Capítulo 4: Sonata para un gato gris

Lucien había pasado toda la tarde en la oficina de la insufrible profesora de transformaciones, una mujer pelirroja muy atractiva pero con menos cerebro que una puerta giratoria. Finalmente el castigo que le había tocado por faltarle el respeto había sido pedirle disculpas, cosa que no hizo pues según él no tenía ninguna razón por la cual disculparse, porque sus clases sí eran pésimas, porque no tenía idea de lo que era pedagogía ni de cómo debía tratar a los niños más pequeños, que era extremadamente despreciable su patética idea de no querer enseñar bien para que no se notara lo idiota que era ella.

Y también que era mejor que comenzara a cambiar eso si no quería que se enteraran en la dirección que su titulo de profesora era falso y que realmente tenía varias causas pendientes en Europa como maga oscura con su identidad real, y que no era buena idea matarlo porque entonces alguien se encargaría de que se enteraran no sólo en la dirección sino también en la Agencia del Ministerio de Magia de inmediato.

Luego de un par de bofetadas y cuando finalmente ella entendió que era mejor dejar al chico en paz, lo dejó marchar.

Aunque si hubiese sabido que una de las pocas cosas que Lucien no haría jamás sería delatar a un colega delincuente, quizás lo hubiese dejado marchar antes.

Pero ya a eso de las siete, cuando el sol comenzaba a ocultarse, finalmente estaba en la puerta de la sala de música, con su sonrisa de dientes pequeños y filosos adornándole los labios, asomándose un poco para comprobar que Franz ya había llegado.

Éste, viendo que la sala estaba desocupada de su dueño anterior y habiendo llegado allí por media hora de antelación, estaba preparándolo todo para su práctica en solitario... que realmente no iba a ser tan en solitario esa vez, ya que tendría un oyente, del cual desconocía que también había llegado ya. Estaba completamente ensimismado, tarareando una canción con aquella sonrisa eterna en los labios mientras sacaba algunas de las partituras que guardaba con sumo cuidado en una carpeta que había traído consigo. Parecía como si el incidente ocurrido en las cocinas aquella mañana no hubiera sucedido en absoluto, aunque lo cierto era que luego de haberse despedido de Lucien subió a su cuarto para tratar de volver a olvidarse de los recuerdos que aquél incidente había vuelto a traer a su memoria. Una vez pudo desahogarse un poco consigo mismo, le pareció que su carga había disminuido lo suficiente como para enfocar sus pensamientos en otros asuntos mucho más animados. De ese modo no cargaría a nadie más con algo tan molesto como lo eran sus propias preocupaciones, y mucho menos a Lucien, que tampoco tenía la culpa de ellas pese a todo.

Aquella tarde se aseguraría de dar lo mejor de sí mismo al piano. Y ninguna otra cosa importaría más que el poder causar admiración por su talento a Lucien, lo cual tomaría por un nuevo restablecimiento de su amistad que tan agrietada se había visto en esas últimas horas... y eso que aquella era reciente y que ambos parecían concordar en querer que funcionara.

Aunque desde su lugar en el umbral de la puerta, en silencio admirando cómo se desenvolvía Franz con sus partituras, con esa forma tan principesca de erguirse en su asiento frente al piano, Lucien continuaba pensando que no era precisamente amistad lo que quería con él.

Nunca había tenido problema con el hecho de que le pudiese gustar un chico, incluso de pequeño sus tías en el burdel y su propia madre le habían inculcado que, si bien no era lo normal, era perfectamente posible; después de todo ni al placer ni al amor pueden detenerlos cosas tan superfluas cómo el género, pero una cosa era que él lo creyera así y otra muy distinta era que compartieran su idea.

Sabía muy bien que no era bien visto que a un chico le guste otro, sobre todo para personas tan conservadoras como parecía ser ese Franz.

Así que no le quedaba más que tratar de ignorar aquello como solía hacerlo cuando sabía que no tenía posibilidades de conseguir algo y en algún momento se le pasaría, contaba con eso.

Finalmente carraspeó para llamar la atención en él, entrando con todo su estilo desgarbado tan característico, con las manos en los bolsillos y una sonrisa torpe en su cara levemente amoratada por su tanda de castigo esa tarde.

"Disculpa el atraso" dijo Lucien deteniéndose junto a Franz y apoyándose de lado en el piano, "Pero recién me soltaron..."

El rubio se sobresaltó un poco por la irrupción de aquél, siendo que no le esperaba llegar tan pronto, ya que habían quedado para media hora más tarde... ¡Y aún así el chico se disculpaba por llegar tarde! Bueno, al parecer y a su pesar, de alguna forma Lucien había heredado algo de su lado inglés.

Franz se echó a reír entre dientes, mientras se giraba hacia él.

"¿Atraso? Recuerdas que te dije a las siete y media¿cierto?", comentó risueño, mientras terminaba de acomodar las partituras frente a él. "¡Llegas con media hora de antelación!" Lo cierto es que él también habría esperado que llegase tarde, ya que parecía que la puntualidad no era un rasgo que fuera con él, pero al parecer se había equivocado. Se fijó entonces en lo amoratado de su rostro, y su sonrisa disminuyó. "Oye... ¿qué te ha pasado en la cara?"

De inmediato Lucien se cubrió la mejilla, apartando un poco la mirada mientras sonreía tratando de bajarle el perfil a la situación.

"No es nada" respondió encogiéndose un poco de hombros restándole importancia, "No calculé bien y me golpeé con el marco de una puerta..."

Una excusa perfecta para alguien como él, que tenía una increíble tendencia a sufrir ese tipo de accidentes todo el tiempo; como caer en una pelea contra tipos más grandes que no se tomaban bien sus críticas o sus bromas, o tropezarse con su propio orgullo y terminar en la enfermería con más de algún hueso roto, sin contar con su asombrosa capacidad de enfermarse cada semana de algo distinto y de pasar muchas veces días completos con fiebres muy altas que le subían de un momento a otro, como si de vez en cuando se descontrolara ese ardor interno que siempre lo quemaba.

Franz se quedó mirándolo un momento, con cierta consternación. En su inocencia no dudaba de lo que el chico de gorra le estaba diciendo fuera verdad, pero ya iba entendiendo cómo era la personalidad de aquél. Con razones justificadas, se temía que la tendencia tan acusada de su amigo a meterse en problemas, o a que los problemas le buscasen a él por su forma tan provocadora de ser, acabaría pasándole factura grave algún día, y le preocupaba. Si bien él podía comprenderle un poco al tratar de empatizar con él, estaba claro que los demás no serían ni mucho menos tan pacientes como él como para aguantarle el peculiar carácter que tenía. De cualquier forma, y por lo que a él mismo respectaba, mantenía las formas todo lo que podía.. Como se solía decir, 'dos no pelean si uno no quiere'. Y Franz definitivamente no quería.

