Capítulo 6: Defensa contra las Artes Oscuras
Todavía sentía toda esa bronca en su interior cuando giró en el siguiente pasillo y, debido a su distracción, chocó con una persona.
-¡Ay!-exclamó la voz suave y musical de Hedda. La había tirado al piso.
-Lo siento-se disculpó Albus, mientras que la ayudaba a ponerse de pie y le levantaba los libros que estaban desparramados por el piso.
-Está bien, no me pasó nada-le dijo ella, mientras aceptaba de vuelta los libros que Albus le tendía. Lo miró directo a los ojos durante unos segundos, y el morocho volvió a sentirse intimidado por la tristeza que había en los de ella.-¿Te encuentras bien?-le preguntó Hedda.
-Eh… sí, estoy bien-mintió Potter. Ella tardó unos segundos en volver a hablar. Lo miraba con intensidad, como si estuviera analizando la veracidad de aquellas palabras.
-Bueno, entonces será mejor que nos apuremos. La clase de Defensa Contra las Artes Oscuras va a empezar en diez minutos, y dicen que la profesora es muy estricta en cuanto al horario-le informó la chica de penetrantes ojos celestes.
Caminaron juntos y en silencio hasta la clase de DCAO. Albus se sorprendió con la ligereza con la que se movía la morocha, casi sin hacer ruido, como si flotara sobre el suelo.
En el aula ya se encontraban el resto de sus compañeros de Slytherin, y también los de Gryffindor. Scorpius había ocupado uno de los bancos de más adelante, y le hacía señas en dirección al asiento que le había guardado atrás de él. Albus ocupó ese asiento libre, mientras que Hedda ocupaba el que quedaba junto a él.
-¿Qué quería tu hermano?-le preguntó Malfoy, girando sobre su asiento.
-Parece que los rumores sobre mi posible futuro como Lord Oscuro también llegaron a Gryffindor.-le dijo Albus, con amargura en la voz.-Estaba furioso… nunca antes lo había visto así-le confesó el morocho, y a continuación, le extendió la carta que su padre le había mandado a James y le contó brevemente la discusión.
-Vaya que te soltó todo, eh…-comentó Malfoy cuando Albus terminó la historia.-Pero es obvio que no lo cree de verdad… esta enojado y dijo cosas que no quería… Ya se van a amigar, ¿verdad?-aseguró dubitativo el rubio. Pero Albus no le respondió. Él no estaba muy seguro de cómo iban a seguir las cosas. Ambos habían dicho cosas muy hirientes, pero él no estaba dispuesto a pedirle perdón a James. Esta vez, era su hermano mayor quien tendría que dar el brazo a torcer.-Hey…-le dijo Scorpius repentinamente, con la vista fija en la carta que Albus le había extendido. Tenía el entrecejo levemente fruncido.-¿De qué regalos habla tu padre en esta carta?-le preguntó, señalando el último párrafo de la carta. En su enojo por la discusión con James, Albus ni siquiera había recaído en ese detalle.
-No tengo la menor idea-le confesó.
La puerta de la clase se abrió estruendosamente. Todos saltaron en sus asientos. La Profesora de Defensa contra las Artes Oscuras entraba en ese momento a la clase.
Albus pensó que se trataba de una chica muy joven para ser profesora. Era alta y delgada, y llevaba una túnica negra austera y reluciente. Tenía el cabello rubio que le caía en prolijos bucles hasta los hombros, y los ojos de un color amarillo como la miel que parecían hacer juego con el pelo. Su cara era de rasgos suaves y juveniles. Albus estaba seguro que no podía de tener más de 26 años. Y no pudo evitar pensar que era muy bonita.
La profesora caminó con paso firme y decidido hacia su escritorio, situado al frente de la clase, y se apoyó de espaldas sobre el mismo, quedando de frente a la clase.
-Buenos días.-los saludó, y una sonrisa se dibujó en sus finos labios, que le dio un aire aún más joven.-Mi nombre es Zaira Levington, y como ya habrán adivinado, soy su profesora de Defensa contra las Artes Oscuras.-se presentó, y el tono de su voz era amistoso e informal.-A lo largo de este año estudiaremos sobre los peligros de la magia negra, y sobre los mecanismos de defensa que podemos interponer ante ella. Les enseñaré primero hechizos defensivos y de protección, y si hacia el final del año están lo suficientemente avanzados, talvez podamos iniciar con algunos de ataque.-les explicó la profesora Levington, y un leve murmullo de emoción se extendió entre los estudiantes. La joven profesora acentuó su sonrisa al ver la aprobación entre sus alumnos.-Antes de empezar, sin embargo, quisiera establecer con ustedes una serie de pautas…-volvió a hablar, y su tono sonó un poco más serio y estricto. Todos mantuvieron silencio.-Primero que todo, quiero que sepan que soy una persona muy amable en lo que respecta a mi trato con los alumnos, y me gusta mantener un tono amistoso durante las clases, pero bajo ningún punto de vista y ante ninguna situación, voy a permitir que nadie me falte el respeto. Quiero que eso quede claro.-el silencio se hizo más intenso en la clase. Albus se sorprendió al ver la autoridad que podía llegar a imponer esa joven muchacha, sin siquiera elevar la voz.-Segundo, me gusta que mis alumnos estudien. Soy conciente de que tienen otras materias, y de que a veces es difícil tener todo al día, pero les voy a pedir que cuando les de tareas, las cumplan. ¿Está entendido?-preguntó. La mayoría le respondió con un monocorde "si".-Bueno, pónganse todos de pie. Vamos a empezar con algo divertido.-les dijo entonces Zaira, sonriendo nuevamente, y la dureza volvió a desaparecer de su voz.
