Efusivo Error.

Capítulo VI.

Sentimiento encadenado.

Por Margot Kraehe


El mundo giraba justo como el día anterior, no había cambios en el ambiente ni una evolución rápida, todos los cambios crecían con lentitud, absorbiendo cada detalle de la vida, apreciando la belleza del infinito con movimientos elegantes y danzas impresionantes. Uníamos nuestras voces con la música de nuestros corazones y los entregábamos con confianza a nuestros amantes, y el sentimiento permanecía resguardado, celosamente oculto, siendo solamente compartido por dos personas hasta que estas dos se separasen.

O hasta que uno lo destruyera.

Me pregunte si yo sería capaz de producir alguna clase de sonido en mi corazón, una melodía que sólo fuese mía y que pudiese identificarme completamente. De pequeña pensé que llegaría a encontrarlo, que con esos sonidos ascendentes y descendentes lograría crear mi propio baile y mi propio ritmo. La voz de mi alma, el sentimiento que se reguarda en mi cuerpo y permanece encadenado, herido. Esperando pacientemente a que la puerta se abra lentamente y poder tocar el cielo con sus alas imaginarias. Cuando era pequeña creía mucho en eso, y lo alucinaba cada vez que miraba el cielo con tranquilidad, obviamente no era un pensamiento tan romántico o profundo como lo he descrito, pero me es difícil describir los sentimientos que tenía de pequeña, me da la impresión que muchos de esos sentimientos no los he vuelvo a sentir; y entiendo porque no los he vuelto a conseguir.

Es porque estoy dejando de ser una niña, y eso de alguna forma me entristece, porque los niños ven el mundo de una forma tan pura y maravillosa que te gustaría quedarte con aquel ideal siempre. Hasta que la burbuja de esa fantasía se rompe y caemos de nuevo al grisáceo color de la vida.

Mi vida no es maravillosa, pero tampoco es una desgracia. De alguna forma todo se equilibra.

Lo que quitas te lo cobra, lo que te arrebata te lo recompensa, lo que te hiere te lo cura. Así de simple.

—¡Esos malditos humanos! ¡Es indignante lo que me han hecho, sin mencionar que se han aprovechado de que estaba herido de gravedad! ¡Todos los humanos sufrirán la furia de Naruto!...eh… excepto ti Sakura, claro— La voz del zorro llena el silencio que yo inconscientemente otorgaba, no parecía que eso le importara al kitsune, y a mí no me molestaba que no dejara de hablar. Debe ser porque empezaba a extrañar su voz parlanchina y constante; es algo extraño, no se había quedado mucho tiempo conmigo, pero de un día para otro sentí como si nos hubiésemos conocido hace mucho tiempo, me asusta un poco ese sentimiento de nostalgia tan perturbador, pero ese sentimiento se opaca sencillamente con otro más fuerte y más intenso. Estoy feliz, estoy verdaderamente feliz el tener a Naruto de vuelta conmigo.

Era una sensación muy cálida y hermosa, encuentro similitud con encontrarse de nuevo con un viejo amigo. Sin querer llevo a Naruto a mis brazos y le doy un efusivo abrazo, tenía tantos deseos de abrazarlo de esa manera y aspirar el dulce aroma de su pelaje. Se quedo paralizado por unos segundos, sorprendido por mi acción tan afectuosa, no tardo mucho para seguir hablando sobre cosas que no llegue a escuchar, en esos momentos estaba invadida por un dulce sentimiento de alegría difícil de explicar. Yo aún permanecía en silencio, sólo abrazándolo cabizbaja, tapando mis ojos con unos cuantos mechones rosados.

Naruto se calló, preocupado.

—¿Sakura? ¿Estás bien? —Preguntó Naruto con un notable gesto de preocupación. Yo no le respondí, seguía callada, disfrutando de ese silencio que emanaba ese ambiente tan tranquilizador. Sin querer termine mareada de toda esa embriagante tranquilidad que el silencio me concedía, provocando que otros sentimientos se desencadenaran y provocaran una explosión de emociones dentro de mi pecho. Explotando en lágrimas.

—Sakura —Susurró Naruto un poco más tranquilo pero con un tono de voz entre angustiado y culpado. Mis lágrimas caían saladas de mis ojos hinchados, se deslizaban suavemente por mis mejillas y perdían sus rumbos a todas direcciones— Perdóname, no quería preocuparte tanto, no volverá a ocurrir— Yo continuaba llorando, sacando todo lo que no pude sacar cuando Sasori me besó ó cuando me dijo que me gustaba Deidara, todo eso se quedo atorado en mi garganta; me entristecía enormemente esa situación, me había prometido no llorar más frente a él, no quería que me siguiera diciendo lo débil que era.

