Capítulo 7: Una mala jugarreta

Habían transcurrido dos semanas desde del día de campo. Si bien Luna no guardaba rencores de lo ocurrido, el recuerdo de ese Lobo de Madera seguía todavía muy fresco en la mente de Onyx.

Estaba recostado en su cama mirando el techo mientras pensaba. Realmente no le cabía en la cabeza que a Ilia le diera por seguir haciendo tantas tonterías. Además durante esas dos semanas sus ataques siempre iban dirigidos hacia Moonlight, aunque no tenía pruebas de eso lo sabía. El pegaso se preguntaba qué le habría hecho la unicornio a Ilia para agarrarla con ella de esa manera.

Pero había algo más que lo perturbaba, pero no de manera negativa. Cierto que Moonlight era una unicornio realmente hermosa pero la escena que había visto en la cascada le hizo perder el aliento, y tal vez el poco rastro de inocencia que aún le quedaba. Cada vez que recordaba la imagen, se olvidaba de todo, y de todos a su alrededor. Y por más que intentaba sacársela de la mente, no podía.

- "¿Qué pasa conmigo… por qué no puedo dejar de pensar en eso?" – se preguntaba.

Incluso por las noches, sus sueños se orientaban a esa escena en la cascada. Si bien de principio todo iba normal, las últimas veces se habían ido desviando un poco, hasta que, en la parte donde se suponía que salía corriendo de ahí, inexplicablemente terminó resbalando y cayendo al agua, con lo que llamó la atención de Moonlight. Pero lo más extraño de todo, fue que ella no empezó a gritar ni nada por el estilo al verlo. En vez de eso, ella se incorporó y se dirigió lentamente hacia él. Onyx no se movió, sin saber si era porque no podía o no quería, pero el hecho fue que cuando Moonlight llegó hasta él, levantó sus cascos para acariciarle las mejillas, le sonrió sensualmente, y cerrando los ojos, poco a poco fue acercando sus labios… y en ese momento se despertó.

- "Un poco más y… por Celestia, ¿en qué estoy pensando?" – Onyx no podía dejar de preguntarse hasta donde hubiese llegado aquello si no se hubiera despertado precisamente en ese momento. Miro sus alas que estaban abiertas a su máxima envergadura, se sentía apenado pero se sintió aun mas cuando un bulto se levanto de sus sabanas- "Diablos…"

El punto era que Moonlight había dejado de ser solo una invitada en casa de Onyx. Los abuelos parecían quererla como si fuese otra nieta, y Amber disfrutaba pasar tiempo con ella como si fuese su hermana mayor. La sentían como si fuese parte de la familia. En cuanto a él… bueno, él la veía en una luz muy diferente a cualquier otra chica que hubiese conocido. Y a pesar del hecho de que en realidad sabía muy poco sobre ella (nunca hablaba de sí misma más de lo necesario), Onyx no podía evitar negar lo mucho que le atraía su forma de ser. Moonlight era educada, modesta, amable y muy dulce. Pero lo que más le gustaba de ella, aún más incluso que su gran belleza, era su inteligencia y su madurez. En verdad, ella era muy diferente a todas las ponis que había conocido en su vida.

Recordó una vez que la miro a los ojos y por alguna razón inexplicable no pudo dejar de mirarlos estaba como hipnotizado por ellos, tan hermosos y brillantes. Empezaba a preguntarse… ¿qué era lo que estaba sintiendo hacia ella en ese momento? De algo estaba seguro, ya no se conformaría con ser solo su "amigo".

-o-

- Buenos días – saludó al llegar a la mesa. Todo mundo estaba sentado desayunando

- Buenos días – le respondieron. Moonlight se sentó al lado del pegaso, quien sin poder evitarlo le echó una mirada por la esquina del ojo. Como si se diera cuenta, ella volteó a verlo, y él inmediatamente apartó la mirada. La unicornio sin embargo, sonrió ligeramente.

El desayuno continuó en silencio. Sin embargo, la actitud de Onyx no pasó desapercibida por el resto de su familia. Especialmente, Amber se dio cuenta que su hermano parecía tratar de evitar el contacto visual directo con la unicornio, algo que nunca antes le había visto hacer. Incluso lo había notado que ocasionalmente se ponía algo nervioso al hablar con ella, específicamente desde que regresaron de aquel día de campo. A pesar de su corta edad, la pequeña era muy perceptiva: ¿sería posible que Onyx hubiese encontrado a una chica que le gustaba? ¿Habría pasado algo en aquel día de campo en aquel momento que se ausentaron?

- Bien, ya me voy, nos vemos – dijo Onyx al terminar.

- ¿A dónde vas, muchacho? – preguntó el abuelo. – Hoy es tu día libre, no tienes que… -

- ¿Ya lo olvidaste, abuelo? Hay que ir a decorar la plaza, el Festival de las Bromas es en unos días y prometí ayudar a preparar todo -

- Es cierto, nunca te lo pierdes por nada, hijo – rió la abuela, mientras su nieto salía sin decir más.

- ¿El Festival de las Bromas? – Preguntó Luna.- ¿Qué es eso? -

- Es un festival parecido a la Nighmare Night, en el que todo se hacen bromas unos a otros. Es muy divertido – explico Amber- Mi hermano es el mejor. Nadie se le escapa ese día, y nunca lo atrapan. Se sabe todas las trampas, y sus bromas siempre son muy buenas… pero él nunca se pasa, en serio – agregó al ver la mirada de Luna.

- Tienes que darle algo de crédito – comentó la abuela. – Es prácticamente el único día del año en que piensa en otra cosa que no sea trabajar, ese día solo le importa divertirse -

- Je, eso no quita que incluso los preparativos son trabajo para él – agregó el abuelo. – Supongo que trabaja de más porque siente que tiene que cubrir el puesto de su padre. A veces quisiera que hubiera más festivales de las bromas al año, falta que le hacen -

Luna no dijo nada, pero pareció conformarse con lo que dijeron Amber y los abuelos. En efecto, Onyx era un pegaso bastante alegre, pero eso parecía quedar opacado por su casi excesiva adicción al trabajo. Tal vez, ahora que lo pensaba, sería interesante verle una faceta diferente.

- "¿En qué estoy pensando?" – dijo para sus adentros al atraparse a sí misma con esas ideas.

-o-

Mientras tanto…

- Ilia… no sé si esto sea una buena idea -

- No te estarás echando para atrás ahora, ¿verdad, Cremia? -

Cremia e Ilia estaban en casa de esta última, "discutiendo" sus planes. Si bien Cremia seguía pensando que lo que estaban planeando hacer estaba mal, no sacaba el valor suficiente para decirle que no a poni rubia. Ya se había dejado arrastrar hasta ese punto, no había vuelta atrás ahora.

- Bien, repasémoslo una última vez, solo para estar seguras, no quiero que vuelva a pasar como las últimas veces que no logramos nada– dijo Ilia – Durante el festival de las bromas en la plaza, yo me ocuparé de crear una distracción para alejar a Ya-sabes-quién ¿Y qué harás tú? -

- Me escurriré detrás de ella, para… para… - Se le hacía muy difícil decirlo. – Para colocarle el cable en su cola-

- Y entonces, yo daré el tirón, y ¡sorpresa! Nuestra querida invasora será humillada frente a todo el mundo – concluyó Ilia sonriendo maquiavélicamente. – Jeje, esto será muy, muy divertido -

- Si tú lo dices… - dijo Cremia.

- Vamos, una vez que quitemos a esa invasora del medio, podré… podremos tener a Onyx para nosotras… hasta que se decida por alguien, claro – agregó la rubia. A Cremia, sin embargo, no se le escapó que Ilia por poco decía "podré tenerlo para mí".

- Y… supongo que, tengo razones para creer que no me vas a hacer lo mismo que le estamos haciendo a Moonlight, ¿verdad? – no pudo evitar preguntar la pelirroja.

- ¿Yo? Vamos, como crees, claro que no – aseguró Ilia.

Sin embargo Cremia no estaba del todo convencida. Si Ilia era capaz de ir tan lejos por quitar de en medio a la "competencia", y si ella llegaba a caer dentro de esa categoría, dudaba que Ilia se tentara el corazón para hacerle algo igual o peor. Por ahora, estaban del mismo lado, pero algo era seguro, esa alianza no les iba a durar mucho.

- "Por Celestia… ¿cómo fue que me metí en esto?" -

-o-

El día de bromas…

Aquella mañana, cuando Luna se despertó, al abrir los ojos no pudo ver nada, y empezó a gritar-"¡Por Celestia, qué me pasa, estoy ciega!"- pero paró cuando escuchó a alguien reírse cerca de ella. Después de un par de segundos, se dio cuenta de que mientras dormía alguien debía haberle puesto una venda negra en los ojos, y dicha persona estaba parada frente a ella, riéndose a viva voz.

- Debiste haber visto tu cara, no tuvo precio – Obviamente, era Onyx.

- Jeje, esta es buena, debo admitirlo – dijo ella. Le había dado un susto por un momento, pero tuvo que reconocer que había sido divertido.

- Nada personal. Baja a desayunar, te estamos esperando -

- No pusiste nada en la comida, ¿verdad? – preguntó Luna.

- En la tuya, no – sonrió con algo de malicia Onyx, antes de salir y cerrar la puerta.

Luna se sintió algo recelosa con ese comentario. Dijo "en la tuya, no". Quizás lo que quería decir era que le habría puesto algo al abuelo, la abuela, o Amber. Era extraño, pero por alguna razón, sintió curiosidad en conocer más a fondo el lado bromista de Onyx. Si era cierto que solo lo dejaba salir en ese día del año, tal vez nunca más tuviera la oportunidad de verlo.

