Tell her, tell her baby, baby, baby, baby, baby, baby, baby. I'm on fire. I tell her baby, baby, baby, baby, baby, baby, baby. I'm a fireball

Hola de nuevo, little demons :) Mañana es San Valentín así que os voy a consentir un poco adelantándoos el siguiente capítulo. ¡Pasadlo bien en San Valentín y repartid mucho amor en nombre de Jashin-sama! ¡Besos yaoi para todos!

Rincón respuesta: Kisaragi Seki: ¿Sigues viva? ¡No te me mueras T^T Aquí tienes conti para despejar tus dudas, hasta yo misma estaba ansiosa por subirla x) PD: Undertaker es campeón mundial del juego del escondite jajaja Un beso ^3^/ isa: Ya me conoces, hay vida inteligente en mí aunque no lo parezca xD. Venga aquí tienes conti para que sepas más cositas y aguantes hasta el lemmon jeje Un beso ^3^

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A hero is no braver than an ordinary man, but he is brave five minutes longer.

Ralph Waldo Emerson

-¡Déjame ver, déjame ver!

-¡Ay, grandísima foca torpe tú ya has mirado!

-Callad que no veo.

-¡Niñas!

Con el mismo efecto que el general sobre su infantería la 'madame' puso firmes a sus chicas de una voz. Inmediatamente se callaron y recompusieron haciendo pucheros inocentes.

-Tenemos un invitado así que portaos bien.—exigió, las chicas se sentaron a su alrededor en aquel revoltijo de cojines y sedas tras salir de su escondite en una esquina—¿Por qué no se sienta? Podemos hacerle hueco.

-No gracias.

-Como quiera.—dijo con resignación soltando el muslo que le había agarrado a una de sus chicas para hacer espacio—Usted es el famoso Cuervo ¿qué se le ofrece por el 'Red Nurse'?

-Debo suponer que usted es la que regenta todo esto ¿no?

-Supone bien. Me llaman Madame Red.—contestó la mujer pelirroja, ataviada con un escueto vestido del mismo color retocándose el carmín—Y mi tarifa sólo le saldrá un poquito más cara.

El Cuervo rodó los ojos pensando en lo mal que se llevarían Beast y esta mujer. Las chicas de Madame Red rieron juguetonas con el 'chiste' de su patrona que abrió las piernas y dejó que ellas le acariciaran los blancos muslos.

-No he venido para eso.

-¿No? Que pena.—sonó triste en un gimoteo—Irene, no subas tan arriba.—regañó a una.

-Aunque sí he venido a preguntarle por una chica.—aclaró, esto reanimó los ánimos de la pelirroja.

-Adelante. Tenemos hasta catálogo—chasqueó los dedos y un chico joven, apenas adolescente, le trajo un álbum que ella le tendió. El mercenario lo repasó hoja por hoja bajo la atenta mirada de la madame.

El Red Nurse era el único prostíbulo, profesionalmente hablando, de Oris. Y por lo que había oído y sonsacado todas las prostitutas trabajaban como en una cooperativa bajo la atenta mirada de Madame Red. Había mujeres para todos los gustos; más gordas o flacas, claras u oscuras, jóvenes o más maduras, vestidas con sedas transparentes y accesorios que luego ni siquiera llevarían. Las tres últimas páginas estaban destinadas a muchachos, como el que trajo el álbum, de largas pestañas y cuerpo fino. El Cuervo cerró el libro con gesto de hastío.

-¿Es que no le ha gustado nada? Si tenemos de todo.

-Ése no es el problema. Si no que no está la que busco.

-Vaya. ¿Tan bien se lo hizo que quiere repetir?

-El problema no es que me abriera bien las piernas sino que intentase matarme.—esto descolocó a Madame Red y sus chicas, que se miraron entre sí con gesto de conejillo asustado.

-Mis chicas nunca harían eso.—aseveró la madame—Descríbamela y veré si la reconozco.

-Morena, tanto de piel como de pelo, con los ojos color magenta. Muy guapa.—reconoció casual. Madame Red repasó mentalmente a cada una de sus chicas e incluso lo que no eran chicas, se mordió la uña del pulgar y frunció el ceño en gesto de concentración.

