Disclaimer: Los personajes no son míos... ya quisiera... jejeje... no los uso para fines de lucro, solo de entretenimiento.
Datos de interés:
Cursiva: pensamientos.
Normal: Narración de su servidora.
º$º$º: Minutos u horas después.
-CE-: Cambio de escena.
ooo: Cambio de día.
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Capítulo 7. Boda
- ¡Kagome! –gritó su madre desde la planta baja-. ¡Es hora de irte, cariño, Sango te espera!
- Ya estoy lista... –respondió bajando las escaleras de dos en dos-. Hola Sango, vamos.
- Hola Kagome –respondió la castaña.
- Nos vemos en la iglesia, ma' –dijo la chica.
- Hasta luego, Sra. Higurashi.
- Adiós niñas –les despidió.
Era ese el día. 2 de agosto. Un caluroso día de verano. Sango y Kagome se dirigían a casa de la familia Tsukino para ayudarle a Rin con el vestido y además arreglarse ellas mismas. El padre de Rin les abrió la puerta un tanto apurado, salía rápidamente de la casa a comprar ciertas cosas que habían olvidado. Se veía sumamente nervioso.
- Hola chicas, pasen –dijo con rapidez-. Reiko y Rin están arriba, la estilista ya está aquí. Suerte.
- Gracias tío Hideki –dijo Kagome-, hasta luego.
Al verlo desaparecer, ambas entraron y subieron las escaleras de la casa. Reiko Tsukino, la madre de Rin, se encontraba en la habitación de su hija. La mujer se parecía muchísimo a Rin: la misma nariz, la misma boca, los pómulos; lo único que no era similar eran los ojos, los de ella eran de un tono grisáceo, mientras los de Rin eran verde igual a los de su padre.
- Hola chicas, que bueno que llegaron –dijo la mujer amablemente-, Rin está terminando de darse un baño –la madre de la novia les introdujo a la mujer a su lado-: Muchachas, ella es Ryusaki Isako, es la estilista –la joven andaría alrededor de los 27 años, tenía el cabello negro con luces rojas, ojos miel y una sonrisa afable.
- Mucho gusto, Ryusaki, yo soy Odaka Sango –la castaña tendió su mano.
- Higurashi Kagome –dijo la otra chica.
- El gusto es mío, chicas, llámenme Isako –dijo la mujer.
- ¿Llegaron nuestros vestidos tía Reiko? –preguntó Kagome buscándolos.
- Claro, Kagome –dijo Reiko-, InuYasha los trajo muy temprano, están en la habitación de huéspedes, si quieren pasar allí.
- Gracias tía –respondió Sango.
La castaña, seguida de la pelinegra y de la estilista entraron al cuarto de huéspedes, la cual contaba con dos camas, un baño y clóset integrados. La mujer del cabello negro y luces rojas observó los vestidos un momento, y alternadamente a sus dueñas. Sonreía o hacía gestos de gusto o disgusto.
- Podemos empezar si gustan. ¿Tienen algo en mente? –preguntó ella.
- No, pero por lo que vemos tú sí –respondió Kagome notando la anterior actitud de la estilista.
- Sólo..., haznos lucir bonitas –dijo Sango en complicidad con Kagome.
- Oh, no sólo bonitas –dijo Isako-, quedarán espectaculares. Manos a la obra.
º$º$º
- Vaya –Reiko entraba a la habitación de las chicas, quienes lucían ya peinadas y maquilladas-, has hecho un trabajo precioso, Isako –le halagó.
- Muchas gracias Rei –le dijo cariñosamente a la mujer-. Ya que he terminado con ustedes, iré a ver a Rin.
- Bueno chicas, pueden ponerse los vestidos o primero ayudar a mi niña –dijo Reiko sonriéndoles amablemente.
- Ayudemos a Rin –dijo Kagome y Sango asintió.
Ambas regresaron al cuarto de su amiga. Rin lucía nerviosa, radiante y feliz. Se miraron unos momentos, la novia les sonrió cuando las vio peinadas y maquilladas. Kagome se acercó y notando algo de nerviosismo en su mirada café le tomó una mano.
- Todo saldrá bien, Rin –la chica le sonrió agradecida-: Isako... –le llamó y la aludida entendió, debían empezar pronto.