-"Este día le hubiese encantado a Celestia"- pensó Luna con una sonrisa mientras se ponía un chaleco limpio.

Una vez abajo, todos estaban a la mesa, aparentemente nada fuera de lo usual. Sin embargo, Luna alcanzó a ver que los abuelos y Amber miraban de reojo a Onyx ocasionalmente, como si se esperaran que hiciera algo. Pasaron unos minutos, y no ocurrió nada, y el abuelo se paró y preguntó:

- Muy bien, hijo, ¿qué harás esta vez? -

- ¿Yo? ¿Qué esperas que haga, abuelo? -

- Hmm… el desayuno va muy tranquilo… demasiado tranquilo – dijo el abuelo.

- Tal vez… aunque… quizás en… 4… 3… 2… 1… -

Algo negro saltó fuera del tazón de avena del abuelo, aparte de salpicarlo un poco, se prendió de su camisa. El abuelo cayó de sentón hacia atrás, y empezó a agitarse.

- ¡AAAHH, QUÍTAMELA, QUÍTAMELA! -

- Ah, jejeje, caíste de nuevo, abuelo – dijo Onyx, quitándole la cosa negra. Era una araña de juguete con una llave para darle cuerda. La abuela y Amber se rieron vivamente. Luna se contuvo un poco, pero también le pareció divertido.

- Qué vergüenza, abuelito – se rió Amber. – Asustándote de una pequeña araña -

- No es gracioso – gruñó el abuelo, parándose. - ¿Dónde conseguiste esa cosa? -

- En la tienda de bromas, ¿dónde más? – dijo Onyx, limpiándola un poco con una servilleta

- Hmm, al abuelo nunca le han gustado mucho los bichitos – dijo Amber.

- ¿Y a ti sí te gustan, hermanita? – preguntó Onyx, poniendo su pata solemnemente en el hombro de Amber.

- Por lo menos no me asustan, como al abuelo – dijo ella.

- ¿Ni siquiera las arañas?

- Claro que no-

- Ah, qué bueno, porque traes una muy grande en tu hombro -

- ¿Eh? ¿Qué quieres decir con…? ¡AAAAHHH! ¡QUÍTENMELA, QUÍTENMELA! -

- Jeje, es de goma, ¿qué creíste? – Rió a carcajadas – ¿No que no les tenías miedo? -

- ¡Hermano, qué malo eres! – Amber infló las mejillas. – Algún día me voy a desquitar -

- Sí, pero ese día no será hoy – tomando la araña de goma. – En fin, ya es hora de irnos. El festival va a comenzar -

Onyx fue a coger de una mesita una pequeña alforja. No se necesitaba ser un genio para saber, o al menos sospechar, lo que había en su interior. Sin duda el pegaso planeaba hacer algunas bromas a diestra y siniestra en el festival.

- ¿Quieres acompañarnos, Moonlight? – preguntó Onyx

- ¿Eh? –

- Vamos, será divertido-

-Supongo que puedo ir. No será peligroso, ¿verdad? -

- No, claro que no… a no ser que no quieras arriesgarte a que te hagan una o dos inocentes bromas por ahí - explico Onyx- No te preocupes te protegeré de los que quieran sobrepasarse contigo

- En serio- Luna se sintió conmovida de que Onyx se dispusiera a protegerla- Bueno… no lo sé, si es que tú… -

- Hey, por mí no tienes que preocuparte. Conozco mis límites. -

- Es verdad – dijo Amber. – Las bromas de mi hermano no pasan de lo que viste aquí -

- Con lo de la venda creo que hice suficiente contigo. Ya no más para ti por hoy – dijo Onyx- Lo prometo-

- Bueno, si lo pones de ese modo, supongo que está bien – finalmente aceptó. La princesa cogió su bolso y salió junto a Amber y Onyx. Los abuelos se quedaron viendo por la ventana como los tres se dirigían hacia la plaza del pueblo para el festival. La abuela sonrió.

- Es una jovencita encantadora, ¿no crees? – le comentó al abuelo.

- Sin duda – dijo el anciano herrero. - ¿Crees que ella sea del tipo de Onyx? -

- No lo sé, es posible – dijo la abuela. – Y Onyx ya está en edad de saber qué quiere -

- Su padre tardó un poco más – agregó el abuelo. – La verdad… no me importaría si decide apresurarse un poco más. Solo tiene que dar el primer paso -

La abuela asintió, estaba de acuerdo en ello. Moonlight era más que una huésped en su casa, y era evidente que Onyx se estaba acercando a ella mucho más que a ninguna otra chica. Era una poni bonita, inteligente y dulce. Tenerla en la familia no era un mal prospecto, ¿cierto?

-o-

Toda la plaza del pueblo estaba llena de ponis de todas las edades. Bromas por doquier, todo mundo riéndose y divirtiéndose de lo lindo, inclusive las víctimas de dichas bromas las encontraban divertidas, y eventualmente conseguían su oportunidad de vengarse de sus anteriores victimarios. Después de todo, de eso se trataba el festival de las bromas.

Onyx, Moonlight y Amber caminaban echando un ojo a los puestos. Había varios que venían recuerdos, otros con juegos para ganar premios, y además había mesas con bocadillos deliciosos por todos lados, aunque algunos de estos incluían bromas, como que tenían picante o algo similar. Amber cayó con unas galletas con chispas de chocolate cuyas "chispas" en realidad eran trozos de picante coloreado de marrón. Buscando algo para frenar el ardor, le fueron a dar algo de "agua" que le puso la lengua verde. Onyx, sin embargo, se desquitó con el responsable, usando el mismo truco con la araña saltarina que había hecho con el abuelo, invitándole algo de ponche, metiendo la araña en la bebida cuando no miraba. Los tres se rieron, fue muy divertido cobrar la broma. Anduvieron de allá para acá, por todos lados, aunque más de testigos de las bromas que de participantes. Eso solo le quedaba a Onyx, quien se las sabía todas y ni una sola vez lograron pillarlo.

- Es increíble, ¿cómo es que te las sabes todas, hermano? – dijo Amber.

- No es difícil… con el libro de bromas que me dejó mamá – dijo Onyx.- Y en cuanto a ti, Luna… ¿qué te parece el festival? -

- Es… es grandioso – dijo ella, aunque la verdad la Nightmare Night era igual de divertida y también se hacían bromas.

Hacía tiempo que no había tenido esa clase de libertad desde… bueno el día que se volvió la gobernante absoluta de Ecuestria. Y el hecho de pasársela en compañía de un buen amigo era otro punto a favor, era como cuando pasaba el tiempo con el pequeño Pipsqueak en la Nightmare Night. Iba a extrañarlo mucho cuando regresara al castillo. Y de ser ese el caso, tal vez lo mejor sería no apurarse a volver.

Entretanto, del otro lado de la plaza, cierta persona observaba muy de cerca los movimientos del trío, con muy malos ojos, por la rabia de verlos juntos y tan alegres, y también por la impaciencia, ya que estaba esperando a su "compañera en el crimen", quien llegó al cabo de pocos minutos, jadeando.

- Llegas tarde –

- Lo siento, Ilia – dijo Cremia.

- ¿Lo tienes? – pregunto la poni ojiverde

- Sí, aquí está – dijo la pelirroja, sacando de su bolso una cuerda muy delgada pero resistente.

- Muy bien, una última vez. Allá, está nuestro objetivo – Ilia señaló hacia donde estaban Moonlight, Onyx y Amber. – No la pierdas de vista, y en cuanto se distraiga, ponle la cuerda, y yo me encargaré del resto. ¿Alguna duda? -

- N-no… - dijo Cremia sombríamente.

- Ahora escúrrete hasta allá y haz tu parte – le dijo, más como una orden que como una petición. Cremia ya se disponía a irse, pero de repente, una idea aún más malvada se prendió en la cabeza de Ilia. – Espera un poco… se me acaba de ocurrir una mejor idea ¿Por qué no hacemos que nuestra querida invasora crea que fue Onyx quien le hizo la broma? -

- ¿Cómo dices?

- Sí… si ponemos el otro extremo de la cuerda en la pesuña de Onyx… - Ilia sonreía maquiavélicamente. – Y si ella cree que fue él quien lo hizo… tal vez ya no le guste tanto -

- No puedes hablar en serio. Él nunca sería capaz de… -

- Siempre hay una primera vez – al parecer siempre tenía una réplica lista en la punta de la lengua. - ¿Quieres que la saquemos del medio o no? -

Cremia no sabía qué decir. No estaría siendo honesta, ya fuera que dijera "sí" o "no". Estaba en el punto medio, debatiéndose entre hacer lo correcto, y hacerle caso y seguir el juego. Sin saber cómo, asintió a fuerza con la cabeza.

- De acuerdo. Lleva la cuerda, yo me esconderé aquí mientras tanto – dijo Ilia, metiéndose debajo de una de las mesas.

Cremia se dirigió hacia donde estaban Moonlight, Onyx y Amber. Se congeló por un momento al ver la escena. Los tres realmente se veían felices, se estaban divirtiendo mucho juntos. Era una escena hermosa. Y si ella continuaba con eso, iba a romperlo todo. Algo en ella continuaba insistiéndole en que lo que hacía estaba mal, y eso ella lo sabía muy bien. Estuvo a punto de darse la vuelta e irse, cuando de repente, vio que Onyx le decía algo a Moonlight y luego se llevaba a Amber de la mano. Moonlight se había quedado totalmente sola: era el momento perfecto. Impulsada por una fuerza desconocida en su interior, se dirigió hacia ella cuando le dio la espalda, lista para colocarle la cuerda… hasta que…

- ¿Eh? Ah, Cremia, ¿cómo estás? – la saludó.

