Discalimer: Los personajes le pertenecen a SM

Hola hermosas lectoras! He aqui otro capítulo, espero lo disfruten.

El trato, jugando con fuego

No eran más de las nueve de la mañana cuando un hombre arribo a uno de los edificios mas imponentes de la ciudad, uno de mayor altura y de diseños de vanguardia combinado perfectamente con el diseño de cristal, edificio que pertenecía a la compañía Cullen&Associates, uno de los edificios mas importantes en cuanto a negocios en el país refería, el hombre bajo de su automóvil y se dirigió directamente a su oficina sin dirigir mirada a nadie mas que a su camino, caminaba con un porte elegante, firme, imponente y que emanaba autoridad así que nadie osaba cruzarse en el camino del "señor de hierro".

Como a diario aquel hombre llego a su oficina, acomodo su portafolio para después ordenar documentos de sus negocios venideros y pedirle, o la palabra correcta sería ordenarle, a la secretaria que le llevase su expreso mientras comenzar a revisar la información que estaba en el folder sobre su escritorio.

Observo detenidamente cada detalle de ese informe acerca de la leona de cabellos de fuego, ahora dorados, decía sus características detalladas, estatura, medidas, sus antecedentes en lo cual figuraba lo del internado, que ella era huérfana, su escape… pero había cinco años de aquella mujer que estaban desaparecidos, solo decía que había estudiado en la Universidad de Arte Arquitectónico en Francia, obteniendo su título de licenciada en arquitectura con una especialidad en diseño de dirección de obra y una maestría en preservación de monumentos y casas antiguas, que había estudiado la universidad abierta obteniendo aún así sus estudios en menos de cuatro años siendo eso un tiempo record y obteniendo varios premios y siendo la mejor de su generación, pero de allí en fuera no había nada, una sonrisa se asomo por los seductores labios del hombre, al parecer la leona ocultaba algo con fervor ¿Qué sería? En ese momento no lo sabía pero en algún momento lo descubriría, observo que ella trabajaba en Innovative Architectural Corporation como vicepresidenta y que vivía en un departamento en las mejor zona de California, después de ver la dirección saco una de las fotos del rostro de Bella que venía en el folder y miró aquel rostro con la apariencia de un ángel pero con la mirada y la esencia de una reina, ella era la indicada, había estado buscando por meses, pero ninguna de las mujeres que había visto estaban a la altura del juego que el estaba por comenzar, guardó todo cuando escucho el pestillo de la puerta de su oficina abrirse para dejar entrar a un hombre alto, ya viejo de cabellos canos, piel arrugada y una apariencia que denotaba los años vividos pero aún así vestido con un caro traje, zapatos de cuero italiano y sus cabellos grisáceos perfectamente peinados, apariencia adecuada al propietario de una séptima parte de la compañía.

-Joven Cullen, tan puntual como un reloj suizo- le dijo el viejo acercándose a uno de los sillones y sentándose.

-Archival como siempre incapaz de tocar la puerta- le dijo el ojiverde serio

-Ambos sabemos que siempre trabajas ¿Qué podría encontrarte haciendo? Nunca traes aquí a tus conquistas así que, que más da.

-No tengo tiempo para conversar contigo banalidades ¿Qué quieres?

-Siempre tan directo compañero, bien, te traje esto, la invitación de cada año- le dijo el viejo levantándose y dejando un sobre de un exquisito papel color marfil en el escritorio

-Es en una semana- dijo el peli cobrizo mirando la fecha del evento

-¿Tienes algún problema?

-No, es perfecto, ahora sal de aquí, molestas- le dijo el ojiverde sentándose tras el escritorio en su silla de cuero mientras el viejo reía y salía de la habitación, mientras el peli cobrizo sonreía, el plan se pondría en marcha en ese momento para que en una semana todo estuviera listo.


