DISCLAIMER: Star Wars pertenece a Disney


Temiri Blagg se recostó en la pared de un callejón sin salida, en una calle solitaria, esperó pacientemente que Shara se apareciese. No entendía porque tenía que reunirse en un lugar como este ¿Tal vez su auditor? Pero recordó que Dameron era la única Jedi que no tenía auditor, todo gracias a la influencia de su novio, el embajador de la Primera Orden en Coruscant.
—Menuda suerte—pensó Blagg, pero no estaba seguro si su auditor le había seguido, le había dicho que meditaría, al menos ellos no podían seguirlos en sus meditaciones.
—Tem—exclamó Shara apareciéndose en el callejón— ¿Qué es lo que quieres decirme?
—Seguro que has escuchado de Mass y de Lucian.
—Sí—exclamó Shara acercándose y reclinándose en la pared al igual que Temiri. Ella conocía a Temiri desde muy pequeña, ya que él era el aprendiz de su madre y eso significaba que él estaba presente en reuniones familiares y cenas, por ello era considerado como el hermano mayor de los mellizos. — ¿Hay algún diagnostico en cuanto a Lucian?
—Neespi y Dini no encuentran nada—exclamó Blagg— Sus cerebros están bien, no hay ningún tipo de deformación.
—Es extraño.
—Sí, pero ¿no te molesta tener pequeños "roedores" siguiéndote por todos lados? Ah, cierto, tú lo sacaste de encima.
—Eso fue gracias a Jazz—exclamó Shara sin sonreír— Gale siempre ha respetado a la familia Irard, es por eso por lo que Jazz pidió que no tenga auditor.
—Claro, entre gente de la Primera Orden se entienden.
— Bueno, sí, pero Jazz es diferente a los oficiales de la Primera Orden de tu tiempo, Temiri.
—Vaya, no digas así, me haces sentir viejo—rio Temiri y miró Shara— Quiero rescatar a Jillou Mass.

Shara se quedó en silencio y volteó para mirar a Temiri.
—Eso es…una locura—exclamó Shara— El centro de Inteligencia es muy vigilado.
—Pero ahí está Kaydel.
—No creo que quiera perder el trabajo.
—Pensé…
—Vamos, Temiri, aún no he dicho nada, pero estoy contigo, Jillou debe estar en el templo. Solo necesitamos un plan y uno bien elaborado. Y gente.
— ¿Qué gente? Seriamos nosotros dos.
—Por más que seamos héroes de la Invasión Grynsk, nos estaríamos enfrentando a soldados entrenados.
— ¿Tu madre no se enfrentó a un grupo de Caballeros de Ren?
—No lo hizo sola, estuvo acompañada de Siri, Dan, Bri…
—Lo sé—exclamó Temiri— Ya lo recuerdo, ella me contó esa historia cuando era chico…es que— miró a Shara—Te parecerá tonto pero extraño a mi maestra.
—Yo también echo de menos a mamá—exclamó Shara y colocó su mano en el hombro del hombre mayor— Volverá, de algún modo lo hará. Sé cómo te sientes, Temiri, tú eres como un hermano mayor para nosotros.
—Gracias, Shara—sonrió Temiri.
—Hablaré con Jazz, Tem y veremos cómo trazar un plan, tu busca quien podría unirse en nuestro equipo.
—Lo haré, hablamos.
—Nos vemos, Tem
Shara se quedó en el sitio hasta que Temiri se perdió de su vista, contó quince segundos y salió del callejón.


Zallas es un planeta boscoso, con altas montañas, solamente tenía una ciudad industrializada pero el yate estelar aterrizó en las afueras, a los pies de una montaña ya que allí se encontraba una aldea donde vivían los monjes locales.

