"Sweet Little Things"
Por Vejibra Momiji (Lady Padme)
Para la madre de una amiga, ahora en el cielo.
Para David Alejandro, bienvenido al mundo.
"Tu mano cálida contra mi piel,
Las sensaciones que recorren mis sentidos,
Los movimientos latentes de vida,
Cada instante entre tus dedos."
6. Entre tus Manos
El invierno finalmente había llegado, los copos de nieve caían lentamente de la amplia expansión celestial y cubrían todo el paraje antes lleno de plantas verdes, en una colina de color blanco que parecía no tener fin.
En medio de la tormenta de blancura y el viento helado que recorría los campos, se encontraba una pequeña cuevita, con una luz de fuego encendida en ella; en la cueva, cerca del fuego y cobijados por una manta gruesa de lana, se hallaban Zuko y Katara, aunque Zuko estaba sentado contra la pared del pequeño lugar de piedra, observando con sus ojos dorados, la llama que bailaba sobre la madera.
Mientras Katara estaba recostada descansando profundamente en su regazo, mientras él con cuidado acariciaba su cabello, ambos vestidos con ropas cálidas para cubrirse del frío, ella suspiró tranquilamente en el abrazo cálido, mientras presionaba su cabeza contra su estómago y sus piernas, sonrió para él, recordando que muchas veces en invierno, Katara siempre recurría al calor natural de su cuerpo masculino para cubrirse del tiempo, pese a que ella prefería muchas veces el clima frío al clima cálido.
Un leve tono rojo cubrió sus mejillas, al recordar ciertas noches frías en la casita del pueblo en la que habitaron tanto tiempo, trató de alejar sus pensamientos de aquellos suaves y apasionados recuerdos mirando al fuego, sin embargo no lo consiguió con éxito, pues los leves movimientos de Katara en su regazo, provocaban ciertos deseos, normales en un hombre joven como él, hacia ella, que descansaba tranquilamente si ser perturbada por nada ni nadie.
Aclarando un poco su mente pensó en el bebé que Katara llevaba en su vientre, podía sentir el amplio abdomen contra las telas que se encontraban debajo de ellos. Una sonrisa en sus labios, había extrañado momentos así, de paz y tranquilidad, con solo las llamas destellantes sobre la madera como sus compañeras, mientras su joven esposa y la criatura que habían creado descansaba en sus entrañas.
Cerró sus ojos, necesitaba un poco de sueño, dejó que el calor lo llenará por completo, y entonces sus sentidos fueron a un lugar olvidado en el tiempo, a un lugar que hace muchos años no regresaba...
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"Abrió sus ojos dorados en aquel lugar, tanto tiempo olvidado, las habitaciones del palacio en la distancia, el hermoso estanque donde los patos tortuga nadaban placidamente, el olor a cerezos y ceniza... este era el jardín de su madre.
Extendió sus manos para tocar su rostro, tratando de creer por un leve segundo que la ilusión que su mente le daba era tan real como Katara en su regazo. Podía sentir los aromas de la primavera, el sonido del agua, el color rojizo del cielo mezclado con el color azul natural, podía respirar y sentir la brisa cálida sobre su piel.
-"Zuko..."- escuchó una voz, suave y cariñosa, detrás de él. Su corazón se detuvo, por un segundo, para luego acelerarse, sus manos temblaban y su cabeza se mantenía intacta en su lugar, tenía miedo de regresar a mirar detrás de él, tenía miedo que al hacerlo el sueño terminará y no tuviera la oportunidad de verla... apretó sus puños, su cabeza se movió con delicadeza, sus ojos dorados se abrieron en sorpresa.
Frente a él se encontraba, parada con gran elegancia, su madre, su preciada y amada madre, con su cabello negro cayendo sobre sus hombros, usaba un elegante vestido chino de color rojizo con adornos dorados, su labios eran rosados y sus manos delicadas y estilizadas. Esta era su madre, tal y como la recordaba, frente a él, con pasos temblorosos se acercó a ella mientras su mente continuó rogando que el sueño no terminará.
-"Madre..."- susurró cuando cayó en aquellos brazos, mientras cerraba sus ojos aspirando el suave aroma materno, después de tantos años volvía a sentirse como un niño –"Madre..."- el aire no pasaba por su garganta.
-"Mi querido hijo"- podía sentir las suaves manos sobre sus hombros –"has cambiado tanto, en todos estos años..."- una hermosa sonrisa en sus labios.
-"Madre... ¿qué sucedió esa noche, por qué te fuiste?"- siempre había querido preguntarlo, tantas veces, durante tanto tiempo...
-"Muchas cosas, Zuko... muchas decisiones"- los ojos de su madre brillaban con tristeza –"pero me alegro que todo en tu vida fuera lo mejor"-
-"No exactamente"- Zuko se separó de su madre y con cuidado la llevo para que se sentaran junto a la fuente –"muchas cosas sucedieron madre, tuve un problema con mi padre... él, él..."-
-"No tienes que decírmelo hijo, siempre lo supe... tu padre cometió muchos errores, trajo mucho dolor a la vida de las personas y también a su propia familia"- los puños se apretaron –"siempre desee volver, pero las cosas eran muy difíciles en aquel entonces, y cuando tome la decisión final, mi tiempo había terminado"- los ojos se Zuko se abrieron de par en par.
-"Madre tu estas..."-
-"El tiempo nunca puede ser detenido..."- de pronto el lugar comenzó a oscurecerse, Zuko se levantó y observó las nubes tomar un tono oscuro en el cielo, mientras el viento soplaba con fuerza y el agua en la fuente comenzaba a vibrar con intensidad, las antorchas a su alrededor se prendieron, mientras el fuego bailaba incesantemente sobre ellas.
-"¿Qué esta sucediendo?"- preguntó exaltado mientras observaba a su madre.
-"El momento que no puedes detener"- susurró mientras sus ojos observaban en la distancia, evitando así, encarar a su hijo.
-"¿A que te refieres?"- se sentía confundido. Pronto en un segundo, todo el lugar se perdió en el silencio, el agua dejo de vibrar, la tierra se detuvo de temblar, el viento dejo de soplar, y el fuego que bailaba sobre las antorchas comenzó a extinguirse uno por uno.
Zuko observó a su madre mientras ella derramaba unas cuantas lágrimas con sus labios apretados, sus ojos abiertos observando el palacio en sombras frente a ella –"¿madre...?"- dirigió unos pasos hacia ella, pero se detuvo al escuchar en la distancia del palacio, sollozos intensos, sus pies dieron la vuelta y comenzaron a moverse en aquella dirección, entonces su madre lo detuvo.
-"Zuko, no hijo... no es el momento indicado, se que no estoy a más a tu lado, no en vida"- la revelación lo dejo sin palabras –"pero no debes ir a ese lugar, no ahora"- era un ruego, una suplica en su mirada dorada.
-"Madre, no puedo quedarme aquí..."- sus ojos evitaron aquella mirada tan parecida a la suya, aquella mirada que siempre lo reconfortaba –"algo esta sucediendo detrás de las paredes del palacio"-
-"Lo siento tanto hijo..."- su madre soltó su brazo, agachando su cabeza.
-"Espero volver a verte..."- susurró dando la vuelta, para seguir el camino que le dirigía a los sollozos.
-"Yo también, amado hijo... yo también"- fueron las últimas palabras de la hermosa mujer, mientras conforme se alejaba su hijo se alejaba de ella y los sollozos se intensificaban, pronto su presencia se desvaneció en las sombras hasta dejar tan solo un lugar vacío en sus recuerdos, se sentía triste por no ver más a su madre, pero la preocupación que invadía su ser ante los sollozos era mayor, porque su corazón no dejaba de palpitar intensamente.
Al doblar una esquina en medio de los pasillos oscuros, pudo observar sombras reunidas en un solo lugar, sollozando, mientras una figura en el centro se encontraba arrodillada, intento enfocar su vista para ver mejor pero la oscuridad se lo impedía, y en lo poco que sus ojos pudieron divisar, observó asombrado que la figura arrodillada que sollozaba en silencio, abrazaba intensamente un cuerpo entre sus brazos... y con un destello leve de luz pudo observar una pálida mano delicada caer contra el suelo."