-No me suena nadie con esa descripción. ¿Dónde la encontró?

-En La Mansión.—Madame Red se echó a reír.

-¡Entonces no le extrañe que haya sido esa pécora despechada de Beast con un disfraz!—rió.

-¿No le cae bien? Tiene gracia, pienso que también sería a la inversa.

-Esa puta tullida me tiene celos desde que le quité el novio de niñas. Y luego cuando crecimos como yo sigo entera atraigo más a los hombres.

-Ya, ya, como sea. No creo que fuera Beast dado que ella nos fulminaba a ambos con la mirada en ése momento.

-Pues ni idea lamento decirle. Nuestra cooperativa abarca toda la ciudad y si hubiera alguien nuevo o que campase por su cuenta lo sabría.

El mercenario achicó los ojos. Las 'madame' eran peor que cualquier extorsionador en cuanto a lo que negocio se refería. Les gustaba tener a sus chicas controladas y sacar partido de sus artes aunque la mayoría del tiempo ellas sólo ordenasen desde un atrio con el cartel de 'Se mira pero no se toca a menos que se pague tarifa'.

De pronto se escucharon un par de grititos y unos graznidos que el Cuervo conocía de sobra. Crook voló como una flecha hacia él perseguido por una chica escoba en mano. El ave se escondió tras su amo y Madame Red pidió silencio. Cuando la escoba se alejó Crook volvió a graznar como si la vida le fuese en ello mirando a su amo con apremio, cogiéndole de la ropa y tirando de él.

-Crook quieto. ¿Qué pasa?

-¡Ah! ¿Éste es vuestro pájaro?—preguntó Madame Red observando a Crook desde una distancia prudente.

-¡Qué grande!—exclamaron las chicas.

El ojirrojo miró a Crook fijamente, que sólo seguía graznando sin decir una palabra. Comprendió que el ave quería sacarlo de allí por algo importante y agradeció haberlo entrenado para decirle cosas importantes sólo en privado. Le chistó suavemente y luego se volvió hacia Madame Red.

-Gracias por su colaboración.

-Ahórrese la ironía. Sólo espero que si vuelve sea por un propósito—abraza a sus chicas—más placentero.

Ignorando esto último el Cuervo abandonó el Red Nurse encabezado por Crook, que tenía prisa por salir antes de que la escoba se le cruzase en el camino otra vez.

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Will recién se ponía la bata de médico y abría la puerta de su consultorio esperando por pacientes cuando Grell apareció por la misma. Sin mediar palabra se echó sobre el más alto y lo abrazó como si se fuese a esfumar.

-¿Grell qué...?¿Ha pasado algo?—el otro niega con la cabeza aún escondido en el abrazo. Will miró hacia la sala en que Phipps y Leto aún reposaban y cerró la puerta tras de sí quedándose ambos en la sala de espera.—Ahora sí me vas a contar qué te pasa.

-Will...—medio solloza—Estaba tan preocupado de que te hubiera hecho algo.

-¿Quién?

-El Cuervo.—el médico entonces ató cabos, seguro que el mercenario había ido a por Grell tal y cómo le dijo, pero al no encontrar nada que le inculpase seguramente le habría metido miedo al artista.

-No te preocupes Grell, ladra mucho pero no muerde tanto. ¿Te hizo algo a ti?

-No. Sólo me destrozó la pernera izquierda de uno de mis pantalones.—Will hizo un mohín, Grell sonrió ya más tranquilo—Parece estar desesperado por dar con el rey de los gitanos. Nos...amenazó a padre y a mi con venir a por ti.

-¿Padre también se involucró?—pregunta sorprendido, el otro asiente.

-Nos oyó y se presentó allí.—Grell juguetea con sus dedos y se soba el brazo izquierdo nervioso—Will yo...yo no quiero que te pase nada.

-No va a pasarme nada. No tiene fundamentos para acusarme y todo lo que diga serán puras patrañas.—le coge con suavidad del mentón, Grell se sonroja ligeramente—No viniste a que te viera esos arañazos.

-Ah, eso...—comenta desilusionado, aunque con disimulo—No es nada, sólo las patas de un animal.