"Bueno..." terminó por encogerse de hombros y no concederle mucha más importancia a eso, volviendo la vista hacia sus partituras. Había algunas escritas a su puño y letra... sus composiciones. Porque efectivamente, había aprendido a componer en todo el tiempo que llevaba tocando, que no era poco: desde los seis años más o menos. "Pues ya que estás aquí antes de lo previsto, empecemos... creo que empezaré el recital por algo mío... ¿te parece?", le miró de reojo, como pidiéndole su aprobación sobre aquello. Después de todo, Lucien era el oyente.

De inmediato el de pelo platinado pareció interesarse aún más en aquel improvisado y particular concierto.

"¿Algo tuyo?" preguntó acerándose un poco más, poniéndo atención finalmente en las partituras y sólo entonces notando que estaban escritas con una soltura y delicadeza que pocas veces había visto antes. Más bien que sólo una vez había visto antes, "¿También compones?"

Notando el interés que Lucien le ponía a su música, Franz se enderezó todavía más en la banqueta de piano en reacción, orgulloso y a la vez agradecido.

"Sí... Pero tampoco he compuesto mucho; sólo algunas piezas pequeñas... y todavía no llego a conciertos enteros, pero ya llegaré a ello...", le hizo saber con una grandilocuencia que no fue capaz de ocultar. Ordenó un poco las partituras, decidiendo lo que sería que tocaría. "Tengo un vals en La mayor...Creo que tocaré este...", añadió, hablando más para sí mismo que para su amigo.

Lucien abrió la boca para preguntarle donde estaba esa mayor de la que hablaba donde había dejado el vals, pero prefirió callarse y sentarse junto a él, sonriendo y asintiendo como un idiota para no demostrar tanto su completa ignorancia sobre el tema. Entre tanto el rubio seguía parloteando mientras realizaba los últimos preparativos.

"¿Has oído hablar alguna vez de Franz Schubert? Es mi tocayo... y un compositor famoso...", añadió mientras empezaba a tocar algunos acordes al azar como siempre que hacía por costumbre, para ver si el piano estaba afinado. No podía dejar de sonreír mientras decía aquello, y sus ojos brillaban con una intensidad especial mientras realizaba lo que para él era casi como un ritual. "A mí me parece que fue un presagio el que me nombraran igual que él y que además me gustara el piano... Bueno, no te hago esperar más." Dejó las teclas por unos instantes y estiró los largos dedos entre sí. "Contempla en exclusiva la ejecución en directo de la obra magna del célebre Franz Schwanherz..." terminó por fin en un tono solemne y pomposo, pero que al fin y al cabo era un poco de broma. Tendía a crecerse mucho cuando estaba a punto de ponerse a tocar, lo que en el pasado a veces le costaba errores. Los años no pasaban porque sí, y había aprendido un poco de ellos para entonces.

Finalmente, se puso serio y dirigió la completa atención a su partitura y a las teclas del piano para empezar a tocar por fin el mencionado vals. Ligera y alegre, la melodía fluyó sin problemas mientras las manos en una coordinación casi perfecta seguían lo que los ojos azules leían rápidamente y de pasada en la partitura con una concentración absoluta. No debía haber fallos ni errores esa vez, y ahora que tenía a alguien escuchándole de nuevo debía asegurarse por completo de que no se equivocase en la ejecución de la pieza. Al menos al principio no podía bajar la guardia.

Pero aunque se hubiese equivocado, Lucien no lo hubiese notado en lo más mínimo, sumido de pronto en una sensación agradable de estar flotando mientras sentía cómo todo su cuerpo reaccionaba en un cosquilleo que estando en otra circunstancia, hubiese reconocido como la aproximación de un orgasmo. Casi por reflejo cerró los ojos y dejó que cada nota fuese vibrando por su interior, llevándolo a elegantes salones de otras épocas donde parejas danzaban al compás de aquella hermosa melodía, alegres, sonriendo tal cómo él mismo sonreía en ese momento.

Quizás no sabía nada de la parte técnica de la música, pero sin duda Franz y su capacidad con el piano le provocaban algo en su interior que ningún otro músico antes había podido hacer.

El mismo pianista estaba comenzando ya a abandonar la tensión y la rigidez que los nervios y la incomodidad de la primera impresión siempre le producían, para olvidarse de todo cuanto le rodeaba y concentrarse por completo tan sólo en lo que estaba tocando. Él mismo sentía lo que estaba tocando, sentía las emociones y las imágenes que había querido plasmar cuando había compuesto eso, y de alguna manera el relajarse y abandonarse un poco del rígido esquema de la partitura hizo que su pieza sonara mucho mejor, como si ninguna estructura pudiera hacer justicia a la libertad con la que esa música quería fluir, como si tuviese voluntad propia. Una libertad que él mismo ansiaba con todas sus fuerzas. Sonreía calmado y movía ligeramente la cabeza al compás de la música, como siempre que le ocurría cuando acababa por sentirse cómodo con algo que tocaba.

Algunas notas se le escaparon al relajarse, pero no fue impedimento para acabar de tocar al cabo de un rato de la misma forma digna con la que había comenzado. Sólo entonces Franz aterrizó de regreso al mundo real y recordó a su oyente; sobreponiéndose a aquél estado de pseudotrance se volvió a verle, con una sonrisa expectante y nerviosa.

"¿Y bien?.¿Qué tal?", preguntó, intentando camuflar su inquietud todo lo posible. Realmente deseaba que la pieza hubiese sido de su agrado, que su esfuerzo en composición hubiera merecido la pena, aunque por el rostro que aquél tenía, el que 'hubiera sido de su agrado' casi se quedaba corto, sacándolo con sus preguntas de aquel estado tan placentero.

Aún obnubilado Lucien fue abriendo lentamente los ojos, como si de a poco regresara al mundo real luego de haber estado un momento en otro mundo, uno definitivamente mucho mejor que ese oscuro y aburrido en el que estaban. Trató de responder con algo que no sonara completamente estúpido, como halago de alguien que trata de seducir a otro alguien de forma burda, pero las palabras no acudían a su boca.

"Fue..." logró articular luego de intentarlo sin éxito un par de veces antes, luego de lograr devolver su respiración a un estado normal y de limpiarse sigilosamente el sudor de sus manos en su pantalón, "Fue... Perfecto"

No fue preciso que Lucien hubiera acabado de alguna manera la frase. La expresión que tenía fue suficiente para reemplazar todo su nerviosismo con un gran alivio y satisfacción, sonriendo todavía más al ver que su propósito se había cumplido sin ningún contratiempo que pudiese haber enturbiado su representación. Empezó a reírse de lo puro contento que se sentía entonces; para él aquello significaba muchísimo más que sólo el que se le reconociera su talento. Y por unos instantes, le pareció que ningún suceso triste, embarazoso o molesto podría empañar ni frenar su optimismo que crecía a un ritmo imparable en su interior, gratificándole.

