Sam se sentó en la cama junto a su hermano, aunque Dean todavía no era capaz de mirarle a los ojos. De vez en cuando su cuerpo todavía temblaba y tenía que apretar sus manos con fuerza para conseguir controlarlas. Nunca en toda su vida había estado tan asustado, aunque muerto de miedo sería la expresión más correcta, jamás había sentido que no podía controlar su propio cuerpo y por más que luchaba contra aquellos horribles sentimientos, no había forma de conseguir nada.

Al cerrar los ojos, lo único que conseguía ver en su mente era la imagen de Castiel, aquella habitación metálica y la mesa donde lo habían tenido sujeto durante horas, tal vez días. No podía dormir, pues soñar con todo aquello era mucho peor.

Sam le observó, las ojeras ya cubría sus ojos, dándole un aspecto mucho peor. Deseaba tanto poder hacer algo por su hermano, reconfortarle al menos lo suficiente para que pudiera volver a dormir. sabía que no lo lograría mientras Dean no quisiera ser sincero con él.

"Dean…"

"Déjalo por favor." El cazador mantuvo la cabeza clavada en las manos que trataba de mantener quietas. "Déjalo quieres."

"No puedo dejarlo Dean. eres mi hermano y se que has pasado por algo horrible. Solo quiero ayudarte." Intentó alcanzar la mano de su hermano, pero Dean la retiró rápidamente.

"No sabes nada." Dijo Dean con un tono de voz absolutamente apagado.

Ya no parecía el mismo hermano mayor que Sam había conocido siempre. Parecía que durante aquel secuestro le habían robado una parte de él y la habían sustituido por un espíritu sin alma alguna. Podía mirarle a los ojos y ver que no había nada, ningún brillo, ninguna vida allí dentro.

"Tienes razón, no se nada, por eso estoy aquí, porque quiero saber lo que te ocurrió, que es lo que te hicieron y como puedo ayudarte. En cuanto a Cass."

"No. No quiero hablar de él, no puedo hablar de él." Su cuerpo se estremeció todavía más, levantó la mirada, al mismo tiempo que una sombra cruzó por la puerta de la habitación.

Quiso decirle a Sam lo que acababa de ver, pero no lo hizo, le daba igual si algo atacaba el hospital, ya si fuera un reaper, un vampiro o lo que fuera, le daba igual, pues ahora poco le importaba lo que pasara a su alrededor. Sin embargo, la sombra volvió a pasar junto a la puerta de su habitación, ahora además, se quedó parada en la puerta mientras Dean lo miraba.

"Cass es un buen tío, no sabes lo preocupado que ha estado por ti, estuvo a punto de matar Crowley con tal de encontrarte." Sam sonrió, buscando una respuesta amistosa en el gesto de Dean; pero esta no apareció. "Te quiere, está loco por ti y por nada del mundo haría nada que te pudiera hacer daño. Antes moriría si fuera necesario."

Dean se mordió el labio, tan sólo escuchar el nombre del ángel le había volver a sentirse dolorido, todo su cuerpo se ponía en tensión y se estremecía, como si de un niño asustado en noche de tormenta se tratara.

"Me mintió y me usó." No quería llorar, no quería dejarse llevar por los horribles sentimientos surgidos durante esos días, pero estaba a punto de llegar a su límite y si no estallaba por algún lado, terminaría muriendo de angustia. "No tuvo bastante con acostarse con papá y luego venir a por mi. cuando se cansó o cuando quiso, me… Sam, Castiel me ha destrozado, no se porque. Yo le quería, estaba seguro que le quería, estaba seguro que le quería y usó eso contra mi."

Se levantó de la cama, le dolía todo el cuerpo, pero necesitaba levantarse. Apenas puso los pies en el suelo, notó el frío bajo las plantas, al mismo tiempo que sintió que perdía el equilibrio, si no hubiera sido porque Sam lo atrapó por detrás.

"¡Suéltame!" Dean forcejeó pero Sam no le iba a dejar.

