No hay boli sin holi... digo! Holi Boli! :D como siempre, me demoro 500 años pero acá estoy, empezamos la ronda de nuevo con Kalijah 3
Capítulo 7: Un problema
Katherine
Club Escondido, New York
No podía decir que estaba incómoda porque no era cierto. Bueno, incómoda del todo no estaba… pero había algo extraño en todo eso. Para empezar aún no entendía cómo es que aceptó salir con Elijah. Porque eso era una especie de cita o lo que sea, y no debió… en verdad que no debió. Tenía claro que no lo estaba haciendo por Esther, claro que no. Aunque esta le haya pedido que se acerque a su familia y le informe de todo, aunque esa bruja hubiera sugerido a Elijah como blanco. Sólo pensar en eso le dio un repentino arranque de rabia que supo disimular bien tomándose su cóctel de un solo golpe.
- Tranquila con eso – le dijo Elijah cuando se dio cuenta que casi se atora. No lo dijo en tono de reproche, hasta pareció algo preocupado… algo. Y mostró su encantadora sonrisa, esa que la había hecho enamorarse perdidamente de él tantos años atrás. Y eso lejos de calmarla volvió a darle rabia ¿Por qué su madre lo había sugerido a él? Podría tener mil años, pero para ella siempre iba a ser el más puro de ese grupo de hermanos desalmados. Si, podía ser un asesino duro y despiadado si quería, y aún así ella no conseguiría verlo como un miserable. Pero quizá debería… si, quizá debería hacerlo ¿Y por qué? Porque él nunca le dijo con todas sus letras que la amaba, porque no se atrevió a hacerlo ¿O no debería odiarse a ella misma por no haber tenido la iniciativa? Bueno Katerina, eran otros tiempos… incluso tenía tanto miedo de la fuerza del amor que sentía que casi no se atrevía expresarlo en voz alta, le bastaba con sentirlo – ¿estás bien? – le preguntó con voz suave y buscando su mirada.
- Perfectamente – contestó sonriente, quien sabe de dónde salió esa sonrisa. Y bueno Katerina, aquí estamos otra vez, con Elijah…. Nuestro, ¡perdón! Tu amor. Porque ella ya no era esa chica de antes, no lo era, no volvería a serlo ni tampoco quería. Era Katherine, Katherine Pierce. Y la chica de ahora no se andaba con tonterías ni con sentimentalismos.
Porque ahora era mala. Mala y fuerte, a ella nadie la dañaba. Nadie la iba a dañar jamás, ni siquiera él que ya le había causado tantos daños ¿Debería odiarlo? Seguro que si… pero no podía hacerlo, por más que hubiera querido no podía. Elijah buscaba su mirada y ella la evitó por un instante ¿Qué iba hacer ahora? Estar con él era un error, un terrible error. El pasado… ese maravilloso pasado que pudieron juntos, todas esas ilusiones que alguna vez tuvo jamás podrían realizarse ¿Para qué ilusionarse? ¿Para que fingir que todo estaba bien? Bueno, ella misma lo había dicho. Así no dolía. Pero estar a su lado y recordar todo el pasado, recordar el sufrimiento, recordar sus años de soledad… y pensar que estaba haciendo justo lo que Esther le pidió sin querer la atormentaba. Tenía dos opciones, largarse de una buena vez y dejar todo ahí… o quedarse a su lado aquella noche. Y la segunda opción abría dos opciones más… si se quedaba,¿ le iba a decir aquello que sentía y que estaba oculto en su corazón? O sólo iba a ser Katherine? Divertirse y olvidarse del ayer, divertirse como si no hubiera mañana. Sin duda esa opción era la mejor.
- ¿Segura? – preguntó él de nuevo mirando alrededor. Tampoco es que el lugar fuera de su estilo… en realidad ni siquiera sabía cuál era el estilo actual de Elijah pero no era necesario, sólo con verlo bastaba. Y ese club al que lo había llevado no era lugar para él. Katherine si se divertía bien ahí, habían vampiros… vampiros muy simpáticos que servían para tener buen sexo, habían presas decentes y todo con la máxima discreción. Tenía ganas de ir para allá y él se ofreció a acompañarla, había sido su elección después de todo.