"Me alegro mucho de que te haya gustado", dijo, con una sinceridad absoluta.

Por eso era que le gustaba tocar el piano, y posiblemente ahora que tenía a un ferviente admirador le gustase más, porque la mirada de completa adoración que tenía el chico de gorra en sus ojos verdes era impresionante.

Aún intentaba en su fuero interno comprender cómo era posible que una melodía en el piano, una sonrisa en la boca de ese chico o tan sólo sus ojos azules de mirada soñadora fueran capaces de tocar fibras que creía rotas hacía mucho tiempo. Era imposible no recordar Paris cuando estaba a su lado, como si él tuviese algo que lo conectara con aquello que una vez tuvo en una casa llena de fantasías para que no quedase espacio alguno para que entrara la desagradable realidad. Por más que intentaba racionalizarlo no encontraba nada más que una sensación extraña de que tenía algo que le recordaba a su madre, algo en su mirada, en el sonido de su voz o en la forma en que permanentemente se arreglaba el cabello, casi de manera obsesiva.

Quizás fuesen sólo la belleza de los rasgos y el acento francés.

Pero lo que fuese, consciente o no, continuaba desconcertándolo por completo al estar a su lado.

Y también provocaba que ese fuego en su interior se encendiera, como si quisiera llegar de alguna forma a Franz y atraparlo... o derretirlo.

"Era imposible que no me gustara..." dijo finalmente, aún con la voz afectada por todo lo que se debatía en su interior, el deseo de quedarse a su lado en paz, disfrutando de su compañía tan tibia y agradable, y el de incendiarlo todo y dejarse llevar por aquel fuego que lo consumía, como siempre lo había hecho, "... Ha estado genial... Y no sabré de música pero sé reconocer cuando algo es bueno... Y tú eres muy bueno en esto"

En momentos como aquellos, Franz no cabía en sí de felicidad. Le había pasado desde pequeño, desde que había comenzado a tocar y a dominar aquél instrumento y al escuchar las alabanzas que sus maestros proferían de él. Podría decirse que quizás vivía por y para la aprobación y admiración de todo el mundo, pero francamente él pensaba que eso iba más allá de recibir cumplidos y palmadas en la espalda. El cosquilleo que sentía al ver las caras sonrientes y extasiadas, el escuchar de sus bocas las impresiones que habían recibido, más que ninguna otra cosa, era como una grata recompensa por todos los momentos malos que en su vida tuviera o hubiera podido tener. En verdad era difícil explicarlo de alguna forma lógica, y él desechaba cualquier intento de lógica atribuida al arte de inmediato. Aunque a decir verdad, muy pocos habían acabado tan impresionados como estaba viendo a Lucien; él no recordaba haber dejado en tal estado de conmoción a aquellos otros que habían podido oírle. O realmente había mejorado muchísimo o no había sido capaz de prestar la suficiente atención a las reacciones de los demás después de escucharle hasta ese momento. O las dos cosas.

"Yo creo... que de todas las cosas, es ésto lo que se me da mejor", reconoció, mientras adoptaba aquél tic de pasarse la mano por el cabello nuevamente, sin dejar de sonreír ni un poco. "Llevo tocando desde muy pequeño el piano e instruyéndome en música... aún estoy aprendiendo, lógicamente... pero a mí me encanta. No creo que haya otra cosa que me guste más que hacer esto..."

Volvió a reírse, un poco cohibido al hacer aquél pequeño intento de humildad. A decir verdad, a Franz no le salía demasiado el ser humilde; su padre solía decirle que vivía en las nubes, y que eso le hacía volverse ofuscado en sí mismo y narcisista. Pero él no lo sentía como algo en verdad defectuoso, ya que para él lo que le ocurría era que tenía la autoestima muy alta. Y eso en teoría no era malo en absoluto. No podía ser malo cuando se sentía tan bien.

"En cuanto a lo de componer, llevo haciéndolo desde hace unos cinco años más o menos. No quería conformarme con sólo tocar el piano o cantar, quería llegar más allá... por eso le pedí a mis maestros que me enseñaran. Y parece que ya voy cogiéndole el truco... Es muy difícil, y al principio me costó mucho... casi más que empezar a tocar el piano y coordinar las manos. Sabes, antes usaba la derecha como mano de apoyo para los acordes, porque soy zurdo... Pero luego pude asignar a cada mano la tarea que le correspondía..." Y de nuevo reía. Sentía que podría pasarse la vida entera hablando de aquello; de la música, y del solfeo, y de lo mucho que le gustaba y cómo se inspiraba para poder tocar y componer, y para su ventaja había encontrado justamente a alguien capaz de escucharlo en todas sus retahilas porque Lucien continuaba sin perderse detalle de cada palabra y cada gesto.

"No sabes cómo te admiro, yo no hago más que mirar un instrumento y ya se desafina" dijo Lucien cuando Franz se detuvo a respirar, aprovechando el momento de silencio, "Aparte que te envidio por tener claro a qué te vas a dedicar... Porque vas a dedicarte a esto¿Verdad?"

Aunque le parecía una torpeza preguntar siendo tan claro que a Franz se le daba tan bien lo de la música. Recordaba perfectamente su voz en las duchas, tan clara y profunda como agradable, y ahora agregando un instrumento tan complejo como el piano (al menos para él), siendo capaz de sacarle semejantes melodías que encima era él quién escribía, no podía haber otra opción más que esa.

Sobre todo porque él mismo había dicho que eso era lo que más le gustaba hacer.

Y en efecto, eso era lo que había dicho, pero en cuanto Lucien dijo aquello la sonrisa de Franz vaciló, como si de repente ese estado de felicidad aparentemente invulnerable en el que se encontraba se desvaneciera mientras recordaba algo. Suspiró y tomó la partitura que acababa de tocar para guardarla de nuevo en su carpeta.

"Sí... me gustaría", dijo, ya en un tono mucho menos entusiasta. La sonrisa una vez más se le había tornado triste, y la mirada ausente. "Pero... la verdad, no creo que eso vaya a poder ser posible."

"¿Y eso por qué?" preguntó el chico de gorra confundido, volviéndose hacia él con una de sus cejas alzadas y demostrando la completa incomprensión de aquella herejía. El rubio soltó una risa entre dientes, algo forzada.

"En realidad, vas a pensar que es una tontería...", respondió, meneando la cabeza. Aunque de tontería no tenía nada, pero él seguía en su afán de quitarle hierro al asunto todo cuanto pudiese... sin acabar de lograrlo. "Si te lo digo te vas a reír..."

Lucien se giró completamente hacia él, mirándolo ya con un tono preocupado a pesar de la sonrisa y de que tratara de bajarle el perfil. Nada podía ser insignificante como para que él no pudiese tocar el piano si era lo que quería hacer.

