Todos los personajes y lo reconocible pertenece a J.K Rowling.


Palabra: Bailar


VI

Clases de Vals

Aunque apenas estaba comenzando Julio, el verano se hacía sentir ya por todas las zonas aledañas a La Madriguera. Afuera de la casa, el viento hacía que la temperatura fuese mucho más soportable que dentro, donde el aire se hacía pesado y el olor a comida, flores y cachivaches antiguos inundaba las fosas nasales de todos.

Los preparativos de la boda de Bill y Fleur habían comenzado. Molly le prometió a sus hijos y a su esposo que conservaría la calma y trataría de no exagerar para no incomodarlos, y todos lo agradecieron sabiendo que, de todos modos, la situación se le iría de las manos.

Sin mencionar el estrés adicional al que todos estaban sometidos debido a la realidad del mundo mágico. La guerra, Voldemort, los mortífagos y las reuniones de la orden tratando de planear cómo sería más seguro traer a Harry hasta La Madriguera. La boda era un descanso, era una forma de intentar ahogar las reales y terribles preocupaciones en problemas más sencillos como qué comida se servirá o de qué color se vestirán las damas de honor.

Ese día en particular, producto del clima, parecía ser el peor día que Arthur pudo haber escogido para enseñarle a bailar a sus hijos menores. No es como que haya sido decisión de él, tampoco. Abrieron la puerta para que una leve brisa entrara y no acabaran sofocados intentando llevar a cabo la hazaña.

Ron, Fred y George se pararon inquietos frente a su padre que buscaba con su varita entre los discos antiguos de una caja. Cuando encontró el que quería, lo puso en el toca disco y una música lenta y romántica les invadió los oídos. Ron hizo una mueca.

—De todas las cosas importantes que podrías enseñarnos, papá…—empezó, sin estar muy decidido a protestar. Sabía que su madre había ordenado la clase de vals exprés, y que seguramente estaba escuchando desde la cocina, donde hace un rato estaba con Fleur y Ginny revisando una lista de cosas que tenían que comprar o conseguir.

Arthur siseó.

—Importante: postura. Párate derecho, Fred— los tres se enderezaron —Los hombros rectos y hacia atrás, Ron.

Arthur dejó su varita junto al toca disco y estiró las manos hacia el frente, como si sostuviera la cintura de una mujer imaginaria entre sus manos. Los tres lo imitaron.

Y adelante, al lado, atrás, repetidas veces.

Se pisaron los pies entre ellos y se empujaron, riéndose más veces de las que de hecho, lo hicieron bien.

Arthur puso la canción otra vez.

De repente, la escalera de la casa empezó a rechinar a medida que unos rápidos pasos iban bajándola. Hermione apareció unos segundos después y se quedó quieta cuando le faltaba la mitad para estar en el primer rellano, con una ceja alzada, mirando a los chicos bailar torpemente. Ron, que fue consciente de su presencia antes de que la viera, reconociendo sus pasos a través del techo, se sonrojó violentamente y de inmediato dejó de bailar, avergonzado.

—Vamos, Ron. Lo estabas haciendo bien —lo animó su padre. Hermione bajó otro escalón y atrajo la mirada de todo el resto de los pelirrojos —¡Oh, genial! Hermione, querida, ayúdanos un poco —dijo el hombre, llamándola con la mano.

Hermione abrió los ojos, horrorizada. No, no, no. Se arrepintió de haber bajado, se arrepintió tanto. El Señor Weasley la miraba, sonriente, esperando.

—Yo… no sé bailar —dijo, negando con la cabeza.

—Todas las chicas siempre saben bailar —reclamó Arthur, restándole importancia a su situación —Será para que se hagan una idea y aprendan a guiar —habló, ahora sosteniendo a Hermione de los hombros, que ni se había dado cuenta cómo había ido avanzando hasta ellos, con un gesto de confusión y timidez en la cara. —George —dijo por último, soltando a Hermione.

Fred y Ron se hicieron a un lado, este último con el ceño ligeramente fruncido.

George avanzó y tomó a Hermione de las manos.

—Ya, desde el principio —ordenó Arthur, con un poco de emoción mientras volvía a poner la canción.