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Abrió sus ojos, su corazón latía intensamente, su frente y sus manos sudaban, estaba asustado por lo que su sueño le acaba de mostrar, se sentía confundido, preocupado... Katara en su regazo, comenzó a despertarse, preocupada por el repentino cambio de temperatura en el cuerpo de su esposo.
Sus ojos azules se abrieron de par en par, al observar el rostro horrorizado del muchacho, se levantó con cierta dificultad hasta que su propio rostro se encontraba frente al de él, tomando con sus delicadas manos enguantadas el rostro de Zuko, hizo que él la mirara.
-"¿Qué sucede?"- preguntó, sus ojos azules llenos de preocupación. Zuko la miró intensamente, para después abrazarla escondiendo su rostro en el cuello de la muchacha, susurrando palabras ilegibles.
-"Nada... solo un mal sueño, es todo"- se alejó de ella, observando sus facciones delicadas iluminadas por la luz del fuego.
-"Zuko..."-
-"Me encuentro bien Katara, no tienes porque preocuparte de esa manera"-
-"Tengo todo el derecho del mundo"-
-"No en este momento"- Zuko mantenía su mirada firme contra la joven, Katara algo molesta, solo se acomodó un poco y volvió a recostarse, tardo unos minutos en conciliar el sueño pues preocupaciones siempre rondaban su mente, llevándola a un punto donde muchas veces, comprendía que aún había un largo camino que recorrer en su relación.
Después de que Katara se durmiera, Zuko se mantuvo observando el fuego, no tenía sueño, pues el temor invadía sus sentidos, deseaba comprender los pocos minutos de reencuentro con su madre, sus palabras y la última imagen del sueño que asaltaba su mente, una y otra vez.
Miro a Katara, con sus labios entre abiertos, un mechón de su cabello cayendo en su rostro, la expresión tan tranquila, tan relajada. Suspirando se recostó contra la piedra fría detrás de él, necesitaba olvidar su sueño para poder volver a dormir o intentar hacerlo, cuando por fin lo consiguió, fue porque se encontraba demasiado cansado para mantenerse despierto, más no porque la imagen de la mano pálida había desaparecido de su mente.
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Cuando la oscuridad es lo único que has conocido en toda tu vida, no hay nada más allá de ella que las sensaciones que se despliegan a su alrededor y el dolor físico constante que no puede ser detenido.
Era su mundo el que no podía cambiar sin nada más que la sombras, sin nada más que oscuridad, pero en ella se había vuelto valiente y fortalecido, sin embargo en algún momento aquella oscuridad puede demostrar su debilidad.
Al menos esos fueron los pensamientos que cruzaron por su mente, al observar con sus ojos claros la frente sudorosa y la expresión de dolor de la joven de cabello negro recostada en el futón, tomando de una esquina, con un trapo de color blanco, el agua, remojándolo con cuidado para luego colocarlo sobre aquella frente pálida y caliente por la fuerza de la fiebre.
Una joven de cabello castaño que lo tenía en una trenza, entro sin hacer mucho ruido en la habitación, con una mirada preocupante en sus ojos castaños, prendió una vela, mientras con sus manos y con la ayuda de otra mujer, una anciana que la seguía, trataron de curar algunas heridas aún sangrantes de los brazos de la joven con fiebre.
-"Debemos sacarla de este lugar"- pronunció la muchacha de cabello corto y ojos claros, sus ropas color verde de un guerrero – "lo que le hicieron no tiene nombre... necesita un médico, si los soldados y yo no hubiéramos llegado tan tarde..."-
-"No te culpes amiga, nadie podía saber que aquello iba a suceder"-
-"¡Mírala!"- gritó molesta señalando a la jovencita en el futón –"solo tiene diecisiete años y lo ha perdido todo... su familia, su hogar, su esposo y..."- las palabras se atoraron en su garganta.
-"No debía pelear... ella sabía que no estaba en las mejores condiciones, no debió enfrentarse a los soldados de la nación del fuego, no en su estado tan delicado..."-
-"Siento pena por ella... lo ha perdido todo en segundos..."- miró las reacciones de dolor en su rostro –"tan solo es una niña"-
-"No lo es..."- apretó sus labios –"desde hace mucho tiempo que nadie es un niño, ni siquiera ella, además no puedes sentir lástima por uno de los mejores guerreros de nuestros tiempos..."-
-"No siento lástima... pero no puedo contener la preocupación, mírala, es todavía una niña, y en este estado no puedes evitar pensar que es frágil"- vio la luz de la vela en una esquina de su alrededor –"debemos moverla en caso de que los soldados de la nación del fuego regresen a terminar su trabajo..."-
-"Guan-Yin... dijo que no debes llevarla a ningún campamento de la nación de la tierra"- un suspiro –"Guan-Yin dio ordenes de llevarla a un templo en el norte, un templo de la tierra en el norte en donde va estar segura en los próximos años"-
-"Debes confiar demasiado en Guan-Yin... para ser una persona a quién no has visto"-
-"Si la vi... una vez hace mucho, después de que la guerra estallará sin control, la conocí... se de sus habilidades, como vidente, ella sabe como deben hacerse las cosas, es lo que ha mantenido a lo que queda del reino de la tierra en pie"-
-"Tanta fe depositada en otra niña... ¿por qué siempre colocamos nuestras vidas y decisiones en los demás, especialmente en niños que no debemos involucrar?"- su mirada se encontraba perdida en la nada.
-"¿Lo conociste no es así, al avatar?"-
-"Fue hace mucho tiempo, era joven, tenía muchas esperanzas... en su grupo había un muchacho, alguien importante para mi..."- sus últimas palabras fueron solo leves susurros.
-"Aún eres joven, solo tienes veintiún años y no subestimes tanto a Guan-Yin porque ella tiene diecisiete años físicamente, pero su mente, su mundo es muy diferente, es tan sabia y anciana como el mismo tiempo"-
-"Pero..."-
-"No más peros, lo que los soldados bajo tu mando deben hacer es llevar a la joven guerrera al templo de la tierra del norte, ahí estará segura, hasta que el tiempo llegue"-
-"¿Qué tiempo...?"-
-"No lo sé... ni lo entiendo, aquellas fueron las palabras de Guan-Yin"-
-"Esta bien, prepararé a los soldados, es un largo viaje que hacer y debemos cuidar de su salud física¿alguien de tu familia vendrá con nosotros?"-
-"Si, mi madre irá con ustedes, para cuidar de su salud"- señalo con su dedo a la joven que ahora parecía descansar, aunque su frente aún sudaba producto de la alta fiebre. Mientras tanto la otra joven con ropas de guerrero, se levantó y alejó de la habitación, fue entonces que la chica a sus espaldas, susurró –"¿lo extrañas... a ese muchacho que viajaba con el avatar?"-
-"Si... fue mi primer amor"- susurró –"pero eso fue hace mucho tiempo..."- cerró las puertas tras de si.
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Cuando terminaron de descansar en aquella cueva, Zuko y Katara decidieron que lo mejor era continuar su viaje, aunque las inclemencias del clima, eran cada vez peores. La temperatura parecía descender a diario, lo que dejaba a un lado los buenos momentos que ellos pudieran compartir en un lugar cálido.
Katara estaba acostumbrada a un clima frío como aquel, sin embargo Zuko, que pese a los años de mantenerse en contacto con aquel clima, aún no se acostumbraba tanto y podía sentirse muy incomodo, incluso su piel parecía ser más delicada al viento helado que soplaba todos los días, pues sus mejillas usualmente pálidas, se encontraban algo sonrojadas y magulladas, porque el viento helado había quemado su piel.