º$º$º
Unas horas después, Isako terminaba de dar los últimos toques al maquillaje. Rin admiraba su peinado, todo su cabello rizado cayendo suavemente por su espalda, recogido en una media cola adornada con el velo y la pequeña corona de brillantes sobre su cabeza. El maquillaje era suave: tonos naturales, acentuando sus ojos verde, algo de rubor en sus mejillas y un labial rojizo. Sus amigas le miraron contentas; ella se veía tan linda.
- No me miren así –dijo ella-, me siento bicho.
- Oh, nada de eso, cariño –dijo su madre-, haz quedado divina –le sonrió-: Vamos chicas, el vestido.
Entre Sango y Kagome descolgaron el vestido, subieron a unas sillas un tanto más altas al pequeño banquillo en que Rin se colocaba. Dejaron caer el vestido desde arriba, con ayuda de Isako y Reiko lograron que quedara en su lugar. El vestido blanco se ceñía a su cintura, era sin tirantes y el escote en su espalda caía hasta la cintura; al final del escote un adorno de una flor, la cual sujetaba la larga cola del vestido.
- Luces preciosa –le dijo su madre al borde del llanto.
- Oh, mamá –dijo ella-, no llores. Arruinarás el maquillaje –Rin sonrió y se abrazaron-. ¡Pero ustedes que esperan, –la castaña miró a sus amigas-, a cambiarse!
Las dos asintieron y se dirigieron a la habitación de huéspedes a colocarse sus vestidos. Cuidaron mucho de no desarreglarse el peinado. Ambas se miraron en los espejos dispuestos para ellas y sonrieron satisfechas. Luego de perfumarse y colocarse los zapatos de tacón buscaron a Rin; se hallaba sentada frente a su tocador observándose en el espejo. Kagome se acercó hasta ella y le miró a través del espejo.
- Te tengo algo –dijo ella, mostrándole una cajita que llevaba en las manos. La abrió y dentro había un collar de plata con una hermosa perla rosada en el centro.
- ¡Kagome! –chilló Rin-, es bellísimo.
- Se dice que debes llevar algo viejo por el pasado, algo azul para la fidelidad, algo nuevo para la esperanza y algo prestado por la amistad –Kagome sacó el collar y se lo puso en el cuello-: Tu vestido y todo el ajuar son lo nuevo, lo azul lo llevas en el liguero, y este collar sería lo viejo y lo prestado, la legendaria Shikon No Tama. Pertenece a mi templo y ha pasado de generación en generación, para que la uses.
- Oh, amiga, no deberías... –Rin quiso detenerla, pero ella negó.
- No, esto es lo que completa todo tu atuendo –Kagome le sonrió-. Eres una de las mejores amigas que tengo y por ello quiero que lo uses.
- Muchísimas gracias, Kagome, prometo cuidártelo mucho.
- Mejor prométenos que te divertirás esta noche –le dijo Sango y también se acercó.
Rin asintió feliz de la vida. Unos minutos, al bajar las escaleras encontró a su padre en la puerta de la casa. Hideki Tsukino observó a su hija bajar las escaleras con parsimonia y sonrió nostálgicamente, justo en ese momento vio pasar ante sus ojos toda la vida de la pequeña Rin y estuvo a punto de soltar una lágrima.
- Oh papá, no es momento de lágrimas –Rin le tomó una mano-. Siempre seré tu pequeña, papi, nada más que ahora tu pequeña hará su vida a lado de la persona que ama. Justo como mamá y tú.
- Claro, mi pequeña. Tienes razón –Hideki besó su frente y todos se encaminaron hacia la Iglesia.
OOOO se desarrolla al mismo tiempo que lo de Rin OOOO
Sesshomaru se hallaba en su habitación, intentaba por todos los medios colocarse la faja y el moño del frac de novio, pero obviamente solo intentaba. Se miró frustrado al espejo y de reojo vio a su hermano parado en la puerta, ya pulcramente vestido, sonriéndole divertido.
- Tranquilízate –le dijo InuYasha-. ¡Mamá, Sesshomaru quiere pedirte algo!
- InuYasha... tú... –Sesshomaru quiso amenazarlo, pero Izaoy Taisho entró en la habitación.
- ¿Necesitas algo hijo? –el novio suspiró, aunque no quería admitirlo le hacía falta el toque materno ese día. Se volvió hacia Izaoy y le sonrió, a pesar de no ser su hijo biológico ella siempre le dio todo su cariño y afecto, aunque él se lo despreciaba.
- Sí –dijo abatido-, podrías...? –señaló la faja y el moño.
- Claro hijo, ven aquí –Izaoy se acercó al tiempo que él también lo hacía.
