Disclaimer applied, porque si TMM me perteneciera ya hubiésemos visto a Kisshu bañarse.

#Es un poco más largo de lo común. Cambié algunas partes para no hacer tan tediosa la lectura, pese a que este capítulo es Kisshigo del puro y duro.


«Los cyniclones están de vuelta»

7.- Confesiones y aclaraciones


Cuando Kish había ido a visitar a Ichigo la primera vez, era de mañana. A la segunda vez, en ese mismo día, fue en la noche; aún era temprano (los horarios y la definición de «temprano» cambiaba según la época del año, sumado a la ausencia o presencia de padres), mas mentalmente hablando, el chico la había dejado agotada. Muchas emociones y sorpresas por un día como para no caer rendida al instante.

Estaba en el mundo de los sueños cuando sintió cómo su entrepierna cosquilleaba con una sensación prohibida y placentera, haciéndola agitarse ante cada descarga de placer que la recorría. Abrió los ojos, atolondrada por el sueño profundo, encontrándose con algo que la paralizó del miedo: Kish.

Pero no era ese "nuevo" Kish, juguetón y brusco que decía quererla como amiga ahora, ese Kish que no le daba miedo. Era otra clase de Kish…

«No puede ser —pensó con alarma—. Masaya-kun… sálvame.» Intentó correrse y escapar, pero él estaba encima de ella con una sonrisa pervertida, además de descubrir que sus muñecas estaban amarradas a la cama por una gruesa cuerda. Intentó comprender de dónde habían provenido las sensaciones anteriores cuando él bajó su vista con picardía hacia su mano que reposaba tranquilamente en el vientre de la chica.

Él la había tocado mientras dormía.

—Qué gemidos más lindos… —susurró en su oído. El miedo en ella aumentó, sabía que él no era de fiar… que le podía hacer algo malo—. Todo en ti es tan perfecto, Koneko-chan.

—Su-suéltame.

Kish rio. —¿Es una petición o un ruego?

El chico salió de encima de Ichigo; se paró de la cama donde antes había estado y desató las cuerdas de las muñecas de ella, mostrando que estaban rojas. Antes de que la pelirroja pudiese siquiera intentar pensar algo coherente, la agarró con brusquedad del cabello haciéndole gemir de dolor.

Ella quedó hincada al borde de su cama. Su mirada estaba gacha y veía las piernas de Kisshu, por eso se rehusó a subir la vista: se encontraría de lleno con algo íntimo que desencadenaría en algo peor.

Sabía lo que venía.

—Sube la vista —tomó su mentón con delicadeza, seductor—. Por favor —murmuró con su gélido aliento—, hazlo…

Se sentía hipnotizada por sus ojos dorados pero no había perdido el sentido de la realidad.

—N-no, ¡quítate! —gritó Ichigo.

Su mirada seductora no cambió, aunque su ceño se frunció levemente. Con fuerza le agarró nuevamente el cabello para que quedara frente a su intimidad cubierta por ropa, dejándola a escasos centímetros de rozar su virilidad.

Un levísimo gemido de gusto se escapó de sus labios masculinos. Ichigo estaba tan cerca.

—¿No crees que tengo demasiada ropa, Koneko-chan?

—Tú no eres Kish…

—Quítame la ropa —exigió él, tirando de su cabello. La chica negó con desesperación—. Oh, Koneko-chan, ¿tu mamá no te enseñó a tratar bien a tus invitados? —repuso con falsa dulzura—; creo que deberé enseñarte.

Sin quitar la mano que la apresaba, empezó a desabrocharse (tan lentamente) su pantalón; al ser el que siempre usaba, no demoró más de dos segundos en bajárselo. La cara de Ichigo enrojeció como su cabello aunque por dentro tenía miedo, mucho miedo.

Observó de soslayo su habitación. «¿Dónde dejé mi medallón Mew?»

—Me quitaría la ropa interior —su cara estaba alarmantemente cerca de la intimidad de él, la sonrisa juguetona se volvió un poco más sádica y la acercó todavía más. Su nariz casi tocaba aquel lugar— si ése no fuera tu trabajo.

—Basta de juegos —murmuró con ira—. ¡Vete!

«Estoy demasiado cerca… ¿No hay escapatoria?»

Se removió causándose daño. Ese Kisshu (se negaba a creer que él era el verdadero… No debía, no podía serlo) la tenía agarrada tan fuertemente que no encontró escapatoria; quiso creer que era un sueño pero todo era tan real que no sabía qué pensar.