Eran momentos que usualmente Katara disfrutaba mucho, le divertían al menos, pues Zuko, molesto como siempre por el clima, se veía literalmente adorable, con su rostro arrugado por el enojo y las mejillas rojas, con los ojos dorados siempre brillando y la nariz a veces algo azul.
-"¿Puedes decirme que resulta tan gracioso?"- Zuko frunció el ceño molesto, mientras cruzaba sus brazos sobre su pecho.
-"jejeje"- Katara colocó su mano sobre su boca tratando de mitigar un poco su risa, sus ojos azules se abrieron y observaron el rostro del joven –"lo sient-to"- las ligeras risas continuaba, coloco una de sus manos en su estómago para disminuir el pequeño dolor de la fuerza de la risa –"nada... de verdad nada"- seco con su dedo una lágrima en el borde de su ojo.
-"Jajaja"- Zuko dijo con un tono sarcástico –"sabes que no estoy muy acostumbrado a este tipo de clima... hace demasiado frío"-
-"Pero... ha pasado ya mucho tiempo y aún a si no estas acostumbrado al invierno"-
-"Tienes que comprender un poco... esta ropa tampoco es muy caliente"- bajo sus brazos de su pecho y se acercó a Katara, tomándola por la cintura y acercándola a él, el vientre ancho de la muchacha rozo su abdomen, un diminuto roce que le causo un pequeño cosquilleo –"aunque... siempre en esta época encontrábamos la forma más adecuada de mantenernos calientes..."- susurró con un tono apasionado en el oído de la muchacha, la cuál se sonrojó inmediatamente, alejando a su esposo de ella.
-"¡No-no digas esas cos-as!"- sus mejillas quemaban –"la situación es un poco diferente ahora, tu sabes..."- indirectamente señaló su abdomen amplio y redondito en su cuerpo –"n-o, no podemos hacer eso"- sus mejillas estaban cada vez más rojas.
-"¿Por qué no?"- preguntó algo curioso, según recodaba en algunas de las enseñanzas de su sabio tío, de las cuáles sinceramente estaba muy agradecido aunque muchas veces le habían hecho sonrojar, la educación sobre la intimidad entre hombre y mujer especialmente en época de fertilidad y concepción eran parte vital en la vida natural de una pareja de la nación del fuego; por ello no comprendía porque Katara de repente se sonrojaba ante tal idea.
-"Porque..."- Katara sentía quemar la sangre en sus venas, recordaba claramente que cuando una mujer se encontraba esperando un hijo, siempre se mantenía alejada de la casa de su esposo, para evitar cualquier contacto entre los dos, pues no era bueno para el niño tal hecho, pero... eran sus recuerdos y las tradiciones con las cuales había sido criada, pero sus tradiciones no podían ser las mismas de su esposo, además sus ojos escanearon indirectamente el cuerpo de Zuko, recordando todas aquellas sensaciones que solo él podía brindarle, desvió su mirada, debía respetar sus tradiciones, por el bien de su niño –"¡no podemos y punto!"-
-"¿Por qué no... no creo que sea tan difícil?"- alzo la voz un poco exasperado, sin darse cuenta que ante tal idea sus mejillas también tomaron un tono rosa, porque pensándolo bien¿como podía suceder con el suave vientre ancho de su esposa en medio?
-"¡Porque no!"- ambos estaban muy sonrojados en aquel instante, mirando sus manos trató de evitar la mirada de su esposo, se sentía muy incomoda hablando de aquellos detalles de su vida intimida en campo abierto, en medio del invierno, cuando más necesitaban de algo cálido.
-"Katara yo..."- sus palabras se atoraron en su garganta, apretó sus puños, era hombre, tenía sus deseos, trataba de comprender la actitud de su esposa, pero la forma en la cuál ambos podían ver el mundo a veces era muy diferente, basado en las enseñanzas que ambos recibieron.
-"Sigamos caminando..."- murmuró la muchacha evitando la mirada de su esposo, se sentía como una niña, como una joven avergonzada del acto físico entre dos amantes, suspiro, caminando lentamente delante de su Zuko, con sus mejillas aún coloradas.
-"..."- se mantuvo en silencio, mientras el tono rosa continuaba adornando sus mejillas pálidas al seguir paso a paso lento sobre la nieve a su esposa.
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El joven en la silla de ruedas indicó una habitación en donde la joven pareja de la tribu de agua con el bebé, podían descansar. Sokka ayudo a la joven de ojos azules a acostarse en la cama, mientras acomodaba al bebé de cinco meses junto a su madre.
Cuando ambos se durmieron, él salió de la habitación y se dirigió al hombre joven, ambos mirando el amplio cielo nocturno sobre sus cabezas.
-"No pueden quedarse mucho tiempo"- murmuró el muchacho.
-"No te preocupes, mi esposa y yo te agradecemos que nos ayudes, el tiempo que sea necesario"-
-"Lamento no poder ayudarlos con más cosas... lo siento mucho, pero la guerra aumenta cada día y hasta nosotros tememos por nuestras vidas, si mi padre..."-
-"Tu padre era un genio, un hombre para admirar, cuando lo conocimos hace tanto tiempo, realmente siempre admiré sus trabajo"-
-"Aunque ayudó a la nación del fuego"-
-"Eso acabó cuando llegamos aquí"- comenzó a caminar lentamente –"parece que solo fue ayer cuando aterrizamos los tres, aquí..."- sus palabras eran melancólicas.
-"Siento mucho la perdida del avatar..."-
-"Era un gran amigo, muchos buenos amigos perecieron aquel día... muchos otros perdieron la esperanza, el equipo avatar se desintegró..."-
-"¿Qué?"-
-"Nada amigo, nada..."- dio la vuelta para entrar en el gran templo –"tengo que ir a ver como se encuentra Mayu"-
-"Es muy bonita"- el joven miro la luna en el cielo –"tan bonita como la luna"
-"No amigo, no tanto como la luna... pero si parecida a ella"- continuó sus pasos lentos.
-"¡Sokka, espera!"- el joven gritó, recordando que necesitaba saber algo –"¿dónde está Katara?"- el hombre de la tribu de agua frente a él, detuvo su paso, pero no regreso su mirada, el viento helado soplo levemente.
-"Ella desapareció..."- un leve susurro –"no se si todavía se encuentra con vida..."- el silencio inundó la atmósfera del lugar.
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El fuego los mantenía calientes, ambos a cierta distancia el uno del otro, los ojos dorados fijos en los ojos azules, mientras las mejillas continuaban de color rojizo; Katara trataba de evitar su mirada, cerró sus ojos mientras extendía sus manos al fuego para calentarse, sus manos temblaban, su cuerpo se encontraba adolorido por el frío, sin embargo mantenía la distancia entre su esposo y ella.
Zuko por su parte, continuaba admirando la figura pequeña de su esposa, mientras ella trataba de calentarse junto al fuego, desde la discusión de la mañana, ambos se mantenían alejados el uno al otro, evitando inclusive un leve roce de manos.
Enarcó una ceja molesto, mientras colocaba un trozo pequeño de madera seca en el fuego para mantenerlo vivo, sus ojos dorados bailaron por un segundo ante la sensación que provocaba en su interior la intensidad del fuego sobre la madera. Suspirando alejó sus pensamientos del fuego y todas aquellas sensaciones que acarreaban sus más profundos deseos como hombre, miró a Katara nuevamente, ella mantenía sus ojos cerrados, como tratando de alejar no solo el frío fuera de la cueva, sino las sensaciones y los deseos de su cuerpo ante la necesidad de calor.
No comprendía porque ella no se sentía cómoda ante la idea de un momento intimo entre los dos, para él en su debido momento había sido un poco extraña tal idea, pero después la despejo de su mente, sin embargo debía considerar que las tradiciones con las cuales Katara había sido criada eran muy diferentes a las suyas, por ello, ella trataba de mantenerse alejada de él. Talvez estaba mal visto entre su pueblo, que una pareja que se mantuviera junta durante el desarrollo del embarazo.
