Hola, hola. Aquí de nuevo yo reportandome con un nuevo capítulo :)

Gracias a Pauliiita por su comentario y a todos los que leen de forma anónima también gracias :D

Personajes, mundo, hechizos y todo lo que reconozcan es de J K Rowling; yo sólo metí la cucharada con uno que otro personaje. A partir de este momento la historia comienza a tener algunos detalles de otra de mis chifladas invenciones (Marcados: Sangre antigua. Por si les da curiosidad .), sin embargo, lo que ponga será explicado de forma sencilla para que a nadie me lo deje el bus y se pierda XD.

Los meses pasaron más rápido de lo que esperaba; el invierno hizo su aparición en un parpadeo, invadiendo de frio su, ya de por sí, helada vida. Tonks lo había pasado bastante mal desde el día en que pisó Londres tras la visita al amigo de Dumbledore en Rusia. Su contacto con Remus ahora era bastante reducido, las únicas ocasiones en las que hablaban, era sobre cosas relacionadas con la orden, y siempre estaban rodeados de un montón de gente. Al menos había estado un poco entretenida con los chicos Weasley, Hermione, Harry y una nueva amiga de los chicos cuyo nombre era Jill Peverell. Ellos habían ido a pasar vacaciones en casa de Sirius cuando Arthur Weasley fue atacado por una serpiente la noche en que hacía guardia para la orden en el ministerio; afortunadamente el hombre estaba sano y salvo, en San Mungo, pero sano y salvo.

Bostezó, estirándose sobre la cama para alejar un poco la pereza. Una lechuza café entró por la ventana de su habitación y dejó caer en el suelo el paquete que tenía agarrado entre sus patas y el sobre que traía en su pico. La carta comenzó a arder en el suelo, notificando a Tonks que era un Howler.

—¡Feliz navidad! Gracias por el regalo, Tonks. ¡No creí que cumplirías con tu promesa de enviarme un collar! ¡Disfruta tu bastón!... ah, y pásate hoy por la tarde si puedes —la voz de Sirius retumbó en el lugar. Sonaba bastante divertido.

Tonks rio levemente mientras el Howler terminaba de arder. Se levantó de la cama y recogió el paquete que había dejado la lechuza. Lo abrió y soltó una carcajada al encontrarse con un reluciente bastón. Sirius aún no superaba que se hubiese disfrazado de anciana para acompañar a Harry a Kings Cross. Dejó el bastón en la cama y decidió ir a prepararse algo de desayunar. Necesitaba tener la mente ocupada en algo antes de ponerse a pensar en Lupin.

Fue a la cocina arrastrando las pantuflas con forma de conejo y se preparó una gran taza de café. Abrió un paquete de galletas saladas y se dirigió a la sala, café y galletas en mano, a aplastarse en su sillón más cómodo. Engulló las galletas con desgana mientras miraba el lánguido color vainilla de la pared frente a ella.

Cuando iba por la mitad de su café, un tenue golpeteo proveniente de la ventana llamó su atención. Wingold, la lechuza de sus padres, reposaba en el alfeizar viéndola con sus amarillos ojos acusadores. Tonks puso los ojos en blanco, pensando en que la maldita lechuza se parecía demasiado a su madre.

Los deseos de levantarse de su sillón eran nulos, así que utilizó su varita para abrir la ventana y dejar entrar al pajarraco. La lechuza planeó hasta ella y se posó sobre la mesa de centro, justo encima de sus revistas de moda muggle.

—¡Oye! ¡Iba a mandar a hacer el vestido de la portada, pájaro tonto!

Suspiró exasperada y tomó el paquete que el avechucho tenía atado a las patas. Lo abrió sin preocuparse de cuidar del papel y se encontró con un pastel de chocolate hecho por su madre. Una carta venia justo encima de la caja, así que rasgó el sobre para leerla.

—¿Qué? ¡Ya vete, Wingold!

Agitó las manos para ahuyentar al ave. La lechuza se limitó a ladear la cabeza hacia la derecha y la miró con los ojos entrecerrados. Tonks sintió que, en cierta forma, el ave se burlaba de ella. Bufó, sintiéndose patética por hablarle a un avechucho.

Clavó los ojos en el pergamino y leyó:

Querida Dora, ¡Feliz navidad!

