Capítulo 7: Juegos peligrosos


Roxan no terminaba de metérselo en la cabeza: Wesker le ignoraba. ¿Por qué, a qué viene?, era la pregunta que se hacía continuamente sin dejar de pensar en él. Le parecía injusto que le volviera a hacer lo mismo que la última vez: utilizarla y engañarla. Era tan… cruel.

¿Pero qué le había hecho ella para merecérselo? Nada. Al revés, había estado a sus pies. Y él ahora le ignoraba. Cuán injusta era su vida.

Lanzó un largo y cansado suspiro. Se masajeó las sienes y cerró los ojos, pensando que sólo fuera un mal sueño, que todavía estuviera en su cama y no tuviera que preocuparse por nada. Por un instante, desconectó del mundo que le rodeaba y decidió dejar de pensar. Últimamente tenía unas jaquecas inexplicables. Y ni siquiera un par de aspirinas conseguían quitársela. Quizá el estrés, los nervios o el trabajo eran la causa. Aunque bien sabía que el culpable era cierto rubio con gafas negras.

Ya comprendía el por qué su padre no le permitía acercarse a los hombres. Eran realmente desquiciantes. E irritantes.

Tomó un largo sorbo de su taza de chocolate caliente, sólo entreabriendo los ojos por debajo de las gafas de sol.

Dio gracias por que existiera algo tan exquisito y perfecto como el chocolate. Siempre le había encantado, desde muy pequeña. Era el perfecto calmante, un analgésico y un buen regulador térmico para el cuerpo y la mente.

Lo saboreó, desde luego no era un chocolate suizo con nata de los que le traía su padre de los viajes de negocios, pero tampoco iba a quejarse. "Uno no valora lo que tiene hasta que lo pierde", pensó con tristeza.

Se refería tanto al chocolate caro como a su padre. Su queridísimo Nathan, el que le había cuidado y protegido en cuerpo y alma, el que le había inculcado todo lo que sabía y le había llevado por el buen camino.

"Quizá debería haber intentado salvarle", se reprochó con melancolía.

El chocolate le comenzaba a saber a amargo. Dejó la taza en su correspondiente platillo y lo miró con odio y cariño a la vez. ¿Cómo era posible eso, odiar y querer algo a la vez?

Eso era muy posible. Le pasaba con Wesker. Le odiaba, con todas sus fuerzas, pero le quería más que a nada en el mundo. Su confusión emocional le estaba a punto de llevar a la locura.

De repente, sintió una mano cálida y suave en su hombro. Miró de reojo hacia atrás, y al ver quién era, le quitó la mano de sí.

-¿Qué quieres?-preguntó ella mirando a un punto indefinido del suelo.

Él se sentó en la silla que había justo delante de ella, y tomó sus delicadas manos entre las suyas. Notó que le temblaban y que estaban bastante frías. Las miró y no le respondió.

-Te pregunto qué-Él la interrumpió poniéndole un dedo en la boca, en señal de silencio.

Ella bufó y le miró algo esperanzada.

-Quería explicarte el por qué de mi comportamiento…-comenzó él, en un hilillo de voz baja.

Él jamás se había enfrentado a este tipo de situaciones.

-Bien. Di-le incitó ella a seguir.

-Cuando te despertaste y yo no estaba a tu lado, que te aseguro que quería estar, me había tenido que marchar por un asunto muy urgente. Era de vital importancia acudir, te lo aseguro-explicó él, mirando de cuando en cuando sus carnosos y rosados labios con deseo, lo que ella no notaba por las gafas.-Y hoy he pasado prácticamente de ti porque, quería aparentar que te odiaba. Si alguien se entera o se da cuenta de lo nuestro, estamos acabados.

-Wesker, ¿por qué no me lo dijiste antes?-Él hizo un gesto con la mano para que se callara.

