Capítulo VI


Existían infinidad de conceptos con los que Kurt Hummel hubiera podido definir sus dos últimos días en la casa de los Karofsky pero, definitivamente, "diversión" y "tranquilidad"distaban mucho de ser los elegidos. Era como si hubiera una conexión mental secreta entre Blaine, Corleone, Chesire y él para acordar el darse un tiempo para respirar, pensar y asimilar la cantidad irracional de información que lograron adquirir en tan sólo dos días. Desde muy temprano hasta bien entrada la noche, no había ni rastro del dueño de la casa ni de su molesta "mascota".

Cuando Blaine había empezado a cuestionar la razón de su ausencia, Melinda le contó que Dave estaba ocupado supervisando la distribución de ciertas piezas llegadas en un nuevo embarque; por otra parte, Sebastian se encargaba de visitar a los clientes para cobrar los tratos que habían hecho con su superior. Aún así, era más común verlo entrando y saliendo del despacho que el mismo Karofsky pero era fácil saber que no tenía intención hacer nada por la falta de ruido o presencia de Dave en la casa. Ignorando cualquier sentimiento de alivio acompañado por la inminente cara larga de Blaine ante todo aquello, él y Kurt dedicaron la mayor parte de su tiempo a practicar sus propios estilos de pelea y defensa personal. Claro, con la mente en otro lado, todo era mucho más difícil de lo que se esperaba.

Blaine no dejaba de darle vueltas a lo ocurrido en las mazmorras, de aquel casi beso de Dave y como en el último momento, este se echó atrás y huyó de él. En lo que concernía a Kurt, procuraba controlar sus ganas de torturar a Karofsky pues se veían opacadas por el recuerdo estremecedor de un beso, procedente de la persona menos esperada. Realmente, estaba confundido y con la cabeza en las nubes.

Esa noche, como las dos últimas, habían cenado solos.

— Es nuestra quinta noche como prisioneros; sino fuera por el trato que recibimos y por como Trent vigila de nuestros pasos, ya habríamos escapado sin que se dieran cuenta - bromeó Blaine estirándose con algo de pereza -.

— Pues si - Kurt encogió de hombros. De cierta manera agradecía esas ausencias pues no tenía ánimos de ver a ninguno de los dos - pero es mejor así. No tengo muchas ganas de encontrármelos y menos, si ellos están de un humor especialito.

— Ese es usted, señor Hummel – como respuesta, el otro muchacho dio un suave golpe a Anderson en el brazo -.


—Az, ¿qué tal todo? - Dave bajó de su coche y miró la muñeca para consultar el reloj: por fin podría llegar a una hora decente -.

—Bien, hermano. Yura se ha instalado en su piso de Barcelona y tu madre decidió quedarse unos días con él. Al parecer, regresará a finales de mes - Dave resopló feliz. Al menos, su madre, Kurt y Blaine no se encontrarían en casa.

— Eso está muy bien. ¿Y tú, cuándo regresas?

— Mañana, en el vuelo que sale a las 10. Tengo tres nuevos proveedores... este viaje ha resultado ser bastante productivo, Dave. ¿Y cómo van las cosas entre tu y tus chicos? – Azimio era su mejor amigo; lo sabía todo de él y esta vez, no iba a ser menos -.

Dave carcajeó irónicamente y contestó.

—Horrible. El trabajo ayuda que pueda evitar a Blaine o Sebastian y aún así, me siento como un perro - Azimio chasqueó la lengua en señal de desacuerdo -.

— ¡A ver si te entra en la cabeza que no deberías preocuparte de esta manera! Que te guste otro chico, además de Sebastian, no es ningún crimen. No entiendo porque te preocupa.

—No quiero lastimar a Blaine - Azimio resopló indignado -.

— ¡Y una mierda! Tienes miedo de que el chico llegue a ser demasiado bueno y perfecto para ti que llegues a sentir algo profundo por él. Eres un cobarde, jefe.

—Lo sé, Az, lo sé... gracias por recordármelo —Dave rodó los ojos y entró a su casa hasta llegar al comedor. Se moría de hambre —. Nos vemos mañana.

Mierda, fue lo primero que pensó Dave cuando terminó de hablar por teléfono y comprobó como el tema de su conversación telefónica se encontraba en la mesa, cenando en silencio. Decidió romper el hielo, rehuyendo de la sensación de incomodidad entre los tres.

— Buenas noches - dijo Dave sin mucho ánimo y serio pero de pronto, suspiró de alivio al oír a Sebastian llegar a la mansión -

— Creo que somos unos pésimos anfitriones, Dave: nuestros invitados han estado cenado solos durante estos últimos días – afirmó Sebastian sentándose en la mesa dispuesto a cenar; Dave se obligó a sentarse junto a los demás y comer algo -.