InuYasha salió de la habitación, era su manera de darle espacio a su hermano. Entendía sus razones para no pedir ayuda con el moño, eso debía ser trabajo de su madre. Su madre biológica. Estar con él y guiarle, pero la única que había estado con él había sido Izaoy. La madre de Sesshomaru había fallecido cuando él era un pequeño y desde entonces, él no había conocido otra madre más que Izaoy. No lo culpaba, era normal.
Adentro Izaoy le arregló la faja y le puso el moño. Sesshomaru era todo un cabeza más alto que ella, con ese cabello plateado que estaba amarrado en una coleta baja y dos mechones que le enmarcaban el rostro. Izaoy le acarició el rostro y reposó sus manos en su pecho. Como madre sabía que Sesshomaru debía estar extrañando a su madre.
- Tu madre estará muy orgullosa de ti –le dijo suavemente-. Eres un hombre derecho, honrado y responsable como ella lo hubiera querido –el hombre le sonrió nostálgico-: Sé que quisieras que ella estuviera aquí, Sesshomaru...
- Madre...
- No te preocupes, cariño –ella negó-: Ella está aquí –le señaló su corazón-, y mientras tú la recuerdes ella vivirá dentro de ti... Mi Lord.
- ¿Mi Lord? –preguntó él confundido.
- ¿No lo recuerdas, mi Lord? –él negó-: InuYasha y tú solían jugar que eran grandes Lords del Sengoku Jidai –Izaoy sonrió maravillosamente al recordar aquello-. Tú eras el Gran Lord, Príncipe de las tierras de Occidente e InuYasha como era más pequeño era el otro Príncipe. Siempre te seguía a todos lados.
- Ahora recuerdo –Sesshomaru se colocó el saco y se miró al espejo-. El pequeño InuYasha era el general de todas mis tropas... Siempre ha sido más dado a la acción que yo.
- Pero ambos eran maravillosos, cariño –le dijo su madre y le acomodó el saco-: Vamos, los demás deben estar esperándote.
-CE-
Las personas estaban reunidas en una de las iglesias. Todos los familiares de los Tsukino se encontraban sentados del lado derecho de la iglesia, mientras que los familiares Taisho del lado contrario. Izaoy e Inuno Taisho se hallaban ya en sus lugares, sentados detrás de su hijo mayor. Sesshomaru estaba frente al altar con su hermano, InuYasha, a quien miraba con aprehensión de vez en cuando. El novio estaba nervioso, podía notársele en los ojos dorados, y aunque no lo dijera moría de nervios.
- Ya deja de pegarle el suelo con el zapato –le dijo el más chico.
- Feh! –exclamó el mayor.
- Tranquilo, no se arrepentirá –InuYasha le sonrió y su hermano pareció calmarse.
Pasaron unos cuantos minutos y la marcha nupcial comenzó a sonar por toda la iglesia. Los invitados se pusieron de pie para recibir a la novia. Primero avanzó una pequeña niña, sobrina de Rin, después entraron las damas, Kagome y Sango, y luego de pie en la puerta se encontraba la novia, con su padre a un lado de ella. Caminaron a paso lento, conforme seguían el ritmo marcado por la marcha. Kagome estaba emocionada al ver a su amiga, la perla de Shikon se le veía preciosa y ella por completo lucía radiante.
- ¿Quién entrega a la novia? –preguntó el sacerdote.
- Yo la entrego –dijo el señor Hideki Tsukino y miró a Sesshomaru-: Te entrego a mi hija, Sesshomaru, es lo más preciado que tengo.
- Y recibo a tu hija con gusto –recitó aquél.
La ceremonia dio comienzo. El sacerdote los guió a través de los votos, cada uno recitó el suyo mientras se entregaban los anillos que Shippo había tenido la amabilidad de dar. Kagome e InuYasha fueron los padrinos del lazo, mientras Sango y Miroku lo fueron de las arras. Después de preguntar si existía algún impedimento para que se realizara la boda, y que por supuesto no hubiera ninguno, el padre continuó para declararlos marido y mujer.
- Por el poder que me confiere la iglesia, yo los declaro marido y mujer. Que lo que Kami ha unido no lo separe el hombre –el sacerdote les dio la bendición-: Puedes besar a la novia.
Ni tardo ni perezoso, levantó el velo de su rostro y alcanzó sus labios en un tierno beso. Alrededor se escuchó un estruendoso sonido, la gente comenzó a aplaudir y ellos despertaron del ensueño. Se miraron y sonrieron. Dieron la cara al frente y caminaron hacia las afueras de la iglesia donde todos los recibieron con vítores y puñados de arroz. De uno por uno fueron felicitándolos, sus padres, sus hermanos, primos y familiares más cercanos.
