¡Mejor sé Slytherin! – Capítulo 7
Por jharad17
Traducción: Relena Sakurazuka

Disclaimer: No es mío. Desgraciadamente.

Resumen: Durante su primer año, Harry es seleccionado en Slytherin en vez de Gryffindor y nadie está más sorprendido que su nuevo Jefe de Casa.

Previamente:

Severus lo siguió, listo a agarrar al muchacho si se le ocurría escaparse, y enfilaron sus pasos a los dominios de Pomfrey.

Como venía adelante, Harry caminó hacia la Enfermería, sabiendo que estaba en un inmenso problema y deseando tener la valentía de poder escaparse de esto. De hecho, la única cosa que le mantenía en camino era que probablemente fuera expulsado y quizás tuviese que volver con los Dursleys.

¿Y por qué demonios esto era problema de Snape? Harry no le ha hecho nada (no lo tendría en clases sino hasta uno o dos días más) y aún así, el profesor parecía realmente odiarlo y queriendo hacer su vida miserable. Harry esperaba que al estar en el Mundo Mágico le iría mejor que estando con los Dursleys, pero hasta el momento, estaba muy decepcionado de Hogwarts. Era muy parecido a Little Whinging, donde todos parecían detestarle por razón alguna o, como sus parientes, sencillamente lo odiaban porque sí.

Y ahora estaba siendo obligado a ver a la enfermera del colegio, y tendría que mentir para mantener su secreto. ¡La última cosa que deseaba era perder sus estribos en frente de Snape!

Ya estaban allí, demasiado pronto, y Snape le pasó para abrir la puerta, la que mantenía abierta para que Harry entrase. No muy seguro de lo que podía esperar (uno de los juegos favoritos de Dudley era hacer esto mismo, y luego darle un portazo cerca de la cabeza de Harry mientras pasaba) Harry se encogió un poco mientras entraba al gran cuarto. Snape le frunció el ceño, y Harry avanzó un poco más rápido, para salirse de su camino.

La señora Pomfrey se dirigía hacia él, antes de que ellos estuviesen un par de pasos dentro de sus aposentos. – Ah, bien, Señor Potter. Me alegro que haya regresado a tiempo.

Como Harry decidió no hacer tal cosa, no dijo nada, encogiéndose un poco.

-Bueno, ve tras las cortinas entonces. – dijo ella e indicó una cortina que cercaba una cama en una esquina cercana a su oficina. – Desvístete hasta que quedes en ropa interior, si te parece.

Harry negó con su cabeza. Esto estaba yendo demasiado lejos. – Estoy bien, Señora Pomfrey. No necesito revisiones completas ni nada por el estilo.

-No estoy de acuerdo, Señor Potter, y tu Jefe de Casa me ha otorgado el permiso de hacerte el examen. Ahora, ve tras las cortinas.

Su Jefe de Casa…Harry miró intensamente a Snape, enojado y avergonzado sin ganas de seguir siendo humillado. – Usted no puede hacer esto, señor. No es su asunto el otorgar permisos acerca de mí.

Snape le miró desdeñoso y se inclinó acercándose, tanto que Harry podía sentir su aliento en su cara. Extrañamente, olía a menta, estaba esperando un aroma a calcetines viejos. – Tengo un deber con todos los estudiantes a mi cargo, Potter, el de asegurarme que estén tanto mental como físicamente. Tú estás desnutrido y bajo de peso, y es mi trabajo asegurarme de que no hay nada más con este examen físico.

Meneando su cabeza de nuevo, Harry se alejó de él de un salto. - ¡No me voy a desvestir para nadie!

-Le aseguro, Señor Potter, no tiene nada que no haya visto antes. – dijo la medimaga. Ella lo paró de inmediato mientras él forcejeaba para soltarse, y ella logró llevarlo al sector tras las cortinas.