—¿Qué es lo que quieres de mí?, ¿qué te he hecho? —indagó la chica con temor.

Kish sonrió de una manera escalofriante mientras se volvía más borroso. Sin soltarle el cabello, se acercó a ella hasta quedar a la altura de su oído para susurrarle con su gélido aliento: —Esta vez te escapaste, pero pronto serás mía… Sólo debes dormir y ya.

Antes de cerrar los ojos completamente, juró que los ojos de Kisshu no eran dorados sino grises.


Sobresaltada, cayó de la cama al despertar.

Su respiración era errática y podía jurar que estaba tan despeinada que tendría que bañarse veinte veces, gastándose una botella entera de acondicionador para desenredarlo. Sentía cómo su corazón palpitaba como si desease salir de la calla torácica de un salto y su pijama estaba tan desordenado que entendió cuánto se removió dormida intentando despertar.

Se quedó sentada en el piso, casi desparramada por lo desordenada.

—F-fue un sueño… —susurró con una mano en su pecho, intentando calmarse.

—Qué manera más rara de despertar tienen los humanos.

Pegó un grito de horror.

Al alzar su vista se topó con los ojos dorados que tanto temía en su sueño, pero por la forma en que reflejaban una contrariedad y diversión debido a sus actos, Ichigo fue incapaz de temerle a Kisshu por el sueño.

Él estaba tranquilamente sentado en el aire, con ambas piernas cruzadas al estilo indio y una ceja alzada. Extrañamente, no estaba sonriendo. Tenía… curiosidad.

—¡¿Qué haces aquí tan temprano?!

—Dije que hablaríamos cuando yo quisiera. Además es mediodía, la que se quedó dormida fuiste tú, gatita —ahí apareció nuevamente su sonrisa. Como si estuviese en una cama, Kisshu se recostó en el aire, con una mano sujetando su mejilla y una sonrisa adorable—. ¿Soñaste conmigo?

«No te imaginas que sí…»

—¿Por qué habría de hacerlo? —lo fulminó con la mirada, parándose—, de todas formas, ¡tú entraste a mi casa como si fuera tuya!

—Quien quería hablar conmigo fuiste tú, no yo.

La sonrisa relajada de él la enfadaba. Definitivamente no era como Masaya en ningún sentido; no era dulce, ni tranquilo, tampoco amable, ¡era un maldito despreocupado, bromista y que hacía lo que le daba la gana!

Kisshu e Ichigo se miraron un segundo, hasta que la chica, olvidándose de su enojo y recordando su curiosidad, rompió el silencio.

—¿Qué ha pasado con Pie y Tart? —la cara de Kisshu se iluminó. La idea no era hablar de los otros, sin embargo era una buena forma de romper el infernal silencio que reinaba hace unos instantes.

—Pues… ambos tenían planeado encontrarse con las otras Mews hoy. Creo que les tenían regalos y cosas cursis —explicó con sorna—; pero cuando me vine para acá ellos no habían vuelto a casa aún, así que creo que están ocupados —una sonrisa pervertida apareció en su cara mientras lanzaba una risa. Ichigo, inesperadamente, respondió con otra.

—Pensé que nos odiaban.

—Créeme que nosotros también pensábamos que las odiábamos. Espero que hayan podido hablar al menos, aunque no lo hayan demostrado… esos idiotas estaban algo ilusionados con ellas, pero dudo que lo admitan alguna vez. Y por algo me refiero a mucho: creo que están enamorados.

Él hizo una especie de mueca de asco ante la idea del amor.

—¿Y tú… te ilusionaste? —inquirió mirando al piso. Ella sintió que ese era el momento de decir y preguntar las cosas incómodas que nunca se habían atrevido a decirse.

—No —respondió con sequedad—, vine pensando que tú estabas con Aoyama, así que me hice la idea —se frotó torpemente la nuca al decir esto.

«No entiendo por qué encuentro estúpido el amor, quizás es porque estoy estúpidamente enamorado… —pensó con una mueca de hastío—. Pero Ichigo no lo debe saber.»

—… ¿Y ahora?, ¿estás ilusionado conmigo? —ella tenía tantas dudas, tantas ganas de saber eso.

Por alguna razón quería aclarar eso de una vez; no era que porque él le había dicho que ya no la quería que lo empezaría a querer, de hecho, así le generaba más confianza. Sus sentimientos por Masaya seguían igual de vivos.

