderas, volviendo a su espalda y pasando por su trasero. Él cerró los ojos, sintiendo un temblor profundo y pudo escuchar a Willow jadear.

- Lo siento. –susurró la pelirroja y lo derribó.

El chico no tuvo tiempo ni para reaccionar, cayó de espaldas sobre la cama y soltó un fuerte gemido cuando su interior se estimuló tan fuerte por el impacto. Ella le quitó la venda en un rápido movimiento, lanzándola lejos. Pero nada lo preparó para ver a Willow subirse sobre sus caderas, jadeando, con su mirada nublada por deseo. Al parecer intentó decir otro "Lo siento" cuando tomó su erección y la guio hacia su entrada. Pero Hänsel no la escuchó, gruñó al sentirse deslizar en ese paraíso cálido y húmedo hasta la base misma de su miembro. La pelirroja no perdió tiempo y comenzó a mecerse otra vez, de adelante hacia atrás, sin sacarlo de su interior. Las rodillas de Willow se clavaron a los costados de sus caderas y ella se arqueó, completamente entregada a su placer. Ella movía la cama con la forma tan desesperada de agitar sus caderas. Hänsel jadeó, se aferró a los muslos femeninos y se contuvo. Nunca había sentido algo así y era lo más increíble que había experimentado. El movimiento creaba un ligero movimiento en su interior, el estimulante acariciaba justo donde más lo necesitaba y el interior de Willow era increíblemente estrecho, succionándolo en un enloquecedor placer que parecía nublar su mente.

Ella era perfecta. Toda ella. No había duda de que necesitaba devorarla con su boca, acariciarla con sus manos y correrse salvajemente dentro de ella. Incontables veces. No podía aceptar que ese fuese un único encuentro.

- Hänsel… -la chica lo llamó y cuando clavó sus ojos en ella, esta sonrió, agitada, mientras le retiraba las pinzas.

La sangre volvió de golpe, palpitante, como electricidad pura en sus tetillas hasta casi hacerle ver en blanco. Un jadeo ahogado escapó de su boca y se agarró con fuerza a la chica, que gritó con gusto, casi en un ronroneo.

- Te pusiste muchísimo más duro. –gimió Willow, mirándolo- Se sintió bien ¿Verdad? –se estremeció.

Él asintió, podría jurar que por un segundo estuvo a punto de sentir un orgasmo con solo el estímulo en sus tetillas. Esta chica era increíble. Una caja de sorpresa que se mecía sobre él, dueña de su propio placer, levantando su voz cada vez más fuerte, volviendo sus movimientos erráticos. Y se dio cuenta, ya sabía lo que iba a pasar. Ya conocía esa sensación entorno a su miembro. Willow iba a correrse y estaba luchando por no hacerlo. La chica lo miró y levantó su mano, donde había un pequeño control con pequeños botones. No entendió al inicio. Pero ella explotó de placer, se volvió estrecha, increíble, cayó en silencio y cuando pensó que iba a correrse junto a la chica, esta aplastó un botón, al mismo tiempo que se desplomaba sobre él.

Y el estimulador comenzó a vibrar con fuerza en su interior. Hänsel abrió los ojos, con sorpresa y sus piernas se recogieron. Sus pies se apoyaron sobre la cama y levantó sus caderas ante la sorpresa. Ni siquiera se dio cuenta que con eso estaba levantando todo el peso de Willow que yacía sobre él. Lo único que pensó fue en el explosivo placer que nunca había sentido en su vida. El estimulador le hizo alcanzar un goce de fuego puro en su interior, haciendo vibrar también su miembro y sus manos agarraron las caderas femeninas. Antes de darse cuenta, estuvo penetrando a Willow con demasiada fuerza, con embistes excesivamente rápidos. El orgasmo se unió al de su miembro, multiplicándose y dejándolo en blanco. Lo único que supo fue que la pequeña pelirroja gritaba ante cada penetración desesperada y él se dejó caer cuando todo terminó. Su cuerpo cayó en la cama, torturado y el estimulador se detuvo, seguramente gracias a Willow. El aire le faltaba y supo que estaba jadeando, respirando por la boca, empapado en sudor.

Por unos segundos el mundo desapareció. La calma después de tanto goce lo tenía dichoso.

Pero lentamente su mente reaccionó.

Hänsel abrió los ojos, sorprendido. No solo por haber sentido tanto placer que por un momento se había perdido a sí mismo. Sino porque… bajó su mirada, solo notando una enmarañada melena roja sobre su pecho y la agitada respiración contra su costilla.

- ¿Silber? –llamó, preocupado.

