Disclaimer: Nada de lo que reconozcan me pertenece. Aunque ciertamente tardo tanto en escribir como Martin.


Capítulo 7

Brienne se había prometido a sí misma el primer día de universidad que iba a ser una mujer distinta. No mas tartamudeos, no mas miradas esquivas, no mas dejar que la gente le pasase por encima así como así.

Por supuesto era más fácil decirlo que hacerlo.

Sus años universitarios fueron infinitamente más fáciles que sus años en la secundaria, y logró establecer un mínimo de autoestima y fuerza de voluntad a punta de hablar en clases y exponer sin sudar como cerda. Ya para cuando se graduó y encontró empleo consideraba que sus años como mujer tímida y ansiosa habían quedado atrás.

Eso fue antes de que Jaime Lannister se mudase al apartamento del frente y le hablase como un ser humano normal, con respeto y honestidad. Brienne tenía un mal historial con los hombres, y se conocía a si misma; se enamoraba de cualquiera que le tratase relativamente bien, y luego terminaba con el corazón roto cuando se daba cuenta que, para ellos, ella no era más que un simple caso de caridad.

Esta vez, sin embargo, estaba dispuesta a hacer las cosas diferente. Se ocupó de hablarle en oraciones completas y hacer un moderado contacto visual, lo ayudó un día a meter un mueble que había comprado en su apartamento e incluso le regaló un poco de pie de limón que le había sobrado. Todo apuntaba a que Jaime correspondía sus afectos, o al menos la consideraba como amiga. Brienne podía trabajar con eso.

Se decidió a confesarse una tarde en que vio en las noticias un choque terrible en la avenida principal. Un adolescente borracho, unos frenos que no funcionaban, algo que podía pasarle a cualquiera en cualquier momento. «Tengo que hacerlo, ya es hora».

«Puedo ser valiente por una vez en mi vida».

Tocó bien temprano en la mañana, después de tomarse como cinco tazas de café y morderse tanto los labios que había saboreado sangre. Todo va a estar bien, se decía. Incluso si le decía que no siempre podía mantener una relación cordial con él. Vecinos nada más. Nada iba a pasar. Todo iba a ir perfecto; incluso había escrito un guion en su cabeza y todo.

Luego Jaime abrió la puerta, y tenía el cabello despeinado en la mejor manera, y sus ojos estaban hinchados del sueño, y no llevaba camisa ni pantalón, solo bóxer, y a Brienne se le fueron los colores del rostro, solo para volver en un sonrojo violento. Por supuesto, reaccionó de la manera más madura posible.

Salió corriendo.

Se escondió en su apartamento por un largo rato, cubriéndose el rostro con las manos y tratando de entender por qué esas cosas le pasaban a ella. ¿Por qué había huido? ¿Por qué Jaime había salido así? ¿Por qué había tenido que enamorarse de él? ¿Cómo iba a enfrentarlo ahora?

«Siempre está la opción de mudarme a la Antártica» pensó, pero era ridículo. Ella estaba siendo ridícula, haciendo una tormenta en un vaso de agua. Se decidió por ignorar esa mañana por completo y esperar antes de volver a intentar confesarse.

—Brienne —le llamó Jaime cuando ya tenía todo su plan fríamente calculado. Se obligó a sí misma a respirar y actuar como mujer adulta.

—Dime, Jaime —sonrió lo mejor que pudo, pero notó que sus mejillas estaban tiesas. No pudo verlo a la cara.

—¿Qué querías esta mañana?

—Ah —«Piensa rápido. Cualquier excusa, lo que sea»—, eh, nada en particular…

—¿No? —dijo él, con una ceja alzada y esa sonrisita que hacía que las piernas le flaquearan. «No ahora, Brienne. Contrólate».

—Nop.

—Hum —él tarareó por un rato, y caminó hasta pararse frente a ella. Se apoyó contra la pared y cruzó los brazos, aparentemente divertidísimo por la situación. Apartó la vista— ¿Estás segura?

«Claro que estoy segura, carajo» quería decirle, pero se encontró a si misma con una oportunidad irrepetible. ¿No que era una mujer confiada en si misma y responsable? ¿No que iba a ser madura esta vez, sin dejarse llevar?

—De hecho, si quiero decirte algo —tomó una bocanada de aire, apretó los puños y se obligó a si misma a hablar. No podía terminar peor que con Hyle Hunt, de eso estaba segura—. Sólo quería decirte… sólo quería decirte que me gustas mucho, en todos los aspectos, y que me gustaría que fueses a una cita conmigo, si no es mucha molestia.

«Dioses, ¿cómo la gente hace estas cosas?». Se sentía morir; todo sonaba más vergonzoso que en su cabeza, y Jaime no dijo nada por unos segundos. Cuando ya estaba segura de que iba a tener que ir a comprar esos boletos de avión a la Antártica, él se echó a reír.

—¿Qué? —le espetó ella, indignada. Acababa de hacer la confesión más grande de su vida, ¿y él se reía? ¿De qué clase de patán se había enamorado?

—Nada, que me encanta tu cara —replicó él, y cuando ella alzó la mirada él la observaba con cariño. Nunca nadie le había dicho algo positivo de su cara; era, para ella, lo peor de todo su cuerpo. En la cara se le debió de haber notado la duda, porque Jaime avanzó y ahuecó sus manos en sus mejillas—. Me encantaría ir a una cita contigo.

Y Brienne pudo irse al cielo derechito en ese momento, de la pura felicidad que sentía. Nada podía haber arruinado el momento para ella.

—Pero no salgas corriendo esta vez, ¿sí?

Ni siquiera eso.


Notas de la autora: Miren el milagro, la prueba de la providencia de los Dioses: he vuelto. Después de casi dos años por fin me he puesto las pilas y decidí que definitivamente no puedo dejar que las cosas terminen así. Una de las razones por las que tanto me costó continuar es que el AU anterior no me parecía interesante, y no quería escribirlo. Sin embargo, aquí estoy, hecha y derecha, dispuesta a seguir estos trágicos intentos de romance y comedia. Algo que siempre me he preguntado: ¿las personas de verdad se confiesan con sus enamorados? Suena aterrador.

AU: 'He estado enamorada de ti desde la primera vez que te mudaste y por fin reuní el coraje para decírtelo pero cuando respondiste te acababas de levantar y no traías camisa, así que huí'