¡Vivo al límite!
*llora*
Abajo explico por qué.
*Les entrega el capitulo que costó sudor y muchas lagrimas... más que todo sudor*
¡Gracias a todas por los review, fav y follow! ¡Son tan hermosas! *Llora más*
¡Espero les guste la continuación!
Disclaimer: Haikyuu no me pertenece. Es de Furudate Haruichi. A quién me gustaría conocer, pero no; porque soy pobre.
Advertencia: Oikawa sensual attack.
Capitulo 6. Parte 2: ¿Cita?
– ¡Kageyama!
Alguien con una voz familiar le estaba moviendo por los hombros mientras le llamaban por su nombre.
– ¡Kageyaama!
Que insistente.
– ¡Bakeyama!
Abrió los ojos. Encontrándose a Hinata en frente de él. Miró alrededor confundido. Serian como las 12 pm pasadas. Estaba sentado en el mismo asiento del tren pero ahora con más personas. Algunas mirándolos curiosos.
– ¡Nos quedamos dormidos!
– Me di cuenta. Nos bajaremos en la siguiente estación. –Dijo reincorporándose en el asiento. – ¿Qué hora es?
– Son las… 3:30 pm. ¡Vaya que si dormimos! –Respondió Hinata sin dejar de sonreír.
¡¿Qué?!
O sea, que habían estado haciendo como dos trayectos en el tren. De ida y vuelta.
Y a las 4 de la tarde cerraba el lugar a donde iban.
Un trueno sonó a distancia.
Y, como salido de un chiste malo; empezó a llover.
Demonios.
El tren paró en una de las estaciones y bajaron. Llovía a cántaros.
– ¿Qué haremos? –Preguntó Hinata frotándose los brazos a su lado. Tendría frio.
Al fin y al cabo habían salido con ropa ligera. En la mañana había un sol espectacularmente caluroso y luego llovía. Que clima tan loco.
Agarro a el más bajo de la mano y lo arrastró fuera de la estación. No había de otra más que esperar a que escampara.
Corrieron bajo la lluvia hasta llegar a un pequeño café. Estaban empapados y al entrar les vieron mal.
A nadie le gustaría que le mojaran el piso, claro.
Ambos se sentaron en una de las mesas que estaban en una de las esquinas del local. El lugar estaba un poco vacío. En una de las mesas al final había un anciano leyendo el periódico. Y en la que le seguía, pegada a una ventana; una mujer miraba las gotas que hacían carreras en el vidrio de la ventana.
La camarera se dirigió a ellos y les preguntó que ordenarían.
Kageyama observó a Hinata. Tenía el menú en sus manos y leía todo con los ojos brillándole.
Que más daba, ya no podrían ir al paintball.
– Puedes ordenar todo lo que quieras.
Su cara se iluminó. Como un niño al que le dicen que irán a Disneyland.
Luego de que Hinata se pidiera medio menú (no es que hubiera mucho de donde elegir), y Kageyama ordenara solo un café, la camarera se marchó con su orden.
Tenía la leve sospecha de que se quedaría sin dinero ese mes.
Miró a Hinata, que apoyó los codos en la mesa y coloco su cara entre sus manos, mirándolo.
– ¿Qué pasa? –Preguntó Kageyama.
– ¿No vas a comer nada? No almorzamos, después de todo.
– Puedo comer de entre todo lo que pediste.
– ¡Waah! ¿Por qué? ¡Es mi comida!
– ¿No eras tú el que había dicho que teníamos que compartir cosas en una cita?
Se sonrojó.
Volteó a ver por la ventana. Aún seguía lloviendo.
– Aquí está sus órdenes chicos. –La camarera dejó los platillos en la mesa y se marchó de nuevo. No sin antes echarle una ojeada a Hinata.
¿Qué le pasaba? ¡Era como 6 años mayor que él! ¿Acaso eso no contaba como pedofilia, o algo así? Pensó.
– Hm, Kageyama. Estoy en una cita contigo, no con alguien más. Me gustas tú. No tienes por qué lanzarles la mirada de odio del Rey a otras personas. –Comentó Hinata sonriendo.
