Sostenía su arma esperando el momento idóneo para atacar. La sangre le hervía y el corazón le latía muy rápido. No quería fallar, no podía, no ahora. Estaban a punto de marcharse, debía esperar solo unos segundos más.

Sin embargo, las ansias de acabar con su enemigo fueron superiores al uso de la razón. Con la mente turbia por la venganza olvidó todo lo que la experiencia, de estos años, le había enseñado.

Pese a ello, tuvo la precaución de dividir su arma en dos: la parte que contenía la esfera quedó formando un arco sobre su mano derecha; mientras que la parte que no contenía la esfera hacía los mismo sobre su mano izquierda.

Sin pensar un plan se lanzó contra él, fallando estrepitosamente en el intento. El medio-chakram, izquierdo, quedó clavado en el tronco de un árbol que había tras Kadok, quien se giró esbozando una arrogante sonrisa.

—Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí?— se giró hasta encararla completamente— Una jovencita que está jugando.

Pese a que había "perdido" una parte de su arma, aún le quedaba la otra, las más poderosa. Sin mediar palabra giró levemente su muñeca. Pronto, aquel pirata empezó a notar como el oxígeno se agotaba en sus pulmones, por más que lo intentaba no conseguía respirar. Incó una rodilla en el suelo, su rostro mostraba enfado por verse reducido de ese modo ante una mujer; no obstante, el rostro de la chica tenía dibujada una sonrisa, que lejos de ser normal, mostraba cierto tono de locura.

Demasiado concentrada en acabar con él estaba para darse cuenta que los piratas que iban con el se movían con la intención de herirla.

Notó su brazo húmedo, desvió ligeramente la vista. Sangre. Un golpe en el estómago le hizo tambalearse y retroceder. No pensaba rendirse, no ahora que lo tenía tan cerca.

Irguiéndose de nuevo, se preparó para luchar, le sangraba el brazo pero no le importaba.

Aquel sentimiento de venganza le había cegado hasta tal punto que no sentía el dolor del corte; aún así, tenía conciencia de que debía tener cuidado con Kadok.

—¿Qué pasa?— hizo una breve pausa— ¿Tan cobarde eres que te escondes detrás de tus hombres?

Quizás no debería haber hecho aquel comentario, eso solo logró enfurecerle aún más. Llevándose su mano a la cintura desenvainó una espada:el filo relució con la luz del sol que se filtraba a través de las copas de los árboles, la empuñadura tenía un aspecto dorado, varios gabillanos la rodeaban y en el centro de la virola, con un aspecto anaranjado, brillaba una esfera. Lo que ella buscaba.

—Lo robaste, devuélvelo— exigió la castaña.

—No tengo ni idea a lo que te refieres— respondió algo confundido.

—No mientas— espetó lanzándose contra él.

El hombre no necesitó hacer un gran esfuerzo para pararla, simplemente alzó su espada en posición defensa. Naira no dejaba de lanzar ataques, sabía que de poco iba a servir si él tenía esa espada. No, de poco serviría si tenía esa esfera.

El cansancio empezó a hacer mella en la muchacha, algo que aprovechó el peli-negro.

Alzando la espada comenzó su contra-ataque, la peli-castaña lograba esquivar el filo de la espada con dificultad. Sabía que un golpe certero rompería su chakram y eso no podía permitírselo, era lo único que le quedaba de él, de su padre, ¿por qué podía recordar eso y no el resto? Aquella arma era lo único que le hacía aferrarse con fuerza al recuerdo de sus padres; el cual temía que, poco a poco, se desvaneciese como si de una ilusión se tratara.

Dio unos cuantos pasos hacia atrás para alejarse, tenía el cuerpo lleno de cortes y un líquido escarlata lo recorría entero. Haciendo fuerza en la parte del arma que aún estaba en su mano, intentó lanzar un ataque. Apenas podía ver lo que pasaba a su alrededor, su percepción había disminuido hasta un punto borroso.

Antes de poder mover un músculo que le permitiera llevarlo a cabo sintió como la hoja de la espada atravesaba su abdomen. Inconscientemente dejó caer su arma para llevarse la mano a la herida, apretó los dientes para evitar quejarse.

Kadok retiró la espada dejando que un líquido carmesí brotara de ella.

Calló de rodillas, le costaba respirar un poco y sentía como se le nublaba la vista, pero pese al mal estado en que se encontraba se levantó.

Estaba completamente desarmada y ellos le superaban en grupo, mas su orgullo no le permitía huir:—Voy a acabar contigo— dijo con el ceño fruncido provocando la risa de los piratas.

—Ilusa, ¿crees que podrás conmigo?— rió— Encargaos de ella— ordenó a sus hombres.

En una pelea física perdería sin remedio pues sus habilidades en la lucha estaban muy limitadas; añadiendo que estaba herida. Se había esforzado en aprender su arma como si fuese una parte más de ella, y lo había logrado; mas, sus habilidades sin su chakram se limitaban a defenderse de los ataques directos y esquivarlos.

—Este es tu fin— afirmó uno de ellos mientras le apuntaba con una pistola que llevaba oculta en su chaqueta y sin pensarlo dos veces apretó el gatillo.

Cerró los ojos esperando sentir el balazo. Tras unos segundos después de oír el ruido y no sentir nada abrió lentamente los ojos para encontrarse un muchacho de chaleco rojo que la protegía.

—Luffy— susurró.

No lo entendía. ¿Por qué? ¿Por qué ese chico al que apenas conocía le protegía?

—Esto es tuyo, ¿no?— inquirió mostrando las partes de su arma que acababa de recoger. Tuvo que parpadear un par de veces antes de poder responderle, el chico sonrió.

Miró a su alrededor, observando como el resto de nakamas del chico de pelo azabache se enfrentaban a los hombres de Kadok.

—¿Qué hacéis?— algunos se giraron para mirarla confusos- No es vuestra pelea, no os metáis.

—Te estamos ayudando— repuso Usopp detrás del cocinero para protegerse.

—No necesito vuestra ayuda— levantó un pequeño vendaval provocando que la banda de Sombrero de Paja retrocediera unos pasos cubriéndose los ojos— Soy yo quien debe acabará con él— dijo colocándose enfrente del pirata.

—Es una lástima que nos tengamos que despedir ahora— se mofó, recordando que el motivo de su cicatriz fue que no se retiró a tiempo, y haciendo una seña creó una nube de humo.

—¡No!— gritó comprendiendo lo que acababa de pasar. Usando su arma, de nuevo, logró disipar el humo; aunque tarde, Kadok se había ido— Idiota—bufó girándose hacia el muchacho de negros orbes-Por tu culpa se ha escapado, por...tu...— no pudo terminar la frase, todo se volvió negro. Había perdido mucha sangre.

Continuará...