Nos has hecho mucha falta a tu padre y a mí. ¿Por qué no has venido aún? ¿La orden te ocupa más de la cuenta?, olvídalo cielo, no voy a sermonearte de nuevo si es lo que estas pensando… pero ya en serio, hija, nos preocupa que no te comuniques. Dora escríbenos de vez en cuando, no se te caerán los dedos. Le dije a Wingold que no vuelva a menos que nos envíes una nota…

Con que por eso estaba aún ahí el pajarraco. Volvió a la carta.

Bien, te contaré cómo nos ha estado yendo en casa. Ted está ocupado con un nuevo proyecto en el jardín, dice que quiere que los claveles parlantes se aprendan la nueva canción de U2, o como se escriba el nombre de la banda muggle que tanto le gusta, se supone que se la enseñará a Arthur Weasley cuando venga a casa para almorzar. Le he dicho que no pierda el tiempo, que las plantas solo saben decir "agua"; pero él insiste en que lo logrará. Sigo pensando en que se le está manifestando la locura de los muggles.

Yo, por el contrario que tu padre, he intentado mantener la casa en orden para cuando decidas venir a pasar un tiempo con nosotros. Tu habitación está tal cual la dejaste, Dora, nada más tienes que ocuparla para que sea la misma. He estado pensando, cariño, ¿Por qué no dejas ese apartamento minúsculo y vienes a vivir a casa? Te puedes aparecer igual que en cualquier lado y no tendrías que pagar un alquiler; están muy caros hoy en día. Solo piénsalo y verás que tengo razón.

Dora, también espero que vengas a almorzar hoy. ¡Es navidad, ni se te ocurra faltar! Tantas semanas sin saber de ti han sido terribles para nosotros y no quisiera perder las festividades también. No dejo de pensar en si el motivo de tu ausencia es algún novio. Si es así, puedes traerlo y presentárnoslo, cielo. Estaría encantada de conocerte algún pretendiente, tu padre dice que por él puedes quedarte soltera toda la vida, pero no le hagas caso.

Espero que te guste el pastel, es tu favorito, tiene una sorpresa en el centro, así que cuidado cuando lo cortes. Disfrútalo. Un beso y un abrazo.

Te quieren,

Tus padres.

Tonks terminó de leer la carta, luchando para que la humedad de sus ojos no escapara. Las palabras de su madre la hicieron pensar más que nunca en Remus. Ya quisiera ella que él fuese su novio y no se estuviese comportando como si no la conociera.

Se levantó del sillón y se dirigió con pasos lentos a su habitación para buscar algo de pergamino y una pluma para escribir a sus padres. No deseaba escribir nada extenso, sólo les diría que estaba bien y nada más. Rebuscó en las gavetas de su escritorio y encontró los materiales que necesitaba. Garabateó unas cuantas palabras, sintiendo un nudo en la garganta debido a la persistente imagen de Remus en su mente.

Queridos papá y mamá:

Estoy bien, no se preocupen.

He estado un poco ocupada con mi trabajo y con la orden, así que no he tenido mucho tiempo para ir a visitarlos, pero iré mas tarde. Lo prometo.

Mamá, no tengo novio. Iré a casa sola. Pensaré en tu propuesta, aunque creo que mi decisión final será la misma.

Los quiere

Dora.

Volvió a la sala y amarró la diminuta carta a la pata de la lechuza. La llevó hasta la ventana para urgirla a que se marchase. La depositó en el alfeizar y esperó pacientemente a que el ave la mirase intensamente una vez más.

—Ya, muévete. Les escribí, ¿no?

El pájaro picoteó en el aire en señal de molestia y emprendió el vuelo. Tonks cerró los ojos con fuerza. Ahora el pajarraco la odiaba por ser tan gruñona. Sacudió la cabeza y soltó una risa tan carente de humor como lo habían sido sus últimas semanas.

—¿Qué tal la noche, lunático?

—¿Eh?

Remus levantó la cabeza para mirar a Sirius. Había estado en las nubes desde que llegara de visitar a Arthur en el hospital.

—¿Que, qué tal la noche? ¿La pasas bien esta navidad? —repitió su amigo con voz divertida.

—Sí, genial —asintió con la cabeza —. Pero ya debo irme.

Remus hizo amago de levantarse del sillón en el que estaba sentado, pero Sirius lo detuvo con una mano.

—¿Por qué la prisa, Remus?