- "Rayos" – pensó, mientras ocultaba tras de sí, la cuerda. – H-hola – le respondió tratando de ocultar su nerviosismo, y al mismo tiempo de pensar en cómo hacer que no le prestara atención para volver a lo que se suponía que debía hacer. – Espero que estés disfrutando del festival -

- Es muy divertido, aunque… ya vi que algunos se pasan un poco de la raya con sus bromas -

- "Y no sabes cuánto" – pensó la pelirroja. Su conciencia le dio una descarga, después de todo, ella era una de dichos individuos.

- ¿Te pasa algo? -

- Ehm, bueno, yo… -

A Cremia no se le ocurría como distraer a Moonlight. Se suponía que solo tenía que deslizarse sigilosamente y colocarle el gancho en su cola sin que lo notara, pero ahora que la había pillado, no hallaba qué hacer. Sonaba mucho más fácil cuando Ilia lo decía, pero ya se había dado cuenta que no lo era. Ilia, por su parte, estaba comenzando a impacientarse.

- Vamos, Cremia, ¿qué esperas? ¡Hazlo de una buena vez! – mascullaba entre dientes.

Moonlight no entendía por qué Cremia se veía así de agitada y nerviosa, si se suponía que ese festival era para hacer relajo y divertirse. La princesa no tenía la menor idea de la lucha interna que se estaba librando en la cabeza de la pelirroja, debatiéndose entre la amistad que tenía con Onyx, y por supuesto con la unicornio por su amabilidad, y ese oculto deseo de poder "quitar a la competencia" para tener una oportunidad de ser algo más que amiga del pegaso, si bien la parte racional de su conciencia intervenía diciendo que esa no era la manera de hacer las cosas

- Ehm… oye, ¿no quieres ir a probar las galletas de bufones? – dijo lo primero que se le vino a la mente, señalándole una mesa donde estaban sirviendo bocadillos.

- ¿Eh? buena idea- dijo Luna saboreándose las galletas

Y justo en ese instante, apenas la unicornio se dirigió hacia la mesa por las galletas, Cremia deslizo la cuerda en la cola de Moonlight apretándola lo suficiente para que esta no la notara, dio media vuelta y salió como alma que lleva el diablo, perdiéndose entre la multitud, directo hacia donde estaba Ilia escondida.

- Ya era hora, te tardaste un buen – dijo Ilia. – Bueno, ahora la segunda parte, ya sabes lo que tienes que hacer -

- Sí, sí, lo sé – asintió.

Cremia atisbó por debajo de las mesas, intentando localizar a Onyx. No le tomó mucho tiempo encontrarlo, ya que iba de la mano con Amber, pero eso era un problema, si ella estaba presente no podía colocarle el otro extremo de la cuerda. Su conciencia todavía seguía diciéndole que desistiera, era estúpido lo que estaba haciendo, y ella lo sabía muy bien. Sin embargo, para su buena, o mala suerte, en ese preciso instante pasó Zephir, que se llevó a Amber a jugar, dejando al pegaso solo. Sin saber muy bien como, se escurrió hasta donde él estaba, y con mucho cuidado, deslizó el extremo en la pezuña derecha de Onyx sin que este se diera cuenta. Acto seguido, se incorporó, y le hizo una seña a Ilia.

- Bien, llegó la hora. – dijo tomando la cuerda, y observando como Moonlight se deleitaba con las galletas y los bocadillos en la mesa. – Muy bien, invasora, estás a punto de quedar "en vergüenza"-

- ¿Eh? – Luna sintió de repente un fuerte tirón que la arrojo hacia atrás contra algunas mesas llenas de comida chocando contra ellas derramando todo su contenido sobre su cabeza y cuerpo, quedando completamente empapada y embarrada de todo tipo de comida.

Las carcajadas de todos hacían eco en sus oídos. Nunca, jamás, en toda su vida, se había sentido tan… avergonzada sería decir poco, más bien "humillada", sería un mejor término. Tardó un poco en darse cuenta que había una delgada cuerda atada a su cola. La cuerda se extendía hasta el otro lado de la plaza, la fue siguiendo y entonces vio a…

- No puede ser… -

Estaba estupefacta. De todas las personas, no podía creer que fuese él. Si esta era su idea de una broma, no era nada divertida. Furiosa, siguió la línea de la cuerda, que iba directo hacia el casco de, ¡nada más y nada menos que Onyx!

- ¡ONYX! – gritó con voz real de Canterlot al plantarse frente a él, no le importo que todos la estuvieran viendo. - ¿¡Esta es tu idea de una broma!? – grito de nuevo con voz real de Canterlot dejando a todos los presentes asustados de que alguien pudiera gritar a sí.

- ¿Moonlight, qué…? – no pudo terminar ya que Luna lo abofeteo con tanta fuerza que le hizo girar la cabeza, el pegaso casi se cae de la fuerza del impacto.- ¡Hey! ¿Por qué hiciste eso? – Onyx se sujetó la mejilla

- Pensé que conocías tus límites. Es increíble, no pensé que fueras capaz de algo así – prosiguió Luna. - ¿Y no habías dicho que ya habías hecho suficiente conmigo por hoy? – dijo mientras todo tipo de comida escurría de su pelaje y crin

- Oye, espera un segundo. – intentó defenderse Onyx. – Es cierto que me gusta hacer bromas, pero yo no sería capaz de… -

- ¿Y cómo es que esta cuerda llega hasta aquí, hasta dónde estás tú? Si ibas a hacerlo, al menos creo que debiste deshacerte de la evidencia incriminatoria, ¿no? -

- ¿Qué? Eso no es mío, alguien debió ponerlo mientras yo no miraba. -

- Sí, una historia muy probable. Te juzgué mal. No sabía que fueras capaz de algo asi -

- Oye, aún si lo hubiese hecho, que no lo hice, ¿crees que iba a ser tan idiota de quedarme con esto encima? –

- Acabas de probar que lo eres -

- Moonlight, te lo juro, yo no… -

- ¡No… me…! ¡HABLES! – interrumpió Luna gritándole con su voz real de Canterlot casi mandándolo a volar de la fuerza de su voz – Y si me quieres volver a hablar, al menos empieza por reconocer lo que hiciste –

Dicho esto, se dio media vuelta y comenzando a quitarse un poco los restos de comida se fue de ahí, ante las miradas atónitas de todos los presentes. Onyx corrió tras ella, llamándola por su nombre, pero ella no quería escucharlo. Mientras se iban, dos chicas observaban la escena, una muy feliz, la otra no tanto.

- Misión cumplida – dijo Ilia, sonriendo de oreja a oreja.

- Ilia, ¿se nos fue la mano, no crees? – preguntó Cremia.

- Bah, tonterías. Bastará para deshacernos de esa invasora. Y ya te lo dije, esto no le hará daño a nadie -

- Si tú lo dices… -

Ilia se fue, muy satisfecha de lo que había hecho, y sin remordimiento alguno. Cremia, por otra parte, su conciencia la seguía atormentando. Quizás, solo quizás, habían ido un poco demasiado lejos con esa broma. Y no tenía forma de saber qué consecuencias a largo plazo podría tener esa clase de jugarreta.

-o-

Luego del incidente en la plaza, Luna estaba lista para empacar sus cosas e irse de la casa de Onyx. El todavía seguía insistiéndole en que él no fue quien le hizo esa broma, pero ella no lo escuchaba. Realmente estaba furiosa, y más aún por el hecho de que Onyx tuviese el descaro de negar lo que había hecho. Pero el pegaso repetía obstinadamente que era inocente, y que seguramente alguien le había tendido una trampa para inculparlo por eso. Aunque, si bien tenía sospechas de quién había sido, como no se atrevió a señalar a nadie sin tener pruebas, Luna siguió convencida de su culpabilidad. La joven estuvo a punto de abandonar la casa, pero los abuelos y Amber la convencieron de que no lo hiciera, en parte por haberse encariñado mucho con ella, y en parte también para que no se fuese sin arreglar las cosas con su nieto. Sintiéndose en deuda por la hospitalidad que le habían dado, aceptó reacia quedarse, no obstante, no parecía tan entusiasmada en querer arreglar el asunto.

A la hora de las comidas, en cuanto Onyx aparecía, ella levantaba su plato y se iba de la mesa para comer en su habitación. La unicornio buscaba evitar cualquier contacto visual, y si él intentaba decirle algo, aunque fuese solo un "buenos días" o lo que fuera, su respuesta era siempre la misma: una corriente de aire ártico. La princesa había adoptado una rutina específica para minimizar el tiempo de contacto que tuviese con él: después del desayuno, en la mañana, se iba a la biblioteca a hacer sus "deberes habituales", regresaba para el almuerzo, y apenas terminaba volvía a salir.

Se dio cuenta que por tener la mente en "otras cosas" le resultaba muy difícil concentrarse. Se reprendió a sí misma por ello, ¿por qué no podía sacárselo de la cabeza? O más bien, ¿por qué no podía sacarse a él de la cabeza?

