Tiempo de mas hard para alegrar el corazon con el one-shot mas largo de la coleccion hasta el momento... disfruten y nos vemos en los comentarios ;)
Ese día los sirvientes habían causado un verdadero desastre. Normalmente eso no era más que un día típico en la mansión Phantomhive, pero esta vez las cosas se fueron al extremo, incluso para ellos, ya fuera porque Mey-Rin nuevamente se había equivocado con la cantidad de detergente que debía usar para lavar la ropa, o porque Finnian, intentando quitar un enorme panal de avispas del jardín, lo había terminado lanzando sin intención directo a la ventana de la cocina en donde Bard se encontraba haciendo un plato muy complicado con su lanzallamas, el cual, junto con aquellos enojados insectos, causaron un terrible caos que acabó en un incendio y mucho humo, y ni hablar de cuando entre los tres intentaron arreglar todo sin que Sebastian ni Ciel se dieran cuenta, cosa que lógicamente no lograron.
En resumen, aquel día no hizo más que empeorar desde que comenzó, y no eran ni siquiera las dos de la tarde, por ende el mayordomo ya podía ver venir más y más problemas que se avecinaban.
Poniendo manos a la obra, se encargó de quitar toda la espuma que cubría el suelo del cuarto de lavado, para decirle a la nerviosa sirvienta que leyera mejor las instrucciones la próxima vez. Quitó el avispero de la cocina, enviándolo lejos, a lo profundo del bosque y de una sola patada, sin que Bard viera por supuesto. Limpió el hollín que el fuego y el humo dejaron en las paredes y preparó una deliciosa comida de cuatro platos en unos minutos, la cual sirvió a su joven amo del modo más impecable que pudo.
Sebastian: -le sirve el plato- Disculpe la espera Bocchan, espero le apetezca lo que hemos preparado para usted hoy
Ciel probó la comida sin mucha emoción en su rostro, pero antes de poder degustarla siquiera, frunció el ceño, mostrando una expresión algo molesta, con la cual miró a su mayordomo.
Ciel: Sebastian, estás hecho un desastre, haces que pierda el apetito
El demonio se sorprendió ante eso, pero pudo notar que era verdad. Al pasar su mano enguantada por su cabello negro, se dio cuenta de que ésta ahora estaba manchada del mismo hollín que antes ensuciara la cocina, lo mismo su cara y parte de su traje, el cual además tenía manchas de tierra del jardín, seguramente producto de haber pateado el panal de avispas.
Sebastian: -hace una reverencia- Acepte mis disculpas Bocchan, no debí presentarme ante usted así
Ciel: Olvídalo, solo ve y toma un baño o algo, y no te tardes mucho. Le diré a Mey-Rin que deje una muda de ropa limpia para ti
Repitiendo el mismo gesto, el mayordomo obedeció y se dirigió al baño de la servidumbre, lugar en el cual pocas veces antes había estado. Se dio cuenta entonces de que era la primera vez que tomaba un baño, estaba acostumbrado a simplemente desaparecer la suciedad de su cuerpo y su ropa en un instante gracias a sus habilidades, por ello supuso que Ciel le había ordenado aquello solo porque los demás sirvientes estaban cerca. Sin embargo, sería una experiencia nueva, y así como el dormir, quizá podría disfrutar de aquel pequeño lujo que ahora se estaba dando.
Sin perder más tiempo, abrió la llave de agua caliente, y mientras la tina se llenaba se quitó por completo su uniforme, el cual luego dejó para poner con el resto de la ropa sucia. Rodeó su cintura con una toalla limpia y cuando la tina ya estaba llena por completo al punto en que echaba vapor, volvió a quedar desnudo y sumergió un pie en ella, para luego meterse hasta quedar cubierto hasta el pecho, dejando sus brazos afuera.
