El invierno había llegado temprano, aunque con el cambio climático eso era de esperarse. Todos los ciudadanos esperaban tener un invierno normal, pero las lluvias llegaron con mucha intensidad, varias ciudades estaban inundadas, y muchos pobladores estaban refugiados en zonas seguras, las autoridades trabajaban arduamente para que los desastres naturales no causen tanta tristeza.
Lovino estaba en la junta sobre el medio ambiente, a pesar de que no se debía usar el celular durante las juntas tenía una buena razón para comportarse como un chico de secundaria mandando mensajes por su celular. Feliciano se había quedado en casa, con el mal clima había agarrado un resfriado como el año pasado, pero ahora Feliciano no se resignó a quedarse en cama, este año sería diferente. Aún enfermo fue a su oficina a trabajar como siempre lo hacía lo que causo sorpresa a los demás empleados, y funcionarios del gobierno.
Todos estaban acostumbrados a pensar que Veneziano permaneciera en casa la mayoría del tiempo durante el invierno, especialmente su secretaria, Martina, y su asistente de confianza, Pietro, ambos se encargaban de suplir la ausencia física en la oficina pero jamás habían hecho alguno de sus trabajos, eso ha ellos no les correspondía. Ellos respondían ante Veneziano, y cumplían sus órdenes fielmente, y él les tenía una gran estima y eso era un excelente estimulo.
Lovino, también tenía su secretaria y asistente de confianza, Esther y Joaquín, ambos solían ser su caja de consejos cuando trabajaba en ese odioso ambiente que era el edificio de gobierno. Lovino estaba nervioso con la condición de Feliciano, algo muy poco común en él, era la época en que las migrañas eran pan de todos los días, y si se tenía mucha suerte no había ningún record que añadir a la lista de aquas altas, en Venecia. Antes de irse Lovino había ayudado a Feliciano hacer unos reportes que el superior manda hacer cada año, el luego indicaría que es lo que se realizaría para el siguiente viendo sus opiniones, pero el bastardo había tomado vacaciones esos días, y su asistente la Signorina Luna Macroni, estaría a cargo de la revisión preliminar de los reportes. Con ese contratiempo ya cerrado Lovino pudo irse semi-tranquilo a la junta.
‒ ¿sigues en la oficina? ‒ preguntó Lovino cuando hubo un descanso
‒ No fratello, me dirijo a Toscana, a ver el daño de las inundaciones…‒
‒ no deberías hacerlo, bastardo, estas resfriado…‒
‒ ve ̴ estoy bien… no te preocupes‒
Pero en realidad no era cierto, Feliciano estaba realmente mal, con escalofríos y una horrible congestión, aun sintiéndose pésimo, estaba en el auto con Pietro al volante dirigiéndose a Toscana.
‒ te veré hoy a la noche… y me asegurare que descanses ‒
‒ ve ̴ fratello no es necesario además el ciclo de juntas aun no acaba‒
‒ veré una forma…‒
Feliks estaba detrás de Lovino, sin querer había visto la secuencia de mensajes que Lovino y Feliciano habían generado. No tardo en preocuparse, él y Feliciano eran muy buenos amigos.
‒ Así que, es como si, Feliciano se está esforzando demasiado‒ dijo Feliks haciendo que Lovino saltara de sorpresa pero asintió afirmativamente‒ eso, como que, no está bien ¿no? ‒ Lovino volvió asentir ‒ *suspiro* como que, si quieres llegar para cuando anochezca debes irte ya‒
‒ ¿hablas en serio? ‒
‒ solo déjame tus propuestas y hare que uno de los asistentes lo revisen‒
‒… grazie…‒ dijo Lovino dejando sus múltiples notas a Feliks y dirigiéndose a la salida.
Mientras tanto, Feliciano se había dormido en el camino Toscana, pero Pietro lo despertó para el momento de llegar. Feliciano bajo el auto, y se dio cuenta que le faltaba la respiración, y además su dolor de cabeza decidió hacerse presente, se puso los anteojos y se dirigió hacia las fuerzas de socorro, recibió un informe detallado, y luego hablo con el alcalde de ese pueblo en particular, todo lo que se necesitaría y otras cosas fueron anotadas para resolver el problema.
