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Visita de un viejo amigo
Sheila se hallaba más alegre que de costumbre, los monjes no encontraban la respuesta a semejante alegría, pero tampoco negaban que les gustaba verla así, total, ella les contagiaba esa vivacidad que desprendía, tanta así era su distracción, que no notaban al cuervo que los seguía de un lado a otro, ni siquiera a ellos, tan sólo a Shei.
Chase pensó que lo mejor sería tenerla vigilada, ya que había olvidado advertirle sobre Hannibal Bean, pero mejor así, si la tenía en vigilancia, cualquier noticia o percance le serían informados de inmediato y podría ir a auxiliarla. De momento se mantendría tranquilo, no actuaría en ninguna circunstancia que él no viera de verdad importante. Al igual que ella, se hallaba de un excelente humor.
Volviendo al templo, exactamente a la hora del almuerzo, Dojo entró como una ráfaga en la cocina, todo el mundo se le quedó viendo con una gota en la cabeza al verlo estampado en la pared, el Maestro Fung se levantó de su lugar y tomó al pequeño dragón entre sus manos.
- Dojo, ¿te encuentras bien? –pregunto el viejo maestro preocupado
- ¿Alguien anotó la matrícula?...
- … -gota general
Raimundo notó algo en las garritas de su reptil amigo y estiró la mano quitándoselo, era un pergamino, lo abrió y desenrolló para leer su contenido, todos se aglomeraron encima para ver de qué se trataba, excepto Sheila que se mantenía comiendo con gran tranquilidad y gusto.
- ¡Es un mensaje del Maestro Monje Guan! –anunció Kimiko
- ¡¿Qué? –Shei casi se atraganta al escuchar eso, todos se le quedaron mirando y ella trató de guardar compostura- lee por favor…
- Bien… -Raimundo se aclaró la garganta y comenzó a leer en voz alta- "Queridos Maestro Fung y Sheila, Líder Dragón, Guerreros Wudai, mando la siguiente misiva con la intención de informar mi pronta visita al Templo, espero no causar molestias, pero voy para realizar algo importante y es necesario que vaya, nos vemos dentro de tres días a partir de la entrega de éste mensaje, con todo respeto, me despido".
- Bueno, al parecer tendremos que limpiar todo antes de que llegue –el vaquero resopló algo incómodo pensando en todo lo que tendrían que limpiar
- ¿Pero qué será lo importante que tiene que hacer aquí? –se preguntaba Omi rascándose la cabeza- Tal vez viene a entrenarnos o a darnos algo especial… mmm… cuesta admitirlo…
- Imaginárselo –corrigió Raimundo
- Bueno… -suspiró Kimiko- mejor vamos a preparar todo, no creo que tres días nos sean suficientes
- Esperen monjes, Dojo tiene algo que decirles –dijo el Maestro Fung mientras dejaba al dragón sobre la mesa- anda, diles, es importante
- ¿Qué pasa Dojo? –la maestra guerrera estiró la mano y el dragón se enrolló en ella
- Pues… él llegará pronto…
- Lo sabemos, pero ¿qué te preocupa? ¿sabes a qué viene?
- No… no es eso…
- ¿Entonces?
- Recibí ese pergamino hace 3 días… -Dojo suspiró mientras que los monjes sentían su mundo derrumbarse
- ¡¿CÓMO SE TE OLVIDO ALGO ASÍ? –le gritaron todos excepto Sheila y el Maestro Fung, quienes tenían una gota tamaño del mundo rodándoles por la cabeza
En la siguiente hora, como por arte de magia, todo estaba impecablemente limpio y ordenado, aunque viendo bien a los pobres 4 monjes, estaban al borde de un colapso. Apenas pasados unos cinco minutos, Dojo se alzó sobre el sombrero de Clay y divisó a alguien que ingresaba en el templo, bajó y se arrastró hasta la entrada recibiendo al Maestro Monje Guan que entraba con una amigable sonrisa en los labios, estiró la mano y Dojo se enroscó en su brazo.
