Bebitas hermosas! siento haberme retrasado tanto con el chap, es que estaba en exámenes, por favor compréndanme. Ahora mismo no tengo ni tiempo para resolver ciertas inquietudes que han surgido de su parte, perdónenme, solo tengo tiempo para mencionarlas, y agradecerles por escribirme, y por leer lo que escribo:

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Si me he saltado alguna, PERDÓN, es que ando con tan poco tiempo, perdónenme en verdad. Aquí les va:

Capítulo VII

Lluvia

Ginny cayó en el monte, y su cabello rojo intenso quedó esparcido combinándose con el verde del césped. Sus ojos miel estaba abiertos, mirando al cielo mientras respiraba agitadamente. Se sentó con brusquedad y miró a su alrededor. Se tranquilizó cuando vio a todos a unos metros de ella.

Luna fue la primera en levantarse, y como en una trance, su mirada quedó prendida en lo que tenía frente a sus ojos azúles océanicos. Harry se levantó después, sacudiéndo su túnica; Ron, Fred y George hicieron lo mismo. El polvo de la tierra se había alzado cuando cayeron, y por eso tosían un poco.

-¡Cuánto polvo!- dijo Fred tosiendo y sacudiéndo su túnica lo mejor posible. – Demonios…

-El viaje tardó más de lo que esperaba, fueron como cinco minutos ¿Qué tan lejos está éste bosque para que inclusive en traslado demore tanto!- dijo George en tono burlón.

-¿Todos están bien?- preguntó Ginny uniéndose al grupo.

-Sí, y tú?- preguntó Ron.

-Yo bien.- respondió la pelirroja, y sus ojos nuevamente chocaron con los verdes intensos de Harry, pero éste solo la miraba con frialdad. Pronto desvió la mirada de ella y tomó su varita colocándose la capucha sobre la cabeza.

-¿Y Luna?- preguntó Fred repentinamente.

Todos miraron hacia delante. La silueta de Luna se dibujó ante ellos. Sus ojos azules estaban clavados en la entrada del bosque con una expresión curiosa e inocente, muy contraria a la que los demás adoptaron cuando se acercaron y vieron unas ramas negras mezclarse en el espesor de un pasaje oscuro que se abría bajo el letrero viejo y roído de madera, que colgaba encima de ellos.

Luna giró su cabeza hacia la derecha, para poder leer con claridad lo que decía el letrero.

-Ti..ra…nia..- dijo con su voz suave.

-El bosque de las bestias.- dijo George adelantándose a través del camino hacia el interior del bosque.

Fred sonrió.

-Aquí vamos.- y siguió a su hermano.

Harry entró sin pronunciar palabra y con aire decidido.

-Supongo que hay que hacerlo..- dijo Ginny respirando profundamente y caminando tras los demás.

Ron fijó su mirada en Luna, y ella le sonrió mientras caminaba siguiendo a Ginny. El pelirrojo no se movió durante unos segundos, viendo cómo el vestido blanco de Luna rozaba las ramas negras de la entrada.

-Merlín, guíanos.- y con éstas últimas palabras entró.


Brena caminaba de un lado a otro en la habitación de Niobe. Su cabello negro azulado bailaba con ella y acariciaba su piel porcelánica. Parecía analizar algo haciendo uso de toda su concentración. Finalmente paró bruscamente y fijó sus ojos azules en Hermione.

-Niobe, no me gusta para nada lo que me estás diciendo.- dijo mirándola con algo de preocupación. – Draco Malfoy haciéndole favores a una mestiza? Ofreciéndote su protección? Ordenándote a que pases tiempo con él? …Lo siento, pero todo esto me pone nerviosa.

-Lo sé.- dijo Hermione bajando la mirada.- Yo también me pongo nerviosa cada vez que estoy cerca de él, pero, es que estoy atada de manos. Me ha ayudado en muchas cosas, y yo me veo obligada a retribuirle.

-Retribuirle?- dijo Brena exasperada. – Creo que es eso lo que quiere! Quiere que seas tan dependiente de él y por eso te ayuda, o finge hacerlo. Lo único que sé es que Draco Malfoy no hace nada sin pedir nada a cambio, y tengo mucho miedo de lo que pretenda conseguir de ti.