Al volver a casa de Onyx, escuchó golpes en la fragua. Por la ventana del taller alcanzó a ver que el pegaso estaba martillando, y se detuvo a mirarlo. Vaya, por lo menos no dejaba de lado sus tareas habituales, era un duro trabajador, tenía que reconocerlo. Los ojos de Onyx de pronto se desviaron, y se fijaron en los de Moonlight. Dejó de dar golpes con el martillo, dirigiéndole una mirada… ¿"esperanzada", tal vez? Ella no pudo evitar, por un segundo, que esa mirada la enterneciera un poco, pero su orgullo intervino, haciéndola que tomara una expresión dura, e ignorándolo entró a la casa. Al haber hecho eso, la unicornio no se dio cuenta que la expresión de Onyx cambió a abatimiento total en un parpadeo. Eso le dolía mucho más que una bofetada.

- ¿Qué pasa, hijo? – preguntó el abuelo, que estaba del otro lado, fundiendo hierro. - ¿Moonlight sigue enfadada? -

- Aparentemente – respondió el pegaso

- Dale algo de tiempo – dijo el abuelo, poniendo su pezuña en el hombro de su nieto. – Ella no es una mala chica -

- Ya lo sé… - suspiró Onyx. – Pero solo quisiera que al menos me escuchara… -

Adentro de la casa, la abuela y Amber estaban preparando la cena. En verdad olía muy bien, sin embargo, Moonlight seguía molesta al punto que no tenía apetito. Subió a su habitación y poniendo el cerrojo, se sentó en su cama.

Permaneció así por un buen rato. No tenía un reloj, pero a juzgar por cómo se ocultaba el sol, probablemente hubieran sido unas dos horas. Su mente estaba dirigida a una sola cosa… esa mirada enternecedora que Onyx le había dado…

- "Tonto…" – pensó. – "Si se hubiera disculpado al menos…" -

Luna no supo de donde le salió eso. Si bien era cierto que estaba muy molesta con él, no era menos cierto que también hubiera estado dispuesta a perdonarlo si él se disculpaba. Después de todo, aunque había sido una broma de mal gusto, no pasaba de ser eso, una broma. Y en el fondo, muy en el fondo, ella no quería estar peleada con él. Pero él también tenía que poner de su parte, pensaba ella, y reconocer su falta.

¡KNOCK! ¡KNOCK!

- ¿Quién es? – preguntó Luna, de malas pulgas. Si era Onyx no se molestaría en abrirle, a menos que fuese para disculparse.

- Amber – respondió una vocecita. – ¿Puedo pasar? -

Luna no respondió, pero le abrió con su magia desde la cama. La pequeña traía una bandeja con comida para ella flotando también con su magia.

- No viniste a cenar – dijo Amber, algo temblorosa.

- No tenía hambre – dijo Luna, tratando de no sonar demasiado dura. La princesa levito la bandeja para quitarle la carga a Amber, pero la puso en su mesa de noche. Acto seguido, se sentó en el borde de su cama. La pequeña unicornio se le acercó, y tras un momento de silencio, decidió hablarle.

- Sigues molesta con mi hermano, ¿verdad? – preguntó.

- Hmm… - Luna desvió la mirada.

- Bueno… sigue diciendo que no fue él. Yo conozco bien a mi hermano. Él es… es un buen muchacho. Y bueno… yo sé que tampoco le gusta decir mentiras, ni tampoco tomar crédito por cosas que no hace. Si dice que él no lo hizo… es porque él no lo hizo. -

Luna la miró a los ojos. La inocencia de la pequeña tal vez influyera en eso, que quisiera creerle y defender a su hermano, y era comprensible. No obstante, Amber, a pesar de notarse nerviosa por hablar con Luna de ese modo, sonaba muy segura de lo que decía.

- Bueno… yo me voy a dormir. Hasta mañana – le dijo antes de salir del cuarto.

Amber desapareció tras la puerta cerrada. Luna siguió pensando en lo que le había dicho. Onyx todavía seguía insistiendo en que él no había hecho esa broma. Y por extraño que pareciera, una parte de ella quería creerlo, después de todo, el había sido muy amable y hospitalario con ella desde que llegó, y más aún, había sido un buen amigo. Pero por otro lado, su orgullo de princesa le hacia muy difícil el aceptar que se había equivocado. Un pensamiento terrible la asaltó en ese momento: si Onyx era inocente… ella habría cometido un gravísimo error, al haberse portado tan fría con él.

-o-

Al día siguiente…

Era cerca del mediodía, Onyx había estado trabajando en la fragua desde muy temprano, intentando darle forma a la hoja de una espada. Golpeaba el martillo con mucha más fuerza de lo habitual, aunque más por la rabia que por otra cosa. Su abuelo le advirtió que no se pasara, o podría terminar dañando los trabajos por estar martilleando de más. Sin embargo, en ese momento no veía otro escape para dejar salir sus frustraciones. Ahora trataba de pasar más tiempo dentro del taller, en un intento por mantener su mente ocupada, y alejada de esos pensamientos. Desde que se había peleado con Moonlight, su humor había estado afectando todo lo que hacía.

Había cesado en sus intentos de hablar con ella, después de todo, ella no estaba dispuesta a escucharlo. Seguía muy enfadada por lo ocurrido en la plaza el día de las bromas, y no podía culparla, después de todo, había sido una humillación pública enorme. Pero él no había sido el responsable. Alguien le había tendido una trampa, eso era seguro. ¿Pero quién, y más importante aún, por qué?

- ¡Huy! – Onyx golpeó tan fuerte que una chispa saltó de la hoja al rojo vivo y le dio en la mejilla, muy cerca del ojo. – Por Celestia… ¿por qué todo me está saliendo mal? -

- Hola, Onyx – lo saludó de repente alguien. Onyx se volteó a ver, y se dio cuenta que era Cremia.

- Hola – respondió él, tratando de no sonar malhumorado.

- ¿Estás bien? – preguntó ella. – Te ves algo… alterado -

- No es nada. – dijo él, aunque ella sabía que estaba mintiendo.

- No me mientas, algo te pasa. -

- Ah, qué importa. No tienes por qué andarte inquietando por mis problemas. -

- ¿No quieres hablar de eso? – Preguntó la poni terrestre – Si quieres, vamos a tomar algo, y me cuentas qué te pasa -

- Gracias, pero no. Creo que ahora no estoy de humor –

Esta vez, Cremia notó que la expresión de Onyx se puso algo sombría, y sintió una punzada en el pecho. Ella vio como el pegaso finalmente dejaba el martillo, y se iba a sentar en un banco, claramente deprimido. Algo dentro de ella la impulsó a acercársele.

- Onyx… ¿Moonlight todavía está… molesta contigo? -

- Decir que está molesta es poco – respondió. – Más bien, yo diría que me odia. Hace días que no me dirige la palabra. Y todo por aquel condenado incidente en la plaza -

- Oye, seguro que se le pasará – dijo tratando de animarlo. – Después de todo… eso fue solo una broma, ¿no? -

- ¡Pero es que yo no lo hice! – grito indignado. Al ver que su amiga se asustó con su grito, trató de calmarse. – Y ella no quiere creerme -

- ¿No… has tratado de hablar con ella? ¿En dónde está? -

- No sé, y la verdad es que no me importa – dijo Onyx. – Hace días que sale de la casa, a veces por horas, y no sé a dónde va ni lo que hace. Si ella no quiere que me meta en sus asuntos, pues que así sea. Lo que sí quisiera es… -

Se contuvo un momento. Algo en su interior se sentía como si estuviera a punto de estallar. Pero no podía reprimirlo más, tuvo que dejarlo salir.

- Solo quiero encontrar al bufón que me puso esa trampa. Te lo juro, si llego a saber quién es… me las va a pagar. -

Cremia tragó en seco al oír esas palabras. El pegaso en verdad estaba muy furioso, su voz sonaba como que quería destrozar al que lo había incriminado. Y poco sabía, que dicha persona estaba parado a menos de un metro de distancia de él. Una chispa de remordimiento se encendió dentro de Cremia, y su conciencia le habló: "Tú tienes la culpa, tú lo hiciste." La culpa la asfixiaba. Sintió el deseo de confesarlo todo, pero tenía miedo de hacerlo, por temor a cómo iba a reaccionar su amigo cuando lo supiera.

- Bueno… mientras lo encuentras… yo creo que tal vez… debías seguir intentando hablar con Moonlight – dijo haciendo un esfuerzo enorme. – Lograr que te escuche, por lo menos. Ella es una buena chica, seguro que si sabes acercártele lo hará -

- ¿Tú crees? – Onyx exhaló un suspiro y continuó. – Supongo que no tengo nada qué perder. Creo que iré a buscarla -

- Sí, deberías hacerlo. Bueno, yo me tengo que ir a hacer mis entregas. Nos vemos luego -

Cremia salió del taller y se amarro su carreta. Se regañó a sí misma por no haberle dicho nada, pero tenía mucho miedo. Sabía que Onyx la apreciaba como amiga, y no quería arriesgarse a perder eso. Se puso a reflexionar sobre su conducta, si había llegado tan lejos para tratar de conseguir el afecto del pegaso, tal vez ella no era la chica indicada para él. Tal vez él se mereciera a alguien mejor… alguien como Moonlight.

-o-

Un poco más tarde…

Onyx iba caminando por el pueblo, preguntando a todo el que veía si habían visto a Moonlight. Si no estaba en la biblioteca, no se le ocurría donde más podría estar. Happy Milk Farm estaba demasiado lejos a pie como para que ella fuese a echarse un viaje hasta allá. Fue a ver si estaba en el bar lácteo, pero el barman le dijo que no la había visto en varios días, específicamente desde el día de las bromas, luego de aquel incidente. Incluso se paró en la escuela, preguntándole a Zephir, Romani y a su hermanita Amber si por casualidad la habían visto, pero él le dijo que no. Después de un rato de andar por ahí, sin encontrarla, fue a sentarse en una banca en la plaza del pueblo. ¿A dónde más podría haber ido?