Suspiró intensamente, cruzo sus brazos sobre su pecho, si debía comprender que más allá de sus deseos como hombre, se encontraban sus deberes y derechos como esposo y padre, y debía respetar los deseos de su joven esposa, quién llevaba en vientre a su hijo.
-"Katara..."- susurró.
-"¡uff!"- ella se volteó a otro lado.
-"Katara... no me ignores"-
-"Mhm..."- la muchacha continuó sin responder, mientras se alejaba un poco más de su esposo.
-"Katara..."- estaba comenzando a molestarse con aquellas actitudes, ella parecía como una niña mimada –"Katara... ¿puedes dejar de ignorarme?"- suspiró –"necesito... necesito disculparme"-
Katara abrió sus ojos sorprendida, regresando a mirar a su joven esposo, encontró un par hermosos ojos dorados, brillantes, él se encontraba junto a ella, sus rostros a centímetros de distancia, su corazón comenzó a acelerarse, golpeando contra su pecho, llegando a escucharse en sus oídos. Instintivamente remojó un poco sus labios con su lengua, fijando su mirada sobre los labios de Zuko, sus mejillas tornándose más rojizas.
-"Zuko..."-
-"Gracias..."- se alejó de su esposa, la cuál pronunció un leve quejido de frustración mientras se acercaba más a él. Zuko se mantuvo observando el fuego y con cuidado tomo la mano de su esposa entre la suya –"lamento lo que sucedió en la mañana... yo..."- desvió su mirada –"debes comprender algunas cosas..."- suspiró intensamente –"soy un hombre, tengo deseos como tal... no las puedo evitar y eres mi esposa, la única en mi vida, la única a quién he tocado, amado, deseado, la única que ha hecho que mi cuerpo sucumba ante el tuyo..."- sus mejillas tomaron un tono rosa –"perdóname, soy nuevo en todo esto, no es que todos los días tenemos un bebé en cami..."- sus palabras fueron interrumpidas por un par de labios suaves sobre los suyos, acallándolas. Sus ojos se abrieron de par en par para encontrar la mirada de color azul de los ojos de Katara, aún en el beso, ambos continuaban fundidos en la intensidad de la mirada del otro.
-"Esta bien"- susurró Katara cuando sus labios se separaron –"no tienes de que preocuparte y también debes perdonarme, no debí actuar como una niña, se que es una situación normal en la vida de una pareja, pero me siento incomoda, mis tradiciones, todas aquellas cosas que me enseñaron cuando una mujer espera un hijo... son totalmente opuesta a las tuyas... se que puede ser duro, pero necesito un momento así, por el bien del bebé"- colocó la mano de Zuko en su vientre –"que continua creciendo día a día"- una sonrisa en sus labios.
-"Si..."- suspiro, colocando un brazo detrás de Katara –"hay cosas que aún trato de conocer de tu pueblo... cosas extrañas"-
-"¿Extrañas?"- Katara recostó su cabeza en su brazo, a su lado–"TUS costumbres son extrañas"-
-"¿Las mías?"- enarcó una ceja, mirando a Katara con una sonrisa misteriosa –"¿qué hay de las tuyas?"- sonrió –"como lo sucedido en la noche de bodas, no me esperé lo que hiciste esa noche... sabes la herida aún estaba fresca en la mañana"-
-"¡No digas eso!"- se sonrojó intensamente, recordando aquellos momentos, tan atrás en el tiempo –"era como debían ser las cosas... tú... yo..."- trató de enfocar su mirada en el fuego –"era nuestro momento..."-
-"Nuestro primer momento..."- Zuko la abrazó con fuerza, siempre que se encontraba junto a ella, mantenía un sentimiento de posesión en él. Ella era suya y él era de ella, con su brazo derecho sujeto a Katara a su cuerpo por la cintura y utilizando el brazo izquierdo, extendió su mano para retirar un cabello del rostro de su esposa, sus labios descendieron depositando un beso sobre su frente.
-"No has dejado de preguntarte... ¿cómo es que terminamos así?"- susurró Katara entre el sueño que comenzaba a vencerla ante el calor que recibía directamente del cuerpo de Zuko.
-"Todos los días..."- suspiró –"el destino nos llevo a este momento... y por eso estoy agradecido, talvez desde el inicio estaba destinados a estar juntos"-
"Te casarás con un poderoso maestro"Los recuerdos de aquellas palabras hicieron eco en su mente, abrazando a Zuko, cerró sus ojos –"Si... desde el inicio"- su mente se inundó en la oscuridad, recordando todos aquellos momentos que habían vivido a lo largo de los años y aquel primer encuentro, tantos años atrás en el polo sur.
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"Frío... hacía demasiado frío a su alrededor, lo cuál era extraño pues segundos atrás se encontraba en los brazos de su esposo; en la distancia podía escuchar el viento de invierno soplar con fuerza, sobre su cabeza... sobre el lugar en el que se encontraba.
Sin embargo algo más llamó su atención, el olor a comida casera recién hecha y una suave voz cantando... aquella voz...
Abrió sus ojos en un segundo, levantándose de su cama en el suelo, hecha de pieles... observó en segundos el lugar a su alrededor, su corazón latiendo con intensidad, lágrimas en sus ojos cuando encontró a la figura portadora de aquella voz en la distancia.
Tantos años desde el último momento que la vio con vida... tantos años en los cuáles había tratado de encontrar su imagen y su voz en la distancia brumosa de sus recuerdos de infancia; cuanto tiempo había pasado desde que pudo observar la belleza de su largo cabello oscuro y cuanto era el tiempo en que no había visto aquella sonrisa...
-"Mamá..."- susurró, sintiendo como las palabras se atoraban en su garganta, como la había extrañado –"mamá…"-
-"Katara, mi pequeña, ven aquí"- su madre extendió sus brazos, ofreciendo un abrazo, sin perder tiempo, la muchacha se lanzó al calor materno de su madre, refugiándose en su pecho –"¿cómo has estado mi querida niña?"-
-"Mamá... tantas cosas han sucedido, madre... la guerra, la destrucción, quisimos detener todo pero..."- eran recuerdos dolorosos que no deseaba contarle, pero encaró a su madre con valentía –"no pudimos hacerlo... fallamos"-
-"Tranquila, hija mía, no puedes culparte por lo sucedido... el destino tenía grandes cosas planeadas, de a ver ganado la primera batalla, nada de lo que el destino tenía, hubiera sucedido, ni tu esposo, ni tu hijo estarían aquí"- susurró la hermosa mujer ante el asombro de Katara.
-"Madre... ¿sabes de Zuko y mi relación con él?"-
-"Si... hace mucho los he estado observando"- tomó una de las manos de su hija –"es un buen muchacho Katara, no podría sentirme más feliz"-
-"Mamá... ¿no sientes que esta mal?, porque él..."-
-"Es hijo de la nación del fuego..."-
-"Si... siempre desde que era pequeña fui enseñada a creer que el agua y el fuego no se mezclan, pero... tantas cosas... yo lo amo madre y amo al hijo que creamos juntos"- bajo su cabeza.
-"¿Quién dice que está mal...?"- su madre sonrió-"lo importante es el lazo que los une y que siempre los unirá, mi hija... siempre"- pronto la sonrisa fue reemplazada por un semblante serio –"pero a veces esos lazos pueden ser muy dolorosos"-
-"¿A que te refieres madre?"- sin embargo su madre no contesto... desvió su mirada unos segundos ante el sonido de gotas de agua caer; cuando regreso su mirada hacía su madre ella ya no se encontraba en su lugar, asustada Katara se levantó y comenzó a buscar por todo el pequeño lugar, pronto escucho voces que la llamaban, preocupada corrió fuera del lugar y ante su asombro todo el mundo que la rodeaba se transformó en un hermoso palacio que no logró identificar por unos segundos.
