...


7.:Religión:.


―No existe.

― ¡Sí existe, joder!

―Pruébalo. ¿Dónde está tu "Jashin sama", eh?

Hidan suelta una serie de ofensas hacia el tesorero. La mayoría incluyen el nombre del Dios de la masacre, obviamente. Este no le presta atención, sigue contando cuidadosamente el dinero obtenido ese día.

― ¡Jashin sama existe! ¡Y te castigará, maldito ateo de mierda!

Se retira de la habitación, dando un sonoro portazo. Kakuzu suspira. Quizás esta vez se había pasado ligeramente. Se había metido con el orgullo del Jashinista. Decirle a Hidan que Jashin no existe, es lo mismo que decirle a él que Akatsuki quedó en bancarrota.

¡Pero es que no lo soportaba!

Todo el maldito día jodiendo con su tal Jashin sama una y otra vez. Esta vez se tenía bien merecido el golpe en la cara, además de su natural descreimiento hacia la religión.

Jashin sama esto, Jashin sama lo otro... ¿Quién soportaba a alguien así?

La respuesta: Kakuzu.

Sí, lo soportaba. No era la primera vez que se peleaban por sus creencias, ni la última. Pero... podría decirse que ya se había convertido en una rutina. No. No sólo eso. Quizás un... ¿pasatiempo? Sí, eso parecía ser.

Molestar a Hidan con su –según él– ficticia religión le parecía el pasatiempo más entretenido de todos. Incluso el de contar dinero podría decirse.