Totalmente angustiado ¿La había lastimado? Nunca había sido tan salvaje, sus propias caderas se habían resentido en esos últimos embistes y podía jurar que si se miraba en el espejo iba a ver marcas rojas en su pelvis al azotarse contra la tierna piel de la chica. Así que definitivamente la pelirroja estaría mucho peor.

Lo más preocupante es que ella no contestaba, seguía como una muñeca de trapo sobre él.

- ¿Willow?

Si la había lastimado…

No, no podía imaginarse eso.

- ¿Ah…? –ella levantó el rostro, lo miró entre la cortina de su cabello y tenía la más perezosa y gustosa sonrisa que ese rostro podía mostrar, agotada, con la boca hinchada y algo confundida- ¿Me llamabas?

El aire volvió a sus pulmones y antes de darse cuenta la tomó de la mejilla y la besó profundamente. Muy despacio, sin rastro de pasión. Solo dichosa gratitud al saber que no estaba herida ni enojada con él.

- ¿Estuvo bien? –susurró ella, cuando se separaron- Fue la primera vez que hacía todo eso y usaba todo… -admitió.

- La mejor experiencia de mi vida. –juró, sonriendo- Nunca pensé… -negó- Me tomaste por sorpresa.

Willow sonrió, orgullosa y muy despacio se movió para que él se resbalara fuera de su cuerpo. La chica lo miró largamente y luego retiró el estimulador con igual delicadeza. Lo acarició suavemente, fascinada con su cuerpo, curioseando cada parte erógena en la calma después del sexo.

- Ahora debo limpiarte, ponerte un poco de crema para que no termines lastimado.

Él enmarcó una ceja y la atrajo contra sí. Al sentarse, se recordó que aún estaba increíblemente sensible y jadeo, sintiendo su interior palpitar.

- Tú también… -intentó decir que sería mejor que él lo hiciera por ella y también podría limpiarla.

Tal vez levantarla en brazos hasta la ducha. Eso sonaba tentador.

Aunque sus piernas aun no respondían…

- No. –ella frunció el ceño y su pecosa nariz se arrugó ligeramente- El deber de una Ama es cuidar. –sentenció, bajándose de la cama en un salto.

Hänsel soltó una carcajada cuando notó que ella casi se caía. Para su sorpresa, la pelirroja soltó una risa larga, con todo su cuerpo, lanzando el rostro hacia atrás antes de mascullar alguna cosa y salir. Él cerró los ojos. Si, su risa le gustaba. En verdad. Willow volvió con una toalla húmeda y lo limpió ligeramente, aunque acordaron darse un baño cuando los dos pudiesen caminar en línea recta. Willow también usó una crema hidratante y cicatrizante ahí donde había usado las pinzas y también por toda su espalda baja y piernas.

- No me duele. –protestó, sorprendido.

- Eso es ahora. Si vieras… -ella negó, mordiéndose el labio inferior- tienes unos rasguños enormes. Rojos sobre tu bronceada piel. Muy bonitos, pero te van a arder.

Ambos se rieron y cuando por fin Willow se sintió satisfecha, él pudo atraerla a su cuerpo, acurrucándola contra su pecho.

- Ni siquiera usé la fusta. –se quejó la chica, apoyándose sobre su codo, negándose a descansar ante la emoción.

- No sé si alegrarme o no. –bromeó, en ese punto estaba seguro que ella no lo lastimaría pero una fusta seguía luciendo… violenta.

- ¿Te gustó cuando te arañé? –preguntó Willow, acariciando con su mano libre sus abdominales.

- Si.

- Te hubiese encantado la fusta. –ella sonrió más- Esa es solo para dar pequeños golpes, dejar sensible y caliente la piel. Hasta la brisa te hubiese dado estímulo. –suspiró- Pero ya no aguantaba.

- Fuimos dos. –enmarcó una ceja- Casi me drenas cuando te corriste.

- Y te encantó. –Willow sonrió, a sabiendas del placer que le había dado- Tampoco usé las esposas. Aunque tuviste buen instinto, te vi agarrarte a la cama. –ella le sonrió con orgullo.

- Después del veinteavo "Quieto", cualquiera haría eso. –picó, riéndose.

Ambos respiraron hondo. El alemán observó el techo por un segundo, comprobando que sus piernas seguían sin encontrarse completamente operando. Nunca había hecho algo así. Siempre había creído que era bueno que las mujeres tomaran control de su placer, que no esperaran por nadie y que tuviesen iniciativa. Los roles sociales podían ser un tormento en algunas ocasiones. Pero nunca hubiese imaginado algo como… esto… como… Willow. Y el placer que había sentido superaba con creces cualquier previa experiencia que hubiese vivido.

- Me tomaste por sorpresa. –y lo dijo como halago- Cuando me dijiste que viniera contigo. Nunca hubiese imaginado que terminaríamos así.

