¡Que Viva Nicaragua!

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Capítulo 7

"¿Y qué le compraste a Flora?" Elsa golpeó el botón mudo en el control remoto y giró su cabeza para mirar a su compañera. ¿Oh, vamos a intentar esto otra vez? "Un regalo." La esquina de su boca se encrespó en una burlona sonrisa.

"Vamos, dime, ¿por favor?" Anna le dio su mejor mirada de cachorrito. "No lo diré, lo prometo."

"Ya te dije... un regalo." Ella lanzó una palomita de maíz en el aire y lo atrapó en su boca.

"Ahora ¿pensé que querías ver ese programa?"

"Quiero, pero deseo saber lo que compraste también. Una pista."

Elsa fingió considerar la petición por un momento antes de sonreír malignamente con una diabólica mirada en sus ojos.

"No es algo que Flora pueda salir y comprarse. Así como así."

"Esa es una podrida pista," Anna se quejó, intentando coger su taza.

'Eres tan linda cuando haces berrinches'. Ella alcanzó la taza primero y se levantó. "Ah, vacía. ¿Quieres más?"

"No, he tenido bastante chocolate caliente por esta noche. Más y estaré levantada a la mitad de la noche." Le tendió su mano. "Vamos, siéntate y relájate. Te estás perdiendote el programa."

"¿Quieres la bandeja de los aperitivos arriba o abajo?"

"Arriba. No la necesitaremos más," Anna contestó.

"Seguro, no hay problema." Elsa cumplió inmediatamente, sabiendo que la bandeja de los aperitivos subida era un preludio para algo más agradable que ver un programa de televisión. Dejó la taza vacía en la mesa del café y volvió a su cojín, esta vez con sus pies arriba y descansando entre ellas.

"Oooh," hizo un gemido exagerado y meneó los dedos del pie.

"¿Te duelen tus pies?" Anna preguntó.

"Nada peor que lo habitual," contestó. 'Ah, si... tú sabes lo que deseo', pensó para si cuando sintió que sus pies fueron colocados en el regazo de Anna. 'Espero que tus dedos no estén cansados esta noche'. Levantó su talón en respuesta al suave tirón sobre su calcetín. Pronto estaba descalza y los diestros dedos de Anna borraron los dolores del día y no tuvo alternativa excepto gemir con placer. "Tú haces eso taaann bien..."

"Es fácil contigo. Sé justo dónde empujar y frotar." Anna demostró su habilidad presionando su pulgar firmemente a través del arco del pie izquierdo de Elsa.

"Mmm, tú puedes parar en... oh siete u ocho horas." Cerró los ojos y suspiró. 'Esto es tan agradable'.

"O quizá pare si no me dices que regalo le compraste a Flora." Sus dedos se aquietaron como si llevaran a cabo su amenaza.

"Tú tienes un difícil trato," Elsa admitió. "No es mucho, solo un boleto de avión."

"¿Un boleto de avión? ¿Para dónde?"

"Arizona."

"Es donde está su hijo," Anna recordó.

"Ella no lo ha visto en más de un año. Pensé que a ella le gustaría hacer un viaje para visitarlo." Levantó una ceja. "Así ¿qué vas a continuar?" Enfatizó su punto meneando los dedos del pie.

Anna rió y continuó el masaje. Había llegado a ser un tácito ritual entre ellas. Elsa gemiría acerca de sus pies y ella inmediatamente ofrecería frotarlos. Ellas podrían pasar horas en el sofá así, Anna sentada en una reclinada posición con sus piernas rectas y Elsa acostada a lo largo del sofá con sus pies siendo mimados. La mujer más joven únicamente daba un vistazo en lo que pasaba en la televisión cuando su atención se enfocaba en la suave carne bajo sus dedos.

Anna tomó especial placer en el masaje a los pies de Elsa. Con la excepción del abrazo en la noche era el único contacto físico que ellas generalmente compartían. No podía explicar por qué, pero la hacía sonreír oír los gemidos hedonistas venir de los labios de su amiga en reacción a sus dedos. Con todo el estrés sobre la auditoria y Hans no hablando a nadie excepto a su madre, los masajes eran una de las pocas cosas que traían una sonrisa a la cara de Elsa, y esa sonrisa era algo que Anna trataba de ver en cada oportunidad.

Bajó la mirada y estudió el pie ante ella. La suave piel de bebé no revelaba absolutamente ningún callo en la parte más ancha del talón. Dejó sus yemas deslizarse sobre la suavidad de los dedos del pie al tobillo antes de mover sus pulgares hacia atrás para dar un fuerte masaje. Anna presionó con un poco más fuerza de lo acostumbrado y fue recompensada con un gemido que oscilaba sobre el borde de lo sensual. Repitió el movimiento pero únicamente recibió una versión menor del deseado sonido. Impávida, soltó el pie de Elsa y tiró del otro en su agarre.

"Sabes, cuando salga de estos moldes te daré un masaje de espalda que no se te olvidará."

"Mmmm..." Una lenta, sexy sonrisa cruzó los labios de Elsa y abrió un ojo perezosamente.

"Eres demasiado buena para estar desperdiciada en un trabajo de oficina. Pienso que cambiaré tu puesto a Jefe Masajista."

"Uh huh... ¿conseguiré un aumento de sueldo con ese nuevo título?"

"Tú mantente tocándome así y te pagaré lo que quieras." Los ojos de Elsa se cerraron otra vez mientras los dedos de Anna presionaban en todos los lugares correctos.

"Recordaré eso," la mujer más joven contestó, su mente viajando en pensamientos teniendo la fuerte espalda de Elsa bajo sus dedos en el futuro. 'Hmm, un poco de aceite, un agradable día de verano... tú rodada sobre tu estómago y sin los tirantes de tu bikini...' sus dedos pararon el movimiento y sacudió su cabeza para despejar los inusuales pensamientos. Sí, disfrutaba tocando a Elsa, ¿pero así? Dio una risa corta y se concentró en lo que estaba haciendo.

"¿Qué es tan divertido?" Elsa preguntó, abriendo un ojo y bajando la mirada en su amiga.

"Oh, nada... solo algo en Home Improvement. Él realmente es una amenaza alrededor de las herramientas, ¿no es así?"

"¿Hm?" Oh, ¿es eso lo que estamos viendo?

"Uh, sí." Detectó que allí había más en eso que Anna no reveló.

Pensó solo brevemente acerca de decir algo pero el masaje comenzó otra vez y Elsa cerró los ojos, entregándose al suave tacto. Ellas permanecieron en esa posición durante la siguiente hora, ambas silenciosamente disfrutando de lo que comenzaba como un masaje y se tornaba en ligeras caricias. La feliz y pacífica escena fue rota un momento más tarde cuando el teléfono sonó.

"Maldición." Elsa renuentemente se incorporó. "Si esa es una de esas gentes de MCI yo iré a matarlos." Sus dedos del pie sintieron frío donde apenas segundos antes ellos habían sido sostenidos en las suaves, cálidas manos de Anna. Se metió en la cocina y tomó el teléfono."Residencia Winter." Comenzó a caminar nuevamente dentro de la sala de estar, teléfono

en mano, cuando paró. "¿Cuándo pasó eso? Bien, ¿ellos capturaron a alguien?" Caminó dentro de la vista de Anna. "¿Es la que esta en Central? Sí, te encontraré allí en una media hora. Ok, adiós Giselle ." Colgó el teléfono y meneó su cabeza.

"¿Elsa?"

"Increíble." Se hundió sobre el sofá y soltó una larga respiración. "Alguien allanó la oficina esta noche."

"Oh no. Espero que no haya nadie lastimado."

"Giselle no dijo nada acerca de eso. La policía capturó al individuo, sin embargo." Elsa tuvo que sonreír internamente. La primera cosa que sale de su boca es la preocupación por otros. 'Mi primera preocupación fue si algo fue robado. Esto era sin embargo otro ejemplo de las pequeñas cosas sobre Anna que encontraba tan tiernas'. "Tengo que encontrar a Giselle en la estación de policía. Ellos capturaron a uno de los ladrones." Renuentemente se levantó. "Vamos a llevarte a tu cuarto antes de irme." Ayudó a Anna a ponerla nuevamente en su silla y pronto estaba la joven mujer instalada en la cama. "Mejor me voy," dijo cuando bajó la mirada en los suaves turquesa ojos y sintió la irreprimible necesidad de abrazarla. 'Ah, al infierno con eso'. Se inclinó rápidamente y envolvió sus largos brazos alrededor de los hombros de Anna. "Te llamaré si se me hace tarde." Sonrió cuando sintió su apretón devuelto.