- Mi buen amigo Guan… ¿qué te trae de visita?
- Pues ya lo dije, un asunto importante
- Y… ¿De qué se trata?
- Jajaja… es un secreto amiguito, pero una vez todo hecho, se los comunicaré a todos
- -.- no me dejes con la duda…
El monje rió ante la expresión de su amigo reptil, pero casi de inmediato centró su atención en la cálida sonrisa de la muchacha que se acercaba hacia él, estiró los brazos y ella corrió hacia él abrazándolo con fuerza cosa que él también correspondió (aplastando al pobre Dojo en el acto). Sheila se separó un poco de él y beso su mejilla afectivamente. Los otros monjes, incluyendo al Maestro Fung, se sentían ligeramente incómodos con la escena… era una escena parecida a un par de viejos enamorados que se encontraban después de mucho tiempo.
¿O es qué de eso se trataba su visita?
Los jóvenes monjes intercambiaron varias miradas, pero antes de poder intercambiar ideas, Sheila se acercó a ellos llevando a Guan consigo y de la mano. Ella puede que ya lo supiera, tal vez por eso había estado tan feliz últimamente… y que hubiera reaccionado como lo hizo ante la noticia de su visita, puede que estaba muy nerviosa para lo que sea que fuera a pasar.
- Saludos, Maestro Fung, jóvenes monjes –decía Guan al quedar frente a ellos
- Maestro Monje Guan, sea bienvenido –saludo cordialmente el maestro Fung y señaló el templo- hay una habitación preparada para su estadía
- Se los agradezco, pero no se preocupen, no será mucho tiempo
- De todos modos, será agradable tenerte aquí –dijo una sonriente Shei
- Pero… -el pequeño Omi captó la atención de todos- ¿cuándo sabremos a lo que ha venido?
Guan se arrodilló para quedar a altura de Omi y acarició su cabeza con cariño mientras le sonreía. Raimundo al ver esa escena, quedó completamente pasmado, a eso se refería Sheila cuando le dijo que no lo habían notado pero que si lo conocían… Guan era… Guan es…
¡GUAN ES EL PADRE DE OMI!
Jamás… se lo habría imaginado…
Todo el mundo miró a Raimundo que estaba a punto de caerse por una fuerte conmoción, Kimiko rápidamente lo auxilió, pero él tenía la mirada perdida, notaba que todos se agolpaban y le decían cosas pero no los escuchaba, trataba de asimilar lo que su mente le había planteado de forma tan contundente.
- Raimundo… -pero sí escuchó la voz de Sheila
Nuevamente fue conciente de todo lo que pasaba a su alrededor, estaba sentado en el piso, con Kimiko a su lado sujetándolo con firmeza. Volteó a ver a Sheila, ella cerró los ojos y él bajo la vista, fue un impacto fuerte, debía admitirlo pero… tal vez no era cierto… aunque podía estar 100% seguro de que no estaba equivocado. Se puso de pie y se disculpó diciendo que se sentía muy cansado por el trabajo del templo, su novia lo acompañó.
- ¿De verdad está bien? –preguntó Omi preocupado al ver que su amigo se iba
- El trabajo para él debió ser más arrollador que el tractor del tío Fred en verano –dijo Clay mientras se arreglaba el sombrero
- Será mejor que descanse, para la hora de la cena estará bien –dijo el maestro Fung mientras ingresaba al templo y se volteó hacia Guan- ve, deja tus cosas y descansa, tu viaje fue largo
Y se fue, luego le siguió Clay que tras dar un buen bostezo dijo que iría a dormir la siesta. Sólo quedaban Omi, Dojo, Guan y Sheila. El pequeño dragón dejó el brazo de Guan y se acercó a Omi y se lo llevó diciéndole que había cosas en el pergamino de los Shen Gon Wu que quería mostrarle.
Así pues sólo quedaban Guan y Sheila, ella lo tomó de la mano y lo metió al templo.
