19

Viajaron todo un día completo, y solo se detuvieron un momento para que los caballos tomaran descanso de un par de horas. Pasadas volvieron a retomar el camino que Ronald había trazado al conocer la zona; debían evitar el camino real. En una parte del camino Hermione acompaño a Harry debido a que el pelirrojo se encontraba mejor y durmiendo. Eso le ayudo a Harry para poder distraerse, estar solo en la parte del conductor le comenzaba a pesar por el aburrimiento. Contento de que la castaña estuviera de más ánimos su plática tuvo algunas risas, e incluso, le enseño a cómo manejar correctamente a los caballo.

— Harry, ¿puedo preguntarte algo?

— Ya lo estás haciendo.

La joven dibujo una media sonrisa al notar la lógica.

— Bueno, otra pregunta.

— Adelante.

— Cuando enfrentaste a los tipos de antes, y los del pueblo, ¿usaste la alquimia?

El joven pasó su vista al frente del camino, asintió y no dijo más. La castaña por su lado no le dejaba de ver, era como si el tema le fascinara por alguna razón.

— Por eso las manos de aquellos hombres se quedaron de metal — deducía por sí mismo la castaña —. Por eso no pudieron retornar a la normalidad, la transmutación es un camino de ida. Eso es sorprendente.

— No pudieron porque solo un alquimista les podría devolver la mano a su estado orgánico — A Harry le gusto la teoría de la castaña, que no estaba errónea del todo —. Es magia muy diferente y poderosa que un hechicero normal no puede revertir.

— Eso me hace preguntarme otra cosa.

Hermione se quedó callada, analizando sus palabras a temor de que pudiera sonar mal. Harry le miro expectante, si algún defecto tenia era la curiosidad, y ahora que la joven mostro que tenía otra duda quería conocerla.

— Dime, ten confianza.

— Es que es un tema delicado.

El joven levanto una ceja intrigado por la postura de la castaña. Se notaba insegura, deseosa y algo deductiva. Pero no tardo en poder ver por donde iría la pregunta que le haría, y no era nada malo; aunque sería volver a revelar algo de él.

— Imagino que tiene que ver con mi niñez.

La joven asintió.

— No te preocupes, dime que quieres saber.

Dudando la joven fue alejando ese porte de inseguridad y pena por lo que diría, sus ganas de saber eran más fuertes que el mantener la sensibilidad.

— ¿Cómo aprendiste hacer un alquimista? ¿Te enseñaron tus tíos?

Retractándose de su pensamiento de que la joven no sería sensible, le demostró cómo hacer una pregunta sutil sin involucrar el malestar del recuerdo repentino. Lo malo de la pregunta era la misma, como responderle sin revelar su procedencia. Solo había una manera, decir la verdad un tanto distorsionada.

— No, mis tíos no me enseñaron — Hedwig regreso de su cacería y por su forma inflada de su abdomen había conseguido su comida —, yo ya tenia algunas bases por mis padres, lo demás lo estudie de mi libro esmeralda.

— ¿Tú solo has aprendido el difícil arte de la alquimia?

— No, veras tuve un maestro.

La joven no oculto su asombro al saber que en el mundo aun quedaban varios alquimistas, lo que se suponía ya estaban extintos.

— Mi abuelo me enseño todo lo que se — el joven tomo la mano de la castaña, quien se estremeció un poco, para corregirle el camino por el que llevaba a los caballos —. Después de que se enterara de la muerte de mis padres me fue a buscar, y me dio la mala noticia…

Bueno, eso es irrelevante. Los próximos siete años fue mi profesor en el arte de la alquimia, me ayudo a perfeccionar lo que mis padres me enseñaron y me instruyo en cosas más avanzadas. Falleció cuando tenía quince, por lo que no soy del todo un experto en la alquimia.

— ¿Con siete años no te sientes experto?

— La alquimia es un arte de toda la vida, siete años es apenas un suspiro — volvió ayudar a corregir el trayecto a la castaña —. Yo diría que con otros siete años ya me podría considerar experto.

— Y… ¿eres el último?

Esa palabra sonaba muy profunda, como si fuera el último de una especie en peligro de extinción, pero, de cierta forma eso era. El ultimo alquimista.

— Sí.