"Ten cuidado. Está nevando," la joven mujer dijo una vez que se separaron.

"Lo tendré."

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Elsa llegó a la estación de policía primero y habló con el sargento de la noche que la dirigió a uno de los detectives. Volvió al pasillo varios minutos después, a punto de estallar de cólera por la información que el oficial la había dado.

Giselle y Jack descendieron por el pasillo, sacudiéndose la nieve de sus chaquetas. "Fui a la oficina. Tú no creerás esto. Ellos habían levantado esa cinta amarilla y tu oficina parece que un Buldózer llegó a ésta," la pelirroja dijo mientras colgaba su chaqueta en el cercano estante. "Parece que ellos intentaban meterse en la caja fuerte."

"Él fue." Elsa contestó tranquilamente. "Supongo que fue una buena cosa que cambiara la combinación la semana pasada, ¿huh?" A la mirada confundida de su hermana, asintió y continuó. "Eso es, Giselle . Adelante y adivina quién allanó las oficinas e intentó robarnos, de nuestra ¡FAMILIA!" Su elevación de la voz atrajo la atención de varios oficiales cerca, forzando a Elsa hablar a con los dientes apretados en un intento de mantener su cólera en control. "El hijo prodigo está abajo en la cárcel ahora. Probablemente están tomándole las huellas dactilares y presentándole a sus nuevos compañeros por los próximos cinco a diez años." No hizo ningún intento de ocultar la cólera en su tono.

"¿Tú quieres decir Hans...?" Giselle meneó su cabeza. "No, eso es imposible."

"Tienes razón, Giselle ." Apretando sus puños con incredulidad, continuó sarcásticamente. "El estirado yuppi allí en la cárcel, solo se parece a Hans y lleva su cartera."

"Pero... quizá él solo fue de nuevo a conseguir algo. Tú cambiaste todas las cerraduras, quizá él activó la alarma accidentalmente." Miró a su marido por apoyo, pero vio solamente la verdad reflejada.

"Cariño, pienso que tu hermana tiene razón. Estuviste allí, viste la oficina." Él dio a Elsa una mirada de disculpa. "He oído que las drogas pueden obligar a la gente a hacer toda clase de cosas, incluso robar a sus propios parientes."

"Bien esa es la verdadera aclaración, Jack. ¿Solo ahora te diste cuenta que Hans tiene un problema de drogas?"

"Elsa, solo porque tú estás disgustada no significa que puedes sacar esto en Jack. Después de todo, no es su problema."

"No Giselle , no es culpa de Jack que Hans este en la cárcel, esa es de Hans, y pienso que debemos dejar su trasero allí hasta que se enderece."

"¿Qué?" La pelirroja estaba parada entre su hermana y marido. "¿Tú no puedes honestamente estar pensando acerca de dejarlo a él allí... en la cárcel?"

"¿Por qué diablos no? Él allanó la oficina, intentando forzar la caja fuerte. Giselle , si lo seguimos mimando..."

"No lo estoy mimando. Solo digo que tú no puedes dejarlo en la cárcel de noche."

"Oh, bien, gracias por la explicación de la diferencia," Elsa se burló, desviando la mirada y frotándose su cara con exasperación. "Giselle ..." Detuvo a su hermana más joven. "Hans tiene un problema de drogas. Lo primero fue robar el dinero de los proyectos de las propiedades inmobiliarias después estaba falsificando préstamos. Ahora está cometiendo robos para intentar conseguir dinero para su hábito. Pienso que es hora para un poco de amor resistente." Volteó para ver rayas en el maquillaje de su hermana de las lágrimas que comenzaban a caer. "Mira, quizá esta es la mejor cosa para él. Algunos días para conseguir esas drogas fuera de su sistema y estará bien como nuevo."

Giselle meneó su cabeza firmemente. "No. Son dos días antes de Navidad. No puedo dejar a mi hermano más joven, mi ÚNICO hermano, pasar Navidad en la cárcel, solo no puedo." Levantó la mirada en su marido. "¿No puedes hacer algo?"

"Soy abogado de impuestos, cariño. Si estuviera siendo arrestado por engañar en susimpuestos, entonces si podría ayudarle. No soy realmente versado en derecho penal."

Giselle golpeó ligeramente su barbilla con su dedo, reacia a darse por vencida. "¡Lo tengo!" Sus ojos crecieron de par en par. "Nos negaremos a presentar cargos. No hay delito, no hay cárcel."

"Eso habría estado bien a excepción de un pequeño detalle." Elsa sostuvo su índice y pulgar levemente separados. "Parece que Hércules allí decidió que no quería ir dispuesto con los policías. Él mordió a uno de ellos." Meneó sus dedos juntándolos como si limpiara apartando la idea de su hermana.

"¿Qué sobre la libertad bajo fianza? Podemos sacarlo bajo fianza, ¿no?"

"¿Giselle , es mejor dejarlo allí adentro, ¿no entiendes? Necesita ayuda, ayuda que no conseguirá si se le permite vagar por las calles."

"Elsa, sé que ustedes dos no se han llevado bien siempre y sé que está celoso de ti, ¿pero puedes ser tan mezquina que podrías dejar a tu propio hermano pasar Navidad en la cárcel?"

Un hombre calvo entró a zancadas en la estación, su maletín en una mano y su celular en la otra. "Vine tan pronto como recibí la llamada." Ese era Richard Jenkins, el abogado de la familia que hacía un poco más que organizar sus tickets de estacionamiento a cambio de su enorme anticipo anual. "He estado en el teléfono con el ADA por la última media hora."

"¿Quién te llamó?" Elsa preguntó.

"¿Por qué?, lo hizo tu madre, por supuesto. Hans no podía recordar mi número."

"¿Quieres decir que Hans la llamó?" Se apartó de ellos y maldijo silenciosamente. ¿Claro que la llamaría, quién más podría continuar rescatándolo de lío después de lío? Había una última esperanza. "¿Qué sobre morder al policía?"

"Me ocupe de todo." Jenkins sonrió orgullosamente. "Él solamente rasgó la camisa del individuo y no tocó su piel así que nosotros pudimos negociarla por restitución y servicio a la comunidad que será atendido después de Año Nuevo." Abrió su maletín y guardó el teléfono. "Si las señoras me disculpan, tengo que regresar en algunos minutos con su hermano."

Cabeceó en Jack. "Bueno verte otra vez."

"Igualmente, Richard."

Elsa estaba harta. Cogió su chaqueta del estante y bruscamente la sacudió poniéndosela.

"¿Dónde vas?" Giselle preguntó.

"No me apetece permanecer alrededor para celebrar." Bajó la mirada para ver que en su prisa había abotonada mal su chaqueta. "Te estoy diciendo, Giselle , dejarlo salir así es un granerror." Se dio por vencida con los botones y enfadadamente tiró del cinturón alrededor de su

cintura. "Lo que necesita es rehabilitación, no salir de la cárcel liberado de cargos."

"Quizá lo que necesita es saber que su familia lo ama y lo apoya," Giselle replicó mordazmente.

"¿Cómo piensas que se sintió al descubrir que su propia hermana lo había sacado del negocio de la familia?"

"¿Cómo te sentiste cuando oíste el resultado de la auditoria? ¿Disfrutaste mirando que tus beneficios anuales entraron al bolsillo de Hans?" Giselle abrió su boca para protestar, después la cerró, dándose cuenta que su hermana tenía razón.

"Quizá esto se resuelva, Elsa. Esto es quizá lo que necesita para volver al camino."

"No levantes tus esperanzas, Giselle . Tengo la sensación de que esto es solo el principio."

Demasiado enojada para volver directamente a casa, Elsa condujo por de las calles de Albany durante una hora. Volvió a casa, a una oscura casa. Intentando ser tan silenciosa como fuera posible, se metió al cuarto y comenzó a desvestirse en la oscuridad.

"Estoy despierta," Anna dijo cuando encendió la lámpara.

"Estaba intentando ser silenciosa."

"Estaba esperándote. ¿Cómo fue eso?"

"Nada bien." Se volteó de espaldas y se quitó su camisa. "Parece que nuestro ladrón no es ningún otro que mi hermano bebé."

"¿Hans?"