- Por aquí esta tu habitación –dijo ella volteando momentáneamente para verlo y detenerse ante una de las puertas del pasillo- la misma de hace 1.500 años
- Te agradezco eso, debo admitir que la echaba de menos –dijo él sonriente mientras entraba- ven…
- Oye… no me pidas entrar, no estoy para que los demás crean otras cosas
- ¿Qué estas pensando?
- Jajaja… olvídalo –y se decidió a entrar
La habitación de Guan era sencilla, sólo tenía un mueble donde guardar ropa, la mesita de noche y la cama, en el otro extremo sólo una pequeña ventana que daba a los jardines. Guan se acercó a ésta y miró a los alrededores.
- Siempre que despertaba, lo primero que hacía era pasear mi vista por el jardín… esperando verte…
- Siempre me despertaba temprano… -y apareció a su lado mirando también por la ventana- alguien debía hacer el desayuno…
Ambos rieron un poco ante ese comentario, pero los brazos de él no tardaron en rodear su cuerpo, ella correspondió de inmediato y se quedaron así, abrazados y en silencio. Pasaron varios minutos hasta que se separaron un poco y se miraron a los ojos.
- ¿Estás segura de esto? –preguntó él algo apenado- no quiero que te arrepientas de nada…
- Guan… ya hemos hablado mucho de esto, hace mucho que esto estaba arreglado, estábamos de acuerdo y sabes que fui yo quien te lo propuso en primer lugar…
- Si, lo sé… pero ¿y si él…?
- Mira… -ella lo interrumpió, tomó aire y habló con firmeza- sé muy bien que tu deseas esto, es lo que más quieres en este mundo, por eso no voy a mentirte…
Se separó de él con mucho cuidado y camino por la habitación dándole la espalda, él la miraba expectante pero a la vez preocupado, tras algunos minutos de silencio, ella le contó todo, todo sobre lo que había pasado con Chase cuando estaba en el templo Xiaolin del Norte y también todo sobre su "encuentro" en la Ciudadela. Guan quedó sin palabras y ella se volteó a verlo con lágrimas en los ojos.
- Dime… -ella procuraba que su voz sonara lo más serena posible- aún… ¿aún quieres casarte conmigo?
Más minutos de silencio, ella comenzó a sentirse muy mal al respecto, Guan siempre había estado con ella, siempre fueron muy unidos, siempre hubo confianza… pero con todo lo que ella había hecho, lo había traicionado. Se sintió desesperada, él seguía sin responderle, le miraba y él se mantenía con la vista baja.
- Ella estuvo a punto de salir corriendo cuando alguien la detuvo, de un momento a otro se vio en brazos de Guan, éste la abrazaba con cariño, a modo de protegerla, como siempre lo había hecho. Se separó un poco y acarició su mejilla, tomando luego su barbilla para obligarla a mirarlo.
- Tienes toda la razón… es lo que más deseo y quiero, sabes muy bien lo que yo siento por ti… y pese a todo lo que haya pasado, no me importa, fui un cobarde al no haber actuado a tiempo y cuando lo dejaste aquí… pues me di cuenta que te había perdido y lo había perdido a él, a Omi. Yo quiero casarme contigo Sheila, quiero estar contigo siempre, como debió haber sido en un principio…
- Guan… -susurró ella, sonriendo suavemente y con lágrimas en los ojos
Entonces las distancias se fueron acortando y antes de que pudiera culminar en un beso, algo los interrumpió, el sonido de un jarrón al romperse, Sheila se separó de golpe y se acercó a la ventana, lo único que vio fue un montón de tierra y varios trozos de porcelana.
- Mejor descansa Guan… luego hablaremos de esto… -ella le dio un beso en la mejilla y se fue
Mientras tanto, Raimundo y Kimiko se hallaban en la cocina, el dragón del fuego decidió prepararle un té a su querido para ayudarlo, lo veía tenso y nervioso. Se acercó y dejó la tacita frente a él, cosa que él respondió sonriéndole y tomándoselo todo.
