Desperté sorprendentemente temprano, lo único en lo que podía pensar era él. Cada vez que cerraba los ojos me estremecía con la imagen de su cálida sonrisa y sus ojos afilados.
Escuché la puerta abrirse lentamente, me moví lo suficiente para ver por el barandal de madera hacia abajo. Enarqué una ceja al verlo, como si lo hubiera llamado con el pensamiento. Colocó algunos toneles llenos de agua cerca del fogón. Lo vi subir y me volví a acostar sobre la cama, fingiendo estar dormida.
Abrió uno de los cajones de madera del mueble en donde estaban las fotos, intentando hacer el menor ruido posible. Me incorporé con cuidado de no ser vista y me acomodé el cabello lo mejor que pude.
-¿Sigues aquí? –pregunté desde la cama.
-Lamento haber entrado sin permiso, princesa—contestó, sonrojado.
Me reí.
-No tienes por qué pedir permiso. Esta es tu casa, ¿no? Soy yo quien se ha instalado sin permiso.
-Bueno, eso es cierto—dijo, con una sonrisa—no te preocupes, no he venido a desalojarte. Sólo he venido por algo de ropa para cambiarme—se encogió de hombros—no pensé que la princesa me daría permiso de quedarme un tiempo.
Miré el conjunto que colgaba de su brazo derecho, tenía toda la pinta de ser vestimenta de la región.
-Que buen gobernante, muy bondadosa—dije sonriendo.
-La mejor.
Link contestó con tanta seguridad, que provocó que me sonrojara. Hizo una reverencia con la cabeza y bajó de un salto, después salió de la casa, dejándome con el corazón acelerado.
Después de asearme me dirigí a casa de Uli para disculparme. Ella me miró y noté cómo se iluminó su rostro. Me sonrió y me invitó a pasar diciendo que temía que no me volvería a ver. Sonreí con timidez, no había tenido tiempo de pensar en sus sentimientos.
Esa noche, mientras volvía a la casa donde me hospedaba, me encontré con Fado. Me sonrió y me saludó con la mano, acortando la distancia entre nosotros. Lo invité a entrar y aceptó de inmediato. Parpadeé un par de veces, sorprendida por su solicitud. Siendo la princesa, podía cumplir casi cualquier favor que me pidiera, pero él sólo necesitaba que yo cuidara de su pequeña sobrina durante una noche. Ilia y Link habían ido al bosque y aun no regresaban, no sabía a quién más podía pedirle el favor. A pesar de que me incomodaba el hecho de hacerme cargo de un infante, sonreí y asentí lo mejor que pude. No me podía negar, él había sido muy amable conmigo.
Examiné las posibilidades que existían de que algo malo sucediera mientras cuidaba de la pequeña. A pesar de que Fado me la había entregado dormida, la casa de Link era potencialmente peligrosa. Coloqué la cesta de mimbre que fungía como cama cerca del fogón, estaba comenzando a enfriar y me dispuse a buscar algunas mantas para dormir junto a ella. Había pensado en subirla hasta la parte más alta de la casa, en donde se encontraba la cama, pero podía ver visiones en las que la pequeña se despertaba en medio de la noche y gateaba hasta la orilla del pequeño barandal de madera y… entonces sacudía la cabeza para alejar los malos pensamientos. Me recosté junto a la canasta y me abracé a las sábanas. Cerré los ojos, intentando conciliar el sueño, pero volvía a abrirlos cada diez segundos para asegurarme de que la bebé seguía respirando. Estuve así durante una hora y finalmente me senté sobre las sábanas, mirándola con cansancio, segura de que no descansaría en las próximas horas.
Abrí los ojos sobresaltada, el estrepitoso sonido de un trueno había logrado despertarme. Me había quedado dormida recargada en la mesa, con la canasta a un lado de mí. Escuché cómo las gotas de lluvia repiqueteaban violentamente en la única ventana dos niveles más arriba de donde nos encontrábamos. Observé las oscuras sombras de los muebles que decoraban el lugar gracias al relámpago que iluminó una parte de la casa y me encogí inconscientemente, esperando el horrible sonido que siempre les seguía.