"Bonita manera de tratar a su familia, ¿no lo piensas?" Tiró de la camiseta sobre su cabeza y se dio vuelta para encontrar que Anna había puesto la cama en una posición vertical. 'Imaginas que necesitó hablar, ¿eh?' Se deslizó bajo las sábanas y ajustó las almohadas. "No me preocupé ir allá para ver los daños de primera mano. Tengo suficiente con un dolor de cabeza." Se llevó los dedos a sus sienes.

"Permíteme," suaves dedos sustituyeron los suyos y comenzaron a frotar la sensible área. "¿Cómo fue eso?" Anna susurró.

"Mmm... a poco difícil... hmm, sip, justo allí..."

No había una onza de relajación en ningún lugar de la parte superior del cuerpo de Elsa, la joven mujer pronto lo descubrió. Suavemente codeó a la ejecutiva dentro de una sentada posición y movió sus manos hacía los anchos hombros. Cada músculo estaba agrupado firmemente, rígidos como si estuvieran listos para la batalla. Presionando suavemente al principio, después con más fuerza, Anna forzó a los músculos rendirse a sus manipulaciones.

"Eso es, solo relájate," arrulló. "Cierra tus ojos."

"Ellos están cerrados" vino el relajado murmullo. Anna sonrió para si en el implícito cumplido.

"Piensa acerca de pasado mañana. Piensa acerca de todas las luces en el árbol... los Regalos..."

"Anna Summer, ¿estás intentando hipnotizarme?"

"Claro que no, boba." Movió los pulgares a la base del cráneo de Elsa y comenzó a masajear el área delicadamente. "Solo quiero que te relajes y que pienses de cuánta diversión traerá la Navidad."

"Mmm."

"Eso es..." El tacto llegó a ser más ligero cuando Elsa se relajó. "¿Hace esto sentirte mejor?"

"Mucho," suspiró.

"Bueno." Una sonrisa autosatisfecha vino a los labios de la joven mujer.

"Qué te parece que nosotras consigamos dormir un poco y dejemos todas la cosas malas para mañana, ¿Ok?"

Codeó la espalda de Elsa sobre su propia almohada. "Buenas noches."

"Buenas noches, Anna." Hubo silencio por un momento antes de que Elsa agregara.

"Gracias." La carga salió de sus hombros por lo menos una noche, rápidamente cayó dentro de un pacífico sueño.

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Elsa tomó un trago de café y miró la vista perfecta de la mañana de Navidad. Una ligera pulverización de nieve había caído por la noche, cubriendo su patio trasero y los árboles que rodeaban este con un ligero manto de blanco. El sol estaba justo saliendo, toda la escena le recordaba un grabado de Currier e Ives. Apretando el cinto de su albornoz, abrió la puerta corrediza y caminó hacía fuera sobre la cubierta, la delgada capa de nieve crujiendo debajo de sus pantuflas azules. Colocó su taza sobre la mesa, el calor causó un pequeño círculo de nieve derretida y reveló el metal debajo pintado de verde. Elsa inhaló profundamente y sonrió. Estaba bastante frío para mantener la nieve de derretir pero la falta del viento evitaba que fuera tan áspero.

Ella parada allí y bebiendo su café, disfrutando de una familia de conejos correteando a través del campo. Sus grises pelajes eran un vivo contraste a la crujiente nieve blanca. 'Perfecto. Voy a hacer de esta la mejor Navidad que tu hayas jamás tenido, Anna. Por lo menos voy a intentar hacer todo lo posible'. Pensó en los regalos debajo del árbol. Tanto como odiaba los centros comerciales y compras en general, Elsa tomó gran placer en personalmente elegir cada uno de los regalo para Anna. Finalmente el frío se coló a través de su bata y se refugió en el interior.

El reloj de la cocina le mostró que eran justo pasadas las siete. 'Maldición, demasiado temprano'. Dejando la vacía taza en el fregadero, se dirigió a la sala de estar. Centenares de minúsculas luces parpadeaban y destellaban sobre el árbol, sus multiplicidades de colores reflejando el brillo del papel que cubría los regalos apilados en el suelo. Elsa sonrió. Todo era perfecto. Ahora era solo cuestión de esperar para que Anna despertara. Miró el reloj del abuelo, esperando que no tuviera que hacerlo mucho tiempo. No había estado tan emocionada con la Navidad en años.

"Vamos, Anna," murmuró para si, notando que el tiempo parecía estar

pasando mucho más lento que habitualmente. Reordenó los regalos y tomó otra taza de café. El reloj ahora decía siete treinta. Tabitha se frotó contra sus piernas. "¿Qué quieres?"

"¿Mrrow?"

"El desayuno para ti es dentro de media hora."

"¿Mrrow?" Tabitha se acercó al armario donde la comida para gatos era almacenada y maulló otra vez. Cuando el maullido no funcionó, el juguetón gatito rodó sobre su espinazo y giró su cabeza a un ridículo ángulo. Elsa se rió suavemente y meneó su cabeza.

"Bien, puesto que es Navidad." Se arrodilló y abrió el armario. "Ok. Ahora, vamos ver lo que tenemos aquí." Sacó una lata con etiqueta verde y la sostuvo delante del ahora ronroneador felino. "¿Quieres pavo para Navidad?"

"Mrrow." Tabitha golpeó en la lata con su pata.

"Bien, pavo será entonces."

La alimentación de Tabitha no agotó tanto tiempo como Elsa hubiera querido. Cuando el reloj de abuelo sonó las ocho, la expectativa estaba matándola.

"Pienso que es bastante tarde, ¿no lo crees, Tabitha?" Se agachó y levantó al gato en sus brazos. "Vamos a despertar a mami para que pueda ver todos los bonitos regalos, ¿hmm?" Elsa colocó a Tabitha abajo al pie de la cama y avanzó lentamente al lado de la durmiente mujer. "¿Anna? Anna, hora de despertar." Un suave codazo en el hombro. "¿Anna? Es la mañana de Navidad. ¿No deseas levantarte y abrir regalos?"

"Hrmmphf."

"Vamos, es hora de levantarse. No quieres desperdiciar toda la mañana en la cama, ¿es así?"

Somnolientos turquesa ojos lentamente se revelaron. "¿Qué hora es?"

"Las ocho." Los ojos rápidamente se cerraron y la joven mujer soltó un gemido. Ella tiró de la sábana sobre su cara únicamente para que una mano más fuerte jalara ésta echándola atrás. "Pero es Navidad. Tú no puedes dormir en Navidad." Elsa saltó fuera de la cama y empujó

encima el cómodo portátil. "Vamos, arriba y en esto."

Anna dio un gemido más pero lentamente abrió sus ojos, decidiendo que Elsa estaba demasiado alegre ésta mañana... hasta que se dio cuenta qué mañana era esta. "¡Oh Dios, es Navidad!"

"Feliz Navidad," Elsa se rió suavemente, apartando la sábana del camino y poniéndose sobre su costado, usando su codo para apoyar su cabeza arriba. "Es una hermosa mañana y sería un crimen dejarte dormir durante esta."

"¿Cuánto tiempo tienes de estar levantada?"

"Alrededor de una hora y media."

"Estoy sorprendida que esperaras este tiempo." Elsa estaba a punto de defenderse cuando vio el brillo en los ojos de Anna. Saltó juguetonamente sobre la mujer más pequeña, las dosenganchándose en una breve lucha de cosquillas. "Tú eres despiadada," Anna dijo cuando finalmente se separaron.

"¿Bien, supongo que tú estas despierta ahora, ¿no es así? Solo te dejaré ocuparte de tus asuntos."

"Uh, Ok. Solo serán un par de minutos."

"Seguro, solo dame un grito cuando estés lista. Llevaré tu café a la sala de estar. Puedes beberlo y abrir los regalos al mismo tiempo, ¿no es así?"

Anna escuchó cuidadosamente hasta que estaba segura que Elsa no se regresaría, entonces recuperó el pequeño regalo oculto en el cajón de la mesita de noche. Un inesperado temor pasó a través de ella. Repentinamente, el juego de la pluma y el lápiz que pidió a Esmeralda

que comprara para ella no parecía tanto un gran regalo después de todo. Si Elsa deseara uno, habría tenido este ya. Quizá no le gustaban los lápices mecánicos porque no podría morderlos. "Estúpida, estúpida, estúpida," murmuró para si antes de dejar el regalo poniéndolo en el cajón de la mesita y empujarse sobre el cómodo.

Quince minutos más tarde, estaba vestida usando una camisa color beige que Elsa había insistido en darle. Anna no creyó por un minuto que esta era demasiado pequeña para su benefactora, pues colgaba mucho más de ocho a diez pulgadas pasando su propias caderas y los puños tuvieron que ser dobladas varias veces antes de que pudiera ver las puntas de sus dedos. De todas formas, ésta le fue dada por Elsa, y como la camisa de dormir de Dartmouth, era algo que presionaba a María que difícilmente conseguía mucho tiempo para lavarla.

