Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, pero esta historia es mía ¬¬.
Capítulo 7 "Cosas inconfesables"
La temperatura ascendía a cada respiración que daba. Casi podía sentir como el aire se iba de sus pulmones y el preciado oxígeno que lo sustituía entraba en su cuerpo quemándole el pecho. Era sofocante, sentía como su piel era inflamada por una fiebre desconocida y brutal. Una fiebre que estaba arrastrando toda clase de cordura que aun le quedara a Hermione Granger.
Sintió sus manos grandes acariciándola con delicadeza, una delicadeza que nunca hubiera creído posible. Le sentía contra su propio cuerpo, caliente y duro. Tan duro que pareciera que podía hacerle daño. Ella jadeaba, lo sabía, se estaba escuchando por encima del zumbido que llenaba sus tímpanos. Y sabía que él también estaba jadeando, porque sentía su respiración pesada cerca de su clavícula.
¿Cuánto hacía que no llevaban ropa? Hermione no sabría decirlo. Lo único de lo que estaba segura era que el tacto de su piel rozando con los músculos de él era maravilloso. Sus pequeñas manos estaban enredadas en mechones de pelo largo y sedoso... Y negro. Las manos que la tocaban, allí donde nunca pensó en ser tocada por nadie, eran rudas, sí, pero conseguían que Hermione pensara que se consumiría en su propio fuego de un momento a otro.
Sintió una de esas grandes y rudas manos recorrer sus senos, masajearlos con cuidado antes de sentir unos húmedos y deliciosos labios sobre ellos. Y gimió, pronunciando un nombre que nunca jamás hubiera pensado que pronunciaría en una situación como aquella. El nombre del hombre que la estaba llevando al paraíso.
—Profesor Snape...
Pero entonces sintió un fuerte zarandeo en su hombro y la ilusión se desvaneció. Hermione estaba en su cama, tumbada de lado con la cabeza precariamente puesta sobre la almohada y un hilillo de baba que formaba un pequeño charquito de humedad. Pestañeó confusa y frustrada; estaba teniendo uno de los mejores sueños de su vida.
—Hermione, despierta— La aludida reconoció de inmediato la voz, y le lanzó también inmediatamente maldiciones mentales. Lavender no sabía ser nada oportuna.— Estabas hablando en sueños.
—¿Ah, sí? —Hermione se incorporó un poco, empezando a disiparse las últimas telarañas de ese sueño tan perturbador y maravilloso del que no recordaba nada.— ¿Y que estaba diciendo?
—No se te entendía muy bien... —Hermione no dejó de notar que de pronto Lavender parecía incómoda.— Lo único que entendí fue "Profesor Snape". Parecías un poco angustiada, por eso te desperté.
—Ah... Gracias.
Hermione se quedó pensando por un largo rato en lo que le había dicho Lavender. Ella no recordaba que el sueño fuera algo angustioso, pero si trataba sobre el profesor Snape... Sacudió la cabeza, no era capaz de entenderlo, cuando Lavender la despertó se sentía en el paraíso de las sensaciones y... ¿De verdad había llamado en sueños a Snape?
OoO
Ese día las clases no fueron mucho mejor que el día anterior para Hermione. Iba andando por los pasillos de una clase a otra maldiciéndose por darle a Snape una excusa tras otra para castigarla. Lo peor del asunto era que cuando lo que ella quería era pasar el menor tiempo posible con el profesor de Pociones, ocurría todo lo contrario. No había derecho.
Se sentó en su mesa en el aula de Pociones, con Harry y Ron a cada lado, como siempre, bufando un poco frustrada. Al poco tiempo Snape entró en el aula con toda su teatralidad de siempre, haciendo ondear a sus espaldas la larga túnica negra mientras con un elegante movimiento de varita hacía aparecer las instrucciones del día en la pizarra.
Hermione dio un largo suspiro cuando constató que Snape no le hacía ni el más mínimo caso; igual que siempre. Tal vez la insinuación de la noche anterior durante el castigo solo fueran alucinaciones suyas, después de todo estaba demasiado nerviosa. Sí, seguro que se trataba de eso.
Se apresuró a coger los ingredientes que necesitaría y se dispuso a hacer la poción. No era una poción demasiado difícil desde su punto de vista, pero era evidente que Harry y Ron no opinaban lo mismo que ella. El caldero de Harry humeaba excesivamente y Ron revoloteaba a su alrededor igual que una mosca, buscando su ayuda.
A ella le estaba resultando fácil... Hasta cierto punto. No podía evitar que sus ojos se desviaran de vez en cuando hacia el escritorio detrás del cual estaba sentado Snape, leyendo tranquilamente trabajos por corregir. Hermione frunció el ceño, ¿es que ese hombre se pasaba el día corrigiendo trabajos de alumnos? Al parecer sí.