Una semana había pasado desde la escena del hombre ojiverde en su oficina, y como era de esperarse, todo iba de acuerdo a lo planeado, ese hombre de cabellos cobrizos había movido sus influencias y contactos, que eran muchos y muy poderosos, para sabotear contratos de la empresa Innovative Architectural Corporation y no cualquier tipo de contratos, no, eso no haría que su presa fuese a la cueva del lobo, lo que había hecho era arruinar negociaciones que si se hubiesen llevado a cabo hubieran dado de ganancia millones a la compañía, sabía que la flor carnívora ya estaba al tanto del autor de dichos saboteos, pero ella no podía hacer nada por ese momento mas que esperar a enfrentar al desdichado hombre que le estaba arruinando sus negociaciones.

El día comenzaba en la ciudad, la mañana transcurría de manera apresurada; como a diario, el calor bailaba en el ambiente a pesar de no ser más de las ocho de la mañana, la ciudad estaba despierta totalmente y aún mas al ser Viernes, los negocios comenzaban a abrir mientras las personas corrían a la avenida a conseguir un taxi para ir al trabajo, todos observaban su relojes de manera rápida calculando el tiempo en el que llegarían a su destino, todos corrían enfrascados en sus rutinas, a excepción de una bella rubia que caminaba de manera tranquila y seductora por la acera después de haber ido a la cafetería por su expreso diario, se disponía a cruzar la calle para ir a por su auto cuando un coche color negro de vidrios polarizados le tapó el paso, se abrió la puerta para dejar ver al conductor.

-Señorita Peeters el señor Cullen la espera- le dijo el chofer a lo que ella solo miró al conductor por un par de segundos mientras una sonrisa se asomaba por su rostro, al fin el adversario se disponía a dar la cara, había estado esperando toda la semana para tenerlo enfrente y decirle que ella no sabía lo que planeaba pero ciertamente no se dejaría vencer que si quería guerra, guerra tendría así que tiro su expreso al cesto de basura que estaba a su lado y subió al auto sentándose en la parte de atrás, cruzó las piernas y sacó de su bolso su lápiz labial rojo para retocarse, después de haberse observado y reiterar su perfección guardo el espejo para minutos después llegar a su destino: la empresa Cullen&Associates, al llegar el encargado de recibir a las personas le abrió la puerta y le ofreció una mano que la mujer tomo para salir.

-Señorita Peeters el señor Cullen le espera, sígame por favor- le dijo el joven que la había recibido, caminaron por el recibidor del edificio hasta el ascensor, los tacones de ella resonaban por el lugar haciendo que los hombres de aquel lugar dejaran por un segundo lo que estaban haciendo para ver a aquella hermosa mujer vestida perfectamente con una falda de tubo roja a juego con su saco del mismo color que parecía había sido hecho a su medida, y seguramente eso fuere cierto, pues abrazaba cada una de sus curvas de ese cuerpo de infarto perfectamente, llevaba un bolso de mano negro, zapatos negros de tacón de aguja, unos guates negros que marcaban aquellas largas y finas manos hasta la muñeca, sobra decir que su apariencia era de una diosa, como de costumbre, perfectamente maquillada; de manera elegante y con su melena rubia cayendo libremente en suaves y seductoras ondas sobre su espalda.