Después de la plática decidieron tomar un descanso, ya se sentían lo suficientemente lejos como para detenerse y comer algo, dormir; dejar que los caballos reposaran. Sacaron a Ronald de la carroza, lo dejaron sentado recargado en un árbol mientras iban por leña y preparaban algo de comer. Harry y Hedwig fueron los encargados de recolectar y prender la fogata, en tanto, Hermione preparaba lo que necesitarían para calentar la comida; estofado de pato era único. No tardaron en estar todos sentados alrededor comiendo de sus platos, el silencio reinaba, todos parecían estar en sus pensamientos-

— Si no hubieran destrozado Tyenl podríamos haber usado la red flu y llegar más pronto a Hogwarts.— comento molesto Ronald —.Ir en caballo nos tomara mucho.

— Y la aparición es peligrosa en tu estado.

— Cierto, yo podría llevarlos con la aparición.

— Pero, ¿no estamos muy lejos como para que utilices la aparición? — Harry se hizo presente en la conversación — Pocos hechiceros son capaces de hacer apariciones de tanta distancia.

Ronald no contesto, se limitó a mirarlo con recelo. No entendía el porqué, pero no dejaría que eso le molestara ni mucho menos.

— Si, tienes razón.

El pelirrojo desvió la mirada como para sediento por ese momento al pelinegro la victoria de un enfrentamiento que él no sentía. Debía hablar con el auror, preguntarle qué es lo que tenía contra suya. Si iban a viajar juntos por un largo tiempo deberían de limar cualquier aspereza.

— Quiero ir a Little River.

Harry y Ronald voltearon a ver confusos a la castaña, por su semblante se podía notar que lo decía enserio. Quería desviarse de su destino original, y ambos jóvenes sabían la razón del porqué de tal petición. Harry lo sospechaba, Ronald conocía la razón. Como fuese los dos no sabían si estarían dispuesto en desviarse, uno por tener su propio camino a recorrer mientras el otro por su deber de dar aviso de los ataques a los poblados de las fronteras. La castaña les miraba expectante, sabiendo los pensamientos de sus compañeros necesitaba convencerlos.

— Necesito corroborar lo que mi padre me ha dicho en su carta — la joven saco del bolso de su falda el sobre —. Solo una persona me puede decir la verdad.

Ronald se le acercó y le tomó del brazo mientras le dedicaba un dulce sonrisa.

— Bien, vayamos a Little River.

— Gracias — la mirada que le dedico a su amigo, Harry deseo que fuese para él.

— En ese pueblo podré comunicarme seguro con mis camaradas.

— Bueno, partamos — Harry levanto su varita y con un movimiento hizo que las cosas se guardaran dentro de la carroza.

20

Little River no estaba muy lejos como lo creyó, les tomo pocos días estar cerca de los límites de aquel pueblo, que por el bien de Hermione esperaba no estuviera destruido. No quería imaginar lo que pudiera sentir la castaña, que en ese tiempo que la llevaba de conocer le sorprendió de lo fuerte que era; sin mencionar su gran inteligencia. Ella era una gran ayuda en el viaje, con sus conocimientos lograron llevar de lo mejor el trayecto, además de que estaba curando al pelirrojo. Por una fracción de segundo paso por su mente que si lo acompañaba en su viaje le resultaría sencillo llegar hasta la ciudad a que iba. Negó con la cabeza divertido, era evidente que ella jamás lo acompañara. Primero porque ella se prepararía para ser Auror, y segundo, no se conocían lo suficiente.

En un punto del camino, cuando todo estaba en una calma agradable y serena, pudo escuchar que Hermione y Ronald hablaban sobre algo del castillo de Hogwarts. Trató de luchar contra su curiosidad, pero no logro contenerse y pego lo que más puedo su espalda al pared de la carroza. La ventana que le permitía comunicarse con el interior estaba medio abierta. Hedwig que lo vio tratando de escuchar la plática ajena le comenzó a volar encima de la cabeza, con sus alas le golpeaba en la cara. Le dejaba claro que debía respetar la privacidad de los demás.

— Ya, ya entendí.

El ave ululo como advertencia.

— Vaya, Hedwig, a veces sí que eres muy aguafiestas.

— Harry — la voz de Hermione se escuchó muy cerca de su oído por estar pegado a la ventana; esto lo sobre salto.

— ¿Si?