No era mi culpa el sentir eso por Deidara, pero no era el sentimiento lo que me entristecía, me entristecía el hecho de que en cualquier momento podría terminar como si nada y continuar mi vida con otros nuevos sentimientos hacia otras personas, un ciclo sin fin. Siempre con el mismo patrón de personalidad en cada uno de ellos, siempre con una semejanza de la persona anterior.

Me despreciaba por tan sólo tener esa clase de pensamiento que refería a sentimientos débiles y superficiales, pero no podía evitarlo; todo era tan frustrante y tan…doloroso.

A veces me odio demasiado por ser tan débil.

Pase llorando durante minutos que me parecieron eternidad, mis ojos enrojecidos se entrecerraban con pesadez, mi cuerpo seguía temblando levemente y Naruto estuvo en silencio al comprender que mis lágrimas no cederían tan fácilmente. Mi cuerpo se había quedado en un estado de cansancio inexplicable, me dio la impresión de recostarme unos minutos y cerrar los ojos en un momento, para ser despertada rápidamente por Naruto, quien me exclamaba escandalosamente que el despertador producía sonidos molestos.

No me di cuenta de la hora que era hasta que vi el reloj con una mirada perezosa para luego volver a esconderme entre las sabanas; sólo fue cuestión de micras de segundo para procesar la hora del día con mi racionalidad despierta. Me levanté con violencia hacía el baño ¡¿Porqué no oí la alarma del reloj?! Nunca me pasó algo parecido, quizá sea la primera vez en mi vida que llegó tarde a la primera hora de clase.

—Oye, Sakura ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué te mueves por todas partes como un animal con rabia?— Me preguntó el zorro confuso, sus colitas se movían de forma curiosa, algo parecido a cuando un perro estaba feliz. Ante ese pensamiento me detuve en seco, una pregunta empezó a surgir de mi mente, golpeteaba con insistencia, producía una fastidiosa ansiedad que me vi en la necesidad de desechar.

—Dime Naruto ¿Cuántas colas tienes?— Se miraban demasiadas colas, no supe cuantas eran porque no me atrevía a contarlas, sólo aparecía un número en mi cabeza y deseaba que no fuera ese el dígito de colas que tiene Naruto.

—Son nueve colas ¿Por qué preguntas?— Comentó con simpleza, como su fuera lo más obvio del mundo. Yo no cabía de mi impresión, su respuesta me dejó completamente con la mente en blanco por minutos.

—Pero…entonces tú eres…— Mi labio inferior temblaba con ansiedad. Por desgracia o fortuna, no logré a terminar mi conclusión, pues el estruendoso grito de mi madre en la planta baja me hizo saber que no faltaba mucho para que se dignara a dejarme sola en la casa sin ningún transporte para llegar a la escuela. Sin pensarlo si quiera, corrí a toda prisa, sobrevolando las escaleras a una velocidad inimaginable, cerrando la puerta principal tan rápido como si el viento la hubiese empujado.

Mi madre, ya dispuesta a dejarme, entró al carro para encender el auto y se sobresaltó del susto al fijarse que ahí estaba yo, poniéndome el cinturón con mucha tranquilidad, ignorando el revoltijo que debió ser mi cabello en esos momentos.

—¿Ya nos vamos?— Cuestioné con rutina, mi madre miraba azorada con la boca abierta de par en par. Cuando pudo recuperarse de la impresión comenzó a hablar.

—Hija, ni siquiera te vi ¿En qué momento entraste al auto?— Su voz se oía con una exaltación de asombro, los ojos casi se desorbitaban de la impresión, incluso llegue a imaginar que el momento se quedaría así de forma indeterminada. Parpadeé por unos segundos hasta que caí en cuenta que hace unos cuantos segundos apenas y alcanzaba las escaleras que daban a la sala.

—Acabo de entrar en este momento cuando tú me gritaste…— Espera, aquí hay algo raro.

Al segundo siguiente fui yo quien me impresione ¿Cómo fue posible que fuera tan rápida? Aun con el sueño que se asomaba con flojera entre mis ojos, pude darme cuenta que realmente llegué a un tiempo imposiblemente corto de cumplir ¿A qué se debe esto? ¿Tiene algo que ver con Naruto acaso?