La dirigieron al noveno piso de aquel lugar hasta una oficina, el joven que le dirigía llamo a la puerta y una voz varonil y autoritaria dio el acceso a la habitación, el joven hizo una reverencia a la mujer y se marcho de allí mientras aquella dama entraba a la oficina, abrió la puerta para entrar y después volver a cerrar la puerta tras de si, la habitación era amplia y decorada con muebles elegantes y de buen gusto, todo en color negro, pero lo que llamaba más la atención no era aquel bonito librero de ébano ocupado por todo tipo de libros, aquel juego de sillones de cuero negro que estaban alrededor de aquella mesa de centro o el fino escritorio que estaba al fondo de la habitación, no, lo que realmente llamaba la atención era el dueño de la oficina, el cual estaba tras el escritorio leyendo detenidamente los documentos que tenía entre sus manos, un hombre de treinta y un años, que estaba en su gloria totalmente, de barbilla cuadrada, una nariz griega perfectamente esculpida que solo los preferidos de los dioses poseían, cejas pobladas en la medida exacta, unos labios seductores que te invitaban a ceder tu cordura por un beso, profundos y fuertes ojos esmeralda que podían hacerte perder la cabeza con una mirada, de cuerpo digno de algún dios, lo más probable que parecido al mismo Apolo, hijo de Zeus, de un cuerpo de forma mesómorfa, de hombros exquisitamente anchos, de torso musculoso y atlético cubierto por un traje fino de color gris que remarcaba más aquella figura idónea para cualquier hombre, poseedor de una presencia que desprendía por cada poro de su cuerpo sensualidad y que tan solo al estar frente aquel ser se podía sentir aquella presencia varonil y autoritaria.

Cualquier mujer tan solo de ver a ese Dios griego habría perdido la razón pero aquella rubia solo lo miró de reojo para después sentarse en uno de los sillones, acomodar su traje y cruzar la pierna de manera elegante para apreciar unos de los cuadros de la habitación.

-Supongo que no estoy aquí solo para observarte leer- le dijo la rubia después de unos segundos de silencio

-No te he permitido hablar, así que cierra esa boca, a partir de ahora si no te autorizo hablar no lo harás- le dijo la voz varonil y tenaz de aquel hombre sin levantar la vista de los documentos que inspeccionaba detenidamente.

-No me trajiste aquí solo para estar callada ¿No es así? Además que nadie me dice cuando puedo o no hablar- le dijo la rubia sin inmutarse ante la severidad y autoridad de la voz de aquel hombre, de hecho al principio había inspirado un ápice de temor pero después de haber pasado la impresión dejo atrás ese sentimiento, él era conocido en el mundo de los negocios y fuera de él como despiadado, frío, calculador que no le importaba nadie mas que el mismo, comparado comúnmente con el Dios del inframundo, Hades, ambos por tener en común su malicia, su frialdad y por ser despiadados. Pero a aquella mujer no le importaba si fuese el mismo diablo pues él se había metido en el territorio de ella y se estaba metiendo con su trabajo, lo cual no podía dejar pasar.

-¡Te dije que te callaras!- le demandó el ojiverde mirando a la rubia con autoridad y ferocidad en los ojos, solo comparado con la furia que los titanes o demonios podían alcanzar, o con la locura en los ojos que poseía un asesino, la rubia observo que no le convenía hablar por mas que las palabras, no muy adecuadas para ser pronunciadas por una dama, pelearan por salir pero tampoco dejaría ver que podían controlarla así que levanto la barbilla y enderezo la espalda con orgullo y desafío, el hombre sonrió, le había obedecido pero le estaba retando al mismo tiempo, esa mujer sin duda alguna sería su mejor peón en el juego.

-Veo que vas comprendiendo como funcionan las cosas aquí, bien, no me gusta los rodeos así que te diré que te traje aquí porque eres el peón perfecto para mi juego, quiero que interpretes el papel de la novia perfecta por seis meses y después te dejaré ir, si no quieres cooperar me veré en la necesidad de arruinar la empresa en la que trabajas como te mostré que soy capaz en esta semana, tengo influencias que la destruirán sin esfuerzo alguno y si decides escapar, ya no me servirás en mi juego pero te daré caza hasta ver deshecha tu vida y tu carrera- dijo el ojiverde mirando a la sorprendida rubia, la cual no había pronunciado palabra alguna al estar procesando la información de la amenaza ¿Cómo era posible que hubiera llegado a ese punto? ¿Por qué a ella le sucedían esas cosas? En la mente de la mujer se comenzaron a maquinar miles de formas para escapar de allí y miles de respuestas que dar pero ninguna parecía la opción inteligente además que su lengua había decidido someterse aunque su cerebro dijera que pelease.