—Claro que no —la simpleza de sus palabras era admirable. Se encogió de hombros—, ya te dije que te quiero como amiga. ¿O será que tú me quieres como algo más? —preguntó con picardía. Inesperadamente, Ichigo enrojeció y miró hacia otro lado.

No sabía por qué, pero Kisshu la ponía algo nerviosa. No lograba asociar a este Kisshu con el de los sueños, una pieza en ambos no calzaba y sus personalidades eran parecidas mas no iguales, así que alguna otra razón debía existir que ella desconocía.

«Tonta, ¡no te pongas nerviosa!», se reprendió mentalmente.

—Por supuesto que no, yo quiero a Masaya-kun —la pelirroja intentó fingir enojo con él para ocultar su clara vergüenza. Se cruzó de brazos y su pose era defensiva—. No debemos concentrarnos en qué pasará con todos nosotros después, tú viniste para aclarar las cosas pasadas antes de Deep Blue y todo eso. Aún no me das una razón para confiar del todo.

El semblante de él se oscureció repentinamente. —Ni siquiera yo sé por qué estoy aquí, pero algo grave está pasando… No puedo hablar del tema ya que no sé nada.

Y, por alguna razón, ella le creyó.

Hizo una pequeña pausa en su respiración para conseguir algo de valor antes de decir lo que diría. Era ahora o nunca. —¿Viniste a recuperar tu juguete?

—Yo ya no te quiero de esa forma —él parecía muy sorprendido por esa pregunta—, ¿por qué no me crees que ahora te quiero como amiga?

—¡Amar a alguien y considerarlo un juguete es diferente!

No sabía cómo responder sin decirle que le estaba mintiendo y que sí la quería; en unos minutos volvió a reinar el silencio e Ichigo sólo pudo sentirse tonta por haber dicho eso, era un asunto que no debía ni importarle… Sin embargo, quería saber si los sentimientos que él, supuestamente, había tenido por ella eran reales.

No sabía por qué quería saberlo, eso sí.

Él, algo sonrojado y con la mirada hacia otro lado, respondió:

—Bah, amar y jugar es lo mismo. Yo te amé y ya.

—Yo pensé que solo era tu juguete, no pensé que tú…

—Te robé un beso porque me sentí atraído por tu lindura —le interrumpió con cara seria—, a medida que pasaba el tiempo lo que fue atracción empezó a… crecer. ¿Cómo expresarte mis sentimientos si tú estabas tan enamorada de tu estúpido novio? Sólo era una molestia, y jamás he sabido cómo diablos expresar mis sentimientos —una mueca de dolor ante ese recuerdo punzante en su pecho—. Cuando Pie y Tart intentaron matarte te desperté porque no podía permitir que te hicieran daño; sin embargo, tú ya tenías a tu Caballero Azul y no me necesitabas. Actúo sin pensar pero tú no sabes qué es amar a alguien así y que ese alguien te odie, ¿o sí?

«Tú eres lo más importante para mí, si no hubiese sido así no hubiese arriesgado mi vida por ti. Tú fuiste la que me hizo enamorarme por primera vez, no sabía cómo demostrártelo… —se guardó para sí, como si Ichigo pudiera escucharlo. No podía decírselo, tenía un plan y como buen estratega lo seguiría—. Yo tenía una misión y tú eras la que impedía que la cumpliera, por eso siempre había querido llevarte conmigo, así tú podías estar conmigo… Pero luego entendí que estaba siendo parte de un triángulo amoroso en el que claramente estaba sobrando, no podía seguir así y debía cumplir mi misión.»

Pese a no decir nada, su mirada transmitía tantos sentimientos que se estaba empezando a fundir con el oro que era ésta.

—Yo… lo lamento.

Kisshu levantó su mirada —gacha, ya que no quería decirle nada demás a Ichigo con su mirada—; la expresión de ella era tan triste. «Nunca se había mostrado así, ¿acaso ha aprovechado este momento para liberarse de todos sus sentimientos que estaban atorados en su pecho? Todo el dolor, odio, tristeza... Amor.», pensó culpable Ichigo.

No podía creer que Kish encerrara tanta variedad de sentimientos dentro de él.

—Hay tantas veces en las que pensé que debimos haber tenido antes la idea de darles el Aqua Mew; así evitábamos tanto… Sólo escucha esto: ¡Perdón! —unas lágrimas se resbalaban libremente por sus mejillas, empañando sus ojos color chocolate, sorprendiéndolo—, nunca imaginé que esto los dañaría tanto. Nunca quise dañar a nadie… Tampoco a ti.