Dejando salir un suspiro algo relajado, Sebastian se permitió gozar de ese pequeño momento de tranquilidad, comenzando a entender que a los humanos les agradara tanto la idea de un baño caliente de vez en cuando. Sin duda lo ayudó un poco a olvidarse por un momento de esos molestos sirvientes y de su joven amo, quien cada día parecía ser más y más demandante.
Cuando ya gran parte de la suciedad estaba fuera de su cuerpo, el demonio decidió quedarse un momento más en la tina antes de salir, pero una presencia que se apareció repentinamente cerca de él lo hizo ponerse en alerta. Poniéndose de pie en el agua, pensaba en ir directo a la fuente de ésta, cuando una voz lo hizo olvidar por un momento esa idea.
Mey-Rin (desde afuera): ¿Sebastian-san? Bocchan me pidió que le dejara su ropa limpia afuera del baño
Sebastian: -se relaja un poco- Sí. Te lo agradezco Mey-Rin. Puedes retirarte, saldré en un momento
Escuchando cómo la muchacha se retiraba, pudiendo presentir el nerviosismo en su aura conforme ésta se alejaba, el demonio suspiró pesadamente de nuevo, para regresar al agua. Estaba seguro de que no era a la sirvienta a quien había presentido acercarse, sino a alguien más. La sola idea de tener a aquella persona cerca de él en ese momento lo hacía ponerse verde, por lo que se dio prisa en salir de la tina y cubrirse antes de que fuera muy tarde. Yendo hacia la puerta del cuarto, pensaba recoger su ropa limpia, vestirse y volver a trabajar lo antes posible… pero en cuanto la abrió se dio cuenta de que su ropa no estaba en donde Mey-Rin la había dejado unos minutos antes.
Sebastian (sorprendido): No es posible…
No pudiendo avanzar mucho más allá de la puerta en ese estado, el demonio comenzó a molestarse, y en ese momento sus sentidos parecieron hacerse más agudos. Definitivamente había una segunda presencia cerca de él en ese momento, y finalmente confirmó sus sospechas.
Sebastian (molesto): Grell Sutcliff… si esta es una broma tuya, te advierto que no me da risa, así que sal de donde estés, es inútil que te escondas de mí
Sonriendo con un poco de burla, pero que no hizo mucho por ocultar el sonrojo de su rostro, el shinigami rojo salió de su escondite, llevando bajo su brazo un uniforme de mayordomo. Estaba de pie a unos pocos metros de Sebastian, pero en este caso esa era una distancia más que segura, considerando que el pobre mayordomo no podía salir del baño por temor a ser visto.
Grell: -se ríe un poco- Aw, Sebas-chan, no eres divertido, quería ver tu expresión un poco más, eres lindo cuando te enojas, ¿lo sabías? Pero lo eres más sin toda esa ropa encima
Sebastian (mirándolo fijo): -sujeta su toalla- Grell, no estoy para juegos ahora, así que más te vale darme mi ropa en este instante
Grell: -da un paso atrás- ¿Por qué mejor no te quedas así por el resto del día?
Sebastian: Te lo advierto, más te vale hacer lo que te digo
Cualquier persona con un poco de cordura sabría que es peligroso hacer enojar a un demonio, pero tratándose de Grell, éste no hizo más que enfurecer más a Sebastian cuando salió corriendo lejos, llevándose con él su uniforme. Queriendo perseguirlo, el mayordomo volvió a recordar que se encontraba en nada más que una toalla, por lo que se arriesgaba a que lo vieran. De alguna forma, tras tanto tiempo conviviendo con humanos, algunas de sus costumbres parecían estarlo afectando.
