Rojo Carmesí
Cap. 7
Vampírica
La espera suele ser horrible. Siempre temes que lo que estás esperando no llegue, o que, la manera en que llegue, te decepcione. No me gusta esperar, jamás me ha gustado. Sé que sueno como un niño caprichoso, pero es parte de mi naturaleza humana.
Kula llevaba tres días, con sus noches, sin despertar. Todos los días me sentaba a su lado, simplemente para contemplarla. Quería ser el primero en verla en su estado vampírico. Igualmente necesitaba saber si ella se molestaría conmigo o si de verdad me perdonaría esta vez.
Al cuarto día decidí separarme de ella. Después de aquella noche, Máxima y la chica encapuchada se fueron a "cumplir un compromiso" y desde entonces no los he visto. Pero prometieron que estarían aquí en menos de una semana.
Como dije, me separé de ella y por primera vez en mucho tiempo fui a buscar algo de comer. Algún humano que no valiera la pena, simplemente. O mejor, por una sola vez, volver a comer alimento para humanos, como hace tanto no lo hacía.
No podía dejar de pensar en ella. Cada cosa que hacía me la recordaba. El solo hecho de estar con los otros humanos me hacía recordarla. Sus ojos, sus labios, la manera en que se comportaba a pesar del dolor que llevaba dentro.
A la media noche volví al castillo.
Pero al entrar percibí algo diferente, una presencia de vampiro que inundaba todo el lugar. Corrí hacia la habitación. Era su presencia.
Ya había despertado. Entré rápidamente y la vi. Estaba de pie frente al espejo. Lo tocaba suavemente, con esa misma cara de incredulidad con la que estoy seguro que todos tenemos la primera vez que no vemos nuestro reflejo.
Me acerqué y deslicé mis labios sobre sus hombros, apartando un poco la bata que la encapuchada le había ayudado a ponerse antes de perder la conciencia.
Como pensé, su piel estaba fría como el hielo, pero su belleza parecía aún más sublime de lo que ya era.
A pesar de contacto que acababa de tener con ella, ni siquiera se inmutó, no se movió, ni siquiera trató de hacer que me apartara.
-¿Porqué?
Fueron las únicas palabras que salieron de sus fríos labios. Esto me turbó de tal manera que apenas me pude controlar. Su voz seguía siendo la inocente y suave voz de siempre, pero había adquirido algo diferente. La forma de hablar de alguien que simplemente no es normal.
-¿Por qué?- repitió esta vez lanzando un sollozo y cayendo de rodillas al suelo. Se cubrió los ojos con las manos y lloró, simplemente, se desplomó.
La comprendí. Yo hubiera reaccionado igual, solo que jamás en mi vida me permití llorar. Me senté en el piso, junto a ella, y la atraje hacia mi, tratando de consolarla.
…
No me dirigió la palabra en dos días. Apenas la abracé, ella se apartó de mí con una furia extrema. Había adquirido una desmesurada fuerza y su voz era muy poderosa cuando gritaba. Sus ojos parecían despedir flamas…jamás la había visto tan molesta.
Las dos noches que siguieron las pasó viendo por la ventana. La luna entraba en su cuarto menguante y estaba particularmente hermosa.
La tercera noche, entró a mi cuarto, donde yo también veía por la ventana. Se quedó junto a la puerta, hasta que voltee a verla.
-Tengo hambre…- dijo tranquilamente
Sus ojos estaban en el piso. Al pronunciar la ultima silaba, los elevó hacia mí y pude percibir que era verdad.
-¿Qué te apetece?- suena a chiste, ¿Verdad? ¿Qué otra cosa querría sino sangre?
Sus ojos brillaron por primera vez. Decidí acompañarla, por si acaso.
Como pensé, las calles estaban vacías, pues ya era tarde, a excepción de los vagos enfiestados que siguen la borrachera hasta el día siguiente.
Pero ella tomó un camino que jamás habría pensado. Iba rumbo al internado.
-¿Qué rayos pretendes?
Ella apenas ladeó su cabeza hacia mí para responder.
-Que no quede ni una viva.
Estaba determinada, y al parecer nada la detendría.
Al llegar casi a la puerta, se vieron los faroles de un auto. Ella se cubrió los ojos y sonrió.
Del auto descendió un chico, le dio la vuelta y abrió la puertezuela del copiloto, del cual salió una chica –se veía bastante presumida, pero debo decir que era horrenda comparada con Kula-.
La chica miró a Kula de pies a cabeza, obviamente impresionada por el atuendo que llevaba: un hermoso vestido de color azul marino con collar de plata. Cualquiera diría que se había vestido para la ocasión.
La chica no pudo disimular la envidia.