Un último recorrido del cepillo a través de su cabello y Anna estaba lista. Puso el regalo en su regazo entonces lo cubrió con el edredón antes de gritar. Algunos segundos después Elsa apareció.

"¿Lista?"

"Supongo que sí." Forzó una sonrisa en su cara. Oh Dios, por favor deja que le guste mi regalo, silenciosamente rezó mientras Elsa le ayudaba a meterse a la silla de ruedas y la guiaba fuera del cuarto.

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Un gran montón de regalos derramados debajo del árbol cautivaron la atención de Anna cuando Elsa le ayudó a entrar al desnivel de la sala de estar. Incluso cuando permaneció con una familia de cinco una Navidad, la joven huérfana nunca había visto tantos regalos metidos debajo del árbol. Reconoció el estilo, grande fluído de la letra de Elsa en todas las etiquetas de los regalos.

"¿Tú familia vendrá hoy?"

"No. Tengo que ir a ver a la familia de Giselle más tarde, pero ninguno supuestamente estará visitándome. ¿Por qué?"

¿Por qué poner todos sus regalos debajo del árbol si ellos no vendrán? Su expresión llegó a ser incluso más desconcertada.

"Bien, ¿no son esos sus regalos?" Elsa dio una corta risa y apretó su brazo.

"No. Ellos son tuyos."

Los ojos de Anna se ensancharon como platos y por algunos segundos se olvidó cómo respirar. "¿Míos? ¿"T-tú quieres decir...?" Dándose por vencida en un discurso, simplemente señaló a los regalos.

"Yup, ellos son todos para ti." La frente de Elsa se arrugó. "¿Pasa algo?"

"N-no... yo..." Levantó la mirada en la persona más importante en su vida cuando un par de lágrimas resbalaron por su cara. Anna tuvo que luchar para evitar que su labio temblara. "Yo nunca... todos esos... para mi..." Extendió sus brazos y fue encontrada a medio camino, envuelta en fuertes, confortantes brazos. "Oh Elsa."

"Shh, te tengo." Elsa dejó un brazo alrededor de la espalda de Anna y utilizó el otro para acariciar su cabello. "Lo siento. No estaba pensando acerca de cuántos allí había. Solo estaba viendo cosas que pensé que te gustarían y las compré."

"P-pero solamente te tengo uno..."

"Shh." Puso sus dedos en los labios de Anna. "Es el pensamiento lo que cuenta, no algo más." Enjugando una lágrima con su pulgar, Elsa habló otra vez. "Un regalo de ti vale mil de alguien más, ¿entiendes?"

La rubia cabeza se movió con un débil movimiento. "¿Puedo darte mi regalo primero?"

"Sabes qué..." Elsa secó las otras rayas de las mejillas de Anna. "Preferiría esperar hastadespués de que abras tus regalos. ¿Eso está bien?"

"¿Estás segura?"

"Sip." Se levantó y alcanzó las manijas de la silla de ruedas.

"¿Dónde vamos?" Anna preguntó con algo de sorpresa cuándo se sintió moverse.

"Es Navidad. Estarás mucho más cómoda en el sofá y estoy cansada de arrodillarme. Vamos, nos recostaremos y beberemos nuestros cafés, entonces abriremos regalos."

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Anna estaba justo colocándose en el sofá cuando oyeron un estruendo de detrás del árbol.

"¿Qué el...?" Elsa exclamó. Obtuvo su respuesta un segundo después cuando Tabitha salió a toda velocidad de debajo del árbol y corrió a la cocina. Antes de que ninguna de las dos pudiera hablar, la anaranjada y blanca imagen volvió y saltó nuevamente dentro de la montaña

de regalos.

"¿Qué pasa con ella?" Anna preguntó, preocupada. "Nunca la había visto moverse tan rápido antes."

"Pienso..." Elsa cruzó el cuarto, se arrodilló, y comenzó a apartar los regalos. "Yup... Tabitha, eres una pequeña chica codiciosa." Se hizo hacía atrás y dejó a la mujer más joven ver. El gato estaba acostado sobre su lomo, golpeando en una bola de adorno colgado por encima de ella. "Tú pequeño bebé allí, se metió en su regalo de Navidad." Metió la mano para recuperar el paquete únicamente para que su muñeca quedara capturada entre las patas delanteras de Tabitha. "Ni siquiera pienses en arañarme," le advirtió mientras lentamente intentaba sacar su mano. Suaves patas revelaron sus armas, las garras presionando contra su piel hasta que paró el movimiento. Tabitha posó la mirada en ella por un segundo, entonces comenzó a ronronear y lamer la muñeca de Elsa. "Srta. Summer, creo que su gato está loco." Sacó la bolsa de Catnip. Estaba todavía envuelto en festivo papel verde, excepto por el prominente pedazo desaparecido en donde había sido masticado.

"¿Tú pusiste el Catnip debajo del árbol?"

"Sip pero este estaba en una bolsa de plástico y fue envuelto en papel."

Anna sonrió maliciosamente y meneó su cabeza. "Elsa, puede oler el Catnip a millas de distancia. Tabitha. ¿Tabitha? Ven aquí, cariño."

La gata se movió tres pasos antes de caer sobre un bulto en la alfombra y limpiarse.

"No creo que ella este yendo a ninguna parte, Anna." Suficiente de esto. Yo quiero que tú abras tus regalos. Extendió el brazo y tomó una camisa envuelta en una caja en papel plateado. "Ya que estoy aquí de todos modos, vamos a comenzar con tu primer regalo." Volvió al sofá y se lo

dio, intentando difícilmente controlar su entusiasmo y excitación.

Pequeños dedos pasaron sobre el lujoso papel y el lazo rojo. "Es casi demasiado bonito para abrirse."

"Es solo un envoltorio de papel. Ábrelo," urgió. Vamos, ábrelo y mira lo que te compré. Una sonrisa semejante a la de un niño creció en la cara de Elsa.

Anna echó un vistazo. "No hay lugar para tirar el papel."

"Tíralo en el suelo. Lo recogeré más tarde. ¡Ábrelo!" Elsa se arrimó hasta que estuvo en el cojín al lado de la mujer más joven.

"No puedo tirarlo en el piso." Sus yemas del dedo trazaron la letra en la etiqueta del regalo.

"Pero..." Elsa echó un vistazo, frunciendo el ceño cuando no encontró algo conveniente a la vista. "Ya vuelvo." Saltó del sofá y entró a la cocina. Anna escuchó el sonido de los armarios que se abrían y cerraban, seguido por los cajones. Hubo un murmullo de maldiciones seguidas. "Aquí está." Algunos segundos después Elsa volvió, abriendo la bolsa para la basura. Se la dio a Anna y volvió al cojín contiguo, metiendo sus descalzos pies por debajo de sus muslos. "Ok. Ahora ábrelo."

La joven mujer miró del regalo a Elsa. "Gracias."

"Tú ni siquiera sabes qué es todavía." Date prisa y ábrelo. Anna deslizó su uña debajo de la etiqueta y cuidadosamente la separó del paquete, dejándola en la mesa lateral. Otro paso y una ala de la esquina se abrió. "Solo rásgalo," Elsa gruñó juguetonamente. "O estaremos aquí hasta la siguiente Navidad."

Anna miró el hermoso paquete, la excesivamente emocionada cara de su amiga, entonces al regalo otra vez. Los pequeños dedos se enroscaron debajo del ala abierta y con un rápido tirón rasgó una tira grande del papel. Algunas tirones más y la caja fue abierta para revelar una camisa color óxido. La alzó hasta los hombros y se quedó mirándola.

"¡Oh! Es muy bonita."

"¿Te gustó?"

"Oh sí, absolutamente." Anna miró la longitud de las mangas, notando que ellas estaban a una perfecta altura de sus brazos más cortos. "No tendré que doblar los puños."

"Por supuesto que no. Me aseguré de conseguir la talla correcta." Elsa sonrió orgullosamente. "¿Te gusta el color?"

"Muchísimo."

"Ésta hace juego con tus cejas. Apuesto que te verás muy bien en esta." Anna volteó la camisa de un lado y de otro, asintiendo en acuerdo. Esta era, absolutamente sin lugar a dudas, maravillosa y no podía esperar para usarla. Ella la dobló y se la dio a Elsa, quién la puso en el cojín vacío en el extremo del sofá. La basura fue apartada del camino y otro regalo recuperado de debajo del árbol...