Decidió que la próxima vez que Snape les mandara hacer un trabajo no escribiría tantos metros de pergamino.
Hermione paró su mano a medio camino de verter lágrimas de unicornio en su poción. ¿Qué diablos estaba pensando? Casi parecía que estaba siendo considerada con Snape. ¡Snape! El mismo que la castigaba en cuanto habría la boca... No era posible. Negó para sí misma con la cabeza y volvió a concentrarse en la poción, intentando ignorar que al mirar al profesor le había vuelto a la mente el recuerdo de aquel beso y ahora le ardían las mejillas.
La clase terminó sin incidentes, gracias a Merlín, y Hermione fue con Harry y Ron al Gran Comedor, donde Ginny les había guardado un sitio en la mesa de Gryffindor.
—¿Qué tal tu mañana, Herms?— Le preguntó la pelirroja en cuanto se sentó. Hermione sabía que Ginny no tenía ningún interés en saber que tal habían ido sus clases de esa mañana, solo una excusa para ignorar las miradas fijas de Harry y la cara de confusión de Ron.
—Bien... —Hermione se encogió de hombros.—Ha sido mejor que el castigo de anoche con Snape.
—Oh, es cierto, ¿cómo te fue al final en el castigo?— Hermione suspiró sonoramente.
—Soy estúpida perdida, Ginny.— Ginny la miró confusa.— Conseguí que Snape me castigara toda la semana.
—¿Toda? Pero... No puede, Hermione —Dijo la pelirroja exasperada.—¡No has hecho nada malo!
—¿A qué te refieres exactamente con "nada malo"?— Hermione bajó la voz tanto que solo Ginny pudo escucharla.— ¿A que me pillara borracha a altas horas de la noche por los pasillos o a que le besara?
Ginny tuvo que luchar mucho consigo misma para reprimir una carcajada, pero la cara de Hermione decía claramente atrévete a reírte y será lo último que hagas, y no quería arriesgarse.
OoO
Ginny se despidió de los chicos antes de dirigirse al aula de Defensa Contra las Artes Oscuras, en el pasillo del segundo piso, donde los baños de Myrtle la Llorona. Iba andando deprisa, no tenía ganas de cruzarse con nadie, necesitaba estar sola para tratar de controlar las emociones que tener a Harry cerca le causaban. Aun no tenía asumido el rechazo del Niño-que-vivió-para-ser-un-gilipollas-integral, como le había llamado Hermione cuando Ginny le contó con detalle su historia con Harry.
Y es que era desesperante. Harry le estaba lanzando señales contradictorias. Un día se comportaba como el ser más caballeroso y atento del mundo, era simpático e intentaba besarla y al siguiente cuando ella intentaba besarle a él... Resopló frustrada antes de entrar al aula de DCAO.
Debía seguir su propio consejo, ese que le dio a Hermione respecto a Ron; pasar del salvador del mundo mágico. Pero eso ya lo había intentado y era tan efectivo como apagar un incendio con una gota de agua. No funcionaba. Debía pensar en algo, y rápido.
Entró en clase y trató de concentrarse en cualquier otra cosa que no fuera Harry o suspendería. Pero es que no podía ponerle atención a nada más aunque quisiera.
OoO
Hermione había llegado de nuevo ante la puerta del despacho del profesor Snape, igual de nerviosa que la tarde anterior, salvo que esta vez se aseguró de estar delante de aquella puerta a las 8 en punto, ni un minuto más ni un minuto menos. Tocó la puerta y Snape la invitó a entrar.
—Buenas noches profesor... ¿Dumbledore?
—Buenas noches, señorita Granger.— Respondió el anciano, sentado en la otra silla que había delante del escritorio de Snape. Este la miraba con todo el desprecio que de costumbre, sin importarle siquiera que Dumbledore estuviera delante.
—Buenas noches para usted también, señorita Granger.— Hermione se ruborizó, había olvidado saludar a Snape. Le devolvió el saludo mirando hacia el suelo avergonzada.
—La presencia del director no interferirá en su castigo, Granger, esté tranquila.—Hermione miró horrorizada a Dumbledore, pensando en qué diría si se enteraba de que ella, la mejor estudiante del colegio, había sido castigada. Pero Dumbledore la miraba detrás de sus gafas de media luna con una pequeña sonrisa de tranquilidad.
—Tal vez deberíamos dejarlo para otro momento, Severus.—Terció el director.— Veo que estás algo ocupado...