Sus ojos se abrieron de la sorpresa podía distinguir uno que otro detalle del lugar que lo identificaban por completo, tragó saliva, se encontraba en el palacio real de la nación del fuego. Pronto su asombro paso desapercibido cuando escuchó los pasos de una figura que corría rápidamente, cuando pasó frente a ella pudo vislumbrar un traje de color azulado con blanco, sin perder tiempo persiguió a la figura, para encontrar que ella se detenía al entrar en una gran habitación.
Los latidos de su corazón podían ser escuchados en sus oídos mientras el pulso aumentaba con velocidad, la sombra frente a ella detuvo su paso y comenzó a caminar temblorosamente, frente a la misma se encontraban sombras sin rostro, y una en el centro sujetando con fuerza algo entre sus brazos... enfoco su mirada, el cuerpo de alguien... escuchó un sollozó y un cantó triste antes de que todo desapareciera frente a ella"
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-"Katara... Katara despierta"- escuchó la voz de Zuko llamarla, con algo de pereza abrió sus ojos azules y encontró a Zuko mirándola con impaciencia y algo de preocupación en su mirada.
-"¿Qué sucede?"- preguntó confundida.
-"Debemos irnos..."- Zuko se mantenía serio, sin decir nada más comenzó a recoger las cosas con rapidez.
-"Pero... pero¿por qué?, no ha amanecido todavía..."- en ese instante Zuko apagó el fuego con el movimiento de su mano –"¿¡qué esta sucediendo!?, Zu-"- la mano de su esposo se colocó sobre su boca.
-"Shhh, no hables Katara... tenemos compañía"- murmuró mientras retiraba la mano de la boca de Katara –"soldados... un grupo pequeño"- sus ojos dorados brillaban con preocupación –"pero es demasiado riesgoso"-
-"Lo siento, no lo sabía"- sujeto la mano de Zuko, para calentarse un poco –"¿cómo lo supiste?"-
-"No estaba completamente dormido... pude escuchar sus pasos"- se recostó contra la fría pared de la cueva, sin el fuego, el lugar a su alrededor comenzaba a bajar de temperatura, apegó a Katara contra su pecho abrazándola, sus brazos alrededor del cuerpo femenino, el pequeño vientre abultado contra su abdomen, sus piernas masculinas, una a cada lado del cuerpo de la muchacha, debían mantenerse calientes.
-"Zuko..."- cerró sus ojos, podía escuchar el latir del corazón de su esposo, era acelerado, preocupado, inquietante, con delicadeza, levantó su mano para colocarla contra su pecho, en el lugar donde palpitaba el corazón –"tranquilízate, todo estará bien"- murmuró suavemente, aunque sabía que las temperaturas comenzaban a descender incesantemente en las noches por aquella temporada, sin embargo se refugio en su cuerpo, podía sentir frío a su alrededor, pero de alguna forma se encontraba caliente.
-"No puedo hacerlo, los soldados están muy cerca, demasiado..."-su voz temblaba –"Katara si llegan a atacar..."-
-"No debes tener miedo Zuko, todo estará bien, puedo defendenderme..."-
-"No voy a permitir que pelees nuevamente, no después de lo que sucedió hace casi dos meses, por el bien del bebé, no puedes arriesgarte"-
-"Pero... no puedo dejar que pelees contra ellos solo"- mordió sus labios por la preocupación que asolaba su cuerpo –"estaremos bien"-
-"Katara, recuerda que debes correr en todo caso, debes hacerlo, puedes prometerme eso"-
-"¡no, claro que no!"- apretó sus manos –"no te voy a dejar solo"-
-"Solo..."- escucharon el crujido de unas ramas, sus respiraciones se agitaron rápidamente, la temperatura a su alrededor continuaba descendiendo, Zuko retiró a Katara de su lado, colocándose en posición defensiva frente a la muchacha.
En la oscuridad no podían observar nada, solo escuchar el sonido de voces en la distancia, una antorcha iluminada, pasos acercándose donde ellos se encontraban ocultos, Katara se mantenía arrodillada, colocó sus dos manos en al frío suelo, sus manos apretaron la tierra congelada, su corazón se aceleró en segundos. Si los encontraban, no tendrían más opción que pelear por sus vidas, colocó una de sus manos en su vientre, no podía dejar que su bebé estuviera en peligro nuevamente.
No quería admitirlo pero nunca antes había estado tan aterrorizada de lo que podría suceder si los soldados los encontraban. No deseaba perder a su bebé, pero tampoco a su esposo...
Zuko por su parte se mantenía inquieto, trataba de tranquilizar su mente, para el momento en el cuál fuera necesario batallar, pero no podía relajar la tensión en cada uno de sus músculos, podía sentir la palpitación acelerada de su corazón, porque temía por la vida de Katara y el bebé. Si los encontraban, estaba dispuesto a cualquier cosa, para salvar la vida de Katara, cualquiera, incluso perder su vida.
Está revelación lo asustaba más, pues estaba dispuesto a perder su vida por la vida de su esposa y por el niño que esperaban, nunca antes había imaginado arriesgar su vida por la vida de alguien.
Los pasos continuaron acercándose, fue entonces que el fuego de una llama los iluminó por completo, Zuko abrió sus ojos, su cuerpo se volvió rígido por completo, estaba listo para...
-"¿Pero muchachos que hacen aquí, en la oscuridad y en este frío?"-
Zuko perdió el equilibrio, cayendo en las rodillas de su esposa, ambos miraron con los ojos bien abiertos a un grupo de viajeros con ropajes muy extravagantes para ser pueblerinos, ambos se miraron el uno al otro.
-"Nosotros..."- dijeron al unísono, tratando de formular palabras ante la sorpresa –"pensábamos que eran soldados de la armada de fuego"-
-"¿Armada de fuego?"- mencionó una mujer –"¡te dije que no hicieras esos sonidos extraños de hombres borrachos!"- se escuchó un golpe.
-"Pero mi vida eran mis famosas imitaciones..."-
-"¡Asustaron a los muchachos!"- la mujer caminó unos pasos donde ellos –"¡míralos se encuentran pálidos!"-
-"La verdad estam..."-
-"¡Nada de nada, mi nombre es Yamata Hirogane!"- sonrió la mujer mientras extendía la mano a Zuko para que levantara, cuando lo hizo, tomo con cuidado a Katara y la ayudó a levantarse también. –"¡disculpen todas las molestias mis niños, mi esposo le gusta realizar voces la mayoría del tiempo!"-
-"¡Pero, pero, pero eran muchas!"- Zuko enarcó una ceja.
-"Usualmente lo hago así muchacho"- se escuchó una voz gruesa que lentamente fue acercándose hasta que hizo su presencia un hombre muy pequeño que no llegaba ni hasta la cintura de Zuko.
-"¿ohmm?"- Zuko abrió sus ojos ante el pequeño hombre, uno de sus ojos comenzó a palpitar lentamente, mientras Katara con un suspiro golpeaba su cabeza ligeramente.
-"¿Soldados de la nación del fuego, eh?"- habló sarcásticamente su esposa, Zuko retomó su compostura rápidamente, mostrando una cara seria.
-"Estaba seguro de que lo eran"-
¡Poch!
-"¡Pobres niños!"- la mujer le reclamó una vez más a su pequeño esposo después de darle aquel pequeño golpe –"en fin... somos un circo andante, el hombre que los iluminó y no ha dicho una sola palabra es mi hermano menor, usualmente realiza acciones sin decir palabra alguna"-
El hombre que sostenía la antorcha entre sus manos sonrió levemente, acercándose a Katara sosteniendo su mano y besando la palma de la misma; la muchacha sonrió delicadamente mientras Zuko cruzaba sus brazos y refunfuñaba algo que nadie pudo escuchar.
-"Jeje"- sonrió el hombre pequeño –"el resto de nuestra familia está aquí"- el pequeño hombre iluminó a sus espaldas alrededor de treinta personas; hombres, mujeres y niños todo sonrieron a la joven pareja, quienes saludaron educadamente a todos los presentes.