—No es algo podéis discutir, sin embargo… ¡qué le vamos a hacer! - contestó Kurt casi instintivamente, sin molestarse en mirarlos a los ojos -. Y buenas noches.

Kurt fue comedido pues procuraba ser amable pero Blaine reaccionó de manera contraria a la que Hummel esperaba: era inevitable que Anderson tuviera sus ojos de color miel iluminados como los de un cachorro cuando veía hablar a Karofsky y que comenzara a hablar torpemente, hasta por los codos; hoy, sólo sonrió a ambos antes de volver a dirigir la atención a su plato.

Kurt le miró con curiosidad, sintiendo como su enfado recorría sus venas al identificar confusión, inseguridad y algo de tristeza en la faz de Blaine. Se preguntó mentalmente qué habría hecho ese estúpido oso a su hobbit.

—Hoy termine con los cobros - Sebastian continuó a pesar de notar el ambiente tenso entre Kurt y Blaine - y estaba pensando que mañana podríamos pasar el día en la piscina de casa. Todos los que estamos en esta casa necesitamos algo para reducir el estrés – su comentario fue bienintencionado pero encajaba a la perfección con todo lo que estaba pasando -.

—Un momento... ¿tenéis piscina? - Kurt les miró anonado - ¿Es que estáis podridos de dinero o algo así?

A Blaine se le despertó la curiosidad y alzó el rostro, evitando mirar directamente a Dave.

—Bueno, es que Sebastian quería una - Dave no reparaba en cumplir los deseos de su compañero, madre o hermano -…

Anderson tragó saliva y se acordó de lo interesante que parecía mantener la vista fija al plato. Ese comentario tan casual por parte de Dave le sentó tan mal como una patada en el estómago, inmovilizándolo de tal forma que poco le interesó controlar las palabras de Kurt.

—Vaya… no escatimas en esfuerzo ni en gastos cuando se trata de consentir a tu suricato, Karofsky - exhaló Hummel tratando de ignorar qué hacía Blaine porque, a menos que quisiera machacar a Dave a base de palabras y echar por la borda "El Plan", debía tranquilizarse lo más posible -.

—Sí, bueno, esta casa también es su casa – Smythe le sonrió con cariño: poder sentir que era parte de algo, parte de esa familia era maravilloso y no estaba dispuesto a renunciar -.

—Y por lo del día libre, lo siento; tengo que ir a New Hampshire, ¿recuerdas, Sebastian?

El rechinado de una silla al arrastrarse interrumpió aquel momento. Blaine, quien se estaba poniendo de pié, se dirigió a los tres con algo que pretendía ser una sonrisa:

—Lamento ser descortés pero ya estoy satisfecho. Que tengan buen provecho. Buenas noches, joven Smythe, joven señor Karofsky…

— ¿Blaine, va todo bien? – el mayor se preocupó al ver como se levantaba bruscamente de la mesa -.

—Sí, todo bien… bien, sí. Sólo es que estoy algo cansado, tengo la cabeza en otra parte y para rematar, me duele la cabeza - Blaine no parecía convencer demasiado bien con aquella disculpa -. No se preocupe por mí, solo necesito descansar un poco. Hasta pronto - y sin dar a pie a réplicas, se retiró del lugar -.

— ¿Ves? Todos necesitamos liberar la tensión; ese pobre chico va a explotar un día de estos – insistió Sebastian -.

Kurt lo miró de reojo con claras intenciones de mutilarlo. No podía acabar de comprender… ¿¡es que el muy idiota no entendía que Blaine actuaba de aquella manera porque no quería estar cerca de David!

— ¡Que tengas suerte! En serio, tengo que ir. Probarán la pieza para el Camaro z28 del 80 y quieren mi presencia en caso de que la pieza no funcione.

—Cierto, ¿cómo pude olvidarlo? – Sebastian sonrió casi triunfante, con Kurt a punto de explotar - . ¿Alguna vez has conducido un z28, Hummel? Son una belleza.

