Ares
Ese día había sido más o menos normal, no importaba las muecas que hiciera o lo que dijera, ya no lograba quitarme de encima a Sig ni a Gen, al parecer éramos amigos. Pero en cierto modo estaba bien no eran desagradables, aunque Gen era un poco atemorizante, pero solo un poco. Además extrañamente descubrí, que no rondar solo por los pasillos de la escuela resultaba más cómodo de lo que imagine.
En la clase de gimnasia recibí las mayores humillaciones de mi vida, parecía que mi destino era caerme enfrente a ella y así demostrarle lo torpe que era. También no me ayudo que conociéndome tan bien como me conozco, se me ocurriera intentar quedar bien.
–eres terrible, ¡pero admiro tu esfuerzo hermano! –me dijo Sig alentándome cuando salimos de Gimnasio. Me dio la impresión de que a Gen se le descolocaba la quijada. Suspiró enojado y se apuró a dejarnos atrás. Yo no quería a mis hermanos pero si tuviera un mellizo y ese mellizo, hipotético claro, se emocionara y se fuera con alguien más quizás también me pondría celoso.
–creo que Gen se molesto
–no él es así, solamente ha tenido un mal día –dijo Sig restándole importancia. Asentí y le dije:
–te veo el lunes
–si bro –dijo contento mientras se iba hacia el aparcamiento. Me apresure a llegar al bus que estaba a rebosar de gente. Hoy no había asientos vacíos, así que tendría que compartir, una chica fue amable y me hizo un espacio. Me senté y espere.
Mi corazón se detuvo cuando la vi entrar al bus, pensé que se sentaría, pero solo le entrego un sobre a la conductora y se bajó del bus. La seguí con la mirada y repitió la misma acción con todos los conductores. Era una gran ventaja que ella no escuchara mi corazón, porque si lo hiciera se burlaría de mí por lo rápido que latía cuando estaba cerca de ella. Cuando llegue a casa mi mamá estaba tarareando una canción muy vieja, mientras terminaba de cocinar.
–¿porque estas tan feliz? –le pregunte mirándola caminar de aquí para allá.
–Porque tienes algo que contarme –me dijo sonriendo, lo procese pero no supe que era lo que quería saber, se suponía que me estaba portando bien. Le basto verme de reojo para saber que no le entendía.
–quizás conocidos nuevos… ¿amigos? –dijo discretamente y rodé los ojos.
–¡son unos chismosos! –me queje enojado, pensé que se iba a enojar por ofenderle a su otra familia, pero me sonrió.
–Anda habla –dijo armando una hamburguesa
–Son agradables… –dije mirando la hamburguesa en el plato
–¡cuéntame más! –dijo feliz mientras colocaba las papas fritas en el plato a una velocidad súper, súper cámara lenta ¿me estaba torturando o algo así?
–¡está bien! Uno habla como cacatúa, el otro parece un zombie, son hijos de una maestra de arte regañona, son raros… y me agradan. –dije satisfecho era el mejor discurso de toda mi vida y entonces mi estómago comenzó a hacer ruidos vergonzosos.
–¡oh si claro!... lo olvide, come –dijo mi madre dándome al fin la bendita hamburguesa.
Mi fin de semana consistió en dormir, dormir, hacer como que hacia los deberes, dormir… y cazar el domingo por la tarde. Me aterre cuando baje y vi a todos listos para salir de cacería.
–ah… –comencé inseguro quería decir "yo me quedo, ¡no voy a ser humillado en público!" pero tenía sed. –¿van todos? –pregunte mirando a mi mamá, ella asintió.
–Ven –dijo Carlisle agachándose para que subiera a su espalda, me indigne ¡sí que lo hice! tanto que estuve dispuesto a regresarme y encerrarme en la habitación
–Nos adelantaremos –dijo el chismoso de Edward, haciendo una seña para que los demás salieran.