-Déjame seguir. Cuando te vi antes, abierta de piernas e inmóvil, no pude pasar de largo… Seré malo y frío, según muchos, pero contigo… No sé por qué, pero me haces sacar "lo mejor" de mí. Cuando estoy cerca de ti, es como si no hubiera nada por lo que preocuparme alrededor. Eres como… un Ángel. Sí, ese sería el concepto.

Roxan entreabrió la boca, atónita. Le miró con ojos incrédulos y sonrió.

-¿Con que un Ángel, eh? Pues creo que se me ha olvidado el halo en casa….-bromeó ella.

Él mantuvo su semblante serio.

-Como iba diciendo, eso es lo que me fascina de ti: no eres cómo las demás. Y eso me gusta.

-Cómo sigas poniéndote así de acaramelado salto encima de ti, ¿lo sabes?-le dijo ella con una sonrisa y un tono seductor.

Roxan consiguió arrancarle una sonrisa a Wesker.

-De eso justamente te quería hablar. De que deberíamos fingir que nos odiamos aquí, para que no haya sospechas, y fuera… Ya se verá-le comentó él sacando un sonrisa ladina que provocó que a Roxan le entraran los sudores de la muerte.

Ella carraspeó y dirigió su mirada hacia la puerta de la cafetería solitaria, por la que entraban Jill y Fred hablando de-no-se-qué sobre un concierto.

Roxan quitó rápidamente sus manos de las de Wesker y puso cara de asco y odio hacia Wesker. Él frunció el ceño y le miró con atención.

-¡Vete a freír espárragos, Wesker!-dijo ella aparentando cabreo y retirando la mesa de la silla con brusquedad.

Wesker captó la idea y también fingió estar discutiendo con ella. Se levantó e hizo una mueca de desprecio realmente convincente. Tanto que Jill y Fred se lo creyeron.

Éste será nuestro pequeño secreto. Será como un juego…, pensó Wesker.

Eso te lo puedo asegurar, cariño, pensó Roxan en respuesta. Las palabras resonaron en la mente de Wesker, que miró confuso a todas partes.

¿Qué había sido eso?


Pheseans miraba con atención cada uno de los ágiles movimientos de Reynald.

Estaba detrás del cristal blindado que le separaba del área de entrenamiento de Umbrella, dándole puñetazos a un saco de boxeo con una foto de Wesker pegada en él.

A Reynald le hervía la sangre de sólo pensar en Roxan y Wesker dándose la mano, acariciándose, besándose o haciendo cosas peores…

Le recorrió un escalofrío de pies a cabeza. Se limpió el sudor de la frente con el dorso de la mano, y tomó aire lentamente. Elevó ambos puños de nuevo, adoptando una postura defensiva. Golpeó con la derecha varias veces el saco, y después con la izquierda. Le encantaba el boxeo, en especial cuando necesitaba desahogarse.

Se sobresaltó al ver a Pheseans sentada en el banquillo de detrás de él.

-Hola-saludó él secamente quitándose los guantes de boxeo.

-Hola, Reynald. ¿Cómo estás?-preguntó ella con sincero interés.

-¿Desde cuándo te importa?

Ella sonrió y se miró las uñas fingiendo interés hacia ellas.

-¿No puedo interesarme en mi amigo?

-Hmpf-refunfuñó él frunciendo el ceño.- ¿Desde cuándo soy tu amigo?

-Desde siempre.

-Dime, preciosa, ¿qué te trae por aquí?-le preguntó él rodeándole la cintura con el brazo.

Ella le miró de reojo y se encogió de hombros. Puso su mano izquierda en el pecho de Reynald e intentó apartarle de ella. Era increíble la fuerza que tenía él, ya que no le movió ni un solo centímetro. Cuando estaba cerca de él, era débil.

Y para ella la debilidad no era nada bueno. No supo cómo, pero en un abrir y cerrar de ojos Reynald le tenía acorralada contra la esquina de la sala.

Tenía ambas manos puestas a los lados de su cabeza, en la pared, y se encontraba a tan sólo unos centímetros de ella.