De cualquier modo, al percatarse de que no era capaz de presentir a ninguno de los sirvientes especialmente cerca en ese momento ni tampoco a su amo, se sintió lo bastante seguro como para ir más allá de la puerta del baño y seguir al molesto dios de la muerte hasta donde estuviera. Sujetando su toalla recorrió el pasillo hasta donde Grell se encontraba, quien se sintió arrinconado no bien Sebastian lo encontró. Dando unos pasos hacia atrás se dio cuenta de que estaba casi topando con la pared, quedando finalmente aprisionado entre ésta y el mayordomo. Trató de todos modos de buscar una salida, intentando escabullirse antes de que el demonio lo detuviera, pero éste lo tomó de uno de sus brazos, deteniéndolo por fin y aprisionándolo sin salida.
Sebastian: -sonríe un poco- Creo que yo gané, Grell-san
Grell (nervioso): -traga en seco- P-parece que sí… -suspira y le da su ropa- Creo que esto es tuyo
Sebastian (cortante): -lo mira fijo- ¿Puedo saber qué pretendías al venir aquí?
La pregunta lo tomó por sorpresa, ¿realmente el demonio lo conocía tan poco?
Grell: ¿No es obvio? Vine a verte, cuando escuché que ibas a tomar un baño quise aprovechar la oportunidad… pero no funcionó, imagino que ahora querrás golpearme
Sebastian: -se ríe y se acerca a su oído- Provocar a un demonio nunca trae nada bueno, ¿lo sabes?
Era evidente que Sebastian quería torturar al pobre shinigami en castigo por hacerlo enojar y hacerlo caminar casi desnudo por la casa, pero Grell no se esperaba algo como eso, esperaba que todo le saliera mal y acabara herido como siempre, no lo que estaba ocurriendo.
Sebastian: Ya que te tomaste la molestia de venir hasta aquí, supongo que puedo darte lo que quieres
Grell (muy sorprendido): ¿Sebas-chan? –lo mira-
Sebastian: -vuelve a estar serio- Pero debes jurar no contarle a nadie sobre esto, sino las consecuencias serán horribles para ti
Al shinigami se le ocurrieron cientos de posibles escenarios de lo que le pasaría si algo de lo ocurrido llegaba a oídos ajenos, todos ellos terribles y muy sangrientos, por lo que simplemente aceptó, pero no era como si de verdad pudiera negarse, no si recibiría tal recompensa por su silencio.
Sebastian pareció complacido al ver que Grell no dijo nada y simplemente lo obedeció, pero quiso ver hasta qué punto podría controlar al hiperactivo shinigami, y entonces dirigió sus labios hacia su cuello, besándolo suavemente al principio, pero con un poco más de entusiasmo después, sacándole un par de quejidos a Grell, los cuales eran obviamente de placer. Detuvo completamente lo que hacía y miró directamente a los ojos al contrario, con esa mirada de demonio que comenzaba a hacerse presente.
Sebastian: No puedes hacer ningún sonido ni nada que pueda llamar la atención, de lo contrario deberás irte, ¿está claro?
Adorando cómo el mayordomo tomaba totalmente el control y no dejaba de darle órdenes, Grell aceptó, tomando un papel sumiso por una vez, algo que no iba con su personalidad ruidosa y llamativa, pero sin duda había algo en ser dominado por aquel guapo demonio de cabello negro que lo volvía loco, y por eso no podía quejarse.
Sebastian pareció complacido con su actitud, así que retomó lo que hacía, viendo hasta qué punto Grell resistiría sin hacer ruido. Yendo más allá, comenzó a deshacer el nudo del listón que llevaba en el cuello y a desabotonar su camisa, dejando su pálido pecho al descubierto, el cual besó del mismo modo, al punto de darle escalofríos al shinigami, cosa que fue capaz de sentir bajo sus labios, pero pese a eso, Grell hacía un esfuerzo por no dejar salir su voz. El demonio rio un poco ante eso y tomó al shinigami de la cintura, para terminar de cerrar la distancia entre ellos al momento en que continuaba con sus besos. Grell dejó caer a un lado el uniforme que llevaba en las manos, para usarlas para cubrir su boca, ya que sentía que en cualquier momento dejaría escapar quejidos de placer que podrían arruinar el momento.