Los ojos de Hermione se llenaron de lágrimas, pero no dejó salir ninguna.

-Yo sé, yo sé.- dijo la castaña sosteniéndose la cabeza. – Estoy tan aturdida. Pero no me queda otra salida; si tengo que convertirme en su esclava personal, lo que creo que ya soy, con tal de descubrir mi pasado, entonces no me importa..

Brena tomó las manos de Hermione entre la suyas y la miró directamente a los ojos.

-Niobe, quiero que tengas algo bien claro: yo ya llevo algún tiempo aquí, y cuando te conviertes en guerrera de Draco Malfoy, le perteneces únicamente a él, y tienes que seguir cada una de sus órdenes.- le dijo. – Quiero que sepas, que si él nos pide matar a alguien, nosotras tenemos que hacerlo. Nosotras también somos asesinas.

Los ojos de Hermione se oscurecieron.

-Lo sé, pero no me importa.- respondió. – No me importa matar, no me importa ni siquiera mi propia muerte con tal de saber quién soy. Es todo lo que quiero. Daría mi vida entera por solo recordar cuál era mi verdadero nombre.

-Yo he visto cómo te mira Niobe.- dijo Brena. – Y tiemblo solo de recordarlo. Hay algo terrible en los ojos de Draco Malfoy, algo que siempre me a aterrado. Pero cuando fija sus ojos en ti, esa cosa que me aterra parece crecer de una forma que nunca antes he visto.

-Lo sé.- dijo Hermione. – Yo también lo siento. Hoy me tatuó el dragón.

El entrenador se lo sacó a Saskia hoy después del duelo.- agregó Brena. – Solo nosotras dos tenemos esa bestia en nuestra espalda. Es otro signo de que le pertenecemos a Draco Malfoy.

Los ojos claros de Brena se llenaron de lágrimas, y una rodó por su mejilla porcelánica. Las dos entendieron que sus vidas estaban marcadas de una forma cruel. Solo por la sangre, por la estúpida sangre.

Brena miró por la ventana de la habitación, fijando sus ojos en el bosque. Entonces, Hermione creyó reconocer la tristeza de su propia mirada en la de su amiga Brena.

- Algún día saldrenos de aquí Niobe, yo tengo esperanzas.- dijo acariciando con su mano el cristal de la ventana, ese cristal que le mostraba el exterior. – Saldremos y ya no tendremos que servir a nadie; respiraremos sin sentir ésta presión en el pecho, sonreiremos porque de verdad lo sintamos. Seremos alegres…sí, alegres.- y otra lágrima cayó por su mejilla. - Pero sabes qué es lo más triste?... Que aunque lo hagamos, aunque salgamos de toda ésta pesadilla…estaremos marcadas para siempre. La sangre en nuestras manos, no se borrará. La muerte deja cicatrices muy profundas, y nunca desaparecen. En momentos como éstos quisiera recordar, seguro en mi pasado fui feliz.- y sonrió tristemente. - Me gustaría recordar, porque en mi memoria, no guardo un solo instante en el que realmente haya sido feliz.


-Muy bien, cuál es el plan?- preguntó Ginny mientras saltaba una rama que brotaba de la tierra.

Tan pronto como se internaron en el bosque, el camino se fue desvaneciendo, y ahora seguían con ayuda de una brújula mágica que George cargaba colgada de su cuello. Los árboles sin hojas tomaban formas macabras, y a medida que avanzaban se hacían cada vez más grandes. Algunos rayos de luz penetraban por los agujeros de los árboles, pero lo cierto era que mientras más caminaban, menos luz se presentaba. La primera impresión, con ramas negras y oscuridad había desaparecido. Ya en su interior, el bosque era extrañamente bello. Los árboles eran gigantescos, y cuervos volaban de rama en rama. A pesar de lo tétrico que podía llegar a ser, era hermoso. Solo Luna parecía poder apreciar todo aquello. Y mientras caminaba, la rubia miraba a su alrededor con una leve sonrisa inocente. Ron lo notó, y aunque sabía cómo era Luna, no pudo evitar resaltar lo extraña que estaba desde aquella mañana. No dijo nada, pero avanzó sin perderla de vista.