-Reynald, ¿qué estás…?

Él se pegó más todavía a ella, lo que le exaltó. Jamás había tenido a un hombre tan cerca, y menos con ese tipo de intenciones.

Reynald bajó una de sus manos hasta su barbilla, que acarició con suma delicadeza. Ella ladeó la cabeza y emitió un gruñido de desaprobación.

-Hey nena, no te pongas así… -en un rápido movimiento obligó a que le mirase y fue acercando poco su rostro al de ella.

Ambos podían sentir sus agitadas respiraciones, aunque a la que se le estaba a punto de salir el corazón del pecho era a ella.

Estaban a punto de unir sus labios, cuando de repente, Reynald se echó a reír.

Se tambaleó hacia atrás tronchándose de risa, provocando un enorme cabreo a Pheseans. Había jugado con ella. Le había gastado una broma.

Él se limpió unas cuantas lágrimas de la risa, y le dijo casi sin respiración:

-¡Si te hubieras visto la cara! ¿Acaso era deseo lo que veía en tu cara, princesa?

Y en parte llevaba razón. Quizá había mirado con deseo de cuando en cuando a Reynald. Además de que, Roxan le había privado de su primer beso o su primera vez.

-Maldito desgraciado…-susurró apretando los puños.

Le sacaba de quicio ése hombre. En realidad le sacaban de quicio TODOS los hombres, pero éste en especial era bastante desquiciante.

-La próxima vez, te castro, Reynald-le amenazó ella saliendo de la sala.

Dio un enorme portazo que resonó en todo el Centro de Formación.

Olivera y Ginovaef se sobresaltaron al oírlo. Quizá un BOW se escapó y está formando estropicio. Pero ese no era su asunto. Suficiente tenían con su trabajo… Más bien escuchar sermones militares por parte del padre de Reynald. Tácticas, armas, evasivas, muy completito vamos.

Nicholai soltó un suspiro de exasperación e intentó prestar atención a la charla de uno de los Capitanes del UBCS

-…Y así es como se responde a un ataque táctico con bombas-terminó de explicar él.

Olivera y Nicholai intercambiaron miradas y sonrieron. Quizá era la quinta vez que oían esa charla.

Entonces la puerta se abrió de golpe, y apareció Reynald protegiéndose con una carpeta la entrepierna de posibles ataques de Pheseans, que le perseguía con un machete más grande que su antebrazo.

-¡No me castres!-rogó él saltando detrás de su padre.

-Reynald, hijo, ¿no estás un pelín… eh… mayor para estos juegos?-le preguntó su padre con escepticismo.

-¡No es ningún juego! ¡Esa zorra loca me intenta castrar!-exclamó Reynald señalándose "ahí".

Su padre le sujetó por los hombros y lo vapuleó para que se tranquilizara. Aunque era un estúpido método, pero intentarlo no le costaba nada.

Pheseans entró a la antesala que comunicaba a la sala de reuniones, con el machete alzado dispuesto a matarlo. Acaba de propasar la línea que había puesto entre ambos, y eso iba a acarrear muy malas consecuencias.

¿Qué qué había hecho? Justo cuando salía, él le había alcanzado le había dado una palmada en el trasero y le había dicho: "Tienes un buen trasero, inigualable sin duda…"

¿Una broma de mal gusto de tíos o un halago algo sádico? Eso no era lo importante ahora, si no cortarle cierto órgano masculino a Reynald por…

Un momento. ¿Qué es lo que huele así?

Pheseans miró hacia arriba y olisqueó el aire de la pequeña sala blanca. Sintió que sus pulmones se quedaban sin aire, que su garganta se inflamaba junto con todo lo que le permitía respirar.

Cayó al suelo de rodillas e intentó coger aire. Y entonces se dio cuenta. Lo que se estaba expandiendo a través de los conductos de ventilación era una mezcla de alcohol y nicotina.