No tardaron mucho en dejar la iglesia y dirigirse a donde se llevaría a cabo el banquete. Dentro volvieron a ser felicitados por los invitados que alcanzaron a encontrarse en el camino hacia la mesa principal. Los padres de ambos se encontraban ya sentados en sus mesas, InuYasha, Kagome, Sango y Miroku compartían la mesa también. Los novios pasaron a la pista de baile para abrirla.
Tú, coleccionista de canciones
Dame razones para vivir
Tú, la dueña de mis sueños
Quédate en ellos y hazme sentir
Sesshomaru le tomó de la cintura, mientras ella rodeaba su cuello con sus delgados brazos. La música los envolvía en una especie de mundo propio. Se miraban a los ojos centelleando de felicidad. Se movieron al compás de la música.
Tan solo tú, solamente quiero que seas tú
Mi locura, mi tranquilidad y mi delirio, mi compás y mi camino
Solo tú solamente quiero que seas tú
Yo pongo en tus manos mi destino porque vivo
Para estar siempre, siempre, siempre
Contigo amor
- ¿Estás contento, mi amor? –preguntó la joven mujer.
- Oh sí, contigo no puedo estar más feliz –dijo Sesshomaru y sonrió-: Por fin te tengo, querida.
- Hasta que la muerte nos separe –dijo Rin.
- No –dijo Sesshomaru-, más allá de ella te amaré.
Y se acercó hasta tomar sus labios con delicadeza.
Tu coleccionista de canciones
Mil emociones son para ti
Tú lo que soñé mi vida entera
Quédate en ella y hazme sentir
Y así ir transformando la magia de ti
En un respiro del alma
Cuando se separaron notaron con gracia a varias parejas, entre ellos Sango y Miroku, y Kagome e InuYasha quienes bailaban a su lado, haciéndose cariños entre ellos y mirándose embelesados uno al otro.
- Les doy una semana –dijo Rin.
- Yo les doy hasta mañana –sentenció su esposo y ambos rieron.
Del otro lado, los señores Taisho también se divertían siguiendo la música, mientras que los señores Tsukino también hacían lo propio.
Ya no quedas más espacio en mi interior
Has llenado de ti cada rincón
Es que por ti que con el tiempo mi alma
Siente diferente.
Luego de unos pasos más, hubo un cambio de pareja, InuYasha pidió a Rin mientras le entregaba a Sesshomaru a su preciosa novia.
- Felicidades, Sesshomaru –Kagome le sonrió a su cuñado.
- Muchas gracias –respondió él, y al mismo tiempo cambiaba la melodía.
- Hazla muy feliz, Sesshomaru –le pidió-, ella se lo merece.
- Puedes contar con ello, Kags –el novio se balanceó con ella-: La amo demasiado.
La chica estaba más que contenta con aquella respuesta. Volvieron a cambiar de parejas, ahora, Sango bailaba con el novio, mientras Miroku con la novia, InuYasha bailaba con su madre y Kagome con el señor InuNo.
º$º$º
Los invitados bailaban y reían, bebían y se alegraban de la feliz pareja. La mayoría de los amigos ya tenían los sacos fuera y las corbatas más flojas, las chicas sin zapatos y bailaban desinhibidamente alrededor de toda la pista. Algunos otros más atrevidos se movían con sensualidad uno contra el otro.
Sesshomaru estaba parado junto a la mesa principal despidiendo a unos familiares que se retiraban, cuando su padre terminó por hacerse cargo de aquellas personas volteó a buscar a InuYasha. El pequeño Taisho se encontraba cómodamente sentado junto a Kagome, conversaban y de vez en cuando él se acercaba a besarla, mientras ella reía.
- ¿Amor? –le llamó su ahora esposa, quien se acercó y le miró de frente.
- ¿Sí, cariño? –contestó él.
- ¿Sucede algo?
- Oh no, mi vida –dijo él de inmediato y le abrazó-: Sólo veía a mi hermano junto con Kagome –Sesshomaru suspiró complacido-. Me has cambiado mucho, Rin –sinceró-, antes no me hubiera preocupado por la seguridad ni felicidad de mi hermano.
- Siempre te habías preocupado por él, Sessh, solamente no sabías demostrarlo –dijo ella y le sonrió con ternura.