–¿Qué ocurre?... ¿quieres que yo te lleve? –dijo mi madre acercándose a mí, por un momento fui feliz, pero entonces caí a la cuenta mis hermanos postizos les iba a parecer muy cómico que mi madre me llevara a caballito, yo sabía que no le hacía daño, pero ahora que lo pensaba debíamos vernos muy ridículos. Además ni siquiera cazaba solo, ¡Emmett me haría burla de por vida! –¿Ares?
–yo no cazo.
–lo sé –dijo mi madre sonriéndome comprensivamente –iremos los tres solos a un lugar diferente
–Bien, está bien –dije asintiendo. Que solo Carlisle presenciara mi vergüenza personal, era mejor a tener un público de 7 vampiros y un licántropo. Carlisle dejo de esperar que me mentalizara y me subió a su espalda.
–¡oye! –me queje, pero solo escuche la risa de mi madre, la voltee a ver enfadado, pero estaba tan emocionada mirándonos.
–¡es la primera vez que lo cargas! –le dijo a mi progenitor y yo rodé los ojos, comenzaba a dudar si esto era mejor a las burlas de Emmentt. En todo caso ya no tenía escapatoria. Esa tarde probé la sangre de puma, al principio fue algo aterrador, porque Carlisle me lo dio aún muy vivo, pero el sabor y mi mamá algo enfadada con él lo compenso.
Desperté con el horrible tono de la alarma, me senté y me estire. Entre a la ducha, y luego baje a desayunar apurado, para que el bus no me dejara, no tenía intenciones de aumentar mí tiempo con Carlisle.
El día fue bien hasta que me percate, que ya no tenía ninguna clase en la que no estuviera alguno de mis hermanos postizos. Cuando entre al salón de literatura escanee todo el salón buscando a mis acosadores hermanos, y allí estaba ¡el chismoso Edward!, rodé los ojos. Y la vi de nuevo, sentada a su lado estaba ella, la persona más perfecta que yo había visto en toda mi vida. Le sonreí, pero no me vio y el estúpido de Edward pensó que le sonreía a él.
–señor Ares siéntese estamos leyendo. –me regaño el señor Mower. En el receso me apresure a irme a mi mesa. Me senté. Sig y Gen, estuvieron muy serios, demasiado para ser normal hasta que:
–chicos ¡ya me decidí! –dijo Sig, Gen le miro ceñudo y yo diría que bastante desconfiado, pero Sig no se percató de ello y siguió hablando –¡voy a proponerme para ser presidente estudiantil!
–es una broma ¿verdad? –dijo Gen sin ánimos
–no ¡no lo es! –le contesto indignado
–la boba de Sophia Jenkins también lo hará y no creo que…–le dijo Gen
–Yo también tengo mis influencias en esta escuela –dijo Sig intentando esconder su desanimo, Gen lo miro incrédulo por un segundo y luego le dijo:
–espero que no hables de tu mamá, porque en ese caso Jenkins sigue teniendo delantera sobre ti
–¿porque? –pregunto Sig con el alma en el suelo
–Es la hija del director y tu mamá solo es la maestra de arte –dijo Gen, Sig abrió la boca con la intención de contestar algo, pero Gen no lo dejo y dijo: –además es muy popular
–Gen tienes que apoyarme, porque tú vas a ser mi jefe de campaña –dijo Sig algo intranquilo y haciendo que Gen casi escupiera el jugo –y tú Ares serás el encargado de mis relaciones públicas.
–¿te sientes bien? –le dijo Gen mirándolo mal.
–¡confíen en mí! ¡Voy a ganar! –dijo soñadoramente
–O perderás y seré yo el que tenga que aguantarte –le contestó Gen
–¡por favor! –dijo Sig mirándonos con cara de gato, como cuando te piden de comer.
–¡ash! –dijo Gen enojado
–te quiero –le dijo Sig contento. Yo me reí. Después el timbre sonó y salimos de la cafetería.