-Hola, anormal- dijo burlonamente al acercarse a ella- te hacíamos muerta, llevas una semana sin aparecer- luego rió un poco- mira, Bryan, esta es la que te conté.
El muchacho se acercó.
-Hola, linda, ¿Como te llamas?- tocó su brazo. Las pupilas de Kula se dilataron y a su vez sujetó el brazo de aquel chico. Empezó A rotarlo firmemente, torciéndolo, hasta dejarlo alineado con su espalda. Luego le dio un jalón, del cual se escucharon pequeños estruendos , mientras él ni siquiera podía gritar. El miedo y el dolor le paralizaban la cara mientras la chica gritaba sin saber que hacer.
Lo soltó finalmente, mientras el sujetaba su brazo y lloraba patéticamente.
-Hola Ashley, ¿Me extrañaste?- dijo Kula con una voz dulce e inocente- ¿tienes algo de que burlarte ahora? – su voz cambió a una profunda y amenazadora.
Me acerqué a ella y le pedí que se detuviera.
-No me quites esto también- dijo, acercándose finalmente a ella. Le dio un fuerte bofetón que la hizo caer al suelo. La sujetó del cabello y la obligó a voltear hacia el chico.
-¿este ser patético es tu novio, dulzura?- la tal Ashley se veía aterrorizada.
-¡No, no era verdad lo que te dije la ultima vez! Apenas lo conozco, déjame ir, por favor, te lo suplico.
Kula no se conmovió.
La chica volteó a verme.
-¡Dile que no me mate, por favor!
Nadie lo merece. Pero finalmente, un vampiro no puede impedir que otro se alimente.
Kula mordió a la chica mientras ella soltaba un grito desgarrador. Bebió y bebió hasta que la dejó sin una gota de sangre. El muchacho aun estaba con vida y trató de huir, pero podía delatarnos así que yo hice lo mismo con el.
Dejamos los cuerpos en el piso y jalé a Kula para irnos de ahí rápidamente.
Vi sus colmillos recién estrenados. Relucientes y rojos, de sangre y de venganza.
Al llegar al castillo otra vez nos sentamos en el recibidor.
Ella se veía pensativa.
-con que… así se siente.
Finalmente me miró.
-Cuando no quiero matar humanos…bebo una copa de vino. No te satisface del todo, pero la sensación en la garganta es parecida.
Ella sonrió. Al parecer, había terminado aceptándolo. Se acercó a mí y me besó.
El sabor sangre aun estaba entre sus dientes, asi que lo disfruté lo mas que pude, hasta qie ella se separó de mi y se dirigió a su cuarto.
-No se aún si deba perdonarte.
Aunque me hubiera vuelto loco por ella simplemente ya no la iba a dejar ir.
Llegué rápidamente con ella y la besé posesivamente, transmitiéndole mi intención de que se quedara conmigo. Deslicé el vestido hacia abajo, mientras besaba su cuello y sus hombros, y ella soltó un suspiro. Bajé lentamente y besé el borde de sus hermosos senos, mientras ella trataba de quitarme la camisa.
De pronto me apartó y se tiró en el suelo. Lloraba.
Debí comprenderla desde un principio. Ella era inocente, pura….ella era virgen y yo estaba a punto de quitarle eso. La tomé entre mis brazos y la lleve a mi cuarto, donde la tendí en la cama y me acosté junto a ella.
-No te tocaré si no quieres que lo haga, pero quédate aquí conmigo… no tengas miedo…
Como una niña pequeña se acurrucó entre mis brazos. Dejó que la besara tanto como quise, pero en realidad no hubo nada.
A las 8 de la mañana recibimos una visita.
Máxima y la otra chica llegaron de un momento a otro, aunque la verdad no me sorprendió.
Ella pidió hablar con Kula. Fuimos los 4 a una de las salas y Kula esperó pacientemente a que la chica comenzara a hablar.
-Kula…- dijo ella, acercándose- creo que estás lista, ya es hora de que me vaya…
-¿Qué?
Se quitó la capucha y su rostro emergió. Yo no la conocía, pero evidentemente Kula si, ya que se sorprendió.
-D…¿Diana?
Diana….me sonaba…era una de las prefectas del internado, si mal no recuerdo.
-Sí, mi niña, soy yo.
En alguna ocasión Kula me había comentado que Diana y la otra prefecta eran las únicas que la trataban bien…ella sentía a Diana como su madre.
-Yo he estado cuidándote desde que K´ mató a tus padres. Cuando supe que serias trasladada al internado decidí pedir empleo ahí. Conocí tus padres, yo también era rastreadora y sabía que estabas destinada a conocer a K´.
-¿pero porque no te mostraste desde un principio?