De verdad que era un niño tonto. Casi quería gritarle: todo es parte del plan

—No, no he conducido uno, jamás ha llegado un modelo como este al taller. Pero, ¿en serio? ¿Un Camaro del 80? Las piezas de ese tipo de automóviles son realmente difíciles de encontrar – opinó con un deje de sorpresa, permitiéndose sostener una conversación casual gracias a su amor por los coches -. No que las hayamos necesitado en el taller de mi padre pero he revisado varios inventarios de otros modelos clásicos y puedo decir que las refacciones de ese tipo son casi imposibles de encontrar -

—Fue difícil de encontrarlas, la verdad; tardamos bastante pero lo logramos. El coche esta prácticamente reconstruido - Dave estaba emocionado, le gustaba ver los coches restaurados y más cuando eran de época -. Te invitaría a venir pero no quiero otra patada en mis testículos - Sebastian ensancho aún más su sonrisa -.

Era tan fácil de persuadir a Dave, tan estúpidamente lindo y educado... y allí fue cuando el hijo de Burt Hummel captó el plan de Cheshire, mirándolo de reojo con una sonrisa traviesa antes de encarar a Dave.

—No es como si yo saltara de alegría ante la idea de poder de estar contigo, Karofsky; pero los automóviles me apasionan, especialmente los modelos antiguos. Mira, ¿qué te parece este trato? Tú me llevas a echarle un vistazo y yo te cedo el privilegio de dejar tus testículos intactos durante todo el tiempo que dure el viaje - se respaldó en la silla sonriente como si fuera el dueño de todo y todos, incluyendo al oso y al suricato -. No sé tú, pero a mí me parece un trato justo.

Por otro lado, Dave abrió la boca sorprendido. No se esperaba eso de Hummel porque era bien sabido que apenas lo soportaba. Ese repentino cambio de actitud tan repentino fue demasiado raro, se traía algo entre las manos y se le estaba escapando. Hummel no podía escapar, Burt lo quería ahí junto a ellos.

—Sin duda es un buen trato pero... ¿estás seguro que quieres ir conmigo? - Sebastian se mantuvo al margen a propósito, esperando a que el castaño se ganara la confianza del jefe -.

—A veces, si se quiere obtener algo uno debe sacrificar otra cosa de un valor similar - ladeó la cabeza y arqueó una ceja - pero si quieres que te siga tratando como lo he hecho hasta ahora, créeme, no me costaría ni un poco.

—No, no, para nada… es sólo que me sorprende, eso es todo. Pensé que me odiabas o algo así - Sebastian arqueó una ceja esperando que Dave continuara - pero imagino que tienes muchas ganas de ver ese coche. Por mi parte, encantado de llevarte; después de todo, es un viaje de un sólo día - le devolvió la sonrisa -.

—No te acostumbres, Karofsky, sigues sin caerme bien del todo. Sólo quiero ver ese coche y de paso, darte una oportunidad para que intentar que me caigas mejor - el actor se volvió a acomodar en la silla admitiendo que, si bien seguía deseando ahogarlo por atrever poner sus garras sobre Blaine, también tenía una sonrisa bastante agradable -.

— ¡Genial - Sebastian por fin habló –, ahora tienes quien te acompañe! Yo tendré que distraer a Blaine —Dave entrecerró sus ojos pues no le gustaba el tono que empleó -… será divertido. No te preocupes, lo cuidaré muy bien - Sebastian lanzó una de sus mejores sonrisas pero Dave no le creyó -

— Y tú, ¿no quieres venir? Estoy seguro de que a Blaine le agrada la idea - Sebastian negó con la cabeza -.

— ¿Eres consiente, Timón, de que si le metes mano a Blaine, te desmembraré dedo por dedo? -amenazó Hummel con una radiante y amenazadora sonrisa en la cara -.

—No haré nada, en serio - recalcó -. Id vosotros - Dave empezó a sentirse algo nervioso y enfadado pero no sabía por qué -.

—Sigo sin confiar en ti pero bien, dudo que eso cambie algún día – sentenció Kurt -. Ahora si me disculpáis, necesito cambiarme. Karofsky, ¿dónde te veo?

—Salimos mañana a primera hora. ¿No tienes problemas en viajar en helicóptero, cierto?

Hummel alzó una ceja debatiéndose si debía mostrarse escéptico o irónico. Sacudió la cabeza tratando de restarle importancia y echó una última mirada a Smythe con la esperanza de que entendiera que necesitaba hablar con él.

—Bien, yo también me retiro que estoy molido - Sebastian se levantó del asiento y se despidió con un suave beso en la mejilla de Dave quien, seguramente, se quedaría un rato más para poder llamar al piloto y comprobar que todo estaba listo para el viaje -.


El actor caminó hacia su habitación esperando que Smythe le estuviera detrás. Tras doblar uno de los tantos pasillos de la mansión, se detuvo y cruzó de brazos al mismo tiempo que dejó que su cuerpo recargara su propio peso sobre la pared. Necesitaba prepararse mentalmente para "dialogar" con Timón y no podía consentir que los diversos sentimientos que guardaba por él salieran a flote; lo consideraba "nocivo" y tenía intención de permanecer sarcástico ante él a partir de sus propios comentarios.

