Perdón por la demora.

Acá va otro capìtulo! Disfrútenlo!

Bueno, antes, tengo que aclarar que Gundam Wing NO es mío.

Pero si lo fuera…creo que la historia sería más o menos así…^^

Señor Peacecraft- dijo la secretaria- tiene visitas.

¿Quién es, Sara?- respondió Milleardo sin levantar la vista de los documentos que estaba revisando.

Es el comandante Yui – respondió ella llamando la atención del ex conde relámpago.

Hazlo pasar- contestó. Heero entró inmediatamente después con una carpeta en su mano, la que dejó sobre el escritorio de Zecks, el cual la tomó y abrió para revisarla. Luego de unos minutos (tiempo que Heero utilizó para hacerse un café) la dejó nuevamente sobre el escritorio y le habló al piloto.

Has cumplido tu trabajo como esperaba – dijo mirándolo fijamente- ahora puedes retomar tu tarea como guardaespaldas de Relena. Puedes retirarte – finalizó tomando la carpeta nuevamente y guardándola en uno de los cajones de su escritorio. Sin embargo, Yui se acomodó en el asiento del frente, mientras miraba a Milleardo impaciente.

Creo… - dijo- que me debes algunas explicaciones.

No te debo ninguna- respondió fríamente Zecks.

¿Qué esperabas? – Dijo Heero serio- ¿Encomendarme una misión de investigación del propio doctor J sin saber qué harías con aquella información? Asumo que entiendes que investigarlos a ellos era también investigar MI pasado. Y por lo mismo, no fue fácil.

Bueno, ¿y qué averiguaste?- preguntó Milleardo sin darle importancia. Heero no respondió – Asumí que no averiguarías nada distinto a lo que ya sabes, ¿estoy en lo correcto?

Además de unos cuantos vínculos familiares, no- respondió Heero con un poco de frustración- Pero, ¿por qué?- preguntó nuevamente.

Milleardo se levantó de su asiento y caminó hacia la ventana que se encontraba a sus espaldas para observar la vista. El Reino de Sank era realmente hermoso y Relena había logrado que todos vivieran en armonía, pero todo estaba a punto de cambiar… y él ya no podría ocultarlo. Es más, creía que ya era hora.

Lo sabrás de todas maneras – dijo despacio aún mirando hacia afuera, pero fue suficiente como para que Heero escuchara, pero antes de continuar, Sara entró a la oficina-

Señor Peacecraft, lo busca una…

¡Milleardo! – dijo una muchacha pelirroja entrando abruptamente a la oficina- ¿Me harás esperar?

Lara- respondió en susurro Milleardo y bastante sorprendido- ¿qué….?

¿Hago acá?- lo interrumpió ella acercándose a su escritorio, pasando por el lado de Sara- Bueno, pues te vengo a ver. ¿No te habías olvidado de mí, cierto?

Ni por un segundo…

¡Muy bien!- respondió ella con una sonrisa, percatándose de la presencia de Heero en la habitación- ¡Oh! ¡Perdonen mi interrupción y mi falta de cortesía, no sabía que estabas acompañado, Milleardo!- dijo parándose frente a Heero y extendiendo su mano adornada por un guante- mi nombre es Lara, Lara Elizabeth Hungtinton III.

Heero Yui – respondió cortante mientras tomaba su mano.

Heero Yui…- dijo ella acercándose aún más- interesante…

Lara – interrumpió Milleardo, llamando la atención de la chica.

Si, lo sé- contestó alejándose del piloto- no me meteré en problemas. Ahora, ¿tienes un minuto para mí o debo esperar hasta que este apuesto joven abandone la oficina?- respondió la chica de 21 años, mientras volvía a poner su atención en Heero.

No, Yui ya se iba – dijo cortante Zecks haciéndole un gesto a Heero, quien se dio media vuelta, caminando hacia la salida, pero antes de llegar, Zecks le habló otra vez- Comandante- dijo- tome el primer vuelo y vuelva a su misión original- Heero se sorprendió ante la forma en que Milleardo le encomendaba nuevamente la misión de proteger a Relena, pero asintió con la cabeza y luego de marchó, sin antes mirar de reojo a la pelirroja.

