Por fin tuve un pequeño tiempo libre, así que aquí les dejo otro "pequeño" capitulo de esta historia. La verdad creo que esto esta mas largo que los otros. Intente dividirlo, pero no quedaba, así que lo pongo completo. Disfrutenlo.


Capitulo 7

Me dejaste sola

"Un intenso dolor recorría su cuerpo entero, lo último que recordaba estaba muy borroso, pero poco a poco volvían a ella las aterradoras imágenes. Al parecer desde el impacto había quedado inconsciente

-Tigresa – le decía una voz quebrada, era la de Po.

Se podía apreciar temor en su tono, estaba preocupado por ella. No le gustaba que el sufriera por su causa, siempre hacia lo que podía para evitarle el dolor. Por eso lo había empujado momentos antes, no quería que uno de esos cañones le arrebataran a su amigo, no de nuevo. Aunque las heridas producidas por el disparo le impedían moverse, hizo acopio de fuerzas para demostrarle a Po que estaba bien, quería decírselo ella misma. Sintió como una suave mano se colocaba sobre una de las suyas, con mucho trabajo logró levantar el rostro. Lo que vio no le gustaba nada. El también se encontraba herido y sobre su pelaje había marcas causadas por las llamas. La expresión del panda no reflejaba otra cosa sino preocupación. Y aunque las quemaduras y los golpes de la pelea le produjeran un enorme dolor, ella terminó por sentirse aliviada. Al menos había conseguido salvar a Po.

Presionando lo más que pudo las facciones de su rostro intentó esbozar una sonrisa, para tranquilizarlo, para que dejara a un lado el dolor. "Estoy bien" era lo que quería decir, pero de su boca no salía palabra alguna, no contaba ni con las fuerzas necesarias para hablar, se limitó a acariciar suavemente con su dedo pulgar la mano de Po por toda contestación. Ya no pudo seguir manteniendo el contacto visual y por el agotamiento volvió a bajar el rostro. Pensó que la debilidad del gesto que le mostró lo obligarían a quedarse con ella, a alejarse del peligro para cuidarla. Pero en vez de eso sintió al guerrero empujar la tabla sobre la que ella flotaba lejos de él, mientras nadaba en dirección opuesta. Tigresa lo llamaba desesperadamente dentro de sus pensamientos. "¡No te vayas por favor! No me dejes sola" pero él no podía escucharla. Tigresa levantaba su mano, suplicándole que se detuviera con un débil ademán, pero tampoco la podía ver. Cada vez su tabla flotaba más lejos de él, adentrándose hacia mar abierto. Po nadaba ya cerca de la orilla. De nuevo logró alzar la vista para observar a su amigo salir del agua, siendo ayudado por nada más ni nada menos que Song, quien le tendía un brazo amistosamente. Lo último que logró ver antes de perderse en la inmensa oscuridad que se encontraba más allá del océano, fue a Po abalanzarse sobre Song y darle un gran abrazo. La expresión de la leoparda fue de completa sorpresa, pero después de asimilar lo que pasaba le correspondió el gesto con cariño.

Tigresa no sabía qué hacer, estaba a punto de perderse para siempre en el abismo y su amigo ni siquiera lo notaba. No hallaba las fuerzas para llamar la atención del panda. "¡Ayúdame Po!" se esforzaba por gritar. Finalmente perdió de vista la costa, ahora solo había oscuridad y lo único que podía hacer era recargar el rostro sobre su tabla. "No, no. Esto no está pasando" se rehusaba a aceptarlo, repetía lo mismo una y otra vez. Ella se había sacrificado para salvarlo, pero ahora no importaba, estaba perdida para siempre. No sabía que le causaba más tristeza: el hecho de que estuviera muerta, o que no volvería a ver a su único amigo jamás.

-Po – susurró para sí misma - ¿Por qué?

Sin razón aparente sus pulmones por fin dejaron entrar el aire para permitirle gritar.

-¡No!"

-¡No!

Tigresa se despertó sobresaltada, no podía controlar su respiración. Se fue tranquilizando al darse cuenta de que todo había sido una pesadilla. Se encontraba echada frente a la fogata, la habían encendido cerca del árbol donde vigilaban. Se llevó la mano a la frente tratando de sacudirse por completo el miedo que le había dejado aquel mal sueño. "Tranquilizate, no fue real" se decía a sí misma.

Ya habiendo recuperado la compostura, dirigió su mirada hacia donde debía estar Po, vigilando. La felina pensó que tal vez le vendría bien un poco de compañía. Después de todo ella ya no podría volver a conciliar el sueño. Ya sintiéndose un poco mas despierta, se levantó y caminó hacia lo alto de la colina. Pero al llegar a la cima encontró a un perezoso panda tumbado boca arriba, como era de esperarse, durmiendo. Tan a gusto roncaba que parecía que la roca sobre la que estaba recostado era su cama del palacio. La maestra lo observaba con un gesto de desaprobación. "Maldito oso holgazán" pensó, "Se suponía que era su turno de vigilar". La felina recordaba que él mismo había elegido la última guardia. Aunque había dicho que era porque quería que ella descansara lo último de la noche, estaba segura de que era más bien porque él quería ser el primero en dormir. Ella suspiró y se sentó a su lado, sin ninguna intención de despertarlo. Ponía atención al sendero, cosa que el oso debería estar haciendo.

-Las galletas de Mono – balbuceaba Po entre sueños, mientras se relamía los labios.