Sebastian: -lo mira de nuevo- Parece que tienes más autocontrol de lo que pensaba, me sorprendes, pero me pregunto cuánto más podrás aguantar
Grell: -destapa un poco su boca- Te sorprendería lo que soy capaz de hacer por ti, Sebas-chan
Aceptando aquel desafío, el demonio quiso ver cuánto podría resistir el shinigami antes de comenzar a gemir de verdad, así que empezó a pasear sus manos por su cintura, yendo debajo de su abrigo, llegando hasta su trasero, el cual apretó con fuerza mientras ahora mordía uno de sus pezones hasta ponerlo duro. En ningún momento Grell perdió la batalla por mantenerse en silencio, muy para sorpresa de ambos, así que aquella tortura continuó, casi como olvidando que estaban en pleno pasillo, corriendo el riesgo de ser atrapados en el acto.
Sebastian se sorprendía más a cada momento con la capacidad del shinigami de no gemir ni hacer ningún ruido solo porque él se lo había pedido. Debía admitir que Grell tenía un cuerpo muy sensual y bastante deseable, al cual ahora sentía deseos de explorar por completo, pero sin olvidar lo que habían acordado. Siendo el mayordomo que era, podía enfocarse perfectamente en ambas tareas sin problemas.
Hacía poco una molestia comenzó a crecer entre las piernas del mayordomo, la cual el shinigami fue capaz de notar fácilmente, sobre todo cuando ésta comenzó a asomarse por la toalla que éste estaba usando, quedando casi a la vista al no tener más barrera que eso. Sonriendo detrás de sus manos, quitó una de ellas de su boca y la dirigió hacia aquella enorme parte de la anatomía del demonio, la cual pareció endurecerse un poco más en el momento.
Grell: -sonríe más- Parece que no soy el único disfrutando nuestro pequeño juego, Sebas-chan
Sebastian: -sonríe también y lo mira- ¿Y qué planeas hacer al respecto, Grell-san?
A modo de respuesta, el shinigami tomó su miembro con un poco más de firmeza pero sin llegar a lastimar al otro, pasando su mano suavemente por éste, siendo ahora el demonio quien debía evitar gemir de placer, algo que podía hacer fácilmente a decir verdad, pero quiso hacer creerle al pelirrojo lo contrario.
Sebastian: -pone su mano sobre la suya- Si sigues haciendo eso, deberás asumir las consecuencias
Grell: Lo haré con gusto, Sebas-chan
Cambiando rápidamente de posiciones, Grell puso a Sebastian contra la pared, sin nunca soltar su miembro y sin dejar de sonreír. Poniéndose de rodillas delante de él, continuó acariciándolo hasta terminar de ponerlo duro, y una vez que estuvo lo bastante erecto comenzó a lamerlo con cuidado, pero sin meterlo del todo a su boca todavía. Aquello le sacó más de un quejido al demonio, los cuales pronto logró suprimir.
Sebastian (aun sonriendo): -pone una mano en su cabeza- Colocar algo en tu boca para así no hacer ruido, eso es trampa, ¿lo sabías?
Grell: -mira hacia arriba- Me dijiste que debía estar en silencio, pero nunca mencionaste cómo
Sin esperar una respuesta, el shinigami continuó lamiendo el miembro del demonio, hasta finalmente introducirlo en su boca hasta la mitad, sacándolo y volviéndolo a meter a un ritmo constante. Sebastian finalmente no aguantó más y guió al pelirrojo con su mano para poder llegar más a fondo, manteniéndolo firme en ese lugar por varios segundos, sorprendido porque Grell no pareciera mostrar signos de tener náuseas al tener su miembro casi en su garganta. Lo hizo volver al ritmo de antes, guiándolo en todo momento para que así no se detuviera, a la vez que debió tener cuidado de que sus filosos dientes no lo lastimaran.