-Aún así. Te conozco y capaz te veo de dejar que se infecten, aunque me alegra que por esta vez te las hayas tratado tú mismo.

-Un poco de alcohol.—sonríe—Aunque no todo de uso tópico.

Will suspira resignado y Grell sigue sonriendo, aunque internamente su preocupación no hiciese más que crecer por lo confiado que parecía el médico.

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-¡Ay, viejo!

-...

Lan Mao intervino antes de que el abuelo atizase otro capón a Claude.

-¡Si es que no puedes cumplir una tarea sencilla como cuidar de tu hermana!—le reprocha el maestro herrero.

-No es culpa de mi hermano, abuelo.—el hombretón la mira—Cuando la gente empezó a huir del Festival la marea de gente me arrastró y me caí lastimándome la pierna.

El herrero la observa de reojo, sabiendo que sólo pretendía encubrir a su hermano, y le palmea la cabeza. Luego mira a su aprendiz, que aún se soba la zona del golpe, y lo fulmina con la mirada a lo que el joven le saca la lengua.

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-¿Y bien Crook, dónde está la urgencia?

Ya solos el ave había guiado a su amo hacia una esquina y se había posado confidente en su hombro, acercándose todo lo posible a su oreja.

-Visto vivo muerto.le dijo en voz baja, el Cuervo no entendió nada y sacudió la cabeza.

-Explícate, porque no he entendido ni jota.

-Cementerio.volvió a decir, su amo asintió—Tumba se abrió.el mercenario abre mucho los ojos y al mismo tiempo contrae una ceja—Y humano salió.

-O sea que...has visto a un muerto salir de una tumba.—resumió, su pájaro le asintió. Al instante el mercenario estalló en sonoras carcajadas, doblándose hasta por la cintura. Crook pegó un salto y le reprochó en forma de graznidos que se riera de esa forma.—¡Es la cosa más tonta que te he oído decir nunca!

-¡Verdad!

-Anda ya.

Crook se calló pero agitando las alas con furia se colocó cara a cara con su amo. Sus profundos pozos negros volvían a tener la misma mirada de ave carroñera sin domesticar de todos los suyos. El Cuervo dejó de reírse y le miró por unos segundos; puso las manos en forma de nido y Crook se posó en ellas.

-¿De qué tumba le has visto salir?

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-¡Capitán, por favor!¡Aunque no sepa cuál de todas estas agujas sea la del sedante le juro que se las clavo una por una hasta dar con la buena!

Pero Phipps no atendía a razones ni a las medio-amenazas de su teniente y continuaba levantándose de la camilla a cámara lenta.

-Capitán...—suplicaba ya Leto—el doctor le ha prohibido moverse de ahí. Sus heridas se abrirán.

-No puedo faltar más a mi deber. Y si tienen que visitarme otra vez aquí—se traga un quejido con el que consigue ponerse erguido—, no lo harán con cortesía.

-Pero...

-Teniente Leto.—le mira fijamente y con dureza—Que no tenga que repetírselo dos veces. Alístese y tráigame mis enseres.

El teniente guarda silencio unos segundos. A pesar de querer mostrar entereza y parecer estar cincelado en piedra, el capitán Phipps temblaba. Y mucho. Mantenía la mandíbula apretada y tragaba saliva como quien bebe vinagre mientras gotitas de sudor corrían entre los múltiples vendajes. Si todo eso ya era el precio de haberse puesto de pie, Leto no quería ni imaginar lo que supondría reincorporarse al trabajo.

-Sí, mi capitán.—acepta, con el tono del preso al que le leen la condena.

Charles trata de que su respiración vaya a ritmo normal, para así mantener a raya el dolor que le recorría todo el cuerpo; sus heridas cicatrizaban pero aún estaban muy frescas y hasta coger un vaso de agua se le hacía trabajoso. Apretó los dientes mientras Leto lo ayudaba a vestirse. Oía al hombre murmurar sobre que el doctor no estaría nada contento cuando volviese de visitar pacientes a domicilio y descubriese que no estaban.

-Abre la puerta.—le pidió una vez que todo estuvo listo. Aún cargado de ungüentos y otras cosas ,que Spears mandó que se usasen en el tratamiento de Phipps, el teniente abrió la puerta con diligencia de mayordomo y salieron a la calle. Al otro lado les aguardaba una sorpresa.