— Dale las gracias a Hedwig por ser educada y evitar que escuchara cosas privadas — sonando en broma, Harry no pudo evitar ponerse rojo de la vergüenza — ¿Harry?

— Si yo le digo.

Hedwig divertido inflo el pecho al sentirse orgulloso de las gracias que le dedico la joven castaña. Harry le miro con los ojos entrecerrados por haberlo delatado en su intento de escuchar lo que fuese que estuviesen platicando.

Poco después del incidente, Harry dio el aviso de que estaban arribando a las afueras del pueblo. Por su buena suerte el lugar estaba intacto, un pueblo más pequeño del que provenía Hermione, pero muy bonito. Estaba rodeado por dos grandes ríos y la vegetación era abundante, cruzaron el puente y pronto estaban en las pequeñas y angostas calles del pueblo. La gente les miraba un tanto curiosos, normal en lugares así en los que no es muy común ver gente foránea llegar a sus puertas. Hermione le fue indicando que ruta debía tomar, no tardaron en llegar a una humilde casa de doble planta. Deteniendo a los caballos, la castaña se bajó enseguida de la carroza y corrió para tocar la puerta de madre.

— Tía Margaret, soy Mione — grito mientras daba golpecitos a la puerta.

No tuvo que dar tantos para que se abriera dejando ver a una señora poco más alta que la castaña, embarnecida, de cabellera larga negra y ojos azules. Una figura femenina del padre de la hechicera. Al verse ambas se dieron un fuerte abrazo, cuando pregunto porque venía sola la joven no contesto; presento a Harry y Ron. Les invito a pasar y ya en la sala de la casa la joven le pidió que si podían hablar a solas.

— Claro, hija, pero, primero deja les invito una taza de té a tus amigos.

— No se preocupe señora, estamos bien así — hablo Ronald al saber la importancia de lo que tenía que decir su amiga.

— ¿Seguros?

Ambos jóvenes asintieron.

— Bien, pasemos a mi cuarto, mione.

La señora se notaba que empezaba a sospechar que algo no andaba del todo bien. Su semblante alegre de al principio se tornó a uno de intriga y mesura. Subieron por las escaleras dejando solo al pelinegro y pelirrojo. Sentados en los sofás de la sala no sabían cómo comportarse, nunca antes habían estado solos por lo que sus conversaciones siempre eran estimuladas por un tercero. Para Harry, sabía que esa era su oportunidad de aclarar lo que fuese que tuviera en contra suya el auror.

— Disculpa, ¿puedo llamarte Ronald?

Las repentinas palabras del alquimista le fueron inesperadas al pelirrojo que no contesto, más que nada por el no saber cómo actuar.

— Sabes que yo no soy de muchas formalidades — se explicó el alquimista —, prefiero tutear que hablar de usted a las personas.

— El hablar de usted a una persona es educación, más si es alguien de respeto.

— Tienes toda la razón, por eso pregunto para saber si puedo respetarte usando tu nombre.

El pelirrojo lo considero por unos largos minutos, seguro porque sentía que si le dejaba tutearlo perdería esa barrera que estaba formada entre los dos, y con eso, permitirle derrumbarla conllevando a una falta de respeto. Eso pensaba él pelinegro.

— Bien.

— Muy bien, tú puedes decirme Harry.

— Bien.

Un nuevo silencio se hizo presente, le pareció curioso como eso se volvía muy normal cuando estaba con Hermione o el pelirrojo. Vio por la ventana como su ave elevaba el vuelo. Retorno su vista a Ronald que estaba sentado viendo sus manos como para perder el tiempo en lo que regresaba su amiga.

— ¿Te molesta que sea un alquimista?

La pregunta hizo que Ronald dejara de lado sus manos y lo volteara a ver.

— ¿Cómo?

— Desde que nos conocimos me has tenido en la mira.

— Bueno, tú título hace que la gente te vaya a tener cuidado.

Eso no se lo podía discutir ya que en sus viajes la mayoría de las personas, que llegaban a saber su verdad, antes de conocer a su persona le temían u odiaban por su título de alquimista. Esa era una razón por la cual no le revelaba a cualquiera sobre su verdadero ser, sin mencionar que su abuelo le advirtió que tuviera cuidado a quien le revelaba sobre el que era alquimista. No entendió por qué guardar el secreto de quien era, ya que no le importaba ser juzgado, solo sus viajes le mostró que seguro su abuelo lo hacía para protegerlo de los actos de los temerosos. Aunque siendo sinceros, había llevado mal ese secreto pues se corrió el rumor sobre un alquimista viajero, de ahí que el padre de Hermione supiera de quien se trataba él; siendo que el apellido Potter es peculiar.