El hecho de que Kisshu le hubiese relatado cómo se había sentido, lo mal que lo había pasado, se sentía como un puñal en su pecho. El alien la miró tiernamente, tomó su cara entre sus manos y secó suavemente las lágrimas que aún seguían cayendo de los ojos marrones de la chica.

—Desde pequeño vi cómo la gente moría; lo que hice lo hice por mi gente, te lo digo para que entiendas que no somos monstruos sin sentimientos —la sencillez con lo que decía era tan grata, la forma despreocupada en que trataba asuntos preocupantes era cautivadora—. Nuestro planeta ahora es hermoso y nuestra gente feliz, ¿qué más da? Por mí no te preocupes, ahora tú eres una amiga para mí… Si es que lo deseas, y sé que es así.

Su sonrisa confiada la hizo sonreír un poco. Aún se sentía culpable, eso sí.

—Perdón por decir que no tenías sentimientos… No fue mi intención decir eso y hacerte sentir mal, el monstruo fui yo —dijo Ichigo pesadamente. Él le tomó el mentón cariñosamente.

—Recuerda esto: el pasado es pasado.

Y soltó su mentón. Ella, en un pesado susurro inconsciente, lo llamó.

Ambos se miraron apasionadamente unos segundos, callados —sus miradas hablaban solas. Lentamente, se empezaron a acercar. Aunque, a escasos centímetros de besarse, él se separó de golpe con una sonrisa.

—Debo irme. Además eso podría haber arruinado todo; somos amigos.

Ichigo miró con vergüenza al chico, sonrojada y asintiendo. —S-sí… claro.

¡No podía creer que de nuevo casi se besara con Kish!

—Voy a venir a la noche —avisó él—. Me gustaría que me enseñaras qué se hace en las pijamadas.

—¿Quién te invitó? —protestó y frunció el ceño. Nuevamente levantaba una barrera contra él, estaba flaqueando muy fácilmente.

—Shh —dijo, poniendo un dedo en la boca de ella, señalando que se callara. Luego, sin aviso, le dio un beso en la mejilla haciendo que se sonrojara. «Amo cuando soy el causante de sus sonrojos», pensó para sí—. Así se despiden los amigos, ¿no? —susurró un tanto seductor.

Él era cálido, a diferencia del otro Kish del sueño.

—Te veo a la noche… —dijo de manera queda, viendo cómo él le regalaba una sonrisa antes de teletransportarse.


Por alguna extraña razón, decidió que sería una buena noche. Que calentaría una pizza y arrendaría una película, compraría un par de bebidas y quizás helado.

No era en absoluto porque él fuera a ir a su casa. Claro que no.

Ichigo salió de la casa, cerrando la puerta y suspirando; no podía creer que él estuviera de vuelta, y lo peor —según ella— era que lo vería de nuevo en su casa. Se limitó a sonreír al darse cuenta de que todo el asunto de las Mews había concluido bien, y al darse cuenta de que tendría a un amigo en casa, no a un enemigo.

También se sorprendió de la propuesta que Kisshu le había hecho, volver a verla, y el hecho de que ella accediera y estuviera planeando una noche como lo haría con algún amigo —o con alguien de mayor rango, pero eso no importaba.

Al parecer le hacía feliz tener a Kish cerca… Muy feliz, como si fuese algo fundamental en su vida; era la rutina, quería creer, de pelear todos los días con él y que él le tirara besos. Ahora él la quería como amiga y ella no peleaba con él, las cosas eran tan diferentes.

Suspiró.

De una u otra forma, sentía como si tomara al chico como segunda opción. Apenas se conocían, no sacaría nada en limpio; sus sentimientos por Masaya seguían intactos, sólo estaba haciendo un amigo.

—¿En qué piensas que estás tan concentrada? —preguntó una voz que provenía de alguien que estaba atrás de Ichigo, ella se volteó, solo para confirmar que era ella: Zakuro.

—¿Za-Zakuro-san? Esto… en nada, supongo que han pasado demasiadas cosas hoy como para que pueda asimilarlas todas de inmediato.

—Entiendo… —murmuró ella.

—¿Qué haces por aquí? Oh, y ¿por qué no fuiste a mi pijamada?

—Sabía que jugarían a verdad o reto, hay ciertas cosas que no deben saber de mí —Ichigo intentó averiguar si eso había sido en broma o no—. Bueno, supongo que era más cómodo para ustedes conversar cosas entre gente de la misma edad prácticamente. Sé que hay cosas que son incómodas de revelar para ustedes, aunque no me toman por tonta, yo sé muchas cosas —le dedicó una sonrisa al decir esto.