Después de hablar con las autoridades fue a ver a los refugiados, para darles ánimos, hasta ahora su sonrisa era algo más una fachada en su cara, para ocultar todo el dolor que estaba sintiendo. Cuando se encontró con una anciana de unos 70 años, ella de inmediato le hizo una señal para que se sentara con ella por unos segundos y Feliciano obedeció.
‒ signore , tenga esta sopa de pollo le ayudara mucho…‒
‒ ve ‒ , grazie pero creo que usted la necesita más que yo, signora‒
‒ No, signore, tal vez mi casa este inundada pero seguirá ahí, usted estará ahí, pero si usted se enferma nuestro hogar se pierde, debe recuperarse signore‒
De pronto Feliciano era rodeado por todos los ciudadanos y cada uno le insistía a su manera que debería cuidar más de él mismo. Feliciano no lloro, por no parecer demasiado débil, pero ganas no le faltaban. Agradeció la sopa se la comió, y permaneció con ellos unos minutos más hasta que tuvo que irse. Durante el regreso Pietro se atrevió a decir algo que jamás se pensó decir.
‒ Todo el mundo está preocupado por usted, signore, incluso Martina y yo lo estamos‒
‒ desearía que no fuera así, Pietro‒
‒ solo debe preocuparse de no resfriarse y descansar, así podrá trabajar la temporada‒
‒tienes razón‒
Feliciano había llegado a casa, gracias a Pietro, pero ya era tarde, muy tarde, era aproximadamente las 11pm; cuando entró se topó con la noticia que estaba solo, y con muchos mensajes en su contestadora. Mientras iba a calentarse un poco de pasta, dejó que se reprodujeran.
‒ Primer mensaje, recibido a las 10:35 pm‒
"Feliciano, contesta el maldito teléfono, ya debiste haber llegado a casa, mira bastardo, mi vuelo está estancado, en el territorio del bastardo patatas, despegara pronto, llegare temprano en la mañana."
‒ fratello… *suspiro*… no era necesario, pero bueno que más habrá‒
‒ Siguiente mensaje, recibido a las 15:45 pm‒
"Hola Veneziano, como que, Lovino se preocupó por ti y salió hace, como que, dos horas, te dejó el mensaje porque, como que, no hay fluidez de vuelos donde estamos así que, como que, se demorará un tiempo, cuídate."
‒ Lovino hizo ahora preocupar a Feliks, si fuera por él gritara a todo el mundo que estoy enfermo…‒
‒ Último mensaje, recibido a las 10:30 am‒
‒mm… ¿10:30? Poco después de que salí a la oficina‒
"Signore Veneziano, soy la signorina Luna, el primer ministro revisó los reportes, debo decir que él está muy decepcionado, dice que son pésimos, quiere una rectificación para mañana a primera hora, yo hoy no podré asistir, se presentó una urgencia familiar, espero que reciba este mensaje lo más pronto posible, que tenga buen día"
‒ ¿mal hechos?... pero los hicimos como siempre… ¡a primera hora¡ ‒ Feliciano volvió su vista al reloj le quedaban 8 horas para realizar los reportes que a paso rápido toman dos días ‒ tengo tiempo, muy bien solo debo ponerme a trabajar, así cuando Lovino venga ambos iremos a entregarlos‒
Feliciano corrió a su estudio, no a su estudio de arte, sino al estudio que compartía con Lovino para completar su trabajo, encendió su computadora, tomo una taza de café y se puso a hacer todo desde cero, intentó no realizar el mismo reporte, así que desde la redacción, el contenido e incluso el formato era diferente, Feliciano pasó leyendo, escribiendo, y revisando todo a una velocidad impresionante. A la par su dolor de cabeza también se estaba incrementando, solo no le dio importancia, se ocupó tanto, que dejó de sentir dolor, pero no sabía que eso tendría después repercusiones.
