Capítulo 7

«¡Míreme cuando le estoy hablando!» dijo Regina, y lentamente Emma alzó la mirada

En aquel momento, Regina se perdió en la inmensidad verde que tenía delante. Su mirada alternaba entre los ojos y la boca de Emma, mientras su cabeza trababa una batalla feroz para negar lo que el cuerpo ya sabía: la deseaba locamente. Sin embargo, la llegada de Henry a la estancia acabó por romper el contacto entre ellas.

«¿Mamá? ¿Pasó algo?» preguntó él, asustado ante la forma en como Regina agarraba firmemente el brazo de Emma.

«No ha pasado nada…» dijo ella, separándose después.

«¿Estaban peleando?»

«No, querido» dijo Emma, esbozando media sonrisa

«Voy a dejarlos solos» dijo Regina, marchándose enseguida.

Pasaron algunas horas y finalmente Marian volvió de la ciudad trayendo consigo todos los materiales que Emma había pedido. El entusiasmo de los niños al recibir su "kit" escolar consiguió que Emma olvidase las palabras de Regina por unos instantes, pero cuando la noche cayó y se encontró sola en su cuarto, muchos recuerdos volvieron a su mente, tanto del pasado como del presente, haciendo que no descartase la posibilidad de marcharse de una vez.

Al día siguiente, en una bella mañana de sábado, después de una clase más de equitación con Regina, Henry insistió para que su madre dedicase algunos minutos a Emma, ya que, según él, era extremadamente necesario que ella también supiese montar.

«Henry, si ella quisiera aprender, lo pediría…»

«Nadie te pide nada, mamá. Siempre estás de mal humor. Además, eres la patrona y ella nunca te pediría algo como eso» explicó él

«No soy ese monstruo que crees que soy» dijo ella

«No pienso que seas un monstruo. Eres mi madre y te quiero, pero todo el mundo aquí te tiene miedo, hasta los hombres»

«Si no mostramos mano firme, las personas se aprovechan de nosotros» se justificó

«Emma no es una aprovechada, entonces, ¿le vas a enseñar a montar?»

«Si ella quiere…»

«¡Emma! ¡Mi madre va a enseñarte a montar!» exclamó él corriendo hacia donde ella se encontraba.

«¿Ah sí?» preguntó Emma, claramente confusa

«Bueno…si quiere aprender, claro que sí» dijo Regina

«No quiero molestarla, patrona»

«¡No es molestia, Emma! ¡Mi madre hace tiempo que quiere darte esas clases!» exclamó él, y naturalmente, Regina frunció el ceño, ya que en ningún momento ella le había dicho eso al hijo, aunque sintiera deseo de estar cerca de Emma el máximo de tiempo posible.

«Bien, si es así…» murmuró Emma

«¡Entonces voy a tomar mi baño y más tarde me cuentas cómo te ha ido la clase! Hasta luego, mamá, cuida de ella» dicho esto, Henry corrió hacia la casa.

«Este niño…parece un adulto hablando» comentó Emma

«Es verdad…» dijo Regina «Emma, disculpe por la forma en que le hablé ayer…solo es que no quiero que me escondan cosas, principalmente si está relacionado con mis órdenes» añadió, aparentemente arrepentida.

«Se enfadó con razón, no me debe disculpas…» dijo Emma, algo sorprendida ante la actitud de Regina

«Bien…entonces, vamos, bueno, ¿va a aprender a montar con vestido?» preguntó Regina

«No sabía que hoy tendría la clase y por eso no vine con la ropa adecuada» dijo ella, esbozando media sonrisa

«Creo que no hay problema…su vestido no es corto ni ceñido, no debe ser una molestia. Vamos entonces»

Tras ensillar el caballo que consideraba más manso de la hacienda, Regina condujo al animal hacia fuera de los establos y tras distanciarse algunos metros de la casa grande, finalmente se detuvo, y dio espacio a Emma para que se acercara.

«¿Voy sola?» preguntó Emma

«Claro que no. Ahora suba, yo la agarro» dijo Regina, y en cuanto Emma hubo montado en el lomo del animal, ella hizo lo mismo, acomodándose detrás de ella.

Emma suspiró discretamente agradeciendo el cielo que Regina no pudiera ver su rostro, en caso contrario, se sorprendería ante sus mejillas enrojecidas y ardientes. En ningún momento imaginó que sentir el cuerpo de su patrona tan cerca del suyo le pudiera causar esa sensación aterradora y al mismo tiempo estremecedora. Y cuando las delicadas manos agarraron las suyas guiándolas hacia las riendas del animal, su corazón se disparó.


«¡No te vas a creer lo que acabo de ver!» exclamó Marian

«¡Habla de una vez! Sabes que detesto los rodeos» dijo Ruby

«¡La patrona fue a enseñar a montar a tu rival!»