Todos los que se encontraban en la clase obedecieron. Albus y Scorpius intercambiaron miradas confusas. Antes de que pudieran decir o pensar cualquier cosa, la profesar Levington había levantado su varita, y con un ágil movimiento, todos los pupitres se habían elevado en el aire, para ir a parar contra las paredes, apilados. La clase quedó completamente despejada.
-Saquen sus varitas, por favor.-pidió la profesora. Todos obedecieron, algo nerviosos.-Bueno… empezaremos con un hechizo simple, y útil… Expelliarmus. ¿Alguien puede decirme en qué consiste este hechizo?-preguntó la profesora a los alumnos, que se encontraban parados en el medio de la clase, mirándola desconcertados. La mano de Rose se alzó en el aire.-Sí… ¿tu nombre?-le concedió Zaira, mirándola amablemente,
-Rose Weasley, profesora.-le respondió ella.
-Bueno, Rose… dime ¿para qué sirve el Expelliarmus?
-Para desarmar a tu oponente. Es un hechizo capaz de quitarle la varita, y si es realizado con la suficiente potencia, incluso puede derribar al contrincante.-respondió Rose, diciendo las palabras con rapidez y de forma autómata. La profesora le sonrió.
-Exactamente. Cinco puntos para Gryffindor por tu respuesta, Rose-la felicitó Zaira.
-¡Ese es el hechizo que debes de haber usado con Cardigan!-le susurró Scorpius a su lado, emocionado.
-El hechizo Expelliarmus es muy útil durante un duelo… ¿a alguien se le ocurre, por qué?-preguntó la profesora. La mano de Rose volvió a alzarse en el aire.-Le daremos la oportunidad de responder a otra persona, Rose, si no te molesta-le dijo gentilmente Zaira, y la pelirroja bajó su mano, levemente decepcionada. Zaira giró entre los alumnos, y su mirada se posó unos segundos sobre Albus.-¿Tu nombre, muchacho?-le preguntó entonces, sonriéndole.
-Albus Potter, profesora-le respondió el morocho, algo nervioso. La profesora alzó levemente las cejas y lo miró con mayor intensidad. Albus estaba acostumbrado a que la gente reaccionara de esa forma al escuchar el apellido Potter, pero no dejaba de intimidarlo y en parte, molestarlo.
-Y dime Albus, ¿se te ocurre por qué es tan útil este hechizo en un duelo?-le preguntó finalmente Zaira. Albus lo meditó unos segundos.
-Porque te permite desarmar a tu oponente sin tener que causarle ningún daño verdadero… -se le ocurrió repentinamente.
-Exacto, Albus. Cinco puntos para Slytherin-le felicitó ella.-Expelliarmus nos permite ganar un duelo sin tener que lastimar, menos matar, a nuestro enemigo. Y hoy vamos a practicarlo… a ver, Albus, ¿tendrías la bondad de acompañarme al centro de la clase para hacer una muestra de cómo se hace el hechizo?-le pidió entonces la profesora. Albus sintió un retorcijón en el estómago, y a pesar de que deseaba decir que no, supo que no podía negarse. Asintió levemente, y avanzó hacia el centro del aula. Todos sus compañeros los rodearon para poder observar la demostración de la profesora. –Todo lo que deben hacer es, levantar sus varitas, y hacer este movimiento-giró su varita en el aire con gran habilidad.-y pronunciar claramente el hechizo. Observen-ordenó entonces.-Expelliarmus!-exclamó, y la varita de Albus salió despedida en el aire. Varios alumnos aplaudieron y comenzaron a hablar entre ellos animosamente ante la demostración. –Albus… toma tu varita, por favor. Quisiera que probaras ahora tú.-le pidió gentilmente Zaira. Los aplausos y murmullos cesaron. Todos estaban expectantes, mirando cómo Albus, temeroso se agachaba para tomar nuevamente su varita.
Tranquilo, pensó Albus mentalmente, sólo tienes que hacer lo que ella hizo. No es tan difícil, ¿no?, trató de convencerse.
-Cuando estés listo, Albus-lo apremió la profesora, y Albus pudo ver como adoptaba posición de combate, lista para recibir su hechizo.
Albus cerró levemente los ojos, y respiró profundo. Podía hacerlo. Tenía que poder. Abrió los ojos nuevamente, aferró su varita con fuerza, y sintió un leve cosquilleo en los dedos. Y entonces, sin siquiera pensarlo dos veces, alzó su mano y exclamó claramente:
-Expelliarmus!-el rayo de luz roja salió de su varita en dirección a la profesora.