El oso hablaba dormido de nuevo. Al dar vueltas buscando un mejor ángulo, Po dejó ver que tenía abrazada la figura de acción de Tigresa, la misma que le había mandado su padre, como si de un peluche se tratara. Ahora lo veía, era tal como había dicho el Señor Ping. Mientras se mantenía alerta recordaba con cierta felicidad los últimos días. Habían pasado haciendo sus rondas de vigilancia juntos, entrenando de vez en cuando para no aburrirse. Tigresa jamas había disfrutado tanto de la compañía de su amigo antes. Se le hacía difícil asimilar que cuando el peligro fuera controlado todo volvería a la normalidad. Por alguna razón inexplicable, la pesadilla volvió a su mente en ese instante, cada imagen, cada sensación. Se había sentido tan real. El recuerdo de hace unos instantes la hizo reflexionar sobre las cosas. Sabía que no le afectaba que su sueño hubiera sido igual, o incluso más aterrador de lo que fue en verdad el ataque del cañón de Shen. Más bien había sido el desenlace de este lo que la había dejado intranquila. Miró luego con tristeza a Po, aún dormido. ¿Sería cierto todo lo que le había dicho para hacerla sentir mejor apenas unas noches atrás? ¿Realmente siempre estaría ahí? Ese era el problema de tomar cariño por las personas, llegado el momento, es difícil dejarlas ir.

Tigresa se distrajo al notar que al final del camino que vigilaba se asomaban varias antorchas. Sin pensar dos veces se levantó para observar mejor. Se preparaba mentalmente para despertar a Po y dar la alarma, pero no lograba distinguir lo que se aproximaba. Ágilmente subió a la copa de uno de los árboles. Llegando al valle se encontraban una gran cantidad de leopardas de las nieves, vestían chalecos plateados con una flor de loto gris dibujada en el centro. Caminaban perfectamente ordenadas, sin ninguna otra arma con ellas más que sombrillas blancas colgadas a la espalda.

La impresionante marcha de las cerca de 100 guerreras fue interrumpida al toparse de frente con un Tigresa parada a la mitad del sendero.

-Maestra Tigresa, es un honor conocerla – dijo la que iba al frente haciendo una ceremoniosa reverencia que todas las que la seguían imitaron – hemos venido por órdenes de nuestra líder a prestar ayuda a los Cinco Furiosos y al Guerrero Dragón – la chica seguía inclinada, Tigresa correspondió el gesto.

-Las llevaré con ella.

Tan pronto como Song se hubo reunido emotivamente con sus chicas, los cinco furiosos y el Guerrero Dragón no necesitaron hacer más vigilancia, cierto panda no podía estar más decepcionado al respecto. El descanso de los entrenamientos diarios había acabado. Cada uno pudo volver a dormir en su habitación. La líder de las damas de las sombras envió a sus guerreras a instalar tiendas de campaña y puestos de observación en lugares estratégicos alrededor de todo el valle. Las posibilidades de ser tomados por sorpresa por las fuerzas de Su eran casi nulas. El maestro Shifu por su parte ordenó a sus estudiantes que regresaran a la rutina común del entrenamiento, debían estar al máximo por cualquier contingencia.

Pasaron unos cuantos días desde la llegada de las damas. Constantemente las vigilantes reportaban a los maestros que no había nada fuera de lo común. Tal tranquilidad se sentía en el ambiente que casi para todos las cosas habían vuelto a la normalidad. Para todos, excepto para una persona. Al principio Tigresa se sentía en paz, gracias a su charla con Po. Realmente había recuperado sus ánimos para entrenar. Ni se imaginaba todo por lo que estaba a punto de pasar.

En la primera mañana luego de la llegada de las felinas, todos desayunaron tranquilamente. Po bromeaba alegremente con Song y sus amigos, mientras tanto, Tigresa comía en silencio. Se le veía muy relajada aquel día. Apenas el maestro hubo terminado se retiró a meditar en el salón de entrenamiento, a esperar ahí a sus alumnos. Igualmente, cada uno de los guerreros se fue retirando conforme terminaba de comer. Solo Tigresa parecía no querer irse aun luego de haber acabado, siempre se quedaba, siempre ayudaba a Po a limpiar.

-Creo que será mejor que vaya a ver si hay novedades con mis chicas – dijo Song levantándose por fin.

-¿No crees que es muy temprano para eso? Apenas empezamos el día – contestó Po.

-Necesito estirar un poco los pies.

-¿Segura que no quieres mas comida?

-Segura – se inclinó dirigiéndose a los dos maestros que permanecían en la cocina – los veré en el entrenamiento.

-Espera, espera. ¿Entrenaras con nosotros?

-Claro, le pedí permiso a tu maestro – decía mientras se alejaba – necesito mantenerme en forma.

-Genial. Allá te veo entonces – Po se despidió con un pequeño ademán.

Song aun usaba la muleta, pero ya no cojeaba del todo. Parecía que pronto podría mantenerse en pie por si sola, sus heridas sanaban muy rápido.

En la cocina solo quedaban el guerrero Dragón y la maestra Tigresa, como siempre el lavaba los platos mientras ella ayudaba ordenando la mesa.

-Preferiría mil veces vigilar todo el día a tener que hacer abdominales otra vez – a Po le dolía el abdomen de solo imaginar lo que le esperaba, decidió comer un panecillo más para contrarrestarlo.

Tigresa solo sonreía al escuchar sus quejas.

-Creí que te aburrías vigilando.

-Aun así es mejor, tuvimos el día entero para descansar. Además nuestros combates fueron bárbaros. Ningún entrenamiento supera eso.

A Tigresa le venían a la mente esos pequeños enfrentamientos. Tenía que reconocer que durante toda su estadía en el palacio jamas había entrenado con alguien que le diera tanta batalla como Po. Cierto era que había sido entrenada por dos maestros de Kung Fu muy superiores a ella, pero jamas había tenido un duelo serio con el maestro Shifu, mucho menos con Oogway. En cambio Po la había hecho esforzarse en verdad para mantenerse en la pelea. Luchar con él era algo distinto a cualquier otra cosa, por algo él era el Guerrero Dragón. Siendo sincera, había disfrutado mucho pelear con él, y sin duda que Po también.