— Eso no lo puedo discutir.

— Pero eso solo fue al principio — los ojos del pelirrojo se volvieron a sus manos entrelazadas —. Después vi que eras un gran sujeto, ayudaste a salvarme.

— ¿Entonces?

Dudoso, el auror de nuevo volvió a jugar con sus manos.

— Me molesto como hiciste amistad tan rápido con Hermione.

Con que eso era, pensó Harry que no vio venir esa confesión. Era verdad que se percató de esa cierta manera de tratarla especial por su parte, pero nunca imagino lo que ahora podía notar. El pelirrojo tenía sentimientos más profundos que una amistad con la castaña. Amigos de toda la vida, vivir aventuras juntos, ver crecer al otro podía llegar a crear esos sentimientos profundos. No lo culpaba, su amiga era una mujer muy hermosa, de esas que no puedes dejar de mirar sin parpadear. Alejo ese último pensamiento de su cabeza, si el pelirrojo frente a él supiera de eso no querría ver como reaccionaria.

— Le has caído bien, y a pesar de ser una joven buena y amigable no a cualquiera le confía rápido su vida.

Las palabras del auror le hicieron pensar en que tanto hablaron sobre él dentro de la carroza. No puedo evitar refunfuñar por sus adentros en contra de Hedwig por aquella vez que no le permitió escuchar lo que hablaban. Su ave y su moral, a veces pensaba que tenía más que muchas personas incluido el mismo.

— Supongo que se ha de deber a que le salve la vida.

Ronald no contesto, se limitó a jugar con sus manos. La herida en su brazo derecho se notaba mejor, aun así el aspecto era deplorable; las magulladuras se podían ver frescas.

— Eres bueno, no debí juzgarte solo porque fueses alquimista — levanto su rostro para encarar al pelinegro —. No te he agradecido por lo que has hecho hasta el momento por nosotros.

— Y no deberás.

— Claro que lo debo, no cualquiera se arriesgaría por salvar a desconocidos de unos tipos peligrosos.

— Bueno, yo solo defendía a Hermione.

Ambos chicos rieron ante la broma, era extraño que momentos atrás ni se dirigían la palabra y ahora estaban charlando cómodos riendo de una tontería. La vida siempre está girando, Harry pudo escuchar esa voz soñadora en su cabeza, sonrió al recordar quien le dijo esas palabras tiempo atrás. Cuanta verdad en esas palabras podía caber, cuanta realidad en un ser soñador podía haber. Su pensamiento se interrumpió al momento en que Hermione y su tía bajaban por las escaleras tomadas de la mano. Con lágrimas en los ojos ambas se les acercaron, la señora Greene le dio las gracias a Harry. Era incomodo como en tan pocos días la gente llevaba agradeciéndole por actos que consideraba humanos.

Les invito a comer y pasar aquel día en su casa. Necesitaban descansar si es que volverían a viajar rumbo al castillo de Howgarts. Los tres agradecieron que por primera vez en varios días tuvieran un techo que les resguardara de la intemperie otoñal. Aquella noche, Harry se sintió bien consigo mismo.

21

A la mañana siguiente Harry se despertó temprano, acomodo las cobijas que le prestaron para dormir en la sala. Sin hacer ruido, pues Ronald dormía plácidamente produciendo grandes ronquidos, salió al patio trasero para que Hedwig se ejercitara surcando los cielos; la miraba desde abajo. El cielo se teñía de blanco y un viento fresco acaricio sus mejillas. El invierno se acercaba. Se quedó un rato en el patio observando el jardín de flores de la señora Margaret, por lo que reconocía aquellas flores eran conocidas como chagem. Ese tipo de flor sobrevive todo el año acoplándose a la estación del año. En ese momento su color era un amarillo obscuro con el borde de un café claro: colores del otoño. Nunca las había visto fuera del verano, por lo que supuso que en invierno su color estaría entre el blanco y gris.

— ¿Madrugando? — se volteó para ver a Hermione tapada con una gran cobija café que la envolvía casi toda.