George sonrió socarronamente, tomó una de sus manos y la dejó en el aire, rodeó la cintura de Hermione con la otra y la empujó hacia él con fuerza, ella chocó contra su pecho.

— ¡George! —protestó y él soltó una risa. Empezaron a bailar lentamente, meciéndose de un lado al otro.

Ron, a un costado, parecía que echaba chispas.

Se había cruzado de brazos y se estaba mordiendo la boca por dentro para no resoplar y largarse de la sala. No entendía cómo podía sentir tantas cosas en tan pocos segundos. Sintió vergüenza cuando la vio asomarse por la escalera, con sus ojos inquisidores y divertidos; sintió un nerviosismo intenso y una ridícula emoción cuando su padre sugirió que Hermione bailara con ellos y ahora, viéndola sonreír en brazos de su hermano sentía unas ganas locas de darle un empujón a George, quitársela y llevársela a cualquier lado lejos de ahí.

No se valía, no se valía. George no podía estar bailando con ella así, tomándola de la cintura, haciéndola reír mientras le hablaba bajito, antes que él. No, nadie podía hacer eso. Ni siquiera su hermano. No. Sobre todo ninguno de sus hermanos.

Se carraspeó fuertemente cuando Hermione soltó una carcajada porque George le dio una vuelta de improviso.

Ginny, Molly y Fleur se asomaron desde la cocina a mirar y sonreían divertidas. Ron captó la mirada de su hermana pequeña que al parecer era capaz de leer pensamientos. Rodó los ojos.

— ¡Ginny, vamos, baila con Ron! —dijo Arthur. Ginny avanzó dando saltitos hasta el medio de la sala y se colgó del cuello de Fred.

—No, Ron apesta, papá —. Fred se rió y empezó a bailar con su hermanita, riendo y contando en voz alta los pasos.

Luego de lo que le pareció una eternidad, por fin, la canción terminó. Molly y Fleur empezaron a aplaudir. Ron seguía enfurruñado en una esquina, con los brazos cruzados y la boca fruncida. Y creyó que iba a estallar cuando vio a su hermano hacer una reverencia ante Hermione y darle un beso en el dorso de una mano.

—Arghh, ridículo —dijo ella, pegándole en un hombro con las mejillas sonrosadas.

—¡Muy bien, George! —lo felicitó su padre.

Paguecía mucho peog bailaguín sin Hegmione —dijo Fleur, con voz burlona.

—Es lo natural —dijo él, haciendo una reverencia hacia la mujer francesa.

Hermione miró a Ron con una mueca de culpabilidad en el rostro. Ron la miró por un segundo y desvió la mirada con brusquedad.

¿Por qué estaba enojado? ¡Ella no se ofreció para bailar con George, la mandaron! Inspiró sintiéndose frustrada ¡¿por qué sentía que tenía que darle explicaciones a Ron?! Ellos no eran nada, ni siquiera tenían… eso que tiene la gente cuando "no es nada". Ellos realmente, realmente no tenían nada. O sea, se habían abrazado un par de veces pero siempre ella había estado llorando. Ella le había dado un par de besos en la mejilla, poniéndose de puntitas en los pies y él se ponía colorado y murmuraba tonterías, pero nada más. Nada.

—Ahora con Ron, Hermione —dijo George, sacándola de sus cavilaciones —A ver si también lo haces ser buen bailarín.

Nadie los había mirado de forma rara, Ginny no había movido sus cejas sugestivamente como a veces lo hacía, George había hablado con su tono de voz normal, sin burlas insinuantes. Todo parecía una sucesión natural de los hechos, pero ellos dos como acto reflejo de esa frase, se pusieron colorados como tomate.

Fleur ahora sí alzó una ceja y miró a Molly, esperando que ella hiciera algún comentario. La señora Weasley ignoró la mirada de su nuera, no dándole importancia a la reveladora situación y movió su varita para que empezara la canción una vez más.

Fred tironeó a Fleur hacia la sala, la rubia se resistió un poco al principio, pero al final, aceptó y puso una de sus manos en el hombro de Fred, riendo.

—Ustedes dos son demasiado coquetos paga su propia conveniencia —dijo, riendo mientras Fred hacía con ella casi los mismos movimientos que había hecho su gemelo antes con Hermione.

