Capítulo 7: Entonces, ¿me ayudarías?
POV Todoroki Shouto
Desde que aquel noble me compró, no había hecho otra cosa que quedarme en una de las habitaciones de la casa en la que él vivía. Horas de horas mirando como Iida estudiaba... y nada más.
"¿Para esto me ha comprado?"
Las únicas palabras que intercambiamos fueron por la mañana, cuando me adquirió y se presentó ante mí. Después de aquello se limitó a llevarme a su hogar, proporcionarme ropa nueva, obligarme a ducharme y dirigirse a, lo que supuse que era, su cuarto.
"Creo que dejé el grifo abierto..."
Se sentó, cogió un par de libros y se puso a leer. Ni siquiera le comentó algo sobre mí a sus padres, los cuales nos vieron entrar y seguir de largo, prácticamente ignorándolos.
"¿Debería decir algo...?
...
Mejor no."
De todas formas no era que fuese alguien muy comunicativo. Todo lo contrario; siempre fui de pocas palabras.
—Todoroki —comenzó por fin a hablar—, ¿tienes hambre?
"¿Tú qué crees?"
—Un poco —respondí ocultando mis verdaderos pensamientos.
No sabía con exactitud cuánto había pasado, pero el cielo estaba oscureciendo y mi estómago parecía sufrir cada vez más.
—Dame un momento —informó levantándose y saliendo de la habitación para, minutos después, regresar con unas cuantas manzanas.
Hacía tiempo que no probaba algo que no fuese carne humana. El sabor de aquella fruta me tranquilizaba y por algún motivo no podía evitar recordar el pasado. De cierta manera, era doloroso.
—¡¿Ocurre algo?! —inquirió Iida con preocupación.
"No sé a qué se refiere..."
Pero pude darme cuenta cuando sentí algo húmedo descender por mis mejillas.
—¡¿No te gustan las manzanas?! —preguntó algo alterado al verme así.
"No es eso..."
—Tranquilo, está bien —respondí secándome aquellas lágrimas, las cuales salieron por su propia cuenta.
Tal vez fue porque la situación en la que estaba me trajo cierta nostalgia; por unos segundos los rostros de mis hermanos y de mi madre pasaron ante mis ojos.
—Bueno... Todoroki —cambió de tema—, ¿sabes por qué te elegí a ti?
"Porque mi padre es uno de los reyes del país."
—No —contesté cortante.
—Básicamente porque eres el hijo de Endeavor —aclaró lo más obvio—. Hace unos días escuché algo que no debería...
—Lo que diga ese señor no es de mi incumbencia —sentencié.
Toda aquella conversación estaba empezando a enfadarme.
—Él te quería comprar —ignoró por completo mis palabras para seguir explicando algo que pensé que me daba absolutamente igual—... y obligar a seguir su camino.
Mis ojos se abrieron como platos ante la aclaración de Iida.
Un schiavu está obligado a obedecer a su dueño. Yo, que me había rebelado ante mi padre y convertido en un clase baja, no tenía derecho a nada. Si aquel desgraciado se hacía conmigo, no podría hacer más que acatar sus órdenes y seguir su vil camino.
"Prefiero morir antes que convertime en alguien como mi padre."
—Todoroki —su voz interrumpió mi frustración—, quiero erradicar la injusticia que hay en el reino.
—Eso es imposible —opté por sincerarme—. El país está podrido por dentro, no hay esperanza.
—Pero, por lo que he investigado, hay más schiavus que nobles y clases medias, ¿verdad?
—Sí...
"Este tipo... ¿en serio tiene algo planeado?"
—Entonces, ¿me ayudarías? —finalizó ofreciéndome su mano derecha.
"No tengo nada que perder."
—De acuerdo —acepté estrechándola.
"De algo me tengo que morir."
—¡Y ahora hay que dormir! —exclamó destruyendo por completo la seria atmósfera que se había formado—. ¡Descansar ocho horas diarias es fundamental para el completo funcionamiento de nuestro cuerpo!
—Pero solo hay una cama —dije señalándola.
"Oh, espera..."
Al final terminé durmiendo junto a él.
POV Midoriya Izuku
Por fin había llegado el momento de conocer en persona al schiavu que Gran Torino iba a mostrarme. Nunca había entrado a un calabozo, mejor dicho, todos los de clase media tenían prohibido la entrada. Lo que aquel vendedor iba a hacer sería una excepción, pero si alguien nos descubría, probablemente todo acabaría en desastre.
Se supone que habíamos quedado a las tres de la madrugada cerca de la entrada del calabozo, pero las ansias me pudieron y llegué dos horas antes. Se me hicieron eternas, hasta que Torino apareció y me indicó que hiciera el mínimo ruido al caminar.
—A estas horas todos los schiavus deberían estar dormidos —informó mientras sacaba una llave de su bolsillo y abría la puerta de rejas—. Más te vale no despertar a ninguno.
—¡S-Sí! —exclamé nervioso y a la vez emocionado por la situación, a lo que me hizo callar por hacer lo primero que me dijo que no hiciera.
Al entrar por la puerta, había que bajar un montón de escaleras hasta llegar a lo profundo del lugar. Todo estaba demasiado oscuro, pero Gran Torino tenía un par de velas que iluminaban el camino. Me dijo que no habían guardias por las noches, así que nuestra única preocupación sería no despertar a nadie.
Lo que vi cuando llegamos al fondo fue totalmente inesperado. No me lo imaginaba así... era horrible.
Más que un supuesto calabozo, era como si debajo de la ciudad hubiese otra. Un pasillo largo era en lo único por lo que podíamos avanzar; a la derecha e izquierda habían una cantidad descomunal de celdas de gran tamaño. Calculando un aproximado, diría que en cada una había cómo mínimo 100 schiavus.
Pero lo peor de todo no era eso. Con la poca luz que alumbraba nuestro recorrido pude observar diversos cuerpos de gente despellejada, cadáveres, vísceras, rastros de sangre y un sin fin de schiavus que al parecer habían comido vivos. Había aproximadamente diez pozos en cada celda y las personas parecían estar viviendo en sus propios excrementos. Era algo inhumano.
—Esto es... —susurré atónito a lo que mis ojos veían en aquel momento mientras seguíamos recorriendo el pasillo que era como si no tuviera fin.
—No hace falta que lo digas —respondió Torino con dolor—. Ya hemos llegado —finalizó deteniéndose al frente de una reja izquierda que tenía un cartel con los números "17-18" arriba.
—¿Y cuál de todos es el que...
—Aquel —me interrumpió antes de que pudiese formular mi pregunta y señaló la esquina lejana de esa celda.
Al ser un sitio bastante grande, tuve que recorrer un buen trecho hasta posicionarme al frente del vértice de la cárcel.
Entonces observé cómo estaba sufriendo; al parecer era el único que no dormía. Cuando notó mi mirada en él, nuestros ojos se encontraron.
Pude ver... que se sentía solo.
[…]
Hay demasiadas cosas que faltan por explicar y que se irán sabiendo conforme avance la historia.
Creo que cada vez amo más el TodoIida.