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Anna empujó el último pedazo de papel de envolver dentro de la ya atestada bolsa de la basura y limpió otra lágrima de felicidad de su mejilla.

"¿Realmente eres asombrosa, sabías eso?"

"Me alegra que tú lo creas así," Elsa respondió con una cálida sonrisa. Este había sido un día lleno de lágrimas y sonrisas de Anna y la ejecutiva no habrían podido ser más feliz. "Ésas son las únicas cosas que no estoy segura." Gesticuló con su mano en el par de tenis azules y blancos en el regazo de Anna. "Puedo devolverlos si son demasiado grandes."

"No, son perfectos."

"Estupendo." Elsa estiró la mano y los tomó, entonces echó un vistazo por un vacío lugar para ponerlos. El cojín estaba repleto con ropas y la mesa del café estaba en desorden con programas de software y varios otros artículos. Iba a dejarlos en la alfombra pero Tabitha vino corriendo. "Oh no tú no." Al final los tenis fueron puestos encima del montón de suéteres.

Anna dio una corta aspiración y parpadeó varias veces antes de mover su mano debajo del afgano.

"Supongo que es tiempo para tu regalo ahora. Me tem..."

"No, espera." Elsa saltó fuera del sofá. "Hay uno más. No te vayas, ya vuelvo."

Tocando el delgado lazo en el regalo en su regazo, Anna dejó su mirada posarse en la pila de ropa. Una lágrima rodó sobre su cara, provocando que un ceño fruncido cruzara la cara de la mujer de ojos azules en su regreso.

"Sabes, no era mi intención hacerte llorar." Reasumió su posición en el sofá únicamente a pulgadas de Anna.

Eso le ganó una risita baja.

"Estoy solo un poco abrumada, supongo," Anna contestó, descuidadamente limpiando las saladas gotas de sus mejillas. "Nunca he obtenido tantas cosas incluso en Navidad." Miraba alrededor, todavía asombrada de la multitud de regalos amontonados alrededor. "Solo no puedo..." Anna bajo la mirada en su regazo y meneó su cabeza. "Escúchame, he sobrevivido sanamente con mi vida recta fuera de Oliver Twist." Tomó el ofrecido pañuelo de lino.

"Claro que si," Elsa dijo suavemente. "Vamos, déjame darte tu último regalo y entonces puedes darme el mío." Dejó la caja de la joyería en las manos de Anna.

"Oh... oh mi." La mano de la joven mujer comenzó a temblar solo para ser afianzada por una mucho más grande envolviéndose alrededor de la suya.

"Ábrela," vino el susurro cerca de su oído. "Está bien, ésta no te morderá."

Después de algunos segundos, largos dedos abrieron la caja para revelar su contenido. Anna miraba fijamente en asombro el colgante unido a una delgada cadena. Justo en pulgada y media de largo, el oro blanco había sido cuidadosamente moldeado en una exquisita representación de una rosa. Pequeñas esmeraldas y chispas de rubíes componían los pétalos y dejando a un solitario diamante apoyado en la base del tallo. Su labio inferior tembló cuando tocó el colgante reverentemente con la yema del dedo.

"Oh Elsa... es hermoso," susurró.

"Una rosa para una rosa," Elsa dijo, repitiendo el eslogan que la había atraído a la joyería en principio. Sacó el collar de la caja y abrió el broche. Anna muy quieta todavía cuando el frío metal tocó su piel y Elsa abrochó la cadena. "Se ve perfecto en ti."

"Esto es demasiado, Elsa. No puedo..." Fue parada por un par de dedos presionando contra sus labios.

"Anna..." Limpió otra lágrima con su pulgar. "Supongo que Santa debió haberte traído algunos pañuelos también, ¿hmm?" Quitó otra lágrima de la cara de Anna. "Escúchame. Quiero que tengas esto."

"Pero..." Anna miró alrededor. "Toda esa ropa, los programas, los zapatos y los tenis y..." Los dedos de Elsa la silenciaron otra vez.

"Tú mereces ropa bonita. Tú mereces cosas que te queden y se miren bien en ti." Tomó la barbilla de la joven mujer en su mano y la forzó a enfrentar su mirada. "Y tú mereces usar algo bonito. Ahora... Dame un abrazo, diciéndome cuánto te gusta esto, y dame mi regalo." Dijo la última parte con una juguetona sonrisa, forzando a Anna a sonreír junto con ella.

"Esto más que bonito, es maravilloso. Yo amo esto." La joven mujer envolvió los brazos alrededor del cuello de Elsa y tiró de ella para un abrazo. "Esto es tan maravilloso," susurró. "Amo esto muchísimo, gracias."

"Me alegra."

"Tú realmente eres mi ángel de la guarda, ¿no?" Anna se hizo hacía atrás y miró a su amiga, turquesa ojos brillaban por la humedad. "Eres la mejor amiga que alguien podría siempre tener." Metió la mano bajo el afgano y sacó el regalo. "Solo desearía tener algo más para demostrarte justo cuánto significas para mí. Feliz Navidad, Elsa." Nerviosamente entregó el regalo, un millón de pensamientos volaban atravesando su mente. Su ansiedad creció cuando Elsa lentamente quitó la etiqueta del regalo y la metió en su bolsillo. "Bien, ábrela."

La mujer más mayor reía en la impaciencia de Anna y tiró de la delgada cinta roja. "Tú eres tan mala como yo... oh." Abrió la larga aterciopelada caja. "Anna, son hermosas."

"¿Te gustan?"

"Sí, muchísimo." Elsa sacó la pluma y la levantó a la luz, la sonrisa nunca abandonando su cara. "Es un muy bonito diseño. Todos esos azules y verdes arremolinando alrededor. Me gusta esa banda de oro allí también."

"¿A ti de verdad de te gustó? No estás solo diciéndolo para hacerme sentir bien, ¿no?"

"No cariño, no lo estoy diciendo solo por eso. Realmente me gustan." Se inclinó y le dio a Anna un abrazo. "Realmente es un considerado regalo," dijo, apartándose.

"Dijiste que nunca puedes encontrar una pluma por aquí."

"Nunca puedo," Elsa convino. "Garantizo que no perderé ésta."

"No sabía si te gustaban los bolígrafos. Probablemente no ya que no puedes morderlos, ¿huh?"

"Anna, los bolígrafos están muy bien. Realmente, lo están. Únicamente utilizó los de madera porque eso es lo que tenemos en la oficina como suministro de trabajo. Nunca tuve alguna razón para comprar un lápiz como éste." Giró el metal en la punta, observando el plomo crecer desde el extremo. "Te prometeré esto, no masticaré la punta de éste."

"Sería mejor que no," Anna bromeó juguetonamente, sus temores desaparecieron por la sonrisa en la cara de Elsa. Su tono se volvió serio. "Estoy realmente feliz de que te gusten. Nunca he comprado a nadie algo así antes."

"Sabes habría sido feliz no importa lo qué tu me dieras, incluso si fuera solo una tarjeta." Bajó la mirada en el juego y sonrió. "Éstos realmente son hermosos." Se inclinó para otro abrazo, mucho para la alegría de Anna.

"Esta es mejor Navidad que he tenido jamás," susurró en el oído de Elsa.

"Muchas gracias."

La mujer de cabello plateado sonrió y la abrazó incluso más fuertemente. "De nada. Gracias por hacer mi Navidad tan especial." Renuentemente terminó el abrazo, su mano todavía agarrando la caja de la pluma. Observó el reloj. "Uh, no me di cuenta que era tan tarde. ¿Tomó tanto tiempo solo abrir regalos?"

"Allí había muchos regalos para abrirse," Anna contestó con una sonrisa. "No tengo idea de que hacer con todos esos programas de computadora." Gesticuló en el apilado sobre la mesa.

"Tú vas a aprender de ellos." Elsa dejó la caja de las plumas abajo y tomó una de las cajas de software. "Éste te enseñará cómo mecanografiar. Es otro paso y te muestra cómo formatear cartas comerciales y memorando." Puso la caja en el regazo de Anna y tomó otra. "Este te enseñará lo esencial de contabilidad y cálculo. Hay programas para hacer todos los cálculos reales pero si vas a estar en el mundo de los negocios realmente debes saber lo básico." Puso los programas de nuevo sobre la mesa. "Los instalaré para ti mañana y te mostraré como sacarlos para que puedas trabajar en ellos. Una vez que estés cómoda, te mostraré como registrarte en la red corporativa y puedas acceder al Internet."

