Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.
Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, al grupo de las reinas, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.
Va especialmente dedicado a mi amada esthefybautista, porque la amo concada centímetro de mi ser.
A mi Miss Swan tata favorita, porque siempre estaré ahí para ella y lo sabe, a Vero porque es un cielete y a Natalia porque lo merece más que nadie.
Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor y por supuesto a mi amada esthefybautista
CAPÍTULO 7 SEGÚN LO PREVISTO
Llegando a su hogar con Diana a sus espaldas, Regina se desvió para acudir en busca de ayuda. August sería su aliado una vez más en ese lío en el que se había metido para contentar a la princesa y también a su amiga pues sabía que Luci sufría al no poder estar junto a la mujer que amaba.
Al llegar a la cabaña con la joven rubia a sus espaldas, August, que no la esperaba, asombrado salió a recibirla esperando una explicación a su extraña visita con el aliciente de que portaba en su montura a una mujer con el emblema de la casa Swan.
-"August, necesito que me prestes ropas de Tamara para disfrazarla"
-¿En qué andas metida Gina?
-"Solo estoy ayudando a dos amantes a encontrarse August, pero así vestida acabará en las mazmorras antes de poder dar dos pasos en el castillo"
-Pasad, veremos qué podemos hacer
Siguiendo a su amigo penetraron en la cabaña donde rápidamente Diana cambió sus ropajes nobles por simples harapos de campesina, mientras Regina le contaba lo que tenía planeado.
Con una sonrisa en el rostro tuvo que admitirse a sí misma que esa mujer era inteligente y astuta, como aliada era formidable y temible como enemiga.
Una vez disfraza, partieron mientras August lanzaba una exclamación de advertencia a su amiga pues se estaba metiendo en terreno pantanoso, sabiendo de antemano que Regina no escucharía. Las vio partir y su rostro se cubrió de preocupación, las cosas se estaban desmadrando demasiado pues conocía bien a la joven Mills, acabar con Emma Swan le costaría la vida. Supo en ese instante que debía empezar a mover ficha, contactando con su aliado en el exterior pues las cosas en Toletum pronto arderían y debían estar preparados.
Al llegar a su hogar, Regina se bajó de su caballo fingiendo un tambaleo ebrio que realmente no tenía, sujetando a Diana como si fuese una valiosa prisionera y entró en el gran salón donde sus padres y los nobles del lugar estaban reunidos, armando un gran escándalo.
-"La tengo madre, la atrapé, Emma Swan es nuestra ahora podré ser Reina"
Cora miró en dirección a su hija, esta presentaba síntomas de haber bebido más de la cuenta, le costaba mantenerse en pie y arrastraba las palabras al pronunciarlas. La actriz que la morena llevaba dentro estaba haciendo un buen trabajo ya que nadie se percató de que estaba sobria y todo era una estrategia para que Diana pudiese penetrar en su hogar sin sospecha alguna.
-Hija ¿Habéis bebido?
-"Sí, no, sí bebí pero eso no importa, atrapé a nuestro enemigo y os la traje madre"
-Regina, esta muchacha es una campesina, no es Emma Swan.
La morena abrió desmesuradamente los ojos fingiendo una sorpresa absoluta, mirando a Diana que intentaba no echarse a reír ante el esperpento de situación que vivían.
-"¿No sois Emma Swan?
-No mi señora, os lo he dicho unas mil veces desde que caísteis sobre mí en la taberna
Los nobles empezaron a cuchichear ante ese escándalo que Regina había armado mientras Cora pedía a sus guardias que se llevasen a su hija y la metiesen en un barreño de agua fría para quitarle de golpe el estado deplorable en el que se hallaba. Diana no sabía dónde meterse hasta que notó como alguien tiraba de ella y la sacaba de ahí en silencio, alguien que había visto toda la escena, reconociendo a la muchacha disfrazada de campesina y el engaño, ya que Regina jamás se emborrachaba y ella lo sabía.
Luci Mills, con el pecho hinchado de alegría y los ojos castaños brillando de pura felicidad al tener con ella a su amada, la arrastró a ese lugar donde sabía que las cámaras jamás grababan para, una vez amparadas por la soledad y la oscuridad, lanzarse hacia esos labios que desde hacía meses ansiaba besar con toda su alma.
Diana, movida por la fuerza del momento, la estrelló contra la pared de ese pequeño cobertizo, devorando cada centímetro de su piel a medida que arrancaba sus ropajes, buscando el contacto por completo, el deseo la desquició y como animales se poseyeron mutuamente agradeciendo al destino esa oportunidad única y valiosa de poder estar juntas, en ese lugar ajeno a todo donde no eran ni Mills ni Swan sino dos mujeres que llevaban demasiado tiempo amándose en las sombras.
El sol comenzó a salir y Diana despertó, desnuda en ese cobertizo, con el cuerpo de aquella a la que amaba cubriéndola, sus cabellos acariciando su pecho al igual que su cálido aliento. Era el momento de decir adiós, de volver a la realidad pues sabía que pronto alguien se preguntaría qué fue de la campesina a la que Regina confundió con la princesa.
Casi con miedo a decir adiós, besó la cabeza de Luci y la apartó con cuidado, sin llegar a despertarla. Se puso sus ropajes y salió del cobertizo, sin tener ni idea de cómo saldría del territorio Mills.