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Su visión se encontraba borrosa, le dolía todo su cuerpo y podía sentir ardor en cada una de las quemaduras de su piel, el olor a sangre con carne quemada mezclada con hierro; de pronto el viento helado toco su piel magullada, estirando su mano trató de sentir el viento helado como si se tratara de una ilusión que se desvanecía lentamente de su lado.
Entonces escuchó los pasos delicados de una persona, podía identificarlos por aquella forma de caminar, tan diferente a la de los soldados que lo habían torturado las últimas semanas en busca de una respuesta, pero él era un hombre de palabra, jamás traicionaría a sus aliados, además estaba listo para morir hace mucho tiempo.
-"Deberías contestar las preguntas que te hacen"-
Pudo escuchar la voz de aquella mujer, la misma que siempre venía a su lado después de cada tortura, siempre usualmente su voz era fría sin sentimientos, pero está vez era diferente, su tono era de... ¿preocupación¿preocupación por él?.
-"No necesito de tu ayuda..."- murmuró confundido de a quién se dirigía, pues no podía enfocar claramente con su mirada la figura femenina y su ubicación –"tampoco tus consejos"-
-"No te estoy dando consejos"- caminó lentamente hasta encontrarse al lado del hombre, con sus ojos dorados siempre observando la figura física del hombre completamente maltratada –"pero Azula te dio a mi cargo... y me molesta que mis pertenencias estén tan maltrechas la mayor parte del tiempo"-
-"¡No soy ninguno de tus juguetes!"- gritó con intensidad antes de vomitar sangre –"¡aléjate de mi!"- cerró sus ojos ante el dolor en su pecho –"eres igual que esa maldita..."- sintió un par de dedos debajo de su barbilla.
-"Cuida tus palabras, si ella te escuchará en estos momentos... no estarías con vida"- soltó los grilletes que sostenían sus muñecas –"para ser un maestro tierra, eres más débil de lo que esperaba"-
-"Si tuviera todas mis fuerzas no hablarías de esa manera..."- amenazó, tratando de sostener sus brazos adoloridos contra su cuerpo lastimado, en su mente aún trataba de recordar como había sido vencido y tomado prisionero.
-"Entonces... ¿por qué no te recuperas por completo?"- ella se arrodilló a su lado.
-"¿Cómo podría hacerlo cuando me encuentro la mayor parte del tiempo siendo torturado?"-
-"Eres un maestro tierra... te recuperas al tener contacto con el entorno que te rodea..."-
-"El invierno dificulta muchas cosas al momento"-
-"Es lo mismo para nosotros"-
-"¿Qué?"- preguntó confundido, pronto escuchó el sonido de música y baile, pero la sorpresa mayor vino cuando sintió el contacto de agua fría contra su piel –"¡¿qué te sucede?!"-
-"Tienes quemaduras y heridas en tu piel, debo limpiar las heridas de lo contrario se infectarán"-
-"Ya lo dije... no necesito de tu ayuda"-
-"No me importa si la necesitas o no"- podía escuchar los pasos de la mujer acercarse a él –"eres ahora de mi propiedad, Azula espera lo mejor de mis regalos"-
-"No soy un objeto..."-
-"Entonces demuéstralo"-
-"¿Quién eres?"-
-"Mai... ¿tú?"-
-"Haru"-
-"Bien Haru... demuéstrame que eres mucho más que un simple prisionero"- fueron las palabras de la mujer antes de que sintiera sobre su cuerpo una manta húmeda, mientras sus heridas se refrescaban lentamente, continuaba escuchando a su alrededor música y entre la visión borrosa y sangrienta de sus ojos pudo observar una figura y sentir un par de manos cálidas sobre su piel.
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-"¿Así que se encuentran viajando solos?"-
Los dos muchachos asistieron con la cabeza, mientras Zuko extendía sus manos contra el fuego que habían formado en la cueva entre todos, a su alrededor las personas conversaban y reían, ausentes por unos momentos de la guerra que los rodeaba; mientras Katara acariciaba con cuidado su vientre sonriendo calurosamente a la mujer frente a ellos.
-"Lo siento mucho... no debimos asustarlos de esa manera"-
-"No, no hay ningún problema, no tiene de que preocuparse"- susurró Katara tratando de calmar a la mujer –"estamos bien"-
-"¡Pero debimos asustarlos tanto y tu muchacha en tu estado, no debió ser el mejor momento!"-
-"Tranquila, de verdad..."-
-"¿Cuántos meses tienes?"-
-"¿eh?"- Katara parpadeó sus ojos.
-"¿Cuántos meses de embarazo tienes muchacha?"-
-"Alrededor de cinco meses"- respondió sonriendo Katara, la mujer se acercó a ella colocando su mano con cuidado en el pequeño vientre.
-"Dime... ¿se ha movido, ya?"-
-"¿Movido?"-
-"Pataditas... movimientos del cuerpo, sientes como si una musaraña ardilla revoloteara en tu estómago"-
-"No..."- Katara comenzó a recodar si en algún momento pudo sentir algún tipo de movimiento que la mujer explicaba, pero no había sucedido nada, extrañada comenzó a pensar que su bebé era demasiado tranquilo de lo usual.
-"¿Aún no?"- sonrió –"ya lo hará, incluso en el momento que menos los esperes"-
-"¿A dónde se dirigen?"- interrumpió Zuko a las dos mujeres – "¿cuál es el camino que recorrerán?"-
-"No lo sabemos aún muchacho... han pasado tantas cosas en tampoco tiempo, somos un circo andante y antes los soldados de guerra no nos molestaban, incluso dimos unas cuantas presentaciones pero ahora las cosas..."- interrumpió el pequeño esposo de la mujer, sentándose junto a ellos, cruzo sus brazos preocupado.
-"Ya no tenemos ninguna clase de inmunidad por ser actores de teatro... la soberana de la nació del fuego quiere eliminar a todos aquellos que se opongan a su reinado... no importan si pertenecen a su nación o no"- murmuró con preocupación la mujer –"en nuestra compañía existe al menos 5 familias que pertenecen a la nación del fuego pero que decidieron dejar a un lado a su pueblo por buscar un lugar más pacífico"-
-"Pero cada día eso tiene mayor dificultad"-
-"¿Entonces que harán?"- preguntó Katara.
-"Hemos escuchado rumores..."-
-"¿De una ciudad sobre los árboles?"- Zuko se adelantó a ellos –"Podríamos indicarles el camino, venimos de aquel lugar"-
-"¿Eh?"- murmuró confundida la mujer –"no, no... bueno si hemos escuchado de la ciudad de los árboles, pero no queremos ir a ese lugar... verán..."-
-"Mi esposa le teme a las alturas..."-
-"Así que no gracias... jejeje"- sonrió nerviosamente la mujer.
-"Como decía mi esposa, hemos escuchado rumores no solo de una ciudad en los árboles sino de un cuidad, protegido entre las montañas, dicen que el lugar está protegido por los dioses pues ellos enviaron a un interpreté para resguardar aquel lugar"-
-"¿A quién se refieren?"-
-"Una mensajera... una niña prodigio"-
-"Una esperanza para nuestra gente"-
-"¿Quién es?"- no sabía porque pero las manos comenzaron a temblar, miró a Katara la cuál permanecía en silencio –"¿es el avatar?"-
-"No, no muchacho... ya no creemos es aquellas fantasías"-
-"¿Fantasías?"- Katara apretó sus puños contra la tela de su falda.
-"Si... bueno eso no es lo importante, la persona a la que me refiero es una vidente que apareció hacía algunos años"-
-"Tres"-
-"Si, tres años... deben a ver escuchado de su nombre"- el hombre miró a su esposa –"¿cómo se llamaba?"-
-"Guan-Yin... la vidente de los sueños, seguro debieron a ver escuchado de ella"-
-"¿Guan, Guan-Yin?"- Katara preguntó incrédula, mientras Zuko abría sus ojos de par en par y su corazón comenzaba a palpitar agudamente.
-"¡Sí, ella misma!"- la mujer sonrió emocionada –"dicen que solo tienen diecisiete años pero que a su edad es muy sabia"-
-"Si, tiene diecisiete... debe estar por cumplir dieciocho años"- la voz de Zuko temblaba.