Las dos cosas a las que tengo alergia…Bueno en realidad es Roxan quien le tiene alergia, pero eso significaria

Tanteó la falda en busca de su inhalador que siempre le acompañaba.


Mientras, en la sala de audiovisuales secreta que había detrás de la estantería de uno de los laboratorios subterráneos, una pareja formada por un hombre y una mujer, de entre treinta y cinco y cuarenta y cinco años, miraban esperanzados las pantallas de vigilancia.

Veían con aspecto divertido y enormes sonrisas de tiburón en sus rostros. Ella era de Gran Bretaña, se le notaba a la legua debido a su acento y modales refinados. Era rubia, de ojos verdes esmeraldas y piel tan pálida como el papel.

Él, era italiano de pura cepa. Piel tostada por el sol, pelo corto y algo rizado castaño.

Él la tenía agarrada por la cintura, en un gesto coqueto y cariñoso.

-Querida, ¿crees que es ella?-preguntó él besándole la mejilla.

Ella le miró de soslayo, y después correspondió el gesto de él.

-No lo sé. Si fuera ella, seguramente…-la respuesta de ella se vio interrumpida por el aumento de volumen e imagen en la pantalla.

Ambos cruzaron miradas esperanzadas y prestaron atención a la pantalla. En ella se podían oír los gemidos ahogados de la chica, intentando respirar. Observaron como aparecía Reynald y la sostenía entre sus brazos en el momento justo antes de caerse.

Oyeron perfectamente como él se desgarraba la garganta gritando el nombre de ella, rogando que le respondiera.

-Caroline… Nuestra hija está viva.


-¿Diga?-preguntó al otro lado del teléfono Wesker.

Acababa de empezar a sonar el móvil que solía usar para sus "trabajos extras".

-Wesker. ¿Cómo ha ido?-preguntó otro hombre con voz algo distorsionada.

Albert suspiró y se pellizcó el puente de la nariz.

-Bien. Se lo ha creído todo.-Le respondió el rubio.

-No creí que fuera tan estúpida la chica esa…

-De estúpida no tiene nada, Señor. Sólo es lago inocente…-dijo Wesker en defensa de la chica.

-Claro que es inocentona. Está loca por ti, ¿no? ¿Estás seguro de que conseguirás tenerla de nuestro lado?-preguntó algo impaciente el otro hombre.-Es muy importante para la Compañía que esté del bando correcto. Se le podrá sacar mucho partido.

Wesker pensó en lo que se estaba metiendo. Estaba engañando a Roxan con sentimentalismos para llevarla a la HCF y joder a Umbrella.

No es que en serio estuviera enamorado de ella, pero le daba pena. Cuando tuviera que dejar de fingir, ella acabaría con el corazón roto. Y no sería ni la primera ni la última mujer a quién le hiciera este tipo de cosas, el darle calabazas, pero con ella era distinto.

Sabía que si le cabreaba, ella podría matarle perfectamente. Si conseguía estabilizar sus poderes tal como le había contado Drake, era más peligrosa que cinco Tyrant juntos. Y eso no era para nada bueno.

Albert había deducido que estaba empezando a manejar la telepatía, sobre todo con él, si seguía avanzando a paso tan agigantado con sus capacidades psíquicas podría tener control tal sobre quién quisiera, saber lo que pensaba, manipular sus recuerdos y acciones como si fuera una marioneta.

Y lo último que él quería era convertirse en su marioneta. Albert Wesker no era el guiñol de nadie, ni de nada. Él controlaba sus actos y los de quién le rodeaba. Él tenía un control total, un plan perfecto y unas posibilidades muy altas de que todo saliera bien. A no ser que ella se interpusiera en su camino.

Pensó que si le mataba, se quitaba de encima una preocupación. Pero no era capaz de matarla, no aún. Si conseguía una muestra de su sangre, conseguía una muestra del virus. Y si conseguía algo de Virus X, sería ahora él el que tuviera sus poderes y capacidades.