—Ah… —soltó apenas la pelirroja, aún inmersa en sus pensamientos.

La mayor lo notó, era muy observadora.

—Ichigo-chan —Zakuro sólo la llamaba así cuando era algo importante—, sé que algo me estás ocultado. Confía en mí —una pequeña y suave sonrisa apareció en su rostro—, ¿olvidas que yo siempre te ayudaré en temas amorosos?

Lo de "temas amorosos" hizo que Ichigo se sonrojara y exaltara, pegando un pequeño saltito rechazando la idea.

—¡¿Temas amorosos?! ¡Nada de eso! O quizás sí… No, no, ¡¿qué estoy diciendo?! Esto, Zakuro-san… —todo esto Ichigo lo dijo muy rápido y muy nerviosa.

Zakuro observaba muy divertida a Ichigo, soltó una risita imperceptible al final de este escándalo que había armado la nerviosa pelirroja, indicándole que callara.

—Tranquila, ¿qué ha pasado hoy para que estés así, Ichigo?

Se quedó callada, pensaba en la reacción que tendría ella frente al hecho de que hayan regresado los cyniclones; finalmente pensó en todo lo que Zakuro la había ayudado con Aoyama y se decidió, ya que ella era, en definitiva, una hermana mayor para ella.

—Los… Los cyniclones han vuelto —tartamudeó.

—¿Es cierto? —dijo tranquilamente.

Su mente evocaba un recuerdo, éste era el del último día que había visto a los alienígenas. Toda la batalla contra Deep Blue pasó por su cabeza en un segundo como una película, hasta que se detuvo en la imagen de ellos con sus miradas "extrañas" hacia ciertas Mews, unió algunos cabos sueltos y supo en un instante hacia donde se dirigía esa conversación. Sonrió para sí misma, ¡estaba feliz por ellas!

—Sí, lo es.

—Al parecer deberemos volver a ser Mews muy pronto —observó la modelo de manera frívola, mirando de soslayo hacia algún lugar escondido entre los arbustos.

—¿Por qué? —inquirió ingenuamente la pelirroja—, ellos no han vuelto a pelear.

—Nada —cortó de manera distante, devolviendo la mirada hacia Ichigo—, tú sólo procura entrenar y estar alerta —estuvo a punto de preguntarle a qué se refería, pero la mirada de la chica se suavizó—. Ichigo, ahora me debo ir; cuidado y… suerte con Kish —le guiñó un ojo, yéndose sin ver hacia atrás.

Sin ver a Ichigo.

—Sí, igual tú, cuídate Zakuro-san… Espera, ¡¿qué dijiste?! ¡No pasa nada con Kisshu! —le gritó avergonzada. La mayor se limitó a sonreír y despedirse con su mano sin voltearse, desapareciendo al doblar en una esquina.

Por tanto, la chica decidió continuar su camino.

Realmente no pensó en nada más en el camino que en qué película iba a escoger, pensó en una de terror, así si ella se asustaba Kisshu podía abraz… ¡Alto!

A-l-t-o. ¿Qué había pensado?

¿Ichigo estaba pensando en que quería que Kisshu la abrazara?

—¿Qué desea? —preguntó amablemente el vendedor, haciendo que se sobresaltara.

Él intentó no reír e Ichigo, calmándose, le pidió una película de terror, culpándose en su interior. Ella sabía para qué era la película: para que Kish la abrazara.

¿Por qué ella quería eso?

Se fue corriendo rápidamente hacia su casa, esperando llegar antes que él porque, sinceramente, no confiaba en dejar a Kisshu solo en su casa.


—Ryo…

—Sigues insistiendo en llamarme así, pese a que soy tu jefe —saludó con una leve sonrisa—. ¿Qué haces aquí, Zakuro?

Salió de la oscuridad en la que estaba sumergida, el laboratorio escondido en el Café Mew Mew tenía un aspecto muy frívolo y solitario siempre. Cada vez que necesitaba informar de algo llegaba ahí y Ryo —como, con el tiempo, se acostumbró a llamar a su jefe; tenían cada vez más confianza— siempre estaba.

—Quería informarte algo.

Él se paró de su silla, yendo hacia ella con su expresión monótona de siempre. —Ya sé que los cyniclones han vuelto, Pie vino a comentarme el porqué de su venida.