–los veo en gimnasia –dije encaminándome a mí locker, Sig me miró ceñudo y me dijo:
–si llegas tarde a la clase, Norma te dirá…
– "la puntualidad es lo más importante en una persona" –complementó Gen
–mírense dan algo de miedo –dije riéndome. Sig sonrió, pero Gen se fue rápidamente.
–Señor Cullen, considero que la puntualidad es lo más importante en una persona, pero usted es nuevo –me dijo la profesora seria, luego suspiró y me dijo: –tome asiento, estamos amasando la arcilla, asegúrese de que este lo suficientemente suave para su proyecto.
–¿mi proyecto? –Pregunte, la señora Millett ladeó su cabeza mirándome incrédula y luego me apresure a decir –si mi proyecto ¡ya lo recuerdo!
En realidad no sabía de qué hablaba, pero intente disimularlo. La señora Millett me dio una bolsa hermética, con una especie de lodo tieso adentro. Camine a la parte trasera del salón donde estaban todos amasando el lodo en mesas enormes. Rosalie me miró, se ajustó el mandil sucio que llevaba puesto, mire nuevamente y vi que todos llevaban puesto un mandil, fui hacia la percha que estaba en una esquina y tome uno.
Comencé a amasar mi lodo bajo la mirada atenta de Rosalie. Intentaba ignorarla pero era difícil, así que cuando perdí la paciencia la mire lo más enojado que pude. Caminó a mi lado y me cambió su lodo por el mío, sin que nadie se diera cuenta, la mire enojado. Ella se alejó y me ignoro. Toque el lodo estaba bastante blando, así que me enoje más. Pero la profesora me miró asombrada y contenta.
–señor Cullen su arcilla ¡esta lista! Puede comenzar con su proyecto.
–Si –dije mirando alrededor, seguí a un chico de lentes hacia unas mesas con sillas y me di cuenta que el trabajo consistía en hacer una especie de casita deforme. Creí que me saldría perfecto, pero ni siquiera podía lograr que no se derrumbara. Termine con lodo en el cabello y con la mirada confundida de mi maestra. Pero gracias al cielo teníamos toda la semana para hacer la casa, la mía quedaría más deforme de lo que debía, pero quizás y así salía más artística.
Camine a historia aflojerado. El señor Satterfield me caía bien, como siempre él era el que llegaba tarde ¡yo nunca llegaba tarde! El resto del día me fue bien, incluso en gimnasia el profesor decidió darnos una clase teórica. No escuche mucho, porque tenía frente a mí una preciosa cabellera rubia distrayéndome. Y a un lado Sig susurrando y escribiendo en mi cuaderno ideas para su campaña.
Al día siguiente llegue temprano al instituto, porque Carlisle me llevo. Al parecer lo iba a hacer todos los martes hasta que me graduara. Supongo que fue la mejor manera que encontró para torturarme y agradarle a mi madre al mismo tiempo. No hice berrinche, porque el día estaba realmente feo como para salir a esperar el bus, había llovido toda la noche, era un verdadero milagro que el pueblo no se hubiera inundado.
Mientras yo me acomodaba la mochila para salir del auto, Sig golpeó la ventanilla del auto y me saludó con la mano, Carlisle sonrió y me dijo –que tengas un buen día. –Baje del auto y Sig me dijo:
–Gen y yo estuvimos hablando ayer, también me ayudo tengo las cosas en el auto ¿quieres verlas?
–¿qué cosas? –pregunte y después me sentí estúpido por no saber de qué hablaba –ah ¡para la campaña! –dije y asintió
–Si vamos –dije siguiendo a Sig, llegamos a un auto negro, bastante sorprendente, si mis "hermanos" no vinieran a la escuela seria el auto más lujoso del estacionamiento para estudiantes. Gen estaba sentado en el asiento del conductor escuchando música. Sig abrió la cajuela, en la cual había tres cajas.