Bien- dijo ella, sacándose sus guantes y acomodándose sobre el escritorio al lado de Milleardo- ahora que estamos solo, por qué no me cuentas que ha sido de tu vida. Quizás puedes decirme lo mucho que me extrañabas- finalizó mientras cruzaba una de sus piernas y le sonreía al príncipe.

Estoy casado- dijo él sin sentirse intimidado por su acompañante- y no, definitivamente no te extrañaba.

¿Casado?- comentó ella con una tristeza cínica- ¿y quién es la afortunada?

No la conoces.

¿Cuál es su nombre?

¿Para qué quieres saberlo?

¡Milleardo, por Dios!- exclamó ella bajándose del escritorio- ¿Es esta la forma de tratar a una antigua amiga? Sólo he venido para conversar contigo…

Entonces dime lo que viniste a decir de una vez por todas.

Mmm…¿Sabes? He viajado mucho durante todo este tiempo- dijo Lara mientras paseaba por la oficina, revisando todo lo que allí había- He estado buscando respuestas, responsables…tu sabes, cosas por el estilo. Pero no he encontrado nada…y esta búsqueda me tiene un poco agotada, así que con mi querido Damien hemos decidido recurrir a la misma fuente: las familias que se mantuvieron en el Consejo hasta el final – finalizó mirando a Milleardo fijamente mientras tomaba una foto que estaba en una de las repisas del librero. En ella aparecía él mismo, abrazando a Relena por los hombros con su brazo derecho. Ambos sonreían- Es increíble lo que lograron – agregó mientras pasaba su dedo por la cara de Relena- es casi irreconocible...por ahora…- al decir esto, Milleardo saltó de manera sobrenatural sobre su escritorio hasta llegar a la distancia de Lara y rodeando su cuello con sus manos, la aprisionó contra la pared, levantándola del suelo. Ante esta situación, Lara simplemente sonrió mientras rodeaba las manos de Zecks con las suyas.

¡No te atrevas a ponerle un dedo encima a mi hermana!- gritó- ¡Ya ha pasado por suficiente!

¡Cosas que ella misma podría haber combatido, pero tú y el inmundo Consejo no dejaron hacerlo!

¡no sabes de lo que hablas!

¡Lo sé perfectamente! ¡ Y también sé que ya no puedes controlar la situación!- le respondió Lara mientras le golpeaba el estómago con la rodilla. Zecks, al recibir el golpe, soltó a Lara para poner sus manos sobre su abdomen, situación que Lara aprovechó para golpearlo en la nuca y dejarlo inmóvil en el suelo.

Milleardo – dijo agachándose a la altura de la cara de Zecks, mientras le acariciaba su mejilla- entiendo que quieras protegerla, pero tú sabes que con nuestros enemigos, la necesitaremos de nuestro lado. Damien ya se está encargando de la situación…así que es cuestión de tiempo antes de poder tenerla de vuelta.

¿Confías aún en Allen?- preguntó Milleardo con rabia.- Sabes que él…

Él está conmigo, Milleardo- lo interrumpió Lara con un poco de enojo- Y sí, confío en que él la traerá con nosotros. Además – agregó acercándose aún más a la cara del príncipe- si no es él quien me ayude, acabo de encontrarme con otra persona que estaría dispuesto a escucharme.

Yui…- dijo Milleardo con la boca apretada, causando una sonrisa mayor en la cara de la chica, quien se acercó hasta besar a Milleardo.

Nunca pensé que serías tú el que los juntara- le comentó ella al oído mientras- pero tengo que decirte…"gracias"- Y al decir esto, se paró caminando hacia la salida- ¡Estaremos en contacto! Ah! Y sí que estas fuera de práctica, no sería malo retomar los entrenamientos- comentó con una sonrisa inocente, mientras cerraba la puerta a sus espaldas.

¡Quatre!- gritó Relena mientras veía al árabe sacar las maletas del auto, el cual las dejó para ir a abrazar a la princesa.

Señorita Relena- dijo cariñoso- ¡muchas gracias por la invitación!

No era nada- respondió ella acercándose a Dorothy para saludarla cariñosamente también.