¡Naruto! ¡Me había olvidado de él! Espero que pueda soportar el hambre unas cuantas horas, como se terminó todas las reservas de Ramen instantáneo con la excusa de tener mucha hambre ya no queda para hoy, y además se niega rotundamente a probar otra cosa que no sean esos fideos. A veces dudo que realmente sea un Kitsune, se parece más a una mascota parlanchina que otra cosa.

Sin darme cuenta, en todo el recorrido a la escuela ambas permanecimos en silencio total, en parte era porque yo estaba pensando en otras cosas y mi madre simplemente miraba al frente dando completa atención al movimiento agresivo de los demás transportes. No es que tengamos una comunicación inestable, de hecho es agradable hablar con ella de camino a la escuela. Pero yo no estaba dentro del mismo auto que mi madre, estaba en los límites de la realidad y lo ideal, no estaba en ninguno de las dos, estaba en medio de ambas.

Los extraños sucesos que me han estado ocurriendo me tienen completamente atónita, sucesos completamente fuera de lo normal, danzando y jugando frente a mis ojos sin inhibición alguna, mirando aterrada como distorsionaba el mundo de forma tan casual y convertía las casualidades en destinos.

Y me parece curioso, el sentimiento de tranquilidad que me rodea al estar al borde de estos desastres, como si se tratara de algún viejo amigo que no veía en mucho tiempo.

Un sentimiento de vejez.

La puerta del auto se abrió casi sin delicadeza, obligándome a sobresaltarme por la sorpresa. Mi madre giró para mirarme extrañada, en su silencio. Su mirada me preguntaba si estaba bien; me extraño que retomara el hábito de comunicarse a miradas conmigo ya que llevaba tiempo que no lo hacíamos, le conteste que estaba bien con un asentimiento de cabeza y cerré la puerta detrás de mí, adentrándome a la entrada del instituto.

Unos pasos más adelante divisé una figura que caminaba en dirección contraria a la que yo iba, parecía dirigirse a mi encuentro. Al ver las facciones de su rostro me detuve con espasmos; no creía que realmente se dirigiese hacia mí, estaba muy lejos de que aquella insinuación se convirtiera en realidad. No, algo está mal conmigo, no puede ser lo que estoy pensando que es ¡Pero puedo sentir su mirada caer directamente en mi! ¡No puede ser! ¡Me estoy volviendo paranoica! ¡Debe de ser eso!

—Sakura-chan —Llamó con voz casual, su tono grave me provoco escalofríos por la espalda, era una de las pocas veces que lo oía decir mi nombre. Si ya estaba nerviosa al recibir demasiada atención de sus ojos oscuros, de los cuales, uno que otro mechón negro caía sobre él y decoraba esa apariencia misteriosa y atractiva— Llevaba tiempo sin verte ¿Te cambiaste de salón, verdad? Otoutou* me dijo que al final decidiste por otro club— Al escuchar que Itachi se refería a Sasuke no pude evitar sentir algo de nostalgia.

—Si, al final pensé en mejor cambiarme de club, la que estaba anteriormente no me agrado mucho— Contesté con un tono trivial, la verdad no me interesaba hablar mucho del tema, y estaba segura que a Itachi le importaba poco las razones por las que cambié de salón. En sus ojos veía como una segunda intención resurgía, sólo hablaba de esa forma por cortesía; incluso yo desde el principio supe que Itachi es la clase de persona que sólo muestra interés a las cosas que le podrán de servir de ayuda en algún futuro próximo, así que estaba segura que lo que seguía después de esta charla casual sería un tema aparte de mi cambio de salón y con relación a Akatsuki.

Sasuke fue algo parecido a mi primer amor, irónicamente, no paso de tres meses ese "amor" que sentía por Sasuke; pero no me podía sentir mal por una situación que se repetía constantemente en mi vida. En toda mi vida, solamente a una sola persona perdura el mismo sentimiento de siempre. Es increíble que lo haya guardado como secreto por tantos años, pero… el problema es que ya no es un secreto.

Sasori lo sabe.

No me molestaría mucho si lo sabe, lo que me preocupa es que pueda manipularme con esa información a su antojo. No quiero ni pensar en las atrocidades que hará ó que me obligará hacer; cualquiera de las dos me perjudicará, y en casos críticos, una gran cantidad de terciarios.

Amigos… enamorarse puede ser letal en las manos equivocadas… hum… más bien en los propósitos equivocados.