—Sin embargo, descubrí otra cosa —se cruzó de brazos y se apoyó en el marco de la puerta—: el enemigo está aquí ya. Creo que intentará hacer algo contra Ichigo; te lo contaría ahora pero debo comer e ir a una sesión de fotos. Aunque… ¿puedes acompañarme a cenar? Te contaré todo con lujo y detalle, es importante.

—¿Es una cita? —inquirió él sonriendo.

La chica sonrió levemente. —Si tú quieres…


Al llegar a su casa lo único que quería era relajarse unos minutos, calentar la estúpida pizza que se obligó a comprar para la pijamada anterior con sus amigas y esperar tranquilamente a que Kish volviera.

Nunca esperó encontrarlo y… así.

—¡Nyaaa! —gritó avergonzada. Su cara ardía pero no sabía si estaba sonrojada—. ¿Q-qué diablos estás haciendo?

Kisshu estaba frente a ella, en su pieza, y casi sin ropa. Ella se dio vuelta y él se rio de ella.

—El calor me estaba matando y tomé una ducha mientras te esperaba. ¿Por qué te avergüenzas si somos amigos?

—¡Porque esto no lo hacen los amigos! —casi gritó histérica, volteándose de nuevo para verlo de frente.

Al entrar tranquilamente a su pieza luego de poner a calentar esa estúpida y deliciosa pizza, se encontró con Kish secándose el cabello con una toalla, sin demasiada ropa puesta… Sólo ropa interior, unos estúpidos boxers.

Caminó hacia ella sin vergüenza de estar casi al cien por ciento desnudo, riéndose de ella y su reacción. Por otro lado, la chica no sabía hacia dónde apuntaba su mirada, sin embargo, él captó la trayectoria de inmediato.

No se daba cuenta de que estaba mirando fijamente la única pieza de ropa que él tenía puesta; seguía algo sonrojada pero la mirada de ella hacia esa ropa interior tan problemática era… de curiosidad.

—¿Se te perdió algo allá abajo? —dijo Kisshu señalando hacia sus boxers, con una sonrisa pícara. Ichigo ahora estaba más roja que nunca y se tapó los ojos, diciendo que no con la cabeza, que movía rápidamente debido a lo nerviosa que se había puesto. ¡Genial! Sus orejas y cola salieron, estaba muy avergonzada—. Si crees que tengo puesta demasiada ropa, me puedo sacar esto.

—¡No! A-así está bien.

—¿Entonces no me pongo más ropa? —a Kisshu le daba risa y le agradaba esta conversación. Ichigo por el contrario, estaba muriendo de vergüenza, aunque le agradaba la vista que tenía.

¡Un momento!, ¿le gustaba ver a Kish en ropa interior?

Sin querer estaba disfrutando de ver a Kisshu así: Era bastante musculoso y su cuerpo era bastante lindo, su abdomen estaba marcado y sus brazos junto con sus piernas se veían fornidas. Decidió cambiar de tema, que él decidiera porque ella no quería decir nada más, prefería eso a ella decidir si seguir con la agradable vista o que se pusiera más ropa.

¡Alto! ¿Entonces en verdad le gustaba la vista que tenía?

De inmediato se sintió culpable y casi sucia, así que trató de no ver hacia los boxers de Kisshu y por fin cambió el tema cuando escuchó una campanilla sonar. La pizza estaba lista.

—Traje una película, es de terror —de pronto, Ichigo se sintió culpable porque la película tenía un propósito escondido, sin embargo ella quería negarlo—. Iré a buscar una pizza, es comida terrestre y no sé si te gusta… O quizás es mejor verla en la sala, así que bajaremos. Déjame poner la película y espera, que me voy a poner pijama antes de bajar —dijo dulcemente; a él le gustó la idea.

—Ponte el pijama aquí —sugirió con una sonrisa pervertida.

—Seguro, hoy y todos los demás días te dejaré verme desnuda —lamentablemente, el sarcasmo era tanto que llegaba a ser tangible.

—Yo te dejaré verme desnudo.

Lo había dicho en serio hasta que vio la cara contrariada de ella y simplemente se empezó a reír.

—Idiota —murmuró, dedicándole una mirada asesina.

Kish le dedicó una sonrisa, ella le respondió con otra y salió hacia el baño, colocándose el pijama rápidamente. Cuando volvió a su habitación se encontró con Kisshu acostado en su cama y (para suerte de ella) con un poco más de ropa; la que solía usar. Su cabello ya no lucía tan mojado, de hecho, lucía seco.