—Tengo algo de sueño.

—Aguafiestas, ¡la noche es joven! —Sirius se veía deprimido de repente.

—No soy aguafiestas. Tengo sueño y mejor me voy a mi casa.

Esta vez, Remus se puso de pie, ignorando las quejas de su amigo.

—Oh, aburrido, Lunático —Sirius gruñó un poco, pero sus ojos se iluminaron al instante —¡Eh, Jill!

Remus miró hacia la puerta en la que los grises ojos de Sirius permanecían clavados, percatándose también de la presencia de la amiga de Harry. La chica parecía un poco azorada mientras permanecía en el umbral de la puerta. Al parecer sólo pasaba por allí cuando Sirius la llamó.

—Ven aquí, Jill. Dile a Remus que se quede otro rato —dijo Sirius riendo.

La muchacha se sonrojó un poco. Miró a Remus con sus asustados ojos azules y una nerviosa sonrisa.

—¿También tienes sueño, Jill? —Sirius continúo molestando a la chica.

—No. Pero la señora Weasley nos envió a dormir a todos —respondió la muchacha sonriendo.

—Oh, Molly es tan aguafiestas como Remus —Sirius parecía decaído ahora.

—Ella es sensata, Sirius —dijo Remus. Miró a Jill —Deberías descansar. Fue un día ajetreado en San Mungo.

—Sí, claro… sólo iba por un vaso de agua —la chica tamborileó con sus dedos en el marco de la puerta y se remetió un mechón de su negro cabello tras la oreja: parecía querer preguntar algo más —. Hmmm, Remus ¿has visto a Tonks?

Remus tragó con dificultad y le comenzaron a sudar las manos.

—No ¿Por qué?

—Es que no la veo desde que visitamos al señor Weasley por primera vez—la chica se encogió de hombros —. Pensé que vendría hoy.

—Ah —Remus respiró aliviado. Por un momento pensó que Jill podría sospechar que él estaba enamorado de la metamorfa —. Debe estar ocupada. No la he visto mucho tampoco.

—Vendrá para llevarlos a Hogwarts. Es lo que dijo Ojoloco —Sirius se levantó de su sillón y palmeó la espalda de Remus —¿Quieres jugar snap explosivo un rato, Jill? Estoy aburrido y este tonto se quiere ir a dormir.

La muchacha miró hacia atrás un momento, probablemente revisando que Molly no estuviese cerca, y después asintió animadamente. Entró en la sala, al parecer olvidándose del vaso de agua que quería antes.

Remus sonrió levemente cuando la chica pasó por su lado y se sentó en uno de los sillones al tiempo que Sirius convocaba una baraja de cartas. Sirius parecía un idiota adolescente con esa niña, no era que pensara que él estaba siendo un asaltacunas, pero sí se comportaba como una especie de hermano mayor, incluso estaba por pensar que la quería igual que a Harry. Remus suspiró. Quizás sólo era que el recuerdo de Alice, la antigua novia de Sirius venía a su amigo cada vez que estaba cerca de la chica; pero no podía juzgarlo, Jill era tan parecida a la mujer, que bien podrían ser la misma persona. Vaya sorpresa se había llevado la primera vez que la vio y, se sorprendió aún más cuando supo que ella era la hija de dicha ex novia.

—¿En serio te vas, Remus? ¿No juegas un rato aprovechando que la señora Weasley duerme? —dijo Jill mirándolo desde el sillón.

—No. Paso. Que tengan buenas noches.

—Igual tú —sonrió Jill volviendo a mirar las cartas.

—Sí, ya duérmete entonces, Lunático —dijo Sirius fijándose en las cartas también.

Remus sacudió la cabeza y salió de la sala. Le esperaba una larga noche; una vez que le mencionaban a Tonks, no podía dejar de pensar en ella el resto del tiempo. Esos habían sido unos largos y tediosos meses, pero ayudaba el hecho de que no tuviese que asistir a ninguna misión con la chica. Aunque le doliera infinitamente, la distancia ayudaba mucho; no le daban deseos de besarla, acariciarla y el resto de cosas que le había hecho en Rusia.

Recuerden que cualquier consejo, critica, expresiones de amor hacia la historia, maldiciones imperdonables, etc, son recibidas y aceptadas con el agrado de alguien que quiere mejorar la calidad de lo que escribe.