- ¿A qué te refieres? –Willow enmarcó una ceja, totalmente extrañada.

- No lo mal interpretes. Me encantó. No lo cambiaría por nada. –sonrió de costado- En realidad, deja que coma algo y podríamos repetirlo.

La pelirroja soltó una carcajada abierta y negó, aunque se notaba que estaba meditando la idea.

- Pero pensé que jugarías algo, no sé, World of Warcraft o algo así. –admitió- Tal vez vería que tipo de cómic te gusta.

- ¿Qué…?

Willow se sentó de golpe, ligeramente pálida y sus labios se separaron con sorpresa. Él se extrañó, aun recostado y se encogió de hombros.

- ¿No recuerdas? Te lo dije, te vi viendo algún cómic y también compraste cosas coleccionables de videojuegos. Ya sé que ser una chica gamer no es algo que quieres que el resto sepa. –sonrió- O esto, sospecho que este lado tuyo tampoco quieres que se sepa. No se lo contaré a nadie. Simplemente me tomaste por sorpresa porque…

- …no sabías que me gusta esto. –miró alrededor y se sonrojó súbitamente- Cuando me hablaste, te referías a videojuegos, no a BDSM. –negó-Y yo, tontamente, tan sorprendida por tu abordaje tan directo. Pero tú no me viste entrando en un local de fetiches. Me viste comprando… -se tapó la cara- Oh no…

Hänsel parpadeó, extrañado y luego se percató de qué ocurría. Aunque quiso reírse, notó que la chica estaba francamente mal, así que se contuvo.

- Hey… -tocó su brazo, suavemente- Está bien.

- No, no esta bien. –ella negó, mirándolo, avergonzada y nerviosa- Te hice…

- Y me encantó. –le cortó, sentándose para tomarla del rostro- Cada cosa que hiciste, cada juego, orden y atrevido movimiento tuyo. Nunca, escúchame bien, nunca había sentido tanto placer. –acarició su mejilla- Ni tú ¿Verdad? Y puedo hacerlo mejor, puedo hacerte correr hasta que pierdas la voz. Nunca he estado con una chica hasta que llegaste. Si me dejas, aprenderé y compensaré todos esos orgasmos que no pudiste tener. –se inclinó, besándola muy despacio, relajándose al sentir que ella correspondía a su embiste, aun cuando se volvió posesivo y fuerte- ¿Qué importa si fue un mal entendido?

- Apenas nos conocemos… -susurró Willow, agitada- Y nuestros gustos son diferentes.

- Pero se adaptan bien. Además, descubriremos nuevos gustos. –le sonrió, de forma depredadora mientras la recostaba en la cama, quedando sobre ella- Bien, podemos ser amigos, conocernos y ver a donde va esto. Pero sabemos que sexualmente funcionamos de maravilla. –se inclinó, besando su vientre, subiendo a sus senos, repartiendo pequeñas caricias solo con sus labios, sin realmente tocarla- Ahora ¿Qué tal si como un poco para responderte mejor en un rato?

- Claro… -ella estaba ligeramente agitada pero observó hacia la puerta- Si me dejas, puedo prepararte unos… Oh… -se arqueó cuando sintió los dedos del rubio sobre su sexo increíblemente sensible- A eso te refieres… Oh… Oh… -repitió, arqueándose.

- Entonces… -sonrió de lado, bajando más, mirándola con picardía desde entre las piernas suaves y pecosas- ¿Me permite darme un festín, Ama? –preguntó, lamiéndose los labios.

- Si… -jadeó, tomándolo del rostro y guiándolo- Mil veces sí.

Ese era el inicio de una interesante amistad.

¡Saludos Manada! A todos los que pidieron esta pareja ¡Aquí esta! Y para responder la duda general. No, por obvias razones, Hänsel nunca le dijo "Gretel" a Willow. Esto se debe a que, como pueden ver, su amistad inició totalmente sexual antes de algo más. A diferencia de Gretel y Will, que tuvo un profundo amor que respalda el título de "Hänsel" que ella le da, mucho antes de que intimaran.

Esto salió largo. Y eso que tuve que pararlo. Si, porque faltaron cosas que ella hiciera ¿Vieron? Pero ya estaba muy largo. Pero son… ya ven. Toda una introducción del asunto y luego todo ese desborde. Ahora, francamente, creo que quien se mete en un buen lio es Lian, no Willow, cuando esos tres se junten.

Reglas de la Manada: Un lobo no se avergüenza de quien es, que desea y cuál es su verdadera naturaleza. Porque sabe que encontrará a la manada correcta que lo acepte y se sienta orgullosa de tenerlo.

¡Nos leemos!

Nocturna4