"No me río, te lo juro" dijo con toda seriedad, pues un juramento, aunque fuese como un acto reflejo, era algo solemne para él, "Dime por qué no podrías dedicarte a esto..."

Por lo visto no había manera de evadir el tema, así que venía una parte realmente complicada para Franz: abordarlo. Y es que aún y con todo lo que confiaba de sí mismo, había cosas de las que prefería no hablar, y esa era una de ellas. Lamentablemente, tendría que hacerlo.

Suspiró y se giró hacia el chico de cabello platinado, ya dejando de sonreír casi del todo.
"Mi familia se opone a ello", confesó al fin, encogiéndose de hombros como resignándose a un hecho que, era consciente de ello, en esos días muy pocos chicos lo compartían como problema en sus propias familias. "Mi padre piensa que no es un oficio con el que uno pueda ganarse la vida dignamente, y no quiere que me dedique a eso... quiere que me meta en política, o en algo de... de 'provecho'..." Bajó la vista al acabar la frase, muy a su pesar. No le parecía que estuviera desaprovechando su tiempo al tocar piano, pero eso había dejado de estar fuera de discusión después de que repetidas veces tratara de hacérselo ver a su padre en vano.

Lucien se quedó esperando a que continuara con una excusa mejor que esa, pero luego de algunos segundos mirándole en completo silencio sin obtener nada, se dio cuenta de que al parecer eso era todo lo que tenía que decir.

"¿Y qué importa lo que digan? Si es lo que quieres hacer y lo haces así de bien ¿Por qué tendrías que hacerles caso?" le preguntó alzando la voz un poco molesto, "Si es lo que quieres hacer, si es tu sueño ¡Tienes que pelear por él!.¡Se oponga quién se oponga!"

Ante la regañina Franz no alzó la vista. Sabía que lo normal era tratar de conseguir a toda costa aquello que se quisiera, pero¿qué podía hacer él cuando su propia familia no quería apoyarle? Y después de todo, la opinión de su familia era importante para él.
"Ya lo sé." dijo, sombrío. "Pero es que sí que importa lo que digan. Lo que ocurre es una historia muy larga, y... y yo..." Suspiró de nuevo, dejando la frase sin acabar y mordiéndose el labio inferior para no seguir por ese camino. Estaba empezando a agobiarse, y tenía que buscar una ruta de escape en ese mismo momento. No veía ninguna. Sintiéndose cada vez más y más frustrado, se giró hacia las teclas del piano, apoyándose sin querer en ellas y provocando un sonido discordante. Cuando se dio cuenta, apartó los brazos para seguir recogiendo las partituras.

"Ya sabía que te iba a parecer una tontería. Lo he intentado... varias veces, convencerles... pero no quieren dar su brazo a torcer...", se excusó, aún cabizbajo y haciendo aspavientos con las manos. A pesar de todo, decía la verdad, y aún había cosas que no quería decir, como que algunos miembros de su familia se guardaban sus verdaderas opiniones sobre él. Ya les había oído murmurar a su espalda, cuando creían que él no escuchaba, en un par de ocasiones. Y las voces retumbaban en su mente, torturándolo y coaccionándolo.

"Ellos... esperan otras cosas de mí. Y yo no puedo defraudarles. No es algo que me pueda...permitir...", murmuró, con amargura.

En ese momento sintió el brazo de Lucien pasando sobre sus hombros de forma afectuosa aunque no invasiva, con esa calidez que lo caracterizaba.
"Pero tampoco puedes ceder tus sueños por lo que otros quieran..." insistió con la voz más baja, ya no molesto sino dolido por no poder entender qué podía ser más importante que su felicidad. El rubio se volvió de nuevo para mirarle entre que él seguía hablando, "¿Por qué...? Por qué no puedes... Qué esperan... Qué..."

Se detuvo mientras ordenaba sus pensamientos , bajando la mirada un momento para luego volver a fijarse en él, quizás demasiado cerca para su propio sonrojo.
"¿Por qué no te dejan hacer lo que quieres?" preguntó finalmente perdiéndose en sus ojos azules, "Deberían querer lo mejor para ti... Y esto es lo mejor para ti... ¿Por qué...?"

Franz interrumpió su balbuceo alzando una mano, esbozando de nuevo una sonrisa triste.
"Ya te dije que era una historia muy larga", respondió, ladeando un poco la cabeza mientras seguía con la vista fija en sus ojos. "Ellos piensan que lo mejor para mí no es ser pianista. Por eso se oponen. En realidad, yo tampoco lo entiendo demasiado bien, pero... se supone que les debo esto. Les debo complacerles, ya que me han aceptado entre ellos, y..." Desvió la vista de nuevo, algo avergonzado. Nuevamente estaba hablando de más, habiendo bajado la guardia con el gesto de apego de Lucien. "... La cosa es que mi familia tiene unas normas estrictas... Y yo... Soy mestizo. No tengo la sangre pura, como el resto. Y de todas formas, me aceptaron entre ellos... se supone que estoy en deuda con ellos... La verdad es que... me da miedo oponerme a ellos. Nada bueno pasa cuando se contradice la voluntad de ellos... Eso es lo que dicen..." Volvió a morderse el labio inferior, tratando de refrenar de nuevo el agua que parecía desbordársele peligrosamente otra vez. "Ya fue bastante duro... bastante duro, tener que perder a parte de mi familia... para arriesgarme a perderla toda por mis caprichos... Tampoco quiero eso..."

Entonces la actitud de Lucien volvío a cambiar, demostrando como siempre lo inmensamente voluble y explosivo que era, tomando entre sus manos la cara de Franz y mirándolo directamente, con una convicción enorme en sus ojos verdes que parecían arder.

"¿Qué importa que seas mestizo? No les debes nada, no los necesitas... ¡No si te obligan a complacerlos por sus estúpidas normas!" dijo el de cabellos platinados con la voz saliendole entre sus dientes filosos y pequeños, "No pueden obligarte a abandonar tus sueños... No puedes dejar que te quiten lo que quieres por complacerlos ¿Para qué?.¿Miedo?"

Sacó de dentro de su chaleco el diario de su madre del cual no se separaba nunca.

"Yo también soy mestizo, Franz" le recordó mostrándole aquel libro negro, "También mi padre es de una familia de Herméticos cerrados de mente y sangrepuristas que nunca iban a aceptarme... ¡Y prefiero que así sea! Prefiero quedarme con mi lado normal y ser libre de escoger lo que me haga feliz... ¡Y tú deberías hacer lo mismo!"

En respuesta el rubio se sobresaltó por la vehemencia de su amigo, retirándose un poco de él mientras en reflejo cerraba los ojos y apretaba los labios, como siempre tratando de contenerse a toda costa. Pero ya era tarde. Una lágrima se le escapó de los párpados cerrados, y luego otra, recorriéndole las mejillas.