-¿Por qué yo?- logró articular la rubia cuando recupero el aliento

-Eres la mujer apta, tu actuación es impecable, tu inteligencia es suficiente y tu encanto me ayudara a distraer a las personas que necesito embaucar, así que tu papel comenzará el día de hoy, harás tu primera aparición en una fiesta de esta noche así que quita esa cara y comienza a sonreír.

-No he dicho que aceptare- le dijo la rubia con su cantarina voz temblando un poco, ella era fuerte, inteligente y una guerrera de corazón pero en ese momento era como estar en presencia de un tirano despiadado e imponente para cualquier mortal pues no importaba que tan fuerte fueses era capaz de derrotarte con una mirada o de obligarte a someterte a su voluntad con ese tono de voz como el rayo.

-Seria estúpido de tu parte el solo pensar la posibilidad de no aceptar, se que eres un poco inteligente así que ahorremos tiempo- le dijo aquel hombre levantándose de su silla de cuero para avanzar con pasos fluidos y autoritarios al frente de su escritorio para adoptar una posición despreocupada, cruzando los brazos sobre aquel fuerte pecho y recargando la espalda baja en la orilla del escritorio, una sonrisa se asomaba en sus bellos labios sabiendo que la presa no tenía a donde ir, ella lo miró con odio y rencor entornando sus ojos al haber recuperado su temperamento al ver la burla que se veían reflejado en el rostro de aquel hombre.

-No soy una muñeca Cullen quizá acepte en este momento porque mis opciones son aceptar o desaparecer pero no seré sumisa, tu me quisiste en este juego así que quizá también mueva mis cartas, recuerda que poseo afiladas uñas y esos hermosos ojos que tienes tienen un alto precio entre tus enemigos así que espero andes con cuidado que solo me basta un descuido tuyo para atacar.

-Yo nunca me descuido querida, siempre voy tres pasos delante de los demás y sé sus debilidades a donde atacar, antes de que puedas acercarte yo ya habré terminado con tu último aliento de vida así que no intentes nada estúpido si quieres seguir viviendo- le dijo en tono oscuro y amenazador dando a las palabras un matiz de veracidad, la rubia estaba por contestar aquella amenaza cuando la puerta se abrió dejando ver al viejo señor Archival que al ver a ambos jóvenes quedo sin palabras por un segundo.

-¿Interrumpo?- pregunto el viejo viendo su intromisión

-No, no se preocupe de todas maneras ya me marchaba- le dijo la rubia componiendo su gesto completamente pasando de una genuina y asesina furia a una sonrisa deslumbrante y encantadora

-Creo que deberé aprender a tocar la puerta, esto es nuevo, supongo que esta señorita tiene privilegios especiales como para estar aquí- dijo Archival

-Si se refiere a que soy la amante favorita, no es así, yo no me presto a encuentros vulgares como para ser solamente la amante, nadie juega conmigo señor así que le agradecería que no volviese a tratarme como una cualquiera- le dijo la rubia en tono ligero pero impregnado en su voz la autoridad y fuerza de una reina diciendo un mandato a lo cual el viejo señor sonrió

-Vaya así que tal vez aquí tenemos la razón por la que no te hemos visto con una modelo los últimos seis meses ¿No es así Edward?- le dijo Archival al hombre de ojos verdes el cual volvió tras su escritorio

-Solo la he viso un par de veces en estos meses- dijo el ojiverde

-Bien, caballeros me marcho para que puedan conversar, nos veremos de todas maneras esta noche- dijo la rubia levantándose del sillón y acomodando su traje

-Mandaré un automóvil a tu departamento para que te traiga a las ocho- le dijo el hombre de cabellos cobrizos sin mirarla, la rubia respiro y contó hasta tres para después sonreírle al viejo empresario y salir de la habitación.