- ¡Hola, Onyx! – le saludó de repente alguien. Miró arriba, y vio a Ilia, bastante más alegre de lo habitual.

- Hola – respondió él por lo bajo, y apenas haciendo un gesto de levantar la pezuña. Ella era la última persona a quien quería ver en ese momento.

- ¿Qué te pasa? ¿Por qué la cara larga? – preguntó Ilia, aún sabiendo bien el motivo de eso.

- No es asunto tuyo – dijo él, mientras ella se sentaba.

- Vamos, Onyx, cuéntame, ¿qué te pasa? – pregunto sentándose a su lado. Onyx hizo un ademán de correrse un poco para alejarse. – Somos amigos, ¿no? -

- "¿Somos amigos?" – pensó en ese momento, viéndola de reojo. No podía decir "sí" de manera honesta, así que no dijo nada. Que lo fueron alguna vez, quizás, pero ahora, no estaba tan seguro. Desde hacía tiempo Ilia no tenía interés en ser su "amiga", y él lo sabía muy bien.

- Oye, ¿quieres ir al bar lácteo a tomar algo a mi cuenta? – le ofreció ella.

- No, gracias – respondió secamente.

- Vamos, te hará bien – insistió.

- Dije que no –

- Hmm… - frunció el cejo. – Déjame adivinar… sigues peleado con la tal Moonlight -

Onyx solo le dirigió una mirada que parecía decir "¿Qué comes que adivinas?", pero no habló. Y por alguna razón, tenía el presentimiento de que Ilia de ninguna manera sentía pena de que estuviese peleado con la unicornio.

- Vamos, no te amargues por ella – le dijo, poniéndole un casco en el hombro. – Es una tonta, no vale la pena -

- Ella no es ninguna tonta – dijo Onyx alzando la voz.

- Buf, si se puso así por una broma tan estúpida... – dijo Ilia.

- ¿Tú que sabes? – dijo Onyx poniéndose de pie, dispuesto a alejarse de ella.

- ¿A dónde vas? -

- No es de tu incumbencia – empezando a caminar.

- Onyx, espera -

- ¡Déjame solo! – le gritó, furioso. – Apártate… de… mi… camino -

Asustada por el rostro furioso de Onyx, Ilia obedeció sin rechistar, aún cuando en el fondo le diera rabia que no quisiera prestarle atención. Aparentemente, separarlo de Moonlight no tuvo el efecto deseado.

Onyx se puso a caminar sin rumbo, estaba tan molesto que no se fijaba muy bien por donde iba, pero afortunadamente, los que pasaban frente a él se apartaban al ver su rostro, transfigurado por la rabia. Estuvo caminando por un buen rato, hasta que, antes de darse cuenta, se había salido de la entrada oeste del pueblo. Ese sendero era poco transitado, ya que iba hacia la Granja de Cremia y usualmente solo la carreta que Cremia y Romani usaban para sus entregas lo utilizaba en algún momento. Habiéndose tomado unos segundos para intentar apagar un poco su rabia, pensó que tal vez podría ponerse a caminar por ahí un rato, tal vez eso le ayudara a calmarse. A falta de un mejor entretenimiento, se puso a patear las piedras en el camino, una forma algo tonta de canalizar la rabia tal vez, pero era mejor que hacerlo con otra persona. Estando de ese humor, pensó, quizás sería mejor posponer la búsqueda de Moonlight un poco. No quería pillarla estando de mal humor y empeorar aún más las cosas.

- ¿Hmm? – Se detuvo de pronto. Como a unos 100 metros de donde estaba, por detrás de unos árboles, creyó ver un fogonazo de luz azul por una fracción de segundo. – Debe haber sido mi imaginación -

Pero no lo fue. Unos 10 segundos después, vio otro fogonazo igual. Aún sin saber quién o qué pudiera ser lo que lo causaba, corrió hacia allá para averiguarlo. Llegó hasta un claro que estaba cerca de la entrada hacia lo que en el pueblo llamaban "Los Bosques Perdidos", y allí… estaba ella.

Moonlight hizo levitar algunos pergaminos con su magia y en un segundo todos los pergaminos se esfumaban en el aire convirtiéndose en humo de color azul, pronto se dio cuenta de que no estaba sola. Onyx estaba ahí, evidentemente había presenciado todo. La mirada de la unicornio bastó para decirle, sin palabras que acababa de ver algo que no debería haber visto. Los dos permanecieron en silencio, como esperando a que el otro dijera algo, mirándose fijamente. Finalmente, tras lo que pareció un milenio, fue él quien habló.

- No… no sabía… que pudieras hacer eso –

- ¿Lo viste? – preguntó, en tono de advertencia. - ¿Lo viste todo? -

- Yo… no quise. Pasaba por aquí y… -

- Si se lo cuentas a alguien… nunca te lo perdonaré – Sonaba como a una amenaza con un tono de voz no tan alto como la voz real de Canterlot.

- ¿Para qué iba a hacerlo? – respondió tratando de controlar sus nervios.

- Y de todos modos… ¿qué haces aquí? – preguntó ella. – Creí haberte dicho que no quería que me siguieras -

- No te seguí. ¿Cómo iba yo a saber que estabas aquí? – se defendió. Eso era verdad, había sido mera casualidad que él pasara por ahí en ese preciso momento. Claro que, hacía un rato había estado buscándola, sin éxito.

- Bueno… si ya terminaste con tus asuntos… déjame sola con los míos… por favor – dijo ella, añadiendo las últimas dos palabras para que sonara como una simple petición y no como una orden.

Onyx por un momento pensó en hacerle caso, y se dio media vuelta, pero apenas dio un par de pasos, algo dentro de él lo detuvo. La había estado buscando para hablar con ella, y por fin la había encontrado. Los dos estaban solos, nadie podría molestarlos ahí. Era el momento, era ahora o nunca.

– Primero… necesito hablar contigo- volteando otra vez para encararla.

- ¿Sobre qué? – preguntó ella, aunque sabía lo que iba a responder.

- Ese incidente en la plaza, te aseguro que yo no… -

- Si vas a seguir con tus excusas puedes ahorrarte el aliento – dijo ella tajante. - ¿Por qué no te portas como un semental y lo admites? -

- Solo te pido que me escuches un segundo… - dijo él comenzando a caminar hacia ella.

- Tú y yo no tenemos nada de qué hablar – le dio la espalda.

- Moonlight, por favor – dijo él sujetándole los hombros para voltearla y obligarla a mirarlo.

- ¡SUÉLTAME! – gritó ella con tal fuerza que arrojo al pegaso de espaldas.

Onyx se incorporo, preguntándose como lo había hecho, pero no tenía tiempo para eso. Volvió a sujetarla pero tratando de no lastimarla.

- Lo haré cuando te calmes, y escuches lo que tengo que decir – replicó.

- ¡QUE ME SUELTES! – grito de nuevo con fuerza, esta vez Onyx logro poner suficiente fuerza en sus patas traseras y sus alas para mantenerse en equilibrio en su lugar. Luna gritaba como si estuviese siendo víctima de un acosador, finalmente, entre tanto forcejeo, alargó una de sus patas y…

¡PLAF!

La dura bofetada tomo a Onyx totalmente desprevenido. A pesar de su apariencia, Moonlight fue capaz de asestarle con mucha fuerza, incluso más que la última vez, si eso era posible, dejándole la marca roja en la mejilla.

- ¡YA DIJE QUE NO QUIERO HABLAR CONTIGO! ¡TE ODIO! – gritó con su voz real de Canterlot. antes de dar media vuelta y salir corriendo en dirección hacia el bosque cercano.

- ¡MOONLIGHT! ¡REGRESA! – grito el

- ¡ALÉJATE DE MÍ! – fue su respuesta, internándose aún más.

Sin más, el pegaso comenzó a volar tras ella, gritándole que se detuviera, pero ella no le hacía caso. Cuando estuvo a punto de darle alcance, apenas vio por una fracción de segundo como Moonlight hizo brillar su cuerno lanzando un rayo de luz azul. El golpe acertó en el pegaso lanzándolo hacia atrás contra un árbol golpeándose la cabeza, mientras que Luna siguió corriendo, tratando de alejarse todo lo posible.

Onyx tardó unos minutos en recuperar la conciencia, y recordar lo que estaba haciendo. Tenía un chichón atrás de la cabeza, pero el dolor dejó de importarle al acordarse de lo que había pasado. Moonlight se había metido en "Los Bosques Perdidos". El lugar era un verdadero laberinto, si entrabas ahí difícilmente podrías volver a salir, y además estaba lleno de bestias muy peligrosas.

- "Tengo que encontrarla… tengo que encontrarla…" – se dijo, mientras comenzaba a adentrarse más. Él era uno de los pocos que conocía bien esos bosques. Si Moonlight se perdía y algo le pasaba… sería culpa suya. No podía permitirlo.

-o-

Luna paró de correr cuando se le acabaron las fuerzas se sentía cansada física y mentalmente por haber enviado todos los pergaminos que Cadance le había enviado agoto un poco su magia. Ya había perdido a Onyx de vista, pero al hacerlo también se perdió ella misma y ya no tenía idea de dónde estaba. De todos modos eso ya no importaba. Se sentó al pie de un gran árbol a recuperar el aliento. Después pensaría en cómo salir de ahí.