6:30 am, terminó, no sabía como pero lo logro. El reporte estaba mucho más largo que el primero pero completo, al menos según lo que él creía. Se dirigió a la cocina y se topó con que estaba viendo borroso, seguramente los anteojos ya pasaron a mejor vida, su ojo derecho le dolía, se lo restregó un poco. Cuando llegó tomo una taza de café, y para poder distraerse un poco, fue a la sala de estar para ver las noticias; pasaron unos minutos, se acabó el café. Se estaba durmiendo, conducir así sería peligroso así que llamó a Pietro, el cual estuvo a los cinco minutos después de colgar.
‒ ve~ Pietro, Buon giorno‒
‒ buon giorno, signore‒
‒ ten, lleva esto a la oficina de la signorina Luna, debe estar antes de que ella entre a su oficina, yo dormiré unos cinco minutos e iré a la oficina‒
‒ entonces esperare su llamada para venirlo a ver, hasta luego signore‒
‒ Hasta luego… *bostezo*‒
Cinco minutos, eso era suficiente, se sentó en el sillón y lentamente cerró sus ojos y durmió. Cuando despertó se sorprendió al ver que no estaba en el sillón, no estaba en la sala de estar, estaba en su habitación, y a su lado estaba Lovino, sentado en una silla dormido también.
‒ ¿fratello? ‒
‒ mm…‒ Lovino empezó a levantarse, y en cuanto lo hizo se dirigió donde su hermano, para examinarlo mejor‒ bastardo, te dije que no salieras‒
Lovino había llegado al medio día se cansó de esperar el avión, y salió del aeropuerto, y se dirigió a tomar el tren, pero el tren se quedó atascado, en un túnel, llegando a una zona de los alpes suizos, lo que hizo que Lovino se empezara a desesperar. Cuando llegó noto, el abundante olor a café que emitía la casa, como si la cafetera hubiera estado en funcionamiento continuamente, al desembarcar su maleta, notó un pie en el sillón, se acercó y vio a Feli, pálido, intentó despertarlo pero nada daba resultado, con nervios Lovino revisó si su hermano estaba inconsciente, uno de los doctores le había dicho como reconocerlo fácilmente, levantando muy lentamente el parpado izquierdo de su hermano, tenía una pupila contraída, pero extrañamente su ojo estaba rojo o al menos la mitad de su ojo, desde el lacrimal hasta la pupila, y ahora el otro, si su ojo derecho tenía la pupila dilatada, debía hacer que Feliciano reaccionara o quien sabe cuándo recuperaría la consciencia; lentamente, levanto el parpado, a Dios gracias estaba contraída pero lo que si preocupo a Lovino es que el ojo de Feliciano estaba totalmente Rojo, un rojo sangre, que solo había visto en los campos de batalla. No era nada bueno, muy despacio alzó en brazos a Feliciano y lo llevó a su cuarto, lo recostó, e inclusive intentó hacer que reaccionara pero sin ningún resultado. El cansancio del viaje había agotado a Lovino, se durmió a los pocos minutos.
‒fratellino idiota, ¿por qué no haces caso? Mira como estas... pálido y con los ojos de color rojo sangre, ¿qué fue lo que hiciste? ‒
‒ ve~ fratello, la signorina Luna dejó un mensaje ayer, diciendo que nuestro reporte estaba mal hecho así que lo corregí‒
‒ ¿qué? Pero si lo hicimos igual que siempre‒ Lovino se puso a meditar, esa asistente jamás había sido de su agrado, algo olía sucio‒ voy a averiguar que pasó, tú quédate aquí y descansa, ¿entendiste? ‒
‒ Sí, fratello... solo regresa pronto... ‒
‒ te llamaré al celular si pasa algo, así que mantenlo cerca‒
Feliciano asintió, y vio cómo su hermano salía de la habitación, su dolor de cabeza estaba en una escala de dolor diferente, demasiado fuerte era poco, era horrible, muy horrible. Su vista no estaba buena, a penas logro distinguir a Lovino, estaba nublado, y borroso, parecía que la niebla venía desde su lado derecho a cubrirlo todo. Feliciano hizo lo único que podía hacer en esos momentos, se acomodó en la cama y cerró sus ojos esperando dormir; una siesta bastaría para que su dolor se fuera, o al menos eso era lo que esperaba.