- Rai… dime, ¿qué tienes?
- Pues… -soltó un bufido y dejó la tacita a un lado, pero debía meditar bien sus palabras, de momento, él era el único que sabía la verdad sobre Omi y Sheila, a él le impactó eso y al saber lo de Guan, pues fue peor- creo que nosotros podemos saberlo… pero Omi no tiene que enterarse de nada, ¿cuento contigo?
- Claro que si… pero, anda, dime de qué se trata…
Kimiko se preocupó más, la forma tan seria y perdida en la que Raimundo le hablaba le hacía pensar que algo malo pasaba, pero lo que escuchó después la dejó completamente ida, Raimundo le explicó absolutamente todo, y le comentó sobre su último hallazgo… ambos se quedaron en silencio por mucho tiempo sin tener algo más que decir al respecto. De verdad era un tema bastante delicado… pero eso no era lo único que se avecinaba.
- ¡Chicos! –un agitado Clay ingresaba en la cocina y se apoyó sobre uno de los muebles tratando de recuperar el aliento
- Clay, ¿qué sucede? –Kimiko le extendió un vaso con agua y Raimundo se le acercó bastante preocupado
- Escuché… los escuché hablando…
- Respira profundo, Clay –el líder dragón colocó su mano sobre su hombro pero ya suponía de que se trataba todo
- Escuché al Maestro Monje Guan y a la Maestra Guerrera Sheila… venía hacia acá cuando escuché que…
- Anda Clay, dinos –Kimiko se colocó ambas manos en el pecho para aminorar su nerviosismo
- Van a casarse
Ya no había palabras para describir tanta novedad, es decir… un paso a la vez hubiera estado bien pero ahora era diferente, aunque si uno lo analizaba, ellos habían quedado atónitos al saberlo todo, y eso que no eran más que amigos de Sheila y Guan… ¿cómo podría reaccionar Omi si todo esto giraba en torno a él?
Se trataba de sus padres, de quienes le habían concedido la oportunidad de vivir, pero que a su vez, lo dejaron… Había las probabilidades de que él no aceptara la verdad, de que les reclamara por dejarlo solo… o también que eso no le importe y sólo se concentre en ya tener a sus padres, de que la búsqueda de su origen se viera finalizada y pues… seguir adelante con fuerza y feliz.
Al final, todos acordaron no decir nada, si algo sucedía, pues sería sólo responsabilidad de Sheila y Guan.
- Hola, muchachos –saludó Sheila mientras ingresaba en la cocina
- Sheila, hola… -saludó Raimundo aparentemente cansado
- ¿Ya te sientes mejor?
- Si, gracias a Kimiko –y dicho esto rodeo con el brazo a la nombrada
- Me alegra saberlo, bueno… será mejor que salgan, prepararé la cena y aún los veo cansados, aprovechen el día
- Gracias –dijeron los tres monjes al unísono
Cuando al fin ellos se fueron, Sheila se apoyó en la mesa y suspiro bajando la vista, las cosas no estaban saliendo como ella quería que fueran… no se arrepentía, no podía, era necesario que todo se llevara a cabo… era esencial que ella se casara con Guan… ¿acaso obligó a su mejor amigo a hacer algo que tal vez no quería y sólo mentía para no hacerla sentir culpable?
Admitía sentirse fatal, pero más opción no tenía. Omi tenía que saber la verdad, ahora o nunca, ese era el hecho.
La cena transcurrió con total tranquilidad, claro que no faltó alguna escena romántica y no me refiero a Rai y Kimiko, sino a Guan y Sheila, que sentados juntos bajo la mesa se tomaban de la mano, de verdad, Raimundo, Kimiko, Omi y Clay, admitían que ellos hacían la pareja perfecta, o al menos no podían imaginarlos con otras personas. Dojo que también los miraba, suspiró cansado, si bien él quería mucho a Sheila y haría lo que fuera porque no sufriera, todo lo que viniera era su absoluta responsabilidad.