«¿Cómo?» preguntó, incrédula ante aquella información

«¡Lo que oyes! Las he visto juntitas compartiendo la grupa del mismo caballo…»

«¡Maldita Emma…se la pasa fingiendo ser una santita, pero no es más que una puta facilona!»

«¿Quieres un consejo?»

«¡No!»

«Te lo voy a decir de todas maneras. Es mejor que no te metas con ella, ya sabes, el hijo de la patrona la quiere mucho y por lo visto, la patrona también»

«No me voy a rendir tan fácilmente. ¡Quién ríe último, ríe mejor!»

«Si tú lo dices…»

Mientras Ruby deambula por las estancias de la casa grande buscando una manera de apartar a Emma de su camino, Regina intentaba, a toda costa, mantener el control y no actuar por impulso, ya que a cada trote del animal su cuerpo rozaba el cuerpo de Emma, sin contar con el perfume que emanaba de los cabellos rubios, de fragancia tan dulce y suave, capaz de ablandar el más duro de los corazones, y amansar al más feroz de los animales.

«No tiene que hacer mucho» dijo Regina «Solo necesita controlar el caballo, y claro, mantener el equilibrio para no caer» añadió, su boca estaba bien cerca de la oreja de Emma, cosa que provocó que su estómago se encogiera y sintiera dificultad para respirar.

«Bien…creo que he entendido» dijo Emma, en un tono casi inaudible

«¿Quiere intentar sol…?»

«¡No!»

«¿Tiene miedo?» preguntó Regina, sin contener la sonrisa

«Es la primera vez que me encuentro encima de un caballo»

«Está bien…vamos a bajar un momento y después volvemos a la casa» dijo la morena, tirando de las riendas para que el animal se parara, y enseguida, bajó «Venga» dijo, extendiendo la mano, y al intentar bajar del caballo, algo torpemente, Emma acabó perdiendo el equilibrio y no cayó al suelo porque fue amparada en el último momento por los brazos de Regina.

«¿Está bien?» preguntó la morena, manteniendo sus brazos alrededor de su cintura

«Sí…» susurró Emma, sus manos reposaban en los hombros de Regina. Sus ojos parpadeaban seguidamente en el intento de despertar de ese torpor e ignorar lo seductora que era aquella cicatriz en el labio superior de su patrona.

Regina, por su parte, parecía encontrarse en una especie de hipnosis provocada por aquel par de ojos verdes fijos en ella. La distancia entre los cuerpo era ninguna, y los pocos centímetros que separaban sus labios dejaron de existir cuando Regina la atrajo y la besó con tanta delicadeza que Emma sintió sus labios estremeciéndose junto a los de ella.

Cuando la lengua de Regina sobrepasó sus límites y sin pedir permiso le invadió la boca, Emma se dio cuenta de que no conseguiría liberarse del encanto hipnótico de aquel beso, aunque quisiese. Su corazón estaba disparado, los latidos se descompasaban mientras la lengua de Regina se deslizaba sobre la de ella. Los labios se exploraban, se lamían, compartiendo sabores.

Un ruido provocado por el caballo y la falta de aire fueron los responsables de separarlas, aunque el deseo era contrario a eso.

«Disculpe, señora Regina…yo no…»

«¿Por qué me pides disculpas?»

«Por el beso…» murmuró Emma, bajando la mirada

«Pero fui yo quien te besó» dijo Regina, levantando su mentón con la punta del dedo índice «Quería decir que…»

«Esto no está bien» Emma la interrumpió «Usted es la patrona y yo…»

«Tengo sentimientos hacia ti» esta vez fue Regina quien la interrumpió

«Es mejor que volvamos a la casa…Henry debe estar necesitándome» dijo Emma

«¿Vas a ignorar mis sentimientos?»

«Por favor, señora Regina…»

«Está bien…sube al caballo y…»

«Voy a pie, no se preocupe»

«¡Como quieras!» exclamó Regina, en tono exaltado, mientras subía en el animal y salió galopando en dirección contraria de la casa grande.


«Algo ha pasado entre la patrona y la falsa de Emma» dijo Marian

«¿Por qué dices eso?»

«Porque ha llegado sola y a pie. Y Robin me acaba de decir que encontró a la patrona en la plantación escupiendo fuego y hasta amenazó con despedir a todos los peones»

«¡Bien hecho! ¡Quiero que explote de rabia por ser tan idiota y andar corriendo detrás de esa puta disfrazada de santa!»

«¿Quieres decir que has desistido de seducir a la patrona?»

«¡Claro que no! No quiero envejecer en este fin del mundo y cuando Regina Mills se rinda a mis encantos, la convenceré para que regresar a la capital. Y una cosa más, prometo que si eso pasa, te dejará mi puesto, ¿qué te parece?»

«¡Soñar es gratis!»


«¿Qué pasó Emma? ¿No te gustó la clase de quitación?» preguntó Henry

«No se me da muy bien eso…confieso que tengo miedo de los caballos»

«¿Mi madre peleó contigo?»