-Dos días de convalecencia antes de que intentase volver a las andadas. Tal y como lo calculé.

-John.—musitó asombrado de ver allí a su compañero.

-Me alegro de verte otra vez vivo, Charles. Y a usted teniente Leto.—saluda el Guardia Celestial—Me he tomado la molestia de venir en calesa, espero no haber truncado vuestros planes de paseo.

Leto sonríe disimulado y suspira de alivio. Brown abre la puerta del coche y ayuda a Phipps a subirse a pesar de que el más alto refunfuña que puede hacerlo sólo.

-¿A qué espera teniente?—le apremia—Suba antes de que el doctor vuelva y descubra que los he secuestrado.

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Horas más tarde, cuando el atardecer ya caía, el Cuervo volvía a ponerse en marcha. Beast se había puesto muy quisquillosa con lo de que "últimamente la esquivaba" y el hombre deseó haberse tragado la lengua cuando le comentó de pasada que había visitado el Red Nurse. A la mujer le faltaron palabras y vocabulario conocido para despotricar y poner a caldo a Madame Red y su ejército de putas calienta-camas. Y entre viaje y viaje, vianda a vianda, se desahogó. Estaba visto y comprobado que ella y Madame Red no se llevaban precisamente bien.

-Uf, cómo me gustaría que alguna vez los soldados le hicieran una redada en ese lecho de mala muerte.—gruñe—Aunque no creo que sea hoy, todos parten rumbo al castillo.

-¿Y eso?

-El capitán Phipps ha vuelto de entre los muertos.—responde como si relatase un milagro—Me alegro, es un buen hombre, y su nombre ya pasará a formar parte de la historia caballeresca como el primer hombre conocido que sobrevivió a Smiley.

-"Curioso. Yo también me dispongo a visitar otro lugar de muertos vivientes."

Eso fue lo último que habló con Beast. Las calles parecían más solitarias que nunca ahora que no había soldados por ellas. Se los imaginó coreando la vuelta de su capitán mientras brindaban y chocaban las armas a su salud.

-Eh Crook.—su mascota gorjeó—¿Reconociste a tu muerto viviente?

Aunque molesto por el comentario quisquilloso del humano el pájaro asintió. Desgraciadamente no recordaba exactamente la palabra que definía a esa persona y podía tirarse toda la eternidad tratando de que su amo le entendiese de otra forma. El mercenario pareció entender que el cuervo no sabía decirle quién era porque graznó fastidiado.

-Cuando esto acabe te haré un examen de vocabulario.

El cementerio estaba recubierto por neblina poco espesa. Las temperaturas habían caído en picado esa noche y el ambiente invitaba a dar la vuelta más que a adentrarse en el lugar. Sin inmutarse ni un poco, el Cuervo prendió la antorcha que llevaba en la mano y ordenó a Crook que le mostrase el lugar indicado.

Crook planeó un par de metros y se posó sobre el monumento del ángel que lloraba.

-¿Éste?

-Éste.

Agachándose lo examina por todos lados pero no ve nada que le llame la atención. Ningún mecanismo a simple vista que indicase una entrada secreta.

-Fuerza.—le dice Crook.

-¿Pretendes que la mueva a pulso?—le pregunta incrédulo. Vale que su físico estaba bien cuidado y trabajado pero sin ayuda de otra persona no conseguiría mover la efigie del ser alado. Crook pega un salto y cae frente a su amo, con sus patas rasca la losa y la picotea—Oh, sólo la losa.—el ave asiente.

El mercenario estira los brazos y el cuello hasta que crujen. Coloca las manos en la losa y hace fuerza. Sorprendido constata que ésta se mueve y que debajo no hay nada. Tras hacerla a un lado agarra de nuevo la antorcha apoyada en la piedra e ilumina el espacio vacío. Un silbido quedo se le escapa.

Bajo el monumento habían unas escaleras que descendían hasta perderse en la negrura. Parecía la entrada del infierno. Crook también se asomó y emitió una especie de gorjeo inseguro.

-Bien Crook ¿preparado? Creo que hemos encontrado la guarida del zorro.