"Eso parece como divertido. He estado en el Internet antes. Lo tenían en la biblioteca. Encontré una vez un sitio genial en el que había toda clase de información sobre cómo cuidar gatos."

"Cualquier cosa de la que estés interesada está allí en el Internet. Cuando al principio me acostumbré a estar en una computadora, pasé horas navegando en Internet mirando diversas cosas. Mi archivo de favoritos debe tener una milla de largo."

"¿Archivo marca textos?" Anna meneó su cabeza. "No sé si pueda conseguir todas esas cosas de computadora."

Elsa rió. "Oh, Anna. Confía en mí. Unas pocas semanas y tú y la computadora serán las mejores amigas. Tendré que arrastrarte lejos de ésta."

"No sé sobre eso."

"Si. Es muy adictivo."

"¿Elsa? Entiendo como los que mecanografían y los otros programas se suponen me ayudaran, ¿pero qué es lo que se supone que Rescuer of Maiden me enseñará?" Señaló en la caja de color brillante con caballeros luchando en la cubierta.

"Uh... bien..." La cara de la ejecutiva se ruborizó levemente y dio una avergonzada sonrisa. "Ese te enseñará como ser el gran caballero que rescata a la rubia virginal del malvado rey Dungeon. Pensé que te gustaría un juego para relajarte y descansar."

"Un caballero rescatando a una virginal, ¿hmm?" Anna echó un vistazo en la cubierta otra vez, observando que la virginal era de cabello rubio, como ella lo era. Inspeccionó en su propio caballero personal en brillante armadura. "Estoy segura que lo disfrutaré." Elsa sonrió y se levantó.

"Ahora mismo pienso que tenemos mejor que ir a la cocina y empezar a hacer la comida o no vamos a estar comiendo hasta tarde esta noche."

Anna observó como la silla de ruedas era traída.

"Oh, Ok." Se permitió ser levantada en la silla pero antes de que Elsa pudiera tirar hacía atrás envolvió sus brazos alrededor del cuello de la ejecutiva y se apretó, enterrando su cara en la plateada cabellera. "Gracias. Eres la mejor amiga que he tenido jamás y hoy es uno de los días más felices de mi vida."

Elsa devolvió el abrazo, sonriendo dentro del rojizo cabello. "De nada. Y gracias por hacerlo tan especial para mí."

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Cuando llegaron al umbral de puerta de la cocina, Anna levantó la mirada.

"Hey, mira en eso."

"¿Qué?"

"El muérdago. Dejaste este allí arriba todo este tiempo y no lo noté."

"Hmm, supongo que lo hice." El corazón de Elsa comenzó a latir más rápidamente. Estaban directamente debajo del adorno verde. "Um, podría estar bien si..."

"Bien, ambas estamos bajo el muérdago y es Navidad." Anna tragó, nerviosamente acercándose lentamente aunque no estaba segura por qué. Después de todo, es solo Elsa.

"Sí." Levantó su cara para encontrar la rojiza cabeza que venía bajando. Sus labios se tocaron una vez... dos veces antes de que Elsa se hiciera hacía atrás. "Yo um... supongo que mejor nosotras empecemos la comida."

Las guió dentro de la cocina, sabiendo completamente bien por qué su corazón latía como el golpeteo de un tambor. Los labios de Anna eran suaves, tan suaves que casi se había perdido en ellos, parando justo antes que su lengua pudiera salir. Sabiendo que no podía permitirse otro beso así, Elsa hizo una nota mental dejó a la joven mujer empujarse por si misma en la cocina.

"Sí," Anna coincidió, girando su cabeza hacia adelante y esperando que el rubor que sentía en sus mejillas no fuera evidente para Elsa. Fue suave y dulce y se sentía culpable sobre la manera como le hizo sentir. Nadie la había besado desde hacia mucho tiempo y ciertamente no con tanta suavidad y ternura. Sentía el interior caliente, como si hubiera tragado una fuerte bebida. Vagamente se dio cuenta que Elsa estaba hablándole.

"Lo siento, ¿qué?"

"Pregunté si quieres hacer algunas galletas de azúcar."

"Oh. ¿Te gustan las galletas de azúcar?"

"Bien, ellas estarán bien y son la galletas tradicional del día de fiesta." Elsa abrió el refrigerador y sonrió. "Claro que tenemos un paquete de galletas con chispas de chocolate aquí también." Su tono dejó en claro que era la clase que prefería.

"Suena bien para mí."

Rodó hacía el gabinete más bajo y recuperó una lámina para galletas,cuidadosa de no dejar la silla de ruedas rayar contra la ebanistería de Elsa. La barra era demasiado alta para que fácilmente ayudara con las preparaciones pero Anna hacía lo que podía. Elsa encendió la radio en la esquina y pronto la música festiva llenó el aire, haciendo el perfecto escenario para preparar la comida. Ninguna sabía lo que la otra estaba pensando acerca del muérdago y el beso.

Anna estaba confusa. Sus sentimientos iban más allá del afecto amistoso, pero cuánto más allá, no estaba segura. Cuando observó a Elsa cortar la pasta de las galletas, fue golpeada otra vez por lo hermosa que su amiga era. Ciertamente, nadie había significado tanto para ella y Anna no podía imaginar su vida sin Elsa en ésta. El beso fue cálido y cariñoso y algo que deseaba experimentar otra vez.

Elsa tenía su propio dilema interno. Su mente y cuerpo gritaban, queria sentir de nuevo su suavidad una vez más, para demostrarle a Anna justo cuánto significaba para ella, el coger a su hermosa compañera de rojizos cabellos en sus brazos y nunca dejarla ir. Era tortura, simple y sencillamente, y el frío aire cuando salió para ir a la casa de su hermana no hizo nada para bajar la temperatura de su afiebrada alma.

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Anna acababa de doblar el último par de bragas y las puso en el cajón inferior del tocador cuando Elsa volvió. Entró en el cuarto y se dejó caer en la cama, sus largos brazos cruzados detrás de su cabeza.

"¿No fue bien?" Anna preguntó, observando la sombría expresión.

"Oh, a los niños les encantaron los regalos. Igual a Giselle ."

"¿Qué sucedió?" Rodó al lado de la cama y puso su mano en el antebrazo de Elsa. "¿Hans apareció o algo así?"

"No, supongo que él está arriba en las montañas con sus amigos. Todo está bien, es solo que..." Elsa apartó su mirada de Anna y echó un vistazo en el techo. "Algunas veces deseo no ser la mayor. Es demasiada responsabilidad."

"¿Qué sucedió?"

Elsa dio un suspiro y miró de nuevo a su compañera.

"Mamá llamó de algún puerto donde su crucero se detuvo. Ella no está feliz con la forma en que manejé toda la cosa de Hans desfalcando a la Compañía."

"¿Cómo ella sabe sobre eso? Pensé que no ibas a decirle."

"No hay secretos en esta familia, Anna," dijo con tristeza. "La cosa es que ella no está cuestionando si él lo hizo o no, sino cómo yo llevé esto. Dijo que tendría que haber mantenido una tapa en esto hasta que estuviera completamente segura, y entonces debí haber hablado con él antes de quitarlo de su oficina."

La mano de Anna comenzó a moverse arriba y abajo del brazo de Elsa en un movimiento consolador.

"¿Giselle por lo menos te apoyó?"

"Ella no dijo una palabra. Ni un pío. ¿Sabes?, a veces me pregunto por qué no solo les digo que se retuerzan a todos ellos y renuncio. Podría trasladarme a Chicago o a Boston y comenzar mi propia compañía."

"¿Entonces por qué no lo haces?" Hubo un silencio largo antes de que Elsa contestara.

Cuando lo hizo, fue con silenciosa resignación. "Porque me necesitan." Moviendo su cabeza, dio un resignado suspiro y alcanzó el control. "Vamos, todos esos programas de Navidad pronto comenzarán. HBO está reponiendo Rich Little versión de A Christmas Carol".

"Nunca la he visto."

"Oh, es bastante divertido. Él hace todos los personajes imitando a famosas celebridades. Lo vi cuando era una niña. Vamos." Elsa encontró el canal correcto y dejó el control remoto a un lado antes de levantarse y ayudar a Anna a meterse en la cama. La medianoche las encontró como lo hacía siempre, la más grande enroscada contra el lado de la más pequeña, ambas durmiendo satisfechamente.