Sonrió de sólo pensar en lo que podría hacer con esas extraordinarias capacidades. Tendría el mundo a sus pies.

¿Y si no le mato? ¿Y si consigo la muestra pero le dejo vivir?

Un escalofrío de puro placer le recorrió el cuerpo. Ambos sí que serían imparables.

-¿Wesker, está ahí?-preguntó el otro hombre que aún seguía la teléfono.

-Sí, Señor. ¿Qué pasa?-contestó él con frialdad.

-Tengo que colgar. Hay asuntos muy importantes que atender, así que te dejo. Espero que cumpla bien su misión, Wesker.

La línea se cortó y Wesker retiró el auricular del teléfono de su oreja. Se recostó en su silla de escritorio y lució una sonrisa de convicción. Lo había decidido, no le mataría.


Reynald sujetaba la mano temblorosa de Pheseans, y le miraba con gran concentración. Estaba realmente preocupado y extrañado por ella.

Que él supiera, Pheseans ha sido siempre perfecta y no ha mostrado reacciones alérgicas ante nada, al contrario que Roxan, que sí que era muy alérgica al alcohol y a la nicotina. Se quedaba sin respiración alguna cuando aspiraba u tomaba alguna de esas dos cosas.

No terminaba de encontrarle explicación al asunto.

Notó como ella le apretaba la mano. Él le miró con algo de agobio y desazón. Si le pasaba algo, no se lo perdonaría nunca.

Ella volteó el rostro hacia donde estaba él y le sonrió. Él le correspondió la sonrisa con algo de nerviosismo.

Ella comenzó a abrir los ojos con lentitud y algo de pesadez, y clavó su vista en su mano que tenía entrazada con Reynald.

-¿Cómo estás?-le preguntó él con sincera preocupación.

-¿Dónde estoy?-preguntó ella de repente.

¿Qué clase de persona responde a una pregunta con otra pregunta? Sólo las que quieren evitar cierta conversación.

-Pues estás en la enfermería. Te desmayaste por… La alergia ésa tan extraña que tienes.-Le respondió él.

Ella parpadeó varias veces y le miró incrédula.

-¿Por qué no estoy en el RPD? ¿Dónde está Wesker….? ¿Y por qué puñetas voy vestida así?

A Reynald le puso aún más nervioso que hiciera tantas preguntas de una sola vez.

-¿Por qué ibas a estar en el RPD, y con Wesker? Además, que yo sepa tú te has elegido esa ropa, Pheseans-le respondió él ceñudo.

Ella abrió los ojos como platos y se incorporó en la camilla hasta que dar sentada.

-Primero, quizá quiera estar en el RPD porque trabajo allí y Wesker me va a matar como vea que estoy escaqueándome de mi obligación, y lo segundo, soy Roxan…

Reynald le miró con escepticismo y se fijó en sus ojos. Sí, era Roxan, ya que tenía los ojos normales.

-¿Cómo es esto posible?-preguntó él en voz alta, casi para sí mismo.

-Es muy sencillo…-dijo una voz familiar.

Reynald se levantó de un salto y se puso delante de Roxan. Desenfundó al instante una mágnum S&W M29, y apuntó hacia donde provenía la voz.

De entre las sombras salió la pareja que antes estaba observándolos por las cámaras de seguridad.

A Roxan le flaquearon las piernas y pro poco se le desencaja la mandíbula de la sorpresa y el miedo que a la vez se apoderaban de ella.

-¿Mamá?-preguntó ella saliendo de detrás de Reynald.

-¡Roxan, espera!-le gritó él en un intento de que no se acercara a ellos.- ¡Drake, Caroline, iros de aquí inmediatamente o me veré obligado a disparar!

Roxan se acercó a ellos con cautela. Miró de reojo a Reynald y le hizo un gesto con la mano para que no se moviera.

