Capitulo 7. La primera misión de Hermione.

Unas semanas después de su entrada en la Orden, Hermione seguía residiendo en el numero 42 de Hamilton Street, casa que pertenecía, se acabó enterando, de los padres de Anthony y Luna Diggle. Hermione era prácticamente un miembro más de la familia, pues los señores Diggle eran también miembros de la Orden y sintieron inmediata simpatía por la "chica del tiempo", como la llamaba Anthony. La primera vez que oyó su nuevo apodo se sintió como si fuera la presentadora del tiempo de un canal muggle de televisión.

Como nuevo miembro de la Orden del Fénix, Hermione se entrenaba por las mañanas junto con el resto de los miembros. Luchaban entre ellos con dureza, tanta que a veces alguno acababa herido. La primera vez que Hermione vió que varios miembros estaban heridos en los propios entrenamientos se asustó. Pero después comprendió que luchaban así porque estaban en guerra y porque era mejor que les hirieran sus propios compañeros en unos entrenamientos, que los mortífagos en el campo de batalla. Sin embargo, a Hermione, con su experiencia en el Ejercito de Dumbledore, nunca la hirieron y aunque no tenía la experiencia ni la habilidad de magos más experimentados pronto empezó a notar que se estaba ganando el respeto de personas duras, como Ojoloco Moody y la señora Bloom, la mujer que no había hecho más que acosarla a preguntas en la primera reunión de la Orden. Aun así, todos empezaron a notar como la técnica de lucha de Hermione mejoro tanto que la mayoría de los miembros de la Orden acababan siendo derrotados o, en el mejor de los casos, en tablas.

Por las tardes se dedicaba a unas "clases particulares" con Ojoloco Moody, el cual le explicaba qué debía hacer en caso de que la capturaran los mortífagos, que pociones llevar siempre encima para emergencias, como sacar heridos de un edificio en el que hubiera lucha…

En esos tiempos difíciles que vivían, casi todas las noches celebraban reuniones que acaban generalmente en misiones, pero como Hermione estaba todavía débil y no había entrenado suficiente (palabras textuales de Moody), ella todavía no había participado en ninguna. En cambio, ella ayudaba contando en las reuniones lo que ella recordaba (que era un poco según ella y mucho en opinión de Anthony) de las correrías de Voldemort en ese tiempo, con lo cual, muchos de los ataques que se iban a producir se evitaron.

Un día, mientras Hermione estaba con Anthony, Zack, Marc, Lisa, Anne, Kate y Luna jugando a los gobstones, les avisaron de que estaban a punto de celebrar una reunión. Se pusieron todos de pie y enfilaron por el pasillo hasta la sla de reuniones.

-¿Qué creéis que ha pasado?- preguntó Lisa.

-Preguntémosle a Hermione que ella seguro que lo sabe- contestó sin malicia Marc.

-Ja. Ja. Ja- respondió ella.

Entre esas bromas entraron en la sala de las reuniones en las que ya estaban todos sentados. Dumbledore estaba serio, cosa extraña en el, ya que aunque fuera débil, una pequeña sonrisa había siempre en su rostro.

-Hoy Voldemort ha decidido atacar un centro comercial muggle. Lo ha decidido hace unos minutos y uno de nuestros espías ha conseguido hacernos llegar la información.

-¿Qué podemos hacer, Albus?- preguntó uno de los hombres. A pesar de llevar allí mucho tiempo, Hermione todavía no se sabía los nombres de todos los miembros de la Orden, tal y como le pasó también cuando tenía quince años.

-Tenemos que ir a ese centro comercial y evacuar a los muggles junto con el Ministerio. Van a ser muchos mortífagos, pues nuestro espía nos ha dicho que han enviado a todos sus efectivos.

-¿Hay alguien importante en ese centro, Albus?- preguntó Phillip, el padre de Luna.

-El primer ministro muggle está allí-confirmó Dumbledore- sugiero que todos nuestros miembros vengan también.

-¿Yo también, señor?- preguntó Hermione.

-Sí, señorita Granger- asintió Dumbledore.

Salieron todos de la sala de reuniones y pusieron en marcha el protocolo de salida hacia una misión: fueron saliendo de la casa de dos en dos, para no llamar la atención de los muggles y al llegar a un bosquecillo que hay enfrente de la casa, se desaparecían. Hermione decidió formar pareja con Lisa, pues le gustaba su forma de ser: tranquila y pensativa. En cierto modo, le recordaba un poco a Luna Lovegood, un cierto aire en su mirada…

-Vamos, Hermione- dijo Lisa- que ya por fin vas a estar en una misión. Ya tenias ganas, ¿eh?

-Sí, es verdad que ya tenía ganas de patearles el culo a esos mortífagos- dijo Hermione con una sonrisa mientras cruzaban la calle en dirección al bosquecillo.

Lisa sonrió con ganas y la agarró del brazo para hacer la Aparición Conjunta. Después de esa desagradable experiencia, Hermione se encontró con un centro comercial a las afueras de Cornualles en el cual, por dentro del complejo, había una verdadera lucha campal. Tanto Hermione como Lisa sacaron sus varitas a un tiempo y corrieron hasta llegar a los mortífagos.

-Expelliarmus- gritó Hermione, desarmando a un mortífago que estaba a punto de atacar a una mujer aterrorizada frente a una perfumería- Desmaius.

El mortífago cayó inconsciente al suelo y Hermione miró a la mujer sin atreverse a acercarse a ella por si se asustaba.

-Corra, salga de aquí lo antes posible- le dijo.

Sin detenerse a mirar si la mujer le hizo caso o no, Hermione se lanzo al campo de batalla de nuevo.

Unas tres horas más tarde aquello había terminado. Habían capturado 8 mortífagos y matado a 20. En cuanto a los muggles, hubo 14 muertos y una treintena de heridos. A los testigos se los llevaron para desmemorizarlos. En la Orden hubo 5 heridos leves que fueron trasladados a San Mungo de inmediato.

Hubo tres magos destacados por su valor y habilidad en ese combate: Albus Dumbledore, Alastor Moody y Hermione Granger.