- Te amo, Rin –le dijo-, te amo demasiado.
- Yo también te amo –le respondió ella.
- Vamos, preciosa, es hora de irnos –el joven le tomó la mano y se la besó.
En sus ojos Rin podía leer todo el amor y la pasión que inundaba en él. Ella asintió quedamente y fueron a despedirse de sus respectivos padres. Ambas familias les desearon buen viaje y un hermoso futuro. Finalmente, los dos esposos se acercaron a sus amigos.
- Kags, ya nos vamos –la aludida se levantó y se abalanzó sobre su amiga.
- ¡Oh Rin! Diviértanse mucho, amiga, promete que lo disfrutarás –le dijo emocionada.
- Claro, Kags –la nueva señora Taisho le abrazó y se dieron un beso en la mejilla como despedida-: Hasta pronto, InuYasha.
- Cuídense mucho, Rin –pidió el chico y la abrazó-, y cuida de mi hermano –le susurró.
- No te preocupes.
Sesshomaru se acercó a Kagome y se despidió de ella, susurrándole al oído las mismas palabras que su hermano le había dicho a Rin. Luego ambos hermanos se acercaron uno al otro. Se miraron unos segundos, sonriendo como antes no lo hacían.
- Bien. Hasta aquí llegaste, Sesshomaru –le dijo con burla InuYasha.
- Para nada –dijo el mayor-, esto apenas comienza –se quedaron en silencio unos momentos más hasta que Sesshomaru decidió abrir la boca-: Promete que te cuidarás.
- ¡Feh! –Exclamó volteando la mirada-. No te preocupes por mí –dijo en un susurro-: También prométeme que tú te cuidarás –dijo muy bajito.
- ¿Preocupándote por tu hermano mayor? –le respondió el grande con sorna.
- Solamente ocúpate en cuidarte hermano –la voz de InuYasha fue totalmente sincera.
- Descuida –dijo-, lo haré.
El más grande se acercó un poco más y le dio tremendo abrazo que el pequeño InuYasha solamente atinó a responder igual. Se despidieron con la promesa de que tanto uno como el otro se cuidarían.
Cuando los novios salieron del salón de eventos, InuYasha tenía los ojos llenos de lágrimas. Kagome fue la única que se dio cuenta, y mientras los demás continuaban la fiesta ella se dedicó a él. Se paró frente a él y le retiró las gotitas saladas de sus ojos dorados. Le dio un tierno beso en los labios y le sonrió.
- Me da gusto saber que lo extrañarás –le dijo dulcemente.
- ¡Feh! Por supuesto que no –bufó él.
- Cachorro, es tu hermano, y es normal lo que sientes –él le miró sorprendido-; sientes como si él no fuera a volver y como si ahora fuera parte de tu vida. Él siempre ha sido parte, solo que su carácter distinto los hacía diferir –explicó-. Ahora son mayores y la sangre llama.
- Kagome... –el chico no le dejó terminar y la rodeó en un abrazo-. Jamás hemos sido tan cercanos.
- Oh, cachorro, sí lo eran –la voz de su madre llegó a sus oídos-: Cuando eran pequeñitos eran inseparables. Sesshomaru fue marcado por la muerte de su madre a temprana edad y aunque le fue difícil adaptarse, él lo logró –la voz de la mujer se quebró-. Cuando naciste, era muy hosco contigo y demasiado cerrado. Con el tiempo aprendió a convivir contigo y conmigo. Tu primera palabra fue oniichan y eso le ablandó mucho el corazón a tu hermano.
El Taisho menor sonrió ante aquella confesión. Abrazó a Kagome mucho más fuerte y musitó un ligero gracias a su madre.
Una hora más tarde, todos iban a sus hogares a descansar. La boda había sido un éxito. Sesshomaru estaba feliz y las familias Taisho y Tsukino estaban exhaustas. Kagome estaba muy contenta por su mejor amiga y se lo hacía saber a InuYasha mimándolo durante todo el trayecto a casa. Miroku y Sango tendrían noticias que dar en unos días, pero mientras que todo quedara entre ellos.
Sí, la noche había sido provechosa. Y Kagome no sabía cuán más provechoso podía ser un día.
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N/A:
La canción que usé se llama Coleccionista de canciones del grupo Camila Los que tengan oportunidad de bajarla y escucharla está muy romántica y aunque no la puse toda, la letra vale la pena.
Apellidos nuevos: Sango Odaka; Miroku Ishihara; Shippo Asai.
Oniichan: Hermano mayor.