-Lástima que duró poco – lamentó el panda.

-Tal vez no – sugirió la maestra - ¿Por que no entrenamos juntos hoy?.

-¿Quieres entrenar conmigo? – ella asintió – ¡Claro! ¡Eso ni se pregunta!

-Pues entonces date prisa con esos platos panda – dijo convencida.

Cuando todos estuvieron reunidos en el salón incluida Song, y después de un duro calentamiento, se les repartió su tarea a cada uno. Estaba Po a punto de ir junto con Tigresa hacia la parte amplia del salón, empezarían su entrenamiento cuanto antes, cuando el maestro lo detuvo.

-Po, tu tendrás una tarea especial el día de hoy.

-¿De veras? – ya podía verse sufriendo con las barras otra vez – es que yo había pensado practicar con...

-Quiero que entrenes con Song, esta todavía débil como para hacer mucho esfuerzo. Creo que tu no tendrías inconveniente en ir a un ritmo mas lento ¿O si?

-No. Claro que no maestro.

-Muy bien.

Sin añadir mas el panda rojo se retiró a meditar. El oso se acercó a Tigresa, también había escuchado al maestro.

-Bueno, creo que nuestra pelea tendrá que esperar ¿Tal vez mas tarde? ¿O mañana?

-Claro – Tigresa lo entendía bien. Eran ordenes del maestro.

Ella se marchó a golpear los troncos mientras Po ayudaba a Song a golpear el muñeco que usaban los niños. Durante toda la practica ni Tigresa ni Po volvieron a cruzarse otra vez, cada uno inmerso en sus tareas no tuvieron tiempo para tener otro duelo entre ellos, ambos se decepcionaron un poco. Ya llegada la hora de dejar el entrenamiento por fin, Song le agradecía a Po por ayudarla.

-Realmente eres buen maestro – lo alagaba ella.

-¿En serio? Pero si no te enseñé nada – y tenía razón, lo único que había hecho era contarle chistes durante todo el día.

El oso reía con Song cuando vio a Tigresa acercándose lentamente hacia donde estaban, seguro que venia buscando una revancha por fin.

-Disculpa Song, debo ir a hacer algo… - intentaba sonar cortés al mismo tiempo que se alejaba.

-Espera Po – lo detuvo tomando su brazo – Me gustaría que me acompañaras a ver cómo va la vigilancia.

-Me encantaría pero es que yo…

-¡Vamos, será divertido! Podemos incluso pasar por unos fideos con tu padre.

-No lo sé, debo admitir que tengo un poco de hambre pero…

-¡Anda, vamos!

La entusiasmada felina lo jalaba hacia la salida poco a poco. Tigresa al percatarse de que su compañero de lucha iba desapareciendo por el marco de la puerta detuvo su avance. Lo ultimo que logró ver en el rostro del oso fue una expresión que le decía: "Creo que te veré después". Quedándose ella sola en el salón decidió que lo mejor seria volver a su habitación.

Así, uno tras otro los días pasaron en el palacio de jade, cada quien volvía a la rutina de siempre. Cada quien se preocupaba por sus asuntos luego de acabado el entrenamiento. La historia se repetía todos los días. Los dos maestros acordaban verse para practicar, o incluso solo para charlar como acostumbraban últimamente, pero uno de ellos nunca cumplía lo dicho. Siempre terminaba por ir con Song a otro lugar. Parecía que nunca podía decir que no a la mirada entusiasta de la leoparda, que insistía en querer pasar el resto de la tarde con él. Incluso aceptaba sabiendo que había acordado hacer algo más con su maestra favorita.

Al principio Tigresa ni siquiera notaba la ausencia de Po por la tarde, ni en la cena. Sus amigos eran los que sufrían, debían cocinar ellos mismos. A Tigresa le bastaba cualquier cosa que hubiera para comer. Inclusive, se decía a si misma "Sin ese panda por aquí tendré mas tiempo para hacer cosas importantes". Cada tarde que Po pasaba en el pueblo con Song, ella decía lo mismo y se concentraba en su propia paz interior. Al cabo de una semana del mismo cuento se percató de que lo único que estaba haciendo era engañarse a si misma.

Después de una de esas tardes de ininterrumpida meditación, Tigresa se encontraba acostada sobre su sitio habitual. No había cenado, en realidad no tenia hambre, tampoco tenia ánimos de ir a la mesa a charlar con sus compañeros. No se explicaba por que no tenia ganas de comer, hacia mucho que no había en ella falta de apetito, era extraño. A decir verdad, las cenas se habían vuelto muy monótonas desde que Po faltaba a ellas a diario "¿Que caso tiene que vaya, si el no va a estar? " pensaba para sí.

Abrió los ojos precipitadamente al darse cuenta de lo que acababa de pensar. Intentó sacudir de su cabeza todo pensamiento relacionado a los pandas. "Basta ya de pensar, tengo cosas importantes que hacer". Se tiró al suelo y se preparó para ejercitarse, una buena serie de lagartijas le caería bien, pero recordó que ya lo había hecho tan solo minutos antes. Luego de tratar de serenarse un poco se sentó con calma en medio de su habitación para comenzar a respirar hondo, pero de igual modo cayo en cuenta de que se había pasado toda la tarde meditando.

Por mas que la maestra trataba no lograba recordar que otras cosas además de ejercicio físico y meditación solía hacer. Solo se le venían a la cabeza todas aquellas ocasiones en que bajaba a cenar fideos con el Guerrero Dragón, o cuando acudía con el a los festivales, o cuando simplemente se quedaba hasta tarde en el salón de entrenamiento escuchando sus habituales disparates. Pensándolo bien, hacia mucho tiempo que no hacia nada por las tardes mas que desperdiciar su tiempo con Po. Fue en ese momento cuando descubrió lo que la tenia tan aburrida últimamente. Extrañaba esos ratos de ocio con el panda. Prácticamente ya no lo veía mas que en el desayuno. Lo extrañaba a el.