-Es una ley que debo cumplir, no debo mostrarme ante mi protegida sin haber cumplido mi tarea…K´, a ti también tengo que decirte algo…
Alcé la vista hacia ella, pues no esperaba que tuviera algo de qué hablar conmigo.
-Tu hermana…está con vida, K´, pero no puedes comunicarte con ella. Máxima y yo debemos ir a concluir algo muy importante. Volveremos y hablaremos mas tranquilamente de esto.
Dicho esto, ella y Máxima se fueron rápidamente.
Yo no dije nada. Estaba muy impresionado por lo de mi hermana.
Se fueron. Kula vio por la ventana hasta que desaparecieron entre la espesura del bosque (era de día así que no era seguro volar, además ambos traían capuchas para cubrirse del sol). Cuando se alejó me hizo tres preguntas… ¿Quién era mi hermana? ¿Por qué me había impresionado tanto la noticia? ¿Qué era un rastreador?...
Le conteste lo mejor que pude, pues estaba nervioso. Por momentos sentía que estaba fuera de mí mismo.
-¿K´? ¿Qué te pasa?
No sabía que me pasaba. Mis manos temblaban. Sentía como mis piernas se dormían, mi entorno se volvió rojo y de pronto todo se oscureció.
En medio de mi inconsciencia escuché un grito proveniente de ella. Mis ojos se abrieron poco a poco y la vi frente a mí, llorando, con los ojos apretados y al parecer, impidiéndome el paso. Estábamos en la puerta de la casa y yo estaba en posición de ataque.
-¿Qué…ocurrió?
Ella se relajó y bajó los puños. Se veía exhausta.
-Me atacaste y trataste de irte…dijiste que matarías a alguien…que destruirías la ciudad…
Estaba a punto de llorar, así que me acerqué y la abracé.
-Maldición…soy un monstruo…
-No digas eso…no eres un monstruo.
Me beso con mucha ternura, como si quisiera cuidarme, protegerme. En cierta forma, estaba agradecido por ello.
La abracé y la llevé en brazos hasta el sillón más cercano. Acaricié suavemente su pelo mientras la besaba. Esta vez no podría contenerme por mucho, sin embargo, ella no parecía negarse tampoco a estar conmigo. Correspondió apasionadamente a cada uno de mis besos y acarició mi rostro. Luego, tímidamente bajó sus besos a mi cuello, mientras que yo trataba de quitarme la camisa, y de quitarle a ella el vestido.
Nos fuimos a mi cuarto. Su respiración agitada y sus mejillas rojas me parecieron lo más tierno en ese instante. Aceptó cada cosa, cada movimiento, cada deseo. Sus suspiros me hacían enloquecer. Sus labios chocaban contra mi piel cada segundo, sus besos me llenaban por completo, solo quería poseerla de una vez por todas.
Suspiró cuando mis dedos recorrieron su espalda. Su mirada intensa se encontró con la mía y se dejó besar de nuevo. Al cabo de uso minutos, sin que yo me lo esperara, bajó sus labios hasta mi pecho y me mordió. Bebió algo de mi sangre…en sus ojos se podía ver una repentina pasión, algo salvaje que había despertado en su ser.
Como si un efecto pasara, su mirada volvió a ser la más tierna. Empezó a temblar y me abrazó. La hice acostarse y me recosté sobre ella.
Poco a poco entré. A ella le dolió un poco al principio, pero luego todo fue maravilloso. Kula cerró los ojos y se quedó recostada. Sus gemidos inundaban el castillo por completo. Yo me movía dentro de ella, siempre sosteniendo su mirada con la mía. En un determinado momento empezó a convulsionarse. Yo estaba extasiado, se veía tan hermosa…plena, con un gran placer. Terminé al mismo tiempo que ella.
-Te…amo…K´…
-Yo también te amo…
Nos abrazamos y compartimos un par de caricias. Cuando me fijé por la ventana, acaba de oscurecer. Ella sonrió se acercó a mi oído.
-Tengo hambre.
Sonreí y nos vestimos rápidamente.
Tomó mi mano. La noche se tornaba fría, pero ¿Qué puedo decir? Ni nos importó. La cacería es más deliciosa en compañía.
La cacería no se detiene, sigue y sigue.
Ella finge ser una inocente niña, de la cual nadie sospecharía. Yo, un caballero que sabe escuchar, que ronda los parques al atardecer.
Finalmente, la sangre que robo de sus labios cuando la beso es del mismo delicioso rojo, rojo carmesí.
FIN
Bien por mi!! Esta es una de las tres historias que quería concluir ya.
Así que ya saben, pronto tendré nuevos proyectos y los desarrollaré en la medida que tenga tiempo
Gracias a los que dejaron Rr y a los que hayan leído este fic
Besos!!