—Sakura-chan —El sonido macabro exclamar de tan sonrosados labios me provocó un miedo sobrecogedor, esta vez Itachi iba en serio, podía leerse con facilidad en sus ahora fríos ojos: rojos como el infierno— Siento ser brusco, pero no puedo detenerme en conversaciones corteses por mucho tiempo, tengo prisa— El tono en el que se fundamentó sonó realmente apresurado, cualquiera llegaría a pensar que alguien lo perseguía; extrañamente ese pensamiento no me resulto ridículo o exagerado.

—¿Qué sucede, Itachi-san?— Pregunté con inconsciente cortesía, en las pocas (y hasta contadas) veces que hablé con él, siempre se molestaba me refiera a su persona con honorarios; para mí ya era un lujo hablarle por su nombre de pila. Menos mal que en esta ocasión paso de ese detalle por su apresuramiento.

—Rechaza Akatsuki —Me dijo con una seriedad firme y dura. Su rostro se sumergió en la indiferencia y frialdad. Es sorprendente ver tantas caras en poco segundos, parece que realmente está presionado o alterado por algo, en ningún momento llegué a ver su cara cambiar más allá de su lejana mirada de ausencia ¡Y ante mis ojos lo tenía como un inexperto adolescente en plena explosión hormonal!— No tengo tiempo para entrar en detalles, entre menos sepas de nosotros mejor. Por eso, antes de que cometas el peor error de involucrarte con Akatsuki más de lo que ya estas, te lo pido como medio para salvar tu vida y de los que te rodean: rechaza a Akatsuki— Una chispa de desesperación brillo con intensidad en el iris rojizo de sus ojos, me deslumbré por tanta humanidad brillando en él. Aprecié esos momentos durante unos segundos más para responder, sus manos apretaban mis brazos al punto de lastimarme gravemente, tomé eso como un aviso de que necesitaba una respuesta lo más pronto posible.

—Es tarde —Susurré casi imperceptible, mi voz no podía soltar esas palabras con el suficiente potencial, algo en mi garganta se desgarró con desdicha. No me gustaba decir lo que no quería oír, pero no tenía opción. Si mentía, Itachi tarde ó temprano lo descubriría y ciertamente, mentir en esas circunstancias sólo me traerá problemas graves— Acepté formar parte de Akatsuki apenas ayer— Quedé con la mirada fija en el suelo, no deseaba ver más arriba que eso, porque si lo hacía me toparía con la furia inminente de Itachi, propagando sus pupilas con fiereza. Sólo de pensarlo el miedo me acarreaba miles de nervios y los atrofiaba con malignidad.

—¿Bajo qué condiciones?— La pregunta me asaltó desprevenida, como autómata miré a su rostro, directo a sus ojos. Error número uno.

—¿Condiciones?— Pregunté. Es extraño como de un momento a otro he olvidado un asunto tan importante como la condición de Sasori, más bien, la condición que yo le puse a Sasori: tener de nuevo a Naruto a cambio de entrar a Akatsuki. Con esa única condición entré. Realmente ignoro qué tan peligroso es Akatsuki, por lo poco que sé de Deidara, puedo adivinar que tiene trabajos arriesgados que le obligan a estar ausente de casa por días, ahora, por las habilidades de Sasori puedo adivinar que los miembros deben de tener cualidades que sobrepasen la capacidad humana y… por lo que me ha dicho Naruto, posiblemente Akatsuki fue el causante del débil estado del Kitsune.

Sumando todo esto ¿Qué tengo que ver yo con Akatsuki? No conozco ninguna cualidad tan excepcional o contactos con el más allá para ser aceptada, y mucho menos que hasta me obliguen a aceptar. Quizá ni siquiera he sido aceptada ¡Fui yo quien puso la condición! no fue Sasori ni Akatsuki, y si Itachi no sabía de esto mucho menos lo sabrán los otros. Lo más obvio es que sólo sea una recomendación o algo así.

—…Aún si eres candidata a ser un miembro de Akatsuki, no significa que puedas librarte de ellos fácilmente— Sus palabras contestaron mi duda casi por arte de magia, algo parecido a que si lo estuviésemos platicando directamente. El suponer que le hablara a Itachi del tema me parecía aun más aterrador que el ser parte de Akatsuki; sino mal me equivoco, ellos trabajan por parejas: Sasori es la pareja de Deidara… que divertido suena eso.

Aún si llegara a serlo yo en ese simple sentido… ¿Sería feliz?