Los árboles tapaban tanto la luz del sol que el bosque estaba bastante oscuro, y comenzaba a oscurecer lo que dificultaba aun más la visibilidad. Tuvo que admitir que estaba un poco asustada, al estar ahí sola y perdida. Bueno, había corrido en línea recta casi todo el trayecto, simplemente tenía que regresar por donde vino… o podía teletransportarse a la entrada del pueblo sin que la vieran una vez que se recuperara.

- Debió dolerle mucho el rayo que le lance… - dijo de repente, sin dirigirse a nadie en particular. – Bueno, creo que es lo menos que se merece -

De pronto, escuchó algunos ruidos, como hierba y ramas crujiendo.

- ¿Qué fue eso? – preguntó de pronto. - ¿Quién está ahí? -

Se puso de pie, y empezó a mirar a todos lados. Pronto, los crujidos fueron acompañados por lo que parecían ser gruñidos. En ese momento se acordó: Ya le habían advertido que los Bosques Perdidos estaban llenos de bestias salvajes muy peligrosas, y la realización la golpeó en la cabeza.

Luna se preparó para recibir a su atacante, fuese lo que fuese, hizo brillar su cuerno y concentrándose empezó a formar una esfera de energía de color azul, preparándola para lanzársela en cualquier momento a lo que fuera que estuviese acechándola. Moviéndose con mucha cautela, aguzó el oído e intentó evaluar bien de dónde provenían los gruñidos. Justo en ese instante, oyó un rugido a su lado izquierdo, y algo enorme saltó hacia ella desde un arbusto.

- ¡AAHH! -

Sin mirar, soltó instintivamente la esfera de energía contra su atacante, la cual estalló en un destello azul en cuanto impactó. La cosa que la atacó dio un quejido y se desplomó inerte ante ella. Cuando pudo verlo bien, se dio cuenta que se trataba de una manticora, una criatura con cuerpo y cabeza de león, alas de murciélago y cola de escorpión. Aún había gruñidos a su alrededor, de modo que Luna rápidamente dedujo que debía haber más de ellos rodeándola. No queriendo tener que lidiar más con ellos (además no tenia la magia suficiente para hacerlo), y olvidándose de lo cansada que estaba, comenzó a correr sin saber hacia dónde, solo quería escapar, pero las bestias no iban a dejar ir a su presa tan fácilmente y de inmediato emprendieron la persecución.

- ¡AUXILIO! ¡QUE ALGUIEN ME AYUDE, POR FAVOR! – empezó a gritar, deseando, más que creyendo, que hubiera alguien lo suficientemente cerca para oírla.

Luna continuó corriendo, intentando despistar a las Manticoras, dando vueltas y zigzagueando entre los árboles, sin poner mucha atención a la dirección en la que iba. Finalmente, para su desgracia, no vio una serie de raíces delgadas que sobresalían del suelo, se enredó con ellas, y cayó. Cuando intentó levantarse, se dio cuenta que su pata estaba toda enredada entre las raíces, desesperada intentó romperlas pateándolas con fuerza, pero mientras lo hacía, las Manticoras, que eran cuatro, le dieron alcance, y para su horror la más grande de ellas estaba lista para lanzarse contra ella. Luna puso sus cascos frente a su cara, no quería ver.

- ¡MOONLIGHT! – gritó de pronto una voz, y antes de darse cuenta, oyó el sonido de algo enterrándose en carne y un escalofriante gemido de dolor. Esperanzada, pero aún agitada, Luna miró, y vio, de espaldas, que se trataba de Onyx, y a sus pies yacía inerte la Manticora, de cuyo cuello brotaba sangre a borbotones, sangre que también había quedado en una lanza improvisada que Onyx hizo con una larga rama.

- ¿O…Onyx? – No podía creer que hacía solo unos minutos deseaba estar lejos de él, y ahora no podía estar más contenta de verlo.

- ¡CÚBRETE! – gritó el pegaso.

Luna estaba demasiado asustada como para desobedecer, y sin perder tiempo se ocultó tras un árbol a buena distancia, mientras observaba como las tres manticoras restantes se lanzaban ahora a atacar al pegaso esquivó la primera acometida, y empuñando su arma, lo apuñaló por detrás de la cabeza. El segundo empezó a atacarlo dando zarpazos con sus garras, y en una de esas lo hirió en su pata derecha. Onyx retrocedió intentando ganar tiempo y con un zarpazo la bestia rasgó el costado izquierdo del pegaso, pero haciendo caso omiso del dolor o la sangre, le asestó un golpe con la punta afilada en la cabeza que Luna casi pudo escuchar como se le partía el cráneo. Sin embargo, mientras este se desplomaba, el último rodeó a Onyx, y aprovechó para atacarlo por detrás, levanto su cola de escorpión clavándola en su hombro inyectándole su letal veneno.

- ¡AAAAAARRRGHHH! – gritó Onyx.

- ¡ONYX! – gritó Luna, horrorizada por lo que acababa de ver, e ignorando su miedo finalmente abandonó su escondite, pero antes que pudiera hacer nada, el pegaso sacando fuerzas de quién sabe dónde, hundió la lanza en el estómago de la bestia para que lo soltara, y sin importarle más nada, concentrando todo el vigor que le quedaba en un supremo esfuerzo, se dio la vuelta y lo remató clavando la lanza en el pecho de la bestia.

Onyx apenas tuvo un segundo para saborear su triunfo, porque en ese momento todo comenzó a ponerse borroso. Los efectos del veneno empezaban a manifestarse. Su cuerpo se sintió pesado, y su pata ya no pudo sostener la lanza improvisada por más tiempo, cayó pesadamente al piso sin que nada detuviera su caida. Apenas pudo ver como Moonlight corría frenéticamente hacia él, y se arrodillaba para sostenerlo.

- ¡Onyx! ¡Por el amor de…, por qué…! -

- Moonlight… - dijo con dificultad, los párpados le pesaban, pero hacía un esfuerzo por mirarla a los ojos, notándose que estaba totalmente angustiada.

- ¡No hables, conserva tus fuerzas! ¡Tengo que sacarte de aquí! -

- Moonlight… te lo juro… - se le hacía difícil el solo hablar, pero haciendo acopio de fuerzas continuó - … por mis padres… que yo no… lo hice… -

Y con estas palabras, se desplomó. Horrorizada por un momento, Luna tuvo que calmarse, y chequeando su respiración se dio cuenta que aún estaba con vida. Lo más que podía hacer por ahora era tratar de frenarle el sangrado, así que usando su magia invocó un hechizo de curación para cerrar las heridas. Pero aún quedaba el problema del veneno. Sabía que podría sobrevivir antes de que el veneno lo matara, pero no tenía consigo antídotos ni nada por el estilo, y no iba a poder sacarlo arrastrando de ese bosque, entre las bestias y lo que Onyx pesaba, no podría llegar a tiempo al pueblo.

- Solo hay una salida… tengo que hacerlo… - se dijo.

El hechizo de teletransportación, concentrándose con todas sus fuerzas en la entrada del bosque, activo su magia. Una luz de color azul los rodeó a ambos, y al disiparse ambos desaparecieron de ahí.

Unos segundos después estaba fuera del bosque en el sendero. No obstante, al haberse teletransportado a esa distancia y con lo cansada que estaba, se había quedado casi sin fuerzas, y aún estaba algo lejos de Hooftown, y de la clínica. Resignada, y sin más que hacer, intentó cargar a Onyx, pero él era mucho más pesado que ella, y ella no gozaba de una constitución robusta, así que solo pudo arrastrarlo, con mucha dificultad.

- Hermana… por lo que más quieras… ayúdenme, no dejes que Onyx muera por mi culpa… - rogaba, mientras jalaba el pesado cuerpo del pegaso.

Como en respuesta a su plegaria, Luna oyó el ruido de cascos acercándose, y cuando vio hacia el sendero, notó que una carreta se venía acercando. Esperanzada, soltó a Onyx por un momento y corrió hacia el camino mientras gritaba:

- ¡AUXILIO, POR FAVOR! – La carreta pareció notarla, ya que de pronto apuró el paso y se dirigió hacia ella. Al acercarse más, Luna vio que la conductora no era otra que Cremia.

- ¿Moonlight? – dijo la poni terrestre con sorpresa al ver a la unicornio. Detuvo su carreta - ¿Qué sucede, qué haces aquí? -

- No hay tiempo, por favor, tienes que ayudarme, es Onyx – fue lo que pudo decir, mientras tomaba a Cremia y la jalaba hacia donde estaba el herido.

- Por Celestia, ¿pero qué le pasó? – jadeó la pelirroja, llevándose sus cascos a la boca al verlo tirado y ensangrentado.

- Nos atacaron en los Bosques Perdidos. Una manticora lo enveneno – explicó Luna.

- ¿Una Manticora? – Cremia entendió inmediatamente, y sin perder tiempo ayudó a Luna a cargar a Onyx y a subirlo a la parte de atrás de la carreta. Entre las dos fue mucho más fácil. Luna se quedó junto a Onyx, mientras que Cremia retornó al frente de la carreta – Tenemos que volver al pueblo pero ¡Ya!... sujétate y cuidalo bien –

Cremia dio media vuelta y retorno al pueblo. Se retrasaría en volver a la granja, pero la vida de Onyx estaba en riesgo. Durante el trayecto, Moonlight le explicó lo que había pasado, omitiendo por supuesto ciertas partes y la parte de cómo lo había sacado de ahí, pero afortunadamente, Cremia no hizo más preguntas al respecto. Después de eso, ninguna de las dos cruzó palabra, pero Cremia miraba ocasionalmente dentro de la carreta, viendo como Moonlight acunaba al inconsciente Onyx en su regazo, notándose muy angustiada y preocupada por él. La pelirroja sintió un cargo de conciencia, después de todo, indirectamente, ella había sido en parte responsable de su situación actual.