–Estos son volantes, salí guapo en las fotos ¿no? –dijo mostrándome lo que había en una caja, no me dejo decir nada y siguió: –estas dos son pulseras y pings
–wow… ¿cómo hiciste todo esto en una tarde? –comente asombrado yo solo medio había hecho mis deberes y visto un rato televisión.
–Gen es bastante bueno sacándoles cosas a mis padres, ya sabes se sienten culpables –me dijo abriendo la caja de pulseras.
–¿culpables? –pregunte
–Digamos que no son el mejor matrimonio del mundo –me dijo viendo una pulsera con la frase "Millett tu mejor elección" Gen apago el estéreo y se bajó del auto.
–¿cuál es el plan señor jefe de campaña? –le preguntó Sig a Gen. Gen le miró enojado
–¡no sé lo que sea!, carga una caja y comienza a repartirlas. –dijo dándonos una caja a cada uno. Me miro y me dijo –y tu Ares difama a Sophia Jenkins
–¿ah? ¿Cómo? –dije
–no va a funcionar si nosotros lo hacemos, pero lo he estado pensando y es la única manera en la que ganaremos. Eres el único más o menos popular, así que dedícate a decir que ha sido grosera contigo, que no tiene el tiempo necesario para ser presidenta, que es chaparra, fea, ignorante, frívola e interesada. –me dijo Gen
–no te cae muy bien ¿verdad? –dije divertido
–Me da igual, pero es la competencia –me dijo serio antes de cerrar el auto y caminar hacia la escuela con su caja de volantes.
–Creo que Gen se está tomando muy en serio el puesto que le di –me dijo Sig, nos apresuramos a entrar y a caminar por los pasillos regalando pulseras y pings. La gente no parecía estar muy entusiasmada con la idea de apoyar a Sig, pero aceptaban la propaganda de buena gana. Hicimos lo mismo durante todo el día entre clase y clase, en el receso Gen nos dejó descansar para que comiéramos.
Entonces la vi, la perfección andante estaba mirando hacia nuestra mesa, mire avergonzado la mesa concentrándome en mi pizza, no podía creer que nos viera ¿estaría alucinando? levante la mirada. Seguía mirándonos. Eche un rápido vistazo a su mesa, parecían gente normal, no deportistas, no chicos raros. Sin embargo era mucha gente, pero nadie en su mesa parecía llevar propaganda de Sig.
–Voy a hacer propaganda –dije levantándome de la mesa y agarrando de las cajas lo que podía llevar en mis manos
–Pero estamos comiendo… –dijo Sig algo asustado, quizás creía que Gen me había pegado su fervor por hacerle propaganda.
–soy el encargado de tus relaciones públicas ¿no?
–sí, pero…
–No tardo –dije. Esta tenía que ser mi oportunidad. Ella iba a verme y no cayéndome ni siendo golpeado por un balón.
–Ares… –dijo Gen, pero me apresuré a llegar a la mesa.
–hola chicos… –dije con el aire faltándome, algunos me contestaron; pero yo solo podía verla a ella, era tan perfecta. Por un segundo me miro con interés después su vista se enfocó en lo que yo tenía en las manos. Ya había quedado bastante mal en literatura y gimnasia que no podía seguir haciéndolo así que me arme de valor, suspire silenciosamente y dije:
–vine a hablarles de la propuesta de Sig Millett
–¡Oh! lo siento Ares, pero estamos con Sophia –me dijo una chica de piel morena sonriendo
–si eso oí. Pero chicos ustedes deben confiar en nosotros, esa chica no tiene tiempo para encargarse de las actividades, porque está ocupada siendo una sabelotodo. Además ustedes necesitan alguien que los entienda como Sigmund Millett, no alguien frívola y sin corazón como Sophia Jenkins –dije intentando convencerlos, pero no tarde en darme cuenta que quizás eran muy leales, porque me miraban atónitos y la perfección andante estaba roja, pero del coraje. Pensé en lo que había dicho, pero en realidad no me parecía que fuera para tanto.
