Lujuria

Victorie estaba cada vez más inquieta, tenía mucho calor. La película le daba igual. No podía dejar de mirar a Ted, que sonreía con esa dulzura que le caracterizaba.

No iba a esperar más, el otro día había estado hablando con él, pero no se habían animado a decirle lo que sentía. No era solo que le quisiera, su cuerpo se volvía loco cunado estaba cerca de él.

Se acercó despacio por la espalada y le susurró:

— ¿Vienes conmigo a mi cuarto?

Él asintió y sigilosamente los dos se escabulleron del salón, para acabar experimentado por primera vez el amor.