Afortunadamente, lograron llegar sin contratiempos, y llevaron a Onyx a la clínica. Los doctores de inmediato se lo llevaron. Luna decidió quedarse, pero Cremia se fue, diciendo que todavía tenía que volver al rancho, pero prometiendo que pasaría más tarde. Lo cual era verdad solo en parte, ya que, sin embargo, la poni terrestre tenía en mente ir a otro lugar en específico antes de volver a casa.

-o-

- ¡ILIA! ¡ABRE ESA PUERTA! ¡ILIA! -

Cremia gritaba y golpeaba furiosa la puerta, sin importarle que fuese la casa del alcalde del pueblo, y que todo mundo la estuviera mirando por el alboroto que hacía. Tuvo suerte que esa tarde el alcalde había salido a atender algunos asuntos y no estaba en casa, o probablemente la hubiera hecho arrestar por el escándalo. Tenía que hablar muy seriamente con Ilia. El "pequeño truquito" que la chica había armado para separar a Onyx de Moonlight había ido un poco demasiado lejos.

- ¡ILIA! ¡SÉ QUE ESTÁS AHÍ! – Seguía gritando - ¡SAL INMEDIATAMENTE, TENEMOS QUE HABLAR! -

- ¡Ya voy, ya voy! – Cremia oyó pasos de alguien bajando escaleras, y dejó de golpear la puerta, pero sus puños seguían cerrados. Segundos más tarde, Ilia abrió la puerta, era evidente que Cremia la había pillado en mitad de un baño, ya que tenía una toalla enrollada en el pelo. - ¿Qué pasa? -

- ¿Qué pasa? ¿Me preguntas qué pasa? – dijo tratando de controlar la intranquilidad en su voz. - ¡Pasa que tu estúpida broma por poco les cuesta sus vidas a Onyx y a Moonlight! ¡Me prometiste que nadie saldría lastimado, Ilia! -

- ¡Oye, oye, cálmate! ¿De qué me estás hablando? -

- ¿Dónde has estado todo el rato que no lo sabes? – dijo Cremia. – Hace unas horas, Onyx y Moonlight volvieron a tener otra pelea, ¿y sabes qué pasó? ¡Luna corrió hacia los bosques perdidos, Ilia! ¡A los bosques perdidos! -

- ¿Y? ¿No es mejor así, que desaparezca ahí para que ya no nos estorbe? – dijo Ilia, como si no le importara.

- ¿Cómo puedes decir eso? – Cremia no entendía como podía haber alguien así de insensible. – Ilia, bien sabes que ese bosque es un verdadero laberinto, y además está plagado de bestias muy peligrosas. -

- Bien, lo sé, pero es su culpa por entrar, no nuestra. – argumentó Ilia.

- Aún no he terminado. – repuso Cremia. – Onyx tuvo que ir tras ella, ya sabes que es el único que conoce de memoria esos bosques. -

- Bueno, y me imagino que la habrá rescatado, y estarás contenta, ¿no? Entonces ya puedes dejarme… -

- ¡QUE NO HE TERMINADO! – Esta vez Cremia no escatimó en aliento para gritarle con todas sus fuerzas, Ilia por poco se cae hacia atrás. - ¡ONYX SALIÓ HERIDO TRATANDO DE PROTEGERLA, LOS ATACARON MANTICORAS EN EL BOSQUE! ¡DEBERÍAS HABERLO VISTO, POR POCO SE MUERE! -

- ¿¡QUÉ!? – Esta noticia sí alarmó a Ilia. - ¡Por Celestia! ¡Dime que está bien, dime que no está…! -

- No te preocupes, vivirá– Cremia se tranquilizó. Había podido soltar toda su furia con ese último grito. – Y debemos darle las gracias a Moonlight por ello. Ella se las arregló no sé como para tratarle las heridas, y sacarlo de ahí -

- ¿Esa… la invasora… ella lo…? -

- ¿Te das cuenta hasta donde llegó tu broma? – Interrumpió – Los dos podrían haber muerto ahí por culpa de tus tonterías, Ilia. El juego se acabó. Se los voy a decir todo -

- ¿¡Qué!? ¡No serías capaz de traicionarme! -

- Nunca debí haberlo hecho en primer lugar. No después de que Moonlight fue tan amable y tan generosa conmigo – Estaba furiosa, bastante con Ilia, pero no tanto como consigo misma.- Ya lo decidí, voy a decirles toda la verdad, y pedirles que me perdonen por ser tan estúpida -

- ¿Qué acaso no te importa que Onyx vaya a…? -

- Me importa un bledo lo que tengas que decirme ahora. Moonlight es una gran chica… y no puedo culpar a Onyx si se siente atraído hacia ella. Él se merece alguien mejor que yo, y definitivamente alguien mejor que tú – dijo, antes de dar la vuelta y salir corriendo.

- ¡Cremia! ¡Cremia, regresa aquí! ¡Cremia! -

Pero ella ya no la escuchaba. Con paso firme corrió alejándose de la casa, ignorando sus gritos. Ya sabía lo que debía hacer.

-o-

Luna estaba sentada en la sala de espera, con la mirada baja. Se le notaba muy intranquila, y no era para menos. No estaba preocupada por Onyx, sabía que él iba a estar bien, ella había usado sus poderes para curarlo lo mejor que pudo, y ahora los doctores lo estaban atendiendo, aplicándole el antídoto para el veneno. No, lo que realmente le preocupaba era, ¿cómo iba a mirarlo a la cara después de eso?

- ¡Moonlight! Aquí estás. -

- ¿Eh? Ah, hola, Cremia, ¿qué pasa? – dijo Luna, al ver entrar a la pelirroja.

- Necesito hablar contigo. Por cierto, ¿cómo está Onyx? -

- Los doctores dijeron que estará bien, no te preocupes. – dijo Luna. - ¿Sobre qué querías hablar? -

- Sobre… es muy difícil, no sé ni por dónde empezar. Bien, sobre el… incidente que ocurrió en la plaza. -

- ¿Qué tiene eso que ver? – preguntó Luna. Ya no le importaba en lo más mínimo ese incidente, no le importaba haber quedado en ridículo frente a toda esa gente. Solo quería saber que Onyx estaba bien.

- Es que… bueno, nada de eso fue culpa de Onyx – dijo Cremia, con dificultad. - Mira… sé que tú y él han estado peleados por causa de eso estos días y… - hablaba con la voz algo entrecortada, parecía necesitar hacer acopio de fuerzas para decirlo, pero si no lo dejaba salir sentía que iba a explotar. – Fui yo… es decir, fuimos Ilia y yo las que… Fue idea de Ilia, pero yo fui una tonta por haberme dejado convencer. Ella fue la que jaló la cuerda, pero yo puse el otro extremo en el casco de Onyx para que… -

- ¿Fueron ustedes dos? – dijo Luna, por una lado estaba incrédula pero por el otro deseaba desquitar su furia con quien creía era su amiga, pero decidió dejarla explicarse. – Pero… ¿por qué? -

- A Ilia no le cae nada bien toda la atención que Onyx te ha estado dando, ¿sabes? – dijo Cremia. – Ella planeó todo esto para hacer que ustedes dos se pelearan, pero necesitaba mi ayuda. Y… yo de tonta, me dejé persuadir. -

- Y todos estos días yo… - Luna sintió un dolor en el pecho mientras su ira interna se calmaba. Su preocupación por Onyx ahora se entremezclaba con la culpa. Onyx no mentía, él no lo había hecho. Y ella no le creyó. – Pero… no lo entiendo, ¿por qué ustedes…? -

- Has de saber que a muchas de nosotras en el pueblo nos gusta Onyx, ¿no? Bueno, la verdad es que nunca le ha dado a ninguna de nosotras muchas esperanzas. Quizás por eso es que Ilia nunca se había puesto tan paranoica… hasta que llegaste tú -

- ¿Yo? ¿Pero qué tengo yo que ver? – Luna no parecía entender.

- ¿Qué no es obvio? – dijo Cremia. – Tú le gustas a Onyx, eso se nota a leguas. Es por eso que Ilia te ve como una amenaza, quiere a Onyx solo para ella, como si fuera de su propiedad. No podría soportar la idea de verlo con alguien más que no fuese ella… y si he de ser sincera quizás yo tampoco -

Luna quiso decir algo, pero no podía hablar. No podía creer lo que Cremia le estaba diciendo.

- Pero ya basta – prosiguió Cremia. – Lo que hice estuvo mal, sin importar el motivo. Si hubiera sabido que las cosas iban a llegar a este extremo… no, nunca debí haberlo hecho en primer lugar. En especial, después de que has sido tan buena conmigo todo este tiempo -

- Cremia… ¿por qué me dijiste todo esto? – pregunto Luna un poco más calmada

- Porque es lo correcto – dijo simplemente. – Y también… porque no soportaría ver un segundo más ver a Onyx así de deprimido por una tontería que yo causé. Habla con él, tienen que reconciliarse -

- Pero… ¿cómo voy a mirarlo a la cara después de todo lo que le dije, y de cómo lo traté? -

A Luna casi se le caía la cara de vergüenza. ¿Cómo iba a hablar con Onyx después de haberle dicho todas esas cosas tan horribles, y sin que se las mereciera? Cremia pareció percibir lo que sentía en ese momento, por lo que algo la impulsó a acercársele, y sin mediar palabras la abrazó.