La pequeña se levantó asustada, mirando en todas direcciones en busca de la seguridad del abrazo materno. Al no recibirlo con la inmediatez acostumbrada, comenzó a llorar. Me acerqué a ella, aliviada de que siguiera con vida a pesar de haber dormido lo que me habían parecido tan sólo cinco minutos. Me miró con sus enormes ojos oscuros, inundados de lágrimas y retomó el llanto. La tomé en brazos y se apretó instintivamente contra mi pecho, mojando mi camisón con sus lágrimas. La luz iluminó nuevamente el lugar, apreté el pequeño cuerpecito a mí una vez más, en un intento de amortiguar el sonido. Recordé brevemente una nana que mi madre solía cantar para mí cuando era pequeña y comencé a cantarla, con el brazo izquierdo sostuve el cuerpecito y con la derecha acaricié los pequeños y suaves rizos castaños.
Me sobresalté cuando observé la puerta abrirse frente a nosotras, el sonido de la lluvia se intensificó y el olor a tierra y árboles mojados se espació rápidamente. Parpadeé, incrédula cuando mi mirada se encontró con la de Link. Una vez que mi mente lo asimiló, sonreí al verlo escurriendo debido a la lluvia, justo como la primera vez que nos conocimos.
-Pensé que tendrías problemas—dijo mientras se secaba el cabello con una toalla. Link me contó que había acompañado a Ilia cerca del camino que conduce a los campos de Hyrule, necesitaban comprar aceite para las lámparas de la casa del alcalde. Al regresar se encontró con Collin, que le había contado que la pequeña estaba bajo mi cuidado—, pero resulta que eras una buena niñera, princesa—se sentó junto a nosotras.
-Gracias…—murmuré—por venir.
Sonrió.
-No es ningún problema… no sabía que destacaras también por tu bella voz—Me sonrojé, no estaba esperaba que me hubiera escuchado.
-No lo hago, simplemente es una canción de cuna—contesté, restándole importancia al asunto.
Observé su silueta iluminada únicamente por la luz del fuego en el fogón. Su piel parecía aún más tostada y sus ojos afilados seguían siendo tan atrayentes como los recordaba. Mi mano se movió por voluntad propia y se posó sobre su hombro desnudo. El me miró sorprendido, pero no intentó apartar mi mano.
-Lo siento… -dije volviendo a sostener a la pequeña con ambas manos—tu piel tiene el color del caramelo—me miró durante un par de segundos y después se rio.
-He estado ayudando a Fado en el rancho durante esta semana y en los campos de calabaza, bajo el sol, es normal que me haya tostado la piel un poco.
Estuvimos hablando durante las siguientes horas, contamos chistes, historias y hablamos sobre nuestro pasado con profundidad. A pesar de que ocasionalmente se escuchaban los truenos, ya no podía escucharlos con tanta claridad como antes. Al parecer la bebé pensaba igual que yo, ya que, en algún momento de mi conversación con Link, se había quedado dormida entre mis brazos.
-Me parece que deberías descansar tú también, luces agotada.
Me sonrojé, la compañía del joven me hacía sentir tan cómoda que no le había dedicado mucha importancia a mi apariencia. Mi cabello estaba recogido sin cuidado con un par de pinzas y podía sentir mechones rebeldes escaparse de su agarre. No tenía ni una gota de maquillaje encima y sólo vestía mi camisón blanco para dormir.
-L-lo siento…no esperaba visitas.
-No me refería a tu apariencia, princesa—dijo sorprendido—Te ves tan hermosa como siempre—pude ver cómo sus mejillas se sonrosaban—es sólo que… no puedo dejar de mirarte—Enarqué una ceja—Y parece que no tienes muchas energías, te agotas con facilidad.
Era cierto, pensé que lo disimulaba bien, pero él se había dado cuenta. Normalmente evitaba tareas que implicaran mucho esfuerzo, o intentaba actividades que no requirieran que me mantuviera de pie durante grandes periodos de tiempo.
-¿Es algo grave? –preguntó con preocupación.
Parpadeé un par de veces, volviendo a la realidad con su pregunta.
-Me refiero a tu enfermedad.
Vi la preocupación en su mirada.
-Me parece que he tenido un dèjá vu—sonreí lo mejor que pude.
-Sigues evadiendo mi pregunta…
Mi mirada se encontró con la suya, hablaba en serio. Un escalofrió recorrió mi cuerpo y de pronto fui muy consciente de su presencia. mi cuerpo y de pronto fui muy conciente de su presencia..
En mi cabeza pude ver su cuerpo sobre él mío, su proximidad y calidez aceleró mi respiración, una onda de calor atravesó mi cuerpo entero y se detuvo en mi estómago. Acarició mi mejilla y después sus labios se posaron sobre los míos, apretándose con suavidad. Tenía el dulce sabor del vino. Pude sentir que mi corazón latía con tanta rapidez que pensé que me estallaría en cualquier momento. En mi estómago podía sentir una extraña opresión, lo que la gente suele describir como el revoloteo de mariposas, a mí me parecía que debía tratarse de algún otro animal que se sacudiera con más violencia.