Sebastian dobló en el pasillo donde pudo ver una esbelta figura que se dejaba ver entre la oscuridad. En su cabeza solo ocupaba su "plan maestro": Kurt mantendría a Dave ocupado mientras él podía divertirse con Anderson. Había sido tan sencillo…. Conociendo la identidad de la figura, se acercó sigilosamente y de un movimiento rápido, le sujetó de la cintura para acercarlo a su cuerpo.

—Estás distraído, Campanita – le susurró al oído -. ¿Qué te preocupa?

—Suéltame, Smythe – Kurt amenazó a Sebastian con una voz suave, firme y peligrosa que escondía lo nervioso que se encontraba ante el cosquilleo que nacía de cada lugar que tocaba -. Lo que me preocupe a mi no es asunto tuyo.

—Vamos, mañana te vas todo el día con Dave. Voy a echarte de menos – el más alto apretó un poco más su agarre aunque Kurt exigiera ser soltado. Éste no hacía nada para liberarse del agarre y eso era una buena señal -. Anda, dime qué quieres – sugirió - por qué tú querías hablar conmigo, ¿cierto?

— ¿Por qué no me dijiste que esto era parte de tu plan? Si Karofsky hubiera aceptado quedarse, eso los habría juntado más que separado, Cheshire. Y te exijo que me sueltes de una vez – susurró al colocare sus manos sobre aquellas que le sostenían, haciendo un amago de separarlas -.

—Dave no se hubiera quedado, Campanita; lo tenía todo sumamente calculado. Sabía que al final terminaría por invitarte, Dave es así - Smythe agarró las manos de Kurt y las colocó tras su espalda, complacido de cómo Hummel era fuerte -. Ahora, aburrirás a Dave hasta la muerta mientras seduzco un poco a tu mascota.

La respiración de Kurt se aceleró sintiendo cómo la adrenalina hacía su aparición y forcejeó en pos de liberar sus manos de las de Sebastian. Orgulloso, estremecido por el reto que representaba enfrentarse a Smythe, alzó el mentón y sus labios formaron una sonrisa seductoramente peligrosa.

—Lo de desmembrarte dedo por dedo iba en serio, Smythe. Además, ¿quién dice que acabaré necesariamente por aburrir a Karofsky si me va a tener como compañero? ¿Es que dudas de mis dotes de seducción?

—Bah - empezó a acariciarle las muñecas con los pulgares -, no pudiste con Blaine así que olvídate de Dave porque no sólo te lleva años de experiencia sino que también ha tenido mejores amantes que tu. Y en cuanto a tu bebé, ya te dije que no te preocuparas. Seré todo un caballero.

—Te reto a que intentes llamar la atención de Blaine en un ámbito más allá de lo corporal, lo cual dudo que logres por muy "Casanova" que te proclames, suricato – forcejeó de nuevo a sabiendas de que probablemente terminaría con unos desagradables moretones en las muñecas -. Además, yo también estoy muy bien entrenado Smythe. Tengo suficiente experiencia para poder defenderme en ese ramo del que tú te crees un experto.

—No me lo creo, es que lo soy - Sebastian empujó el cuerpo de Kurt sobre la pared -. Podría tener a tu chico pero no me interesa - sin querer, miró a los labios Hummel quien no había perdido la mueca petulante de la cara. Por un segundo quiso besarlo pero se contuvo y es que él no perdía el control de esa manera -.

—Admítelo, Smythe; no puedes. Sólo te estás excusando - exhaló tras entrecerrar los ojos, dejando que sus palabras salieran bajo un siseo incitante –. A mi parecer, tan sólo eres un tipo cualquiera con el ego por los cielos.

Con una sonrisa divertida, Kurt movió una de sus piernas y la colocó entre las de Sebastian. Después, colocando la rodilla en una zona estratégica, empezó a frotarla contra la entrepierna que tenía ante él. Si era sincero consigo mismo, ni siquiera sabía lo que hacía pero ese tentador y peligroso juego era demasiado irresistible como para dejarlo pasar.

Sebastian cerró los ojos tras el contacto inesperado. Esperó un segundo para abrirlos y contrajo su mandíbula para no gemir, sujetando fuertemente la pierna de derecha de Kurt para anclarla en su cadera. Su intención era inmovilizarle pero no pudo reprimir acariciarle lentamente por la parte posterior de su muslo.