- Sólo me atoré, nada más… este cóctel es mi favorito – la música. La música era otro problema. Ella era una vampira muy adaptable, cada época y estilo, cada moda le sentaba bien y le gustaba acomodarse, era divertido. Y aunque obviamente él también se adaptaba, definitivamente lo suyo debía de ser lo clásico. Hasta le pareció ver el típico gesto de desagrado que hacen los hombres mayores cuando escuchan esa "horrorosa música de jóvenes". Pero ahí estaba, soportando aquello, aguantando… todo por hacerle compañía. Detectó a tiempo aquel extraño sentimiento… aquello que llaman sentirse "en las nubes". Y en cuanto lo detectó se bajó inmediatamente. Tenía que luchar contra eso, tenía que aceptarlo de una buena vez. Fue bueno… fue muy bueno mientras duró en aquel entonces, pero ya no podía, ya no por favor. Tenía que sacarse eso de la cabeza.
Fue entonces que lo comprendió… ese Elijah era peligroso. Muy peligroso para ella. La hacía flaquear, la hacía pensar y recordar el pasado, el pasado donde ella era feliz y estaba llena de ilusiones. Y no quería, quería mantener la compostura y ser fuerte para no caer en la trampa. Respiró hondo, ya no podía seguir pensando en esas cosas… tenía que relajarse, sonreír, bailar, beber. Para algo estaba ahí, ¿no?
- Estoy un poco nerviosa, nada más… - dijo ella – es sólo que… olvídalo, tonterías mías.
- No son tonterías. Katherine, si te sientes incómoda yo…
- No, no… nada de eso. Estoy bien. Creo que tú eres el incómodo, ¿qué te pasa Elijah? ¿Te has oxidado o algo así? – bromeó. Él le sonrió ¡Mierda! ¿Por qué Elijah tenía que ser tan lindo?
- Nada de eso, es sólo que… - bajó la mirada y rió por lo bajo – no me lo vas a creer, pero nunca había venido a uno de estos sitios, al menos no en esta época.
- No sé porque no me sorprende – volvió a bromear – me imaginó que hubieras preferido ir a Broadway o algo parecido.
- Eso no importa, te dije que te iba a acompañar, ¿no? Hoy tú decides, se hará lo que tú quieras.
- ¿En serio? – dijo con una sonrisa coqueta y mirándolo fijamente a los ojos. Elijah se quedó mirándola un instante y pronto también correspondió la sonrisa. Y entonces Katherine lo supo… ¡eso! ¡Era eso! Seducirlo, pasarla bien con él. Esa iba a ser la única manera de sacarse esos sentimentalismos dela cabeza. Un buen revolcón con Elijah, una buena sesión de sexo a su manera. Sin asco, sin sentimientos. Sexo frio, sin nada. Así le iba a demostrar que no lo quería, que el pasado no iba a volver jamás. No sólo para demostrárselo a él, sino también a sí misma. Tenía que convencerse de que no quería más nada con él, que ya esa época había pasado. Y lo iba tentar, lo iba a seducir ¿Un gran caballero era? Pues iba a sacar el lado más sucio de él. Lo iba a usar y luego desechar como lo había hecho con tantos otros. Si, ese era el único método.
- En serio – decía sonriente. Así que lo que ella quisiera, ¿no? Pues era hora de alocarse un poco.
- Que conste,¿ eh? Tú lo has dicho – antes de que proteste, antes de que se arrepienta… antes de que el corazón le ganara, antes de que la razón la dejara pensar con claridad… antes de todo aquello se dejó ganar por los instintos. Lo tomó del brazo y él fue tan dócil… simplemente se dejó arrastrar por ella hasta el centro de la pista.
Y así avanzó junto con Elijah a la zona de baile. Las luces apenas permitían ver su expresión, y quizá era mejor así. Quizá era mejor no ver su decepción cuando Elijah note como su tierna Katerina se transformaba en la típica zorra de un club que bailaba de una manera tan arrebatada que pareciera que quisiera hacerlo ahí mismo. Cerró los ojos y decidió olvidarse del mundo. La música sonaba, una música bastante candente y sensual, una buena mezcla de ese magnífico DJ de electrónica que la hacía tan hipnotizante y pegajosa que podría embrujar a cualquier. Le bastó con cerrar los ojos y se dejó llevar por la música. Su cuerpo se movía solo, ni siquiera tenía que esforzarse por parecer sexy porque ya lo era, toda ella despedía sensualidad. Lo sabía, sabía cómo bailaba, se lo habían dicho. Ella podía ser la reina de la noche si quería.