-El plan es llegar a la ciudad de Halt Mich.- dijo Fred al lado de George. – Ciudad de magos y brujas medievales. Es la primera ciudad en nuestro camino. Allí nos esperan, nos darán caballos, información, y así podremos guiarnos mejor a través de este maldito bosque.

-Y Luna?- preguntó Ron bruscamente, notando que la rubia ya no estaba a su lado.

Todos pararon y miraron hacia atrás. La rubia se encontraba a unos metros, abrazada al tronco de un árbol.

-Qué le pasa!- exclamó George.

-Shhh…- dijo Luna desde la distancia. Su oído izquierdo se encontraba pegado al tronco, y sus manos blancas y pequeñas habían comenzado a acariciar la madera de éste.

Ginny caminó hacia ella y con una voz suave le habló.

-Luna, qué está pasando?

-Escucho.- le respondió.

-Qué escuchas?- dijo la pelirroja sin comprender nada.

-Los gritos.

Los rostros de Fred, George, Ron y Harry se ensombrecieron al unísono. Caminaron hacia donde se encontraban las dos amigas, e intentaron separar a Luna del árbol.

-No!- dijo ella decidida. – Quieren decirme algo..

-Quiénes! No hay nadie Luna!- exclamó Fred caminando de un lado a otro.

-Las voces que gritan quieren decirme algo.- dijo la rubia y se cerró los ojos, poniendo sobre sus labios su dedo índice en señal de que todos se callaran.

Nadie supo por qué, pero todos permanecieron en silencio. Observaban a Luna, quien tenía sus dedos clavados en el tronco al igual que su oído. Su cabello rubio caía por su espalda ésta vez sin que el viento pudiera moverlo. Después de unos segundos ella se separó del tronco. Nadie dijo nada hasta que ella se volteó y con sus ojos azules, claros e intensos, los miró fijamente.

-Dicen que nos alejemos de los árboles de tronco torcido. Ellos quieren sangre.

Todos la miraban confundidos.

-Luna qué demonios está…..- comenzó Fred, pero unas gotas de lluvia que cayeron sobre su rostro y luego se intensificaron en miles de gotas que golpeaban ferozmente la tierra lo hicieron detenerse. – pasando…

-Está lloviendo.- dijo George mirando a todos como anonadado.

-Sí, y? qué hay de extraordinario en eso?- dijo Fred mirando a hermano gemelo.

-Luna..- dijo Harry fijando sus ojos verdes en ella. – Ella lo predijo antes.

-Un diluvio mortal..- dijo Ginny mirando a su amiga. – Eso dijiste Luna…

Todos la miraban confundidos. Pero en el rostro de Luna no parecía haber perturbación alguna, más bien, una paz terrible reinaba en cada una de sus facciones.

-Busquemos un lugar en dónde refugiarnos.- dijo la rubia mientras avanzaba.

-Luna qué está pasando?- dijo Ron obligándola a detenerse. Ella se volteó y lo miró con inocencia.

-Nada..- respondió. – No pasa nada.

Y siguió caminando. Todos se miraron mutuamente, pero al ver que Harry decidió seguir caminando, los demás lo hicieron también. No se detuvieron a pensar en lo que había sucedido.


Una tempestad estaba cayendo de los cielos a la tierra. Hermione y Brena miraban tras los cristales a las demás esclavas, siguiendo con su entrenamiento bajo la lluvia helada. Su turno se acababa hasta la tarde, y ellas ya no debía entrenar; pero las otras tenían que sufrir hasta la noche en aquellas condiciones inhumanas.

.- No es justo.- dijo Brena mirando por las puertas corredizas que daban al jardín de entrenamiento. – No van a soportarlo.

Hermione fijó sus ojos marrones en su amiga con angustia. Tenían que soportar, tenían que hacerlo. Pero la realidad golpeó a la castaña de frente y sin previo aviso: ninguna esclava era correctamente alimentada, solo tenían permitido alimentarse en la mañana y en la noche. Una persona que trabaja días enteros sin recuperar sus energías no tenía defensas contra factores debilitadores como aquel. Hermione observaba casi sin poder respirar la escena desgarradora de más de sesenta mujeres entrenar con rostros pálidos por el frío y cuerpos temblorosos.