"... No es tan fácil... Si les dejo atras por hacer lo que quiero... me desheredarán... ¿Y qué hago entonces?.¿A dónde voy? No tengo a donde ir... Ni dinero propio... ni nada...", murmuró con la voz quebrada, tratando de rehuirle la vista, avergonzado por la debilidad que estaba mostrando. "Y todos me señalarán con el dedo y sabrán lo que he hecho, que les he faltado... y no..."

Volvió a dejar la frase inconclusa, pues parecía que realmente el desbordamiento estaba comenzando a afectarle gravemente. Necesitaba pararlo, poner contenciones de nuevo, a pesar de que en el fondo lo que de verdad quería era liberarse de todos los problemas que las imposiciones sociales suponían para él, ahogándole. Pero hacerlo le arriesgaría a desprotegerse, y nuevamente, eso era algo que no quería por nada del mundo. Se limpió las lágrimas con la mano y se quedó unos segundos en silencio, reprimiendo los sollozos, antes de proseguir con algo más de calma.
"Si al menos supiera dónde está mi madre...", susurró al fin, algo que pocas veces había dicho en voz alta. Y las veces que se le había ocurrido decirlo... No habían acabado bien.

Pero esa vez tuvo a alguien que le ofreció su hombro, abrazándolo de manera protectora mientras le daba palmaditas en la espalda.
"Oye... Tampoco es para que te pongas así" le dijo Lucien con el tono más conciliador que pudo, "Créeme que ganarse el pan no es tan difícil como parece... Además que tienes un talento muy grande que va a sacarte adelante, sin duda... Y siempre puedes contar con la gente que te quiere..."
Nunca había sido bueno para hacer sentir bien a la gente con sus palabras, usualmente terminaba metiendo la pata hasta el fondo cuando quería consolar a alguien, pero estaba intentando firmemente el irse con cuidado para no hacerlo esa vez.
"... ¿Qué hay con tu madre?"

A pesar de que le molestaba muchísimo el no ser capaz de mantener la compostura y el que se compadecieran de él por ello, esa vez Franz tuvo que admitir que el apoyo de Lucien le hizo sentirse algo mejor, ayudándole a recuperar la calma que le caracterizaba. Sabía que tarde o temprano iba a tener que enfrentarse al mundo exterior, pero no sabía cómo hacerlo en ese momento. Estaba acostumbrado a la comodidad de una vida en donde no tenía que preocuparse por nada más que por guardar modales y seguir protocolo, de que se lo dieran casi todo hecho y al acogimiento de personas que, si bien sabía que no le profesaban demasiado afecto en muchos casos, eran lo único que él tenía por entonces para aferrarse. Era por eso por lo que no se atrevía a plantar cara a sus familiares, y no por otra cosa.
Pero no insistiría en eso. Su orgullo ya estaba resultando demasiado dañado de per se.

Luego de un rato se separó de Lucien para mirarle de nuevo a los ojos, mucho más tranquilo y con una mirada algo húmeda aún pero agradecida.
"Verás... mis padres hace tiempo que están separados", le explicó, mientras se componía un poco luego de la bajada de ánimos. "Fue cuando tenía diez años. Desde un principio, ella no vivía con mi padre y su familia en Münich... no la querían con ellos. Ya sabes la clase de prejuicios que tienen con los Durmientes y todo eso... Mis padres se casaron en secreto, y sólo se supo cuando ya ella estaba embarazada de mí. Al poco de nacer yo, mi madre se trasladó conmigo de Estrasburgo a Fontainebleau... le había surgido un trabajo en París y allí estaba más cerca. Yo viví casi todo el tiempo entre Fontainebleau y Münich, sobre todo a partir de los seis años, que fue cuando mi padre me llevó allí... " Su rostro tenía cierto aire sombrío en tanto que le explicaba muy por encima las circunstancias en que había vivido su infancia.

"Yo no me quejaba, pero mis padres se veían cada vez menos... en los últimos años era todo muy tenso. Y entonces fue cuando tuvieron una última discusión y se separaron. Yo me quedé entonces definivamente en Münich y no volví a saber nada de mi madre, porque después de eso desapareció. Cuando me llevaron a Grosvenor intenté ir a buscarla a Fontainebleau, yo solo... pero en la casa donde vivíamos no había nadie." Se ahorró deliberadamente el hecho de que realmente no fue del todo solo, pues si no jamás hubiera sido capaz de encontrar el sitio y mucho menos de volver. "Y en años sucesivos seguí intentándolo, pero tampoco hubo suerte... No tenía manera de ponerme en contacto con ella, ni saber cómo estaba... Pero a pesar de todo yo siempre he querido creer que ella estaba bien, en algún sitio no demasiado lejano..." Suspiró y sonrió un poco, mientras volvía la vista a una de sus muñecas. Ahí descansaba la pulsera con aquél cristal de cuarzo que no se quitaba ni para dormir, sólo para meterse al agua. "Ella seguramente sí me hubiese apoyado con lo de la música... es por eso por lo que lo digo..."

Y Lucien comprendía perfectamente lo que podría estar sintiendo Franz. Nuevamente vio como algunas vivencias personales se parecían sin llegar a ser iguales, mostrándole nuevamente que tenían tanto en común a pesar de las muchas diferencias que deberían alejarlos. Nadie mejor que él para comprender lo mucho que podía hacer falta el apoyo materno, lo necesaria que podía ser a veces una caricia dulce y desinteresada que sólo podía dar una madre, esa calidez que sólo podía encontrarse en su regazo, donde todos los problemas quedaban afuera y dejaban de importar. Con todo lo que él extrañaba a su madre sin poder verla nunca más, comprendía perfectamente la angustia que podría estar sintiendo Franz sin saber donde estaba, suponiendo que estaba bien en algún sitio y creyendo que podría ser aquel apoyo que necesitaba para seguir sus sueños sin sentirse solo ni rechazado por su demás familia.

Entonces la mirada de Lucien se iluminó, tomando a Franz de los hombros mientras le sonreía.
"¡Ahí está!.¡Esa es la solución!" dijo con entusiasmo, como si acabara de descubrir la verdad del universo, "Encontramos a tu madre y tú podrás dedicarte a la música... Así de simple"
Porque para Lucien todo parecía simple cuando se lo proponía, inclusive encontrar a una persona a la que Franz llevaba años sin poder contactar aún siendo su propia madre y sin saber absolutamente nada de ella.

Franz le devolvió la mirada, completamente perplejo. Para empezar, no entendía qué conexión podría haber entre el encontrar a su madre y el dedicarse de pleno a la música, siendo que su madre no era nadie influyente... pero por otro lado, era lo que siempre había querido. Encontrar apoyo en alguien de su familia consanguínea, con la que podía contar de antemano... aparte de que la echaba mucho de menos, todo había que decirlo. Su corazón había dado un vuelco tan sólo con la simple mención de encontrarla.
"No entiendo... ¿simple?" Esa era otra; no podía entender cómo lo que a él le había llevado seis años sin éxito a Lucien podría llevarle menos y conseguirlo. "¿Qué piensas hacer para encontrarla?"