— No suelo dormir mucho — confeso el pelinegro —. ¿Por qué estas despierta? Deberías aprovechar descansar antes de que partamos.

La joven se encogió de hombros mientras camina hacia donde se ubicaba. Se colocó a su lado, levanto su rostro y vio a Hedwig volar junto a unos sinsajos. Ver a la lechuza no era fácil con el cielo teñido del color de sus alas.

— No estoy acostumbrada a dormir mucho — la joven se arropo al sentir una corriente de aire fresco —. ¿No tienes frio?

— He soportado climas peores.

La castaña asintió convencida de lo que decía, siendo un viajero no podía refutar tal afirmación. Se quedaron en silencio viendo al ave volar, en cierto momentos la perdían de vista, en otros la veía dar círculos sobre ellos. Un viento del este hizo que pudiera oler el aroma de su compañera, un olor a pergamino y lágrimas que le embargo y envolvió en un remolino de sentimientos. De reojo le miraba atenta a lo que su lechuza hacía, luego paso su vista a las flores. Su rostro emanaba una ternura inusual, sus ojos despedían chispas vivas de inocencia. Aparto su mirada antes de que su mente siguiera creando esos pensamientos impropios de la relación.

Hermione se hinco para estar cerca de las flores de su tía, tomo el pétalo de una y la acaricio. Levanto su rostro y lo invito a que hiciera lo mismo, obedeció sin chistar lo que para él resulto curioso. Tomo el pétalo de la flor a lado del de su compañera, se sentía aterciopelado, suaves, muy frágil al contacto.

— Se dice que esta flor se alimenta de la pureza de su jardinero — esa información no la conocía —. Si es de buen corazón los pétalos serán más suaves, frágiles en apariencia, pero fuertes.

— No es necesario ver una flor para saber que tu tía es una buena persona.

— Lo sé.

Se veía orgullosa de la mujer que en verdad no era nada de ella, su parentesco solo fue una ilusión que duro por años. El ir allí era para confirmar lo que la carta decía, y seguramente la señora Margaret fue de ayuda para saber la verdad. Le gustaría saber sobre su plática el día anterior, pero debía ser cortes y simplemente quedarse con las dudas. Ese tema no le incumbía.

— Es cierto.

— ¿Qué?

— Que no soy una Greene, y mi verdadero apellido es Granger.

Muchas preguntas se desataron en su cabeza una vez tomado el tema que trato de alejar. Aun así se contuvo y se quedó callado. Lo que le quisiera revelar estaría solamente en ella, y nada por sus preguntas.

— Mi padre me adopto a la edad de un año — retomo la confesión la joven — Soy hija de muggles.

Harry evito mostrarse asombrado por la nueva revelación de la joven, pero no podía asombrarse que le estuviera diciendo aquello. Tal vez lo hacía porque sabía que no la juzgaría como si de un hechicero de sangre pura lo haría. Tampoco le pareció extraño que siendo muggle pudiera hacer magia, muchos en la quinta región nacían con aquella fabulosa habilidad. Lo malo era que esas personas no eran bienvenidas en aquella región lejana, y en la nación de los cuatro no eran recibidos con facilidad.

— ¿Eso te molesta por ser muggle?

— Para nada — contesto con sinceridad.

Harry se sintió mal por el que ella le estuviera contando aquello, debía admitir que no era muy abierto como para que ella si lo fuera con él.

— La pureza de la sangre nunca me ha importado, y todo por la educación que me impartió mi padre — sonrió al comprender —. Supongo que lo hizo por mí, ya que él si era un sangre pura.

— Eso solo hace que lo respete aún más.

La joven lo volteo a ver enseguida. Sonrió por sus palabras y solo con ver sus ojos supo que le agradecía todo.

— No cualquiera acepta a una hija de muggles como hechicera — el pelinegro no entendió a que iba aquello —. Me da gusto que siendo tú un sangre pura no me repudies.

— Soy un mestizo.

Era justo que aprovechara el momento de volver sinceridad con sinceridad. La joven siempre mostro interés con saber más de su vida, ella compartió lo que ella vivía ahora le tocaba.

— Mi madre era hijas de muggles.

— Yo pensé que…

— No, tengo sangre de ambos mundos.

— Pero tienes sangre de hechicero — la joven miraba a Harry sin parpadear —. La comunidad mágica te acepta como un igual.