El ave asiente, aunque no muy convencido, pero ya era tarde para replicar pues su amo ya se aventuraba escaleras abajo.

Allá abajo olía a podredumbre y cieno. El Cuervo desembocó en lo que antaño serían las catacumbas de la ciudad; demasiado viejas para que alguien las recordase, demasiado perennes para desaparecer por completo. El suelo estaba anegado, en buena parte del trecho que recorrió, por agua verdosa y las paredes, además de recubiertas de moho, se sostenían por decenas de esqueletos. Algunos colocados en nichos y otros abarrotando el suelo y la pared, amontonados unos encima de otros.

En más de una ocasión el hombre tuvo la sensación de que ojos huecos le seguían al pasar, pero giraba la cabeza y no había nada. Él no era miedoso. Había enfrentado a la muerte una treintena de veces y más, pero ésta había hecho del lugar su macabro santuario y las visitas no parecían ser bien recibidas.

-Crook.—llamó a su fiel amigo, bien arrebujado en su hombro—Abre bien los ojos, no sabemos lo que podemos encontrar aquí abajo.

-¿Encontrar?

-Ya sabes. Tal vez un fantasma—bromea, entonces la llama de su antorcha oscila—, tal vez una trampa.—'Fiu' de un barrido la llama se apagó—O una emboscada.

Al mercenario no le dio tiempo más que a parpadear. Un coro de risas llenó el lugar y la luz volvió. Sobre ellos, encima de una balaustrada tallada en la piedra, cinco personas ataviadas con los huesos del lugar sujetaban antorchas y cuerdas. Inmediatamente le echaron las cuerdas, que se enrollaron como serpientes, y lo aprisionaron. Crook tuvo el honor hasta de tener su propia cuerda.

-Vaya, vaya, vaya. ¿Qué tenemos aquí?

-¡Un intruso!

-¡Espía!

-El que os va a asesinar como no me soltéis a la de ya.—contesta el mercenario, los hombres le miran de arriba a abajo. Por fin uno parece darse cuenta de un detalle importante.

-Oye...¿no es éste el Cuervo?

-¡Por Dengue (el Diablo)!—exclama uno de los que sujeta las antorchas—¡Sí que es!

-Os doy tres segundos. Uno...—amenaza de nuevo el ojirrojo, pero no puede seguir hablando pues lo amordazan.

-¡Nada de interrumpir! Has sido muy listo al encontrar nuestro escondrijo, aunque por desgracia no vivirás para contarlo. Viviréis.—se corrige tras reparar en Crook—¡Andando con ellos!

A Crook el mundo se le puso patas arriba. A su amo y a él se los llevaron en volandas, aupados por los gitanos que los habían capturado. Oía a su amo gruñir y seguramente maldecir bajo la mordaza que le impedía hablar.

El trayecto duró poco. Entre risas los hombres los condujeron hasta un lugar nada parecido a las catacumbas de las que acababan de salir. Aquello parecía el interior de una catedral subterránea por los enormes pilares que lo sostenían y lo abovedado del techo. Lo habían encontrado. Estaban en Charivari, el reino de los gitanos, la ciudad bajo tierra.

-¡Que se acerque todo el mundo, hay grandes noticias!—exclamó el cabecilla del grupo que los habían apresado—¡Esta noche tenemos un par de jerós (cocorotas) compinches de los Casterly!—la gente que se había ido congregando con las voces abucheó con ganas—¡Perros! ¡Pero no perros cualquiera!—señala al hombre—¡El famoso mercenario Cuervo—y después a Crook—y su leal mascotita carroñera!

»No os preocupéis, aquí la justicia es rápida, pues somos abogado, jurado y juez único.—se burla dándole ligeros codazos al pelinegro—Y no hay que alargar ningún juicio porque la sentencia ¡es lo más divertido!

Crook graznó despavorido al ver a ese hombre acercar un puñal a la garganta de su amo y se llevó un golpe en la cabeza. Entonces lo arrojaran al interior de una jaula para pájaros. Desde ahí volvió a graznar.

-¡Teneos!