El cuerpo de su hermano temblaba y gracias a que era bastante mas grande que él, pudo sostenerlo sin apenas usar fuerza. parecía tan frágil entre sus brazos.

"Sam lo digo en serio. Suéltame, no soy un crío, para que me trates así. No soy tu hermanito pequeño para que me cuides." Durante un segundo, Dean dejó de respirar, los brazos de Sam contra él le oprimían y no le dejaban respirar

"Sam, por favor."

Nunca había tenido nada parecido a un ataque de ansiedad, pero por primera vez, Dean decubrió lo que significaba no ser capaz de controlar su propio cuerpo, notar como las piernas le fallaban y tan sólo los brazos de Sam le sostenían derecho. Todo el daba vueltas, horrible imágenes se agolpaban en su mente.

No estaba seguro si eso podía ser considerado como un ataque de ansiedad o un ataque al corazón, pero no podía pensar, tan sólo veía a Castiel, lo veía acercarse a él, decir todas aquellas horribles cosas que jamás hubiera esperado por parte del ángel. Sus ojos clavados en él y sus manos moviéndose por su cuerpo.

"Dean, vamos. Todo está bien."

"Nada está bien, Sammy. Nada."

De repente, para sorpresa de Sam, lo escuchó llorar. Todavía recordaba la última vez que lo había visto, aunque no le había dicho a Dean que lo había estado observando. Habían creído que Castiel estaba muerto, que se había sacrificado por ellos, que un serafín lo había matado y Dean había llorado por él.

Por eso, jamás sería capaz de pensar que Castiel había hecho nada malo, porque los había visto juntos, había visto como se miraban, como se hablaban y había llegado a escuchar ciertas cosas al otro lado de la pared que separaba habitación de habitación. Había escuchado, aunque al principio no se lo había podido creer, decir a su hermano que quería a Castiel. Nunca había escuchado algo así salir de los labios de su hermano, pero estando con Castiel, Dean era completamente diferente.

"Tienes que descansar, has pasado por mucho."

"No quiero descansar Sammy. Quiero irme de aquí, quiero estar lejos cuando Castiel venga y que no nos encuentre."

De repente la sombra volvió a aparecer en la puerta de la habitación y pese a no tener una forma definida, Dean pudo ver un brazo que salía de aquella masa y una mano que le indicaba que se acercaba.

"Sam ¿Qué es eso?"

"¿Qué es que Dean?"

"Eso, lo de la puerta, esa maldita sombra que lleva un buen rato rondando mi habitación." Sam miró a la puerta, no había nada. "Maldita sea Sam, no me digas ahora que se estoy afectado por el estrés o por lo que me ha pasado, porque sigo siendo un cazador y se lo que he visto."

Se puso en pie, pero de nuevo las piernas le fallaron. Se apoyó en la cama y consiguió evitar la sujeción de las manos de su hermano. No soportaba que le tratara como un enfermo más del hospital y menos como alguien que tenía visiones, tenía muy claro lo que había visto.

"Dean, es normal que estés traumatizado y busques un trabajo donde no lo hay."

"Se lo que he visto Sam. Hay algo en este hospital y no se trata de ningún trabajo, me da igual si Lucifer aparece aquí mismo y se traga todo el este maldito lugar." Los ojos de Dean parecían echar fuego y todo su cuerpo en absoluta tensión era lo único que le mantenía derecho. "Eso me da igual hermanito."

"No digas eso, estás aquí, estás vivo." Sam dio un paso hacia su hermano, pero se detuvo en seco al encontrarse con la mano de Dean en medio.

"¿A cambio de que? Si supieras por lo que he pasado… han sido los peores días de mi vida, ni el infierno fue algo tan malo. Se trata de Castiel, si los demonios hubieran querido acabar conmigo, esa hubiera sido una gran forma de conseguirlo. Al menos Cass tendrá el orgullo de ser mucho más listo que cualquier demonio a la hora de acabar conmigo. Pero he visto una sombra."

