Flora abrió los ojos despacio. Sus recuerdos a cerca de lo sucedido estaban confusos y la cabeza le daba vueltas. Notaba algo duro contra su espalda, probablemente una pared. Miró en todas las direcciones para descubrir que se encontraba en uno de los callejones de los suburbios. Estaba lloviendo a mares. Se levantó lentamente apoyándose en la pared fría y mojada. Había alguien más allí, podía oír una voz distorsionada entre el sonido monótono de las gotas.

Una figura se recortó contra la cortina de agua. Aunque no lo veía muy bien, sabía que era un hombre y que estaba hablando por teléfono. Lo recordó todo de repente: la taberna del Orco, aquel chico estúpido y el enfrentamiento con el sicario. No había conseguido la información, pero al menos seguía con vida. Alguien la había salvado y eso le extrañaba mucho. Seguro que en tugurios como aquel había peleas todos los días y la gente no se molestaba en ayudar al que llevaba las de perder. Lamentaba no haber sido capaz de defenderse.

El hombre dejó de hablar por teléfono y fue a su encuentro. La luz mortecina de una de las farolas iluminó al desconocido. Flora sintió que la sangre se le congelaba en las venas.

Pensaba que no volvería a ver aquella cara. Efectivamente, había un hombre, pero no el que ella había imaginado. Su acompañante era un chico de unos veintidós años. Al igual que ella, vestía ropas oscuras. Tenía el pelo negro, brillante y empapado por la lluvia. Sus ojos grises se clavaron en los de ella. Era imposible.

-Flora...

Sus rodillas parecieron volverse de plastilina y, una vez más, él la cogió. Sin embargo, ella se apartó bruscamente.

-Vete.

Flora echó a correr como jamás lo había hecho. Huyó en dirección a la carretera. A penas había recorrido unos metros, cuando la cabeza comenzó a darle vueltas otra vez. Entones se desplomó sobre el asfalto.

Su segundo despertar fue sobre una cama; pare ser exactos, la del hostal. Ni siquiera se molestó en levantarse. Sabía perfectamente que no estaba sola. Lo único que hizo fue taparse aún más con las mantas.

-¿Te encuentras bien?

Flora asintió. Helia estaba sentado en una silla que había junto a la cama. Lo miró mejor. Sus hombros se habían ensanchado y la barba había empezado a crecerle un poco. Su voz, además, sonaba más grave que antes. Aquel Helia parecía mucho más maduro y varonil.

-Te has desmayado dos veces. Deberías descansar un poco.

Seguía preocupándose por ella después de todo.

-¿Qué haces aquí? Te dije que no me buscaras.

No pudo evitar hacerle aquella pregunta. Ambos estaban en grave peligro.

-¿Quieres que me vaya?

Flora no respondió. Sentía la mirada de Helia sobre ella.

-Ese tipejo estuvo a punto de matarte, Flora. No quiero ni imaginarme lo que hubiera pasado si no llego a tiempo...

-Yo no te pedí que vinieras. Ni siquiera tendrías que estar aquí.

Había sonado más fría y cortante de lo que pretendía.

-Llevo dos años buscándote. Quizás podrías ser un poco más amable.

¿Dos años? Eso era mucho tiempo.

-Márchate, Helia. Es lo mejor para ti.

Helia parecía ofendido.

-No te entiendo, Flora. No entiendo por qué eso es lo mejor. Yo solo quiero ayudarte, nada más. Sé que tienes problemas.

-¿A qué te refieres?

Flora se asustó. No era bueno que estuviera enterado de sus intenciones más de la cuenta.

-He ido a ver a Camelia Winkler. Ella me puso al corriente de cuanto hiciste en los Páramos.-Helia hizo una pausa-También he hablado con Paul, su sobrino. Me contó lo de Argentum y el ultimátum que te dio.

No le gustaba en absoluto el camino que había tomado la conversación. Todo estaba peor de lo que ella había supuesto.

-No tienes que sacrificarte por mí, Flora. Estás a punto de cometer un gran error enfrentándote a ese mago.

-A lo mejor sí, pero es lo que tengo que hacer. No voy a dejar que muera más gente inocente. Acabaré con ese desgraciado de una vez por todas.

-Ahora que por fin te he encontrado no permitiré que lo hagas. Es demasiado peligroso.

Flora se levantó de la cama. El mareo había sido sustituido por la rabia.

-Es mi vida y yo decido lo que hacer con ella. Tú y yo ya no somos nada, Helia. Acéptalo de una vez. Salí de tu vida el mismo día que abandoné Alfea.

Era doloroso tener que decir aquellas palabras. A Flora se le hizo un nudo en el estómago.

-¿Cómo puedes hablar así? Puede que nuestra relación se haya acabado, pero estás cavando tu propia tumba. Creía que aún conservabas algo de prudencia. Ya veo que no.

-Te has hecho una idea equivocada de mí. He cambiado. La Flora que tú recuerdas está muerta; de hecho, murió hace ya tiempo.

Era verdad. La Flora alegre, tímida y romántica pertenecía al pasado.

Helia se acercó a ella y le cogió la mano.

-No he dejado de pensar en ti ni un solo día, incluso he soñado contigo todas las noches. Acaba con esto, por favor. Vuelve a Alfea conmigo. Deja atrás ese plan suicida. Todavía estás a tiempo.

En ese momento, Flora sintió ganas de llorar como no lo había hecho nunca. Quería echarse en los brazos de Helia, decirle que ella tampoco le había olvidado, dejar que él la abrazara como antes, pero no era tan fácil.

-Márchate.-su voz era apenas un susurro. Se zafó de su mano con suavidad.

Helia, sin embargo, la tomó de los hombros y alzó su barbilla para establecer contacto visual.

-Mírame a los ojos y dime que no sientes nada.

Luego la besó. Fue el beso más dulce que Flora había recibido. Notaba los labios cálidos de Helia sobre los suyos y sus dedos entrelazados. Era como estar flotando en una nube del paraíso. Había creído que nunca más volvería a experimentar el cosquilleo de cientos de mariposas revoloteando en su estómago.

Cuando el beso acabó, se dio cuenta de que no había sido capaz de apartarlo.

-Respóndeme, Flora.

Los ojos grises de Helia estaban clavados en ella y le hacían daño.

-No vuelvas a besarme.-le espetó-Y ahora márchate.

Helia obedeció, aunque abandonó la habitación con un profundo pesar. Por su parte, Flora permaneció de rodillas en el suelo considerándose la persona más despreciable e infeliz del mundo. Sí que lloró, pero fue debido al dolor que la estaba consumiendo por dentro.

NOTA: Siento haber tardado tanto en actualizar. Ahora tengo la historia un poco parada, pero trataré de continuarla lo antes posible. Es por falta de tiempo y, algunas veces, también de inspiración. Eso sí: ahora empieza lo bueno. ¿Estará la relación de Flora y Helia avocada al fracaso? ¿Conseguirá él salvarla de sí misma, o permitirá que se enfrente a Argentum tal y como ella había planeado? Las respuestas vendrán en los siguientes capítulos. Gracias por vuestros reviews y disfrutad de la historia.

NOTA 2: A causa de varios asuntos académicos, no continuaré con esta historia hasta finales de junio o principios de julio.