-Y le aseguro que permaneceremos todos en la Enfermería hasta que usted decida hacerse el examen. – Snape agregó.- Quisiera recordarle que tengo mejores formas de gastar mi tiempo. No me fuerce a demostrarle el error que comete por mantenernos aquí.

Harry apretó su mandíbula. – Esto no hará ningún bien, sabe. Ustedes solo se meterán en problemas.

-¿De qué está hablando? – preguntó la Señora Pomfrey.

-Si le dicen a alguien. A nadie le va a importar, así que sólo se meterán en problemas. Sólo déjeme volver a mi dormitorio, y olvidemos lo que pasó esta noche, ¿Está bien?

Una risa burlona escape de Snape que hizo boquear a Harry. – No creas que vas a poder zafarte de esta, Potter. ¡Ve detrás de las cortinas, ahora!

Bueno, está bien. Él les advirtió. Ahora era su responsabilidad y no la suya. Al menos, no hasta el verano y tenga que regresar con los Dursleys. La furia tensó sus pasos mientras iba tras las cortinas, y se le hizo difícil el desabotonar sus túnicas y su camisa. Estaba desabrochándose las zapatillas cuando la voz de la Señora Pomfrey se escuchó cerca.

-Hay una bata en la cama, Señor Potter. Una vez que te saques tu ropa interior, póntela, por favor.

-Sí, señora.- dijo de forma automatic, e hizo lo que se le pidió. Le quedaba grande, incluso cuando la etiqueta interior indicaba que la talla era "pequeña" , y tuvo que darle dos vueltas a la bata y arremangarla un poco de las rodillas antes de pararse de la cama. – Ya está, – dijo finalmente, y maldijo a su voz por flaquear. – Estoy listo.

-Excelente- La Señora Pomfrey abrió las cortinas lo suficiente como para que ella pudiese pasar y para que Harry lograra echar un vistazo a Snape que esperaba del otro lado, hasta que ella cerró la cortina nuevamente. ¿Es que ella realmente lo iba a revisar entero?

-Ahora, ¿Cómo ha estado tu cicatriz hoy? - Ella preguntó y levantó los cabellos sobre la frente para que ella pudiese examinarla. - ¿Has estado utilizando la pomada que te he dado?

-Sí, señora

-Bien. - Sus dedos se sentían delicados a medida que iba deslizándolos por la piel cercana a su cicatriz, ella asintió. - Luce un tanto mejor. Ahora, levanta tu mentón y sácate tus lentes, para que pueda echarle un vistazo a tus ojos. ¿Cuándo fue la última vez que fueron chequeados?

Mientras ella hablaba, iba agitando de cuando en cuando la varita a su alrededor, y su pregunta lo agarró con la guardia baja. - Emm.. no lo recuerdo.

-¿Hace un año atrás? - Preguntó solícita - ¿Dos?

Harry se encogió. no se los había revisado sino hace seis años, pero antes muerto que decirle.

-Vamos, Señor Potter, déjese de esto, ¿Está bien? Sé que la prescripción de sus lentes está fuera de fecha, así que puedes responderme estas preguntas ahora, así, o puedes responderlas más tarde, cuando traigamos especialistas.

-¿Especialistas?

-Naturalmente. No pienses que eres el primer niño que es reticente a contarme su historial médico, ¿No lo crees? Tenemos un nexo con los Servicios de Cuidado Infantil Mágico, los que estarán muy contentos de venir y pasar algún tiempo contigo. - la señora Pomfrey le sonreía bonachona, pero pudo discernir el porqué. Ella era una gran manipuladora.

-Aún así no veo la necesidad de...

-Quiero que se sienta cómodo, Señor Potter, - Ella le dijo, y casi le creyó. - Pero me preocupa su salud y su bienestar. Sería mucho más sencillo si fuera honesto conmigo desde un principio.

Harry tragó con fuerza, memorando lo dulce que ella había sido con él el día anterior, con la pomada y todo eso. Él no podía responder a tanta ternura con mentiras, no todo el tiempo, de todas formas. Dejo salir un desganado suspiro. - Está bien. Fue hace ya seis años. Cuando inicié la primaria.