Se le quedó mirando. El chico había adivinado lo que estaba pensando con solo verle. Era increíble. Su corazón latió más rápido.
Bajó la mirada hacía su café. Y se dispuso a tomarlo, ignorando lo que acababa de ocurrir.
– ¿Quieres papas? –Hinata hablaba con la boca llena y una papa frita en la mano, alzándola hacia la boca de Kageyama.
Miró a ambos lados. Aún seguía casi solo el pequeño café.
Abrió la boca y dejó que Hinata pusiera la papa directamente en ella.
El menor sonrió complacido y un poco sonrojado siguió engullendo una hamburguesa.
– Pero que lindos se ven los tortolos. –Dijo una voz muy molesta mientras se sentaba al lado de Kageyama.
Era Oikawa. Sí que el mundo lo odiaba.
– Oww, Tobio. ¿Por qué no me dijiste que saldrías con el pequeño hoy? –Le pasó una mano sobre los hombros. Hinata solo les miraba mientras se metía otra papa a la boca.
– ¿Qué demonios haces tú aquí? –Preguntó Kageyama al límite de su paciencia.
– Oye, Oye. Yo solo vine por el mejor café que había más cerca. Suerte que cargaba un paraguas. ¿Qué pasaría si mi cabello se mojase? No querrías ver eso Tobio.
Miró a Hinata. De su cabello se escurrían pequeñas gotitas de lluvia. Y su ropa ya se estaba secando. Agradeció que dentro de aquel lugar hubiera calefacción o si no hubieran tenido que lidiar con un resfriado.
– No te querría ver a ti. Menos hoy. Y quita tu brazo de mi hombro. –Le dio un manotazo y con un chillido Oikawa quitó el brazo de donde estaba.
– Bueno, ya sé que no soy bienvenido.
– Nunca lo eres.
– Lastimas mis sentimientos, Tobio.
– No me interesan.
El castaño hizo un mohín con la boca.
– Y tú, pequeñín. ¿Qué te hizo querer salir hoy con este cara de piedra? –Dijo Oikawa dirigiéndose a Hinata.
– Me gusta. –Respondió Hinata en tono neutro. Se metió otra papa a la boca.
Oikawa sonrió de lado. Como siempre lo hacía.
– Oh, así que soy mal tercio. –Se levantó de lado de Kageyama. – Será mejor que me vaya. Iwa-chan me espera. ¡Adiós pequeñín! ¡Adiós Tobio! –Dijo sonriendo como idiota mientras salía del café.
Ni había comprado nada.
Kageyama respiró profundo. Sí que era molesto.
– Ka-kageyama.
Miró a Hinata. Había terminado de comer las papas infinitas y la hamburguesa. Tenía un vaso de té helado en las manos.
¿Cómo podía tomar eso estando mojado?
– ¿Hm?
– Yo… ¿Te podré llamar por tu nombre algún día?
Kageyama guardó silencio.
¿Se había molestado porque Oikawa le llamaba por su nombre? Si, seguramente había sido eso.
– Puedes hacerlo. Pero después. –Miró a la ventana. Había cesado de llover un poco. – Vámonos ya, antes de que llueva de nuevo.
– Hm… tú también puedes hacerlo. Llamarme por mi nombre. Cuando quieras.
Se levantaron, pagaron y se fueron del lugar para dirigirse a la estación de trenes otra vez.
-XX-
Kageyama miró a su reloj de muñeca. Eran casi las 7 pm. Sí que era tarde.
A la final, su cita había terminado en; dormirse en el tren y dar posiblemente tres recorridos en el. Mojarse por la lluvia e ir a una acogedora cafetería y encontrarse con el molesto y no deseado de Oikawa. Pero al menos Hinata había comido feliz… lo cual dolió en su billetera.
Había estado bien.
Luego de haber agarrado el tren en la estación se habían dirigido directamente a casa de Hinata.
– ¿Estás seguro de que no quieres entrar a mi casa? Podemos comer.
– Estoy seguro de que si quisiera comer comida rápida lo haría en mi casa.
Hinata se sonrojó avergonzado.
– ¡Puedo cocinar, Bakeyama!
– Estoy seguro de eso. –Dijo recordando la vez que el menor le había dado a probar Mochis durante el almuerzo.