Mientras Lovino se preparaba para mandar al demonio a quien fuera necesario el teléfono del estudio sonó, para evitar molestias el teléfono del estudio y el del resto de la casa tenían números diferentes, los únicos que conocían el teléfono del estudio eran los trabajadores del gobierno: secretarias, asistentes, el superior; aunque muy pocos de estos conocían el número de la casa en sí. Lovino no contestó dejo que grabara la contestadora, no tenía tiempo de hablar con esos idiotas por el momento.
"Buon giorno, signore Veneziano..."
Esa voz, era la de esa asistente, Romano iba alzar el teléfono para contestar, pero una voz dentro de su cabeza le hizo detenerse.
"Me alegra saber que sigue siendo responsable signore, recibí el informe en cuanto entraba a mi oficina, lo malo es que no está correcto; por estos tremendos errores hable con su hermano al respecto..."
¿Qué acababa de decir? ¿Que habló con él? Esa mujer estaba loca, en ningún momento Lovino había entablado conversación con esa persona. Al menos no desde hace ya tres días.
"Y también con el primer ministro, y llegamos a la conclusión de que tal vez no sea apto para este trabajo, en los siguientes minutos el superior se reunirá con su hermano y llegaran a un acuerdo. Lamento decirle esto, pero era mi deber infórmale que tal vez usted ya no es un representante del todo necesario. Hasta luego signore."
Lovino se quedó quieto, esa mujer acababa de decir que él y su superior harían que Veneziano desapareciera, eso no debía permitirlo, a toda costa. Salió corriendo de la casa, tomo su motocicleta y se dirigió hacia el edificio de gobierno lo más rápido posible.
‒ buon giorno, oficina del signore Romano‒
‒ Esther, comunícame con la secretaria de Veneziano por favor‒
‒ en seguida signore, ¿pasó algo? ‒
‒ Sí, algo muy grave va a pasar‒
‒ ¿necesita ayuda? ‒
‒ Ahora que lo mencionas, sí, necesito que tú y Joaquín consigan un expediente‒
‒ déjenlo en nuestras manos signore, enseguida le comunico‒
El teléfono sonaba con esa estúpida canción de espera, pero Lovino sabía que la secretaria de Feliciano solo dejaba que los solicitantes escucharan una sola vez esa canción, porque a ella le parecía linda, pero al terminar los atendía con eficiencia y rapidez.
‒ buon giorno, oficina del signore Veneziano‒
‒ Martina, necesito que hagas algo‒
‒ ¿signore Romano? ‒
Mientras tanto en el edificio de gobierno, la signorina Luna estaba en su oficina tomando un café y fumando un cigarrillo, se sentía con tanta autoridad, que hacia todo lo que estuviera prohibido. De pronto un sonido violento de pasos se oía cada vez más cerca, hasta que la puerta se abrió de golpe, y la representación del sur estaba frente a sus ojos.
‒ Signore Romano, que sorpresa, ¿el ciclo de juntas del medio ambiente ya acabo? ‒
‒ no, pero eso no importa, tuve que volver y punto... ‒
‒ no es bueno retirarse de las conferencias mundiales, parecerá que no queremos hacer un cambio‒
‒ Luego me las arreglo con ellos ahora la cuestión es arreglar la mala hierba que crece aquí‒
‒ no le entiendo signore... oh, ya sé es por los reportes, estaban mal hechos así que los mande a repetir al signore Veneziano‒
‒ ¿puedo saber la razón? ‒
‒ Por supuesto que sí, nuestro superior cree que se están obviando ciertos datos que nos hacen ver como la potencia que somos, y se recalcan otros que nos hacen ver como un completo desastre‒
‒ Dejeme preguntarle signorina ¿cómo deduce eso sí yo aún no he leído los reportes? ‒ dijo una voz fuera de la habitación.
El superior de Veneziano y Romano, estaba entrando por la puerta de la oficina, con la mirada de incredulidad en sus ojos.
‒ Signore... no se suponía que estaba de vacaciones‒
‒ vine porque no me llegó ningún reporte, así que decidí recogerlos personalmente‒
La cara de alegría de la asistenten cambio a una de rabia, no esperaba ser encontrada así, con las manos en la masa.