-Gracias, - ella dijo, y sonaba como si de verdad lo sintiese. - Ahora, puedo darte los lentes de tu prescripción en un santiamén, mientras tú me vas diciendo qué tan bien vas leyendo las letras de la pizarra...

Se puso sus nuevos lentes y soltó un gritito ahogado; todo era tan claro. Emocionado, leyó y repitió sin parar las letras en la pizarra, hasta la última línea. - Gracias, - dijo con sinceridad.

Ella desvaneció la pizarra. - Ya que nos hemos encargado de eso, quiero que me digas cómo te las has arreglado para quebrarte tantos huesos.

Hubo una agitación de ropajes (como de una túnica) del otro lado de la cortina, pero Harry no le prestó atención mientras gritaba - ¡¿Qué?!

-Por mis lecturas, noté que en los últimos doce meses, te has roto tu muñeca izquierda una vez, tu nariz dos veces y tu clavícula tres veces. Por favor explícame cómo.

-Soy torpe - Soltó de inmediato - Siempre me estoy cayendo.

-Ajá. - Le dirigió una mirada penetrante. - ¿Y qué tal si ahora me dices la verdad?

¿Es que acaso ella sabía leer mentes? ¿O es que usaba su magia para saber cuándo alguien le mentía? Si era así, estaba en aún mayores problemas de los que suponía. - Paso todo el tiempo metido en peleas. - Dijo parcamente. Era la verdad, o algo así.

-¿Oh?¿Con quién?

-Usted sabe, - dijo el chico, encogiéndose de un hombro. - Con otros chicos.

-Ajá. - Estaba empezando a odiar ese sonido. - ¿Quién?

-¿Quiere sus nombres?

-No en este momento, - dijo ella. - Pero, dime, esto ocurría en tus clases en la escuela, o en tu vecindario... por favor sé específico.

Harry estrechó sus ojos como rendijas. Esto iba de mal en peor. - Sí, eran en mi vencindario y en mi escuela. - pausó, levantó su vista y ella le dedicaba esa mirada otra vez, y añadió rápidamente.-Y uno de ellos era mi primo. Generalmente, eran Dudley y sus amigos.

-Ya veo.

-Pero no importa. Digo, no es la gran cosa.

-Ajá. - Ella volvió a agitar su varita un tanto más - ¿Y nunca volvieron a estar bien en su lugar?

-¿Disculpe?

-Tus huesos. Fuiste criado por Muggles, ¿correcto? Y nunca fuiste a un curador Muggle para que te volviese a colocar tus huesos en posición para que sanaran apropiadamente.

-Emm. - Harry apretó contra sí la delgada tela de la bata. ¿Y qué importaba el que siempre tuviese que atenderse a sí mismo? No era como si alguien más fuera a hacerlo.

-Esa es respuesta suficiente, imagino. - Por primera vez, ella tomó una tablilla con un sujetapapeles y empezó a garabatear en ella. - Quiero que me digas todo acerca de tus hábitos alimenticios, mientras estabas en casa.

Harry frunció el ceño extrañado. - ¿Algo así como qué me gusta comer?

-No. Más bien, qué tan frecuentemente comes y qué clases de cosas comes. Nutricionalmente.

-No lo sé. Cosas comunes y corrientes, supongo. - Esto estaba bordeando de cerca a la horrible lista de nuevas reglas que Snape le dio anoche. El mero hecho de pensar en aquella lista le hacía querer gritar.

La Señora Pomfrey suspiró. - La verdad ahora, Harry, si te parece.

Él apretó sus dientes. - ¿Y si no me parece?

-Modales, Potter,-Gruñó una voz del otro lado de la cortina, y Harry dio un salto de la impresión, casi había olvidado que Snape staba allí - Modera tu insolencia.