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Anna miraba fijamente la pantalla, concentración que causaba que su frente se surcara. Presionó el botón del ratón y movió el siete rojo debajo del ocho negro. Estaba tomando unncorto descanso del programa de mecanografía, había trabajado en él desde hacia casi tres horas. Estaba satisfecha con su progreso después de solo tres semanas de práctica. Sunvelocidad estaba mejorando rápidamente mientras que el número de errores disminuía. Unntablero bajo apoyado en de los brazos de la silla de ruedas que servía como un improvisado escritorio, los moldes completos de las piernas hacían imposible para que Anna las pusiera debajo del escritorio alejándola bastante para utilizar el teclado. Flora entró al cuarto con un sándwich y una taza de café.

"Necesitas tomar un descanso."

Esperó a que Anna pusiera el ratón y el teclado de regreso en el escritorio, después le dio el sándwich, dejando la taza en la mesita de noche al alcance de la mano.

"Juro que estás tan mal como ella está a veces. La he dejado algunas tardes con ella en esa cosa y regreso en la mañana para encontrarla aún sentada delante de eso." La mujer de mediana edad movió su cabeza. "Cuando ella estaba en la escuela era de la misma manera."

"¿Cómo era ella, cuando era más joven?" Anna agarró las ruedas y giró su silla, silenciosamente pidiendo a María que se sentara y la acompañara. El ama de llaves se relajó en la suave piel del sillón de Elsa y unió sus dedos entrelazándolos.

"¿Así qué quieres saber cómo era ella?" Una amistosa sonrisa atravesó su cara. "Elsa era independiente, siempre lo ha sido. Siempre ha sabido lo que quiere hacer y donde ir."

"No, eso no es lo que quise decir." Anna meneó su cabeza, intentando pensar en cómo expresar su petición. "Cuénteme acerca de ella algo que hizo, algo que le sucedió, algo sobre ella."

"No estoy segura que yo deba. Tú sabes es la regla fundamental de las amas de llaves guardar lo que ellos ven y oyen en privado."

"Bien no tiene que decirme sus profundos oscuroa secretos, Flora," Anna refunfuño. "Elsa misma me contó que era una alborotadora. Estoy segura que usted debe tener una historia o dos que recuerde. Estoy segura que ella no era el ejemplo de una niña perfecta."

"¿Perfecta? ¡ja!" La mujer mayor se rió, las esquinas de sus ojos se arrugaron de una manera maternal. "Elsa era muchas cosas cuando estaba creciendo pero perfecta no era una de ellas. Esta niña me tenía corriendo alrededor más que su hermano y hermana juntos."

"Oh, ¿de verdad? Cuénteme." Los ojos de Anna se ensancharon con expectación mientras mordia a su sándwich.

"Espera, déjame traer algo de beber." María salió y volvió un minuto después con un vaso de refresco y un posavasos. Se colocó nuevamente en el sillón y tomó un trago antes de continuar. "Recuerdo una vez cuando ella tenía trece y sus padres estaban fuera de la ciudad. Algunas amigas querían que fuera al centro comercial con ellas. Ahora, normalmente eso habría estado bien, pero ella se había escabullido de la escuela pocos días antes y su padre la castigó mientras ellos estaban fuera."

"¿Qué hizo ella?"

"Lo qué cualquier niño su edad haría, ella se escapó. Entró a su habitación y salió trepando por la ventana. Yo sabía adónde había ido, pero no había manera que pudiera ir tras ella con Giselle y Hans aquí. No eran más de las cinco o seis y estaba ocupadísima sola."

"¿Y qué pasó?" Anna estaba escuchando atentamente, imaginando a Elsa de trece años escapándose para pasar tiempo con las amigas en el centro comercial.

"Ella y un par de amigas suyas decidieron que querían probar los cigarros. Bueno claro que ninguna tienda en el centro comercial iba a venderles a tres chicas adolescentes un paquete de cigarros. Elsa era alta para su edad pero aún... así, decidieron que si no podían comprarlos entonces ellas los robarían de la tienda."

"Oooh, ¿las atraparon?"

"No, en la tienda no. Las tontas chicas estaban caminando por Cónsul Road fumando y llevando sus chaquetas de la escuela. Un policía las vio y las recogió."

"Apuesto que usted estaba furiosa."

"Al principio lo estaba, pero entonces descubrí que ella tomó toda la culpa aunque los cigarros fueron encontrados en uno de los bolsillos de otra chica."

"¿Quiere decir que ella se echó la culpa por alguien más?"

María asintió y tomó otro trago de su refresco. "No le dije a su padre. Imaginé que ser arrastrada a la estación de policía era suficiente para poner un susto en ella."

Anna estaba sentada silenciosamente por un momento, en profundos pensamientos. Tenía sentido perfecto que Elsa intentara proteger a otros alrededor de ella. Bajó la mirada a sus quebradas piernas y asintió. Siempre la guardiana, pensó para si.

"María, ¿Elsa ha hecho alguna vez algo así antes?" Indicó en si misma. "Quiero decir, ¿alguna vez ha traído a alguien que no tuviera un lugar más para ir?"

"Nunca," el ama de llaves contestó. Anna detectó en esa parte la vacilación de María y esperó pacientemente para que ella continuara. "Estaba sorprendida cuando trajo a Tabitha aquí e incluso más cuando llamó para decir que tu estarías quedándote. Elsa es una mujer muy privada." Parecía que quería decir más pero decidió lo contrario. "Tengo una casa que limpiar y tú tienes un almuerzo que terminar. Ella seguro que llamará pronto otra vez." María se levantó y recuperó el vaso del escritorio. "A propósito, recuérdale que la cita de Tabitha es mañana. Ellos llamaron hoy."

"Oh, eso es, me olvidé." Anna echó un vistazo para asegurarse de que el felino no estaba alrededor. "¿Cuánto tiempo se supone que estará allí?"

"Solo durante la noche," el ama de llaves contestó.

"Pobrecita." La cara de la joven mujer adquirió una mirada compasiva. "Ella incluso no sabrá que está ocurriendo. Pero supongo que es mejor que dejarla sufrir con ese calor otra vez."

"Oh, no me recuerdes." Flora movió su cabeza. "Estaba lista para lanzarla hacia el banco de nieve con todo ese aullido."

"Usted no fue la única. Pensé seguramente que Elsa iba a hacer algo la noche que ella no paraba de estar maullando." Justo entonces el tema de conversación saltó en la cama para reclamar su espacio para su siesta.

"Goce de esto mientras pueda, señorita," el ama de llaves dijo a Tabitha, que respondió lamiéndose las patas y frotando su oreja.

"Ella es tan linda," Anna dijo, estirando su brazo para hacerle una caricia al gato.

"Linda, seguro," Flora se burló. "Intenta hacer la comida con ella bajo tus pies y me dices lo linda que es." Se inclinó y rascó la cabeza de Tabitha. "Si eres una buena gatita y te quedas aquí adentro mientras que estoy limpiando te daré un convite extra para gatos antes de irme, ¿qué te parece eso?"

"Oh, a ella le gusta esa idea," la joven mujer dijo cuando Tabitha comenzó a ronronear. "La vigilaré."

Una vez que María se fue, Anna colocó el teléfono inalámbrico en su regazo y esperó por Elsa que generalmente después del almuerzo llamaba por teléfono.

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"Allí va nuestro bono," Giselle suspiró antes de lanzar el informe de nuevo sobre el escritorio de Elsa. "Pienso que no he visto nunca unas ganancias más bajas en un cuatrimestre. ¿Te diste cuenta que excelente año habría sido sin esto?"

La ejecutiva abrió la carpeta otra vez, los números aún incomprensibles. Las pérdidas en la división de Real Estate eran bastantes para hacer mediocre el año entero en términos de beneficios. Aunque todos los miembros de la Junta Directiva eran familia y sabían exactamente

qué estaba pasando, el resto del mundo de los negocios no, y Winter Corporation tendría algunas serias explicaciones que hacer.

Elsa recorrió sus dedos a través de su cabello y miró a su hermana. "Todo el año. Él ha estado destruyendo todo lo que nosotros hemos hecho. Te das cuenta que esto es solo la punta del iceberg. ¿Aparte esos auditores que van a hacer cuando ellos retrocedan a cuando asumió el control?"

"¿Tú piensas que ha estado robando hace mucho tiempo?"

"No, las auditorias anuales habrían reflejado algo así. ¿Cuándo comenzó a desaparecer en fechas topes y tomando mucho tiempo libre?"

"No lo sé... Marzo, abril ¿quizá?"