A cm de la garganta del mercenario el puñal se detuvo y todos miraron a quién interrumpió la ejecución. Muchos rostros se quedaron blancos y al hombre se la cayó el arma al suelo. Al Cuervo lo que se le cayó fue la moral. Quien le había salvado había sido ese artistucho de tres al cuarto: Grell.

-¿Pero qué pasa aquí?—pregunta Grell sorprendido. Todos le señalan al Cuervo—¡Oh, usted aquí!

-...—bajo la mordaza el Cuervo soltó tres o cuatro improperios.

-Esto es algo que no me esperaba.—reconoció tamborileando dos dedos sobre sus labios, sobre los cuales se forma una retorcida sonrisa—Soltadlo.

-¡¿Qué?!

-Que lo soltéis.—repite. Vacilantes los hombres que lo sujetan se retiran pero no le quitan las cuerdas—Que buen momento. Lucís tan patético ahora mismo.

-Entonces es que se me está pegando de tanto veros.—a base de mordiscos el mercenario se había deshecho de la mordaza—Aunque doy las gracias de que estéis aquí. El motivo perfecto para liquidaros.

-¿Es eso?—se ríe Grell—¡Claro que estoy aquí, en mi lugar! Arriba sólo soy una fabulosa actriz.

La gente traga saliva cuando Grell se suelta el lazo del pelo y saca un peine con el que comienza a cepillarse. Al tacto del objeto su pelo castaño se torna rojo y algo más alborotado en la frente. Como por arte de magia las pestañas le crecen y cuando abre la boca una hilera de dientes puntiagudos le han crecido. Lo único que permanece igual son sus gafas de montura roja.

-Smiley.—gruñe el Cuervo entre dientes.

-¡Exacto!—grita eufórico Grell, la voz que ahora tiene es un trino agudo y casi desquiciante—Permíteme presentarme otra vez mercenario.—dice posando la mano izquierda en su pecho mientras posa chulesco—¡Soy el primer oficial del rey de los gitanos, Grell Sutcliff más conocido como Blood-Stained Smile!

Smiley se ríe a carcajadas, macabras y espeluznantes. El Cuervo rechina los dientes y trata de liberarse de las ataduras que le oprimían, pero el pelirrojo le encaja una patada a la altura de las costillas que le hace retroceder varios cm.

-¡Ni lo soñéis!—espeta—Sé que esto puede resultar un combate algo desigual pero estoy realmente enfurecido por lo que me dijisteis allá arriba. Y no pienso daros una muerte rápida.—dice mientras saca de su abrigo una sierra circular y una hoz, las cuales sujeta con diestra y zurda.

-No pienso morir a manos de un bicho raro como tú, pelirrojo.—lo provoca el mercenario, recomponiéndose e irguiéndose—Y cuando haya acabado contigo volaré a por tu 'apreciado doctor'.

Smiley no necesito de más. Se echó sobre el mercenario con una mueca furiosa y profiriendo un grito de guerra. La gente empezó a corear.

El ojirrojo pudo experimentar lo que debió sentir el capitán Phipps al enfrentarse a Smiley. Claro que el Guardia Celestial no estaba amarrado ni desarmado como él.

Smiley lo atacaba sin cesar, sin embargo no parecía que sus intenciones fueran las de acabarle pronto. Riendo como un desquiciado pasa la hoz justo por delante de su cara; el pelinegro dobla las rodillas esquivándola, entonces algo se le clava a la altura del muslo.

Usando la hoz como distracción, Smiley lo había apuñalado en la pierna con el cuchillo que llevaba acoplado a la suela de su zapato. Con cara de tiburón hambriento saca la hoja sólo para volver a hundirla una segunda vez, el pelinegro jadea doloroso y evita el tercer impacto dejándose caer de lado. Dio una voltereta y esquivó la sierra circular, que dejó un profundo arañazo justo donde él hubo estado.

-¡Me estoy divirtiendo más deshaciéndome de ti que cuando lo hice de Ser Phipps!

-Si me vas a finar como a él entonces no tengo de qué preocuparme.

Grell sonríe canino y se guarda la hoz, sacando esta vez una gran cruz de metal. Sin mediar palabra la arroja hacia él, el ojirrojo la esquiva por los pelos pero se le queda un corte en la mejilla. No había sido la cruz lo que le había dado sino una cadena de espinas que habían salido del tope de la misma.