-"Oh... es una niña tan joven, igual que ustedes... querida que te sucede te has puesto muy pálida¿necesitas algo?"-
-"No, no, no es nada, solo necesito tomar aire unos momentos"- Katara se levantó con cuidado, entonces antes de que se pudiera retirar una mano sujeto fuertemente su brazo.
-"¿Quieres... quieres que te acompañe?"-
-"No Zuko, estoy bien... necesito estar sola"- Katara se alejó de él y mientras Zuko la observaba con sus ojos dorados, aquellos momentos se sintieron más y más fríos pues ella se alejaba de él lentamente y no estaba seguro de porque no había preocupación en su corazón al respecto.
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Se recostó contra los árboles cubiertos de nieve, respirando agitadamente mientras evitaba a toda costa que las lágrimas salieran de sus ojos, su corazón agitándose contra su pecho, apretó su vientre contra ella, mientras tragaba saliva y se recriminaba a si misma por sentirse de esa forma ante el fantasma de un recuerdo que había pasado hace mucho tiempo, pero aún podía recordar el rostro de asombro de Zuko en su mente y no podía evitar sentir miedo ante los recuerdos.
De pronto sintió una brisa cálida sobre su rostro, como si se tratará de una caricia, en su corazón podía escuchar la voz de su madre tranquilizándola y asegurándole que todo iba a estar bien; sonrió para ella misma, se burló también de aquella actitud que había tenido.
Se incorporó con cuidado y estaba a punto de dirigirse camino a la cueva cuando fue que vio entre la oscuridad del bosque cubierto de nieve el movimiento de antorchas y conforme ellas se acercaban, estaba muy segura de que se trataban de soldados en marcha.
No era una falsa alarma como momentos atrás, cuanto más se aproximaban Katara pudo divisar con mayor claridad los rostros cubiertos por los cascos simbólicos de la nación del fuego; con rapidez corrió camino hacía la cueva, pues sabía que por la agilidad con la que los soldados se acercaban, iban a atacar por sorpresa y no había duda que nadie sobreviviría a ese ataque.
Mientras tato Zuko se encontraba nervioso, iba a levantarse para ir en busca de Katara cuando la observó entrar, corriendo agitadamente con todo el peso de su cuerpo, corrió donde ella, cuando la sostuvo entre sus brazos comenzó a preguntar que había sucedido, pero ella trataba de hablar demasiado rápido para su comprensión.
-"¡Katara, respira con más calma, no entiendo que dices!"-
-"¡Soldados!"- gritó llamando la atención de todos –"Soldados de la nación del fuego se acercan"- ambos encontraron sus miradas.
-"Todos los hombres a sus puestos debemos estar listos para la batalla, mujeres y niños deben esconderse"-
-"¡No!"- gritó una voz en al distancia.
-"¡Las mujeres nos quedaremos a pelear!"-
-"¡Dos mujeres cuidarán a los niños!"-
-"¡Bien!"- el hombre miró a su esposa –"¡Prepárense para la batalla!"- mientras a sus alrededores todos comenzaron a moverse, el hombre se acercó a Zuko y Katara –"que la muchacha por su estado vaya con los niños, tu ven conmigo para pelear"- Zuko solo movió su cabeza, el hombre se alejó.
Zuko se separó de su esposa e iba a dirigirse donde se encontraban los demás hombres, cuando una mano lo detuvo sujetando su ropa, regresó a mirar a Katara, ella se encontraba preocupada pero estaba decidida en algo, él conocía aquella mirada.
-"¡Iré contigo!"-
-"¡No voy a permitirlo!"-
-"¡Estaré bien, no voy a dejar que pelees solo!"-
-"¡No me vencerán, tengo la opción de usar mis habilidades con el fuego!"-
-"¡Pero no quiero que pelees solo!"-
-"¡Katara, no voy a permitir que entres en batalla!"-
-"¡Zuko!"- las miras de ambos se cruzaron, ninguno de los dos retrocedía, sus corazones acelerados luchando contra sus pechos, sus respiraciones agitadas –"no quiero perderte..."-
-"Nunca lo harás"-
Katara soltó la tela de su ropa y lo dejó ir, podía observar como se alejaba de ella lentamente hasta perderse entre la personas que corrían de un lado a otro, una mujer llego a su lado y la sostuvo del brazo, llevándola con ella fuera de aquel lugar, sin embargo nunca apartó de su mirada el camino que Zuko había tomado.
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Las horas siguientes a la llegada de los soldados, se transformaron en una eternidad llena de caos, destrucción y muerte; los hombres y las mujeres pelearon con toda la fuerza de sus corazones y sus almas. Zuko se mantuvo en la batalla durante las primeras horas sin realizar ninguna clase de movimiento donde utilizará fuego contra los soldados de la nación del fuego.
Sus habilidades en combate a mano limpia superaban las habilidades de cualquier hombre que hubieran visto; estaba entrenado para sostener ese tipo de batallas mucho antes de que aprendiera a controlar el fuego, era natural en él, su madre se había esmerado para que él aprendiera no solo de los maestros del fuego sino de los luchadores, combatientes, maestros en pelea limpia.
Su madre había preparado a su hijo para un futuro en donde las batallas constantes serían pan de cada día, donde una batalla, eran la diferencia entre la vida y la muerte. También en aquellos momentos en los cuáles se dio cuenta de que aunque siempre había dependido de las habilidades de Katara para batallar juntos, sin ella a su lado, podía utilizar mayor concentración de su persona en la batalla sin preocuparse en que ella saliera lastimada.
Las horas continuaron en la batalla en medio de la nieve; pronto las llamas iluminaron con una gran explosión el lugar en el que se encontraban; Zuko abrió sus ojos al observar a su alrededor a unos cuantos hombres y mujeres heridos, algunos con quemaduras intensas, otros sangrando... otros estaban muertos.
Apretando sus puños, encendió sus manos y salió a pelear contra sus enemigos, no tardo en derrotar a muchos, movilizó una serpiente de fuego a su alrededor, recordando las técnicas que utilizaba su esposa en batalla, sostuvo sus pies contra la nieve; lanzó sus primeros ataques.
Varias exposiciones continuaron, a sus alrededores y muchos soldados cayeron vencidos, sus cuerpos se encontraban en los alrededores del bosque. Pronto un luchador que no había visto antes salió a favor de los caídos; se enfrentó contra él mano a mano, el fuego que estallaba entre sus dedos.
Sus manos se juntaron, unas contra las otras mientras fuego los rodeaba, las llamas cubrieron su ropa y empezaron a quemarla, su piel ardía ante la sensación del fuego y pronto el olor a carne quemada inundó sus sentidos trayendo a su memoria un doloroso recuerdo que inundaba su mente de aquella marca que llevaba en su rostro.
Las llamas cubrieron su cuerpo y la de su oponente cuyos ojos se tornaron rojizos; perdía sus fuerzas por la intensidad del dolor sobre la carne, sus rodillas se doblaron, comenzaba a debilitarse, respiraba con dificultad... iba, iba...
"Katara..."
Una ola de agua helada lanzo al hombre que lo aprisionaba con sus manos y el fuego a varios metros de distancia contra unos árboles, pronto otra ola se formo en lo alto del cielo, iluminado por una brillante luna, en segundos se transformó en miles de púas de hielo afiladas que cayeron como arcos de flechas contra los soldados y por sobre todo contra aquel hombre herido en el árbol.
La nieve se tiño de color rojizo, la sangre se expandía por todos los rincones y en los árboles; sin embargo Zuko solo podía sentir el viento helado contra su cuerpo acariciando delicadamente su piel quemada. Escucho pasos que llegaban hacia él, con cuidado manos sobre su piel desnuda, le daban la vuelta pues ante la separación de su enemigo había caído boca abajo contra la nieve. Sus ojos estaban borrosos... pero por el brillo de la luna en el cielo, podía distinguir en la distancia el hermoso rostro moreno de Katara, manchado de ceniza con algunas heridas pequeñas... su cabello enmarañado y lágrimas, muchas lágrimas derramándose de sus ojos azules.