—No hay porqué preocuparse, la señorita Granger se pondrá en aquella esquina a limpiar los calderos sin molestar a nadie.— Y Snape clavó en ella sus profundos ojos negros, dejando bien claro que si eso ocurría no tendría castillo suficiente para esconderse de su ira.
Hermione no esperó a que Snape se lo dijera dos veces. Dejó su mochila en el suelo, se arremangó el jersey del uniforme que aun llevaba puesto y se sentó en la otra esquina de la sala, donde estaban amontonados todos los calderos que se habían usado durante aquel día en clase de Pociones... Y no solo los de su curso.
Suspiró con resignación, por lo menos así no tendría que preocuparse de que Snape le leyera la mente y se diera cuenta de que sí recordaba el incidente de la noche de Navidad. Empezó a frotar uno de los calderos, pensando en que, cuando antes terminara, antes se iría. No pudo evitar escuchar de fondo la conversación que el director mantenía con Snape.
—Has estado fuera mucho tiempo, Severus.—Comentó Dumbledore con tono ligeramente preocupado.
—Sabes tan bien como yo que es necesario... —Hermione no pudo escuchar lo que dijo Dumbledore a eso, porque cambió de tema.
—Esta mañana me he encontrado con algo sumamente extraño, ¿se te ocurre algo? —Hermione imaginó que la cara de Snape ante esa pregunta tenía que ser la misma que ponía Ron en los exámenes y no pudo evitar sonreír internamente.
—Pues... La verdad, no.—Ahora Hermione imaginó claramente como Dumbledore sonreía ante el desconcierto de Snape.
—Alguien ha estado en mi despacho.
—Mucha gente está todos los días en tu despacho.
Ante esas palabras a Hermione se le heló la sangre, ¿acaso Dumbledore podía saber que ella y Ginny estuvieron allí? Se puso a pensar, frenética, cómo podía haberlo sabido y dio un respingo, tirando varios calderos, que hizo que los dos hombres se volvieran a mirarla. Acababa de recordar que no recogieron el recuerdo del pensadero de Dumbledore después de verlo.
Se sintió tan mareada ante la idea de que el director pudiera averiguar lo de la fiesta y lo del beso... Que dejó de mover el trapo con el que estaba limpiando los calderos.
—Te lo cuento, Severus, porque creo que es importante.—Continuó hablando Dumbledore con voz extrañamente calmada.
—¿No crees que sería mejor hablarlo en otro momento, Albus?—Se escuchó decir a Snape, claramente no quería que ella siguiera escuchando.
—Ya que te lo he contado creo que lo mismo da. —Y la sonrisa juguetona que Dumbledore debía tener en aquel momento no se dibujó en la mente de Hermione solo porque estaba más preocupada prestando atención a lo que decían.
—Minerva y yo solemos pasar por tu despacho muy a menudo, habremos sido nosotros, Albus, no hay motivo para preocuparse.
—Si tu lo dices... ¿Utilizasteis tú o Minerva el pensadero? —En ese momento Hermione deseó poder estar en cualquier otra parte del castillo para no tener que escuchar aquello, pero algún ente superior parecía odiarla.— Hay un recuerdo extraño, no es mío.
—Si lo has visto sabrás de quién puede ser... —Dijo Snape.
—No, no lo he visto, Severus. —Hermione suspiró imperceptiblemente, atrayendo de nuevo las miradas de los dos hombres.
—Granger, márchese ya.—Hermione le miró confusa. —Tranquila, me encargaré de añadirle a su castigo dos días mas.
Por dentro Hermione Granger luchaba para no tirarse de los pelos por su mala suerte. Pero recogió sus cosas con velocidad y se fue después de despedirse como era debido. Ahora el asunto más importante era convencer a Ginny para volver a entrar en el despacho del director Dumbledore sin ser vistas y rescatar aquel bochornoso y comprometedor recuerdo. Podrían expulsarla del colegio por algo como eso. Y puede que Snape le despidieran... Aunque la suerte del hombre no le importaba demasiado en esos momentos.
¿Qué porqué tenía que ir con Ginny? Porque todo había sido idea de la pelirroja y si las pillaban, Hermione no pensaba ser la única perjudicada por su estúpida idea.
Hola! Bueno, este capi es algo más largo que el anterior... no os quejaréis, eh? Al caso, espero que os haya gustado, no tengo mucho que decir respecto a este capítulo, salvo que quizá estamos entrando ya más en materia.. muajajajja!! Pero tranquilidad!! Y eso que ya os he metido por ahí... ese cachito del sueño de Herms.. jeje...
Bueno, ya sabéis, me encanta leer todos vuestros comentarios, sois geniales!! Un beso hasta la próxima! (no tardaré... impacientes...)