Todo tiene un límite, y es cruel sobrepasarlo cuando una persona ya no aguanta más. Hermione estaba llegando al borde de lo que como ser humano podía soportar; algo se oprimía en su pecho, algo que desconocía pero que le decía a gritos que no era justo. ¿Es que acaso eran seres tan despreciables solo por ser mestizos¿Por qué tenían que ser víctimas de una forma tan terrible? Brena gritó y se tapó la boca al ver a una de las esclavas caer al suelo desfallecida.

Hermione no pudo más.

-Niobe no!- exclamó Brena observando cómo su amiga abría las puertas corredizas y corría hacia el campo de entrenamiento.

Gotas heladas de lluvia la cubrieron empapándola al instante. Se arrodilló en el suelo, sosteniendo la cabeza de la esclava que había cedido a la interperie. Le dio leves golpecitos en las mejillas descoloridas, pero ella no reaccionó. Las demás guerreras pararon de entrenar observando desde sus puestos lo sucedido. El entrenador caminó furioso hacia Hermione.

-¡Tú¡Aléjate¡Vuelve al castillo!- dijo entrando en histeria. Las gotas de lluvia deformaban aún más sus facciones.

-No! Está grave! Lo que hacen es inhumano! Ninguna de ellas puede más!- le gritó la castaña sin moverse de donde estaba.

-¡Cómo te atreves a levantarme la voz¡Asquerosa sangre sucia!- gritó el entrenador, y sacando su varita la apuntó. – ¡Te lo advierto una vez más¡Retírate¡Ella pagará por no haber sido lo suficientemente fuerte para seguir con el entrenamiento¡Pasará la noche aquí¡Bajo la lluvia!

-¡No me iré sin ella!- gritó Hermione mientras sollozaba. La furia destellaba en sus ojos con intensidad. No podía tolerar más injusticias.

-¡Crucio!- gritó él y de su varita salió aquel terrible hechizo.

-No!- gritó Brena interponiéndose.

Hermione vio cómo su amiga gritaba con fuerza mientras caía al suelo retorciéndose de dolor. No pudo soportarlo ni un segundo más.


Desde las puertas corredizas Pansy observaba lo sucedido, pronto corrió adentrándose al castillo y por un pasillo llegó a la biblioteca.

Draco no se exaltó cuando su novia penetró a la estancia con brusquedad. Ella tuvo que tomar un poco de aire antes de explicarse.

-Draco…es Granger, ha habido un incidente.- dijo recuperando el aire por haber corrido hasta llegar allí.

El rubio no esperó detalles. Automáticamente se levantó y salió de la biblioteca a paso decidido hasta llegar al campo de entrenamiento. No tenía idea de lo que estaba sucediendo, pero podía oler la gravedad del asunto. Empujó las puertas de cristal para irrumpir en el jardín y entonces lo vio.

Una esclava en el suelo, completamente desfallecida bajo la lluvia; Brena retorciéndose de dolor y Hermione, amenazando al entrenador con su espada. Al lado de éste estaba su varita rota.

-¡La magia no está hecha para torturar¡No está hecha para matar¡Si quieres lastimarme hazlo como yo lo hago¡Con ambas manos cobarde!- gritaba Hermione empuñando su espada.

-Basta!- gritó el rubio, y de sus ojos grises estallaron llamas de furia contenida.

Hermione no supo cómo ni cuándo, pero repentinamente se vio soltando su espada y cayendo al suelo mientras gritaba de dolor. Era la mordida del Dragón. En su espalda sentía cómo se clavaban gruesos colmillos y despedazaban su piel, hasta llegar a sus huesos y también rasgarlos. Por supuesto, aquello no sucedía en verdad, pero el sentimiento era como si realmente estuviera pasando. Gritó como seguramente nunca nadie ha gritado, ni siquiera con el hechizo crucio.

Los alaridos helaron a Pansy cuando llegó a la escena. Su cabello negro brillante cubría su tez cálida, y sus ojos grandes y negros observaban a su novio mirar con inmensa ira a la castaña mientras ésta se retorcía en el piso.

La lluvia caía descomunalmente. Draco estaba completamente empapado, con mechones rubios cayendo por su frente llena de gotitas de agua clara. Caminó hacia la escena, al parecer sin liberar de la moridida a Hermione, que seguía gritando mientras clavaba los dedos en el césped. Con un movimiento de varita reparó la del entrenador que se encontraba en el suelo.