El mayordomo continuó guiando al pelirrojo, sin soltarlo y sin dejar de mirar cómo su enorme miembro desaparecía dentro de su boca y volvía a salir, una visión tan erótica que creyó sentir cómo pronto ya no aguantaría mucho más. Al cabo de unos minutos más, Sebastian finalmente acabó alcanzando su clímax, llenando la boca del pobre shinigami rojo con su esencia. Grell debió apartarse para evitar atragantarse con aquel ardiente líquido, el cual ahora estaba dentro de su boca, en su cara y hasta ensuciando uno de los cristales de sus anteojos. Tragando parte de aquella sustancia blanca y viscosa y limpiando con sus dedos lo demás, para luego lamerlos, el dios de la muerte tomó de nuevo el miembro frente a él, sorprendido de ver que éste volvía a ponerse duro con su tacto, cosa que le provocó una sonrisa.
Grell: -lo mira fijo- Sebas-chan… he cumplido con lo que me pediste y me mantuve en silencio todo este tiempo
Sebastian (muy serio): Levántate
Feliz de obedecerlo nuevamente, el shinigami se puso de pie, encontrándose con la mirada fría del mayordomo, pero no se mantuvo en esa posición mucho tiempo, pues éste lo tomó fuertemente de la cintura, levantándolo del suelo sin mucho problema, para cargarlo sobre su hombro y así comenzar a caminar. Grell se sorprendió ante este gesto, pero no quería pensar que quizá Sebastian ya se hubiese hartado de él y lo lanzara por la ventana, sin embargo debía recordar con quién estaba tratando.
Grell (algo nervioso): ¿Se-Sebas-chan? ¿Adónde vamos?
Sebastian no le respondió y simplemente continuó caminando. Grell volteó la mirada como pudo y fue capaz de ver una puerta entreabierta, la cual parecía ser del baño, y fue por esa misma por la cual entraron. El vapor de la tina continuaba adentro, lo que quería decir que el agua seguía caliente. El solo pensar en que poco tiempo antes el demonio había estado allí completamente desnudo hizo que el shinigami se sonrojara y comenzara a emocionarse, pero fue traído de vuelta a la realidad cuando éste lo volvió a bajar, poniéndolo de pie justo a un lado de la tina de baño. Antes de poder preguntarle nada, Sebastian lo miró fijamente con aquellos ojos rojos que el dios de la muerte amaba tanto y le dio una orden clara.
Sebastian: Quítate la ropa
El shinigami simplemente no pudo negarse ante eso e hizo lo que el mayordomo le pedía, empezando por sus anteojos, su abrigo, su chaleco, su camisa ya abierta y el listón de su cuello, siguiendo por sus zapatos y pantalones, quedando solo en su ropa interior delante de Sebastian, deteniéndose allí por alguna razón. Éste se le acercó y, contrario a lo que Grell pensó que haría, le habló suavemente al oído, con esa voz profunda y sensual que lo hacía arder de pasión por dentro.
Sebastian: ¿Qué te pasa? No me digas que de pronto te da vergüenza
Sin esperar una respuesta, lo tomó de la cintura nuevamente, para que éste pudiera sentir lo duro que todavía se encontraba luego de sus "juegos" de hacía un momento atrás. Grell ya no sonreía, sino que mostraba una expresión de puro placer en el rostro, junto a un profundo sonrojo que lo hacía sentir como si en cualquier momento fuera a explotar debido al calor. Aprovechando su distracción, Sebastian quitó la última prenda que el shinigami llevaba puesta, para tenerlo finalmente desnudo frente a él. Quitándose también la toalla, ahora ambos lo estaban, y un momento después se encontraban dentro de la tina llena de agua caliente, la cual se desbordó un poco debido a su intromisión, pero el calor continuaba siendo igualmente ardiente. El demonio, quien tenía al shinigami fuertemente sujeto entre sus brazos, lo apoyó contra uno de los extremos de la tina, soltándolo ligeramente para poder abrir sus piernas y hacerse espacio entre ellas.