Los monjes eran de cualquier especie de la galaxia, desde humanos, pasando a rodianos, togrutas, zabraks y entre otros. Pacíficos pero estudiosos de la Fuerza misma, aunque nunca se relacionaron con los Jedi.
El hangar no era muy grande, pero aterrizaron sin problemas, Rey su hijo Han avanzaron por la pista de cemento, un monje togruta los esperaba.
—Bienvenidos a nuestro Templo Kronar.
— Maestro Zankos—exclamó Han.
—Han Dameron, ha pasado tiempo desde la última vez.
—Ella es mi madre, la Gran Maestra Rey Dameron. Mamá, él es el maestro Zankos, quien está a cargo del templo.
—Un gusto conocerlo, maestro Zankos—exclamó Rey inclinándose respetuosamente.
—El gusto es mío. Escuché su nombre y de su esfuerzo de restablecer la Orden Jedi.
—Gracias—exclamó Rey
—Pasemos al salón—exclamó Zankos mirando a Han— Me alegra tenerte aquí, Dameron; hay algo que nos tiene preocupados y necesitamos su ayuda. La galaxia está en peligro.

La sala de reuniones era amplia con grandes columnas de mármol, con una gran mesa de madera finamente tallada, los tres se ubicaron en sus asientos, Rey estaba intrigada sobre la preocupación de Zankos.
— ¿Qué es lo que sucede, maestro Zankos? —preguntó Han.
—Mi viaje a la corriente me permite observar los devenires de la galaxia. Así fue como vi la victoria de la Resistencia, la invasión grysk, el conflicto entre los chiss y los killik como también la tercera guerra civil galáctica.
—Si has visto la invasión grysk ¿no hizo nada para evitarlo?
—Conjeturamos, sopesamos las consecuencias de intervenir en la invasión como avisarles un año antes, pero nadie nos hubiera creído, de una manera u otra, los grysk hubiesen tomado la galaxia. El único modo era que su hijo, maestra Dameron, se sacrificase; ese era la única manera que hubieran ganado a los invasores.

Rey se quedó en silencio, tan solo nombrara su hijo fallecido le dolió un poco, pero sabía que no lo había dicho con mala intención. Diez años después de su muerte, aún le dolía pensar en Crix.
—Entonces…—exclamó Han
—Sabíamos que sucumbirías al Lado Oscuro, si no lo hubieras hecho, Kylo Ren estaría gobernando ahora.
—Bueno ¿Qué es lo que le preocupa?

Zankos humedeció los labios.
—Viajé en la corriente y vi muerte y destrucción. Todo eso causado por una criatura milenaria, un ente maligno de la Fuerza.

Han abrió los ojos de la sorpresa, había escuchado algo asi, Kylo Ren le contó una historia sobre el Balance de la Fuerza.
— ¿Te refieres a la Portadora del Caos?
— ¿A quién se refiere?
—La Portadora del Caos, tal como su nombre lo dice; es un ente maligno que solo conoce el caos y la destrucción. Su alcance de su poder es…no tiene límites.
—Ciertamente—exclamó Zankos. — ¿Kylo Ren te contó la historia?
—Creí que era un mito, un cuento para distraerme.
— ¿Cuál es esa historia? —preguntó Rey.
—Hace millones de años, había una familia de Celestiales que se hacían llamar los Únicos, sensibles a la Fuerza y que cada uno, traía el equilibrio a su modo. Padre era el que tenia la mayor conexión con la Fuerza, sus habilidades eran legendarias; la Hija era la Luz de la Fuerza, representaba el Lado Luminoso de la Fuerza; el Hijo, representaba el Lado Oscuro de la Fuerza y se decía que podía ver el futuro. Estos seres eran entes que tenían formas humanas y podían cambiar de forma a su antojo. Padre conoció a una mortal, quien también era sensible a la Fuerza y estuvo muy interesada en ello; la Hija estuvo de acuerdo, pero el Hijo no quería que nadie más aprenda los caminos de la Fuerza, pero Padre siguió su plan en mostrarle la Fuerza Viva a la mortal.