Caroline se adelantó un par de pasos y acarició a Roxan. Sonrió y dijo:

-Cuánto has crecido…

-Sigues viva. ¿Cómo…?-Caroline le hizo un gesto para que se callara y le abrazó.

Drake observó la tierna escena y sonrió. Luego las separó a ambas y se interpuso entre ella y Caroline.

-Me alegra verte viva, Roxan-dijo entrelazando las manos a la espalda.

-Siento no poder decir lo mismo…-le contestó ella con una mirada de desprecio infinito.

-Deberías tratar a tu padre mejor, ¿no crees?

-¿Padre? ¿De qué hablas? Mi padre es…

Drake se echó a reír de repente. Era una risa algo desquiciada y escalofriante.

-¿Nathan? ¿Ibas a decir Nathan? Está claro que todavía no sabes la verdad…

Roxan le miró e hizo un gesto con la cabeza para que siguiera hablando.

-Hace casi veinticinco años, Ozwelll E. Spencer entró en contacto conmigo y con Nathan. Ambos trabajábamos para los Ashford, en el laboratorio de la Antártida. Nathan y yo éramos como hermanos con la diferencia de que siempre nos pelábamos por las mujeres. Spencer nos ofreció colaborar en un importante proyecto, llamado Proyecto P. Consistía en crear un bebé probeta, con el ADN más selecto, y a ese bebé más adelante se le inocularía el Virus X. El virus era prácticamente perfecto, a excepción de que en algunas ocasiones se requería un suero que lo regulara. Una vez que nos trasladaron al laboratorio de Raccon City, conocimos a Caroline, tu madre, que sería la que portaría al embrión. Entonces descubrimos qué querían de nosotros: que pusiéramos nuestro ADN. Recogieron las muestras necesarias luego las introdujeron en Caroline a través de la fertilización in vitro. Nathan se enamoró de ella, pero a ella le gustaba yo. ¿Menudo culebrón, no? Así que ella y yo hablamos. Quedamos en que, en cuanto naciera el bebé, nos fugaríamos juntos. Entonces llegó el día. Un trece de agosto de mil novecientos setenta y cinco, nació una niña. Pero nació muerta. Caroline culpó a Nathan y a mí de aquello. Pero, a la semana, nos dijeron que tenían una sorpresa para nosotros: seguía viva. Entonces te vimos a ti, una preciosa niña de cabellos rubios cenizos rizados y ojos verde esmeralda. Era perfecta. Pero, con el paso del tiempo, descubrimos que la niña tenía una enfermedad muy extraña que era mortal. Ahí fue cuando te inoculamos el Virus X, con la esperanza de que te curases. A los cinco años, empezaste a comportarte de una manera algo extraña, como si fueras dos personas. Y supimos que habías desarrollado un trastorno de múltiple personalidad. Pheseans, que es como tú le llamabas a tu otro lado, era muy distinta a ti. Pero no era una enfermedad normal. Cuando Pheseans se apoderaba de ti, cambiabas radicalmente. Eras el diablo en persona. Te cambiaba la voz, la manera de actuar, ¡hasta incluso el color de ojos y pelo! El único que te mantenía a raya era Nathan. Caroline y yo decidimos que pasaras un tiempo con él, y tras muchas investigaciones, descubrimos que los causantes eran Nathan y el Virus X. El virus no se terminó de adaptar a ti, así que se conectó a Pheseans, que era resultado del ADN de Nathan. Era clavada a él. Nathan era el padre y el único creador de Pheseans. Con el tiempo desarrolló los poderes propios del Virus X: fuerza y agilidad sobrehumana, inteligencia superior, y lo mejor, los poderes psíquicos y de telequinesia. Era espectacular lo que lograbas hacer. Pero Nathan no quería que acabaras convirtiéndote en un BOW más, quería que todavía siguieras siendo humana. Así que halló una cura, pero tardaba mucho en hacer efecto. Al final logró echar a Pheseans de ti, te quedaste limpia. Y tuvimos que hacer algo. Caroline fingió su muerte. De Nathan, no sé que fue. Pero, ahora que tu queridísimo amigo Reynald ha logrado reactivarlo, Pheseans ha vuelto. ¿Me equivoco? Aunque creas que sois distintas, que tenéis cuerpos distintos, la una no puede sobrevivir sin la otra. Pheseans está dentro de ti. Adónde una de las dos va, la otra también va. Si una hace algo, la otra también lo hace. Roxan y Pheseans son una, aunque se comporten de manera distinta…-explicó él con una enrome tranquilidad.