-Me puedes explicar qué maldita sea está pasando aquí!- estalló Draco furioso.

-Mi señor, una esclava colapsó por el frío de la lluvia y Niobe quiso intervenir. Le dije que saliera, que no era su asunto, pero no me escuchó. La apunté con la varita para que entendiera, pero me levantó la voz…la muy insolente. Le lancé un crucio, pero Brena intervino también..

Draco se volteó y puso los ojos en la bella figura de Brena, que permanecía desfallecida en el suelo, con sus mejillas rojas y su piel extremadamente blanca. Su cabello negro estaba esparcido por el césped como un manto, al igual que la cola de su kimono.

-Siempre ha sido obediente.- agregó el entrenador mirando a Brena. – Es la influencia de la nueva…

Hermione seguía gritando, ya no podía más con el dolor de su cuerpo. Colapsó allí, en el césped, desmayándose por el sufrimiento ya inaguantable. Draco la miró, al parecer liberándola del suplicio; no servía de nada si estaba inconciente.

-A la esclava y a Brena las quiero en sus habitaciones, en cama, quiero que estén sanas para el castigo que voy a imponerles.- dijo el rubio, y la sangre de todas las guerreras que estaban presenciando el evento se congeló definitivamente. Aquellos ojos grises parecían más mortíferos que nunca cuando se fijaron en Hermione. – A ella la quiero en mi habitación. Encadenada en la cama.

-Draco ya creo que es suficiente.- dijo Pansy avanzando hacia él. – La Granger acaba de perder el conocimiento del dolor. Acaso piensas seguir torturándola toda la noche?

Los ojos fríos de su novio se fijaron en ella.

-¿Desde cuándo te importa lo que le pase o no a ésta sangre sucia?

-Desde que me doy cuenta que estás nuevamente actuando por instinto.- dijo la morena hablándole bajo, pero con fuerza. No quería que los demás la escucharan. – Estás aprovechando la situación para castigarla, para satisfacer tus propias necesidades. Bien sabes que el plan no es ese, no aún. ¿Qué es lo que pretendes¿Matarla? Lucius puso en claro que no nos convenía y ahora entiendo su punto. Si queremos a la banda completa, la necesitamos a ella.

Draco tomó una expresión temible, solo por lo que se reflejaba en su mirada. Se acercó a Pansy lo suficiente como para rozar sus labios, y sin despegar la mirada de ella, le habló.

- Yo sé lo que tengo que hacer, Pansy. Nunca, me oíste? Nunca, vuelvas a decirme lo que me conviente o no.

Y con esto caminó hacia el castillo aún con la ira reflejada en sus ojos de cristal.


Hermione despertó abriendo los ojos lentamente. Sus pestañas largas se movieron como mariposas mientras intentaba ver en dónde estaba.A su mente regresaron las imágenes de lo sucedido; el dolor, y la fría lluvia. Sin embargo, ahora no sentía nada, solo un terrible cansancio. Su cabeza le pesaba, y estirando sus manos notó que estaba en la comodidad de una cama. Ya no había frío, no; todo era tibio a su alrededor, cálido. Movió sus piernas y sintió la suavidad de la sábana contra su piel Era exquisito. Intentó restregarse los ojos para poder ver con claridad en dónde se encontraba…

Entonces lo notó.

Sus muñecas estaban prisionadas con unos gruesos grilletes a ambos lados de la cama, al igual que sus talones. Trató de soltarse, pero lo único que sintió fue dolor. Estaba encadenada en esa cama que no era la de ella, según notó cuando las imágenes se fueron haciendo más claras. Las mantas eran plateadas, y mucho más suaves que las de su cuarto. Los bordes que sostenían el colchón eran negros, con dragones y figuras mitológicas saliendo de ellos. Sí, ella reconocía aquella cama.

No era la suya.

Era la de Draco Malfoy.

Trató de sentarse pero las cadenas se lo impidieron, y cayó acostada, retorciéndose, intentando liberarse. Sus ojos marrones se habían llenado de lágrimas y lanzaba ligeros alaridos de frustración. Todavía podía recordar el dolor de la mordida en su espalda, y también recordaba las palabras del rubio, cuando le dijo que solo la lastimaría cuando ella lo hiciera enojar. Tal vez lo había conseguido, había sido lo suficientemente estúpida como para enojar a un asesino, a un mortífago.