Elsa asintió. "Parece correcto. Él obtuvo ese préstamo en abril." Tomó su pluma y apoyó la punta contra sus labios. La acción tenía un efecto calmante en ella, recordándole la belleza de rubio cabello esperándola en casa. "Pienso que cualquier droga que esté metiéndose. Probablemente crack o heroína. Comenzó a hacerlo antes."

"¿Crack? Elsa, solo los yonkies le hacen al crack."

"¿Cómo piensas que llegan a ser yonkies, hermana? No pienso que el crack cuide si la persona es rica o pobre siempre y cuando tengan bastantes para la siguiente bolsa, o golpe, o lo que sea que ellos hagan con este." Suspiró y daba golpecitos rítmicos con la pluma contra su barbilla. "Él necesita ayuda, Giselle probablemente rehabilitación."

"Es bonita. ¿Cuándo la conseguiste?" La pelirroja preguntó, cambiando el tema.

"Anna me lo dio para Navidad." Elsa paró de golpear este y lo extendió para mirar en los remolinos veteados de azul y verde acentuados por una fina banda de oro. "Tiene una pluma igual." Espontáneamente, una sonrisa vino a sus labios, una que no fue pasada por alto por su hermana más joven.

"¿Y cómo está ella?"

Era un tema que no habían hablado desde la fiesta y Elsa miraban a su hermana con sorpresa. "Ella está um... bien. Verá al doctor la próxima semana para que le cambien susnmoldes. Pienso que van a ponerle uno corto para su pierna derecha."

"Oh, eso es bueno."

Un silencio cayó entre ellas. Elsa normalmente podría decir cuándo su hermana estaba solo siendo solícita pero esta vez allí no parecía haber ningún oculto significado, ninguna agenda secreta en las palabras de su hermana más joven. "Um... sip. Dejamos de necesitar a su enfermera porque puede moverse bastante bien por si misma." Hizo una pausa y sonrió. "La comezón la está conduciendo a la locura, sin embargo."

"Oh, apuesto. ¿Recuerdas cuando te fracturaste el brazo? No sé cuanto tiempo le tomó a mamá para que intentara meter un palo o una regla allí para rascarte." La pelirroja dio un puntapié a sus zapatos y se sentó en el sofá. "¿Y, qué le diste a ella? Y ven aquí por un rato. Estoy cansada de hablar a través del cuarto."

rubias cejas se levantaron. "¿Desde cuándo tienes deseos de hablar acerca de Anna?"

"No dije que quería hablar acerca de ella, solo te pregunté que le diste para Navidad, eso es todo." Giselle bajó la mirada a sus uñas, obviamente evitando la mirada de su hermana.

Elsa estaba indecisa a abrirse, insegura acerca del repentino cambio de actitud.

"Algo de ropa y un par de programas de computadora," dijo, no haciendo ningún esfuerzo para levantarse de su sillón. "No me enloquecí demasiado." La verdad era que había gastado mucho más de lo que originalmente planeó, pero las sonrisas que Anna le había dado valieron cada

penique.

"No dije que lo hicieras, Elsa." Viendo que su hermana no iba a acompañarla en el sofá, Giselle estiró sus piernas y dejó sus pies apoyados sobre el cojín. "¿Le gustaron?"

"Sí, le gustaron." La ejecutiva bajó la mirada a su pluma y sonrió, girando el instrumento para escribir en sus manos.

"¿Así que las cosas van bien entre ustedes dos?"

"Giselle , ella es solo una amiga. Ya te lo dije." Miró fijamente el lápiz por algunos segundos antes de hablar otra vez, esta vez en voz más baja. "¿Realmente es hermosa, no es así?"

"Es muy bonita, Elsa," la pelirroja estuvo de acuerdo. "Supongo que no le tomó mucho tiempo entender tu hábito para comer cada lápiz a la vista."

"Yo no los como." Un ligero rubor tiñó sus facciones. "Yo los muerdo. Hay una diferencia. No puedo evitarlo. Lo he hecho desde que era una niña y probablemente continuaré haciéndolo hasta que sea una señora mayor."

"Bien hermana, estoy dispuesta a apostar que no morderás este." Elsa sonrió.

"No, es demasiado hermoso. Además, probablemente quebraría mis dientes en el."

"¿Dijiste que éste tiene una pluma igual?"

"Sip, justo aquí." Elsa se volteó por la chaqueta colocada en el respaldo de su sillón y sacó la pluma del bolsillo interior del pecho. "Incluso se aseguró que tuviera tinta azul en vez de negra."

"Sabes, nunca vi alguien tan selectiva acerca de con qué color ellos escriben." Giselle se levantó y se cruzó hacía el escritorio para mirarla mejor. Elsa renuentemente se la dio. "Oh, es preciosa." Hubo un silencio por un momento antes de que Giselle le devolviera la pluma. "Estaba pensando que quizá Jack y yo podríamos ir alguna noche para una visita. Nada sofisticado quizá una de esas parrilladas de invierno que antes te gustaba hacer."

"¿Nosotros no hemos hecho una de ésas en qué... dos o tres años ya?" Elsa movió su cabeza. "No puedo creer que haga tanto tiempo."

"Bien entonces, debemos hacerlo. Será divertido y nosotros conoceremos a Anna."

"La conociste en la fiesta de Navidad, Giselle ," precisó. "Y recuerdo, que no estabas nada emocionada acerca de eso."

"Bien..." Una culpable mirada pasó sobre la cara de la hermana más joven. "Quizá saqué conclusiones precipitadas."

"Quizá lo hiciste," Elsa convino.

"Así que quizá quiera una segunda oportunidad," la pelirroja ofreció.

El silencio cayó entre ellas por un momento antes de que Elsa renuentemente asintiera.

"Estamos justo a la mitad del deshielo de enero así que ésta sería la época perfecta para una parrillada de invierno."

"Exactamente. Incluso dejaré a los niños con la niñera para que no tengas que preocuparte."

"No, puedes llevarlos. No han estado allí desde hace tiempo."

"Llevaré su PlayStation para que tengan algo que hacer." Giselle extendió la mano y apretó el hombro de su hermana. "Sabes que les gusta vencerte en ese juego de lucha libre."

"¿Todavía tienen eso? Pensé que era para ese pequeño sistema de juego negro que tenían."

"Oh, todavía tienen ese en alguna parte. Ellos únicamente utilizan el PlayStation ahora. Acabo de comprarles un nuevo juego de lucha libre. No sé el nombre de él, por supuesto."

"No importa. Tendrán a mi individuo en la lona en tres segundos justo como lo hacen siempre, excepto Ricky. A él le gusta tirar a mi individuo del ring unas doce veces y ponerlo en coma antes de declararme vencida." Las hermanas rieron, rompiendo la tensión de las últimas semanas.

"¿Qué te parece el sábado?"

"Suena bien. Disculpa." Elsa presionó el botón del interfono.

"Su mamá en la línea dos. Dice que es urgente," la voz de Nani dijo.

"Gracias." Miró a Giselle . "¿Ahora qué?"

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V: tan tierno esas dos. Me alegro de volver ya me estaba empezando a sentir mal por no actuañizar.

Deilys leon: no no!! no tan rápido. Si, por alguna razón lo odio con todo mi ser, creo que es porque pudo manipular a una alma tan bondadosa como la de Anna. ajajjaja los resumenes no dicen mucho, son vagos que a veces no te da ganas se leer. ahhhh gracias por el voto de confianza continúa así. Me alegro mucho que volvierás en serio.

Lachicadelbosque: Miradas que dicen más que palabras un clásico. Lás historias no están buenas sin uno que otro lío por ahí. Vamos paso a pasa con el romance. Esa hermana de Elsa, es que no puede tener a nadie de su lado. A todos nos gustan los finales felices pero no sin antes pelear duro por ese amor. Gracias por tus buenos deseos. Saludo y Abrazo de lobo.

Sui Brink: yo voto por ambas, te da ganas de poner los ojos en blanco cuando entran en escena. jajajaja el amor esta en el aire, además de que hacen una buema pareja. Saludos camarada.

Shanty17: Gothel, Hans e Iduna estan en el top 3 de villanos en esta historia, metidos y desagradables a su manera. No comas ansias, pronto volveré otra vez. Saludos camarada.

miguel.puentedejesus: jajajaj a mi también me intriga, solo puedo decir que esto se pondrá bueno. Gracias por tus deseos camarada.

Cuídense mucho y nos veremos pronto.

Que La Fuerza Los Acompañe...