Hermione seguía quieta en su lugar, hurgueteando las uñas de una mano con las de la otra, mirando hacia distintos lados del salón intentando controlar todavía su sonrojo. No se percató de que Ron había caminado hacia ella hasta que sintió sus manos en las suyas, separándolas.

Todo el esfuerzo fue en vano, volvió a ponerse colorada en un segundo.

El sonrojo de Ron había desaparecido bastante, solo sus orejas continuaban ardiendo mientras miraba hacia el piso y estiraba una mano para rodear la cintura de ella. No la empujó hacia él como George, la sostuvo casi tan lejos como el largo de su brazo se lo permitía.

Entrelazaron los dedos de la otra mano. Hermione no se atrevía a mirarlo todavía, se movía lentamente sintiendo verdaderamente que Ron guiaba el baile empujándola con suavidad atrás, a la derecha, a la izquierda. Tomó una bocanada de aire y el olor a espuma de afeitar de Ron, se le coló hasta los huesos. Sintió como algo dentro de ella tiritaba, los dedos de las manos le sudaban.

Levantó los ojos y lo miró un instante. Se sintieron avergonzados y de inmediato apartaron la vista, ella miró hacia las paredes buscando concentrarse en cualquier otra cosa que no sea el cuerpo de él, tan cerca, tan lejos, mientras apretaba con fuerza la tela que cubría el hombro de Ron.

De un momento a otro, con la brusquedad que lo caracterizaba, Ron la empujó un poco más hacia él.

Pensó que gritaría. De susto, de ansias, de nervios. Le picaban las manos por pegarse a él, quería colgarse de su cuello, que la sujetara con la misma facilidad con que lo había hecho su hermano hace un rato, como lo hizo con Lavender todo el año pasado, ¡quería que la besara, Merlín!

Buscó sus ojos, no muy segura de querer verlos, pero él miraba hacia abajo, concentradísimo. Hermione desvió la vista un instante y luego volvió a intentar de encontrar sus ojos. Ron seguía con la vista pegada hacia el suelo. De repente, Hermione se dio cuenta que no estaba precisamente mirando hacia sus pies.

Se carraspeó cuándo se percató de que, debido al ajetreo del baile, el escote de su camiseta se había bajado un poco más de como ella normalmente lo usaba aunque Ron tenía una altura privilegiada para observarla incluso sin esa ventaja.

Ron, siendo descubierto, la miró con los ojos como plato y se puso del color más rojo que ella jamás haya visto en la cara de una persona. Esquivó su mirada observando cualquier otra cosa en la habitación.

Hermione intentó suprimir su cara de sorpresa. ¿Ron estaba mirándole… los pechos? Argh, se frustró. ¡¿Por qué tenía que ser tan idiota?! , gritó en su fuero interno.

Ron miraba hacia el lado, todavía con el rostro rojo de vergüenza y se mordía la boca pensando en qué payasada podría decir para solucionar el asunto. Hermione, con la cabeza vuelta hacia el lado contrario parecía que iba a explotar de rabia y vergüenza entremezcladas.

Por fin, luego de un tortuoso minuto más, la canción terminó y todos salvo ellos, aplaudieron sonrientes.

—Muy bien, muy bien —felicitó Arthur, en general, a sus hijos —¿Ven que no es tan terrible como pensaban? Ese día tendrán que bailar sí o sí —les advirtió, con un dedo acusador.

—Mis amigas van a necesitag que las entegtengan —añadió Fleur, sonriendo y dándole unos golpecitos cómplices en el hombro a Fred. Los gemelos rieron.

—Pero no necesitamos bailar para entretenerlas —dijo George, con un tono fanfarrón. Fred se rió.

—Ay, George —. Molly negó con la cabeza. —Siempre es bueno que un hombre sepa bailar.

—Sí —acordó Fleur —A nosotgas nos gusta eso.

Hermione y Ron se habían soltado a penas los aplausos habían comenzado, los brazos de cada uno caían a sus costados inertes y sin gracia.

—Claro. Yo creo que un ensayo más y estaríamos acabando la clase —dijo Arthur mientras buscaba otro disco en la enorme y polvorienta caja, lo limpiaba con su varita y lo colocaba en el toca disco.