Roxan le miró con los ojos lacrimosos. Reynald se acercó a ella y le abrazó, y mató con la mirada a Drake y Caroline.

-¿Has visto cuánto te aprecia Reynald? Siempre está al borde del abismo por ti. La verdad, no sé cómo puedes confiar en Wesker. Te está mintiendo, y si no me crees compruébalo tú misma-Drake sacó un móvil y reprodujo la conversación que habían mantenido Wesker y el Jefe de la HCF.

Roxan sintió que la rabia y el odio se apoderaban de ella. Ahora Wesker le daba asco. No pensó que él sería capaz de semejante cosa.

-Wesker pretende venderte. A ti y a todos. Vigila tus espaldas, hija-le advirtió Drake fingiendo preocupación.

Roxan apartó con delicadeza a Reynald, y apretó los puños. Ladeó la cabeza y se echó a reír.

-¿Qué te hace tanta gracia?-preguntaron Caroline y Drake confusos.

-Drake, para mí jamás serás un padre. Nathan cuidó de mí y me quiso, y también dio su vida por salvarme. Mientras que tú-ella se acercó a él y le dirigió una mirada repleta de odio y asco-me maltrataste, despreciaste… E incluso cuando ahogabas tus penas en el alcohol y tratabas de forzarme a hacer cosas repugnantes, y Reynald junto con Cassandra me salvaban de tus asquerosas garras. Jamás se me olvidará todo lo que sufrí cuando estuvo bajo tu control.

Reynald le sujetó del hombro, antes de que intentara hacer algo que no era muy recomendable en esos instantes.

-Hey, vámonos de aquí. Otro día le volarás la cabeza…-le dijo Reynald en un susurro a Roxan.

Le cogió de la mano y le sacó de allí, pero antes, Drake les dijo:

-Roxan, si no me equivoco, hace no mucho te dijeron que te queda apenas un par de meses de vida. La enfermedad te está matando. Déjame ayudarte, yo…

-Si tengo que morir, moriré, pero al menos lo haré siendo humana.

Y dicho esto, ambos desaparecieron entre las puertas de la enfermería. Caminaron un largo rato en un completo e incómodo silencio.

Roxan no quería creerse lo que Drake le había dicho, pero sabía que era cierto. No sabía que le dolía más, que fuera un experimento trastocado mentalmente o que Wesker pretendiera venderla para después matarla seguramente.

Al rato, Reynald habló:

-Es cierto que te quedan apenas un par de meses de vida, Roxan-preguntó él situándose delante de ella.

Ella le miró y hundió los hombros, derrotada. Se abrazó a él y se echó a llorar desconsolada.

-No sé que voy a hacer Reynald. No quiero morir, pero tampoco quiero convertirme en un arma biológica de destrucción masiva-le respondió ella entre sollozos.

-Encontraremos una solución, te lo prometo por mi vida. Haré todo lo que esté n mi mano para solucionar esto, aunque sea lo último que haga-le dijo él con mucha seguridad.

-¿Me lo prometes?-preguntó ella más tranquila.

-No te lo prometo, te lo juro.


...Y ahí tenéis la verdad sobre el pasado de Roxan. Este capítulo ha sido uno de los más difíciles de escribir, desde luego. Temía meter la pata en cualquier momento =P

Gracias por el apoyo de todos los lectores, ¡y Lv3, te prometo que para la próxima Laird sale!

Salu2