De nuevo negó fuertemente con la cabeza ¿Por que pensaba tales cosas?, no era como si Po ahora viviera en otro lugar, tan solo pasaba tiempo con una amiga a la que que no veía hace mucho. Seguro cuando todo esta exaltación provocada por la exagerada líder de las damas de las sombras pasara, todo volvería a la normalidad. Seguramente Po volvería a sofocarla todo el día con sus preguntas absurdas y a convencerla de ir a lugares a los que a ella no deseaba ni acercarse. Pensar en todas esas cosas, al mismo tiempo que miraba por la ventana de su dormitorio, le traían una que otra pequeña risa. El cielo lucia exactamente igual que el día en que acompañó a Po al festival Qi xi, aquel día que fue tan incomodo y al mismo tiempo tan divertido.

A su cabeza volvió entonces el estúpido sueño de aquella noche, su animo decayó en un instante. El hecho de que Po hubiera sido tan... lindo, con todas esas cosas que le dijo para animarla, causaban que la tristeza regresara. Tal vez sus sospechas fueran ciertas, tal vez terminaría por perder a su mejor amigo también. De nuevo a la soledad. Al final se quedó profundamente dormida, por desgracia. Esa noche la pesadilla del barco volvió para atormentarla.


Otro día de duro entrenamiento terminó, la maestra Tigresa ya ni se molestaba en buscar a su amigo al final del día. Seguramente ahora ya estaría en el pueblo con las damas de las sombras. Por lo que sabia les ayudaba con alguna que otra técnica difícil, les ayudaba a subir su nivel como guerreras. Por la noche recorría el pueblo con Song, cenaban juntos y al panda no se le veía por el palacio ya casi nunca.

Hoy Tigresa no tenia ganas de hacer otra cosa mas, ya estaba harta de lo mismo de siempre. Además el quedarse en su habitación solo le hacia pensar en cosas extrañas. No, definitivamente pensar mucho no traía nada bueno. Deseaba que alguno de los tantos rufianes que siempre acechaban el valle hiciera acto de presencia, le hacia falta algo de acción. Extrañaba los habituales disturbios del valle, y aunque eso era malo, era lo que mas necesitaba ahora. Ninguno de sus enemigos se atrevería a siquiera planear algo con toda la vigilancia que había.

Sin nada mejor para desperdiciar el tiempo, solo se dedicó a deambular por ahí, recorriendo los rincones del palacio. Raramente muchos de ellos solo le causaban pensar en lo que ella menos quería, en Po. Todos esos lugares estaban llenos de recuerdos, tanto divertidos como molestos, o incluso ambos.

Sin darse cuenta de cuando ni como, se hallaba avanzando lentamente a través del salón sagrado de los Guerreros, contemplando las diferentes pinturas y los legendarios artefactos. Finalmente llegó al fondo, estaba parada frente al espejo de agua y los mil rollos del Kung Fu. Ese pequeño estanque, siempre tan tranquilo y apacible, le mostraba su imagen reflejada entre algunos cuantos pétalos de durazno. Nadie comprendía como las hojas del durazno terminaban ahí. Po siempre se lo preguntaba a su maestro, pero tampoco él sabía. Tan solo estaban ahí. Era increíble la sensación de quietud que el agua frente a ella le daba. Los últimos rayos naranjas del día causaban que el espejo aparentara tener un resplandor propio. Contemplándose a si misma notó algo que se asomaba detrás de su hombro. La cabeza de un dragón dorado. Levantó la vista para admirar la antigua estatua. Ese mismo dragón había guardado el gran secreto del poder ilimitado durante cientos de años.

Cuanto había anhelado poseer ese rollo, durante tanto tiempo. Y ahora se encontraba guardado en su habitación, aun cuando ella no fue nombrada Guerrero Dragón. Otra vez estaba pensando demasiado, lo mejor sería continuar su improvisada caminata. Algo de aire fresco le vendría bien.

Podía sentir como la brisa entraba con fuerza por algún lugar. Salió por aquella parte descubierta del palacio que se encontraba al fondo. Esta daba directamente a una de las pendientes de la montaña. Se recargó en el balcón de piedra sin muchas ganas de moverse, el aire tibio le daba de lleno en el rostro, pero aunque intentaba poner en orden sus ideas, el mismo pensamiento no la dejaba aún en paz. ¿Por que todas estas cosas le estaban pasando? ¿Por que no se sentía cómoda con la situación en la que se encontraba?. Parecía conocer la respuesta pero se rehusaba a aceptarla. ¿Donde se encontraría Po ahora? ¿Que estaría haciendo?. Tan salida del mundo real estaba que no percibió que alguien se aproximaba por detrás.

-¡Hola Tigresa!

La maestra se giró sorprendida al reconocer la voz, realmente no esperaba encontrarlo ahí.

-Hola Po – le respondió intentando no delatar el estado en que se encontraba.

El oso se acercó alegre hasta pararse junto a ella.

-Te he estado buscando por todas partes, durante todo el día – exageraba sobándose la espalda baja - ¿Donde estabas?.

-Solo andando, por ahí.

-Entiendo – Po se aclaró la garganta – Tigresa, ¿Estoy interrumpiendo algo? ¿O tienes cosas importantes que hacer?

-No, realmente no – respondió sin comprender.

-Es que, hay algo de lo que me gustaría hablarte.

La maestra le prestó mas atención, la manera en que había dicho esto ultimo indicaba que era algo delicado.

-Claro. ¿De que se trata?

Po al ver que tenia la palabra se sentó en el piso para estar mas cómodo, Tigresa hizo lo mismo.