Pasaron los años y la mortal dejó de serlo al casarse con Padre; volviéndose un ente místico y pasó a ser conocida como Madre.
Madre se embriagó del poder que tenía, Hijo le mostró el camino del Lado Oscuro y ella bajó al mundo mortal, sembrando el caos y destrucción. Hijo solo veía muy satisfecho pero Padre no estaba feliz con ello; así que llamó a Madre al planeta donde vivían ellos: Mortis. Madre era muy fuerte, encerró a la Hija y atacó al Hijo, dejándolo al borde de la muerte, pero el Padre, con mucho esfuerzo, la venció y la encerró.
—Si, la misma historia. Por cierto, muchos dicen que Mortis existe, encerrado en un monolito en el sistema Chrelithium, se dice que allí se concentra la Fuerza del universo.
El grupo se quedó en silencio, Zankos cruzó los dedos del nerviosismo, Han se masajeó el puente de la nariz.
— ¿Crees que ha logrado salir de su encierro? —exclamó Rey.
— ¿Tú crees que exista?
—Ella es real, caballero Jedi.
—Es…es difícil creer.
—Sí, difícil es, pero es cierto, el ente de la Fuerza a logrado romper las cadenas que la ataban en Mortis. Puede estar en cualquier lado.
— ¿Cómo podríamos ubicarla? —preguntó Rey.
—Mis visiones me llevaban a Malachor.
—Y ¿cómo podríamos detenerla? Sé que hay algún modo.
—La Daga de Mortis—exclamó Zankos— Se encuentra en el Monolito de Mortis, pero es difícil llegar ahí.
—Para la Fuerza nada es imposible. —exclamó Rey poniéndose de pie— Sé que he venido aquí para conocer el Viaje en la Corriente, pero lo que me has contado es bastante peligroso. Iremos a investigar.
— ¿Le informaremos al Concejo? —preguntó Han poniéndose de pie también.
—Sí, abriré un enlace en la nave. Deben estar preparados— y miró a Zankos— Agradezco su advertencia, maestro Zankos; yo y mi hijo averiguaremos sobre este Celestial.
—Confió en ustedes. —exclamó Zankos.

Madre e hijo salieron del Templo, metidos en sus pensamientos; Rey no sabía que pensar sobre la Portadora del Caos mientras Han pensaba lo complicado era vencerla. Si el Padre, que era un celestial tuvo que hacer un gran esfuerzo para vencerla, se preguntaba como lo iban a hacer ellos.
—Han—exclamó Rey sacando de sus pensamientos al Caballero Jedi, también sintió una oleada del Lado Oscuro, delante de ellos había una nave moderna donde descendían quince encapuchados. Rey y Han se quedaron quietos, el Lado Oscuro rodeaba a los visitantes; que de a poco se fueron deteniendo, cortándoles el paso.
—La nave solo está detrás de ellos—susurró Han.
—Tendremos que pasarlos por encima—exclamó Rey y así, madre e hijo encendieron sus sables de luz— Esperemos que ellos hagan su primera movida.

Quince luces rojas iluminaron el hangar, la dama Sith Kanrey se detuvo, sus iris tornados de un amarillento intenso, observó a Rey.
—Al fin hemos encontrado a los Jedi—exclamó blandiendo su sable de luz— Morirán aquí, Jedi ¡A la carga!

En posiciones defensivas, Rey contuvo el ataque de un Sith mientras Han empujó con la Fuerza a tres, un Sith fue a su izquierda y el caballero Jedi esquivó, dobló su muñeca y en un movimiento en vertical, le cortó la mitad de la cabeza; mientras Rey esquivaba sin problemas el ataque de dos Sith, deslizándose de rodillas para esquivar el golpe certero de su enemigo, rápidamente se puso de pie y el Sith salió disparado por los aires y giró su muñeca para contener el ataque del otro rival y en un rápido movimiento, hundió su sable en el pecho del Sith.

Han avanzaba a empujones, extendía su mano protésica para lanzar por los aires a su enemigo, Greed se acercó por la espalda del Jedi, pero él ya lo sabía, dándose media vuelta; le amputó el antebrazo y Greed cayó de rodillas, chillando de dolor.
Kanrey, la dama Sith no podía aguantar más su rabia y corrió hacia Rey, que ya estaba en mitad de camino; la usuaria del Lado Oscuro extendió sus dedos y los rayos de la Fuerza fueron hacia la Gran Maestra Jedi, quien contuvo los rayos con su sable mientras Kanrey se acercaba lentamente.