Sebastian: Dime… -lame su cuello- ¿Qué deseas que te haga ahora, Grell-san?
Grell: Sebas…chan… ngh…
Sebastian: -acaricia su espalda- Dímelo o me detendré
No siendo capaz de hablar claro en ese momento, Grell le respondió con un fogoso y profundo beso, el cual Sebastian correspondió de inmediato, llevando su mano hacia su cabello para acariciar los suaves mechones rojos de éste. Sin soltarlo, el demonio tomó su miembro erecto y lo acercó a su entrada, pudiendo notar cómo el shinigami debió suprimir un gemido de placer una vez que lo tuvo dentro por completo. Sin comenzar a moverse todavía, soltó su boca y lo miró a los ojos, los cuales parecían brillar, en parte debido a unas cuantas lágrimas causadas por el repentino dolor de la penetración, pero también debido a la lujuria y al deseo.
Grell: Sebas-chan… no aguanto más… muévete… por favor… aahh…
Sonriendo complacido por la actitud del shinigami, Sebastian comenzó a moverse, despacio al principio, pero no tardó en ganar velocidad tras encontrar el punto indicado que hacía que Grell literalmente se retorciera de placer, golpeándolo una y otra vez con la punta de su miembro, en tanto que el pelirrojo hacía lo posible por mantenerse fiel a su promesa, debiendo volver a cubrir su boca para no gemir como loco, ya que sabía que toda esa hermosa experiencia se acabaría de golpe si lo hacía. En tanto, Sebastian parecía disfrutar del modo en que atormentaba al pobre dios de la muerte, pero se sintió un poco compasivo por un instante, así que decidió ser un poco más flexible.
Sebastian: -se acerca a su oído- Si quieres gemir puedes hacerlo, pero hazlo solo para mí, no quiero que nadie más escuche esos dulces gritos
Sintiéndose aliviado y cada vez más excitado, Grell rodeó con ambos brazos al demonio mientras éste continuaba moviéndose en su interior, dejando salir jadeos y gemidos de placer directo en el oído de Sebastian, quien respondió dando estocadas más fuertes a la vez que acariciaba su cabello con suma ternura. Una mezcla entre rudeza y gentileza que solo podía ser propia de un mayordomo como él.
Aunque el agua de la tina comenzaba a enfriarse, el ambiente no hacía más que calentarse conforme pasaban más tiempo en esa posición. Grell se sentía morir, como si en cualquier momento su cuerpo ya no pudiera soportar más y acabara explotando debido al placer, solo para que Sebastian lo regresara a la realidad de nuevo con cada beso en su cuello y en sus labios.
Grell: Sebas-chan… aahh… no te detengas… quiero que me hagas tuyo por completo… ¡aahh!
Controlar el volumen de sus gemidos ya comenzaba a ser un problema, pero ya a Sebastian parecía no importarle que pudieran descubrirlos, incluso si sentía la presencia de alguno de los otros sirvientes acercándose, de todas formas no pensaba detenerse. Sin darse cuenta, estaba tan sumergido como Grell en el placer y en la lujuria de aquel momento, el cual ambos deseaban que nunca se acabara, a pesar de que el demonio claramente podía sentir cómo el final estaba cerca. Miró al shinigami con una expresión que casi parecía de enojo, cuando en realidad lo que hacía era esforzarse por no acabar en ese mismo momento debido al rostro lleno de placer que éste le mostraba.
Sebastian: Grell… ya no resistiré mucho más… ¿puedes aguantarlo?