Algo dentro de él se vino abajo, y dio un brinco, saliendo de la cama, y agarró sus ropas que estaban en el piso, donde habían quedado tiradas. - No, yo no...no voy a seguir con esto nunca más. No me pueden obligar.

Snape se abrió de golpe las cortinas haciéndose paso como un demonio. Su mala cara pudo haber espantado demonios. - Puedo y lo haré. Vuelve a esa cama.

Harry negó con su cabeza, y trató de fugarse del lugar. ¡Esto era estúpido e irreal y no iba a soportar ni un minuto más!

Pero Snape le aferró el brazo mientras avanzaba hacia él, y lo volteó quedando nuevamente frente a frente. - No estoy jugando ahora, Potter. Permanecerás aquí hasta que se te ordene retirarte.

Tratarde zafar su brazo (el mismo que Snape le agarró para reprenderlo cuando estaba en las duchas) probó ser inútil, ¡Pero maldición, dolía! No pudo reprimir un quejido cuando los dedos del hombre presionaron los ya existentes hematomas, y cuando la otra mano hizo presencia, retrocedió por acto reflejo, pero el profesor se limitó a tomar su otro brazo y levantarle para depositarlo nuevamente en la camilla.

-Profesor, - Dijo la Señora Pomfrey. - Estoy segura que el Señor Potter estará bien si lo suelta ahora.

-Por supuesto. - Dijo, y liberó a Harry, retrocediendo un par de pasos justo para bloquear la única salida para Harry, mientras cruzaba sus brazos sobre su pecho. - Por favor, continúe.

La Señora Pomfrey le quitó las ropas que tenía en la mano Harry y las colocó gentilmente en la cama junto a él. Sus zapatillas aún estaban en el piso; si se hubiera escapado, tendría que haber regresado a las mazmorras a pies desnudos. - Sé que esto debe de ser un tanto aterrador para ti - dijo ella y Harry devió su mirada, negando con la cabeza - Pero esto es realmente por tu propio bien.

Harry ni siquiera se molestó en corregirla. ¿Para qué molestarse de todas formas? Estaba allí, sin importar cuánto hiciera. En una vocecilla, dijo. - Bien. Comía lo que sobraba. Y sólo si tenía hecha mis tareas.

-¿Lo que dejaban de qué?- Ella preguntó bajito.

-De cuando comían los Dursleys, me refiero. Si habían algunas sobras, y había hecho mis tareas correctamente, entonces podía comer.

-¿Y ese caso qué tan frecuente era?

-Harry suspiró. Les das la mano y te agarran el brazo... -Comía casi todos los días. En el verano, cuando trabajaba en el patio, era sencillo beber agua de la manguera y así no me daba hambre.

-Ya veo. - Ella garabateó un tanto más en su tablilla. - ¿Cómo te llevabas con tus amigos en la escuela?

-No tenía ninguno.

-¿Ninguno?

Harry agregó con brusquedad. - No tenía muchas oportunidades, ¿O no? Con Dudley amenazando a todo el que me hablase.

-De acuerdo. ¿Alguna vez has consumido drogas o alcohol?

-¡No! - ¿Que clase de preguntas estúpidas eran esas?

-Tranquilo, Harry, casi temino.

Bueno, gracias a Dios por eso. - ¿Y después me puedo ir?

-Por supuesto. Sólo un par de preguntas más. ¿Qué tan seguro te sientes en tu casa?

Harry frunció el ceño. - ¿Seguro? No lo sé. ¿Comparado a qué? - Estaba casi seguro de que oyó resoplar o algo por el estilo a Snape, pero cuando le echó un vistazo al hombre, su cara estaba tan gruñona como le era posible.

-Comparado a, digamos, cuando estuviste en la primaria, o aquí.

Estudió su rostro por un minuto y luego se encogió de hombros.- Estoy mucho más seguri aquí, - añadió con una sonrisa burlona. - Ya sabe. No está Dudley.