Ya no tenía porque importarle nada, sólo disfrutar… disfrutar y disfrutar. Nada más. Olvidarse que la persona que tenía al frente había sido su gran amor en el pasado y tratarlo como si fuera uno más. Esa era la solución a sus problemas, no tenía siquiera porque sentirse culpable, no estaba haciendo nada malo… sólo estaba siendo ella misma. Y le gustaba ser ella misma, cuanto amaba ser así. Abrió los ojos, no tenía de que avergonzarse. Elijah no bailaba, sólo la miraba moverse de pies a cabeza con una sonrisa en el rostro, se dedicaba sólo a mirarla embelesado. Claro, cualquiera que la viera disfrutaría de ese espectáculo. Pero esa no era la idea, la idea era unirlo al juego también.
Sin pensarlo se pegó a él de espaldas y comenzó a moverse lenta y sensualmente al ritmo de la música. No bastaba con provocarlo, ella también quería disfrutarlo un poco. ¿Un poco? no, no… quería disfrutarlo mucho. Se pegó a su cuerpo, quería sentirlo todo como jamás lo había sentido. De hecho creía que ni aún en los tiempos de que su amor estaba en apogeo (por así decirlo) habían estado tan cerca… sintiendo su pecho firme y otras partes más provocativas. Katherine no sabía si lo estaba disfrutando, pero supuso que si… quién no disfrutaría algo así. Tomó las manos de Elijah y las posó en sus caderas, quería que la sintiera más y más. Disfrutar, de eso se trataba. La música, el ambiente, todo se prestaba para eso. Ya no había lugar para sentimientos. Esa noche Elijah tenía que entender que no había lugar para una segunda oportunidad. Ella también tenía que hacérselo entender a su otra yo, a la enamoradiza y humana Katerina que luchaba por salir a cada momento.
Giró un poco su rostro, buscando la mirada de Elijah. En el fondo se moría por ver sus ojos observándola con deseo, quería saber que lo había logrado. Y cuando sus ojos se encontraron fue como si una especie de corriente eléctrica corriera por todo su cuerpo. Si, estaba esa mirada deseosa… pero había algo más. ¿Acaso su expresión no se parecía a la de antes? ¿Acaso esa no era lo expresión de su Elijah? ¿El Elijah de Katerina Petrova? Se sintió estremecer. Eso no era lo que quería. ¿O tal vez si? No lo sabía en realidad. La música estaba en su mejor momento y ella sólo bailaba. Se dio la vuelta y volvieron a quedar frente a frente. Enredó sus brazos en su cuello y se quedó mirándolo frente a frente. Podía respirar su aliento, podía besarlo si quería en ese momento. Y descartó la idea de inmediato. Un beso…. Bueno, eso sería demasiado. Quizá si lo hiciera terminaría en las nubes otra vez. Había otra manera de tentarlo. Sus movimientos se hacían cada vez más y más candentes… no había ser en el planeta que se pueda resistir a eso, después de todo era un vampiro cuyos sentidos estaban al máximo.
Oh si… él también se dejaba llevar poco a poco, estaba cayendo en su trampa. O eso creyó un instante. Tenía que ser más arriesgada. La idea del beso volvió a aparecer. No tenía porque dejarse llevar por sus sentimientos, ni siquiera tenía porque acostarse con él para demostrar que no sentía nada. Bastaba con que lo bese en ese momento como si no le importar en absoluto para que todo quede bien claro. Así que aprovechó ese momento y sin pensarlo más unió sus labios a los de él. "No es Elijah", se mentalizó para así no caer. "Es otro… ¡es un tipo cualquiera!". Y fue ella quien empezó a besarlo con ansias, con cierta pasión, con lujuria… mordió sus labios y se separó un poco para mirarlo a los ojos. Él estaba sorprendido, se notaba en su mirada. Pero la sorpresa pasó rápido, ahora fue él mismo quien la besó. Y lo hizo con ardor, con pasión, con locura. Jamás imagino que su tan lindo y correcto Elijah fuera capaz de besar así. Y le gustaba, se sentía consumida por esos labios, sentía que no quería separarse de ellos nunca más.