‒ *tch* signores, no tengo nada que inventar ahora, la cuestión es sencilla, estamos en una crisis, y mantener una representación que no es productiva en invierno es un gasto terrible de dinero y un desperdicio en esfuerzo y material hospitalario‒
‒ ¿qué estás diciendo, tú...? ‒ Romano se contuvo de no insultarla, pero ganas no le faltaban.
‒ Venezia, traeríamos más turistas si fuera un museo submarino, aparte de que esa ciudad está perdiendo más de lo que gana, todo se va en reparaciones de los daños causados por las aqua alta‒
‒ Luna, lo que estás diciendo es cruel, las personas deben prepararse, para ... ‒ el primer ministro hablo intentando razonar con la señorita pero fue interrumpido de manera brutal.
‒ valdría más que todos se ahoguen, tal vez Venezia tenga importancia histórica pero actualmente, explotarla turísticamente no vale la pena, tampoco produce lo suficiente como en épocas de antaño, con todo respeto Veneziano es una vergüenza, ya no considero que pueda mantenerse más‒
En eso momento Feliciano empezó a sentir un fuerte dolor en el pecho, dolía, era esa sensación parecida a que aplastaras una fruta con tus manos, alguien tenía su corazón así. Abrió sus ojos y descubrió que su vista estaba peor de lo que creía, esforzándose intentó ver si Lovino le había mandado algo, pero nada, rogaba a Dios que todo acabará rápido, y bien.
‒ Maldita infeliz‒ la boca de Romano había tomado confianza ahora‒ dime crees que porque estamos en épocas de paz Venezia no es importante, desde ahí se han generado los grandes artistas, y fue el centro de... ‒
‒ La peste... desde ahí se expandió al resto de Europa, y no me dirá que se refería a la victoria sobre el reino otomano, para mí eso fue suerte... ‒
‒ desgraciada ‒ no soportaba más ser cortes con esa mujer era imposible‒ ¿qué es lo que te hizo esa ciudad para que la odies tanto? ‒
‒ todo, mi padre se fue con otra mujer dejándonos a mi madre y a mí, por una veneziana, una mujer que no sabía nada de lo que mi madre sabía, y tuvieron muchos hijos que fueron afortunados, y mientras yo tenía que trabajar desde cero, la vida es cruel, pero este país me importa mucho, usted me importa Romano‒
‒ estás loca‒
‒ No lo estoy, usted tiene varios volcanes que pueden destruir todo, usted alimenta a todo el país, sin usted no somos nada, tal vez su hermano maneje bien los negocios pero usted es lo que le proporciona la mercancía... ‒
Lovino por unos segundos pensó que tal vez ella estuviera en lo cierto, pero después meneo la cabeza rápidamente, en qué demonios estaba pensando, no importaba quien de los dos era el más rico, no cuando después de tanto luchar al fin tienen la vida tranquila que deseaban.
Feliciano sintió otra punzada de dolor, pero esta vez en sus piernas, un hormigueo que iba desde la punta de sus dedos e iba ascendiendo hasta su cintura lentamente y dolorosamente.
‒ Lovi... necesito ayuda... Lovi‒
‒ resiste, Veneziano, resiste‒
‒ Eso no importa‒ dijo Romano sobresaltando a la mujer demente
‒ ¿a no? ¿Entonces por qué lo pensó? ‒
‒ veneziano y yo tenemos cierta rivalidad pero eso no es nada comparado con el sentimiento de familia que tenemos‒
‒ Su hermano ha tomado malas decisiones, muy malas, dejarse vencer por Austria, y permanecer bajo su dominio durante siglos, mientras que usted le hacía saber a España que no dejaría que lo subyugara, y lo logro... en cierto grado‒
‒ no metas a esos bastardos en esto‒
‒ bueno, no lo haré, pero espero que se haya despedido de su hermano... ‒
Lovino puso una mirada de incredulidad y sorpresa, qué demonios planeaba esa mujer.
‒ Con los documentos en blanco ya firmados por usted y el primer ministro, podemos redactar el documento de la disolución de Veneziano dejándolo a usted como a una sola Italia, de todas formas ¿para qué necesitamos más? ‒
La mujer se puso en posición de escribir, Romano no podía creerlo, si ella terminaba la redacción Veneziano desaparecería para siempre.