¿Soy feliz?

—No— Expresé de mi boca con amargura, un sonido tan monosílabo nunca llegó a dolerme tanto como me dolía ahora— Yo no conozco la felicidad— No alcé la mirada. No fue por el temor de encontrarme con unos escépticos ojos rojizos mirándome analizadoramente, esperando impaciente una explicación a mi comportamiento imprudente.

Itachi ya no estaba ahí.

Se había ido antes de entender lo que me decía, se marchó incluso antes de que lo escuchara. Mi mundo se empezó a cerrar con lentitud hasta llegar al punto crítico de divagación. Las masas de estudiantes pasaban a mis lados, me golpeaban con sutileza y obvia distracción, no hacía caso y ellos aparentaban no tenerlo. Estoy segura de haberme desmoronado al suelo en algún momento, absorta de una especia de impotencia encadenada en una rojiza y ensangrentada garganta. Por una anormal razón estaba aislándome de todo lo que me rodeaba ¿Por qué pasaba esto? ¿Acaso soy tan débil que con sólo oír las palabras indiferentes de Sasori ó Itachi termino ocultándome como cobarde? ¿Mi debilidad es tan delgada y mediocre? ¿Soy realmente tan débil como para no enfrentar sucesos así? ¿Soy tan patética que ni siquiera puedo afrontar mis propios sentimientos?

¿Hasta qué punto ha llegado mi propio engaño?

—Oye, si te vas a quedar así todo el día, entonces muévete porque obstruyes el paso peatonal —Era un tanto irónico que el que me estuviese diciendo esas palabras tenga la misma sangre de aquel quien me provocó llegar a este estado de ánimo. Entre los rayos matutinos vislumbre los rasgos finos y endurecidos de Sasuke: se miraba más pálido que de costumbre, parece que estuvo mucho tiempo encerrado en casa o quizá vio un fantasma. Por curiosidad, encontré en sus pupilas un asombro más humano y expresivo del que mostraba su hermano mayor— ¿Sakura?— Preguntó con una dibujada ceja arqueada sobre su ojo izquierdo. Me dio la impresión de que estaba a punto de decirme algo, pero se reservó para sí solo la pregunta. Me ofreció la mano y una palabra de cortesía que nunca existió en su silencio, la acepte por indulgencia. Al incorporarme, llevé mis manos a sacudir la parte del uniforme que se polveó de tierra.

No esperaba una conversación extensa de su parte, ni siquiera un "¿cómo estás?". Desde el principio advertí que sería la clase de persona que no suele meterse en la vida de los demás ni que deja que los otros se metan en la suya, era sólo un trato silencioso que hizo entre todos, y heme aquí, cumpliendo promesas mudas e imaginarias. Mi incertidumbre se atascaba a cada segundo con el silencio. Compartir mudez con Sasuke siempre me pareció incómodo.

—Deberías tener cuidado con las cosas que haces —No aparentaba preocupación, simplemente por el hecho de no tenerla— Nunca vayas a pensar que tienes la salida fácil —Estaba a punto de preguntarle a que se debía ese verbo fuera de lugar, pero en vez de tan si quiera abrir la boca sólo vi como su silueta se perdía entre la multitud a medida que iba avanzando y se hacía más pequeño a mi vista.

Un pensamiento atiborrado de dudas que revoloteaban en todo lo largo de las paredes de mi cabeza provocaba una creciente preocupación. Lo poco que sé de Akatsuki no es algo beneficioso en ningún sentido: uno de sus integrantes me ha pedido que lo deje con demasiada ansiedad; Deidara siempre evade el tema cuando le preguntó al respecto sobre cuáles son sus actividades; y finalmente, querían a Naruto por algo.

No me trago la historia de que sólo fue una carnada para que aceptara. Para empezar, Naruto es un Kitsune y dudo que no se hayan dado cuenta de eso. Posiblemente hayan estado detrás de Naruto desde antes, si es así, ellos fueron los que dejaron en ese estado a Naruto, pero si sólo querían a Naruto ¿Por qué aceptarían mi condición?

Entre más aprendo sobre de Akatsuki, menos quiero tener relación con el grupo.

¿Estaré preparada para lo que me tengan preparado? Si por esta única vez puedo, tal vez no huya.

De cualquier forma, no llegaré muy lejos con sentimientos encadenados.


*Otoutou: Hermano menor.

¡Gracias a todos por sus reviews! ¡Nos seguiremos leyendo!

Sayonara!