–¡yo soy Sophia Jenkins! –me grito enojada y yo… yo me quería morir. De pena, de horror, de un ataque al corazón, de lo que fuera, pero quería salir de ahí.
–ah… entiendo si yo entiendo, está bien –dije levantándome y comenzando a huir. No me detuve hasta que llegue al baño. Sig y Gen entraron tras de mí, Gen llevaba su caja y la mía apiladas, las dejo en el suelo, después se sentó dónde estaban los lavabos.
–Ares ¡que agallas tuviste para decírselo en su cara! a mí tampoco me simpatiza mucho –me dijo Sig feliz –¡Seguro convences a los demás!
–¿porque no me dijiste que era ella? –le dije enojado a Sig y escuche a Gen carcajearse
–¿no sabías que era Jenkins? –logro decir entre risas, negué con la cabeza
–ella me encanta ¡solo estaba intentando quedar bien! –dije frustrado
–Tenías que arruinarme la felicidad –dijo Gen dejando de reírse y volviendo a ser él
–si antes dudaba que me contestara el saludo, ahora no creo que siquiera me vea –dije deprimido
–Lo siento creí que lo sabias –me dijo Sig rascándose la cabeza y algo apenado, pero luego pareció olvidarse de ello y me dijo –¡espera… ¿te gusta Sophia!? –si –conteste temiendo que él me dijera algo como "ya no quiero que seamos amigos"
–¡¿mi peor enemiga?! –me pregunto enfurruñado
–Eso creo –conteste inseguro, Sig suspiro como si fuera un anciano de 80 años
–nada de relaciones hasta que se acabe la campaña –me dijo antes de salir del baño
–¿está enojado? –pregunte y Gen negó con la cabeza
–de hecho, te está dando permiso para que salgas con ella
–¿ah? –le pregunte incrédulo, la puerta del baño volvió a abrirse y vi la cabeza de Sig asomándose
–te ayudare a conquistarla después de la campaña. Ahora concéntrate en esto e intentemos difamar a alguien más de su gabinete o que se yo. –dijo saliendo nuevamente, Gen me miro y ladeo la cabeza como diciendo "te lo dije" luego se bajó del lavabo y salimos afuera, Sig estaba contento… repartiendo sus pulseras.
–¿cómo haces para siempre saber lo que quiere decir? –le pregunte a Gen
–Compartimos la placenta –dijo encogiéndose de hombros –eso puede influir
–tiene sentido –admití, el timbre sonó y suspire cansado tenía que ir a arte a continuar armando mi fea casa. –Me voy ya tengo muchos retardos en mi expediente –le dije a Gen y asintió sin interés.
En la clase de historia el señor Saterfield nos puso un video sobre los romanos, mire la aburrida película intentando concentrarme y no pensar en Sophia, tenía que estar muy enfadada conmigo. ¿Por qué le hice caso a Gen? O más bien ¿porque no le hice caso cuando intento detenerme? Cuando sonó el timbre me di cuenta que realmente no había visto mucho de la película solo había estado pensando, suspire enojado y me levante para ir al gimnasio. Cuando salí de los vestidores vi a Sophia afuera del gimnasio rebuscando algo en su mochila, llevaba ropa holgada y el cabello recogido para tomar la clase, pero aun así se seguía viendo tan guapa. Una vez más en el día tuve que hacer acopio de todo el valor que tenía, para hablarle. Así que temblando y nervioso me acerque a ella.
–Escucha sobre lo que paso en la cafetería quería ofrecerte una disculpa, yo no sabía que tú eras… tu –dije llamando su atención, me miro inexpresiva y luego se rio irónicamente.