Hermione, controlando su expresión dio un par de pasos fuera de la alfombra del salón, hacia la cocina, donde seguramente encontraría alguna distracción. ¡Cierto! Originalmente ella había bajado a la cocina a buscar algo de beber, eso, eso.

Una nueva pero igual de lenta y romántica melodía invadió el salón. Molly y Ginny soltaron un suspiro, como si la canción que sonaba fuese lo más dulce del mundo. Fleur arrugó la nariz, odiaba a Celestina Warbeck.

De la nada sintió como la mano de Ron tomaba su antebrazo y la tironeaba de vuelta a su antigua posición. Hermione no tuvo tiempo de oponerse, con la impresión y la rudeza del gesto se quedó sin palabras. Su cintura chocó con la de Ron y tuvo que poner una mano sobre su pecho para apartarse un poco.

—Con esta canción conquisté a vuestra madre —canturreó Arthur mientras tomaba a Molly de las manos y la arrastraba para que bailara con él. Ella soltó una risita y avanzó hasta él, asintiendo enérgicamente.

Ron puso ambas manos en la espalda de Hermione y mantuvo la corta distancia hasta que estuvo seguro que ella no se iría, luego soltó una mano y tomó la de ella en el aire. Hermione sentía el latir de su corazón en sus oídos y trató de no imaginarse la cara que tenía en esos momentos.

—Perdón —soltó Ron, cuando la canción llegaba al primer coro. Hermione tuvo que reprimir su sorpresa. Simplemente pensó que obviarían el tema como siempre hacían cada vez que sucedía algo extraordinariamente vergonzoso. Asintió con la cabeza. Ron buscaba sus ojos y ella los rehuía con todas sus fuerzas. —Ha sido sin querer, de verdad lo siento—

—Está bien —dijo contándole en mitad de la oración. Su voz apenas sonó y tuvo que tragar saliva. La garganta le ardía.

Ron se mordió la boca.

Sabía que ella estaba enojada con él y se sentía como un estúpido, ¡siempre tenía que arruinarlo todo!

—En serio, no volveré a hacerlo nunca, lo prometo —volvió a insistir en su disculpa. Hermione ahora lo miró a los ojos, con un gesto de confusión y reproche en la cara. ¿En serio Ron iba a seguir con el tema?

Ron interpretó erróneamente su mirada; quiso gritar y comenzar a patear muebles. ¿Acababa de decirle a Hermione que nunca querría… mirarla? Él y su estúpida bocota.

—O sea, no a menos que tú me d-e-j-e-s…— la voz se le empezó a cortar mientras pronunciaba las palabras y se percataba de que no se oía tan bien en voz alta como en sus pensamientos. Hermione ahora sí que lo miraba con los ojos redondos, abiertos por la sorpresa, y el rostro rojo, muy rojo. Ron se desesperó. —No estoy diciendo que crea que vayas a dejarme hacerlo, sólo quería decir—

—Ya, cállate —pidió ella, interrumpiéndolo, pero lejos de sonar como ese altanero tono con el que siempre le discutía o le corregía, sonó casi como un ruego.

—Ya. Lo siento.

—Deja de decir "lo siento" —espetó Hermione entre dientes, ahora muy enojada y frustrada. Ron se mordió la boca para no disculparse otra vez —Y olvídalo, ¿sí?

—Sí... ya —titubeó él, asintiendo con la cabeza antes de empezar a mirar hacia donde su familia seguía bailando sin percatarse de la conversación que ellos mantenían. Guardaron silencio y sólo la música los mantuvo pegados el uno al otro, porque de no ser así cada uno hubiese salido corriendo en una dirección contraria.

Hermione tenía el cuello torcido hacia la puerta abierta y observaba el jardín, con los labios formando una línea, tratando de contener los tiritones de nervios que le venían.

Repasó en su mente lo que recién había pasado y sintió los dedos nerviosos de Ron agarrándose de la tela de su polera, sobre su cintura. Sintió como otra increíble capa de rubor le cubría la cara y agradeció la brisa fría que entraba por el agujero de la puerta y le refrescaba los pensamientos.

Ron iba a volverla loca.


Muchas gracias por leer.