-Bueno, no es algo que digamos, serio – Po suspiró – pero necesito decírselo a alguien. Y me gustaría que ese alguien fueras tu.

-Entiendo.

El panda rebuscó en su confundida mente, no sabía como decirlo.

-Verás... Cielos ¿Por donde empiezo?. ¿Recuerdas lo que hablamos la otra noche?

-Si, por supuesto.

-Bueno, creo que algo parecido me esta pasando.

-¿Que quieres decir?

-Que tengo miedo de perder a alguien, bueno a una amiga – Tigresa podía imaginar de quien se trataba.

-Pero, ¿Por qué?

-Por muchas cosas. Es difícil separarse de alguien a quien quieres – dijo con un semblante decaído.

-Por supuesto, pero no veo motivo para que debas alejarte de ella.

-Es que no hay un motivo real – Po se perdió por un momento en sus recuerdos – Pero es que hemos hecho tantas cosas divertidas – decía con brillo en los ojos – nos reímos, vamos a tantos lugares, cenamos juntos casi a diario...

Tigresa se sentía un poco triste al escuchar a su compañero hablar.

-Pero, de algún modo se que eso no será para siempre. En cualquier momento ella, tu sabes – detuvo sus palabras por un instante. Tigresa se acercó a él expectante y lo obligó a continuar – nada sera igual después de lo que esta pasando ahora.

-No tiene por que ser así Po, un amigo siempre será un amigo ¿No es eso lo que tu mismo tratabas de decirme?

-Si, pero ese es el problema. Ya no la puedo ver solo como a una amiga, ¿Me entiendes?

La felina comprendió de inmediato, retrocedió un poco poniéndose insegura.

-Creo que si.

-Jamas me había pasado esto con ninguna otra chica.

-Te entiendo.

-¿En serio?

-Si – vio la cara de entusiasmo de su amigo y al momento se apresuro a añadir algo - pero no creo poder ser muy útil con todo esto Po.

De algún modo el panda esperaba una respuesta como esa, así que solo se encogió de hombros con tristeza.

-No se que hacer – se llevaba las manos al rostro, haciendo un fingido sollozo – y tengo hambre.

Tigresa no tenia idea de que debía decir. ¿Que tanto podía ayudar a su amigo con cosas del amor si no poda hacerlo con ella misma?. Lo pensó un poco y se acercó al guerrero buscando su mirada.

-Sabes Po, cualquier persona podría darte el mismo consejo. Pero, ¿Por que no solo se lo dices?

-Por que ella no siente lo mismo por mi.

-¿Pero como lo sabes?

-Por favor Tigresa, alguien como ella... y yo. No creo que resulte bien.

La guerrera suspiró, esas eran el tipo de cosas sin sentido que molestaban a la gente normal, cosas que no eran de mayor importancia para ella. Al menos casi nunca. Pero algo debía hacer, era incapaz de ver a Po así.

-¿Dices que pasas mucho tiempo con ella? . Le preguntó con delicadeza.

-Si

-¿Y ella se ríe de las cosas que dices?

-Si – a Po le volvía el color al rostro.

-Po, ella... ¿Realmente te gusta?

-Si, por supuesto que si.

La maestra escogió bien sus palabras, debía alentarlo a hacer lo que él seguramente ya sabía, pero no quería ver. Y al mismo tiempo conseguir zafarse de la situación, que tanto le afectaba por dentro. Afortunadamente él aún no lo notaba.

-No tiene caso que lo pienses mucho. Algo me dice que tu también le gustas. Lo único que haces es perder tu tiempo al darle vueltas a todo esto, solo debes decírselo.

-¿Tu crees?

-Confiá en mi Po.

-¿Segura?

La maestra asentía con franqueza.

-Tal vez tengas razón.

-¿Y cuando no? - le preguntaba cruzada de brazos.

El Guerrero Dragón no reprimió una expresión de alegría, un sincero consejo de Tigresa era todo lo que necesitaba para recobrar la confianza. Sin pensarlo mucho avanzó unos pasos y la levantó ligeramente del suelo dándole un cariñoso abrazo. La maestra enmudeció.

-Gracias Tigresa, eres la mejor.

-Claro, pero, ya bájame por favor.

Otra vez lo mismo, se preguntaba cuantas veces le permitiría a Po hacerla sentirse así con sus afectivos gestos. Aunque le provocaba cierta felicidad el que su amigo fuera tan abierto como para contarle su problema así nada mas, lo cierto era que quería terminar con aquella conversación lo antes posible. No le era agradable hablar al respecto. Luego de intercambiar unas cuantas miradas incomodas con el oso comenzó a andar hacia el interior del palacio. En cualquier momento llegaría la hora de la cena, así que solo hizo un gesto a Po para decirle que era hora de irse. El panda la siguió con el paso alegre de un niño de cinco años, soñaba despierto con las mil formas de decirle a su amiga lo que sentía. De algún modo esa corta charla le dio el valor que necesitaba. Sin darse cuenta de cuando su alegre paso comenzó a dejar atrás a Tigresa.

-¡Tengo tantas ideas geniales! ¿Tu como crees que debería decírselo? - repasaba mentalmente sus elaborados planes – una nota en su habitación tal vez, o podría regalarle una flor, o escribirle un poema... ¡O tal vez le prepare algo de comer! Espera, no, eso es para mi. ¿Tu que opinas Tigresa...? ¿Tigresa?

El panda paró de hablar al notar que ella ya no lo estaba siguiendo, se había quedado parada a un lado del espejo de agua, contemplando su reflejo cabizbaja. El no podía comprender, ¿Que le pudo causar el cambio tan repentino de humor? Un poco preocupado volvió sobre sus pasos para sacarla de sus pensamientos.

-Ey ¿Que te sucede? ¿Acaso dije algo malo?