Grell: ¡Sí! Por favor Sebas-chan… quiero sentirte hasta lo más profundo…
Tras un par de embestidas más, Sebastian acabó por completo en el ardiente interior de Grell, quien le siguió casi de inmediato al acabar entre los cuerpos de ambos, sintiendo cómo su esencia se mezclaba con el agua a la vez que la del demonio ahora llenaba su vientre, dándole una sensación de calor tan deliciosa que pensaba que iba a desmayarse del placer, pero los suaves labios de Sebastian que se unían a los suyos en un gentil beso lo hicieron recobrar la conciencia, lo suficiente como para responder a aquel gesto.
Tras separarse un poco y una vez que sus respiraciones parecieron calmarse por fin, Sebastian miró fijamente a Grell a los ojos, juntando su frente con la suya. El shinigami realmente pensó que el demonio lo echaría una vez que hubiesen terminado aquel acto, por eso no se imaginó lo que vino después.
Sebastian: Desde ahora, no quiero que nadie más que yo pueda escuchar tus gemidos de placer, ¿lo comprendes? A partir de ahora eres mío –lo abraza más fuerte-
Sorprendido como estaba y sin poder creerlo, Grell no pudo responder de inmediato, pero cuando finalmente entendió lo que el mayordomo le estaba diciendo, no pudo evitar sonreír… no la sonrisa siniestra que mostraba tras cometer algún sangriento asesinato ni la medio desquiciada que le era tan propia, sino una de auténtica felicidad, la cual era lo bastante enternecedora como para derretir hasta el corazón de un demonio supuestamente sin sentimientos.
Pasados algunos minutos más, los cuales ambos pasaron sentados en la tina, simplemente abrazados y en un tranquilo silencio, el frío comenzó a hacerse notar con fuerza, por lo que debieron salir del agua ya helada y secarse. Sebastian volvió a colocarse su toalla en la cintura y tomó algunas extra para poder secar a Grell con ellas, sentados ahora uno detrás del otro mientras del demonio pasaba la esponjada tela por su cabello mojado. Cuando ambos estuvieron secos, Sebastian salió del baño para recuperar su uniforme, el cual por fortuna seguía en el mismo lugar en que el shinigami lo había dejado, mientras que éste no podía vestirse aún, al ver que su ropa estaba mojada debido al agua que había salido de la tina. El demonio notó su problema, y sin más acarició su cabello y se arrodilló junto a él.
Sebastian: Espera en mi habitación mientras tu ropa se seca
Grell estaba a punto de responderle del modo más emocionado que pudo, pero en cuanto intentó ponerse de pie otra vez acabó por tropezarse, casi dándose duro contra el suelo de no ser porque Sebastian lo atrapó a tiempo.
Grell (adolorido): -lleva una mano a su espalda- Creo que no podré caminar por el momento
Sebastian: -le sonríe- Deja que me ocupe de eso por ti
Cargándolo en sus brazos y una vez habiéndose vestido, llevó al shinigami todo el camino hasta su habitación, y en cuanto estuvieron dentro lo recostó en su cama, cubriéndolo con las frazadas para que no sintiera frío. Acariciando su cabello una última vez antes de irse, lo besó suavemente en los labios, sintiendo cómo le respondía débilmente, señal de que estaba a punto de quedarse dormido. Sonriendo de nuevo, salió de la habitación en silencio, creyendo escuchar un "Sebas-chan… te amo" algo apagado justo antes de salir. Regresando al baño, tomó la ropa mojada de Grell y la llevó al cuarto de lavado, para después colgarla en el patio.
Poco después, fue a reunirse con su amo, quien lo llamó desde el estudio. Sebastian entró con una sonrisa tranquila, cosa que Ciel pareció notar y que solo hizo que se molestara más de lo que ya estaba.
Ciel: Sebastian… ¿puedo saber en dónde estabas y qué estuviste haciendo por más de dos horas?
Sebastian solo sonrió un poco más y se llevó una mano al pecho, mostrando el típico gesto que hacía delante del joven conde cuando respondía una de sus preguntas.
Sebastian: Tal como me pidió amo, tomando un baño