Tengo entendido que tendremos una gran fiesta- dijo ella soltándola del abrazo- y espero que necesite alguna organizadora, porque tengo muchas ideas en mente…

No te quedarás con toda la diversión- interrumpió Hans, mientras se bajaba de un taxi- ¡He vuelto para poner todo en orden acá! – dijo con una sonrisa, siendo recibido por un fuerte abrazo de Relena.

¿Dónde estabas?- preguntó la chica soltándose- Te marchaste a penas llegamos…

Si, lo siento, Lena- le respondió él, caminando hacia la entrada junto a Quatre y Dorothy- como sabes, mi familia vive muy cerca de este lugar, así que decidí pasar un tiempo con ellos. Pero, bueno ya he vuelto, ¡así que será mejor que me cuentes todo lo que has hecho!

¡Claro! Quiero presentarles a alguien – dijo llamando la atención de sus acompañantes.

¿Un hombre?- preguntó Quatre.

Si…

¿Un hombre, de nuestra edad?- preguntó Hans.

Si, pero…

¿Un hombre de nuestra edad y atractivo?- agregó Dorothy tomando las manos de Relena y con destellos en los ojos, causando aún más incomodidad en la princesa- ¡vamos, señorita Relena! ¡no nos deje intrigados y cuéntenos de quien estamos hablando!

Bueno, su nombre es Damien…- comenzó Relena, pero fue interrumpida por Duo y Hilde, que se acercaban a saludar a sus amigos.

¡Q-Man! ¡ Psico-girl! – gritó Duo- ¡ qué bueno que llegaran! Oh! ¡Hans, tu también!

Siempre un gusto…- dijo Dorothy con molestia, mientras tomaba uno de los brazos de Relena para guiarla a la entrada- Vamos, tenemos una conversación pendiente. – Y todos emprendieron camino hacia la casa, sin embargo, Hans se quedó inmóvil pensando en lo que Relena les había contado.

"¿Damien?" – pensó- ¿Damien Allen?

¡Vamos!- gritó el chico de cabello castaño, mientras corría por el bosque- ¡Vamos, queda muy poco!

William- dijo su pequeña acompañante, deteniéndose y con lágrimas en los ojos- ellos…ellos tienen al resto… - El chico también se detuvo, y caminó hacia la niña de ojos rojos y tomando una de sus manos dijo- Amelia, no podemos quedarnos acá. Si nos atrapan, nunca más podremos estar juntos… no seremos libres- dijo mirándola fijamente, mientras una lágrima caía de los ojos de Amelia. William levantó su otra mano, la llevó hacia la cara de la chica de 13 años y limpiando su rostro, agregó – Si escapamos ahora, podremos regresar por ellos. Regresaremos más fuertes. Los dos sabemos que tú puedes sola contra ellos… sólo necesitamos controlar tu poder. Pero si nos quedamos acá – dijo mirando el camino recorrido- nos separarán y nos harán olvidar. Harán que te olvide – dijo él- y eso no lo puedo permitir.

¡Ahí están!- dijo una voz detrás de ellos, llamando su atención- ¡Hemos encontrado a los príncipes!- gritó otra voz hacia una multitud que se acercaba.

¡Vamos! ¡Corre!- gritó William tirando de la mano de Amelia- ¡Tenemos que llegar al Gran Salto!- Los dos chicos siguieron corriendo sin parar hasta que los árboles del frondoso bosque comenzaban a abrirse, para dar paso hacia una quebrada, de más de 50 metros, que daba hacia el mar.

¡Lo veo!- dijo ella- ¡Lo vamos a lograr!- agregó Amelia. William la había guiado ahí por una sola razón: ellos eran los únicos capaces de saltar aquella quebrada. Y luego de eso, serían libres…libres para siempre. Los dos se detuvieron en la orilla, aún con las manos tomadas, listos para despedirse de su pasado. Sin embargo, una cuerda fosforescente rodeó uno de los pies de William, evitando que saltaran. Lentamente, Amelia se volteó para ver a todo el Consejo detrás de ellos, con armas, listo para una batalla. Y al frente se encontraba nadie más que su padre con su mano estirada hacia ellos, de la cual se desprendía la cuerda que sujetaba a William. Pero, antes de poder hacer algo, sintió como el chico tiraba su mano hacia la quebrada, haciendo que ella cayera.