- Sheila… -la voz de Omi nuevamente captó la atención de todos
- Dime, ¿qué sucede Omi? –nuevamente ella mostraba ese aura maternal
- ¿Ustedes se quieren mucho?
Todos se quedaron en silencio.
No sabían qué responder, porque simplemente decir que sí involucraba mucho, un compromiso, pero si uno lo pensaba, ya había un compromiso, uno fuerte, y sobre todo voluntario, nadie obligo a nadie a que se aceptaran los términos, era simple y llanamente lo que ambos "querían".
- Mucho –dijo sin más el Maestro Monje Guan, Shei mientras tanto se sonrojó un poco y bajó la vista
- ¿En serio? –preguntaron los cuatro monjes y Dojo mientras acercaban sus cabezas para verlos bien
- Si, mucho… -dijo Shei tras varios segundos de silencio, sonrió algo apenada y suspirando continuó- es más… hay algo que queremos decirles… algo muy importante…
Guan no esperaba que fuera tan pronto, él hubiera preferido que hablaran un poco más para resolver si de verdad ella estaba de acuerdo y todo, si de verdad quería que las cosas fueran así, pero ni modo, ahora no tenía opción, no es que él no quisiera, como él mismo dijo era lo que corazón más anhelaba… pero no de ésta forma.
- Y… ¿qué es? –preguntó temerosa Kimiko, apretó suavemente la mano de Raimundo mientras éste intercambiaba miradas con Clay y miraban a Omi de reojo
- Pues nosotros… -dijo Guan rodeando a Sheila con un brazo- hemos decidido… casarnos –y sonrió algo apenado y sonrojado junto a Sheila
No es de imaginarse como reaccionaron todos (incluido el Maestro Fung), todo el mundo lanzó un grito al aire que casi deja sordos a casi todos los monjes del templo (o al menos a los que todavía podían oír bien). Entonces la cena se hizo una gran fiesta para celebrar el compromiso, cualquiera habría puesto una objeción pero no había por qué, si esos dos se amaban y querían formar un hogar, nada mejor que una pareja de fuertes guerreros, hombre y mujer luchando lado a lado… pero como bien sabemos, las noticias vuelan (literalmente en nuestro caso).
Chase se hallaba sentado en el sillón frente al Claro de Luna, sonreía tranquilamente mientras se ensimismaba en sus pensamientos, recordando todo lo vivido hacía poco, de repente el grito de un cuervo lo sacó de sí, miró hacia su mensajero con el ceño fruncido, sabía muy bien que nada bueno podía ser, bien lo sabía.
Primero el cuervo dio la noticia de la visita de Guan al Templo Xiaolin, por supuesto el ex guerrero Xiaolin se molestó, pero no más hasta que escuchó la noticia de última hora. Se levantó bruscamente de su asiento y se sujeto la cabeza mientras sentía su mundo derrumbarse por completo, ella iba a casarse con su antiguo mejor amigo, ella lo había engañado… ella le rompió el corazón de un forma vil y repulsiva. Pese a todo lo que hubiese hecho en el pasado, Chase Young sentía que no era justo para él… golpeó todo, empezó a romper todo, deseba destruirlo todo pero más que nada en este mundo no había nada más que él quisiera que no fuera matar a Guan y tener a Sheila para siempre. Guan la tuvo una vez, ¿por qué sujetarla de por vida? ¿Por qué ella le había hecho esto?
- ¿O es que simplemente… aquel día… -se dijo un poco más calmado- era tu forma… de despedirte?
Era lógico, si el hijo era de Guan, lo mejor sería que él se hiciera cargo, y ella sería consiente de aquello, por su gran nobleza aceptaría todo por el bien de todos antes que pensar en ella, entonces… ella si lo amaba, sólo que no había vuelta atrás. Sheila sería su amor imposible si no actuaba rápido, lo meditó un poco… pero no suficiente por tanta conmoción y se decidió por lo que consideró lo mejor, esperaría un poco, se prepararía y atacaría.
Deben odiarme! T0T