"Al menos pude verte por última vez..."
Cuando los ojos de Zuko se cerraron por completo, pánico inundo a Katara, desesperada cubrió con nieve el cuerpo de su esposo, horrorizada por las quemaduras intensas en su piel, podía imaginar las llamas recorriendo todo el cuerpo de Zuko, quemando la ropa que tenía puesto hasta dejarlo casi desnudo y magullando intensamente su carne.
Con sus manos temblorosas transformó la nieve en agua y cerrando sus ojos, se concentró para comenzar a curar las quemaduras alrededor de Zuko; lágrimas rodaban por sus mejillas en la desesperación de perderlo.
-"Por favor... por favor... no me dejes"- susurró entre el llanto.
Cuando el agua dejó de brillar, observó la piel de Zuko que se encontraba ya curada, aún así había perdido mucha sangre y se encontraba débil, en la oscuridad de aquella sección del bosque clamó por ayuda durante minutos que parecieron una eternidad, pero nadie llegaba donde ellos.
Solo había silencio, recordó que había ayudado a las mujeres a huir con los niños, pero ella se había quedado con aquellos pocos hombres que se mantenían con vida... había batallado intensamente incluso en sus delicado estado.
Tenía un dolor intenso en su abdomen pero podía sentir algo cálido provenir de su interior y mimetizar el dolor; continuó gritando, pidiendo por ayuda... pero nadie recurrió a su llamado, solo había oscuridad nada más que oscuridad y un terrible silencio. Se retiró el abrigo que llevaba sobre su cuerpo, se encontraba caliente pues llevaba otro abrigo mucho más delgado. Cobijo a su esposo y esperó que alguien viniera por ellos.
Las horas pasaron, nadie llegó a su lado pronto comenzó a nevar y un frío penetrante los cubrió, Zuko continuaba inconsciente y como la temperatura comenzaba a descender, él también estaba más y más frío.
Estaba desesperada, no había nadie que los ayudará... comenzó a llorar nuevamente, clamando por ayuda, no podía llevar a Zuko a un lugar cálido, en su estado no podía sujetarlo, además estaba herida en su brazo derecho y en su pierna. Pese a toda la desesperación y el dolor, su cuerpo continuaba manteniéndose cálido y en medio del llanto y la desesperación... jamás pudo imaginar lo que sucedió.
Un movimiento.
Una patada.
Dentro de su cuerpo.
Las lágrimas rodaron por sus mejillas, colocó una de sus manos contra su vientre y sonrió, el bebé estaba a su lado, no estaban solos y abandonados en medio de la tormenta de nieve... estaban con vida y el bebé le estaba dando un mensaje. No estaban solos, debía seguir luchando, por ellos, por la familia que eran.
Decidida, apretó a Zuko en el abrigo y se recostó a su lado para brindarle el calor de su cuerpo; podía sentir el lento respirar del muchacho contra su rostro, aún estaba con vida... pero debía mantenerlo caliente por el momento de lo contrario su cuerpo podría entrar en hipotermia y morir.
Otra patada.
No ella no iba a permitir que eso sucediera, recostó su cabeza contra su esposo, su respiración cálida contra su piel, lo mantendría caliente a toda costa; la tormenta se intensificó y su cuerpo se llenó de calidez, podía escuchar en la distancia de la oscuridad un pequeño latir.
Colocando su mano contra su vientre, el dolor fue más intenso, al igual que otra patada contra su vientre; iban a sobrevivir.
---
La muchacha de largo cabello castaño trenzado, señaló a los hombres que siguieran buscando en los alrededores algún sobreviviente pero lo dudaban. Después de que las mujeres y los niños llegaran hacía dos días a su pueblo en busca de ayuda.
Todo un grupo de hombres y ella había salido en busca de aquel lugar donde se desarrolló la batalla, al llegar solo encontraron cuerpos cubiertos por la basta nieve, de todos modos ella continuó la búsqueda, pues estaba en su naturaleza de curandera y médico buscar sobrevivientes.
Pronto alguien la llamó y junto a otros hombres corrieron rápidamente a donde un hombre señalaba algo en la distancia y la espesura del bosque. Sus ojos se estrecharon y enfocó mejor su vista, entonces...
En la distancia observaban a dos figuras, una cubierta completamente por la nieve y otra a su lado, incorporada; todos corrieron donde se encontraban las dos figuras, cuando llegaron observaron a una muchacha de cabello castaño completamente despeinado y de piel morena estar cubierta de nieve todo su cuerpo.
Sus ojos se abrieron de par en par, ella conocía a aquella muchacha en la nieve, acercándose un poco más pudo identificar a la otra figura por la cicatriz en su rostro.
-"¿Katara?"- tragó saliva –"¿Zuko?"-
La muchacha cubierta de nieve regresó a mirarla y perdió la compostura erguida cayendo en sus brazos, estaba agotada pues rápidamente perdió la conciencia, aún así se encontraba extrañamente cálida. Un hombre corrió al lado de Zuko y topo su piel.
-"¿Cómo se encuentra?"-
-"Algo frío... pero aún respira"-
-"Debemos llevarlos al pueblo..."- susurró pidiendo la ayuda de dos hombres para cargar a la inconsciente Katara –"no puedo creer que sobrevivieran... especialmente ella en su estado"-
-"Los conoce señorita Song"-
-"Son viejos amigos"-
-"¡Vamos, necesitamos llevarlos al pueblo!"- gritó un hombre y así entre cuatro hombres más llevaron a la pareja a un lugar más seguro.
Song miró a su alrededor, la tormenta que se había desatado las últimas noches había cubierto todo el rastro de la batalla, observó el pequeño lugar en medio de la intemperie en el cual la pareja de sus amigos había estado y no pude evitar pensar en las muchas posibilidades...
Movió su cabeza, no importaba ese asunto ya, ahora debía llevarlos a un lugar más seguro en el pueblo que se encontraba a dos días de viaje; cerró sus ojos, era un milagro que hubieran sobrevivido.
Continúa...
Notas: ¡Hola!, nuevamente estoy de regreso¡perdón, perdón, perdón!, tanto tiempo desde la última actualización, quiero pedir muchas disculpas a todos mis lectores¡miles de disculpas!. Sucedieron muchas cosas en todo este tiempo, la universidad, mi vida, mi primito ya nació, la madre de una de mis amigas falleció (este capítulo va dedicado a los dos). Tantas cosas vividas. Pero en fin, nuevamente estoy en marcha y ya no volveré a tardar tanto en la próxima actualización (palabra de scout... ejem, no soy uno xDD), pero de todos modos prometo una próxima actualización dentro de poco ). ¿Cómo han estado?, espero que les haya gustado está nueva entrega de "Sweet Little Things" que tardó tanto en llegar a ustedes. Sin embargo... ¡muchas gracias por su paciencia y todos los reviews que recibí en este tiempo!. Gracias por todo.
Agradesco de todo mi corazón por sus reviews y comentarios a anita-asakura, RADIKA SUNDARI, ShinobuByako, Lia Du Black, Nande-chan, always mssb, Dely, flower of night, YK-Kira, litti, ALEXANDRA, Citzin, stefany, Umeko-chan, Argen, Kitsune-Megamisama, Saku-Nara, kathyagatito, shippo, carlin, ALenis, chibi-Ichigo, hanna kenshina.
Gracias a todos los lectores de la historia, muchas gracias por todos los reviews¡nos vemos muy pronto en el próximo capítulo!.
Atte:
Vejibra Momiji (Lady Padme)
Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece, tanto Zuko como Katara, así como otros personajes de la serie "Avatar" pertenecen a Nickelodeon y sus respectivos autores; los personajes inventados aquí, me pertenecerán a mí. La historia no tiene ningún fin de lucro, tan solo es por entretenimiento.