Entonces una extraña sonrisa de aspecto felino se dibujó en la boca de Lucien.
"Eso... Es un secreto..." dijo de forma misteriosa mientras abría aquel libro negro y sacaba de la parte de atrás un par de pergaminos demasiado doblados, abriéndolos y comenzando a anotar con una letra pequeña y desordenada, "Dices que vivía en Fontainebleau y trabajaba en Paris... Hace unos seis años ¿No?... ¿Y su nombre era...?"

Entre tanto, los ojos azules de Franz se abrían progresivamente de par en par, apenas asimilando que en verdad su amigo se lo estaba tomando en serio. Iba en serio. Iba a ayudarle a encontrar a su madre...
Su rostro se le iluminó de pronto mientras su corazón le empezaba a latir a toda velocidad.
"Vivienne", respondió rápidamente, emocionado, juntando ambas manos y enlazándolas en expectación mientras se acercaba un poco más a él. "Vivienne Lacroix... ¿Qué más necesitas?"

"Todo lo que puedas decirme de ella" respondió el chico de gorra sin levantar su mirada de lo que escribía, sonando sus palabras algo difusas por estarse mordiendo las uñas de su mano libre, cómo siempre hacía cuando comenzaba a planificar cosas de ese estilo. Desde pequeño que le gustaban los planes grandiosos que involucraban hazañas asombrosas y búsquedas inimaginables, cosas que otros sólo podían soñar pero que él se encargaba de hacer realidad.
De pequeño había conocido a una mujer que era capáz de mover el mundo a su favor con tal de conseguir lo que buscaba. La última vez que supo de ella comprendió que ya había superado a su maestra. Y es que tener acceso a falsificar documentos del Ministerio gracias a su propio padre, quizás como una forma más de molestarlo, sin duda le daba una ventaja enorme cuando se trataba de ejecutar esos planes.
"... Necesito saber cómo es, en qué trabajaba entonces y en qué podría trabajar ahora, si tiene más familia... Todo cuanto sepas" continuó, levantando finalmente sus ojos hacia Franz, esta vez con cierto grado de malicia en ese aspecto felino que había tomado, "Y también... Saber qué estarías dispuesto a pagarme por encontrarla..."

La sonrisa de Franz disminuyó en cuanto dijo eso último. Ya se suponía que eso era demasiado bueno para ser verdad...
"Ya... pagar..." dijo, mientras nuevamente la sonrisa acababa de borrársele. Aún cuando se suponía que eran amigos, él le pedía un precio a cambio de hacerle el favor de encontrarle a su madre. De repente no le gustó cómo había sonado eso...
Sin embargo, estaba desesperado. Ya poco tenía que perder, y podría recurrir a sus ahorros para pagar la cantidad que fuera necesaria. E incluso hacer alguna prueba humillante si era necesario. Al fin y al cabo, no podría ser peor que lo de la última vez...
En un alarde de impulsividad que ni el mismo rubio supo explicar, agarró la muñeca de la que Lucien estaba mordiéndose las uñas, mirándole con una seriedad extrema.
"Tú... Me juras que me vas a ayudar... Me vas a ayudar a encontrarla... ¿verdad?" le dijo, en un tono de voz tan grave que sonaba casi gutural. Era importante aclarar eso.

Lucien lo miró reflejando la misma seriedad en sus propios ojos, sin hacer ningún esfuerzo por apartar su mano ni por levantar su guardia, completamente seguro de si mismo como sólo en esos casos solía estarlo.
"Te lo juro" respondió sin dudarlo y con voz firme, "Un mes, a lo más dos si se complica... Pero voy a encontrarla como que me llamo Lucien"

"Entonces me da igual el precio", sentenció Franz de forma solemne, todavía sin soltarle ni apartar la mirada. "No me importa cuánto haya que pagar; ni qué es lo que tenga que hacer, ni nada... dime qué necesitas y yo te lo doy. Lo prometo. Aun cuando me lleve una vida reunirlo..." Le soltó finalmente y se enderezó, relajándose un poco. "Hace mucho que necesito encontrarla... Esto es muy importante. Lo que tenga que pagar por ello es lo de menos..."

Y era mejor que estuviese dispuesto a cumplir con eso, porque lo que Lucien iba a pedirle no era una simple cantidad de dinero.
"A ti..." dijo finalmente, bajando su mano que Franz había retenido y mirándolo aún con la misma seriedad, dando a entender que lo que decía no era una broma, "Quiero que me des un beso, no un simple roce sino que un beso de verdad... Tampoco necesito que lo sientas, me basta sólo con que seas tú quien me lo de..."
No necesitaba el dinero, aparte del que podría seguir sacándole a su padre por un buen tiempo, tampoco quería otro tipo de pago, sólo tener la ilusión de que podría sentir nuevamente esa dulce tibieza.
"¿Aceptas?"

El rubio se quedó entonces algo traspuesto. De todas las cosas que se había esperado que le pidiera a cambio, eso no entraba en la lista. Recordó fugazmente aquella mañana cuando había tenido aquél arrebato que por poco y había arruinado su amistad, cuando había querido robarle el mismo beso que le estaba demandando. De todas maneras, y aunque la situación no era ni mucho menos la misma, aquello le ponía en una encrucijada mayor que el que le tuviera aprisionado contra el suelo, si era eso posible.
Se quedó un rato en silencio, evaluándolo. Ya no podía irse atrás, iba a tener que aceptar el precio tal como había prometido, aparte de que el asunto en verdad era serio y no se trataba de ninguna broma. Pero le resultaba embarazoso en extremo.
"¿Eso es lo que necesitas?", preguntó aún dejando la pregunta de él en el aire, después de un rato sin decir nada. "¿Es tan importante para ti ese beso?"

Lucien se encogió de hombros.
"Pues... No" mintió descaradamente, apartando su mirada de la de Franz, "Encontraría a tu madre de todas formas... Es sólo que tú me gustas y me hace ilusión imaginarme que algún día tú podrías..."
De inmediato lo miró, tratando de correjir su dirección.
"No quiero decir que seas gay, yo tampoco soy gay... Más bien un hetero curioso, por llamarlo de alguna forma..." dijo girando sus ojos, evitando en todo momento el contacto con los de Franz, "Pero... Bueno, no sé... Es sólo un beso, no te pido que te conviertas en mi esclavo sexual ni nada por el estilo..."