Han vio a su madre en aprietos, Kanrey ya estaba muy cerca, así que le arrebató el sable a un Sith y se lo lanzó al a mujer oscura, quien, al estar concentrada en Rey, no sintió el peligro y el sable se clavó en su antebrazo.
Rey, sin perder tiempo, giró su sable de luz en forma horizontal, decapitándola.
— ¡Vamos, mamá! — apremió Han que ya estaba en la rampa de la nave, Rey, con la velocidad aumentada por medio de la Fuerza, pudo llegar a la nave, pero había Sith cortándoles el paso y Han los derribó con varias cajas metálicas.

Rey cerró la compuerta mientras Han encendía la nave, aún había Sith, pero estos estaban tan malheridos como para intentar hacer algo, Greed veía como los Jedi lograban escapar del lugar.

Con esfuerzo, se puso de pie y contó a los sobrevivientes: con él, solamente eran ocho, gruñó de rabia y vio el cuerpo sin cabeza de Kanrey, acordándose de algo.
— ¿Dónde está la aprendiz de Kanrey?
—No está aquí—exclamó un Sith.
—Bueno, espero que esté en la nave de los Jedi. Mientras tanto, debemos informar el fracaso de nuestra misión con nuestro Lord Sith.

El yate estelar saltó del hiper espacio, Rey y Han al fin pudieron respirar tranquilos, pero sabían que aún no estaban a salvo, el droide R2 activó los sensores y avisó que estaban alejándose del planeta.
—Tengo que comunicar al Concejo—exclamó la Maestra Jedi— Es increíble que los Sith aún existan. De acuerdo con lo que me dijo el maestro Skywalker, Darth Sidius y Vader fueron los últimos Sith.
—Tal vez son de la otra rama de usuarios oscuros. La galaxia es enorme…
—Sí, tienes razón—exclamó Rey— Ahora busquemos un sistema cercano antes de irnos a Malachor. Debemos avisar a Siri.

Rey vio que Han se llevó un dedo a los labios y luego movió la mano, como invitándola a seguir hablando.
— ¿Hablarás con papá también? —exclamó Han poniéndose de pie, R2 movió su cúpula y emitió sonidos de interrogación, Rey sintió que Han se apagó en la Fuerza, no podía sentirlo a pesar de que lo tenía en sus narices.
—Sí, extraño a Poe.
—Bien, yo también quiero hablar con papá, siento que las cosas no terminaron bien con él—exclamó Han y abrió bruscamente una puerta y con el sable encendido.
—Sal lentamente y no intentes nada, alimaña.
Una chica, salió con las manos alzadas.
—Solo…quería escapar…no quería estar con ellos—exclamó la joven— Soy Vesky, mi maestra fue Kanrey.
— ¿Eres una Sith?
—Aprendiz.
— ¿Y qué haces aquí?
—Me…escondí. No quiero…hacer lo que ellos hacen.
— ¿Escapas de los Sith?

Vesky asintió, pero Han entrecerró los ojos, de alguna manera, no creía en ninguna palabra de lo que decía la chica.
—Al menos quiero ir a un planeta civilizado.
—Estarás con nosotros, no te preocupes—exclamó Rey sonriendo, sondeó a la chica y no percibió maldad alguna, pero Han la miró duramente.
—Pero, aun así, eres una Sith y te quedarás aquí, en este armario, pero con la diferencia que te esposaré y me darás tu sable de luz.
—Está bien, es lo justo.

Vesky extendió sus manos, con el sable en el derecho, Han le arrebató el arma y lo enganchó en su cinto para luego proceder a esposarla, y sin decir más, la empujó hacia adentro dándole un portazo.
—Han.
—Mamá, es precaución.
Rey meneó la cabeza, en desacuerdo por la actitud violenta de Han, R2 anunció por medio de sus pitidos que encontró un lugar donde aterrizar. Rey asintió, necesitaba hablar con la Orden Jedi sobre la situación actual: señores Sith.