—Bajemos.

Comieron pizza y vieron la película, bromearon y se asustaron el uno al otro, conversaron tranquilamente del pasado y del futuro, evitando el presente. Las horas pasaron rápidamente, llegando al fin de la película; ambos subieron, aunque sabían que debían despedirse.

—Eh… Sabes, es tarde —habló Ichigo. La había pasado muy bien, como nunca creyó.

Hacía un mes que eran enemigos declarados y ahora compartían una pizza. Tranquilamente. Y no, no estaban "coexistiendo", era peor, ¡estaban relacionándose como amigos!

La cara de Kish se iluminó ante una idea. Ahora sí que conquistaría a Ichigo.

—Sí, me da pereza caminar por todas esas calles para llegar a la casa.

—¿Tienes que caminar? —asintió, mintiendo—. Entonces… no te preocupes, me sobra una habitación y puedes dormir en ella.

Secretamente esperaba que ella lo invitara a dormir en su misma cama, pero era pedir demasiado. Tan poco tiempo y tanto trayecto avanzado eran geniales, así que estaba confiado.

—Muchas gracias. Aunque ambos sabemos que tú quieres dormir conmigo.

Su cara ardió por la connotación sexual que eso podía tener.

Lo echó de su habitación finalmente, enfundándose en las sábanas rosadas de su cama. Un sentimiento extraño la invadió durante el tiempo pasado con Kish, se sentía como cuando estaba con Aoyama pero era más fuerte; era genial ser amigos.

Cada vez que cerraba sus ojos había una imagen grabada a fuego en sus párpados, que la hacía abrir sus ojos con desesperación y negarse al sueño. No era la película de terror, era Kish.

El Kish de los sueños. Había dicho que era cosa de volver a dormir para terminar con eso, y no se sentía en absoluto como un sueño; era real, de alguna manera lo era…

Decidió ir al baño a lavarse la cara, relajarse con el agua gélida e intentar dormir de nuevo. Pero temía dormir, encontrarse con él nuevamente.

—¿Koneko-chan?

—K-Kish, ¿qué haces despierto?

—Aún no tengo sueño —eran las tres de la mañana, estaba segura de eso. El sueño la estaba carcomiendo y de seguro se veía horrible y él estaba fresco como una rosa—. ¿No puedes dormir por la película? ¿Qué tal si te acompaño?

—Hah, no confío tanto en ti como para dormir juntos —dijo en broma, reanudando el camino a su habitación. Kish la siguió.

El chico tomó el pomo entre sus manos, negándole la entrada a la pelirroja. Ella frunció el ceño ante esa acción. —¿A qué le tienes miedo?

—… ¿Qué pasa si utilizan a alguien en tus sueños para atormentarte? —preguntó de manera queda.

—Eso no es posible. Y de serlo, pensaría que no es real.

—¿Pero qué pasa si se siente real?

Con simpleza se encogió de hombros.

—Vería a esa persona a los ojos y juzgaría por mí mismo si es real o no. Luego averiguaría qué sucede, eso significa problemas.

Soltó el pomo para permitirle pasar, yéndose tranquilamente hacia la pieza que le había asignado ella, pero su voz lo detuvo. Sonrió en medio de la oscuridad ante esa acción; ella estaba confiando.

—¿Podrías… quedarte?

—Claro que sí, Koneko-chan.

Ambos entraron a la pieza en silencio, en total oscuridad. Kish podía ver perfectamente e Ichigo tenía los agudos sentidos felinos como para no tropezarse.

—A-acuéstate —dijo dulcemente. Él hizo lo que Ichigo le había dicho gustoso, entrando primero.

Ella intentó parar el tamborileo de su corazón, diciéndose que no era nada. Era sólo para dormir una noche completa sin gritar ni gemir de miedo… y de otras cosas.

Se estaba aferrando a él como lo haría con su (ex) novio —aún no podía asumir del todo el 'ex'. No era por despecho, inexplicablemente buscaba protección en alguien y Kish era en quien lo hacía; Shirogane y ella no eran nada pero… ¿quizás hubo algo?

En fin, no eran compatibles. Ella era explosiva y él callado.

—Entra —ronroneó Kish, oh-tan-suavemente—, gatita.

En un principio ambos se cohibieron (ella mucho más que él) al pensar en que estaban en la cama con… otra persona. Bueno, Ichigo también pensó que estaba en la cama con un chico realmente guapo.