Perdóname Elisa, perdóname pensó sin parar de retorcerse, aún con la bana esperanza de poder liberarse.

Miró al frente, y por los cristales de la ventana pudo observar cómo la lluvia seguía cayendo, mas el día había acabado, y ahora era de noche. ¿Cuánto tiempo había estado inconciente? Quizás unas cuatro horas, se dijo a sí misma.

La puerta del cuarto sonó al abrirse, y volteando la cabeza a su derecha pudo ver la capa negra de mortífago mientras el rubio ingresaba cerrando la puerta tras de sí. Sus ojos grises se fijaron en ella inexpresivamente, mas un frío la recorrió entera cuando éstos se posaron en ella. El dolor por la mordida del dragón volvió a su mente, y temió, sí, temió; volteó la cabeza hacia el otro lado y continuó retorciéndose mientras halaba las cadenas.

-Veo que ya despertaste.- dijo secamente mientras caminaba hacia el armario y colgaba su capa. Su camisa blanca estaba desordenada, y su piel más pálida que nunca. – Mejor; quiero que estés conciente.

La respiración de Hermione se volvió agitada. Él quería que ella estuviera conciente¿para qué¿para torturarla? Cerró los ojos, tratando de pensar en cómo salir de aquella terrible situación. ¿Qué quería hacerle aquel ser cruel? Sí, ella le había desobedecido, y era una sangre sucia; ¿acaso iba a torturarla nuevamente? Hermione hubiera preferido cien veces ser enviada a la sala de torturas antes que sentir nuevamente la mordida del dragón. Hubiera preferido morir antes que volver a experimentar un dolor semejante. Tenía miedo, mucho miedo.

Draco se apoyó en la pared justo al lado de la larga ventana. La luz de la luna iluminaba la palidez de su rostro y le daban un nuevo brillo a sus ojos grises. La recorrió con la mirada, allí, temerosa, en sus manos. Su cabello castaño, lleno de ondulaciones, estaba esparcido por sus sábanas. Sus piernas, casi descubiertas ya que el kimono se había abierto considerablemente, ahora permanecían estáticas al igual que el resto de su cuerpo. Ella había comprendido que no podría liberarse. Allí estaba, entera; y él podía hacer todo lo que quisiera con ella menos lo que realmente deseaba…

Matarla.

El deseo se incrementaba cada vez más mientras la observaba. Aquella tarde él había disfrutado al torturarla con la mordida del dragón. Su satisfacción había sido tan grande y placentera, que todos sus sentidos habían explotado y la adrenalina lo había dominado por completo. Y sin embargo…no había sido suficiente. Sabía que se estaba dejando ganar por sus instintos, y por sus más intensos deseos personales. No entendía qué era aquello que lo estaba obsesionando con tanta fuerza, pero podía sentir cómo esa obsesión comenzaba a controlar cada parte de sí.

-Abre los ojos.- le dijo el rubio con frialdad. – Quiero que me mires mientras te hablo.

Hermione abrió los ojos tiernamente, sus pestañas dejaron de acariciar su piel y se elevaron mostrando la grandeza de unos ojos marrones brillantes. Ella lo miró, su el miedo solo se incrementó dentro de su ser. La crueldad de aquella alma joven le aterraba. ¿Cómo alguien podía ser tan joven, tan bello, y tan cruel? Draco Malfoy tenía la apariencia de un ángel maligno. Sus facciones eran perfectas, y sin embargo, había algo terriblemente oscuro en él. A pesar de esto no retiró la mirada; no iba a ser tan estúpida como para desobedecerlo otra vez.

-Rompiste mis reglas.- dijo él sin moverse de donde estaba. - ¿Tienes idea de lo grave que es romper las reglas de un mortífago?

Hermione respiró profundamente y con voz temerosa pero firme le respondió:

-¿Vas a matarme?

Draco esbozó una media sonrisa irónica. No hay nada que desee más que eso, Granger Pero automáticamente recuperó la inexpresividad de su rostro.

-No. Muerta no me sirves para nada.

Hermione estiró las cadenas levemente. ¿Entonces qué iba a hacerle¿Torturarla de nuevo?