«No, Henry…todo lo contrario, fue paciente y atenta. Solo es que me asusté y hui»

«¿Huiste de qué?»

«Del beso» dijo ella, arrepintiéndose al darse cuenta de lo que acababa de decir

«¿Mi madre te besó?» preguntó él, abriendo los ojos como platos ante tal sorpresa

«Sí, pero no es asunto para un niño, y más de tu edad»

«Mira que noté que le gustabas a mi madre…»

«¿Lo notaste?» preguntó Emma, entre sorprendida y confusa

«Sí, pensé que tú también te habías dado cuenta» dijo él

«Es la patrona, Henry. Y yo no soy nadie, aparte de…»

«De una bonita mujer que ha conquistado a mi hijo y a mi sin ningún esfuerzo» completó Regina, parada en el puerta

«¡Mi madre tiene razón! Voy a dejarlas a solas, pero me quedaré en la puerta para que no huyas más» dijo él arrancando una sonrisa a ambas.

En cuanto la puerta fue cerrada, Regina se acercó, sin embargo, se mantuvo a una distancia segura para que Emma no se asustase ante su presencia o por cualquier otro motivo que ella desconociera. Las miradas se mantuvieron firmes, una encarando a la otra, sin embargo, el contacto fue roto por Emma que repentinamente bajó la mirada.

«Mírame» dijo Regina, y sin cuestionamiento, Emma obedeció «Quiero que olvides que soy tu patrona y solo respóndeme. ¿Tienes sentimientos hacia mí, Emma?» preguntó Regina

«No creo que esa pregunta cambie nada sobre…»

«¡Claro que cambia! ¡Lo cambia todo!» Regina la interrumpió «Porque si correspondes a mis sentimientos, juro que arrancaré de tu cabeza esa idea estúpida de patrona y empleada…pero si no correspondes a lo que siento, prometo que te dejaré en paz»

«Señora…»

«Responde a mi pregunta. ¿Tienes sentimientos hacia mí?»

«Sí…pero no debo…» Emma murmuró, y antes de concluir su supuesto argumento, vio su voz silenciada por un beso.

Regina deslizó su lengua en la boca de Emma, subió sus manos hasta su cintura y rápidamente la atrajo hacia su cuerpo. Conforme pasaban lo segundos, el beso se iba volviendo más intenso y hambriento, y como si temiese una posible escapatoria por parte de Emma, Regina la apretaba con más fuerza contra su cuerpo.

«Por favor…» murmuró Emma, interrumpiendo el beso, y al sentir que los brazos de Regina relajaban el agarre, se dio la vuelta, dándole la espalda

«No huyas de mí…» dijo la morena, abrazándola cariñosamente por detrás «Desde que te vi por primera vez, no conseguí dejar de pensar en ti» dijo ella, arrastrando sus labios semiabiertos por un lado de la cara de Emma «Y si fui grosera y te trate mal, solo fue para convencerme de que no me importabas, pero la verdad es que me importas, me importas mucho…» añadió, y lentamente, Emma vio cómo su cuerpo era girado por unas manos delicadas y firmes en su cintura.

«No tengo nada que ofrecer…» dijo Emma, esbozando una expresión afligida

«No quiero nada aparte de tu cariño, de tu amor…» Regina explicó, y esta vez, fue Emma quien dio inicio a un apasionado beso.

Algunos minutos transcurrieron y Henry, debido a la tardanza y movido por la curiosidad y la impaciencia, acabó tocando a la puerta y solo paró cuando esta fue abierta.

«No me he quedado todo este tiempo de guardia por nada, ¿no?» preguntó, alternando su mirada entre una y otra

«No, hijo…¡felizmente conseguí convencer a la cabeza dura de tu niñera!» exclamó Regina

«¿Entonces están saliendo juntas?»

«¡Sí!» Regina se dio prisa en contestar

«La señora no me lo ha pedido» dijo Emma

«Bueno…me declaré, así que da lo mismo. Y no me llames señora»

«Creo que necesitaré un tiempo para acostumbrarme»

«Patrona, disculpe la molestia» dijo Marian, interrumpiendo la conversación

«Diga, Marian»

«El veterinario ha pedido que la avise de que necesita hablar con usted urgentemente»

«¿No ha dicho por qué?»

«No señora. Solo dijo que era urgente»

«Dígale que ya voy» dijo ella, y Marian se retiró enseguida «Conversamos más tarde» añadió, depositando un beso en la cabeza de Henry y otro en el rostro de Emma, y rápidamente se marchó

«¡Sabía que le gustabas a mi madre!» afirmó él «¿Y a ti te gusta ella?»

«Sí, me gusta. Me gusta mucho…pero quiero pedirte un favor»

«Di, Emma»

«No quiero que nadie en la hacienda sepa que tu madre y yo estamos…comenzando algo» dijo ella, recibiendo una mirada confusa por parte del pequeño.