Feliciano no podía respirar, no sentía agua en sus pulmones, pero se ahogaba, se revolvía en la cama, intentando encontrar una posición que le ayudara a captar oxígeno, su dolor de pecho había aumentado, sentía sus costillas pesadas, dolía al inhalar y al exhalar, parecería que sería mejor dejar de hacerlo; no estaba viendo nada, y no sentía las piernas. El hormigueo ahora estaba en su estómago. Si el pudiera ver algo hubiera visto con horror que su cuerpo estaba transparente hasta su estómago, si llegaba hasta cubrirlo todo, quedarían apenas minutos de permanecer en este mundo.
‒ Veneziano debes luchar, no te rindas‒
‒ no te atrevas a escribir más‒ gritó Romano
‒ Lo hago por su bien‒
‒ ¡suelta ese bolígrafo ahora! ‒
Romano había salido corriendo, tomado el brazo derecho de esa mujer, y torcido hasta el punto que pudo haberle roto todo el brazo de no ser que la mujer puso una sonrisa sádica en su rostro, como si deseara más. Además ellas se atrevió a susurrar algo en el oído de Romano.
‒ no soy la única, muchas personas más desean verlo como el único representante‒
A Romano le dio asco sentir el aliento de esa mujer en su piel. Con cuidado y cautela, el primer ministro tomó la hoja que ya tenía un buen tramo escrito.
"A quien interese,
Los firmantes estamos dispuestos a desintegrar a lo que antes de la unificación sería la República Veneziana, y actualmente sería el Norte de Italia, dejamos nuestra..."
Romano había llamado a unos guardias y estos se encargaron de la custodia de la mujer; quitando la hoja de la mano de su superior tuvo un escalofrío al pensar que faltaban apenas unas tres palabras para que su hermano desapareciera, sin pensarlo dos veces rompió el papel en millones de pedazos y lo lanzó al basurero, al cual le prendió fuego. Se quedó viendo como las llamas consumían el papel hasta que lo apagó con una botella de agua que estaba cerca.
Regresando a ver a su superior, hizo una señal de que el asunto debía terminarlo él, salió corriendo hacia su casa, esperaba que Feliciano estuviera bien, tomo su celular y llamó, pero nadie contestaba, el buzón de mensajes salía una y otra vez. Lovino estaba al borde de la desesperación.
Llegó a su casa después de casi hacer una carrera maratónica con su motocicleta. Entro rápidamente y se dirigió a la habitación de su hermano, abrió la puerta de golpe, y vio a su hermanito transparente, faltaba solo un mechón, en su cabello que aún se resistía a desaparecer, Lovino se dirigió al borde de la cama, intentó sujetar la mano de su hermano, pero la atravesó. Lovino sintió como las lágrimas se le acumulaban en el borde de los ojos, las cuales no le dejaban ver.
Sin tener alguna explicación lógica Lovino empezó a escuchar una voz que no sabía de donde la había escuchado antes, pero las cosas que decía eran horribles.
‒ ¿no sería mejor si el desapareciera? ‒
‒ eso es ridículo, mi hermano merece estar en este estúpido mundo‒
‒ Pero piénsalo, él es un inútil, nadie lo extrañaría, es más se alegrarían de que se fuera‒
‒ eso no es cierto, si Feliciano desapareciera, Francis se desplomaría en llanto y desesperación, Feliciano es su hermanito, su consentido, es el único que lo apoya aparte de Antonio, y Antonio se deprimiría y creería que no es apto como hermano mayor, intentaría lo imposible. ‒
‒ Tus hermanos no cuentan... ‒
‒ Pues sí, no son los únicos tampoco, porque Roderich siempre habla de su niño precioso, si Feliciano desapareciera Roderich dejaría de tocar el piano, Elizabetha caería en depresión, ella lo crió, Gilbert y Ludiwig se encerrarían sin decir palabra durante meses; Alfred, Feliks, Kikou, Tino, inclusive Lily se deprimirían ellos son los mejores amigos de mi hermano, que se han preocupado mucho por él desde siempre, y yo no soportaría que el simplemente se fuera, jamás pudiera aceptarlo‒
‒ Bien dicho... estoy orgulloso Romano, continua así... yo me encargare de que Dios no solicite a tu hermano por un tiempo‒ dijo el imperio Romano acariciando la cabeza del mayor de sus nietos, y desapareciendo en el aire.