-No, nada – aun con la mente en otro lugar no hallaba que responder.

-¿Y entonces por que de repente estas triste? - el intentaba hacer que ella le devolviera la mirada, pero era en vano – ¿Tigresa?.

La expresión en el rostro de la felina decía que no quería confesar lo que le pasaba, pero su tono de voz decía otra cosa.

-Es solo que... - no podía decírselo si la veía a los ojos, así que se volteó para otro lado – Yo...

No pudo completar su frase, en ese momento la puerta del salón se abría cautelosamente. Aunque el rechinido era casi imperceptible, el agudo oído de Tigresa la alertó a tiempo. A través de las enormes puertas entró un numeroso grupo de leopardas de las nieves, vistiendo armaduras negras. Definitivamente no eran parte de las damas de las sombras y, por su sigilo al caminar, seguro no tenían intenciones muy buenas.

-Muy bien, ustedes busquen arriba, nosotras registraremos...

La que daba las ordenes a las demás se detuvo en seco al percatarse de que frente a ellas se encontraban la feroz maestra Tigresa y el Guerrero Dragón adoptando sus posiciones de combate.

-¡Maldición! - la leoparda hizo un discreto gesto a una de sus compañeras.

-Sitio equivocado señoritas – amenazó Tigresa.

-¿Que buscan aquí? - exigió saber Po con voz autoritaria - Ustedes son las aliadas de Su. ¿Cierto?

Las intrusas no se molestaron en prestar atención a la pregunta, sino que se lanzaron simultáneamente sobre los maestros desenfundando sus muchas armas. Tigresa y Po intercambiaron un gesto de afirmación con complicidad al ver la batalla aproximarse. Tal vez los superaran en numero, pero nadie podía hacerles frente cuando peleaban juntos.

En un instante los maestros se vieron rodeados, siendo atacados por una gran cantidad de felinas. Con tremenda ferocidad, la maestra Tigresa arremetía sin vacilar contra sus adversarias. Sus golpes, capaces de enfrentarse al acero mismo, destrozaban una que otra armadura negra en el transcurso de la pelea. Al ver la facilidad con la que Tigresa podía noquear a varias de ellas en cuestión de segundos, muchas se preguntaban si sería sensato seguir peleando.

La guerrera del palacio de jade se hallaba demasiado concentrada poniendo en su lugar a tres de las atacantes a la vez, esquivando sus rápidos golpes y propinando severos puñetazos en sus puntos vulnerables, tanto que no prestaba atención mas allá de su espalda. Una de las leopardas lo notó y aprovechó para preparar su ballesta, tenia un tiro libre perfecto. La flecha salió disparada con certera precisión, a una distancia que garantizaba neutralizaría al blanco. Pero esta no llegó a su objetivo, una lenta pero hábil mano se interpuso, sacándola de su trayectoria con un movimiento perfecto. El Guerrero Dragón cubría la espalda de su amiga, no permitía que nada ni nadie se aproximara demasiado. Po desarmaba a las felinas que intentaban arremeter con espadas y flechas. Varias enemigas volaban por los aires, incluso hacia el exterior del palacio luego de intentar enfrentarse a Po. Hábilmente sacaba de equilibrio a sus contrincantes para mandarlas a estrellarse contra una de las columnas de un barrigazo.

Todo parecía en favor de los alumnos de Shifu, eran imparables como equipo. Pronto las extrañas quedarían fuera de combate. Po ya olía la victoria cuando una voz conocida lo llamó, alarmada, desde algún lugar.

-¡Po! - Song iba entrando por la puerta principal sobresaltada por lo que veía.

Una de las seguidoras de Su notó la presencia de Song en la batalla, seguro seguiría herida. Ahí encontró su mejor oportunidad para cumplir su misión, o al menos para escapar del lugar.

-¡A ella! - indicó a las demás.

Varias leopardas redirigieron el ataque hacia la débil Song. Esta se preparó para la pelea, no podía quedarse ahí sin hacer nada, debía ayudar a su amigo. No fue mucho el tiempo que logró aguantar el ritmo de la batalla, enseguida comenzó a sentir golpes llegándole de todos lados, siendo incapaz de bloquearlos. Su cuerpo aun resintiendo las consecuencias de su ultima pelea no la dejaba defenderse.

-¡Song aguanta! - Po se abría paso entre el enemigo para llegar a prestar ayuda a la felina en desventaja.

-No puedo pelear – se quejaba Song mientras apretaba su abdomen.

-No te preocupes – el oso paraba golpes de todos lados sirviéndole de escudo – solo mantente cerca.

El grupo que atacaba a Po cada vez los hacia retroceder mas hacia la salida, alejándolos de la ahora aislada Tigresa. La que parecía llevar el mando veía su artimaña funcionar. Con un gesto indicó a su compañera subir al techo sigilosamente. Seguidamente se lanzó para atacar con todas sus ganas a Tigresa, distrayendo así su atención. Ahora no había quien le cubriera la retaguardia.

Aunque Tigresa seguía siendo capaz de mantener a raya a sus contrincantes notó que se encontraba sola, y que el numero que la rodeaba incrementaba. Pese a su alto nivel le costaba enfrentar a tal cantidad de leopardas a la vez, estaban bien preparadas. Poco a poco los ataques fueron acertando en su cuerpo cada vez más. Se empezaba a sentir vulnerable.

-¡Po! – llamaba a su amigo sin lograr verlo por ningún lado – ¡Necesito un poco de ayuda aquí!

-Espera, ahora no puedo – contestaba un cansado Guerrero Dragón.

La maestra supo que no podría tener ningún apoyo, su compañero se encontraba en la misma situación que ella protegiendo a Song. En un pequeño instante notó a una de las leopardas escabullirse sin ser vista hacia la puerta de atrás, que conducía a los archivos. El sitio donde se guardaban los artefactos mas peligrosos. Estaba claro, lo que querían era distraerlos para apoderarse de alguna de las reliquias.