-Así que estas comenzando a cumplir la condición del contrato- le dijo el viejo hombre a Edward- Aunque con esa hermosa mujer dudo que sea un sacrificio como pensamos que sería para ti, vas por buen camino

-Archival tengo trabajo que hacer así que ¿Por qué no vas a quitarle el tiempo a alguien más? Y me dejas trabajar

-Cuidado muchacho si no arreglas tu carácter esa mariposa se ira- dijo Archival emprendiendo su salida de la oficina mientras el ojiverde sonreía ante las palabras del viejo ¿Qué se iría? Ella no se marcharía pronto y si lo hiciera el mismo le cortaría las alas lo más lentamente y dolorosamente posible. Por ahora solo la necesitaba para cumplir la cláusula que los viejos del consejo, entre ellos su despreciable padre, le habían impuesto para darle el control total de la empresa lo cual era que pasar con una mujer mas de seis meses ya que él además de ser famoso por su carácter recio y frío lo era también por no pasar con una mujer mas de una noche pues la usaba, las paseaba y después las desechaba, jamás llamaba a la misma mujer o si quiera la volvía mirar si se encontraban en algún lugar, así que para probar que podía ser constante y un buen hombre al mando le habían puesto esa condición, algo fácil para el ojiverde ya que con su carácter y su poder podía elegir que cualquier mujer le obedeciera, que actuara para después de tener el control de la empresa desecharla.

Bella llego a su oficina alrededor de medio día, aquel hombre le había quitado cuatro horas de su valioso tiempo, pero no le dio mucha importancia, por ese momento, ya que tenía trabajo que hacer y si no se apresuraba este se aglomeraría junto con los documentos en su escritorio y sería un fastidio ponerse al corriente así que separó lo personal de lo profesional y se dispuso a trabajar.

El día paso rápidamente para aquella hermosa rubia, en un abrir y cerrar de ojos la jornada de trabajo había concluido ojala se pudiera decir que lo que también había acabado era el trabajo y los pendientes pero no era así, la rubia exhaló con pesar al ver la cantidad de trabajo que aún le aguardaba pero lo dejaría para el día siguiente ya que en ese momento debía dirigirse a su departamento. Manejo por las concurridas calles de California hasta llegar a su destino, aparcó su auto en su espacio para después dirigirse al ascensor, llamarlo y al llegar este subirse para presionar el botón del noveno piso.

Al llegar la mujer sacó su llave del bolso y deslizó la tarjeta de acceso por la herradura encendiéndose en el acto un pequeño botón verde y abriéndose la puerta, la rubia entró, cerrando la puerta tras de si y dando un suspiro de alivio al estar en casa, retiró de sus níveas manos los guantes de seda dejándolos en el recibidor, se quitó los zapatos tomándolos con una mano mientras en la otra detenía su bolso y se dirigió a su habitación mirando su reloj de pulso, eran las seis y media así que aún tenía una hora y media, se dirigió al baño y comenzó a llenar la tina con agua tibia, se sentó en la orilla de la bañera mientras veía el agua fluir, los pensamientos que a lo largo del día había evitado ahora fluían como el agua que salía del grifo, comenzó a rememorar lo que había pasado esa mañana desde que el auto negro había tapado su paso hasta que salió de la oficina de aquel dictador tirano, Bella frunció el ceño furiosa, se levanto de la orilla de la tina y se dirigió a su habitación con enfado ¿Cómo había sido posible que la hubiera manipulado de esa manera aquel hombre ojiverde? Ella se jactaba de su fortaleza y su carácter firme, ella era quien mandaba en la empresa, nadie se cruzaba en su camino y lo que ella decía era tomado como mandato, entonces ¿Cómo había sido sitiada por aquel hombre? Bella pensaba en la respuesta mientras pasaba con enojo las prendas colgadas en su armario, aquel sujeto la había dejado sin opciones, aunque no le gustara decirlo aquel había sido un juego perfecto de parte de su adversario y cuando ella había ido a la oficina de él y le había hablado y mirado de aquella manera fría y calculadora informándole que la había considerado en su plan sin siquiera escucharla, desechando cualquier lugar a dudas, doblegándola a su voluntad sin mayor esfuerzo concluyendo así el fin del primer tiempo del juego con una victoria contundente del ojiverde. La rubia dejo de pasar rápidamente las prendas para detenerse a recordar detalladamente la imagen de aquel hombre, cuando lo vio después de ocho años, su imagen varonil, de cuerpo fuerte y vigoroso que emanaba autoridad, elegancia y cierta esencia de ferocidad y peligro por cada poro de aquel perfecto cuerpo, ella debía admitir que el aliento le falto por una fracción de segundo; que pudo disimular perfectamente, pero eso no había sido lo único que le había dejado sin habla; lo mas impresionante de ese hombre era su temperamento, carácter parecido al que tiene un Dios frente a sus vasallos; un carácter arrogante, autoritario, con un aura de oscuridad y con la creencia de que todo aquel ser que le rodeaba era inferior a él y por lo tanto debían obedecerle, era tan amenazadora el aire que le rodeaba que pudo someterla. Bella salió de sus pensamientos cuando escucho el timbre sonar, se colocó los zapatos de nuevo en los gráciles pies y se dirigió a la puerta la cual al abrirla encontró al recepcionista.