No tuvo que pensar mucho pues ante ella una impecable Regina esperaba apoyada en su corcel, comiendo una manzana con parsimonia. Al verla aparecer le regaló una sonrisa que rápidamente fue correspondida. Esa joven de ojos chocolate había conseguido regalarle lo imposible, una noche junto a su amada. Se acercó a ella pues parecía estar esperándola y esta le ofreció en silencio una tajada de su fruta que amablemente rechazó.
-¿Habéis tenido muchos problemas por esta causa mi señora?
-"Solo un baño de agua fría ¿Mereció la pena?"
-Jamás podré agradecéroslo Regina
-"Debemos irnos antes de que mi madre despierte y os encuentre merodeando por aquí"
Con prisa subieron a la montura y Regina puso rumbo al palacio Swan, Rocinante parecía volar sobre la tierra y su jinete se hacía una con el animal. No tardaron en cruzar la frontera y la morena redujo la marcha hasta parar su cabalgadura por completo. Diana entendió que no se atrevía a acercarse más al palacio, se había arriesgado demasiado los últimos días.
-Gracias una vez más mi señora
-"Hacedme un favor, os lo ruego, decidle a la princesa que la espero en el campo de lirios"
-Se lo diré, la ayudaré a encontrarse con vos
La joven Swan vio como Regina desaparecía al galope en dirección a ese rincón donde esperaría a la princesa, con una sonrisa en el rostro. Emma tenía razón, Regina Mills era una mujer fascinante.
Corrió al palacio y nadie había reparado en su ausencia por lo que se dirigió sus pasos a los aposentos donde sabía que Emma esperaba aburrida. Al entrar en la estancia, su amiga prácticamente se abalanzó sobre ella acribillándola a preguntas, provocando que estallara en carcajadas.
-"Calmaos princesa, Regina os espera en el campo de lirios, deberíais apresuraros"
Ante la mención de la morena esperándola y la certeza de sus crecientes sentimientos por ella,
Sus mejillas se tornaron rosadas y la sonrisa adornó su rostro, preparándose con prisa para huir nuevamente de la tranquilidad de su hogar y cabalgar buscando a aquella que robaba su aliento, a pesar de que debía odiarla.
Diana la ayudó tal como prometió, eludieron a los guardias con maestría y Emma montó en un suspiro y emprendió el galope para encontrarse con Regina.
Cuando llegó al campo de los lirios, su corazón estaba desbocado, le temblaban las piernas y no sabía qué palabras pronunciar, su sonrisa se ensanchó al ver a la dueña de sus pensamientos tranquilamente tumbada sobre la hierba con los ojos cerrados.
Al acercarse lentamente a ella, Regina abrió sus ojos clavándole la mirada oscura y regalándole una sonrisa brillante, derritiéndola por completo. Se sentó a su lado mientras ella permanecía tumbada, disfrutando del momento y el silencio reconfortante se instaló entre ambas durante unos instantes.
-Valéis la pena mi señora
-"¿Mi princesa?"
-Vuestra nota, quería responderos, siento que merecéis la pena
-"¿Vos creéis?"
-Lo sé
Una nueva sonrisa apareció en su rostro y con un gesto le pidió que se tumbara a su lado para contemplar el cielo abierto, mientras el silencio volvía a instalarse entre ellas.
Con Emma tan cerca su corazón se desbocaba, las palabras de Cora torturaban su mente una y otra vez, hasta que el instinto se apoderó de sus acciones y lentamente acercó su mano a los blancos dedos de la princesa, un tímido acercamiento correspondido ya que esta se dejó tomar de la mano, estrechándola con fuerza.
El cielo y las nubes dejaron de tener interés para ellas puesto que lentamente fueron girando sus cuerpos para quedar cara a cara, perdidas ambas en la mirada de la otra.
Regina empezó a jugar con los mechones rebeldes de la joven princesa, ruborizándola. Su intensa mirada oscura sonriendo y sus dedos abandonando sus cabellos para dibujar el contorno de su rostro, dejándolos durante unos segundos sobre sus labios, cortándole el aliento.
Tragó lentamente saliva pues estaba a punto de sellar un pacto con Satán, robarle el corazón a la joven y destruirlo para alcanzar su libertad. Casi con temor buscó unir sus labios con los de Emma, incluso deseando que esta la rechazara, que se escandalizara, con el corazón complemente desbocado.
La princesa rompió la corta distancia que las separaba, regalándole su primer beso, torpe e inexperto, apresurado y lleno de esperanzas. Un beso que provocó que sus lágrimas cayeran por sus mejillas pues sintió hervir su interior.
Rodando sobre la hierba se colocó sobre la princesa, profundizando ese beso, provocando que Emma gimiese en sus labios. Un beso furioso que murió cuando se hizo necesario tomar aliento, solo unos instantes antes de buscarse nuevamente y unir sus labios.
Entre risas, suspiros y algún gemido cuando sus manos expertas se escapaban por el cuerpo de la joven, las horas fueron pasando y sus besos, cada vez más húmedos y expertos tuvieron que ser cortados al tener que separarse.
Con un último beso subió a la princesa sobre su corcel, regalándole una nueva rosa sin espinas, provocándole una sonrisa y la vio marcharse con el corazón encogido.
Subió a Rocinante y lentamente fue paseando para poner en orden sus pensamientos, sobre todo sus sentimientos. Nada había salido como había previsto, su libertad tenía un precio y era la vida de Emma Swan, era la princesa quien debía enamorarse, quien debía perder.
Finalmente, paró el caballo y se quedó mirando al infinito unos instantes, tras ese primer beso y todos cuantos le siguieron supo que nada, absolutamente nada salió según lo previsto, se había enamorado de la princesa y eso era un hecho.