‒ espero que sea así, nono‒
Al día siguiente Romano, quien se acostó y acurrucó a un lado de Feliciano, despertó preocupado, descubriendo que su hermano seguía tal y como estaba, solo que su forma había recuperado su solidez y color, y ahora dormía plácidamente, ya que revisó si estaba inconsciente, a Dios gracias solo estaba dormido; cobijándolo mejor, se levantó cuidadosamente y revisó el reporte que Esther y Joaquín le habían enviado.
Luna Macroni, no llegaba puntual, no hacia las horas exigidas de trabajo, sus trabajos eran pésimos, y se jactaba de ser una persona importante en la oficina, exigiendo y presumiendo sus aumentos constantes. Su pasado no era nada de lo que ella había mencionado, su madre falleció cuando era niña, y su padre trabajaba como chef en un orfanato, el cual daba todo porque los niños que llegaban salieran como hombres y mujeres de bien, incluyendo a su hija. Romano concluyó que esa mujer era una desequilibrada y seria arrestada por un largo tiempo. Y mejor que fuera así, el único incidente al parecer fue cuando Feliciano reclamo su falta de profesionalismo hace dos años atrás. ¿Sería posible que ese incidente desencadenara esto? Romano no quería ni siquiera pensarlo lo único que le interesaba por el momento era dejar que su hermanito descansara para que pudiera seguir haciendo lo que mejor hacía, y era sacar a su nación adelante.
Varias horas pasaron, Lovino estaba cocinando el almuerzo cuando por el rabillo del ojo diviso a una figura que entraba a la cocina, algo debilitado pero en pie, Feliciano había llegado con un estomago rugiente y reclamante de comida.
‒ no debiste levantarte, aun te noto tambaleante‒
‒ Lovi... ¿qué pasó ayer? ‒ dijo Feliciano sentándose en una silla en la mesa que servía de desayunador.
‒ ¿por qué preguntas? ‒
‒ no recuerdo mucho, lo que si recuerdo es sentir mucho dolor, ser torturado de alguna forma... y también a Nono... ‒
‒ debiste haber estado soñando... no pasó nada, solo fue la renuncia de la signorina Luna, y su disculpa por el error de los reportes, estaban bien hechos...‒
‒ Qué extraño... pero lo de Nono pareció tan real... era como si me decía que no desapareciera... y hablando de eso, ayer creí sentir lo mismo que tenía el abuelo Roma antes de desaparecer... ‒
‒ solo fue un sueño, uno muy real, es todo... ‒ Lovino había servido el almuerzo y dado un abrazo a su hermano, no quería que se enterara de lo que pudo haber sido su fin.
‒ *bostezo* debes tener razón... ‒
‒ come, y vuelve a descansar nos dieron libre el resto de la semana... ‒
‒ ve~ que bueno...¿Lovi?... ‒
‒ ¿qué? ‒
‒ Si yo desapareciera, consíguete una amante para que te haga compañía‒
‒ ¿Qué demonios estas diciendo? ‒ el color del rostro de Lovino era de un tono rojo tomate, algo muy gracioso de ver.
‒ Lovi... grazie... ‒
este capitulo es un completo desquite con una de nuestras compañeras de trabajo que es igual o peor que la signorina Luna en la historia. Es como si tu maestra te dijera que le des haciendo el deber de matemáticas a la peor de la clase, porque según tu maestra ella es la mejor y nadie lo puede negar.
ahora pasando a lo serio, no creo que alguien diga que Venezia esta mucho mejor bajo el agua, me parece absurdo que una hermosa ciudad se pierda por la inconsciencia de los gobernantes. No me consta tampoco por que no soy de allá pero esa es mi idea. además me gusta la idea de que Polonia e Italia sean muy buenos amigos.
espero que les haya gustado y perdón por mis malas intenciones. espero sus comentarios, sugerencias y o criticas.