Se pararon frente a la casa del pelinaranja.
– Gracias por la cita. La pase genial. A pesar de la lluvia.
– Disculpa que no hayamos podido ir a donde te dije. Lo siento…
Hinata comenzó a reír.
– ¿De qué demonios te ríes?
– Es raro ver al rey diciendo «Disculpa». ¡Jajajaja! –Siguió burlándose.
– Bueno me largo. Adiós.
– ¡Espera, espera! ¿No sabes cómo se terminan las citas? –Dijo parando de reír y mirándolo con una sonrisa.
Se quedó parado a medio camino de donde estaba. Hinata estaba montado en el escalón que subía a su casa así que estaba más o menos a su altura. Conveniente.
– Claro que lo sé, idiota.
Kageyama separó la pequeña distancia y le besó firmemente en los labios.
Fuerte, profundo. Como un beso debía ser.
Agarró a Hinata de la espalda, abrazándole y pegándolo más a su cuerpo. Y profundizó aún más el beso. Sus lenguas se tocaban y el frio que había se marchó. Hinata soltó un ruidito agudo cuando Kageyama tocó su lengua con la suya.
Oh.
Se separó un poco para verle a la cara. Tenía los ojos vidriosos, un hilillo de saliva salía por la comisura de su boca y estaba completamente sonrojado.
Mío.
Le abrazó más fuerte que antes.
Este chico sí que despertaba cosas nuevas en el.
Se quedaron en silencio un rato. Ambos abrazados y sin decir palabra de lo que acababan de hacer.
– ¿Así que ahora hermano mayor si es una reina? ¡No es justo! –Una voz aguda habló a espaldas de Hinata. Quién volteó drásticamente rompiendo el abrazo.
– ¿¡Natsu!? ¿¡Nos viste!? –Gritó. Aún estaba sonrojado.
– Están en la entrada de la casa, hermano mayor. –Dijo la menor cruzando sus brazos sobre su pecho.
Hinata volteó a ver a Kageyama en busca de ayuda.
– Es cierto, estamos en la entrada.
¿Qué más podían decir? Había sido culpa suya por besarle, y del menor por haberle tentado.
Hinata escondió su rostro entre sus manos.
– Bueno. Ahora me voy, Hinata.
– Hmhm… –Hizo un sonido afirmativo aun con el rostro entre sus manos.
Kageyama se acercó a uno de los oídos de Hinata y susurró algo que hizo que éste se pusiera aún más rojo.
– ¡Cla-claro! –Dijo en voz alta, casi gritando. Y agarrando a la menor se metió a su casa rápidamente.
Sonrió a la puerta ya cerrada y siguió su camino a casa. Ya había caído la noche. Seguramente le regañarían por llegar tan tarde.
Pero eso no le importaba mucho en aquel momento.
«¿Supongo que ahora estamos saliendo, Shoyo?»
Había susurrado en voz muy baja al oído del pelinaranja.
Que ingenioso de su parte. Pensó.
Sí que había sido un buen día.
¡VIVO AL LÍMITE! Porque ahora mismo acabo de terminar este capitulo.
¡YEIG!
¡Ya saben! Dejen reviews sensuales y no sensuales. ¡Los que quieran!
Si no me equivoco... solo queda un capitulo.
Pero no diré cuando lo subiré. Porque ni yo misma lo sé ._. ¡Pero pronto!
Aclaraciones: Este capitulo fue muy loco. Pero de alguna manera (y aunque trillado) queria escribir a este par en una cafeteria. Porque las adoro, son muy romanticas(?) Algunas. Y lo de Oikawa... bueno, quería que estuviera allí y eso salió. Pareciera que él mismo se metió en la historia a la fuerza, buee.
¡Ah! Sé que me faltó el Tobio-chan y el Chibi-chan. Los cuales son apodos que Oikawa les dá a nuestros idiotas. Pero no queria ponerlos porque... no sé. Cosas de diva de mi parte, quizás. Y Oikawa iba a verse con Iwa-chan... y no por tarea. *Risa de fujoshi*
¡Disculpen por las Notas de Autor tan largas!
Nos leemos pronto, jojojojo.