¿Era ella quien había caído entonces? Al parecer sí. Fue una tonta al pensar que podía tenderle una trampa a Elijah cuando había bastado con ese beso para hacerla temblar de pies a cabeza. Su corazón empezó a latir aceleradamente y entonces supo que no podía seguir con eso, que ya había sido suficiente. Intentó no ser brusca, pero se separó de él inmediatamente. Bueno, al final si fue un poco brusca… él se dio cuenta.
- Kath… - no lo dejó continuar. Le sonrió seductoramente y lo calló con otro ardiente beso. Se quedaba sin aliento, pero no importaba. Sólo deseaba más y más, tenía que recuperar el control de la situación. Se pegó aún más a él, quería que sienta sus formas… quería que sienta lo caliente que la había puesto. Rozó con discreción su entrepierna, ahí donde el cualquier hombre es más sensible. Lo hizo fingiendo que fue un accidente, pero le agradó hacerlo. Así sentía que tan excitado estaba… y le gustó saberlo.
- ¿Quieres hacerlo? – susurró a su oído con sensualidad. Él no dijo nada, pero no necesitó de palabras. La aferró más a su cuerpo y volvieron a besarse. Estaba al límite, todo su cuerpo le exigía más de él, quería sentirlo en su interior. Ella también moría de deseo ahora, no tenía que fingir. Eso era lo que quería, eso era lo que había buscado.
- Katherine… - dijo ahora si al separarse un poco de ella. Quería decirle algo, lo notaba. Había cierta urgencia en su mirada, lo que sea que quisiera decirle era algo importante. Y ella no lo iba a dejar hablar, las palabras iban a arruinar ese momento. Colocó un dedo sobre sus labios para callarlo.
- No digas nada… - le dijo luego al oído. Era la única manera de que lo escuchara con esa música sonando tan fuerte. Pero entonces él tomó su mano con delicadeza y posó un beso en ella.
Ese gesto… ese simple y tierno gesto terminó por derrumbarla. Se quedó una pieza, paralizada. Elijah no tuvo que decir ni una sola palabra… eso, eso nada más había bastado. Porque Elijah solía hacer exactamente lo mismo todos los días cuando se veían en aquel entonces. La miraba de esa manera, lleno de ternura y amor para darle… embelesado con ella. Tomaba su mano y la besaba dulcemente, recordó todos esos momentos… cuando ella enrojecía, cuando automáticamente una sonrisa se formaba en su rostro y su corazón empezaba a latir como nunca. Era eso, era como si el momento se repitiera. Una oleada de emociones intensas la invadió. No podía permitírselo… no podía de verdad.
Apartó su mano rápidamente y se alejó de él de inmediato. Elijah la seguía mirando con esos ojos que le recordaban el pasado. Sacudió la cabeza. ¡No… no y no! Eso ya no podía ser, tenía que aceptarlo. Quizá no lo odiara por lo que pasó, pero una cosa si tenía bien claro. Nunca lo iba a perdonar, su corazón jamás iba a dejar de sangrar por esas heridas, por lo que le provocó su ausencia, la persecución, la traición. ¡No! Nunca pero nunca lo iba a perdonar. Jamás. Por más que lo quisiera (porque se daba cuenta que era así de pronto) por más que se esforzaran jamás iba a superar eso. Y tampoco quería hacerlo. Prácticamente lo echó a un lado, empujó a todo aquel que se atravesaba en su camino y salió de ahí como pudo. Se alejó de ese lugar, huyó como una cobarde, como lo había hecho toda su vida desde que esos Mikaelson se cruzaron en su maldito camino. Esa idea le dio aún más rabia. Tenía que irse y no volver a verlo nunca, nunca más.
- Katerina – él apareció de pronto delante de ella, ¿tan rápido había sido? La alcanzó casi de inmediato – yo, quiero decirte que…
- ¡No me digas nada! – exclamó furiosa – ¡déjame en paz! Aléjate de mi, ¿entendido? Salió tan rápido como pudo a la máxima velocidad. Lo último que vio fueron los ojos de Elijah llenos de esa mirada. No podía soportarlo.
Huyó si, huyó como siempre. Después de todo ese club donde llevó a Elijah no era su único refugio de diversión. Habían otros donde podría embriagarse y pasarla de lo lindo. E intentar alejar a ese vampiro de su cabeza de una buena vez.
En serio los amaba T_T