A Franz se le puso un tic en la ceja. ¿Le estaba tomando el pelo?.¿En ese momento?
Eso sí que no...
"Mira... si es un beso lo que quieres, yo te doy el beso...", le soltó, cruzándose de brazos molesto. "No es cuestión de ser gay o no; ya he dicho que estoy dispuesto a hacer cualquier cosa. A estas alturas, ya lo que se me pida a cambio de encontrar a mi madre me da exactamente lo mismo... Sólo te pido que no juegues conmigo. Por lo que más quieras. Podré ser muy paciente, pero mi paciencia tiene un límite. Te lo pregunto otra vez¿De verdad quieres el beso?"

Y a una pregunta directa, una respuesta directa.
"Sí" dijo Lucien sin dudarlo, volviendo a fijarse en los ojos azules de Franz para luego morderse el labio por lo fácil que había sido cogerlo esa vez en su mentira, sintiéndose incapaz de esconder sus intenciones al chico rubio como podía hacerlo con todo el resto del mundo, "Y no jugaría contigo... Nunca"

De nuevo se hizo el silencio, con el enfado de Franz disipándose mientras daba paso de nuevo a la conmoción. Eso sí que se lo había dicho de verdad. Estaba seguro.

Después de un rato pensativo, con todo lo que había pasado aquél día y las últimas palabras que Lucien le acababa de decir en la mente, tomó una decisión. Asintió con la cabeza, con el semblante grave, pero a pesar de todo con los nervios y la incomodidad burbujeándole en su interior.

"Très bien..." Se descruzó de brazos y se acercó otro poco a él. Había dado su palabra, y ya no podía echarse atrás; un beso no era nada comparado con toda la enormidad de una búsqueda como la que pretendía emprender, y si era un beso lo que quería, se lo iba a dar. Y para que viera que su resolución era completa, lo haría... en ese mismo instante.

Sin embargo, existía un problema. En verdad, existían varios.

Aquél sería en verdad su primer beso. Y lo iba a entregar. Voluntariamente(o casi, ya que su determinación, por más sincera que fuera, estaba un poco forzada al fin y al cabo). Con un chico. Con su amigo. Y no sólo era eso, sino que además le había pedido un beso de verdad... Según Lucien en sus propias palabras, los besos de verdad se daban 'con todo el cuerpo inmiscuido'. Y él, que era del todo novato para esos temas, no tenía ni la más remota idea de cómo era que se daba un beso con todo el cuerpo inmiscuido. Estaba comenzando a sudar, las manos le temblaban, y temía que su nerviosismo acabase de empeorarlo todo y que acabara aquello siendo un desastre y más traumático todavía para él.

Pero lo había prometido. Y como caballero que era, iba a cumplir su promesa. Con todas las consecuencias.

Tomó mucho aire para intentar calmarse; mientras lo soltaba, acercó una de sus manos(que a juzgar por cómo temblaban, casi parecía que padeciera el mal de Parkinson) al mentón del chico de gorra para levantárselo y acercárselo hacia sí, entre tanto él mismo se acercaba otro poco, tragando saliva y mirándole a la cara todavía muy serio y con un sonrojo progresivo en sus mejillas. Su rostro poco a poco acortaba distancias con el de él, y a más cerca que estaba, más nervioso que se ponía Franz.

Sólo es un beso, sólo es un beso... no es como si fueras a... Mierda, eso no es precisamente lo más adecuado para pensar ahora mismo... Dijo que no era necesario sentirlo... Sólo será un momento y habrá pasado. Vamos... Ahora cierra los ojos...
Incluso los labios, que había entreabierto mientras se acercaba, estaban trémulos, y el corazón le volvía a latir inquieto en el pecho...

Y entonces... Todo se detuvo.

Lucien cogió la mano de Franz apartándola de su barbilla mientras él mismo se echaba hacia atrás, tomando distancia a pesar de haber estado a punto de ceder al deseo de acercarse un poco más hasta encontrarse con esos labios que lo llamaban con tanta fuerza, cerrando los ojos y bajando la cara para no verlo, porque sabía que sería mucho menos difícil de esa forma, que no podría contenerse nuevamente si volvía a ver esos ojos tan cerca.
"No..." dijo finalmente luego de tragar saliva con algo de dificultad, "Te dije que quería un beso como pago y aún no he hecho nada por encontrar a tu madre... Y también te dije que no era necesario, sólo quiero creer que lo harás algún día... "
Suspiró largamente mientras se apartaba un poco de él, bajando su mirada a las hojas a medio escribir para continuar con aquello, ignorando lo que pudiese estar pasando por la mente de Franz.

Y lo cierto era que Franz en ese momento no pensaba. No estaba seguro de qué pensar.
Bajó la mano que había levantado y se enderezó entre que él también tomaba distancia, dirigiendo la vista al piano. La cara aún le ardía de vergüenza y podía sentir su corazón bombeando con fuerza. No podía creerse lo que había estado a punto de hacer.
"Ya... sí... perdona..." murmuró después de un silencio incómodo, fijando la vista en sus partituras para continuar ordenándolas. "Lo siento..."
Se sentía abochornado, confundido, tenso, y también un poco humillado luego que podía rumiar con más detenimiento lo que acababa de ocurrir. Iba a haberle dicho algo más, pero en ese momento no se sentía capaz, y tampoco sabía muy bien el qué decirle. Sólo había querido demostrarle que en verdad estaba dispuesto a hacer cualquier cosa, y como tampoco le había especificado si querría el beso en ese momento o después se había lanzado... eso era lo que podía racionalizar de lo ocurrido, pese a que había sido una acción completamente impulsiva. Impropia de él. Sin embargo, parecía que aquél chico conseguía, de alguna manera, hacerle desinhibirse, olvidarse de sus maneras y de las contenciones que él mismo se imponía, del pensar antes de actuar. Prueba de ello era las múltiples veces que había dejado de lado su carácter calmado y pasivo a causa de una acción suya hasta ese mismo momento. Se preguntaba por qué era así. Rara era la vez que perdía las formas; nadie hasta entonces había conseguido sacarle verdaderamente de sus casillas. ¿Y por qué él sí podía, sin apenas esfuerzo?

El caso era que ahí iba otro intento de beso fallido para él. A ver si iba a resultar realmente que estaba gafado...

"No tienes que disculparte" le dijo Lucien al levantar los ojos de sus papeles y con un leve tono sonrosado en las mejillas que le desentonaba mucho, "No has hecho nada malo, pero supongo que querrás practicar con alguna chica linda antes en vez de darme tu famoso primer beso a mi ¿No?" Sonrió y terminó de escribir uno de los pergaminos para luego abrir el siguiente y finalmente mirar a Franz, aún bastante nervioso pero ya más tranquilo. "Sigamos mejor con lo de tu madre ¿Si?"