- ¿Cremia? -

- Yo sé que Onyx te perdonará, él nunca le guarda rencores a nadie – en ese momento las lágrimas comenzaron a bajar por sus mejillas. – Y espero… que tú también me perdones por lo que les hice. Yo… nunca quise hacerles daño -

- Cremia… - Luna hizo un esfuerzo por retener sus propias lágrimas, pero el arrepentimiento, y el darse cuenta que Cremia se sentía tan afectada como ella por lo sucedido por muy poco se lo impidió. No pudo más que abrazarla también, y decirle que no había nada que perdonar, que la culpa no era solo suya.

-o-

Pese a que los doctores aún no querían darle de alta, decidieron permitir que Onyx volviera a casa al anochecer. El antídoto funciono exitosamente, pero Onyx aún estaba muy débil, y le recomendaron descansar un poco, es decir nada de trabajo pesado. Luego de relatarle su aventura, su abuelo le prohibió regresar a la fragua, para su disgusto, pero esta vez no pudo refutarle nada, así que se fue directo a su habitación. Luna no había cruzado palabras con él desde que salieron de la clínica del pueblo.

Luna también hizo lo mismo, tenia que hablar con alguien asi que mientras estaba en su habitación cerro los ojos, al abrirlos nuevamente estaba en un lugar diferente era como una replica de los jardines de Canterlot, ahí estaba Cadance paseando junto a Shining Armor.

- Hola tía Luna- dijo Cadance con alegría- Bienvenida, me da gusto verte-

-A mi también sobrina perdona contactarte así tan de repente-

- No hay problema tía, te gustaría acompañarnos a tomar el te-

- Cadance ¿Sabes que solo es un sueño? ¿Verdad?-

- Claro que lo se tía, en Ecuestria no hay gatos voladores- dijo la princesa de cristal señalando a un felino volando detrás de ellas.

- Podriamos hablar en un lugar mas privado-

- Claro tía- Cadance hizo brillar su cuerno haciendo que el lugar cambiara a una habitación pequeña y privado, había una mesa y cojines, sobre la mesa había una tetera dos tazas y un plato de galletas- ¿Y de que quieres hablar?- pregunto Cadance sirviendo el te

Luna tomo asiento y comenzó a contarle todo a su sobrina.

- Y ahora me siento muy mal, yo… deje que mi orgullo se interpusiera en mis… decisiones -se llevo una pezuña a la cara, casi al borde del llanto- y por mi culpa el casi…-

- Tia no tienes la culpa de nada, tu no lo sabías- Cadance se acerco a ella reconfortándola

- Pero si lo hubiera escuchado esto nunca- Comenzó a llorar- y probablemente el me odia-

- Si lo que me has contado de el en tus cartas es verdad el no te odia, ve y habla con el-

Sabía que tenía que enfrentarlo, pero no reunía suficiente coraje para hacerlo. Y aunque sabía que entre más tiempo esperase para hacerlo sería peor, a cada segundo se le hacía más difícil decidirse. Constantemente se recordaba a sí misma "Si no hubiera sido tan estúpida, si no hubiera corrido hacia el bosque, si hubiera decidido escucharlo antes… quizás nada de eso habría pasado". El solo hecho de que Onyx hubiera salido herido, y que pudiese haber muerto por culpa suya la atormentaba más que nada.

- Te sientes mejor- pregunto su sobrina-

- Si realmente necesitaba esto, te lo agradezco y lamento mucho haber entrado en tus sueños y preocuparte con mis problemas, ya debes tener suficientes con gobernar Ecuestria-

-He tenido algunos problemas pero nada que no haya podido resolver, además gracias a los pergaminos que enviaste hoy las cosas se aceleraron mas-

- De acuerdo sobrina yo me retiro me gusto mucho volver a verte-

Luna y Cadance se despidieron antes de que la princesa de la noche desapareciera.

Luna salió de su habitación la conversación con su sobrina le había armado de valor para ir y hablar con Onyx cuando la abuela llegó con un tazón humeante lleno de su sopa especial para ella.

- Toma esto, te sentirás mejor – le dijo mientras se lo daba.

- No tengo hambre, pero gracias – intentando no sonar desagradecida por el gesto de la abuela.

- ¿Por qué no se lo llevas a Onyx? – propuso la abuela.

- ¿Eh? -

- Sí, quizás él lo necesite más que tú en este momento – evidentemente quería que se aliviaran las tensiones entre los dos.

- Sí… tiene razón –

Luna comenzó a caminar con el tazón flotando frente a ella. Era ahora o nunca. Caminó algo temblorosa hacia la habitación de Onyx. Dudó un poco justo antes de tocar a la puerta, luego de unos segundos, tragó en seco y golpeó, apenas perceptiblemente.

- Está abierto – respondió la voz del pegaso al otro lado, sonando bastante menos alegre que de costumbre.

Respiró profundo, y abrió la puerta. Entró con cautela, y cerró la puerta para luego encontrarse cara a cara en el cuarto de Onyx por primera vez. Era algo más grande que el cuarto donde ella dormía, lo cual tenía sentido ya que anteriormente solía pertenecer a sus padres. Sobre la cómoda había un gran espejo, y en las paredes había fotos de un pegaso y una unicornio de mediana edad cuyo parecido con Onyx y Amber era evidente. Onyx estaba sentado en la cama con la mirada fija en su ventana. No parecía haber notado que Luna había entrado.

Luna sintió un nudo en el pecho al verlo. Onyx lucía completamente diferente de su yo habitual, alegre y espontáneo. Parecía una persona totalmente distinta. Pudo ver los vendajes que tenía alrededor de todo el abdomen, uno que pasaba por su hombro izquierdo hacia su espalda, y otro más en el brazo derecho. Su rostro estaba totalmente inexpresivo, no sabría decir si estaba enfadado, y eso la hizo sentir algo de miedo. Sin embargo, sabía que era hora de enfrentarlo, no podía echarse para atrás.

- Tu… tu abuela me pidió que te trajera esto – dijo mientras le alargaba el tazón de sopa.

- Déjalo ahí, me la comeré luego – respondió todavía sin mirarla. No había enojo en su voz, pero tampoco parecía muy contento.

Luna dejó la sopa en la mesita de noche y se sentó en el borde de la cama.

- Yo… yo… - Luna no sabía por dónde empezar. Haciendo acopio de fuerzas, consiguió decirle. – No te he dado las gracias por haberme salvado… de nuevo -

- No hay nada qué agradecer – dijo en el mismo tono inexpresivo.

- Onyx... sé que estás molesto… -

- ¿Quién te dijo que estoy molesto? – dijo finalmente volteando a mirarla por primera vez. Luna sintió un pequeño estremecimiento, fue como si sus ojos miraran a través de ella. - ¿Por qué iba a estarlo? Estás bien, y eso es lo único que importa –

¿Cómo podía decir eso? ¿Es que no se preocupaba por su propia seguridad? Él no merecía que eso le hubiera pasado, no cuando ella fue la que tuvo la culpa. Puso en riesgo su propia vida por ella, aún después de lo mal que ella lo trató. Aún después de que no quiso creerle que él no había sido el responsable de ese bochorno público que ella había sufrido. Pero no, su orgullo tenía que interponerse, y aún seguía haciéndolo. Pero ahora su corazón la estaba forzando, la culpa la asfixiaba, tenía que dejarlo salir como lo hizo con Cadance. Finalmente, no pudo más y estalló bruscamente en sollozos, lanzándose al cuello del pegaso, y abrazándolo tan fuerte como podía.

- ¿Moonlight? ¡Ay! – gritó Onyx por el pinchazo que sintió en las heridas cuando Luna se le abalanzó encima, pero no le protestó nada, al darse cuenta de que estaba llorando.

- Lo siento tanto… todo esto es mi culpa… - Hablaba con la voz entrecortada por el llanto. No había llorado de esa manera desde la muerte de su hermana, las lágrimas salían a torrentes de sus ojos, ya no podría pararlas aunque quisiera. – Si no hubiera… por mi culpa tú… -

- Oye, cálmate… - Esta vez, su voz sonaba cálida y amable. Luna sintió que Onyx empezaba a abrazarla también, y a acariciarle el cabello, tratando de reconfortarla. – Ya, no es para tanto, todo está bien… -

- No, no está bien – sin dejar de llorar. – Yo no quise creerte… te dije cosas horribles… y mira lo que pasó… -

- Moonlight… -

- Pensar… que pude haberte perdido… solo porque no quise escucharte… porque mi maldito orgullo me hizo dudar de ti… - continuó Luna, volviéndose a hundir en su pecho. – No… eso nunca me lo hubiera perdonado… haberte perdido… por una estupidez como esa… No te pediré que me perdones por lo que te hice… pero por favor… te lo ruego, no me odies… - Luna sintió ese miedo que sentía cuando otros la miraban con temor, temía que Onyx fuera a serle lo mismo sin embargo, no paso nada. Solo sintió el reconfortante abrazo de su amigo y como este acariciaba su crin suavemente consolándola.

Onyx quería decirle que no la odiaba, que todos cometemos errores a veces, y que él ya la había perdonado por lo sucedido, y estaba dispuesto a olvidarlo. Pero ella necesitaba desahogarse por todo lo ocurrido. Decidió dejarla llorar todo lo que quisiera. Ya podrían hablar después cuando se hubiera calmado. Por el momento, no le importaba permanecer así, abrazándola y consolándola. Que importaba que ella le llenara los hombros con sus lágrimas, o que le punzaran las heridas por el abrazo, si eso la ayudaba a sentirse mejor.

Continuará…