— No toda la comunidad.

Los jóvenes se quedaron viendo por un largo momento en que solo con el contacto visual se entendían. Ella estaba sorprendida de saber más sobre Harry, él la comprendía en lo que sentía. Hedwig retorno provocando que aquel contactó se perdiera, aquel que los estaba comenzando a unir.

— ¿Reniegas de tu sangre muggle?

— Para nada — sabía que podía ser sincero con la castaña sin temor a ser juzgado — Soy orgulloso de ser parte de ambos mundos.

— Eres un buen hombre, Harry.

— Puedo decir lo mismo de ti.

— ¿Qué soy un buen hombre? — bromeo la joven —. No creí que me viera tan mal.

Harry negó riendo por la broma.

— Sabes a qué me refiero — la joven le dio un empujoncito al pelinegro en forma de juego —. Y, no, no luces mal. Todo lo contrario. Te ves hermosa.

Lo último agregado hizo que Hermione se ruborizara de tal manera que pareciera un gran tomate. Harry por su lado no pensó que aquello saliera de su boca por lo que se puso de igual color; ni el cabello de Ronald era tan rojo. No se dijeron nada, miraban en direcciones opuestas tratando por no voltear a ver al otro. El pelinegro se sentía apenado por ser tan atrevido, pero de reojo creyó ver que en los labios de su compañera se dibujaba una amplia sonrisa. Se sintió aliviado que no se molestara por su gran bocota.

— Oigan, ¿Qué hacen afuera? Hace frio entren — Ronald se encontraba en el marco de la puerta moviendo su mano buena para indicarles que entraran —. Miren, ya sus rostros se comenzaban a ruborizar por el clima helado — agrego al verlos entrar.

22

Llegado el medio día, y después de comer, los tres jóvenes hechiceros se prepararon para partir. La señora Margaret se despidió incontable veces de su sobrina, le decía una y otra vez que se quedara con ella, pero la castaña se negó argumentando que debía ser una auror por su padre y hermana. Comprendiendo aquello su tía solo la felicito y dejo que partiera hacia lo que le llamo: su destino. Estando todos abordo se despidieron una vez más de la tía de la castaña, externando su agradecimiento, y comenzaron de nuevo su viaje.

A las pocas cuadras de avanzar Ronald le solicito que pasaran primero por la lechucería para mandar un mensaje a sus compañeros. El plan era avisar de lo ocurrido para que se movilizaran para investigar y capturar a los criminales. Además de pedir que pasaran por ellos al siguiente poblado al que llegarían, siendo que su nueva ruta implicaba un par de pueblos más antes de poder llegar al castillo.

— ¿Por qué no les pedimos que venga por nosotros a este pueblo? — pregunto intrigada la castaña.

— Seguridad — Ronald terminaba de escribir la carta —.No quiero que este pueblo cerca de las fronteras llame la atención por la llegada de aurores.

Eso no pareció convencer a Harry y Hermione que esperaban alguna explicación más.

— Y es más probable que en Hill se pueda colocar un puesto de avanzada que aquí — el pelirrojo le paso la carta a la castaña para que la amarrara a la pata de la lechuza mensajera —, su posición nos permitirá movernos que mayor fluidez por las fronteras.

— Tú eres el auror, te creemos.

Los tres vieron como la lechuza salía volando por una abertura en el techo. Se fue perdiendo en el cielo blanco, llevando el mensaje de advertencia esperaron que no sufriera de algún percance. Solo les quedaba seguir y esperar a encontrarse con los camaradas del pelirrojo en el pueblo de Hill.

— Son dos galeones.

La voz del hombre dueño de la pequeña lechucería hizo que los tres hechiceros se miraran con preocupación. Buscaron en sus bolsas de pantalón y falda respectivamente, no traían ni una sola moneda; ni un simple Knut. Apenados los tres voltearon a ver al hombre que les miraba con el ceño fruncido. Su viaje quizás se retrasaría un momento.


Sexto capítulo.

Cinco días han pasado y es momento de un nuevo capítulo. Ya vamos avanzados, y nos acercamos a donde voy yo, si, no he tenido mucho tiempo para avanzar… pero, bueno, siento yo que los próximos capítulos son más emocionantes y ojala que les guste. Por mientras espero conocer sus opiniones de esta nueva actualización n.n

Sin más por decir

Au Revoir.