El rubio le miró de reojo, dejando los papeles que tenía entre manos sobre el piano para, de nuevo, esbozar una sonrisa, a pesar de lo incómodo que se sentía todavía.
"Sí, me parece mejor...", apoyó.
Definitivamente, era mejor dejar eso de lado. No podía dejar que una cosa así afectara a su amistad...
Porque seguían siendo amigos... Eso suponía. Después de lo último que acababa de pasar, tenía la impresión de que Lucien le estaba mirando con otros ojos. Pero lo hecho estaba hecho, y para los dos era preferible no seguir dándole vueltas al tema. Podría acabar siendo catastrófico...
"Vamos a ver... me habías dicho que necesitabas más datos de ella..." Se ordenó una vez más el cabello con la mano, mientras alzaba la mirada al techo pensativo, tratando de evocar todo lo posible acerca de su madre, todos los recuerdos que tenía de ella cuando era pequeño. "Ella es enfermera... en París trabajaba en un colegio de enseñanza primaria... así que supongo que debe seguir trabajando de lo mismo esté donde esté ahora... tenía una hermana mayor... la tía Juliette, y también estaban mis abuelos maternos, que no sé si siguen vivos... creo que sí. Mh... No era muy alta. Mediría alrededor de 1,60 y pico, tenía el pelo muy largo... y rubio, y ondulado... Olía muy bien... A lavanda silvestre..." Sonrió, levemente más relajado al evocar su aspecto físico... Aunque ciertos detalles que se le venían a la memoria no eran muy válidos para una búsqueda como aquella, sin embargo Lucien tomaba nota de cada uno de ellos. "Y tenía los ojos azules, y las manos pequeñas y suaves, y siempre sonreía, siempre... era muy guapa..." Se remangó la manga izquierda, levantando la muñeca de donde colgaba aquél brazalete que llevaba consigo. "Ah sí, y esto me lo dio ella... No sé si valdrá de algo para ésto, pero..."

"Uhmm..."murmuró el chico de gorra, tomando su mano para observar mejor ese brazalete, sobre todo aquel cuarzo que colgaba de él que se le asemejaba más a un trozo de hielo, "Pues la verdad no mucho a menos..." Dejó a frase a medio terminar en cuanto un escalofrío le recorrió la espalda por el sólo contacto de esa piel tan suave y fresca. Terminó levantando la mirada hacia Franz, mordiéndose un poco los labios en un gesto que comenzaba a hacerse habitual en él, "¿Y si... Practicamos lo de...? Ehm..."
De inmediato le soltó la mano, carraspeando y girando los ojos por el salón.
"Nada... Así que te pareces a tu madre ¿Cierto?"

Franz se le quedó mirando con consternación de nuevo y con el nerviosismo volviéndole a aflorar. También a él le había dado una especie de descarga eléctrica cuando él le había cogido la mano, y no sabía muy bien cómo interpretar eso.

"Eh... podría decirse que sí... algo... un poco...", balbució, bajando la mano. Carraspeó para componerse un poco. No podía comportarse así, menos después de lo que había pasado... "Oye... ¿a menos que qué?", quiso saber, intrigado.

"A menos que fuese un CSI o algo por ese estilo, cosa que sin laboratorios no puedo ser" respondió Lucien encogiéndose de hombros, porque no le veía el caso de tratar de rastrear de donde podría haber salido el amuleto que llevaba Franz si con lo que le habia dicho de su madre ya podría empezar a trabajar en su pista.
Suspiró y guardó aquellos papeles dentro de su libro negro, quedándose en silencio contemplativo un momento hasta que finalmente se giró hacia Franz, con actitud decidida y dispuesto a terminar con todo ese ambiente.
"Mira, tú me gustas ¿Sí?" le dijo sin previo aviso y con esa asombrosa capacidad que tenía para romper cualquier tipo de momento con sus palabras, "Te comería a besos y quién sabe qué más... Bueno, yo sé qué más te haría pero dudo que quieras saberlo... -Ehem- El asunto es que da igual, me caes bien y prefiero tenerte de amigo a que seas un polvo más y luego nada, que es como suele funcionar esto, así que lo olvido y ya ¿Sí?... ¿Te parece?"

Silencio incómodo otra vez. La expresión que tenía la cara de Franz en esos momentos no era posible describirse con palabras; sobraba decir que el sonrojo le había vuelto al rostro y que parpadeaba cada cinco segundos, algo incrédulo pese a que sus sospechas infundadas resultaban ser correctas. Vale... sí... ¿Y cómo se supone que debo digerir ésto...?
"Ehm... Ya... Vale... No sé... No sé a qué ha venido esto... pero vamos, me parece... claro que me parece bien... " Se echó a reír, forzado y bastante nervioso mientras desviaba la vista de nuevo. Suspiró mientras volvía poco a poco a su serenidad y le hablaba de vuelta, serio. "Escucha... tú eres el único amigo que tengo ahora... Esto me parece muy violento, así que yo preferiría que simplemente dejases estar el tema... ¿Vale?" Se giró a verle, y de nuevo le sonrió. "No sabes cuánto te agradezco que estés haciendo esto por mí. Lo de mi madre... Estoy muy endeudado contigo..."

Al menos se lo había tomado con calma en lugar de estallar, algo que Lucien agradeció en silencio con una simple sonrisa.
"Es lo que hacen los amigos¿No?" dijo de vuelta mientras se encogía de hombros para luego comenzar a tamborilear sus dedos sobre la tapa del piano para finalmente agregar, "No te preocupes, se me pasa luego... Nunca me gusta nadie por más de un par de días... Y ya no digo más"

Y con eso dió por finalizado su parte del tema.

Suspiró y se guardó su libro de vuelta entre su ropa.
"Bien... me pondré a trabajar en esto en seguida" dijo en un tono mucho más serio mientras se ponía de pie, "Si todo sale bien para mañana ya podría tener algún avance..."

"¿Tan pronto?" Franz abrió los ojos muy sorprendido. "Vaya..."
Sonrió un poco más, mientras desviaba ligeramente la mirada a la muñeca de su brazalete. Parecía que en verdad iba a poder ver pronto a su madre, por fin... Después de tanto tiempo sin encontrar resultados de ningún tipo sobre la búsqueda que emprendía él cada año. Tenía mucho que agradecerle a Lucien en verdad... aun cuando la situación aquella de que Lucien se le hubiera... declarado, por decirlo de algun modo, no dejase de parecerle embarazosa. Aún así, él prefería ignorar eso, como si no le hubiera dicho nada en absoluto.
Era mejor así. No estaba preparado para otra cosa que no fuese una amistad. Y quién sabía si realmente estaba preparado para tener una amistad verdadera, como era lo que él había pretendido desde un principio...

"Bueno... Y con una cosa y con otra, ya se me ha pasado el tiempo de estar aquí... o eso creo", cambió el tema, mirando su otra muñeca para consultar la hora. "Sí, ya son las ocho... Será mejor que nos vayamos de aquí."Recogió el resto de las partituras y se levantó de la banqueta de piano, haciendo ademán de irse.

Aquél había sido un día muy raro.