-¿Y no te preocupa quedarte a solas con él?

-No. Me preocupa quedarme a solas con él y sus amigos. - Volvió a encoger un hombro. - Ellos son mucho más grandes que yo. Yo soy más rápido, creo.

-Muy bien. Ahora tienes que recostarte en la camilla, te quitaremos la bata hasta tu cintura, eso es cariño.

Harry obedeció, recostándose, sintiéndose desnudo a pesar de la bata, y enfermo del estómago. Sus costillas estaban plagadas con moretones y sus brazos hacían parecer que agarrárselos era deporte nacional. También tenía parte de una huella de una mano alrededor de su garganta, de cuando su Tío lo remeció un tanto, de la última vez cuando no podó correctamente los rosales.

-Tú me dices si algo te duele, ¿Está bien? - Preguntó la Señora Pomfrey, y empezó a presionar en distintas partes de su pecho y estómago con la yema de sus dedos. No dijo nada, pero no podía evitar el agitarse cuando presionaba áreas muy lastimadas. - Y si pudieras tenderte sobre tu estómago...

Una vez más obedeció, enterrando su rostro en la almohada mientras el calor le abrasaba. Trato de permanecer lo más quieto posible, esperando que esto acabara pronto. Cuando ella presionó una parte baja de su espalda, gritó y se encogió, apartándose.

Ella palmeó su espalda suavemente. - Mis disculpas, señor Potter. Ya estamos listos por ahora. Puede vestirse mientras preparo un par de pociones para ti.

-Gracias. - exhaló, no muy seguro de que pudiese hacer algo más. Mientras se sentaba derecho, logró captar la mirada de Snape, y le molestaba la vista de franca incredulosidad que había allí. Luego ambos dejaron el área rodeada por las cortinas, para que él pudiese vestirse, lo que hizo de una vez.

Cuando salió de detrás de las cortinas, ellos dos estaban muy juntos, cerca del armario de pociones de la Señora Pomfrey, obviamente hablando, pero no podía oír lo que estaban conversando.

-¿Puedo irme ahora? - Miró a Snape - ¿Señor?

Snape viró su oscura mirada a Harry e dibujó un rápido arco con su varita. - En un momento. Ven aquí, por favor.

Harry no pudo evitar el arrastrar los pies, pero una vez que llegó donde su Jefe de Casa, el hombre se limitó a entregarle una poción. - Bebe esto.

Era azulina y lucía babosa. Harry la olió y casi vomita.

-Bébela, Potter. - Advirtió Snape. - Es un complemento nutritivo. Tomarás otra dosis en la mañana y todos los días antes del desayuno.

Harry resoplo y luego inclinó hacia su nariz el contenido y tragó todo el contenido de una. Sabía peor de lo que olía. Tosió un poco, pero logró mantener el brenaje y no devolverlo.

-Y esta otra - Dijo Snape, entregándole una taza de metal con un líquido claro en él. - Para tus huesos.

Suspirando, Harry igualmente se tomó el contenido, junto con dos más que le entregó la Señora Pomfrey (uno para sus dañados riñones y el otro para sus "contusiones", lo que sea que fuese eso) hasta que estaba plagado de pociones. Finalmente, estaba autorizado para retirarse, con indicaciones de volver el día viernes por otro chequeo.

A pesar de estar muy contento por su liberación, tenía que admitir que se sentía bien como no lo hacía en mucho tiempo, casi libre de todo dolor. Era una agradable sensación, inlcuso cuando sabía que iba a estar en un mundo de dolor cuando terminase la escuela.

Continuará.

N.A. ¡Gracias a cada uno de mis lectores y comentaristas y a aquellos que hacen ambas cosas! ¡Cualquier día es bueno para dejar un comentario! Abrazos a todos.


N.T. Gracias por su paciencia. Yo creo que se aquí a uno o dos días más tengo listo el siguiente episodio. Muchas gracias por sus comentarios. :D