Quería decirle también que le había llamado y que una parte de él no se había sentido rechazado, incluso había querido ir hacia ella. Sabía que era algo malo, algo terrible en realidad, pero no le había importado. Pero no dijo nada.

"Dean."

"He dicho que lo dejes Sam. No tiene sentido. Además, tienes razón, estoy cansado y necesito dormir. Eso me ayudará a recapacitar sobre lo que he visto. Seguramente no ha sido más que una alucinación."

No lo creía, pero tampoco quería ponerle las cosas más difíciles a su hermano, Sam no tenía la culpa de todo lo que había ocurrido. Para eso, tan sólo había un culpable de cómo se sentía. Castiel y aunque todavía no sabía como y prefería no hablar del tema con Sam, estaba decidido a hacerle pagar por todo aquello.

- o -

Castiel lanzó a Crowley contra la pared. Estaba furioso y aquel maldito demonio era el único que lo podía pagar por el momento. Se trataba de un sentimiento muy humano en realidad, aquella rabia, esa impotencia por no poder ayudar al hombre al que quería y esa necesidad de que alguien pagara por el mal sufrido.

"¿Podrías no pagarlo conmigo?" Protestó Crowley cuando por fin lo dejó en el suelo. "Que yo sepa no tengo la culpa de lo que le ha pasado a tu novio, más bien soy el que te ha llevado hasta donde lo tenían."

"Estoy seguro que sabes algo. Si hay demonios implicados en esto, tu tienes que haber escuchado algo." Castiel dio un paso acercándose de nuevo a Crowley.

"No se nada, no he oído nada de lo que podría haberle hecho alguien a Dean."

"Mientes."

Castiel le apretó una vez más contra la pared y apretó su cuello, como si pudiera hacerle realmente daño, como si de un humano normal y corriente se tratara. Todavía tenía en la mente aquella mirada aterrorizada de Dean al verle, aquella forma de gritarle que se marchara.

Había roto al amor de su vida. Como ángel jamás se había enamorado y mucho menos de un ser humano. Pero Dean era completamente distinto, hacía mucho tiempo que sabía que no era un ser humano como los demás, no sólo por ser cazador si no por todo lo que había alrededor Dean.

Había intentado protegerlo de cualquier mal y se había interpuesto a todos los ataques, todo porque Dean estuviera seguro. Y ahora había fallado. Dean le odiaba y ni siquiera sabía el motivo. Aquel muchacho de ojos verdes que había visto crecer y del que sin darse cuenta se había enamorado perdidamente, le odiaba, tal vez para siempre.

"¿Y si no son humanos?" El pensamiento de Crowley le devolvió a la realidad, pero no dijo nada y esperó a que el demonio siguiera hablando. "Es posible que no se trate d demonios, tal vez tampoco humanos pero desde luego, estoy casi seguro que esto no ha tenido que ver con demonios. Sea lo que sea que le han hecho a tu novio, no es la forma en la que lo haría un demonio."

"¿Entonces quien ha sido?" Castiel lo dijo con tanta fuerza que hasta el propio Crowley notó su desesperación. Cualquiera que se pusiera en su camino a partir de ese momento pagaría por todo lo sucedido. "Dime lo que sepas, no estoy dispuesto a jugar."

"Ya te he dicho que no se nada. pero estoy dispuesto a ayudarte."

Una vez que Castiel le hubo soltado, el demonio se puso bien la ropa, creando un eterno momento de expectación.

"¿Qué propones?"

"Por el momento, me bastaría con saber que no me matas, mientras intentamos saber que le ha ocurrido a Dean y como sugerencia te diría que entraras en su mente y vieras sus recuerdos de los últimos días."

"¡No! Eso sería muy doloroso para él. No puedo hacerle eso."

"Es la única forma de ayudarle y lo sabes."

Castiel lo sabía, pero también sabía que el dolor tanto físico como mental y emocional que eso iba a causar en Dean, podría ser mucho peor que perderlo para siempre.