–en serio lo siento. Sé que estuvo mal lo que dije, pero no es lo que pienso. Era estrategia además en cierta forma tú tienes mucha ventaja sobre Sig –le dije
–¿ventaja? –me pregunto cautelosamente
–Si. Tu padre te apoyara ¿no? –dije y me miro ofendida
–¿eso crees? –me preguntó enfadada y yo diría que algo dolida
–yo… es que eso he oído –dije nervioso la estaba cagando de nuevo. Lo sabía, pero ya lo había dicho.
–No tiene sentido hablar contigo entonces –dijo dándome la espalda e intentando irse al gimnasio
–No espera –dije tomándola del brazo
–¡suéltame! –Dijo enfadada arrebatándome su brazo –será mejor que Freud se prepare, si piensa que podrá ganar comprando los votos está equivocado ¡porque yo puedo ganar sin valerme de esas sucias artimañas! –me dijo antes de irse, debió irse a su casa porque ese día no entro a clase. Este definitivamente había sido un día horrible. Llegue a casa deprimido, me senté en el comedor sin ganas de comer, pero si no lo hacia mi madre comenzaría con sus interrogatorios.
–¿qué ocurre? –me pregunto mamá observándome, negué con la cabeza. Pero mi madre no se conformó –¿sucedió algo?
–No pasa nada… es solo que a veces soy demasiado torpe –mentí pero fue suficiente, mi mamá suspiro pensativa.
–Sino no serias mi Ares –dijo, asentí y aunque no era del todo sincero sonreí e intente poner mejor cara.
El día siguiente fue peor intente hablar con ella, pero me ignoro a mas no poder y me gane una nota de mal comportamiento del señor Mower, por no guardar silencio en su clase. Además nos dejó de tarea hacer un reporte de cualquier libro que quisiéramos y que ya hubiéramos leído. Claro ¡como yo leía tanto!
Cuando salí de arte aproveche que tenía unos minutos antes de que el señor Saterfield llegara al aula y fui a la biblioteca. Entre y mire los estantes llenos de libros busque uno no muy grueso y que al menos tuviera alguna ilustración. Me encamine hacia el escritorio, pero estaba vacío. De alguna manera… "maravillosamente inteligente" intuí que llegaría tarde a única clase en la que aún no tenía ninguna anotación.
–la señora Sweets tardara un rato, fue a comer –dijo una voz a mi lado, me gire para comprobar lo que ya sabía que Sophia estaba al lado de un estante, con una franela limpiando libros. La biblioteca entera estaba vacía aparte de ella y yo. Así que deduje que esta era su clase de asistente.
–¿quieres llevarte ese libro? –dijo encaminándose hacia el escritorio y mi brillante yo solo logro decir algo parecido a "¡ahsg!..." me miro sin comprender y me arrebato el libro de las manos, mientras movía el mouse de la computadora para que esta dejara de invernar.
–¿te gusta Roald Dahl? –dijo mirando el libro
–No realmente –dije sinceramente
–Era de suponerse, es mi escritor favorito –murmuro bajo
–Nunca lo he leído –dije intentando remediar lo que acababa de decir
–Pero no te gusta –dijo anotando el libro que me llevaba, suspire resignado.
–¿cómo dijiste que te llamabas? –me pregunto
–Ares Cullen –dije desmoralizado ¿ni siquiera sabía mi nombre? Asintió y lo tecleo rápidamente, después puso el libro a mi alcance y me ignoro completamente.
–no me perdonaras ¿verdad? –pregunte.
–es mejor que te vayas, soy una persona frívola y sin tiempo para hablar contigo. –me dijo
–En serio lo siento Sophia –le dije. Pero fingió que no me escuchaba y dedico toda su atención a la computadora. Cogí el libro del escritorio y le dije –bueno igual gracias… por el libro.
Después salí y llegue media clase empezada. Edward me miro como si intentara meterse en mi cerebro. Definitivamente ¡era un chismoso!