La cadena de espinas gira como un látigo y se enreda en la pierna herida del Cuervo haciéndole caer. Grell sonríe ufano y tira de ella atrayendo a su oponente hacia sí. Las espinas se clavan y hunden en la carne del mercenario. Cuando ya le tiene debajo ase la cruz con dos manos, apuntando la base hacia él. El Cuervo oye a Crook graznar asustado y chillar 'amo' repetidas veces; pero ya era tarde, la afilada punta del objeto de culto ya estaba centrada y a punto de caer sobre él.

-Decid adiós a la vida, pajarito.—le susurra Grell mostrando triunfal su dentada sonrisa, sin oír los ánimos de sus compatriotas apurándole a matar al Cuervo.—¡Muere mercenario!

-¡Sí!—clamó la multitud.

-¡No!—gritó alguien más haciéndose oír por encima de todo el jaleo. Grell detiene el ataque ya a punto de clavar la estaca de su cruz—¡Detente Smile!

-Princesa...—musita en un jadeo ahogado en el que ha acabado convertido la euforia.

-¿¡Tú!?—exclama ahora totalmente anonadado el ojirrojo.

-El rey quiere verlo.

-Pe-pero...

-Es una orden.

Grell titubea pero se aparta de encima del Cuervo.

-Levantadlo. Y traed a su pájaro también.

Dos gitanos lo asen de las cuerdas y lo ponen de pie. El Cuervo tiene que tragarse el gemido doloroso que le subió a la garganta cuando su pierna herida volvió a aguantar su peso. Sin contemplaciones lo conducen tras Lan Mao.

Sí, Lan Mao. La chica florista. Ya no llevaba blusa ni falda larga, sino un traje más oriental y tan corto que dejaba poco a la imaginación; sin embargo todos la miraban con respeto y obediencia. La muchacha hace que lo conduzcan más adentro del lugar, hasta llegar a una gran tienda de lona que tenía un pequeño obelisco dorado en la parte más alta.

-Esperad un momento.—ordenó dedicándole una mirada de profundo asco al mercenario antes de entrar primero. Crook aprovechó y gorjeó un poco en dirección a su amo, que lucía demasiado desconcertado u ofuscado para prestar atención a nada. A los pocos segundos Lan Mao volvió a aparecer—Entra.—le dijo al Cuervo cortándole las ataduras con un pequeño puñal y quitándole la espada que llevaba colgada en el cinto.

El hombre la mira unos segundos, observa como la muchacha sostiene la jaula de Crook entre sus delgados brazos y le devuelve la mirada fijamente. Taladrándole, instándole a que entrase de una maldita vez.

El Cuervo aparta la cortina de tela que tapa la entrada y se aventura dentro de la tienda. Había varios muebles tallados de manera artesanal pero con formas desconocidas. Una enorme alfombra cubría el suelo y del techo colgaban varios candiles de aceite.

-Glugluglu.—vio al pavo real del Festival campando a sus anchas por la tienda con esos andares de galán borracho arrastrando su larga cola por la alfombra y soltando alguna que otra pluma. Más allá pudo ver otros cortinajes que al parecer daban lugar a otro espacio en la tienda, estos se movieron y dieron paso al dueño de la misma. Al Cuervo por poco no se le salen los ojos de las órbitas. Demasiadas sorpresas en un día.

-¿Tú?—espetó incrédulo.

-Te dije que volveríamos vernos. Aunque esperaba que no fuera de esta forma.

Lan Mao dejó la jaula de Crook en el suelo, al que inmediatamente inspeccionó el pavo real rodeandola como un buitre, y fue a posicionarse al lado de su hermano.

Claude le sonrió afable y luego afiló su sonrisa dedicándosela al mercenario. Quien gritaba internamente, una y otra vez, que no podía ser. Que ese imberbe no podía serlo. ¡El joven herrero no podía ser el rey de los gitanos!

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¡Nos leemos en el siguiente capítulo! ¡Ya hemos llegado a Charivari pero eso no significa que las cosas vayan a ser fáciles!

atte.-Cherry Cheshire ;)