Separó sus labios de los míos y alejó su rostro apenas unos centímetros del mío, me miró con sus azules ojos entrecerrados, como pidiendo permiso para continuar. Yo sonreí y mis brazos se enroscaron en su cuello, atrayéndolo nuevamente hacía mí. Él acarició mi muslo y me recostó suavemente sobre la cama.
-¿Te encuentras bien? –Di un pequeño saltito al encontrar su rostro cerca del mío—tú cara se ha puesto muy roja de repente, ¿tienes fiebre?
Coloqué a la pequeña nuevamente en su cuna, aún podía sentir mi corazón acelerado. Me avergonzaba mirarlo a los ojos.
-No estoy enferma…—dije, contestando su pregunta, mientras me recostaba sobre las sábanas que había colocado para dormir—sólo me estoy tomando unas vacaciones. ¿Te importaría cuidar de la pequeña? –asintió, sorprendido—En realidad muero de sueño.
Le di la espalda antes de que pudiera contestar y me cubrí el cuerpo con una sábana. Yo había consentido nuestro encuentro, aunque no lo recordara con claridad. Él se detuvo a preguntar y yo había aceptado gustosa. Sea cual fuere mi estado, yo estuve de acuerdo en ese momento.
…
El gruñido de mi estómago me despertó. Abrí los ojos con pesadez, acostumbrando mi vista, no entraba mucha luz por la pequeña ventana redonda junto a la cama, por lo que deduje que debía seguir nublado. Me incorporé, sobre saltada. Yo había dormido abajo, junto a la pequeña canasta de mimbre. Me apresuré a bajar y me encontré con la figura de Link, frente al fogón. Sin ningún rastro de la bebé.
-¿Tienes hambre, princesa? –preguntó, aun dándome la espalda. Arqueé una ceja, ni siquiera me había mirado de reojo para advertir que me encontraba ahí.
-Siempre—contesté.
Se sentó frente a mí en la pequeña mesita de dos sillas, también comía mientras me contaba que Fado había pasado a buscar a la bebé muy temprano por la mañana.
-Se supone que debería ser yo quien cuidara de la pequeña—dije, encogiéndome de hombros.
-Bueno, yo también estoy de vacaciones. No me importa echar una mano.
Sonreí, Link era un hombre muy amable y atento, no había recibido más que buenos tratos de su parte desde que nos encontramos en el castillo. Link era un hombre con muchas virtudes, lo normal sería que fuera el objeto de afecto de la mayoría de las mujeres.
Este último pensamiento me hizo sentir angustiada. Aunado a su reservada y modesta personalidad, también era un hecho que era un hombre bastante guapo. Lucía extraño vistiendo la ropa tradicional de Ordon, pero sus orejas puntiagudas revelaban su verdadero origen, él era un Hylian. Sería mentira si dijera que nunca me perdía observando su cabello caramelo revolotear con el viento o que algunas veces me gustaba encontrar mi reflejo en sus ojos azules. Incluso, había ocasiones en las que me sorprendía a mí misma mirándolo más de la cuenta trabajar semidesnudo en el campo de calabazas. Él había sido mi mejor amigo cuando nos encontrábamos en la cocina del castillo cada noche durante las inundaciones. Siempre sonreía como una estúpida cada vez que caminaba por los enormes pasillos de vuelta a mi habitación, anhelando que el día siguiente terminara pronto para reunirnos nuevamente.
Era la princesa y tenía conexiones por todo el reino, inclusive fuera de él. Gracias a la importancia de mi posición, conocía a un montón de personas y nunca sentí algo igual por ningún otro hombre. Podía asegurar que era amor, a pesar de que mi cabeza se repetía cada instante que no lo era, como si con esto fuera a volverse un hecho real, mi corazón seguía acelerándose cada vez que él entraba en mi campo visual.
Había llegado la hora de enfrentarme a él, debía hablarle cuanto antes del resultado de nuestro encuentro la noche del festival. Aunque él no se atreviera a sacar el tema ya fuera por cobardía o caballerosidad.
-Vuelve a dormir—dijo, mirándome con preocupación.
Escuché a Link cerrar la puerta cuando salió, dejándome sola con los pensamientos en mi cabeza. Me incorporé, no tenía más sueño, debía comenzar los preparativos para mi regreso. Ya había estado demasiado tiempo alejada del castillo, debía volver y continuar con mis obligaciones como la futura monarca.