-¡Po, enserio te necesito! ¡Ahora! - al tiempo que lo llamaba mandaba a volar de una fuerte patada a una felina que intentaba bloquear su visión - ¡Po!

Pero el panda no le respondía. Song había sido empujada hacia uno de los extremos de las escaleras, quedando colgada al vacío. Su protector intentaba rescatarla al mismo tiempo que alejaba los flechazos y las armas de sí mismo.

Tigresa estaba sola, definitivamente el no vendría a ayudarla, rugió internamente. Decidió que ya era hora de dejarse de juegos, preparó su mejor golpe juntando las manos al lado de su abdomen y lo descargo con toda su energía sobre el mayor numero de enemigas que pudo. Al verse el camino despejado por unos instantes corrió a toda velocidad hacia los archivos para detener a la ladrona. Pero justo antes de llegar a su objetivo las fuerzas la abandonaron y su vista se nublo. En cuestión de segundos todos sus sentidos se vieron afectados considerablemente. Sentía una punzada en su brazo, este le quemaba. Al llevar su mano al origen de la sensación palpó un dardo clavado en su piel. Rebuscó con la mirada, en el techo había una felina con una cerbatana en la mano. Que descuidada había sido, el panda ni siquiera sabía que ahora mismo un poderoso artefacto estaba siendo sacado del palacio. Y era seguro que ella ya no podría hacer nada para evitarlo. No podía ni siquiera gritar para advertir a su compañero, su garganta se cerraba y le costaba respirar. Un duro metal la golpeó en la espalda sin previo aviso y al instante quedó fulminada.

Lo siguiente que pudo escuchar fue a una voz llamándola desesperadamente.

-¡Tigresa! ¡¿Estás bien?!

Las fuertes sacudidas del panda la hicieron volver al mundo real. Poco a poco las sensaciones regresaban a su cuerpo. Se llevó la mano a la cabeza tratando de asimilar todo lo que había pasado. Al caer en cuenta de lo último que había visto se levantó precipitada dejando de lado a Po.

-¡Se llevaron algo! - dijo ella exaltada - ¡¿Adonde fueron?!

-¿Que se llevaron? - cuestionó el oso preocupado.

-!No lo se Po! - gritó al panda molesta por no haber respondido su pregunta - ¡Debemos detenerlas! ¡¿A donde fueron?!

-No sé – contestó nervioso – creo que escaparon.

-¡¿Que?! ¡¿Por que las dejaste ir?!

-Es que yo...

Tigresa no esperó respuesta, echó a correr a las escaleras aunque no se encontraba totalmente repuesta, debía encontrar a las ladronas. En su trayecto cuesta abajo encontró al maestro Shifu seguido de los demás alumnos. Al ver este el estado de Tigresa supo que algo había pasado.

-¡Maestro! - la agotada guerrera sintió un poco de alivio – nos atacaron, hay problemas.


En las afueras del valle, en la cima de una montaña, Su se encontraba aguardando el regreso de su grupo. Todo estaba casi completo, el momento se acercaba. Miraba detenidamente el guante que llevaba en la mano, podía casi sentir su victoria sobre el palacio de jade. La llegada de sus seguidoras la sacó de sus pensamientos.

-Mi señora – dijo con respeto una de ellas inclinándose – logramos entrar al palacio y registramos todas las cámaras.

-Bien, entrégamelo.

La leoparda dudó un poco su respuesta, sabia que a Su no le gustaban los fracasos.

-Me, temo que no hemos conseguido el artefacto – su líder se tornó bastante molesta al oír esto – estaba guardado en un cuarto especial, tras una puerta de acero. Además el Guerrero Dragón y uno de los cinco estaban ahí, no pudimos hacer mucho. Lo siento mi señora...

Antes de poder agregar algo mas, sintió su cuello aplastado entre el suelo y el pie de Su.

-¿Entonces ahora que haré contigo?

Ella, indefensa, no lograba mas que articular unas cuantas palabras incomprensibles.

-¿Que dices? No te oigo – le decía fingidamente.

-Song... - alcanzó a pronunciar.

Su enseguida la soltó y se arrodilló hasta estar a su nivel.

-¿Que dijiste?

-Es Song, está con ellos – la líder solo se molestó más – aun esta herida, no pudo aguantar la pelea mi señora. Además logramos envenenar a la maestra Tigresa, esta débil.

-¿En serio? - preguntó relajando sus expresiones, parecía que tenía una idea. Olvidándose de su enojo se levantó mirando hacia el valle - ¿Saben qué? Creo que es hora de hacer una visita personal a nuestra vieja amiga – luego se volteó hacia las demás – escúchenme, se adelantan los planes.

"Llegó la hora" se dijo a si misma.


Po, Song y Tigresa se hallaban en el palacio, el medico los estaba atendiendo. Les ponía al panda y a la leoparda vendajes, mientras a Tigresa le daba un remedio para contrarrestar los efectos del veneno. La maestra Tigresa se sentía más intranquila con cada segundo que permanecía ahí, sin poder hacer nada. No lo soportaba, el maestro le había ordenado volver al palacio. Él y sus demás compañeros se encargarían de buscar a las ladronas. Se sentía inservible al no poder ayudarlos. Después de todo era responsabilidad suya que hubieran huido, no fue lo suficientemente atenta a la pelea. Si no iba a buscarlas podrían escapar con lo que fuera que hubieran robado. "Basta ya" se dijo a si misma, decidió que ya no se quedaría mas en ese lugar. Tenía que hacer algo. Reunió fuerzas para levantarse de la silla y enseguida emprendió la retirada.

-Maestra, espere – la detuvo el médico – todavía esta muy débil, no puede irse.