Lo último que Amelia vio de William ese día fue la sonrisa melancólica con la que él se estaba despidiendo, mientras caía hacia el mar.

Heero despertó transpirando. Había decidido dormir en el avión hacia la colonia L1, pero el extraño sueño que tuvo no permitió que descansara. No era uno de esos recuerdos de la guerra, los enemigos, la sangre…la muerte. No, este sueño era totalmente distinto y no era la primera vez que lo tenía. Era un jardín, no, una pradera llena de flores silvestres de todos los colores. Y en el medio de aquel paisaje que parecía inexistente, habían 7 personas que cantaban y jugaban como si el mundo se fuera a acabar en un segundo. Eran felices…

Estimados pasajeros- dijo el piloto por el altoparlante, interrumpiendo sus pensamientos - hemos llegado al aeropuerto espacial de la colonia L1, por favor, desembarquen por la puerta principal. Espero que hayan disfrutado del viaje. – Lentamente, todos los pasajeros comenzaron a tomar sus cosas de los compartimientos superiores y a descender del avión. Heero fue uno de los primeros en bajar. A pesar de haber terminado con el trabajo de Zecks y tener ahora, la excusa suficiente como para ir donde Relena, tenía un asunto pendiente que resolver. La verdad es que Heero no fue sincero con Milleardo Peacecraft; él sí encontró algo interesante en su investigación del Doctor J: una mujer, Edén Johnson, relacionada de alguna manera con él y que vivía precisamente a dos cuadras donde Heero tenía hace un par de años su departamento. Aún no sabía muy bien qué es lo que le diría, como tampoco sabía por qué tenía esta imperiosa necesidad de verla. Lo único que tenía claro era que ella podía ser una persona, quizás, la única, que le dijera algo de su pasado. Algo más que guerras y Gundams.

Caminó por el terminal hasta la salida principal, donde tomó un taxi hacia la dirección de aquella mujer. Era una dirección bastante antigua, lo más probable es que ella ya no viviera ahí o incluso, ella ya no viviera en general. Más que mal, Doctor J era bastante viejo y los documentos que encontró eran de cuando él tenía 30 años. Sin embargo, era una oportunidad que no pensaba desperdiciar.

El taxi se detuvo en una calle que Heero ya había recorrido en muchas ocasiones, pero aquella casa nunca la había visto. Quizás, nunca la notó…Luego de pagarle al taxista, tomó la única mochila que llevaba y se bajó, caminando hacia la puerta de la casa. Vaciló un momento. ¿Qué diablos le iba a decir a quien le abriera la puerta? Pero no alcanzó a pensar en alguna solución cuando ésta se abrió rebelando a una pequeña niña rubia, de no más de 4 años, que cantaba una canción infantil, mientras llevaba una pequeña carta en sus manos. Sin embargo, al no encontrar el buzón de correo en frente de sus ojos, sino un par de piernas, dejó de cantar, llamando la atención de una mujer que venía detrás de ella.

Emma – dijo la mujer acercándose hacia la puerta- ¿qué suce…?- no alcanzó a terminar la oración al ver a Heero que miraba a su hija, para luego mirarla a ella. Sin embargo, y para sorpresa de Heero, la joven mujer no se asustó, sino que sonrió ampliamente y botando la toalla que tenía en sus manos, corrió hacia dentro de su hogar.

¡Madre!- gritó- ¡Madre! ¡Tienes que ver esto! Volvió al cabo de un minuto, seguida por una anciana, de largos cabellos grises y ojos de color azul cobalto. Caminaba ayudada por un bastón, pero fuera de eso, parecía completamente sana.

¡Oh, por Dios!- dijo con lágrimas en los ojos- Yo…yo…-intentó decir, tomando una de las manos de la mujer, pero Emma la interrumpió - ¿eres un amigo de mi bisabuela?- preguntó mirando inquisidoramente a Heero.

Él no supo responder nada.

¡Claro que sí!- respondió la mujer- ¡Vamos entra, te estábamos esperando!- dijo tomando su mano y guiándolo hacia el interior de la casa.