-Señorita Peeters, lamento molestarla pero este paquete es para usted- le dijo el hombre dándole a la rubia una caja grande perfectamente envuelta el un brillante papel color azul rey con un moño rojo

-¿Quién lo dejó?- preguntó la rubia extrañada ante la caja

-No nos dijo nombre, solo nos dijo que era para usted, ahora si me permite me retiro- le dijo el recepcionista haciendo una pequeña reverencia, dando media vuelta y llamando al ascensor, Bella cerró la puerta y se dirigió de regreso a su habitación buscando entre el moño alguna tarjeta que no encontró, así que se sentó en la cama y comenzó a abrir el paquete, en el interior encontró la tarjeta que decía: "Empéñate en tu aspecto, esto ayudara a disimular tu desaliñada apariencia" La rubia bufo ante esto sabiendo quien era el responsable del paquete, dejo la tarjeta en un lado y miro el interior de la caja, donde había un intento de vestido de seda negro, zapatos del mismo color, una pulsera y un collar de diamantes, Bella volvió a meter todo en la caja, se dirigió a su armario y saco de allí lo que iba a ponerse esa noche, zapatos a juego y de su alhajero saco un par de aretes de perlas, dejo todo en encima de la cama para irse a bañar. Quizá Edward Cullen la había arrastrado a hacer algo que ella no quería a hacer, pero como había dicho, ahora ambos estaban en el mismo juego y ella no dudaría en jugar también, ese hombre se arrepentiría de haber jugado con ella.

Mientras la noche avanzaba, en algún lugar se hacía una llamada que maquinaba un plan más peligroso que el mismo juego que estaba por comenzar; en el cual el premio era la empresa Cullen&Associates, aquí, en esta llamada, el premio era el seguir vivo.

-¿Ya encontraste al sujeto?- pregunto una voz de un lado de la línea

-No, aún no pero lo encontraré pronto

-No vallas a dejarlo ir

-¿Quién crees que soy? La única manera de que dejaré que él se valla es en un ataúd con una bala en la cabeza

-Perfecto, entonces más vale que te apresures, el tiempo se termina

-No tienes que decirme lo que tengo que hacer- dijo la voz enfadada colgando el teléfono.

¿A quién buscaban? ¿Qué era lo que querían? Por ahora no se sabía nada, lo único que era certero era que alguien por allí debía tener cuidado de no terminar con aquella bala que llevaba su nombre atravesada en alguna parte de su cuerpo.


Y les gusto? Espero que si :) Quejas, sugerencias, comentarios solo dejen un review :D

Un enorme abrazo y un beso ¡Hasta la próxima!

Atte; Su amiga Ann