—Consigue que te bese Dave y ya hablaremos, Campanita - Sebastian sabía que tenía que irse. Estaba manteniendo a raya sus sentimientos y no quería debilitarse frente a Kurt -.

Las pupilas de Hummel se dilataron mientras sus labios se separaban, invitando a su intromisión. Movió como pudo la pierna que tenía enredada entre las demás sin saber cuál era cual, por el puro morbo de saber cómo reaccionaría el supuesto Casanova.

—Hecho - aproximó la cabeza hacia el frente, a escasos centímetros de su boca y susurró -. Te reto a hacer lo mismo, pero con Blaine. Te aseguro que ganaré la apuesta.

— ¿Y qué ganaré, entonces? – Sebastian intentó sonar seguro con algo de esfuerzo -.

— ¿Qué clase de premio quieres? - rebatió con otra pregunta -

—Si yo gano, pasarás una noche conmigo.

Sebastian ni lo pensó; Hummel le estaba provocando y quería deleitarse al oír gemir su nombre. Al mismo tiempo, Kurt, se mordió la lengua, dispuesto a no mostrar lo excitante que le parecía la aquella apuesta, rogando porque no sintiera cómo se estremecía ante él.

— ¿Y qué pasa si yo gano? - volvió a acercar peligrosamente su rostro para buscar los ojos de Smythe -.

—No sé, ¿quieres tu propio Phantom? Te daré lo que me pidas. Total, como ya sé que no podrás ganar - Sebastian volvió a acariciarle lentamente el muslo, dignas de admirarse al envolver su cintura -...

—Harás lo que yo quiera. Un día completo y sin rechistar. Eso incluye el cumplir todos los caprichos que se me puedan ocurrir - dictaminó Kurt sin parar de mover instintivamente sus caderas hacia el frente y afianzando un poco más el agarre de su extremidad inferior -. Y he aquí el dilema: ¿qué pasa si ambos ganamos? ¿Y si ambos perdemos?

—En el improbable caso de que los dos ganemos, cumpliré tus caprichos y pasas la noche conmigo. Y si perdemos, pues también pasas la noche conmigo. Vamos a necesitar algo con lo que olvidar nuestra frustración, ¿no crees? - Sebastian se inclinó para darle un suave beso en la comisura de los labios -.

— ¿Y yo me quedo sin premio de consolación por haberlo intentado? No, Smythe – travieso, aprovechó esa proximidad para rozar ambos labios con tan solo pronunciar unas pocas palabas -. O ambos tenemos un premio de consolación o nos quedamos sin él, No pienso darte nada gratis.

—Me tendrás a mí, que es mucho más de lo que te mereces, Campanita - Sebastian estaba a punto de empotrarlo en la pared y hacerlo suyo sin importarle que Dave y Anderson se enteraran -.

—Eres un maldito narcisista, ¿lo sabías? - aprovechó la distracción de Sebastian y liberó sus muñecas del agarre pero en vez de apartarse, colocó sus manos sobre el pecho y descendió lentamente sus yemas hasta al filo de los pantalones -. Pero estoy de acuerdo en algo - acercó su boca hacia la oreja izquierda, antojándosele morder el lóbulo de forma lenta y golosa -… me tendrías a mí gratis, cosa que es más de lo que alguien como tu se merece -.

Sebastian apretó aún más su cuerpo en contra del de Kurt, buscando los labios que tenía enfrente para besarle con toda la pasión que había contenido hasta el momento. Se armó de todo su autocontrol para separarse y se recreó en la chispa de interés permanente en los ojos azules del otro chico.

—Descansa, Hummel. Te aconsejo que le digas a tu mascota que mañana te irás de viaje con Dave – se despidió habitación esperando que Hummel no notase su erección. Ese chiquillo sí sabía jugar... -.

Asegurándose de que Smythe ya no estaba al acecho, Kurt dejó que su espalda se escurriera contra la pared. Estaba jadeando, con su cuerpo extasiado por un seguido de coqueteos y un beso, la piel cosquilleando de deseo y anticipación y su entrepierna palpitando de necesidad. No era la primera vez que había coqueteado con alguien después de dejar Lima por su carrera, por supuesto, pero nunca a ese nivel. Se recompuso algo y jadeó dispuesto a colarse en cualquier habitación para librarse del "problema" que había surgido y que le indisponía a enfrentar a Blaine.

Maldito suricato…


¿Qué tal? Puro fuego en el aire y si vieran todo lo que sigue…

Muchas gracias a las personas que nos leen y nos comenta. Mil gracias a Suuita por este maravilloso trabajo, y nos vemos el próximo domingo.