Ella simplemente no quiso escuchar y continuó de largo. Po, al notarlo, le dijo a Song que se quedara ahí y también se levantó para ir tras ella.

-¡Tigresa! ¿A donde vas? - intentaba alcanzarla.

-Debo encontrarlas. No puedo dejar que escapen – por mas que ella trataba no podía aumentar la velocidad y dejar al oso atrás. Su cuerpo no le respondía bien

-No, no te dejaré – se interpuso en su camino – escuchaste al maestro, y al médico. No estas en condiciones de ir.

-Apártate Po – exclamó fastidiada.

El guerrero se acercó y tomó una de sus manos, de nuevo se había atrevido a tocarla.

-Por favor Tigresa, escúchame – le dijo suplicante – podrían lastimarte.

El suceso causo que la sangre le hirviera a la furiosa, ya no se contuvo más.

-¡Si tanto te preocupo pudiste haberme ayudado! - de nuevo lo apartó bruscamente y siguió su camino.

-Lo se, lo siento – se disculpaba el panda con voz suave - es que no podía dejar sola a Song. No podía combatir y...

-Ella no tenía nada que hacer ahí – dijo sin detenerse.

-Tigresa – dijo el panda frenando un poco su marcha – no culpes a Song por esto.

La maestra se detuvo en seco y dio vuelta.

-No la culpo a ella Po, te culpo a ti – el pecho del panda se encogió al oír eso – yo pude haberlas detenido, para que protegieras a tu amiga. Pero me envenenaron – hizo una pequeña pausa e intento poner mas énfasis en sus palabras – por que tu me dejaste sola.

-Tigres perdoname, es solo que...

-Y ni siquiera intentaste detentarlas, eso es lo que no comprendo. Las dejaste ir así nada mas.

-Yo...

Tigresa le indicó con una mano que parara de hablar, no tenia nada mas que oír.

-Solo recuerda que eres el Guerrero Dragón, así que comienza a poner en orden tus prioridades y a comportarte como tal.

El serio tono de regaño de la furiosa dejó al pobre panda sin nada mas que decir. Ella cortó inmediatamente el contacto visual y se marchó. Por cada paso que la maestra se alejaba, Po se sentía peor por dentro. Tenia un gran sentimiento de culpa. ¿Realmente había actuado mal?, ¿Que otra cosa se suponía que debía hacer?, no lo sabía. Tal vez su compañera tuviera razón, después de todo, siempre era así. Cuando Tigresa se hubo perdido en la distancia Po escuchó tras de si una voz amiga.

-Eso no salio bien, ¿Cierto? - preguntó Mono saliendo de la nada.

-¿Tu desde cuando estas ahí?

Mono se encogió de hombros.

-No hallé a las ladronas, busco a los otros para ver si tuvieron mas suerte.

-Oh, claro – repuso sin interés.

-¿Estaba que echaba humo verdad? ¿Que pasó?

-Metí la pata, como siempre – contestó Po con desaliento – No fue mi intención hacerla enojar – dijo el oso con tristeza.

Mono se acercó y le dio unas pequeñas palmadas en la espalda.

-Tranquilo amigo, estoy seguro de que no quisiste hacerlo – el langur analizó rápidamente lo dicho – lo que sea que hallas hecho.

-Valla, eso si que ayuda.

-Digo que no te preocupes, tu sabes que ella es así. Ya se le pasará – intentaba animarlo.

-Tal vez – el casi no le prestaba atención, tenia la cabeza en otro lado.

El primate veía muy triste a su compañero de bromas, eso no era nada bueno. Desde hacía mucho no era un secreto que el panda anduviera detrás del afecto de la maestra Tigresa, aún cuando a la vista de todos los demás ella no lo correspondía. El primate era el mejor amigo del Guerrero Dragón, de una u otra forma había tratado de hablar al respecto con Po, pero se había contenido para no herir sus sentimientos. Sin embargo, con lo que acababa de presenciar, estaba claro que necesitaba un consejo sensato.

-Po, contéstame algo.

-¿Qué?.

-¿Realmente te están funcionando las cosas con ella?

La pregunta fue tan repentina como directa para el panda.

-¿A que te refieres? - dijo nervioso.

-A Tigresa, a la chica a la que le acabas de tomar la mano – contestó Mono.

-¿Que? No se de que hablas – decía Po algo sonrojado - ¿De que hablas?

-Vamos Po ¿Crees que estoy ciego?

Ante la mirada suspicaz de su amigo no le quedó otro remedio que admitir lo innegable.

-No – suspiró el panda rendido. Mono entendía que contestara así.

-Lo que quiero decirte Po, es que tal vez no deberías de ilusionarte mucho – solo consiguió hacerlo entristecer mas – mira, Tigresa no es el tipo de personas que se encariñan contigo. De hecho ya es mucho que te considere su amigo.

-Lo se. ¿Pero que mas puedo hacer?

-No lo tomes a mal, pero creo que deberías pensar menos en ella, a la larga siempre va terminar como esto.

-No lo se Mono...

Al oso no le gustaba lo que escuchaba, se notaba en su rostro. El primate sabía que su amigo tendría que decidir por si mismo, pero era su deber decir algo, no podía dejarlo así. Mono tenía que continuar buscando a las leopardas con los otros furiosos, así que decidió decir solo algo más.

-Es tu elección Po, pero deberías darte cuenta de que Tigresa no es la única chica por aquí – dijo comenzando a alejarse.

-¿De que hablas?

-Hablo de Song amigo.

-¿Song?


Muy bien, eso fue todo por esta vez, seguro que para la próxima no me tardo tanto. Como siempre espero sus comentarios o cualquier observación por algún error de... lo que sea. A los que , mucho o poco, siguen esta historia les agradezco en verdad que lo hagan y espero que continúen leyendo.

Gracias por leer - se despide nrobert921.