Sí, ¿y qué? Encontraba a Kisshu guapo y mucho. Nada más.

Él quería acercarse, estamparle un beso y ver hacia dónde llegaban, pero no coincidía con su plan así que se vio obligado a borrar esa opción y permanecer sin contacto con ella en ningún momento. ¡Ni siquiera sus pies se tocaban! Era frustrante.

Pasaron así mucho tiempo. Ella sólo quería que alguien le inspirara protección.

Cuando cerró los ojos y apareció lentamente la imagen de Kish, instintivamente (media dormida media despierta) se refugió en algo, y ese algo fue el pecho del verdadero Kish. Se sorprendió gratamente, envolviéndola en un abrazo haciendo que la chica se sobresaltara un poco, entregándose casi por completo al sueño, estando demasiado aturdida por éste como para entender que él la estaba abrazando.

Él la veía curiosamente, tenía el aspecto de una fresita porque estaba totalmente sonrojada y su boca entreabierta soltaba… ¿gemidos?, pero no parecía feliz, era como si quisiera escapar.

Tragó duro, aunque no pudo reprimir una sonrisa. —Koneko-chan…

La chica se acurrucó más a él, soltando otro gemido gustoso y haciendo que él sintiera que quizás no había sido tan buena idea acostarse junto a ella. «¿Qué está soñando?»

De todas maneras, la atrajo más a sí. Después de unos minutos se fue calmando, durmiéndose totalmente —él había hecho que dejara de tener pesadillas. Ambos estaban felices juntos, juntos eran felices; habían pasado un muy buen rato.

¡Y pensar que podría haber sido así desde hacía tanto!

—Koneko-chan —le susurró, ella se medio despertó y articuló un «¿Mm?» somnoliento—, como tú me invitaste hoy a tu casa mañana te invitaré a la mía.

—Sí… —no había escuchado nada en absoluto, pero accedió para dormirse de nuevo.

Al final ella se quedó dormida antes que Kish, el que terminó durmiendo con ella; seguían abrazados como antes: Ichigo seguía acurrucada y Kisshu no tardó en quedarse dormido también, con el calor tan agradable que emanaba ella. Como un gatito, la chica se aferraba a la fuente más cercana de calor.

La pieza de Ichigo estaba sólo iluminada por la luz de la luna, que se colaba como hilos de plata por la ventana abierta, que dejaba entrar esa luz y aire fresco. Era realmente agradable; cualquiera que entrara de improviso pensaría eso.

En la cama se veían dos personas, se veían realmente tiernas juntas y felices, se veían como dos enamorados; cualquiera que entrara de improviso pensaría eso.

Ellos se sentían como dos enamorados… Cualquiera que entrara de improviso deduciría eso.

Pero ellos no podían estar enamorados y nadie que entrara de improviso podría decir eso, excepto una persona.

—Duerman bien, mañana será un mal día —y sonrió.


Notα de αutorα:

Octubre ya se va y aquí cuelgo un capítulo más; como prometí, dos al mes. Como empieza Noviembre y a las escuelas les encanta hacernos explotar, no podré subir más que dos al mes hasta Diciembre, donde me relajo hermosamente.

En Diciembre quizás las actualizaciones sean semanales, ¿no es genial? Pensar que Diciembre está tan jodidamente cerca y tan lejos a la vez; créanme que la cuenta regresiva para salir de clases ya empezó hace mucho.

Me pareció divertido hacer que Kisshu intentara seducirla diciendo que "no le interesa en absoluto". Pero Ichigo irá cayendo en sus redes de a poco y no será porque perdió el cariño de él o porque Aoyama-baka (estoy leyendo el manga de nuevo —oh zi, dije que no me demoraría nada pero lo olvidé de inmediato— y Masaya me está cayendo normal) no está.

Aclaraciones: Ichigo en este fic tiene catorce, Mint trece (a punto de cumplir los catorce), Lettuce quince, Pudding tiene ocho (a punto de cumplir los nueve), Zakuro diecisiete, Ryo diecinueve y Akasaka veinticinco. No ha pasado más tiempo que un mes, así que imaginen como si hubiesen protagonizado el manga & anime con esas edades, ¿ya?

Si se preguntan por los sensuales alienígenas: Kish tiene quince recién cumplidos, Pie tiene diecisiete y Tart tiene nueve.

Es largo, me demoré y lo cambié bastante. Muchoooo. ¿Quién será el que dijo la última frase? :O

¿Qué tal estuvo el capítulo? ¡Son justo 5555 palabras! xD