-Protergo!-dijo ella, con voz tranquila, y una cortina de humo se apareció frente a ella, frenando el haz de luz roja antes de que impactara con ella. Los aplausos volvieron a estallar en el aula, ahora con más potencia. –Excelente, Albus. Creo que ese hechizo merece unos diez puntos para tu casa. Pocos lo logran en su primer intento.-lo felicitó Zaira, con una sonrisa aún más amplia de la que había lucido hasta entonces. Albus pudo ver a Scorpius, que le sonreía no muy lejos, y se notaba muy sorprendido.-Ahora voy a colocarlos en parejas. Practicarán de a turnos cada uno desarmar a su oponente. Con cuidado, por favor. –les advirtió la profesora.-Potter… tu trabajarás con esta muchacha, ¿cómo es tu nombre?
-Hedda Le Blanc-le respondió la chica de piel blanca y cabellos oscuros como la noche. Albus le sonrió amistosamente, y ella le devolvió una leve sonrisa que curvó sus labios violáceos.
A su lado, a Scorpius le tocaba practicar con Rose. Ambos parecían bastante descontentos con su suerte, y no se hablaban siquiera.
-Yo acabo de probar… prueba tu primero, mejor-le ofreció Albus a su compañera. Hedda asintió levemente, y alzó su varita.
-¡Expelliarmus!-pronunció ella, pero nada salió de su varita. Frunció levemente el entrecejo, molesta.-¡Expelliarmus!-volvió a decir, pero sólo salieron unas chispas de la punta de su varita.
Junto a Albus, Scorpius también trataba de desarmar a Rose, sin éxito. La pelirroja lo miraba divertida, como burlándose de su incapacidad para hacer el hechizo.
-¿Cómo lo hiciste?-le preguntó Malfoy, cuando luego de su tercer intento, sólo lograba sacar chispas de la punta de la varita.
-No lo sé… -confesó Albus.
-A ver… hazlo de nuevo, para que podamos verte mejor-le pidió el rubio. Albus miró a Hedda, buscando el consentimiento. La muchacha todavía tenía el ceño fruncido, visiblemente decepcionada de sí misma. Pero consintió que Albus intentara desarmarla.
-Expelliarmus!-volvió a decir Albus, y nuevamente, un haz de luz roja salió de su varita e impactó en Hedda, haciendo que su varita volara por los aire varios metros.
-¡Claro!-exclamó Rose, con exasperación.-Ya entiendo lo que hago mal… Expelliarmus!-gritó en dirección a Scorpius sin previo aviso. La varita del Slytherin salió disparada también fuera de su mano cuando un rayo rojo lo alcanzó.
-¡Ey! Avisa si vas a hacer eso.-se quejó Malfoy, mientras levantaba su varita.
-Albus…-lo llamó la voz de Hedda, y éste apenas había terminado de girar en su dirección cuando la muchacha pálida exclamó-Expelliarmus!- y la varita de Albus voló de su mano. Una sonrisa de suficiencia se dibujó en el rostro de Hedda.
-¡Bien, veo que por acá van mejorando!-los felicitó Zaira.-A ver, prueba tu, muchacho… ¿tu nombre?-le pidió Zaira, en dirección a Malfoy.
-Scorpius Malfoy-se presentó el rubio, nervioso.
-Bueno, a ver, prueba desarmar a la señorita Weasley-le dijo Zaira. Rose lo miró con una mueca burlona, convencida de que el rubio aún no sabía como hacer el hechizo. Detrás de la profesora, Scorpius pudo ver a Hedda, que con gestos, le indicaba que aferrara con fuerza su varita al pronunciar el hechizo.
-¡Expelliarmus!-gritó Malfoy aferrando con fuerza su varita, y notó apenas había dicho las palabras que por fin lo había logrado. El haz de luz roja desarmó a Rose, quien parecía indignada.
-Perfecto.-les dijo Zaira, mientras que se dirigía hacia otro grupo.
-Albus, quiero practicar contigo-exigió Rose, en tono molesto, mientras se alejaba de Scorpius.
-Bueno… ¿Hedda, te molesta practicar con Scorpius?-le preguntó el morocho, gentilmente. La chica negó con la cabeza, dándole a entender que no le molestaba, y se acercó a Malfoy, lista para volver a practicar.
-No entiendo como lo soportas-dijo repentinamente Rose a Albus, mientras que éste se acercaba a ella para recoger su varita que había salido despedida en esa dirección.
-¿Te refieres a Scorpius?-le preguntó Albus, sabiendo la dirección que la charla estaba tomando.
-Sí… es tan engreído. Me mira de esa forma como si fuera superior a mi, no sé quien se cree que es.-le espetó ella. Albus rió levemente, mientras que pronunciaba el hechizo y desarmaba a su prima.
-Eso no es verdad… y en última instancia, es tu culpa.-le dijo él.
-¿Mi culpa?-preguntó ella, ofendida ante lo que su primo favorito le decía.
-Bueno, tú fuiste quien lo llamó niño mimado sangre pura, ¿recuerdas?-le dijo Albus. Ella se limitó a soltar un leve gruñido, y ya no hizo comentario alguno.
